Así esta mi alma, dormida. Paralizada hasta el último aliento. En puntas danzando perdida, con ojos cerrados, solemne lamento. Por la guerra sufría, caía, giraba, saltaba, ardía. Silencio en el ritmo marchito armonizaba este compás maldito. Inactiva mi vida continuaba nadando en tinta de pétalos negros. Tiñó mi respiración abrumada, y amaneceres convirtió en cuervos. Sólo una luz clara de anhelo espero. Eres tú, eco que atraviesa mi tormenta. Sólo a la paz blanca apelo, que me traigas a la vida de nuevo.
El ritmo de este poema, las rimas que empleaste, me ocasionaron una sutil satisfacción. Esa 'danza' entre palabras como "pétalos negros" y "cuervos" o "aliento" y "lamento", se siente agradable en verdad. No soy de pasarme muy seguido por aquí, pero debo considerar, desde ahora, que cada vez que lo haga, bien podría leer algo de ti. Se te da bien esto. Saludos.