de Inuyasha - Desesperación

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Yunnie, 4 Septiembre 2009.

  1.  
    Yunnie

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    Desesperación
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    Desesperación

    Desesperación



    Por: Yunnie


    Con mucho cuidado abrió el grifo del agua caliente. Esperó pacientemente que el agua, a una temperatura casi quemante, llenara la tina. Mientras tanto se sentó en el piso, rodeando con sus brazos las piernas, y su frente recostada en sus rodillas, y empezó a llorar silenciosamente. No era necesario que levantara la vista para que contemplara los moretes en sus brazos ya poco notorios, casi desvanecidos por el tiempo. Se limpió las lágrimas con la manga de la bata que vestía, de un modo casi violento.

    Su mente era un torbellino de ideas, de pensamientos, de imágenes y recuerdos. Trataba de olvidar pero todo le venía una, otra, otra y otra vez. Acechándola, con culpa. Culpa que no era suya, una culpa que la mataba, la envenenaba, le dolía. Como si ella fuera el tigre corriendo tras el indefenso venado y no viceversa.

    Se levantó lentamente, temblando, pero no de frío. Haciendo una mueca de dolor, cerró la llave del paso de agua. Viendo el vapor que salía de la tina, se despojó de la bata. Se podía notar en su cuerpo grandes moretes marcas y golpes. Suspiró, sumergiéndose en el agua.

    Su cuerpo se quejó de la temperatura tan alta del agua, más ella no se inmutó. Su cara no mostraba ninguna expresión. Es que, ella se sentía tan vacía. Sentía que se le quemaba la piel, y de paso se le quemaba el alma. Todo, por un instante, dejaba de doler, aunque sus golpes se notarán con más claridad bajo el líquido transparente.

    Aunque ella deseara con toda su alma huir de ese infierno, no podía. Él la seguiría hasta el fin del mundo, si era necesario, y la mataría a golpes, si lo intentaba siquiera. Se sentía como una princesa atrapada en lo más alto de una torre del castillo, pero, hacía mucho había perdido la esperanza que un príncipe azul llegara a rescatarla;ella era la princesa, rota, sola y olvidada. Pero todo había terminado ¿no?

    No, no, era un sueño. Uno como tantos otros que ella había tenido. Esos sueños tan irreales, que solamente te muestran los anhelos más deseados de tu corazón. Todo parecía uno de esos sueños que ella tenía, donde aún era esa chica de 20 años, sonriente, feliz, y estúpidamente enamorada de un monstruo.

    A veces, era mucho más fácil olvidarse de todo en ese momento. Con la vista fija en el techo de la habitación, se sentía como si desconectara su cerebro de su cuerpo. Estar en blanco, sin pensamientos, sin resentimientos, y lo más importante, sin sentimientos. Pero hoy no era uno de esos días. Últimamente le rondaba la idea de terminar con ese maldito sufrimiento de una vez por todas, terminar con su vida, y no era el que le faltara el valor para hacerlo. Sabía que él estaría en el infierno esperando por ella para torturarla toda la eternidad.

    Las lágrimas inundaron de nuevo sus ojos. Deseaba perder la memoria. ¿Cómo habían llegado las cosas tan lejos? ¿Cuándo las caricias amorosas se habían convertido en golpes violentos? ¿Cómo fue que el amor que se decían tener se había convertido en el peor de los desprecios? ¿Por qué se sentía tan culpable?

    Siempre hizo énfasis en lo que su madre le había dicho más de una vez. “El hombre llega hasta donde la mujer lo permite.” Pero en su mente no había un solo segundo de certeza que ella hubiera tenido la culpa. Sólo le pesaba, como una piedra atada a los pies, el hecho de haber dejado que todo esto hubiera llegado tan lejos, que todo, absolutamente todo se le hubiera salido de las manos.

    Ese es el motivo” pensó ella, había hecho lo correcto, pero ¿por qué se sentía tan miserable? Sus manos acariciaron suavemente su vientre. Ese seguramente era uno de los motivos por los cuales su marido era tan violento. Ella no podía concebir hijos, era un problema de nacimiento y todo proceso médico era en vano. Y él siempre se encargaba en echárselo en cara. Le decía que era una mujer a medias y él debía buscarse alguien que le pudiera darle un hijo. Pero, todo había llegado a su fin ¿verdad?

    ¡Por fin! Una pequeña línea de amnesia, el cerebro estaba empezando a reaccionar, estaba tratando de dejar de pensar, dejar de llorar, dejar de sentir, dejar de ser esa persona que había roído hasta lo último que quedaba de Kikyô, la muchacha que ella era antes de esto… no, no, aún quedaban cosas, pensamientos… malditos remordimientos y lo que más le dolía, eran los recuerdos.

    Es que ¡Maldita fuera la hora en que ella había llegado a creer que él la amaba! Lo que él necesitaba era una esclava que aceptara los golpes y callara, dispuesta a morir en sus manos, por causa de los golpes. Y ella ya no estaba dispuesta a soportarlo más, ya había tocado fondo. Esa mañana era la última vez que él le pusiera una mano encima. Todo había llegado a su fin. Pero su cerebro aún no era conciente de ello, aún esperaba que elhombre traspasara la puerta para matarla. Pero eso no iba a suceder, ya no.

    Cerró los ojos de cansancio, de desesperación, dispuesta a olvidarse de todo, entonces su móvil avisaba que alguien la estaba llamando. Tomó el móvil sin importarle lo mojada que estaba. Temblando se lo colocó en la oreja y dijo

    — ¿Si?— preguntó ella amablemente.
    ­­— Señora, el trabajo ya está hecho. En unos minutos le confirmarán lo que le digo. Todo salió sin ningún inconveniente. Fue un trabajo limpio, nadie sospechará.
    — Muchas gracias, le debo muchísimo.
    — Fue un placer ayudarla Señora Taisho.
    — Kikyô.— corrigió ella. Dio las gracias de nuevo y colgó el aparato. No se sentía aliviada, al contrario un miedo completamente irreal se apoderó de ella. Salió de la tina cubriéndose de nuevo con la bata. Temblando como nunca, de miedo.

    En su habitación buscó un traje completamente negro, que había utilizado para el funeral de su suegra. Su cuerpo y su mente eran dos seres extraños. Actuaba como un robot. El teléfono de su casa sonó, temblando, lo contestó tratando de disimular todo el nerviosismo de su voz.

    — ¿Si?
    — Disculpe, ¿hablo con la señora Kikyô Taisho?
    — Sí— fue lo único que fue capaz de musitar.
    —Lamento informarle que su esposo, el señor Sesshoumaru Taisho ha fallecido en un trágico accidente de automóvil, mi más sentido pésame señora.

    Ella no respondió nada y colgó el teléfono, unas lágrimas que ella no sabía si eran de alegría o de pena se deslizaban por su cara. Era libre, por fin. Después de tres años sentía que podía respirar por primera vez en mucho tiempo. Pero eso no importaba ahora, debía llorar la pena de una viuda para no dejar sospechas que ella había terminado con la vida de su marido.

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    Acá les dejo el One-shot con el que gané el 2do. Lugar en los "Escritos Inuyasha 2009." Espero que les guste y esté a la altura de haberme hecho ganar un loguito.
     
  2.  
    Michelle

    Michelle Entusiasta

    Leo
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    Pluma de
    Escritor
    Re: Desesperación

    PendejAAAAA
    Sí, ya había leido este una ves que me lo pasaste °-°
    Lo amé y lo amo a este escrito*-*, aunque me hubiera gustado más que Naraku fuese el marido golpeador, ya que me cuesta ver a Sesshomaru relacionarse con Kikyo. Bah, directamente relacionarse con alguien que no sea Kagura se me hace medio raro x'D.

    Igual, me encanta como describes los sentimientos de los personas, el dolo lo describas tan ... :L!
    Un buen 2do lugar :L, igual Jack es un MUUUUUUY buen escritor, el betea mis espantosos Drabbles y hace unos escritos tan geniales que te moris parada °-°.

    Btw, Te amo pendeja ♥, seguro que proximamente vas a tener más logos por escritos gex1
     

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