Sintió que sus extremidades dejaban de ser parte de ella, de echo, no las sentía. Veía como todo a su alrededor parecía estar pintado con acuarelas movidas, y hasta podía sentir como se generaba una tercera guerra mundial dentro de su cabeza. Sus ojos acabaron cerrándose al fin y su cuerpo se derrumbo sobre el piso, aquellas baldosas limpias, frías, tan frías como su alma en aquel entonces. Por supuesto y como es de esperarse, detrás de esto hay una historia. Como la hay detrás de un ramo de flores en un bote de basura, o de un simple abrazo. O, pensándolo mejor, pueden haber abrazos casuales, de esos que damos simplemente porque sentimos la necesidad o necesitamos sentir el afecto, o el calor. Esos famosos abrazos que da la gente especial, la gente que sabe que somos tiempo, tiempo que se acaba, o luces que se apagan. Sus jeans tenían una pequeña mancha de barro en la rodilla y su respiración estaba mas acelerada que su corazón. Se tranquilizo, bebió varios sorbos de agua y entro por fin a la habitación. Allí se encontraba el, la persona con la que ella había decidido enojarse, pelearse y amarse. La persona a la que había decidido amar, pero amar de verdad. Cubierto hasta los hombros con una sabana blanca, tapado en sudor y lagrimas, pero durmiendo. Sueros y sueros y cables e interruptores, respiradores y heridas. Entonces, tan indefensa, transparente e inocente, ella se encontraba frente a la persona que había escogido para decodificar. Decodificar. Amar, meterse en sus sentimientos y desentrañarlos, sabiendo así como amar, pudiendo así amarlo. Decodificarlo. Decodificar cada parte de sus ser, persona y pensamientos, aromas y sonidos. Las lagrimas caían por su rostro, su puro y radiante rostro. Sintió que su vida había pasado. Que se apagaba, que se acababa. Porque eran almas gemelas, corazones rotos enseñados a amar. Pero no le pidas a la muerte que no separe un amor, porque lo matará.
Muchas cosas vienen a mi cabeza con éste cuento, pero lo siento un poco esparramado. Espérame que te explico. Primero que todo, señalar este error. ECHO viene de el verbo echar, y en éste caso poco y nada tiene que ver con ello. DE HECHO. Ahora, el escrito. Parte con imágenes que no son del todo de mi agrado, porque no van mucho con el resto de la historia. Las acuarelas y la tercera guerra poco me dicen del cuento o no son las mejores imágenes, pero vamos, que eso es subjetivo y no me detendré en ello, sin embargo, más que las imágenes, es que siento que pudiste plasmarle más sentimiento. Luego se desencadena na narración bastante linda, muy armoniosa y que, pienso, desencadenará en algo interesante. Ahora, cuando pones "decodificar" y "decodificarlo" entre puntos, veo que se corta la armonía. Presupongo una intención, pero no la siento clara ni muy asentada. Asumo también que de aquí en adelante algo nos quiere decir esta palabra que ha sido escogida entre todas para ser el título, sin embargo el personaje se olvida de ella y continúa la historia hacia otra cosa, que sin embargo, es el mismo estado. Y ahí está mi mayor problema, el final, cuando deliberadamente, luego de tan cadenciosa y vertiginosa narración, finalmente el personaje no se mueve, no avanza ni brusca ni suavemente a otro estado. Bueno, esta es mi humilde opinión y no hace de éste un mejor o peor escrito. Me gusta como narras y creo que la escena, a nivel emocional, estuvo bien escogida, pero quizás no era el mejor momento para la fotografía.
Esa última frase, me ha sonado tan real y tan dolorosa, que no he podido evitar reflexionar sobre ella. Me ha gustado el escrito. El concepto de "decodificar" me ha parecido bastante interesante, es algo que me ha hecho pensar, también. Los aspectos más técnicos, ya te los ha señalado Lion, por lo que, no me voy a ir por ahí, porque yo seguramente ni sabría hacerlo mejor que él. Así que eso, te recomiendo que en próximas ocasiones, tomes su consejo y vayas aplicándolo, poco a poco. Creo que tienes unas ideas muy interesantes, por cierto. :) ¡Un saludo!