Al mirar ese hermoso azul en el cielo, me pregunto en ¿Qué momento deje de escuchar a mi corazón? Es que acaso al prestar atención a las vacías e hirientes palabras de los demás, comencé a ignorar la voz más importante en mi vida. Es claro este hecho, el ruido que provocan esos individuos y ese ridículo estándar al que se ató mi motivación, enmudeció y encarcelo a mi libre espíritu. Aún recuerdo como esos tiernos sueños impulsaban mis días difíciles, forjando grandes esperanzas, anhelando un futuro sin remordimientos. Es incierta la vida, pero quien sabe, tal vez con el tiempo logre remover toda la mugre que obstruye mi camino, y cuando se acerque el final de mi viaje, lograre partir sin remordimientos.
Crecemos. Y a veces traicionamos a la persona más importante. Nosotros mismos. La redención es necesaria.