Biografías inanimadas

Tema en 'Actividades y Concursos finalizados' iniciado por Quelconque, 3 Abril 2010.

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  1.  
    Quelconque

    Quelconque Usuario popular

    Virgo
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    Pluma de
    Escritor
    Biografías inanimadas
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    Dinámica:
    Escribir la biografía de un objeto cualquiera desde un lápiz sin goma de borrar hasta un bomba lanzada desde un cohete en misión estelar de destrucción masiva.

    Para ayudarles en esta hazaña, les propongo algunas preguntas que pueden hacerse para estructurar a su personaje:

    ¿Qué es lo que piensa? ¿Tiene alguna utilidad? ¿Es la que realmente que se le da? ¿Se cree útil para algo, para alguien? ¿Tiene sentimientos? ¿Qué otras cosas se pueden hacer con él? ¿Se imagina en algún otro lugar, haciendo otra cosa, envidiando a alguien más, haciendo algo épico-fantástico?

    Objetivo: Practicar el uso de prosopopeyas (adjudicarle características humanas a cualquier cosa que no las tenga por naturaleza) y creación y desarrollo de personajes originales.

    Tema: Libre, respetando las reglas generales de FanficsLandia.

    Longitud: Mínimo 200 palabras.

    Para publicar: Pueden hacer directo en esta discusión o dejar un enlace directo al relato publicado en el foro correspondiente.

    A darle pues que los objetos ya han esperado suficiente para ser tomados en cuenta.
     
  2.  
    Laurine

    Laurine Usuario común

    Cáncer
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    303
    Pluma de
    Escritora
    Re: Biografías inanimadas

    Me gusta esta actividad~ pero 500 palabras es un poco difícil, veamos qué puedo o no hacer.

    ~~

    Ironía.
    Número de palabras: 570

    A ciencia cierta, no sabía de dónde provenía, pero tampoco le importaba demasiado, porque saberlo no le iba a proveer de un futuro. Así que, simplemente, se limitaba a coexistir, en aquél basurero, con las ratas y demás objetos inservibles para los humanos. Al menos le daba un consuelo saber que ella no era la única que estaba tirada ahí, soportando el abrasante calor y las terribles lluvias, que no era la única que soportaba a las ratas y cucarachas yendo y viniendo por sobre su cuerpo. Incluso una vez ¡habían dado a luz encima de ella! y ella había sido el refugio de la pequeña familia de ratas durante algunos meses, hasta que se olvidaron y consiguieron un mejor lugar, debajo de un montón de escombros llenos de comida, ¡qué malagradecidos! ¡Tan similares a los humanos, que la habían botado!

    No es que estuviese rota o pasada de moda, la habían tirado porque ya no les gustaba, ya no era cómoda, había vociferado un niño, mientras jugueteaba en su XBOX. Y si ya no era cómoda, ya no era útil, acto seguido al basurero.

    Al principio no pudo soportar estar allí, con las alimañanas. De hecho, ahora que lo pensaba, todavía no lo soportaba, pero ¿qué podía hacer? Tampoco es que pudiese gritar o algo similar, estaba destinada a estar ahí, ya lo sabía, pero no podía evitar pensar en ello cada que se le presentaba oportunidad: o sea, siempre.

    —¿Qué tenemos aquí?—inquirió un hombre con una barba larga y que cargaba un saco voluminoso lleno de cosas, ella ya lo había visto desde hacía muchos días pepenando la basura, pero nunca creyó que se interesaría en su ser— Pareces muy resistente —declaró al aire, luego soltó una risita— Como si de verdad pudieses entenderme. Bien, te llevaré conmigo, chiquita.

    El hombre la levantó en brazos y ambos emprendieron el camino hacia la salida. Ella no entendía a dónde iban, pero se moría de la curiosidad de conocer su nuevo hogar, porque al menos tendría uno ¿no? Uno con menos ratas y menos lluvias, eso la hacía feliz.

    No obstante, el hombre no la llevó a su casa, sino que se dedicó a vagar con ella por entre la ciudad, recogiendo más cosas de entre el suelo, hasta que cayó la noche, momento en el cual sí emprendieron el camino a casa.

    Bueno, quizá la palabra casa era demasiada para el pequeño rincón debajo de un puente en el cual el hombre habitaba. Una pequeña edificación de madera y lámina, llena de agujeros en los cuales se colaba el agua, sucia y quizá hasta con más ratas que en su anterior hogar.

    Él la depositó en el suelo, junto a una cama también hecha de madera.

    Al menos tendría un techo, se dijo a sí misma, mientras observaba cómo él desempacaba todo tipo de baratijas sobre una mesita destartalada en el rincón más alejado del lugar, cosas que incluían latas de refresco, lámparas y periódicos y las acomodaba todas para después venderlas al día siguiente. Luego, con parsimonia, el hombre buscó su comida, un pedazo de pan medio rancio y un buen vaso de agua y se encaminó hasta la silla, que tembló ante su peso, debido a que hacía mucho tiempo que no cargaba a alguien.

    Entonces fue ahí cuando se arrepintió de querer un hogar y empezó a extrañar a las ratas: ¡El apestaba fatal! ¡No podía soportarlo! ¿Dónde estaban sus ratas y cucarachas?

    FIN
     
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