Archivo Confidencial

Tema en 'Fanfics Abandonados de Temática Libre de Anime' iniciado por Shennya, 15 Diciembre 2011.

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    Shennya

    Shennya Entusiasta

    Leo
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    25 Septiembre 2011
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    62
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    Escritora
    Título:
    Archivo Confidencial
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2890
    AU

    Esto surgió cuando estaba escuchando una canción y, por supuesto, después de ver una imagen de L. xD En fin, espero que les guste.



    Archivo Confidencial
    I
    Una noche de invierno
    Seguramente se preguntarán que fin tienen estas páginas o quién las escribió. De una vez les digo, no se molesten en averiguar, no les diré mi nombre. Sé que no es una forma muy amble de tratar a un lector pero, no espero que se centren en mi, ya que estos archivos están destinados a contar otra historia.
    Sí, tuve que robar algunos datos de papeles confidenciales de Wammy´s House, pero, en fin, todo es por el bien de ella y de él. Su historia no merece ser enterrada en un extraño orfanato para genios o para clones, como yo digo, aunque suene bastante crudo.
    En fin, esto es algo emocionante, en estos momentos estoy aquí, en el sótano, a media luz, sacando unos archivos importantes para terminar mi recopilación, por supuesto los pienso regresar (no quiero que el director comience a hacer averiguaciones), pero después de transcribirlos a mi libreta. ¡Por fin! Encontré el documento policiaco donde relata cómo la encontraron a ella, ese día…
    ¡Escucho ruido! ¡Demonios! Ahora tengo que esconder todo…

    Lamento haber tenido que interrumpir mi relato, pero ella me descubrió. ¡Sí! Y yo que pensaba que la distracción había servido para todos, debí suponer que ella me conoce mejor que nadie, bueno… a excepción de Matt, en fin, pero ese es otro asunto.
    Por supuesto, ya que estoy seguro que mis suposiciones son correctas, en estos momentos se están muriendo por saber quién es ella, ¿verdad?
    De acuerdo, comenzaré por su edad, es joven, mucho, creo que en estos momentos tiene veinticuatro años, se graduó joven de la Universidad y fue traída aquí para ser nuestra maestra, así es, como lo están leyendo. Por supuesto, es muy inteligente y su especialidad son las matemáticas y la lógica, pero, no creo que fue por esa razón que Watari la trajo aquí.
    Justo ahora me encantaría decirle a Near que yo soy el único que tiene pruebas de que L, el famoso detective, (la persona por la que todos nos encontramos en este lugar) no es tan frío como todos pensamos. Se ha presentado ante nosotros en tantas ocasiones a través de un monitor y utilizando una voz sintética que muchos de nosotros olvidamos que, detrás de la máquina, se esconde un humano.
    En fin, lo lamento, me estoy yendo por las ramas. ¡Ah! No les aclaré lo que sucedió después de que ella me encontró en el sótano. Por supuesto, me reprendió y me rogó que no me metiera en problemas, pero no hizo nada por denunciarme. Ni siquiera preguntó qué era lo que hacía ahí. Tal vez sea ésa una de las razones por las que todos la queremos tanto, porque, a diferencia de los demás profesores, nos mostró el lado humano de la vida.
    Por eso estoy tan preocupado (mucho más que Near, a pesar de lo que todos dicen) por su mirada verde, vacía; recuerdo los días en el que su rostro no había otro gesto más que el de una sonrisa, y ahora… hasta su cabello rubio ha perdido el brillo.
    Misa Amane. Me pregunto si nos dejará, otra vez.
    Bueno, creo que es mejor ir a los hechos, tomaré como base el reporte de la policía, pero no lo transcribiré, es demasiado frío como para transmitir lo que sucedió esa noche de invierno.
    Para mí, para L y para Misa, en este punto fue que comenzó la historia.

    En las noches de invierno, cuando la luna se abre paso entre las nubes y libera sus rayos por los senderos de la ciudad, es cuando la nieve acumulada brilla a los pies de los peatones que, con su indiscriminado paso, ignoran su belleza.
    Una niña, cuyas botas rosas y abrigo beige se alcanzan a ver entre las penumbras, avanza, lentamente, por la calle sin que nada indique que pueda detenerse. Una risueña pareja se la encuentra en su camino. La mujer, preocupada, se acerca a ella y le pregunta si está perdida y quiere que la lleven a su casa. La niña, cuyo cabello rubio y despeinado cae sin control sobre su rostro, niega con la cabeza. El hombre, un poco divertido por todo, observa que hay algo junto a la niña: su bufanda roja. Se inclina con amabilidad para levantar cuando sus dedos se humedecen y se manchan de escarlata. La mujer suelta un grito y se aparta de la niña; descubre que su abrigo, en la parte baja, está cubierto de sangre. Y, detrás de ella, unas pequeñas huellas que fueron corrompiendo la blancura de la nieve hasta convertirla en un rastro de pisadas rojas.
    —Mamá y papá ya no están.
    Fueron las últimas palabras que se escucharon salir de los labios de Misa, en mucho tiempo. Después, el lugar se llenó de patrullas y policía. Misa fue llevada a la jefatura, sin embargo, por más que intentaron que relatara lo que sucedió, no lograron sacarle ninguna palabra. A decir verdad, en su mirada verde había una luz que se había apagado, su expresión carecía de emoción, lo cual preocupó bastante a la mujer que la encontró. Fue por ello que la pareja decidió llamar a servicio social y fue por eso, y porque el trabajador que fue contactado para el trabajo tenía otros treinta casos más y estaba demasiado cansado y ansioso por regresar a casa, que Misa terminó en un deplorable orfanato en el centro de la ciudad.
    Las empleadas que trabajaban en aquel lugar no le prestaron demasiada atención al mutismo y la indiferencia de la niña, a pesar de que aquel comportamiento en una niña de cinco años era muy extraño. Esa noche, todo lo que vieron los ojos de Misa fue un oscuro cuarto y, a pesar de que había llegado a un lugar, donde se escuchaba y sentía la compañía del resto de los huérfanos, la niña jamás se sintió tan sola, como en aquella terrible oscuridad.
    Se despertó varias veces, con la misma pesadilla aquejándola en todo momento; pero nunca vino consuelo alguno y, las pocas palabras que le dirigieron sus compañeras de habitación, fueron para acallarla con dureza.
    Al amanecer, al detectar todas las miradas que la marcaban como una intrusa, Misa se sentó en un rincón y aprovechó que el juego de cubos había sido ignorado y comenzó a formar palabras con ellos. El hecho de negarse a hablar, sólo aumentó sus problemas; la niña que la había callado fieramente en la noche, aprovechó el conocimiento de sus miedos para burlarse de ella.
    —¿Así se llamaba tu mami? —sonrió la niña, con el cabello rizado, mostrando unos dientes torcidos—. No la vas a volver a ver, por eso estás aquí, como el resto de nosotros.
    Misa agachó la cabeza, y centró sus ojos en los cubos, formó el nombre de su padre y lo puso al lado del otro. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
    Un pie con un zapato desgastado pateó los cubos y los nombres se destruyeron.
    —No eres diferente a nosotros, así que ya deja de llorar, deja de ser cobarde.
    Misa se pegó a la esquina y se dejó caer en el suelo, ignorando la risa vibrante que salió de la boca de la otra niña.
    —Déjala tranquila.
    Unos ojos negros fulminaban a la agresora con la mirada y, a pesar de que ella era más grande que él, esa mirada la intimidó, aunque trató de no mostrarlo.
    —Tenía que ser, sólo los fenómenos se entienden —soltó, antes de irse.
    El niño, cuyo cabello negro tenía destellos azules a la escasa luz del salón donde se encontraban, se inclinó hacia Misa. Sin embargo, ella sólo se pegó más hacia la pared. En apariencia, él debía tener como dos años más que Misa, sin embargo, si las cuidadoras del lugar hubiesen prestado más atención, se habrían dado cuenta de que su razonamiento y algunos aspectos de comportamiento lo hacían, por lo menos intelectualmente, mucho más grande que el resto.
    Al notar que su primer acercamiento no había tenido éxito y ya que estaba decidido a protegerla, trató de establecer comunicación con ella a través de los cubos. Los acercó hacia él y, con su cuerpo, los cubrió mientras formaba las palabras. Muy a su pesar, Misa comenzó a sentir curiosidad y se inclinó un poco hacia él, para descubrir su mensaje. El niño sonrió y se retiró un poco para que ella pudiera ver lo que había escrito, que quedó, más o menos, de esta manera:
    Hola
    Soy L

    L acercó los cubos a la niña, para transmitiera alguna respuesta, sin embargo, ella negó con la cabeza. El suspiró, considerando todo como caso perdido, por lo menos hasta que la vio sonreír. Sus ojos se encendieron y la alegría regresó a sus mejillas.
    Aún siendo un niño, había pocas cosas que sorprendían a L y Misa hizo algo que causó una reacción de asombro en él: habló.
    —Hola, soy Misa.
    A partir de ese momento, no hubo poder humano que pudiera separarlos. Incluso, la voz de ella sólo se reservaba para él. Si era necesario que alguna de las cuidadoras le hicieran preguntas a Misa; para saber si se sentía mal o tenía hambre, lo hacían a través de L. Aunque no resultaba algo indispensable por averiguar, si despertó algo de curiosidad en ellas el porqué la niña sólo accedía a comunicarse con él.
    Al terminar el día, las encargadas del orfanato terminaban tan agotadas, que no se molestaban en hacer guardias nocturnas y, si escuchaban el llanto que indicaba que alguno de los niños tenía una pesadilla, simplemente lo ignoraban. Por ello jamás se dieron cuenta que una pequeña de cinco años, se levantaba, casi todas las madrugadas, y llegaba hasta el cuarto de los niños. Ahí, Misa encontraba a L y lo hacía bajarse de la cama para que le ayudara a olvidar sus pesadillas. L la abrazaba y, ya que no sabía cuentos, se dedicaba a explicarle las reglas y el valor de cada una de las piezas de ajedrez; aquello no era tan reconfortante como una historia de hadas, servía para que ella olvidara sus temores y, de cualquier forma, se lo agradecía.
    En navidad, época en que las mentes se ablandaban, en el orfanato, como en muchos otros, proliferaban los padres deseosos de un niño. Eran días de desorden y descontrol en el que todos deseaban alguna solución que los sacara de ahí; sin embargo, a pesar de las protestas de todas las trabajadoras, ninguna consiguió que, durante las visitas de las parejas, L y Misa se separaran. Misa estaba decidida a que, si alguien ponía los ojos en alguno de ellos, tenía que llevarlo a los dos o a ninguno. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, y ya que L era un niño mucho más observador que los demás, pronto se dio cuenta que las parejas observaban con bastante agrado a Misa, pero, su expresión no se conservaba tan benevolente cuando se dirigían a él. Misa era muy bonita y muy dulce (cuando se lo proponía), él, por el contrario, era un tanto frío con el resto de las personas y, cuando se decidía a hablar con alguien, esa persona quedaba intimidada por su vocabulario, pues parecía un adulto con apariencia de niño. Pero, a pesar de que conocía esto y que sabía que Misa conseguiría una buena familia pronto si decidía dejar de aferrarse a él, jamás se lo sugirió.
    No quería quedarse solo.
    Por aquella época, también, llegó hasta aquel orfanato una trabajadora social, por supuesto, con frecuencia tenían visitas de ese tipo (los únicos días que el lugar mostraba su mejor cara) pero, cosa que ninguna de las mujeres que trabajaba ahí jamás supo, esa no era una visita común. Ella era una de las agentes de Watari, quien, bajo sus órdenes, hacía recorridos por los orfanatos de la ciudad en busca de niños con ciertas cualidades. Por supuesto, lo encontró. Sin embargo, ese día no tenía autorización para actuar, por lo que, simplemente, se fijó en las actitudes del niño y le pasó un informe a Watari.
    Días después, como si todo se pusiera en contra de ellos, dos de las cuidadoras, hartas de tener que rechazar a tantos padres por la terquedad de Misa, accedieron a hacer los trámites necesarios con la quinta pareja.
    El día de la adopción, sin previo aviso, antes de que el amanecer se asomara por las ventanas del orfanato, una de las cuidadoras fue a la habitación de las niñas y se llevó a Misa al salón. Otra cerró la puerta de los niños con llave y, para cuando L se dio cuenta, Misa ya se encontraba en brazos de un hombre, asomando su rostro sobre su hombro, y con los ojos llenos de lágrimas.
    L se pegó a la ventana, por la que, un año después, volvían a verse los copos de nieve cayendo con tristeza, sobre el pelo rubio de la niña que extendía la mano en dirección del orfanato.
    Fue esa una de las razones decisivas para que L no se opusiera a marcharse cuando vio al hombre mayor y bien vestido que se presentó por él, días después. No le quedaba más en aquel orfanato y el hombre, que se presentó como Watari, le ofreció una educación adecuada a su nivel.
    Cuando llegaron a Inglaterra, sin embargo, el niño comenzó a preguntarse si había cometido algún error al acceder a ir, pues ese país estaba muy lejos de ella…
    Se preguntó si la volvería a ver.
    Fue otra noche de invierno en que Wammy´s House abrió sus puertas para L. Roger, director del lugar, distinguió, tras las continuas caídas de copos de nieve, a dos figuras: la primera era de su conocido amigo Watari, la segunda, más pequeña, cuya mano, enfundada en un guante, sostenía la del hombre; debía ser L. Hacía tanto frío, que a Roger no le sorprendió que el niño tuviera la mitad de la cara cubierta por una bufanda, sin embargo, ello aumentó la fuerza de su mirada oscura; Roger jamás olvidaría esos ojos. Transmitían la inteligencia de la que tanto había hablado Watari pero, también alcanzaban a expresar una soledad terrible.
    Era triste leer aquel destino en un niño, pero Roger no se sorprendió, él había aprendido que las mentes brillantes están condenadas a estar solas.

    Ya tengo que terminar, bueno, por ahora. Sé que más de alguno está esperando un poco más pero, por el momento, tengo que dejarlo aquí. Sólo diré algo más, que es importante dejar por escrito. Se rumora, porque, en lo que concierne a L, nosotros no tenemos más que mitos y leyendas (la mayoría, yo soy una de las excepciones); que Watari, al llegar a este orfanato, le ofreció a L darle algo, lo que quisiera. También se dice que él lo rechazó, se dice que jamás (sin contar con los favores que pedía para resolver un caso) le pidió algo a Watari. Sin embargo, sé que L si pidió algo; quiso que Watari trajera a Misa a Wammy´s House.
    Fue su único deseo y Watari no pudo concederlo.
    —No puedo apartarla de quiénes ahora son su familia —contestó, simplemente—. Son buenos padres, ella debe ser feliz con ellos.
    L asintió.
    —Lo comprendo.
    Se acerca ese molesto de Near, y veo, por su mirada presumida, que sabe que la distracción fue provocada por mí, sin embargo, no dijo nada. Seguramente quiere saber que me traigo entre manos… ¡bah! Que intente averiguar, no va a lograr nada. En fin, espero poder volver a escribir pronto y aclaran como fue que Misa llegó hasta aquí… tantos años después.
     
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