Long-fic Alma. | Chapter two

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por RedAndYellow, 4 Junio 2017.

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    RedAndYellow

    RedAndYellow Usuario común

    Capricornio
    Miembro desde:
    19 Noviembre 2016
    Mensajes:
    222
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Alma. | Chapter two
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    649
    Dios... He vuelto. Pensé que había muerto.
    Pues sin más, bienvenidos a mi nueva 'gran obra'
    I
    Una lluvia torrencial había azotado con fuerza todas las casas de la pequeña ciudad. Ella miraba con desamparo la lluvia por su ventana. El viento hacía crujir los techos y los caminos se inundaban con la misma facilidad que alguna vez dejaban fluir el agua por las alcantarillas. Los pocos carros que se habían quedados atrapados en medio de la tormenta, fueron arrastrados por los caminos hasta desaparecer por el horizonte. Grace recordaría la época cuando esas carreteras albergaban cientos y cientos de carros; algunas veces hasta se formaban trancones que duraban horas, embalsamados en el camino de vuelta a casa. Pero nunca pudo quejarse a gustó, después de todo, ella también usaba esa ruta con frecuencia. Iba en automóvil hasta el centro de la ciudad, a recoger a su hija y a sus pokémon. Pobre criaturas que yacen enterradas bajo la lluvia. Quizá hasta debería llorar algo más, pero la lluvia había resecado todo el líquido de todas partes. Sus lágrimas habían parado de caer de sus ojos para caer del cielo, y su patío, lleno de cadáveres, se había quedado sin cadáveres para consumir, todos habían sido desenterrados por la lluvia y llevados hacía el horizonte.
    Lo mismo pasaba con sus sillones, sillas y camas. Se miraban como nuevos, sin algún rastro de suciedad, toda la humedad y la mugre habían sido tragadas por el cielo. No sabía cuándo terminaría la lluvia o cuando el cielo saciaría su enorme apetito de líquido y de dolor. Pero observaba al suelo y miraba la madera reseca, las paredes de ladrillo duras cual metal y el techo, lleno de grietas y arrugas secas. De alguna manera, en ese ciclo de lluvia y de humedad secándose, su casa nunca sería arrastrada por la lluvia.
    Y sus palabras se convirtieron en una realidad. Su casa permaneció una década en pie, con los caminos llevando la misma cantidad de agua al horizonte y con el interior igual de seco. Se alimentaba de pequeños insectos que sobrevolaban la casa en busca de algún lugar para hacer un nido. Nada era tan especial como un huevo de araña al desayuno.

    Durante esos diez años el desamparo y el dolor nunca se fueron de su corazón, ni de su alma. Su casa era la única que se mantenía en pie, el resto de ellas fueron derrumbándose una a una, destruyéndose y dejándose llevar por la fuerte corriente. Su patío se había destruido y solo quedaba una piscina de lodo y tierra, pero ningún cadáver flotando. Dedujo que todos se los había llevado la primera gran caída de agua. Pero seguramente se llevó polvo, el polvo que había quedado de los cadáveres secos tras ser secados por el cielo. Porque el cielo no tenía un gramo de piedad; cualquier líquido era bueno, por eso, los insectos que comía, amanecían muertos sobre su almohada, sin sangre. Sin sangre.

    Tal como su hija, en algún lugar de esa inmensa lluvia.

    Dedicó todo el tiempo que se pasaba entre desamparo y gotas fuertes de lluvia en intentar saber que le había pasado0 a su hija, pero fue inútil. Ningún bote podía navegar esa lluvia, ningún telescopio podía ver el horizonte y ningún hombre podría caminar sin ser derribado y ahogado dolorosamente. Fue entonces que comprendió que su hija estaba muerta, en algún lugar del agua, descomponiéndose y fragmentando su pequeño corazón.
    Desde entonces solo se quedó viendo el tiempo pasar sentada, viendo la ventana y ese paciente vidrio que esperaba año tras año para romperse y dejar que la última casa se fuera desterrada. Pero solo logró romperse cuando Grace había muerto viéndolo; aunque no alcanzó a ver las primeras grietas, ni las ultimas.

    Por lo menos murió pensando que se encontraría con su hija. En algún lugar.
     
    Última edición: 4 Junio 2017
  2.  
    RedAndYellow

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    Escritor
    Título:
    Alma. | Chapter two
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    957
    II
    El viento relajante despeinaba los cabellos peinados del destino y del tiempo. Siempre se ha dicho que mudarse da paso a una mejor vida, a un lugar donde ser feliz y empezar de cero; que entre más lejos de tu anterior hogar, más podrías reinventarte. Ambas necesitaban un pequeño cambio de hogar, incluso de escuela y trabajo. Fue imposible conseguir un cambio directo de trabajo, pero, por lo menos, la institución de su hija, Serena, sería la misma, pero con distintas personas. Era un alivió, esa era una preocupación que no la había dejado dormir en paz y soñar con estar en otro mundo. Quizá esos sueños tuvieron más que ver que cualquier otra historia de otra vida, aunque, en sintaxis, era lo mismo: Un nuevo mundo, una nueva ciudad.
    Pero no todas las ciudades cumplen con la gran barrera de convertirse en otro mundo, con otras costumbres y personas. Con otros establecimientos y otros climas. Aunque sería, un largo tiempo después, ese clima el que terminaría con esa paz falsa que se habían creado en el pecho. Un sentimiento marchito que se intentaron creer con el pasar de los días pero, que en esas horas, viajando en un auto con las ventanillas arriba, lo sentían de verdad. Sentían la esperanza de perderse entre jardines llenos de flores de todos los colores. Tanta era la emoción contenida en sus cuerpos que, la chica de extraordinarios ojos azules, había comprado unas cuantas semillas de flores violetas. Que también servirían para los velorios más dolorosos que tendrían que pasar.

    El radio hacía interferencia, el camino era estrecho y el aire acondicionado hacía un sonido tan particular que molestaba al propio sol. Por eso resplandecía con más y más fuerza sobre ese auto. Aunque quizá solo eran las sensaciones abstractas de ambas y de ella, su pequeña Fennekin. La verdad es que podría haber dejado cualquier otra cosa, incluso su alma, pero nunca a ella. Su complemento tan perfecto.
    A veces su madre se preocupaba, y era totalmente entendible, no había otra persona que escuchara a Serena más que esa pequeña zorrita que con sus ojos cautivaba al tiempo y con su pelaje amoldaba las situaciones difíciles que golpeaban de lleno con cada persona. Realmente la soledad absoluta es más llevadera cuando hay algo que te motiva a estar en ella. Para algunas personas la vejez y verse llenos de impotencia y de dolor, los aísla y los deja tirados en medio del combate; a otros, el verse hasta el cuello de problemas y de maremotos sentimentales, deciden quedarse solos para toda la eternidad. Solo ellos y una soga.
    En fin, hay tantos métodos para quedarse en una sombra fría e interminable que no terminaría nunca de pensar en el porqué de tantas cosas. Pero si podía pensar en el porqué de su propia soledad, aunque su madre nunca pudiera entenderlo. Se habla tanto de evitar estar solo, de convivir con otros pero nadie dice nada de convivir consigo mismo y con ese pequeño rayito de luz en el destino, ese pequeño rayito de luz que todos vemos cuando dormimos o en la madrugada, cuando el sueño se evapora en la cocina y el rojo del día empieza a apoderarse del cielo. Para algunos ese rayito es otra persona, pero eso solo es un rayito leve; su rayito, el más fuerte de todos, apuntaba a su pokémon.

    Sin mayor explicación abrazó a su pokémon. Grace la vio por el retrovisor y no pudo evitar sonreír; en parte por la ternura de su hija y en parte por la esperanza que se unía en su interior, convirtiéndose en un amparo permanente de sus ideas.
    Le gustaría haber llegado ya, pero el camino que abría fuertemente con cada rueda era enorme y apenas habían recorrido una mínima parte del mismo. Sería un viaje largo, lo sabían desde el momento que se embarcaron en la aventura hacía una nueva vida. Pero ambas sabían que, en ese pueblo done dicen que el tiempo pasa más lento y que el destino es escrito en la mente de cada uno, estarían mejor y mucho más felices. Posiblemente, alejadas de todo lo que las había hecho lo que son. Y ahí estaba la magia de ese viaje y de esa vida nueva que tanto ansiaban: Perder todo lo que era un anterior yo mismo y construir, casi de cero, una nueva persona. Pero esta vez llena de esperanza y de compromiso.
    No pudo evitar sentirse aliviada con sus propias palabras, como si fuera ella misma su salvaguarda, que repetía las palabras que ya sabía para hacerse sentir mejor.

    Eran el único vehículo viajando por esas carreteras y era extraño cuando sentían la presencia permanente de algo más, algo que irrumpía el silencio del radio descompuesto y del aire acondicionado ruidoso para decir algo, algo que nunca era dicho. Aunque realmente si fue dicho, fue todo un párrafo dicho sin decir; como un secreto que no eran capaz de escuchar ni de captar.

    Grace sonrió a su hija, y su hija de vuelta. Quizá solo estaban exagerando la situación. Pero esa sensación había sido real. Y ya casi caía la noche, la noche en carretera. Quizá esa sensación solo era una señal que hacía falta avanzar un poco más rápido, llegar hasta algún lugar con más personas.
    Grace se aferró a ello. Pero por alguna razón sus manos sudaban, su cuerpo se tambaleaba y su mente jugaba ajedrez como las fichas negras y estaba perdiendo de manera estrepitosa.

    — Ma’, creo que ahí hay una pequeña tienda. ¿Podemos parar? Tengo que ir al baño y, de paso, compramos algo de comer.

    Grace recuperó la compostura. Quizá solo estaba exagerando una situación normal.

    Quizá.
     
    Última edición: 4 Junio 2017
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