A través de tus ojos

Tema en 'Fanfics Abandonados de Temática Libre de Anime' iniciado por Camelia Bianchi, 17 Julio 2013.

  1.  
    Camelia Bianchi

    Camelia Bianchi Iniciado

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    17 Julio 2013
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    Escritora
    Título:
    A través de tus ojos
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3605
    Pensamientos

    Recuerdos—

    (1) Indicaciones del diccionario.

    Aclaración: Esto se desarrolla un mes después del Fútbol Frontera Internacional (FFI). El inició es un fragmento de un recuerdo de dos hermanos, que desarrollaré en todo el capítulo.

    Disclaimer: Inazuma Eleven le pertenece a Level-5, solo la trama es de mi propiedad.
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    A través de tus ojos...
    Capítulo 1: La última tarde...
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    Era una tarde tranquila, donde lo único que había en el cielo era el hermoso sol que resplandecía con todo su fulgor, se sentía que todo iba a salir bien, que nada podría arruinarlo; lastima que el destino no lo tenía previsto así. Ambos habían salido a dar una vuelta por la ciudad, hace mucho tiempo que no lo hacían y realmente disfrutaban de la compañía del otro; los dos decidieron ir a la feria de diversiones, se enteraron que estaba allí desde hace una semana.

    Cuando llegaron lo primero que vieron fue el enorme anuncio que decía "Bienvenidos a la feria de atracciones". No le prestaron mucha importancia, entraron.

    —Hermano —le hablo su hermana, ella es un poco más baja que él— ¿Nos subimos allí? —dijo viendo la montaña rusa.

    —Si quieres —fue lo único que salió de sus labios. Ambos se fueron al juego, donde su subieron los dos en el mismo vagón. Empezó a caminar hacia arriba, llegando a la cima se detuvo por unos segundos, y luego a toda velocidad se fue hacia abajo; todos gritaron automáticamente exceptuándolos a ellos, la chica se limitó a cerrar los ojos, cuando su acompañante se dio cuenta de su acción solo le tomó la mano. Ella de inmediato abrió los parados para encontrarse con la media sonrisa de él.

    El juego siguió su curso, ambos hermanos solo se miraban entre sí; cuando acabó todos bajaron, algunos fueron a regresar lo que habían comido y otros quedaron mareados. Ambos quedaron un poco aturdidos aunque no lo demostrarán, la chica por no preocupar a su hermano y el aludido por puro orgullo.

    Ahora ambos seguían caminando por el lugar, ninguno de los juegos les llamaba la atención hasta que vieron uno donde los premios eran unos peluches entre otras cosas.

    —Hermano —se ganó la atención del susodicho— ¿Podrías conseguirme ese? —miro uno que era un enorme oso color blanco con un listón alrededor del cuello, a ella le atraían mucho ese tipo de cosas.

    —De acuerdo —camino hasta llegar donde estaba el dueño del kiosko— ¿Cómo consigo ese? —le indico el objeto por el cual fue.

    Antes de contestar vio a la hermosa chica que estaba junto a él— Ese regalo, es para tu novia —dijo haciendo que los aludidos se sonrojaran, aunque una lo demostrará más que el otro— Pues es muy bella —eso incremento el rubor en las mejillas de ambos.

    —No, por su puesto que no —mencionaron al mismo tiempo— Nosotros solo somos hermanos —le hicieron saber.

    Los miro sorprendido y luego hablo— ¿Enserio? Pues no se parecen.

    —Porque todos nos dicen eso —se deprimieron por el comentario anterior.

    Dándose cuenta del estado actual de sus concursantes y temiendo que se fueran— Olviden lo que dije antes —se apresuro a decir— Y respondiendo a tu pregunta es simple: Solo tienes que derribar esta torre —la señalo, estaba construida por puras botellas, formando una perfecta pirámide osea tres abajo, dos en el medio y una hasta arriba— Con estas pelotas —saco tres— Por un yen tienes tres intentos. Así que... ¿Vas a probar?

    —Por supuesto —le dio el yen y tomo una bola. Miro el premio que sería de su hermana, y con toda precisión que puede tener disparó; lamentablemente solo pudo tirar dos de las seis que habían— No te preocupes, lo ganaré para ti —le susurro a la menor.

    Tomo otra bola y volvió a disparar, como está tan decidido a obtenerlo logró darle a la del medio que estaba hasta abajo y la gravedad hizo lo suyo derribando la pirámide por completo; él sonrió de lado.

    —Se lo ha ganado —se dio la vuelta, fue el muñeco y se lo entrego— Tome. Vuelva cuando quiera.

    La chica lo abrazó en cuanto lo tuvo en sus manos— Gracias —agradeció por lo bajo.
    Su compañero se distrajo por unos momentos observando un local que vendía la comida favorita de su pequeña hermana; se volteó a la derecha— Vamos —le aviso tomándola de la mano y jalándola al local. Ella se extraño por ese repentino comportamiento pero tampoco pregunto.

    —¿Teppanyaki?(1) —cuestiono inmediatamente al ver que vendía el establecimiento.

    —Si, son tus preferidos ¿O me equivoco? —le respondió con una leve sonrisa.

    Se mantuvo callada por unos momentos— ¡Que esperas! ¡Vamos! —chillo muy emocionada de volverlo a probar, hasta podría decirse que ya olvido como saben.

    Llegaron y la cocinera/dueña les pregunto que era lo que deseaban para comer y ellos les respondieron que querían dos teppanyaki, al cabo de tres minutos la orden estuvo lista y la cocinera se los estrego. Ambos los degustaron.

    —Hermano son deliciosos —menciono al no tener nada en la boca— Me prometes que volveremos a ir —pregunto saliendo de la feria.

    —Por supuesto, iremos las veces que quieras —le prometió, y él nunca rompe una promesa.

    Ahora habían pasado cerca de dos semanas desde ese día, él se encontraba deprimido, no quiere salir de su habitación a menos que sea para comer o para ir al baño; todos sus amigos han estado muy preocupados por él, ya no era el mismo de antes. Sobre todo su mejor amigo, él siempre le había estado apoyando y siempre lo haría.

    —¿Puedo pasar? —interrogo un muchacho de su misma edad.

    —Supongo —contesto tristemente.

    Él entro y se sentó al lado derecho de la cama, su amigo estaba pegado a la pared; tenía sus pierna abrazadas por sus brazos y su cabeza, aunque, la tenía arriba osea viendo al frente reflejaba una mirada vacía. Iba a una conversación difícil de llevar; lo sabía y presentía, pero valdría la pena si con eso lograba sacarlo de esa depresión.

    —Quieres hablar.

    —¿De qué? —pregunto con monotonía.

    —De lo que paso ese día —fue directo, sabía perfectamente que hablar de eso le dolía pero a veces es mejor enfrentar el pasado, para seguir con el presente y construir un futuro; de aquello estaba totalmente seguro.

    Suspiro antes de hablar— De acuerdo ¿Qué quieres saber?

    —¿Qué paso con ella? ¿Y por qué te culpas por eso? —hubo un minuto de silencio en el que solo se oía la respiración de ambos— Me lo vas a contar o no —se estaba desesperando.

    —De acuerdo —tomo un poco aire para comenzar a explicarle— Recuerdas que salimos un rato a la ciudad —le contesto diciendo que si con la cabeza— Y que nos tardamos todo el día en regresar.

    —Si ¿Pero no se que tiene que ver con la desaparición de tu hermana? —le hablo un poco confundido, bueno si lo estaba mas no lo iba a admitir.

    —Última pregunta ¿Quieres toda la historia o la versión resumida?

    —To-da —tuvo la gentileza de separar las dos sílabas. No vaya a ser que omita algún detalle importante, no, eso no lo aceptaría.

    —Muy bien. Lo que paso fue... —le relata lo sucedido.

    Él recordó que después de salir de la feria fueron al centro comercial, donde comenzaron a mirar cada tienda pero ninguna les llamaba la atención, en el sentido que a ella le gustaba una que al mayor no y viceversa; cuando creyeron que seguirían así se toparon con una tienda que vendía aparatos tecnológicos, a los dos les gustaba eso.

    —¿Vemos si hay algo que nos interese? —le pregunto.

    Su hermano asintió y entraron al lugar, allí vieron que habían varias laptop, celulares, computadoras, cámaras, entre otras cosas. Mientras ellos caminaban dos hombres tenían una no muy agradable charla.

    —Ten más cuidado —le regaño el que parecía ser el dueño a su, aparentemente, descuidado empleado.

    —Por quien me toma —dijo indignado— Yo siempre soy cuidadoso —le recalco.

    —Como sea —no le creyó ya que había hecho varios desastres que prefirió no mencionar— Solo fíjate por donde caminas —se fue dejándolo continuar con su labor.

    El empleado llevaba una escalera, su jefe el ha dado la orden de que arregle el aparato del aire acondicionado; llego allí y puso la escalera pegada a la pared en un ángulo de cuarenta y cinco grados, se subió en ella y al alcanzar la parte superior sacó un destornillador, posteriormente empezó a sacar cada tornillo. En seguida se dispuso a chequearlo, a los minutos esto iba a completarse con éxito de no ser porque un niño paso corriendo muy cerca de él, llevándose consigo la escalera en otras palabras botándola.

    Y esto produjo los siguientes sucesos: ocasionó que se quedará prácticamente en el aire para que se agarrará de la puerta dónde estaba el aparato, y como acto final que el elemento antes mencionado sumándole el destornillador salieran volando. Lo que desencadenó varios sucesos caótica mente graciosos/problemáticos; la primera para la gente que lo vio y la segunda para la persona que lo tuvo que limpiar.

    —Hermano, soy yo o un destornillador salió volando —casi consulto la menor en el momento que lo contempló.

    El aludido observo el lugar y al no encontrar nada menciono— Debe ser tu imaginación —corroboró el mayor— Yo no vi nada.

    Regresando a nuestro episodio caótico, la herramienta cayó al frente de un carro de supermercado que por fortuna estaba vació, la persona que lo empujaba no se dio cuenta de lo que paso unos segundos atrás así que lo siguió haciendo, desafortunada mente esto ocasiono que dos ruedas se trabarán con la herramienta por consiguiente la persona se fue de bruces(2) dentro de ella, empujando tanto el causante de esto como su vehículo a continuar.

    —¿Acaso una persona paso adentro de un carrito pataleando? —dudo en el tiempo que lo acechó.

    —Por supuesto que no —confirmo el más alto.

    Retornando a la circunstancia que transcurre ajena para cierta persona, el carrito rebasó a unas cajas que se encontraban selladas, por la velocidad a la que iba al aventajar lo estas perdieron el carente equilibrio que poseían, originando que se fueran de lado. Al hacerlo obstaculizaron esa pasada.

    Por otro lado el carrito seguía su curso normal: haciendo que las personas en esa tienda se apartaran, derribando varias cajas, electrodomésticos, y muchas más desventuras. El destornillador también engendraba oportunidades aptas para recordarse, el fue termino inmóvil en el suelo y así se quedo hasta que el mismo niño de antes lo pateo, este volaba mas se tuvo que detenerse al momento en que la punta del objeto quedo incrustada en la computadora central; eso fue lo que inició algo que nadie pudo evitar.

    La historia fue interrumpida— ¡Alto! Dije que me narrarás como fue que se separaron —aclaro disgustado— No que me describieras el caos que inundaba aquella tienda —añadió.

    —A eso iba —irritada mente enuncio— ¿Dónde me quede?

    Genial —pensó su compañero— Cuando la computadora se daño —le resumió.

    —Bien, cuando la computadora se arruino, eso creó... —retomo la charla.

    Después de que se averiará, eso motivo a que la cajera se pusiera como loca a tratar de repararlo pero arrojó la herramienta de nuevo al aire y su lapicero al enchufe, este entró completamente en el; unas pequeñas chispas salían, nadie lo noto.

    —Hermano ¿Se está incendiando la tienda? —consulto la más baja.

    —Por supuesto que... —volteo a su izquierda— ¡Sí! —ahí era el origen del fuego— ¡Corramos! —la tomo de la mano.

    Por supuesto que no fueron los únicos que se dieron cuenta, lo demás que estaban adentro también empezaron a correr inclusive el jefe, quien fue el primero en salir con el rabo entre las patas; todos huían, los hermanos atravesaban la multitud con tal de no estancarse, mas la menor se tropezó con la herramienta que quita los tornillos.

    —Hermano —hablo apenas audible, el fuego se expandió velozmente llenando la atmósfera con humo y eso le dificultaba la respiración— Vuelve... Por favor —se paro y comenzó a caminar con una mano tanto en la boca como en la nariz.

    —¡Hermana! ¿Dónde estás? —entre tanta gente y ruido ambos no se lograban escuchar— ¿Dónde te has metido? —decir que estaba preocupado era un eufemismo estaba muy aterrado— ¡Hermana!

    El policía al enterarse de lo que acontecía no dudó en ningún en entrar para averiguar si aún quedaba gente ahí— ¡Hay alguien aquí! ¡Responda, hay alguien aquí! —realmente no lo sabía.

    —¿Dónde estará? —fue la voz que se apagaba lentamente que logró oír, él corrió hasta él.

    —Tiene que salir de aquí —dijo con voz autoritaria.

    —Pero —trato de replicar.

    —Ahora —lo levanto colocándole sobre uno de sus hombro.

    —Oiga suélteme —mencionaba— Tengo que buscar a mi hermana —declamo por lo bajo, pero el oficial lo escuchó claramente.

    —Si me permites que te saque de aquí, prometo regresar por tu hermana —trato de dialogar con él.

    —De acuerdo.

    El guardia de seguridad lo llevo afuera, lo coloco en el suelo con las demás personas— Por favor, regrese por mi hermana, me lo prometió —le susurro.

    Al tiempo que lo iba a hacer, el techo se derrumbo por completo, tapando la entrada— Lo siento, no puedo ingresar.

    Los ojos del hermano mayor se inundaron de lágrimas y las derramó— ¡Hermana! —su respiración se comenzó a dificultar, se llevo una mano al pecho— No... Puedo... Respirar —se desmayó.

    —¡Traigan ayuda! —fue lo último que logró escuchar antes de caer en la inconsciencia.

    Su amigo no podía creer lo que le contó— Por eso fue —murmuro.

    —Exacto —se dio cuenta de que volvió a soltar sus lágrimas, la herida aún no estaba cerrada y él la reabrió.

    —Lo siento —le abrazó, ese abrazó le transmitió fortaleza— Luego que sucedió —era mejor que liberará todo su dolor de una sola vez, o al menos eso es lo pensaba que era lo mejor para él.

    —Al tiempo —comenzó entre sollozos— Recuerdo que desperté en el hospital, dónde me dijeron algo que, siéndote sincero, no me esperaba...

    Al día siguiente en el hospital general de Inazuma se estaba despertando un adolescente, lo primero que contempló fueron cuatro paredes blancas, y una ventana a la izquierda; también se dio cuenta que tenía en su muñeca un tubo delgado que era sujetado por unas cintas, eso le administraba un liquido transparente, él supuso que era suero.

    —¿Por qué estoy aquí? —pregunto no esperando recibir una respuesta.

    —Por que te desmayaste —le contesto el doctor que acababa de entrar.

    —¿En serio? ¿Cuánto tiempo? ¿Y porqué me desmaye?

    —Cinco días —mientras leía la carpeta dónde estaban todos lo datos referente a su situación actual— Respondiendo a tu segunda pregunta, es simple: te desmayaste por que inhalaste demasiado humo, pero ya estás estable.

    —Eso es un alivio —y de verdad que así era, solo hacía falta cierta noticia para que estuviera en total calma.

    —Doctor ¿Ya despertó? —esa voz la conocía, era la del oficial que lo salvó a costa de su hermana.

    —Adelante —él entró— Los dejaré solos —el médico se fue.

    —Mi hermana —lo primero que dijo al momento que lo observo— ¿Logro rescatarla? —esperaba que la respuesta fuera positiva.

    —No, joven —le hablo negando con la cabeza y con tono triste— Al entrar no la encontré, solo había puros escombros.

    —Quiere decir que... Ella... Ha... —lo dijo pausadamente, quizás demasiado; su respiración volvió a ser pesada, empezó a inhalar con la boca.

    —Le pido que salga de la habitación —dijo inmediatamente una enfermera— Ahora —el guardia de seguridad obedeció— Tranquilícese —hablo dulcemente mientras ponía una mano en el pecho del paciente— Por favor, hágalo.

    —Pero... Mi hermana... Ella... —era lo único que salía de sus labios.

    El doctor llegó a los segundo de ese diálogo— Enfermera, administre le un calmante —se lo aplico y él se durmió otra vez— No dejes que nadie entre —ella asintió— Espero que cuándo despiertes, puedas soportar mejor esa noticia —él se fue.

    El relato llegó a su fin, él no pudo evitar no llorar. Mientras que su amigo solo pudo decir

    —Y todo eso paso por un destornillador.

    —Yo debí haberme dado cuenta antes, si lo hubiera hecho ella estaría —decía en medio de sollozos— Aquí conmigo —ahora si rompió en llanto, su amigo solo le abrazo.

    —Ella es fuerte, no creo que haya muerto —le dijo con la esperanza de consolarlo— Es la hermana del mejor estratega, debió encontrar una manera de salir, lo se, lo presiento —le pronunció muy seguro de sus palabras.

    —¿En serio? —levanto la cabeza, anteriormente estaba en el hombro de su compañero de equipo.

    —Créeme —ambos se miraron a los ojos— Dime ¿Alguna vez me he equivocado?

    No hizo falta que respondiera, era un "No" rotundo.

    —Solo espérala, ella vendrá hacía ti —lo seguía tranquilizando— O tu iras donde ella, lo que suceda primero.

    —Está bien —se limpió las lágrimas— La esperaré —lo aseguró, con voz que prometía que lo haría.

    —Ese es mi amigo —sonrió— Me voy, si quieres puedes bajar —caminó a la puerta— Te estaremos esperando —lo dejo solo.

    —Gracias —enuncio por lo bajo— De verdad, gracias —se levantó y se encamino a la cocina, allí lo esperaban y lo han hecho pacientemente.
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    Es mejor enfrentar el pasado, para seguir con el presente y construir un futuro.
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    Ahora aclararé los puntos marcados en la historia:

    (1) El teppanyaki: Dango es un pincho con un sabor ácido a teppanyaki.

    (2) Se fue de bruces o en otras palabras se fue directo a, en este caso, el carro de supermercado.
     
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