Minificción A libro abierto El sepulturero se preparaba para hacer su guardia en el cementerio, cuando, cerca de una lápida, medio cubierto de tierra, vio un libro de pasta negra. Era tan intrigante, sin título o portada, que decidió quedárselo. No tardó mucho en encontrar un lugar para sentarse, encendió la linterna y comenzó a leer. Después de pasar unas hojas, se dio cuenta de algo fascinante, la historia impresa parecía relatar toda su vida; ya no podía detenerse, sus manos estaban pegadas a la pasta y las hojas se cambiaban solas, con velocidad vertiginosa. De pronto, un miedo aplastante le retorció las entrañas; el hombre de la historia caminaba por el cementerio y se encontraba un libro negro que leía hasta que, antes de terminar de leerlo, le daba un infarto. Horas después, el velador encontró el cuerpo del sepulturero; llamó a la ambulancia, pero sospechaba que era demasiado tarde. Entonces, antes que alguien más llegara, vio el libro y se lo guardó en el saco; sería una bonita sorpresa para su hija, después de todo, al muerto ya no le iba a servir.