—¡No te vayas amigo! Por favor...—Dos lagrimas como rubíes cristalinos rodaron dejando su estela mojada . En ese sitio gélido con olor a remedios, ¿Por qué tenía que irse mi compañero de aventuras? —Es necesario... Ya estoy muy cansado, tengo sueño... —Te prometo que, si salimos juntos de aquí, te llevare a la plaza, sí, a esa donde los arboles están tan juntos como en los bosques. Solo te tienes que levantar he ir conmigo. —No sabes cuanto me encantaría ir contigo... y jugar a ser cazadores de aves mientras tú comes un helado, lastima que yo no pueda comer helados.—Sus ojos negros me delataban una sonrisa ansiosa. —¡Te comprare uno! Solo... ¡no me abandones! Unas manos enfundadas de blanco lo levantaron—Ya es hora—Dijo el veterinario, Mi amigo se despidió lamiéndome mis manos y moviéndome la cola. —Nos volveremos a ver—Fue lo que me transmitió su mirada. —Adiós amigo—Dije mientras escondía mi cabeza en el pecho de mi papá.
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Oh, vaya. Así me he sentido cuando mis mascotas han partido. Este relato me tocó, me conmovió mucho, mucho. A veces nuestro mejor amigo es esa pequeña criatura que nos acompaña con cualquier humor, que con su cara de inocencia nos brinde más felicidad que cualquier palabra humana. Gracias por este escrito que tocó mi corazón, estuvo muy bien escrito. Me gustó, a pesar de que fue triste.
Que amarga despedida y sé lo que es despedirse uno de su fiel mascota. He perdido a un par de perritos en la muerte, así que comprendo el deseo del protagonista de no dejar ir a su fiel amigo, sin embargo, cuando se van así, no hay manera de impedirlo. Un relato lindo, pero a la vez triste. Saludos.