Amnesia: el secreto de las flores

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Phenomena, 22 Mayo 2013.

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    Phenomena

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    Amnesia: el secreto de las flores
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Misterio/Suspenso
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    2
     
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    Capítulo I: Despertar entre las cenizas.

    Arde.

    Todo está ardiendo.

    Mis pulmones no podían tragar más humo.

    Mis ojos se nublaban, no podía ver otro color que no fuese el rojo. Las llamas me rodeaban, la madera se consumía y el humo lo rodeaba todo.

    Cada vez menos oxigeno entraba a mi boca y a consecuencia mis piernas temblaban no podía proseguir, estaba atrapada en este infierno. Caí de bruces en el suelo, abrumada por el calor insoportable, acostada y sin fuerzas para continuar…

    Es el fin.








    Una tenue luz se filtraba por mis ojos, era molesta y quería de nuevo que oscuridad me envolviese, con el tiempo se hacía más intensa y ya no había más tinieblas sobre mí. Parpadeé un par de veces con fuerza intentando acostumbrarme a la luz del sol, que quemaba mis retinas sensibles.

    Cuando por fin desperté del todo me encontré que llevaba puesto un respirador artificial y una vía intravenosa en el brazo, no tardé demasiado en darme cuenta de que me encontraba en la habitación de un hospital, o al menos tenía toda la pinta de serlo. Intenté incorporarme en la cama donde me hallaba tumbada pero resultó que mis músculos no querían hacerme caso, apenas podía moverme más allá de mover los parpados.

    No pasó mucho tiempo hasta que una enfermera entro y al verme su semblante lucía bastante sorprendido.

    Con una voz dulce la enfermera me preguntó cómo me encontraba, con grata sorpresa me di cuenta que la garganta me escocía horrores y ni una palabra lograba salir de mi boca, lo cual me puso un poco nerviosa. La pobre enfermera al ver mi estado de repentino pánico me dijo que esperase aquí y que ahora el medico encargado vendría.

    Sin saber muy bien que hacer asentí con la cabeza muy ligeramente. En el tiempo transcurrido pude coger energías y quise levantarme de la cama, me quité la vía y el respirador y en cuanto mis pies descalzos tocaron el suelo me desplomé en el como un peso muerto. Enseguida noté como unos brazos me envolvían y me incorporaban de nuevo a la cama.

    -Eh, pequeña, no te apresures.

    Era la voz de mi médico, un hombre de media-alta edad con el pelo cano, espeso bigote y rostro afable.

    -Veo que has despertado, ¿Cómo te encuentras?- dijo mientras agarraba una silla cercana y se sentaba en ella.

    Quería hablar pero mi garganta seguía estando tan áspera como el desierto.

    -Por el amor de Dios, Elena, tráele agua a esta chiquilla.

    La enfermera al lado suyo no tardó en irse y volver en tiempo record con un vaso de agua en sus manos, cuando me lo ofreció no dude en bebérmela cosa que duró no más de unos segundos, puesto que bebía con tal avidez que el vaso quedó vacío enseguida.

    -Tranquila, pequeña-río el hombre aún sentado se llevó el vaso y lo colocó en la mesilla de al lado de la cama.-Muy bien, yo me llamo Antonio y soy tu medico principal, ¿Sabes cómo te llamas?

    Iba a contestar pero de repente algo tan básico como eso me costaba acordarme.

    Me llamo…

    Mi nombre es…

    Ada, me llamo Ada.

    -Ada-conteste simplemente- Ada Benamor.

    -Bien Ada, ¿puedes decirme cuantos dedos ves aquí?

    Alzó cuatro dedos y volví a contestar, la respuesta era correcta.

    -Vale, ahora quiero que sigas mi dedo con tus ojos.

    Sacó de su bata una pequeña linterna la cual apunto primero a mi ojo derecho, como él dijo que hiciese le obedecí y seguí el movimiento de su dedo, lo mismo hicimos con el ojo izquierdo.

    -Estupendo Ada, dime lo último que recuerdas.

    Intente esforzarme pero al hacerlo, al pensar mis últimos recuerdos mi cabeza parecía que iba a estallar.

    -No estoy muy segura…

    -¿Sabes qué día es hoy?, ¿Mes?, ¿Año?

    -Estamos en mil novecientos noventa y tres, de lo demás… no estoy segura.

    -Estamos a uno de Agosto, del noventa y cuatro.

    Eso me dejo totalmente traspuesta, eso no podía ser posible. ¿Estamos en el noventa y cuatro?

    -Me acuerdo…de que mis padres estaban hablando de ir a pasar las vacaciones en el pueblo de mi tío…yo…no puede ser…

    Cuanto más intentaba recordar el dolo se iba profundizando.

    El doctor parecía un poco conmovido, como si se viese obligado a decir algo que no quería.

    -Escucha Ada, has estado durante un año en coma en este hospital.

    Quedé petrificada ante sus palabras y no sabía cómo reaccionar por esta revelación a parte que con incertidumbre. Como yo seguía sin decir nada y mirándolo con fijeza continuó hablando:

    -Sufriste un grave accidente doméstico, tu casa ardió por motivos que no sabemos, por lo visto te desmayaste al inhalar mucho humo, te rescataron antes de que tuvieses quemaduras.

    Ahora entendía el flash back donde me encontraba atrapada por el fuego, sucedió de verdad, no fue una pesadilla.

    -¿Dónde están mis padres?

    Bajó los ojos sin decir nada.

    -Ellos…no tuvieron tanta suerte como tú Ada, no sobrevivieron al incendio.

    Estaban muertos.

    Abrasados por el fuego, ni sus cenizas quedaron. Estaba sola en este mundo.





    En mi estancia en el hospital, me hicieron muchas pruebas tanto psicológicas como físicas. Mi estado corporal no era demasiado favorable, al estar un mes en cama mis músculos estaban resentidos y débiles, cada día hacía ejercicio para volver a estar como antes, antes…del incidente. Además, había adelgazado mucho, pero de todas formas nada entraba en mi estómago ahora, la comida que tanto había disfrutado en un pasado se negaba a pasar más allá de mi boca. Todo me causaba náuseas y rechazo, por lo tanto bebía mucho líquido.

    En cuanto a mi estado psicológico…un psicólogo me había diagnosticado un fuerte trauma por la muerte de mis padres, ese trauma se derivó a una amnesia. Los recuerdos eran demasiado dolorosos, por ese motivo los mantenía ocultos en lo más profundo de mi mente, encerrados.

    No recordaba nada anterior a casi un año antes del incidente, solo conseguí un breve fragmento de aquel día trágico donde me desmayaba en el incendio.

    La vida para mí ahora era una sucesión de días, sin saber qué hacer, donde ir ni que pensar.

    La tristeza y el miedo habían calado hondo en mi alma, me acordaba de mis padres a cada instante, lloraba todas las noches intentando mantenerlos en mi cabeza, tenía miedo de que si dejaba de pensar en ellos, me olvidaría de cómo eran.

    Me gustaba recordar lo gruñón que era mi padre y lo buena que era mi madre conmigo siempre, cada memoria suya era como un tesoro.

    Vivíamos cerca de la capital de Barcelona, pero no tanto como para que sea un caos de ciudad, relativamente tranquila, al contrario de mucha gente vivíamos en una casa bastante grande. Mi padre era arquitecto y mamá ama de casa, yo aún estudiaba y era una estudiante normal, ni demasiado estudiosa pero tampoco era descuidada, tenía amigos y gente que se preocupaba por mí. Era una vida sencilla y sin complicaciones pero yo no quería nada más, con eso era feliz y daría lo que fuese para volver a esos días de calma, pero estoy en un hospital con amnesia y mis padres están muertos.

    Me pregunto qué tipo de recuerdos he perdido, algo en mí, llamémosle una corazonada me decía que era algo de vital importancia.

    Quizás era algo malo y mi cerebro insistía en reprimirlo, como lo ha hecho con la muerte de mis padres.

    Un año sin memorias…tantas cosas pueden haber pasado…



    Después de unas semanas en observación concluyeron que estaba lista, más o menos, para volver a la calle con unas condiciones. Mi cuerpo ya se había recuperado, pero estar aquí encerrada no me haría ningún bien, por eso mi tío por parte de padre, Aníbal, que había insistido fervientemente por teléfono casi todos los días que estuve aquí, que fuese a vivir con él y su hija a Yacuna, un pequeño pueblo de cerca de la costa, donde se daba a conocer por ser un lugar tranquilo y por su cultivo de flores.

    Como no sabía que otra cosa hacer acepte, de todas formas no me apetecía pasar más tiempo sola y ver a mi familia calmaría mi dolor a la par de que con suerte algunas de mis memorias volverían.





    A eso de las tres de la tarde cuando ya estaba fuera del hospital, un taxi vendría a recogerme, un viaje que duraría tres horas como poco pero mi tío estaba empeñado a pagarlo todo de su bolsillo, también él pago el tiempo que he estado en el hospital.

    Alcé la vista al cielo sin una sola nube, el calor pegaba fuerte pero no era pegajoso si no que corría una bienvenida brisa fresca, me pase una mano por el pelo corto que había crecido unos centímetros durante el tiempo que había pasado en coma y llegaba a taparme el cuello, el flequillo lo tenía que echar a un lado para que no me molestase. Me acuerdo que a mi madre no le gustaba este corte de pelo tan corto, cuando era pequeña lo llevaba excesivamente largo, tanto que me cubría toda la espalda.

    Antes de que viniese el taxi dedique unos momentos a mirarme en un pequeño espejo-peine que Elena, mi enfermera me había dado en señal de amistad. Cuando lo abrí y me vi reflejada en él, me sentí un tanto extraña, casi me costó reconocer que era yo, ya que hacía tiempo que no me veía en un espejo, en el lavabo de la habitación del hospital por alguna razón no había espejo.
    Mi piel era mucho más pálida de lo que recordaba, era tan blanca que incluso llegaba a ver las venas en mi cuello y eso me asusto un poco, tanto tiempo en la oscuridad tiene su precio. Al contraste de mi piel estaba en las pestañas negras que enmarcaban mis ojos castaños, que no eran de un marrón usual si no varios tonos más claro como si estuviesen desteñidos, mi nariz seguía siendo pequeña y respingona y mis labios que eran la alegría de mi madre eran carnosos y del color de las fresas silvestres, me avergonzaba admitirlo pero me gustaban estos labios porque los había heredado directamente de mi madre casi una réplica exacta, todo esto envuelto en una cara que para mi edad era demasiado infantil.

    Una eterna niña, así me llamaban mis padres porque tenía casi la misma cara ahora con mis diecinueve años que con cuatro y la gente nunca me echaba la edad que tenía algo que a veces me hacía enfadar. Siempre habían dicho que mi apariencia era frágil y lucía como una muñeca aunque prefería no pensar en ello.

    Decidí dejar estos pensamientos de banda porque por fin divise el taxi que venía a por mí por la carretera, lo salude con el brazo para que me viese bien.

    Recogí mi triste maleta de mimbre, que apenas llevaba cuatro trapos que otra vez muy amablemente Elena me había dado de la ropa vieja de su hija.

    El conductor colocó el ligero equipaje en el maletero y entre dentro del vehículo.

    Aquí y ahora, esperaba que los demonios del pasado se quedasen entre las cenizas de mi casa y mis amados padres y en Yacuna encontrase la paz.
     
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    Cygnus

    Cygnus Maestre Usuario VIP Comentarista destacado

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    Al leer esto, me parece entender que se trata de un solo capítulo con un final apresurado o no bien cerrado. O se trata de un long-fic en donde todo lo importante ocurrió en el primer capítulo? No me quedó del todo claro, y en ambos casos no estoy muy conforme.
    Cosas buenas, la ortografía sobre todo. Es casi perfecta, no noté errores en la lectura, y digo casi porque se me pudo haber escapado alguno, no estuve buscándolos. Buena estructura, suficiente espacio, un escrito estético y limpio, que se lee con amenidad y se entiende todo a la perfección. Buen manejo de los sentimientos del personaje, me agradó la conexión que logras establecer entre el protagonista y el lector, al punto de sentir cierto brote de carisma en ella, y algo de lástima por su situación en nosotros. Buen trabajo ahí. Los diálogos también fueron buenos, le dieron su justo espacio y los doctores fueron acertados en sus intervenciones.

    Cosas malas, pues que me resultó, para empezar un poquito inverosímil. Despertar de un año de coma, y enseguida querer levantarse, bueno eso no se lo cree nadie ni se lo manda nadie tampoco :/ Se despierta con una debilidad infinita, la conciencia se adquiere al paso de días, y al cabo de semanas no puedes salir, estuviste desconectada del mundo tanto tiempo que lo que necesitas es una reactivación orgánica de meses.
    Segunda cosa mala, lo cliché del relato. Cansado estoy de leer sobre jovencitas que se quedan completamente huérfanas y sin familia por un accidente, despiertan en un hospital y no saben a dónde ir. Ése es todo tu planteamiento, y sí, ya lo han planteado muchos otros antes. Si esto tiene continuación, espero que dé un giro. Si no la tiene, el sabor del final fue amargo.

    Saludos.
     
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    Phenomena

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    Hey, primero de todo decir que si es un long fic ( si no, creo que hay un opción para aclarar que es de un solo capitulo, no estoy muy segura). En cuanto a lo del tema medico que es inverosímil, puede ser sinceramente, intente investigar por mi cuenta y preguntar a amigos que estudian medicina con resultados no muy propicios, así que con la poca información que obtuve solo pude escribir esto basándome también en muchas películas ( que muchas veces no están bien resueltas). Decirte solamente que este capitulo es solo para indicar la situación y el espacio de la protagonista, no me gusta escribir historias muy cliché a pesar de que en un momento sin saber nada más de la historia puede parecer. Te invito a seguir leyendo si te place aunque advierto que si no te agradan las historias de con fondo paranormal no te recomiendo esta lectura.

    Saludos! ^_^
     
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    Phenomena

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    Capitulo II: El reflejo de la verdad.


    Capitulo II: El reflejo de la verdad.

    En mi viaje en coche no pude evitar irme dormitando y despertando varias veces, todo este movimiento era aún muy cansado y el calor cada vez más de pueblo no ayudaba. El buen conductor hacía paradas siempre que era necesario para respirar aire fresco y estirara un rato las piernas que de tanto estar sentada daban calambres.

    Después de casi tres horas, alcancé a ver un prado lleno de capullos no maduros, entonces supe que estaba en la entrada de Yacuna la cual la custodiaban grandes campos de flores a su alrededor. Mediante entrabamos en el pueblo pude observar las casas todas rusticas de pared de piedra con muchas macetas de flores en sus patios delanteros y balcones, era realmente como un pueblo encantado, en el buen sentido, aunque apenas podrían vivir cien personas tenía un entorno especial y casi fantástico. Yacuna siempre me gustó, sobre todo cuando era niña, jugando con mi prima Melissa e íbamos las dos a los campos de flores y luego a jugar a la playa que solo estaba a unos cinco minutos de aquí andando tranquilamente.

    En pensar en todos esos recuerdos felices mi corazón se apretó inquieto, tenía una corazonada sobre este lugar, de algún modo tenía la esperanza que me ayudaría a superar la trágica muerte de mis padres.

    Antes de darme cuenta el coche estacionó delante del caserón de mi tío, que se encontraba en el centro del pueblo, concretamente en la plaza principal al fondo, se elevaba el Ayuntamiento, un edificio encalado, con un largo balcón en el primer piso y ventanas enrejadas en la planta y la iglesia, que sin duda era de lo más bonito aquí, con campanarios y una gran torre de con un reloj.

    La casa de mi tío era bastante mayor que las de los demás, casa de campo de dos plantas y ático construida en piedra y adobe, las puertas y ventanas en madera, las paredes estaban recubiertas de enredaderas, constaba de dos patios uno delantero y otro atrás. Por muchas veces que la viese siempre quedaría asombrada en la magnífica majestuosidad de esta casa.

    Bajé del coche y el taxista volvió a llevarme la maleta hasta la puerta y deseándome suerte se fue por donde había venido sin darme tiempo a decir nada.
    Nerviosa como estaba me costó un poco encontrar las fuerzas para tocar el timbre, pero antes de que tuviese oportunidad la puerta se abrió mostrándome a una joven mujer.

    No parecía mucho mayor que yo, quizás tres o cuatro años más y en mi opinión era muy guapa, de piel bronceada y preciosos ojos pardos verdes como el césped recién cortado totalmente hipnotizador, además de eso era muy alta y proporcionada, nunca antes la había visto en la morada.

    -¡Ah! Debes de ser Ada- ella sonrió haciendo contraste sus perfectos dientes- ven, ven, pasa. El señor estará contento de verte.

    Suavemente me empujo dentro en el recibidor y ágilmente me arrebato la maleta.

    -Yo me encargo de esto.

    -Ah, gracias.

    Dicho eso subió escaleras arriba al piso superior donde se encontraban todas las habitaciones. Al parecer era una sirvienta reciente puesto que no me reconocía, ni yo a ella. No pasó mucho tiempo, apenas segundos cuando sentí unos brazos rodeando mi cuello.

    -¡Ada estas aquí! ¡Ada, Ada, Ada!

    Me abrazaba con tanta fuerza que me era imposible moverme, unos instantes después me soltó dejándome ver el dulce rostro de mi prima Melissa.

    -Melissa…

    Aunque había reducido la fuerza de su abrazo se negaba a soltarme. Desde la última vez que a vi a mi querida prima no ha cambiado nada, quizás lucía un poco más adulta pero estaba lejos de parecer una mujer madura. Las dos tenemos la misma edad pero somos muy distintas, ella tiene una espesa y larga cabellera rubia, tan rubia que según se postraba la luz era blanco y llegaba a rozar la baja espalda y al contrario de mi pelo que era irremediablemente liso, el suyo era un mar de ondas platinas. La gama de sus ojos era un azul precioso tanto como el agua que corre por un rio e igual de vivaz, destellante de vida y juventud pero sus pestañas como su pelo eran claras. Su boca en cambio era más pequeña y fina, mas aristocrática con un tenue rojo. En lo único que nos parecíamos era en nuestra tez lechosa.
    Era verdaderamente hermosa cuanto menos y me alegraba que no hubiese cambiado ni una pizca.

    -Ada te he echado de menos, yo siento todo esto…

    Esta vez el apretón fue más dulce y melancólico a la vez, sin dureza, cuando me soltó ya completamente pude atisbar que sus ojos eran llorosos y eso me apenaba también, pero no quería ya más lágrimas ni más compasión.

    -Está bien, Meli.

    Le ofrecí una sonrisa más para calmarla que una sincera, pero de todas formas Melissa lo acepto y cogiéndome de la mano me llevo hasta el salón principal.
    Allí se encontraba mi tío Aníbal tan distinguido como siempre, fumando pipa y leyendo un libro en el amplio sofá que seguramente en invierno la chimenea que era el corazón del cuarto sería cálida y mi tío y Meli se sentaban juntos a ver la televisión o simplemente leer como estaba haciendo ahora, tan concentrado que no se daba cuenta de mi llegada.

    -Papá, Ada está aquí.

    Al escuchar la voz de su hija levanto la vista inmediatamente y se alzó a cogerme en volandas.

    -¡Ada hija mía!

    Por un momento, en los brazos de mi tío me sentía segura y protegida, un sentimiento desconcertante después de un año de soledad absoluta. Aún en sus brazos me susurró en el oído:

    -No te preocupes Ada, ahora somos tu familia.

    Al escuchar esas palabras tuve la imperiosa necesidad de llora,r pero saqué todo mi coraje y lo evite lo mejor que pude.

    -Pero vamos, ¿Qué tal el viaje?, ¿Tienes hambre?

    Aníbal siempre ha sido más amable y menos refunfuñón que mi padre, al menos en apariencia. Aníbal es sociable y educado era lo contrario que mi difunto padre era muy alto y de aspecto de caballero, tenía el pelo rubio como su hija pero bastante más opaco y descuidado no era tan sedoso como el de Meli, sus ojos también eran azules pero de nuevo más lúgubres y necesitaban de unas gruesas gafas para ver, su nariz era fina pero masculina y su boca era tan o más aristocrática que la de mi prima. Portaba un porte un tanto descuidado para ser él que siempre había sido impecable en su forma de vestir usualmente elegante y en su pelo impecable pero en este momento sus ropas eran un tanto anticuadas y su cabello se encontraba como un nido de pájaros de todas formas seguía siendo muy atractivo para ser un hombre de su edad.

    La muerte de su hermano tampoco ha debido ser fácil para él, una muerte desgasta a cualquiera.

    -Lo cierto es que estoy cansada.

    -Es normal, es la primera vez después de mucho tiempo que sales del hospital.-hizo un pequeña pausa para mirarme- Estas flaca, ¿No quieres comer algo? Lily cocina de
    maravilla, en un momento puede hacerte algo de cenar, que ya casi es hora.

    -No tengo mucho apetito…

    -¡Tonterías! Ahora mismo llamo a Lily y a cenar. No puedo permitir que en un viaje tan largo ese estómago tuyo este vacío.

    Como veía que era imposible negarme simplemente acepte.

    Con velocidad asombrosa Lily, la sirvienta de piel morena preparo la cena, que constaba de una esponjosa tortilla de patatas acompañado de un plato de embutido ibérico, pan con tomate y lonchas de un queso que tenía buena pinta.

    Nos sentamos en el comedor principal, donde los grandes ventanales anunciaban la retirada del sol y dejaba en su lugar a una luna menguante. Yo me senté en el pico de la mesa, que era muy estrecha y de gran alargada, daba un ligero toque de la época romántica con ayuda de una extraordinaria lámpara de araña que colgaba del alto techo orgullosa, Melissa se encontraba a la derecha delante de Lily que había decidido cenar en compañía y en el otro extremo enfrente mío. Aníbal.
    La comida era deliciosa, ni comparación con la del hospital que era insípida, esta era realmente apetecible y sinceramente a pesar de mi falta de apetito entro de maravilla.

    Hablamos de muchas cosas, Aníbal me explicó que desde el año pasado se convirtió en el alcalde de Yacuna y eso hizo que el cultivo de flores aumentará considerablemente dando al pueblo mayor valor económico. Me alegré mucho al oír esa noticia, sé que Aníbal era un hombre noble y no se aprovecharía de su título. Lily era de México, cuando falleció su marido decidió valerse por sí misma y vino a España a trabajar y aquí se topó con Aníbal que enseguida la contrató, me sorprendió gratamente que tuviese historia tan tortuosa cuando parecía una persona demasiado joven para haber vivido tanto. Por otro lado Melissa proseguía con sus estudios de arte, ella soñaba algún día con convertiste en una artista famosa y francamente poseía un gran talento para la pintura, su especialidad eran los paisajes y sacaba provecho de este pueblo que era especialmente reconocido por sus campos de flores, su naturaleza y sus pintorescas calas. Si te fijas la casa estaba llena de sus cuadros, de muchos paisajes y sobretodo de las flores, que eran como un océano de puntos rojos como la sangre.

    Por desgracia no se podía decir nada de mí, mis estudios y objetivos estaban paralizados por todo lo ocurrido, pero como dice Aníbal, primero debo curar mi mente y descansar para poder proseguir. Más adelante pensaría en eso, ahora era momento de dormir.

    Melissa me acompaño al piso de arriba donde estaban todos los dormitorios, que como esta casa era de todo menos pequeña, habían muchas libres aunque yo después de tanto años ya tenía mi cuarto asignado.

    Era un dormitorio espacioso, con una gran cama colocada en el centra-arriba de la estancia con una mosquitera blanca que la cubría el cual le daba un aspecto principesco y dos mesillas de noche a sus lados, un gran ventanal en la derecha por el que podía ver es extenso patio trasero, en la izquierda tan solo una cómoda de rica caoba y en la parte posterior un hermoso tocador de espejo redondo que me gustaba desde que era niña, alrededor de la sala había algunos cuadros de bodegones que antes no estaban. Supongo que serán de Melissa.

    -Le he pedido a Lily que te deje unos de mis pijamas debajo de la almohada. Parecías tener poca ropa en esa maleta.

    -Gracias, te lo agradezco.

    Sin previo aviso Melissa esta vez apoyo su cabeza en mi pecho sin dificultad porque era bastante más pequeña que yo, era un contacto casi íntimo y extraño incluso vendiendo de ella que era muy cariñosa y hasta en ocasiones pegajosa cosa que nunca me ha importado pero en este momento…era casi adulto.

    -Estoy contenta de que hayas venido…-suspiró escondiendo más su cara contra mi pecho- después de lo que pasó el verano pasado…no sabía si volverías a venir.
    Me quede un momento pensativa sin saber que decir.

    ¿Qué quería decir con eso? Es más, ¿Qué sucedió exactamente el verano pasado?

    Quería preguntarle sobre eso que ha dicho pero antes de que tuviese tiempo se separó y se fue murmurando un rápido buenas noches. Aunque me ha dejado con la mosca detrás de la oreja estaba demasiado cansada para poder irle a replicar nada.

    Entonces cogí el pijama de Melissa y lo deje sobre la cama para a continuación desvestirme, era un pijama muy al estilo de mi prima, un sencillo vestido blanco virginal que apenas llegaba a la rodilla quizás un poco demasiado transparente en mi opinión.

    Di media vuelta un momento para contemplarme y cepillarme el pelo en el espejo del tocador cuando me di cuenta que la imagen que reflejaba no correspondía con la mía.

    Era yo pero no del todo, mi cara estaba apoyada en la palma de mi mano aguantando un rostro el cual tenía una expresión de malignidad que yo jamás había hecho, mis ojos tenían una mirada maliciosa y no eran de un castaño claro, al contrario, brillaban con un tono rojizo que me hacía helar la sangre y una sonrisa ladina en mi supuesta cara.

    Quería gritar de horror pero mis labios enmudecieron y continué mirando al ser en el espejo, como cambiaba de posición para poder examinarme bien.

    -No tengas miedo, Ada. Solo soy yo.

    Definitivamente está hablando, la imagen en el espejo está hablando, pero sonaba como si estuviese directamente en mi cabeza y esa voz sin duda no era la mía, ni siquiera era femenina. Si no fuese porque estaba aterrada de miedo incluso podía decir que era un voz masculina ronca, oscura y extrañamente atractiva.
    Estaba paralizada y ni un solo musculo del cuerpo reaccionaba al caos de mi mente, solo podía mirarlo sin pestañear con los ojos tan abiertos que me hacía daño.

    El reflejo ante la falta de cooperación parecía molestarse e hizo una mueca de desaprobación.

    -¿Después de tanto tiempo dormido es todo lo que me ofreces?

    Con un poco de voluntad y mi corazón en la garganta solo podía tartamudear como una idiota pero temía que del impacto del miedo mi pelo se tornara blanco.

    -¿Quién…quién eres?

    Esta vez no estaba molesto incluso se podría decir que se sorprendió.

    -¿Acaso ya te has olvidado de mí? Me temo que para ti debo ser inolvidable, muñeca.

    Como veía que continuaba sin decir nada siguió murmurando con esa voz que ponía el vello de punta.

    -Soy Rais, tú misma me pusiste el nombre.

    Rais.

    Al escuchar ese nombre un montón de flashes inundaron mi cabeza con la velocidad de un rayo.

    Me veía a mí misma de espaldas en vuelta en tinieblas.

    Un cuchillo en mi mano embarrado de sangre.

    Dos cuerpos mutilados uno encima del otro en un charco carmesí.

    Y de nuevo, el fuego que arrasaba con todo.

    Mi mente colapso y no pude aguantar más estas revelaciones, me desvanecí directamente a los brazos de Morfeo.


     

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