Ancient War

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por lilinette, 15 Abril 2012.

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  1.  
    Niné.

    Niné. .

    Virgo
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    No se permite escribir todo en cursiva, solo partes significativas en el texto. Por lo mientras editaré los capítulos, pero por favor, que no vuelva a pasar.

    Gracias y siento las molestias.
     
  2.  
    lilinette

    lilinette Iniciado

    Virgo
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    Ancient War
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    Hola, ¿qué tal? Primeramente gracias A Thunderbird, me encantan tus comentarios, me animan mucho. Y a Puck, los siguientes capítulos serán sin cursiva.
    Espero que os guste. Este es muy cortito.



    11. Interludio: Dragones y mazmorras.

    Un niño de cabellos castaños y ojos azules estaba jugando con una niña de pelo negro recogido en un moño. Ambos tenían un palo en una de las manos. Jugaban a luchar como si fueren caballeros de los cuentos fantásticos o de tiempos pasados.

    La niña hizo tropezar al niño que cayó de espalda, ella le apuntó con el palo en el pecho sonriente.

    —Estás muerto. Si quieres te puedo enseñar a usar mejor la espada.

    El niño no hizo ningún comentario todavía seguía en el suelo con el ceño fruncido porque su mejor amiga le había derrotado.

    —Es normal que pierdas, no tienes un maestro como yo…—ella le ayudó a levantarse.

    —La próxima vez ganaré yo —le aseguró el niño.

    —En lo único que me puedes ganar es contando historias—contestó sonriendo la niña.

    El niño fue a replicarla, pero la madre de la niña la llamó.

    —¡Némesis! ¡A comer!

    —¡Ya voy, mamá! —miró al niño y le sacó la lengua y se fue a su casa.

    El niño regresó a su casa, cuando entró vio a su abuelo preparando la comida. Él dejó el palo en su cuarto junto a sus peluches de felpa, y después se sentó en la silla frente a su abuelo.

    —¿Qué ocurre, Dante? —Preguntó el anciano preocupado —No me has preguntado nada, y ayer estabas muerto de curiosidad.

    —Némesis me ha ganado, otra vez… —resopló Dante apoyando su frente en la mesa.

    —Némesis es buena en esgrima y tú…

    —Yo en nada…—cortó el niño — ¿En que soy bueno, abuelo?

    —Eres muy inteligente, se te dan muy bien los cálculos, y yo que sepa ningún niño de tu edad y tampoco Némesis sabe física. Y tú la dominas a la perfección.

    — ¿Y para que me vale la física? Abuelo, tú que has estado en La Guerra Milenaria, ¿me enseñarías esgrima? —preguntó emocionado.

    —Estoy un poco viejo, pero vale — contestó sentándose en la mesa a la vez que servía un plato con un caldo y legumbres.

    —Abuelo… —el anciano levantó la cabeza — ¿Los dragones hablan?

    —Pueden llegar a hablar pero solo si se lo enseñas desde bebé.

    — ¿El dragón de Aníbal hablaba?

    —No lo sé…

    — ¡¿Quedan dragones?! —preguntó el niño ilusionado.

    —Puede ser… —El anciano esbozó una sonrisa misteriosa.
     
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  3.  
    A Thunderbird

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    ¿Dragones? ¡¿Dragones?! Si aún quedan quiero uno *___*
    Némesis me resulta un nombre muy curioso, ¿volverá a aparecer esa chica? Supongo que sí; las apariciones de nuevos personajes siempre me intrigan y suelo hacer esa pregunta ^^U
    Dante me recuerda un poco a mí, en cierto sentido nos parecemos. Yo también soy más de cálculos y demás que de manejar una espada, y sin embargo esto último siempre me ha atraído.
    Lo único entre comillas ''malo'' que ha tenido el capítulo es lo que ya has dicho: que es corto. Ojalá el próximo sea más extenso...
    A ti te encantan mis comentarios y yo amo tu fic, así que estamos en paz <3
    ¡Pikapi!~
     
  4.  
    lilinette

    lilinette Iniciado

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    Hola, ¿qué tal? Hoy vengo un capítulo nuevo debido que la semana que viene no voy a estar, por lo tanto no voy a poder actualizar. Que se me olvidó decíroslo ayer. A Thunderbird, el nombre de Némesis es de una diosa griega, que entre muchas cosas representa la venganza. Este capi va a ser bueno porque es muy largo, y vais a querer matar a Aníbal
    *Es el bosque Verde de Kanto (lo miré en la wikidex)

    Capítulo.12. Hecha la ley, hecha la trampa.

    El sol estaba en el centro del cielo, eran la parte del día que hacía más calor. Pero eso no hacía que los seis dueños de las casas más importantes no les permitiesen practicar esgrima o sus modalidades derivadas.

    Practicaban junto a los soldados, ya que algunos no sabían manejar las espadas, estos les enseñaron a cómo utilizarlas contra un oponente.

    — ¡Bien! ¡Lo haces muy bien!—animó un soldado al dueño de la última casa.

    Ash portaba la espada que le había proporcionado el ejército del Señor Waterflower, un Talwar. Pues era complicado de manejar tal sable. Su compañero y fiel amigo, Pikachu le acompañara a donde fuese, por lo que estaba a su lado.

    Ash rozó con lentitud su sable con la cola del ratón amarillo. Este por inercia lanzó uno de sus rayos. Pero lo único que sucedió fue que la espada del joven Kepchum estuviese electrificada. La espada poseía electricidad, y se podía ver claramente los rayos amarillos que circulaban por la hoja curvada de acero.

    El joven heredero de la quinta casa observó asombrado el filo de la espada. Pero alguien interrumpió sus pensamientos.

    — ¡Señores!—gritó un soldado que venía de expedición— ¡He visto alguien sospechoso en el bosque y he venido de inmediato!

    — ¿Alguien sospechoso?—preguntó Dawn.

    —Como sea Aníbal…— siseó Ash.

    —Debemos ir a ver quién es—sugirió más bien ordenó el joven de cabellos morados.

    —Sí, lo mejor es que vayamos en parejas, por precaución—contestó Isis—Por el momento os emparejaré así. La señorita Bertliz irá con Shadowling, la casa más importante con el hombre que mejor sabe manejar una espada. La Señorita Waterflower con el joven Kepchum, harán un equipo equilibrado de igual forma, la Señorita Balence irá con LaRousse. Y no tolero protestas.

    — ¿Y tú con quién irás?—preguntó Misty, que ella y Ash eran los únicos que no protestaban.

    La joven soldado tragó saliva preocupada.

    —Si Aníbal me quiere ver muerta, jamás arriesgaría la vida de otra persona. Por favor tened mucho cuidado—se despidió
    corriendo hacia el bosque.

    —No pienso ir con una niña mimada—protestó Paul—Aunque podría haber sido peor, que me hubiesen puesto con el perdedor.

    — ¡¿A quién llamas tú perdedor, maldito?!—le contestó Ash.

    —Debemos darnos prisa—comentó Drew.

    Cada pareja se fue por un lado diferente para no encontrarse con la otra pareja y para abarcar mayor territorio.

    —Maldita sea cada vez se va haciendo más oscuro—se quejó Paul.

    Cada vez que más se adentraban en el bosque, los árboles cada vez se iban haciendo más altos, y el cada vez el bosque se cerraba
    más lo que provocaba que la luz disminuyese.

    — ¿Tú siempre te estás quejando?—preguntó molesta la dueña de la primera casa, cargando en brazos a Piplup.

    — ¿Y tú lloriqueando?

    — ¿A caso me has visto llorar desde que llegué?—cuestionó ella, altanera.

    Él no contestó, pero el silencio fue una respuesta clara, no.


    Por otra parte una castaña y un joven de pelo verde investigan cuidadosamente el bosque intentando hacer el menor ruido molesto. Pero no fue así ya que el sonido del estómago de May perturbó la tranquilidad.

    —Tengo hambre—se quejó la castaña, palpando su estómago.

    —Tú siempre tienes hambre—susurró Drew apartándose el flequillo.

    —¡Mentira! Lo que pasa es que no he desayunado…

    —Como si me lo fuera a creer—contestó burlonamente el dueño de la tercera casa.


    Al sur del bosque una pelirroja acompañada de un azabache, con su fiel amigo Pikachu. Observaban el bosque con detenimiento a la vez que andaban, para detectar el menor indicio de movimiento.

    Unos arbustos se agitaron suavemente detrás de ellos y ambos se pusieron en guardia. Ash miró hacia atrás para asegurarse que no había nada detrás de ellos, pero un grito de parte de Misty le interrumpió

    Ella corrió a ponerse detrás del chico usándolo como escudo.

    — ¡¿Qué pasa?!—preguntó alterado el chico.

    —Un monstruo—contestó la chica señalando el árbol que estaba enfrente de ambos, temblando.

    En frente de ellos había una oruga bastante grande, de color verde, ojos amarillos y antenas rosas. El insecto estaba comiendo unas hojas frescas.

    —Solo es un bicho—contestó Ash agachando para acariciar la cabeza del insecto.

    —Odio los bichos—declaró la chica mirando con asco la oruga verde.

    —Vamos, debemos encontrar a ese sujeto—contestó Ash, dándose media vuelta y echando a correr.

    — ¡Espera!—exclamó Misty intentando alcanzarlo.


    Isis iba caminado cuidadosamente con su mano en la empuñadura de su sable, cuando una leve descarga eléctrica atacó a su tobillo. Ella se dio media vuelta, agarrando su tobillo dolorido. Delante de ella había uno de los animales que el profesor Oak los había bautizado como Pokémon.

    Era como una cría de tarántula de color amarillo intenso, de ojos azules, y el final de las patas también. En una de sus patitas tenía un corte no muy profundo pero sangraba.
    Isis se dio media vuelta pero a los segundos se arrepintió y se agachó mirando a la tarántula amarilla.

    —Qué bichito tan lindo…—susurró ella emocionada—Té ayudaré—cogió a la araña y se la puso en la cabeza— ¿Ahí estás bien?
    La araña no se movió absolutamente nada.

    —Procura no caerte, cuando termine de observar esta zona, iré a casa y te curaré esa patita.

    La araña hizo un ruido con las pinzas y la chica continuó su camino.
    Después de llevar un buen rato andando y sin encontrar nada se dio por vencida. Tal vez el soldado se hubiese confundido con un animal.

    Estaba a punto de marcharse cuando oyó una alegre melodía. Siguió la melodía.

    —Esa canción la conozco, es Las ninfas del Bosque Verde*.

    Cada vez que se acercaba más la canción iba aumentando su volumen. Cuando la oyó claro, vio que por el instrumento que
    estaba siendo tocada la canción era un violín.

    Ella salió a un claro. Había una persona tocando el violín apoyada en el tronco grueso de un árbol, iba encapuchado con una túnica veneciana.

    “¡Aníbal! ¡Es mi oportunidad!”Pensó la chica.

    Ella cuidadosamente desenfundó su cimitarra, y con sigilo corrió hacia él y dio una estocada.

    El sable chocó contra el suelo, y la hoja tembló por el impacto.
    Isis divisó por el rabillo del ojo que Aníbal estaba detrás de ella, dio una estocada hacia él. Pero de nuevo esquivó el ataque.

    El joven hizo una mueca y avanzó hacia la izquierda alejándose del árbol, Isis lo siguió. Aníbal hizo un gesto de ir hacia la derecha para escaparse de la chica y ella se adelantó pero el otro, la pasó por el lado izquierdo.
    Acababa de caer en una trampa de niños.

    Él agarró la funda de su espada y rápidamente desenvainó su espada bastarda, a la vez que daba una estocada contra Isis.
    Ella la paró con su propio sable.
    De nuevo ambos atacaron y a la vez, las espadas se juntaron arriba y sonó un choque de metales.

    Aníbal rebuscó en un bolsillo interno de la capa veneciana y sonrió.

    —Dile a tu amiguito de la última casa que su reloj está en buen estado—dijo sacando el reloj de bolsillo dorado, y mostrándoselo, provocando que la soldado diese otra estocada, que paró el encapuchado.

    —Maldito ladrón—ladró ella muy enfadada. Y herida pues se estaba burlando de ella y del dueño legítimo del reloj.

    —Me alagas—contestó él poniéndose la mano en el pecho y haciendo un gesto exagerado—Además dile que está en mejores condiciones que antes.

    Ella gritó y de nuevo dio una estocada, pero él la dio con más fuerza. Provocando que a Isis se le escapara el sable de sus dedos.

    La punta de la espada bastarda de Aníbal reposaba en el cuello de la chica, ella tragó saliva, lo que hizo que él esbozara una sonrisa torcida.

    —Parece que estás en problemas y no hay nadie que te ayude…

    Ella le echó una mirada furtiva al hombre que estaba en frente de ella, él sonrió todavía más.

    —Indefensa…

    —¿Eso te crees?—contestó ella con burla.

    —Eso es lo que veo.

    —Pues me parece a mí que no. ¡Joltik, rayo!—ordenó la chica.

    La tarántula se lanzó hacia a Aníbal, y se posó en su brazo y dio una descarga eléctrica. Él gruñó de dolor y le dio un golpe a la tarántula con el otro brazo que salió despedida un par de metros.
    Isis dio un pequeño grito y se volvió hacia su pokémon, pero, un golpe de parte del encapuchado con su brazo la hizo caer al suelo. Fue a levantarse pero algo se lo impidió.

    Aníbal estaba pisando su pecho, y reteniéndola contra el suelo.

    —Ahora sí que estás indefensa—dijo agachándose, pero la chica le contestó, escupiéndole a la cara.

    Él se rió suavemente mientras se quitaba la saliva de la chica con la manga de la capa.

    —Yo que tú no volvería hacer eso—pero ella lo volvió a escupir, pero falló porque Aníbal lo esquivó.

    Rápidamente movió su espada y le hizo un corte en su mejilla izquierda, ella seguía mirándolo desafiante.

    — ¡¿A caso tú nunca te rindes?!—preguntó él.

    Como vio que no le contestaba, sentó en su estómago sin apartar el pie, y tomó su muñeca derecha y la observó.

    —Tienes una muñeca muy bonita como para ser un soldado—Él la miró, estaba levemente sonrojada por el comentario, él desvió la mirada para ponerla en la muñeca de la chica, y sonrió —Sería una pena que alguien te la rompiese. Ella ensanchó sus orbes asustada.

    Cogió la palma de la chica y comenzó a echarla hacia atrás. A los pocos segundos ella comenzó a quejarse, pero cada vez él iba doblándola más. Ella exhaló un quejido y una lágrima traicionera le recorrió la mejilla.

    —Ya sé que duele—dijo con un tono de voz indiferente, a la vez que recogía la lágrima de la mejilla de la chica.

    — ¡Púdrete en el infierno, cabrón!—gritó ella.

    —Lo haré, gracias—contestó sonriente.

    De repente dobló entera la muñeca y sonó un “Clack”, ella reprimió un grito. Isis pensó que ya terminaría pero no fue así. Él la dio un golpe con la empuñadura de la espada en la sien y ella se desmayó.
    Él se levantó y rebuscó entre las cosas de la chica, sonrió cuando encontró lo que buscaba, una bengala roja, la encendió y la tiró al aire, bastante alto. Envainó su espada, pero sacó una navaja, con la que cortó la goma que la chica llevaba para sujetar su coleta. Sonrió y se marchó.
     
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    A Thunderbird

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    (Esta no es la primera vez que comento, no he podido enviarlo antes y ahora tengo que hacerlo todo de nuevo. No saldrá como yo quiero pero bueno... T__T)
    ¡Te amo! <3
    ¿Por qué habrían de quejarse? Son las parejas perfectas x3
    Además me ha gustado cómo has plasmado sus personalidades en las escenas del bosque.
    ¡Joltik! *___*
    Mi capítulo favorito sin lugar a dudas.
    Adoro la escena en que Isis le ordena que use Rayo, y de paso lo bautiza~
    De momento no odio a Aníbal; podría haberla matado y sin embargo no lo hizo, por lo que me permito no odiarle... por ahora. Eso sí, de buena gana le habría propinado un puñetazo en toda la cara cuando le ha roto la muñeca, hablando claro. Lo que no comprendo es por qué le ha cortado la goma...
    Sería así:
    ''Acaso'' se escribe todo junto; el primer guión va pegado a las palabras del personaje, y el segundo separado de éstas pero pegado a lo que dice el narrador.
    Sinceramente me ha gustado mucho este capítulo, tengo ganas de leer la continuación.
    ¡Pikapi!~
     
  6.  
    lilinette

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    ¡Hola! ¿Qué tal? Siento no poder haber actualizado la semana pasada estaba bastante liada. Espero que os guste, como siempre. (es un poco cortito, pero bueno, espero que disfrutéis)


    Capítulo. 13. No hay amistad sin enemistad, ni amor sin odio.

    El Castillo de Jotho estaba en completo silencio, nada perturbaba la tranquilidad, muy diferente con el anterior dueño.

    En los aposentos del dueño estaba decorado con una gran chimenea, una cama grande y una mesa de trabajo larga y rectangular de madera a juego con la silla.

    En esta estaba sentado un joven de ojos grises como el acero, una mano reposaba en la mesa y con la otra se apoyaba parte del mentón. En esta última, entre sus dedos había una goma recubierta de cuero negro.

    Respiró profundamente a la vez que aspiraba el aroma de la goma de cuero.

    — ¿Ocurre algo, Aníbal?—preguntó una voz grave y ronca con un extraño acento.

    El joven sonrió de medio lado y se giró levemente para ver quien le hablaba. Por la ventana hueca que había en la pared se veía un gran ojo dorado.

    —Aqueronte…Pensé que un gato te había comido la lengua estos últimos días.

    El lagarto gigante soltó una suave risa irónica.

    — ¿Un gatito haberme comido, a mí, la lengua?—.Cuestionó de forma divertida—Mi lengua es el triple de grande que un gato, Aníbal.

    El joven suspiró.

    —No me has contestado—Amenazó Aqueronte. Aníbal alzó las cejas sorprendido.

    —Pensé que sería más fácil. Esa chica… entorpece mis planes—contestó apretando con ira la goma que tenía en su mano.

    —Entonces, ¿por qué le has robado la goma?

    Aníbal ensanchó los ojos sorprendido, se levantó deprisa y con fuerza, tirando la silla hacia atrás.

    — ¡Nada que te incumbe!

    —No has cambiado absolutamente nada Aníbal, cuando eras niño hacías lo mismo—Aníbal le lanzó una mirada furtiva y amenazante, pero Aqueronte le ignoró olímpicamente—Siempre cuando estabas nervioso o te daba algo vergüenza, a los demás no nos debía importar…Me decepcionas.

    —Y tú me das vergüenza ajena—contestó dando un portazo.



    Sentía su cuerpo entumecido, le dolían las extremidades, pero sobretodo la cabeza y su mano derecha. Poco a poco abrió los ojos, por el momento se cegó con la luz pero parpadeó un par de veces y sus ojos se acostumbraron a la luz.

    — ¿Dónde estoy?—preguntó con la voz cansada y débil.

    —En la enfermería…—contestó Misty.

    — ¿Cuánto tiempo llevo inconsciente?

    —Un par de horas, gracias a ello hemos podido ponerte bien la muñeca. La tenías en un ángulo…Horrible—contestó el dueño de la casa.

    —¿Y Aníbal?

    —Eso no importa, lo que verdaderamente importa es que estés bien…—contestó con dulzura la dueña de la primera casa.

    —No podrás mover tu mano derecha durante dos semanas—dijo el profesor Oak.

    —Sé manejar la espada con la mano izquierda—replicó Isis.

    —Descansa por lo que queda de día…Nosotros buscaremos a Aníbal.

    La chica asintió.

    Cada uno se fue con la persona asignada anteriormente, y Albert se fue con el segundo al mando.

    No regresaron hasta que la noche cayó, las noticias fueron deprimentes. No habían encontrado absolutamente nada. Era como si se hubiese evaporado. Tampoco había noticias en el Castillo de Jotho sobre Aníbal. Todos los aldeanos decían que el Castillo estaba abandonado y que nadie se hospedaba allí. Y que las desapariciones de jóvenes eran culpa del antiguo dueño que las mandaba raptar, para él.

    Antes de irse todos a dormir, las dueñas de las casas se pasaron para ver cómo estaba la joven soldado. Después que las tres se fueran de la enfermería, una enfermera dio una medicina oral a Isis, que esta dio una arcada tras tomárselo.

    Después de varias horas tras dormirse, Isis se despertó debido a una pesadilla.

    La habitación estaba oscura, no había ningún v estigio de luz, pues ni la luna alumbraba pues era nueva. La joven respiró pausadamente intentado recomponerse del horrible sueño que la había atormentado. Una ráfaga de viento frío entró en la habitación. Ella miró extrañada a una ventana abierta. Juraría que antes de dormirse todas las ventanas estaban cerradas.

    —Bonito pijama—comentó una voz grave enfrente de ella.

    Isis intentó taparse con las sábanas, pero su mano derecha estaba inmovilizado con un pañuelo alrededor de su cuello y atientas con la otra mano se arropó. Lo único que llevaba era un camisón de color marfil por encima de las rodillas. Con la mano que podía usar intentó encender lámpara que tenía a su izquierda, pero se dio cuenta que no tenían ninguna cerilla para encenderla.

    — ¡¿Qué haces aquí?!—chilló alarmada ella.

    — ¡Shh! Vas a despertar a los demás…

    Ella calló enseguida pero se dio cuenta al instante que “¿Para qué se callaba, no tendría que hacer todo lo contrario?”

    Isis cogió su sable y lo blandió, pero se levantó de la cama. Pues era complicado blandir un sable sentada desde la cama. Lo apuntó con el sable.

    —Tranquila vengo en son de paz…No muerdo…Tan fuerte. Además no suelo atacar a los tullidos.

    —No estoy tullida…—siseó con indignación ella— ¿A qué has venido?

    —En la calle de los gremios hay un curandero llamado Jawen que tiene una medicina especial para regenerar con rapidez los huesos.

    — ¿Cómo me puedo fiar de ti?

    —A parte de que yo mismo lo he probado, dile que vas de parte de Toht. Y él sabrá lo que quieres.

    Se levantó de la silla en la que estaba sentado y se acercó a ella.

    Isis podía sentir como la respiración de Aníbal se estrellaba con su cara, ella sabía, estaba totalmente segura que no llevaba nada que impidiese verle la cara, y eso le hacía que le hirviese la sangre a una nueva temperatura. Lo único que impedía verle el rostro era la oscuridad.

    — ¿Por qué me ayudas?—cuestionó ella mitad herida mitad confusa.

    —Todos los demás son decepcionantemente débiles, en cambio tú ya me has plantado cara un par de veces y me ha costado librarme de ti.

    — ¿Y qué tiene que ver eso?

    —Que en el primer momento pensé que sería aburrido pero me equivocaba…¡Ah! Se me olvidaba he visto un carta en tu mesilla.

    Le entregó la carta y ella la tomó con recelo. Miró el remitente y de nuevo era él. El sujeto de la carta anterior.

    —¿Sabes quién...?

    Aníbal había desaparecido. Y la ventana estaba cerrada, lo qué más la sorprendió era que la ventana solo se podía abrir desde adentro, entonces. ¿Cómo demonios había entrado y salido?
     
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  7.  
    lilinette

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    Hola, ¿qué tal? Hoy vengo antes de tiempo con el siguiente capi, el siguiente tendrá más de los dueños de las casas, (lo que hacen en concreto) Como siempre espero que os guste.

    Capítulo. 14. Enemigo honrado, antes muerto que afrentado.

    La luz de los rayos del astro rey inundaba la calle, atestada de gente para ser la primera hora de la mañana. El suelo estaba cubierto de piedras irregulares pero ninguna picuda, las tiendas eran pequeñas hechas del mismo material que el suelo, y el tejado de pizarra.

    En la calle había una joven castaña de ojos azules perdida, llevaba una blusa de color lavanda y unos pantalones vaqueros, además de unas botas altas y una capa negra. Lo que más resaltaba en ella era el brazo vendado y apoyado en un pañuelo anudado al cuello y espalda.

    —Perdona, ¿sabe usted dónde está la tienda de un curandero llamado Jawen?

    El hombre barbudo cargó más lana en el carro, y la miró entre escéptico y sorprendido, sin añadir nada indicó con un suave gesto de la mano el lugar donde quería ir la chica. Ella le dio las gracias, y se dirigió a la tienda.

    Cuando abrió la puerta, y el polvo la sorprendió, tosió varias veces, quitándose el molesto cosquilleo de la garganta.

    Ella se acercó hasta un mostrador, detrás de este había varias baldas con numerosos frascos con etiquetas. Vio un suave movimiento, a su derecha había alguien sentado, no lo había visto con la escasa luz que había en la tienda. Un hombre con espesa barba grisácea se levantó del viejo sillón en el que estaba sentado.

    El hombre se colocó tras el mostrador y miró fijamente a la chica. Ella estaba hipnotizada por los ojos del anciano, eran del color de la riqueza, eran de un color oro viejo. El anciano carraspeó sacando del trance a la joven.

    Ella balbuceó unos segundos hasta que se calmó.

    — ¿Qué requiere señorita? —preguntó con voz áspera el anciano.

    — Vengo de parte de Toht…

    El anciano enarcó las largas y canosas cejas.

    — ¿Conoce a Toht, señorita?

    —No…Solo me han dicho que venga de parte de Toht y me darán una medicina para los huesos.

    “¿Sabe con quién he hablado?” Pensó la chica.

    —Será te ha dicho, ¿no? Ya veo para que lo quieres —contestó el anciano entrando a un almacén.

    Sacó una botella, de color blanco sucio, el tapón era una calavera, puso la botella en el mostrador y la dio una vasito de cristal.

    —Debes tomártelo dos veces al día. Dos centímetros —dijo alzando el vasito.

    —Gracias, señor — contestó Isis dándose media vuelta.

    —No sabe quién es Toht, ¿verdad? —Ella se giró —¿Quieres saber quién es?

    Isis dudó unos instantes, pero si tenía que ver con Aníbal, le vendría bien información. Asintió.

    —Toht fue un viajero que hace mucho tiempo vino a esta tienda, me cambió el Áplica —contó señalando a la botella— por una mandrágora, después de un mes vino acompañado de un niño de ojos grises, y Toht tenía una cicatriz que le recorría la mejilla derecha y el puente de la nariz.

    Hizo el dibujo de la cicatriz en su propia cara.

    —Y esa vez me cambió el cuerno de un unicornio por dos huevos fosilizados de dragón.

    —Los unicornios no existen —cortó la chica.

    — ¿No? Yo pensaba que si existían —contestó sonriendo y sacando un objeto de una balda baja.

    En sus manos había un cuerno retorcido de color perla, que emitía un tenue brillo plateado como la luna. Isis fue a tocarlo pero el hombre lo apartó.

    — ¿Qué pasó después? —cuestionó la chica mirando al anciano y retirando la mano.

    —Tiempo después vino armado hasta los dientes, diciendo que debía hacer resurgir su casa y hacerla la más poderosa.

    — ¿Nada más?

    —Nada más —contestó el hombre sonriendo, sus dientes eran amarillo por el tabaco y le faltaba alguno.

    — ¿Cómo se llamaba la casa? —El hombre se rascó la sien, pensativo.

    —Creo que se llamaban así mismos Los Juglares —Isis relajó su cuerpo —Pero creo que la casa se llamaba Eiden, sí posiblemente…

    Isis salió a toda prisa de la tienda sin darse cuenta que no había pagado, guardó la medicina en una bolsa de cuero que portaba.

    Miró el reloj de sol, no podía ser eran ya cas las doce, llegaría tarde.

    En la carta que anoche recibió decía que fuese a las doce a la iglesia y se metiese en el segundo confesionario, para hablar con el dueño de la carta. La Gracia de Baal.

    Entró en la iglesia, había una gran cola en el primer confesionario, porque según las mujeres que había allí, estaba el obispo. Pero Isis se metió en el segundo.

    Entró y se sentó, a los pocos minutos oyó como entraba alguien al otro lado.

    — ¿Recibiste mi carta? —preguntó una voz amortiguada al otro lado.

    —Sí. ¿Qué es lo que quieres?

    —El hombre gordito delante nuestra con barba es un conde y le he hablado de ti.

    — ¡No quiero ningún mecenas! Ya te lo he dicho, soy soldado. Soy la mano derecha de Albert
    —susurró Isis. La persona del otro lado suspiró amargamente.

    —Con tu talento no puedes desaprovecharlo sería un crimen, podrías combinar amabas cosas, por ejemplo, puedes ser soldado por la noche y dar un concierto por la noche.

    —…Me lo pensaré, pero ahora mismo tengo mucho trabajo, en otra ocasión. Y demonios, por lo menos dime tu nombre.

    —Mi nombre…Me llamo Toht.

    Isis se quedó helada, oyó como Toht salía del confesionario, ella corrió para salir y verle, pero no había nadie. Solamente las mujeres.


    Llegó a la casa del señor Waterflower y recordó por un instante la historia del viejo de la tienda. Sintió un siniestro escalofrío.Seguramente Toht era el padre o hermano, seguramente hermano de Aníbal y le estaba ayudando para que se alejase de su hermano, para que no corriese peligro, pero en cambio Aníbal le había ayudado.

    Sacudió la cabeza, y fue a comunicarle lo sucedido al señor Waterflower cuando se vio en vuelta en una pelea. Entre Shadowling y Ketchump.

    — ¡Perdedor! Ni se te ocurra volver a tocar mis cosas o te mato —amenazó Paul.

    — ¡Yo no he tocado ninguno de tus chismes!

    — ¡Alto! ¿Qué ocurre? —preguntó Isis en el intento de calmarlos.

    — ¡Me ha robado mis cuchillos! —contestó Paul señalando al azabache.

    — ¡Yo no he robado ninguno de tus estúpidos cuchillos!

    — ¡Chicos! —Llamó Dawn fatigada — ¡Venid ahora mismo!

    Los tres la siguieron hasta donde estaba un gran salón con una gran cúpula de vidrio de diversos colores.

    — ¿Para qué nos has traído aquí? —preguntó Paul enfadado.

    La chica señaló a la cúpula, había clavado tres cuchillos en el centro de la bóveda.

    — ¡Imposible! ¿Quién ha podido hacer eso? —preguntó Drew que acababa de llegar junto a Misty y May.

    —Desde luego no has sido tú, perdedor —comentó Paul.

    Ash bufó, y se cruzó de brazos mirando los tres cuchillos que estaban clavados en línea recta en la cúpula de vidrio.

    Esa parte de la bóveda era inaccesible porque estaba en el centro y en la parte más alta de esta, como no utilizases una escalera con apoyo de varios metros no podrías clavarlo sin que se rompiera el vidrio.

    —Yo creo que es un desafío —comentó Misty.

    —Pues vosotros intentad desafiar a la gravedad, mientras yo voy a informar a Albert de una nueva información que he conseguido —dijo Isis caminando hacia el despacho del dueño de la casa.

    Entró en la habitación con brusquedad.

    —Señor tengo…

    —Ahora no Isis estoy reunido con los señores de las casas —cortó el pelirrojo.

    — ¡Pero! Es muy importante…

    —Sea lo que sea puede esperar…

    Ella salió de la habitación y se volvió hacia el salón, allí estaban los seis mirando hacia la cúpula. Y Drew estaba montado en su pokémon que lo había llamado Flygon, intentando sacar los cuchillos del vitral.

    —Ten cuidado —dijo preocupada May tapándose los ojos.

    —Misty, ¿cuándo tarda tu padre en una reunión con los señores? —preguntó Isis.

    —Mínimo unas cuatro horas.

    — ¡¿Tanto?!—exclamó Ash.

    La pelirroja asintió encogiéndose de hombros.

    — ¿Quieres combatir mientras tanto? —preguntó Ash a la pelirroja.

    — ¡Vale! Qué sepas que no pienso perder.

    —Eso veremos.

    Los dos se fueron al jardín, mientras Dawn arrastraba al dueño de la quinta casa por el brazo prometiéndole que había encontrado algo maravilloso y que le iba a encantar, mientras Paul refunfuñaba sin embargo terminó por seguirla. May intentaba tranquilizarse, cuando Drew bajó sano y salvo pero sin los cuchillos, mientras el otro se elogiaba así mismo mientras se echaba el flequillo hacia un lado.
    Isis decidió dejarlos a solas, aunque intuía que ambos terminarían peleándose o con alguna discusión. Estuvo paseando por el jardín, concretamente al que daba a un acantilado en el que se veía el mar, y parte de Jotho.



    Mientras paseaba observando el mar, tropezó, perdió el equilibrio y cayó hacia el vacío del acantilado. Pero oyó a alguien y rogó que esa persona estuviese cerca para que la salvara de una muerte segura.

    — ¡Joder, Isis!

    Ese alguien la agarró del brazo izquierdo y tiró de ella, pero se chocó contra esa persona y cayeron al suelo.

    Cuando levantó la mirada vio a un joven de pelo negro y corto, aunque el flequillo le tapase parte de las cejas de ojos grises oscuros. Llevaba una bufanda negra que le impedía ver la boca y la nariz. Iba vestido con una camisa de lino blanca, unos pantalones de cuero marrón y unas botas militares oscuras.

    — ¡¿Toht?!

    El joven se quedó un segundo paralizado pero asintió con la cabeza.


    ¡Tachán! Espero que os haya gustado. Sayonara.
     
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    ¡Hola! ¿Qué tal? Siento mucho no poder haber actulizado antes tuve la semana un poco llena, aunque tenía la mitad hecho. Este capi es un poco cortito pero espero que os guste y que os deje con la intriga.

    Capítulo.15. A los enemigos, bárreles el camino.

    May miraba con terror a su compañero, Drew estaba montado en el lomo de su pokemon volador verde llamado Flygon. La castaña temía por la salud y vida del chico de cabellos de color verde, estaba a varios metros de suelo, y fácilmente se podía caer.

    Flygon se elevó un poco más y Drew estiró el brazo para poder llegar hasta las armas de su compañero, rozó con sus dedos un poco la empuñadura de uno de los cuchillos, pero al lado del cuchillo se hizo una pequeña fisura en el vidrio, por el momento dejó ese cuchillo en paz. Cogió suavemente el que tenía al lado pero de nuevo el vidrio se resquebrajó levemente.

    Imposible, si los quitaba la cúpula por completo se resquebrajaría y se rompería en mil pedazos, y con mala suerte caerían encima suya y de May. Por lo tanto decidió dejarlos ahí sin que nada ni nadie los tocase, por si ocurría una desgracia.

    Cuando bajó al suelo May estaba con los ojos tapados y tiritando.

    — ¿Ocurre algo May?

    — ¡Idiota! Podrías haberte hecho daño o es peor haberte caído y matado —contestó ella enfadada y preocupada.

    —Eso no puede pasar. ¿Caerme, yo? ¡Imposible! —dijo apartándose el flequillo de la cara con elegancia y arrogancia.

    —No es imposible, ¿y si te hubieses resbalado y caído?

    — ¿May, estás preocupada por mí? —preguntó Drew sonriente.

    —Pu...Pues ¡Claro que no! —exclamó ella cruzándose de brazos farfullando, se dio media vuelta para no mirar a Drew.

    —Claro, que estabas preocupada por mí.

    La chica se giró pero se sorprendió porque el chico le estaba tendiendo una rosa roja con la cara igual de colorada que la flor. Ella la tomó recelosa pero continuó con la discusión.

    —No estaba preocupada por ti.


    Misty y Ash estaban en el jardín, enfrentados, ambos sonrientes.

    — ¿Preparado? —preguntó Misty desafiante.

    —Siempre estoy preparado —contestó el chico esbozando una sonrisa más grande que la anterior — ¡A delante Pikachu!

    De su hombro saltó el ratón amarillo, al césped. Pikachu se frotó las mejillas y de estas salieron chispas.

    —Vamos allá ¡Gyarados!

    Del cielo apareció Gyarados, cayó suavemente en la hierba, rugió contra Pikachu.

    — ¡Pikachu, rayo! —Pikachu lanzó un rayo contra Gyarados.

    —Contrarresta rayo con furia dragón-ordenó Misty.

    De la boca de Gyarados salió un torrente de fuego morado y amarillo chocó contra el rayo de Pikachu que provocó una gran explosión.

    — ¡Pikachu aprovecha la poca visibilidad par dar a Gyarados con un placaje eléctrico! –ordenó Ash.

    El cuerpo de Pikachu se iluminó y se llenó de rayos, corrió rápidamente pero el Gyarados de Misty tenía la cola iluminada de color acero, el dragón de agua intentó golpear a Pikachu pero falló, el ratón amarillo chocó contra el cuerpo de la serpiente marina, este cerró los ojos dolorido. Pero atizó a Pikachu con la cola de acero.

    Ambos pokémon estaban muy cansados.

    — ¡Pikachu, onda voltio!

    — ¡Tú también, Gyarados!

    Ambos estaban a punto de atacar cuando algo pasó a gran velocidad por su lado, era de color negro, parecía que tenía fuego porque dejó la hierba quemada detrás de su rastro.

    — ¿Qué fue eso? —preguntó alarmada Misty.

    —Ni idea…


    Una joven de cabellos azules oscuros arrastraba contra su voluntad a un joven de pelo morado. Ella iba sonriente, en cambio el chico tenía mala cara, parecía estar enfadado.

    — ¿Qué quieres enseñarme? —Preguntó Paul enfadado.

    —Algo que te va a gustar —contestó la chica esbozando una sonrisa todavía mayor.

    Finalmente el chico terminó por seguir a Dawn, con la condición que no le arrastrase ninguna vez más del brazo.

    La chica se internó en el bosque, y después de caminar unos metros ambos se encontraron con la tortuga gigante del dueño de la quinta casa.

    —Solo es Torterra —dijo de malas maneras el chico.

    — ¡No! Mira bien —contestó ella señalando a la tortuga —Le he pedido a los jardineros que le podasen el árbol.

    — ¿Y para qué le podas? No es un árbol, es una tortuga.

    —Pero tiene un árbol en su espalda. Además también le he regado. Así que le tendrás que regar de vez en cuando, las tortugas por muy terrestres que sean necesitan agua.

    —Entiendo. ¿Eso es todo? —preguntó levemente decepcionado Paul.

    — ¡Sí! —contestó la chica sonriendo.

    —Pues vale —contestó el chico marchándose del bosque.

    La chica de cabellos azules se quedó mirando como el joven se marchaba.


    La chica castaña se levantó del suelo con rapidez pero con torpeza mientras miraba fijamente al chico que estaba enfrente de ella. El se levantó del suelo después que Isis. Ella lo miraba patidifusa sin saber qué hacer. Toht entornó levemente los ojos.

    — ¡Tú! —exclamó ella apuntado con un dedo acusador al joven de oscuro. —Tú… —balbuceaba sin saber que decir.

    —Yo… —continuó el joven intentando que la chica siguiera.

    — ¡Me has seguido!

    —No te he seguido, tan solo he deducido donde estarías —contestó él con tranquilidad.

    — ¡¿Se supone que me lo debo de creer?!

    Toht se encogió de hombros, dando a decir que sí.

    —De todas maneras, gracias por intentar conseguirme un mecenas, pero yo no soy un bardo y también gracias por intentar alejarme de tu hermano Aníbal…. —Suspiro la chica.
    El joven ensanchó sus ojos pero ella no lo vio.

    —De nada, pero me tengo que ir —contestó pasándose una mano por el pelo —No vuelvas a caerte por un barranco, suicida.

    Ella se quedó mirando cómo se iba Thot hasta que desapareció en el bosque. Sacudió la cabeza, confundida, y decidió volver a hablar con el señor de la casa Waterflower.

    Con el susto del barranco y la aparición de Toht ya se le había olvidado el descubrimiento que había hecho.

    Andaba mirando a las nubes sin preocupación alguna pensando sobre lo sucedido hace unos instantes cuando oyó un grito agudo que parecía de una mujer.

    Echó a correr en dirección del grito hasta llegar al patio interior, allí se encontró a los seis jóvenes de las casas con cara de asustados y pálidos.

    En el medio del patio estaba la madre de Dawn, la Señora Johanna, estaba tumbada de lado en el suelo de piedra con una flecha clavada en una de sus costillas, estaba sangrando considerablemente. Pero delante de ella estaba un hombre vestido con una camisa y unos pantalones rectos, con un sombrero de ala de cuero y con una máscara que simulaba a una calavera. El joven le lanzó una mirada a la soldado que ella no pudo identificar.

    — ¡Aníbal Eiden! —chilló con rabia la hija de la mujer que estaba tirada en el suelo, mientras un joven de pelo morado la sujetaba por los brazos para que no se lanzase al supuesto asesino de su madre.

    Isis desenvainó su sable dispuesta a atravesar con el filo al hombre que estaba delante de ella.
     
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    Hola, cuanto tiempo. Siento no haber actualizado la semana pasada, estuve mala. Y últimamente no tengo mucho tiempo con el insti. Espero que os guste.


    Capítulo.16. Un clavo saca a otro clavo

    El hombre que estaba frente a ella parecía estar desorientado, como si no supiese que estaba pasando.

    Pero todo apuntaba a él. Él había herido a la madre de Dawn, había hecho un gran corte profundo en el pecho de la mujer.

    Isis se lanzó contra el hombre, Aníbal pudo parar duras penas la estocada del soldado. Dio una estocada para apartar a la chica y huir lo antes posible. Tenía que ordenar sus pensamientos. ¿Qué demonios había sucedido?

    Isis llena de rabia y otro sentimiento que en esos momentos no sabía que era, que hacía que su cuerpo estuviese como si un hubiese descansado durante un par de ciclos.

    Se lanzó de nuevo contra el hombre. Pero el hombre la esquivó y cayó al suelo de bruces, desollándose las rodillas y la palma de la mano. La otra estaba atada con un pañuelo en su regazo.

    A lo lejos se oyó un graznido, por una de las puertas apareció un extraño caballo. Era de color negro, igual que sus crines, pero en sus cascos y en su morro tenía fuego.

    Aníbal se montó en el extraño caballo y salió del castillo. Algunos de los soldados le siguieron pero le perdieron de vista.

    Rápidamente se llevaron a la señora de la primera casa, a su habitación para que la viese un doctor. Con ellos fueron la señorita Dawn, y el dueño de la quinta casa que acompañaba a la chica en caso que Aníbal regresase.

    Los demás dueños de las casas se fueron a sus habitaciones.

    Isis entró en su habitación, cansada. Un terrible dolor atacaba a su cabeza. Metió su mano libre en una tinaja de agua. Le escocían las rodillas y la palma de la mano.

    Cada vez la situación iba a peor, pero claro era lo normal. Estaban en guerra.

    Apretó sus puños hasta que sintió que el escozor se agravaba. Se había clavado las uñas y la piel sangraba levemente. Era inútil hacerse daño. Nada cambiaría.

    Todo por culpa de ese Aníbal.

    La rabia e impotencia le llenó el cuerpo, le había tenido a un par de centímetros de ella y no le había matado. Tal vez al fin y al cabo no servía para la guerra.

    La Guerra.

    La guerra se había llevado a su padre y más tarde a su madre.

    Inhaló profundamente, no iba a llorar, no volvería a llorar. No servía para nada.

    Pasó su cansada mirada por la habitación. Rápidamente cogió el bote en forma de esqueleto y salió del castillo.


    Entró bruscamente en la tienda, miró por todos los sitios. El viejo no estaba. Dejó la botella encima del cristal sin ningún cuidado y salió de tienda.

    Estuvo paseando por el mercado durante un par de horas hasta que un delicioso olor dulce la llevó a una bollería.

    Todos los bollos tenían una pinta deliciosa, se lamió los labios, cuando el rugido de su estómago la interrumpió. Tenía hambre, no había desayunado y ya era tarde. Decidió comprarse un bollo de norte, y regresó al castillo.

    Fue a ver como estaba la madre de Dawn, al parecer no había perdido mucha sangre y estaba en buenas condiciones. En la silla de al lado de la cama estaba Dawn dormida, tenía el abrigo del dueño de la quinta casa arropándola.
    Isis no pudo evitar sonreír.

    Los demás dueños estaban con sus respectivas familias hablando en el salón, sobre lo sucedido. Todo apuntaba que el culpable había sido Aníbal. Johana estaba tenida en el suelo, cuando uno de los soldados se la encontró, y a Aníbal junto a su cuerpo y avisó a los demás soldados para detener al hombre.

    Pero Aníbal huyó como un cobarde.

    Los chicos estuvieron entrenando a sus pokémon, mientras que los soldados también entrenaban.

    Isis se quedó en su habitación sin salir. No tenía ganas de entrenar. Solo de que Aníbal jamás hubiese existido. Estaba cada vez más segura de que tenía más ganas de clavar la cabeza de ese hombre en una pica.

    Cuando la noche cayó, la soldado apenas probó bocado, y cada vez su mano muñeca inmovilizada le dolía más. Se acostó, no sin antes ver como se encontraba la señora Johana. Su estado había mejorado notablemente pero todavía debía descansar. El médico mandó a su hija a dormir, la pobre estaba agotada.

    Isis y Paul la acompañaron hasta su habitación y después cada uno se fue a la suya.

    Isis se acostó agotada y con una horrible sensación que la carcomía por dentro, pero no sabía lo que era.

    Estaba durmiendo plácidamente cuando un ruido la despertó. Miró a todos los lados medio dormida.

    —Isis —dijo una voz a su lado.

    Ella dio un respingo al oír la voz.

    El hombre era alto, joven, vestía de oscuro, la capucha no le permitía ver los ojos.

    Ella pudo reconocerlo, medio adormilada ató cabos. Era Aníbal. ¿Qué demonios hacía Aníbal en su habitación?

    — ¡¿Qué haces aquí?! —berreó ella molesta.
     
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    ¡Hola! ¿Qué tal? Siento no poder haber actualizado antes tenía un par de exámenes. Aquí está el siguiente capi.


    Capítulo.17.Al caballo, como el amigo, antes de necesitarlo, probarlo.

    — ¡¿Qué haces aquí?! —berreó ella molesta.

    Rápidamente se bajó de la cama para intentar echar al joven que estaba delante de su cama. Se removió inquieta, si no fuese por la oscuridad el hombre en frente de ella habría notado que tenía las mejillas ardiendo. Dio gracias a Dios por que la habitación estaba a oscuras. Pues llevaba un corto camisón, bastante transparente, por cierto.

    —Deja de ladrar, o nos oirán —ordenó Aníbal levemente irritado —Eres muy escandalosa —masculló por lo bajo.

    Ella le lanzó una mirada asesina. Pero el otro ni se inmutó, pues con la oscuridad apenas veía.

    — ¿Qué demonios haces en mi habitación? Pareces un acosador.

    —He venido para contarte la verdad…

    Ella alzó una ceja, escéptica y se cruzó de brazos.

    — ¿Y por qué a mí? Tendrías que hablar con la Señorita Bertliz, no conmigo.

    El hombre sacudió la cabeza.

    —Eres la única persona con la que tengo confianza…

    —Si a eso lo llamas confianza —interrumpió la chica. El alzó una ceja, molesto.

    —Verás, tenéis un topo que quiere matar al Rey.

    — ¿Se supone que debo creérmelo? ¿Y tengo que confiar en ti?

    —No te he matado— contestó encogiéndose de hombros.

    Ella miró su muñeca izquierda vendada y le miró con una ceja alzada y con los brazos cruzados, irónica.

    —Te aseguro que hubiese preferido que me hubiese matado a esta un par de semanas…¡Sin tocar mi lira!

    —Vale, vale. Pero es verdad, yo no fui quien hirió a esa mujer, me tendieron una trampa.

    Ella hizo una mueca, frunciendo los labios.

    —Te lo juro —suplicó él, posando las manos en los antebrazos de ella.

    Isis se revolvió y se zafó del agarre, pero al dar varios pasos hacia atrás para alejarse, chocó contra el final de la cama, sin salida.

    “Lleva la espada bastarda, y aun así no me mata, ¿qué es lo que intenta?”

    Isis divisó su sable turco en la mesa de la pared de su izquierda.

    — ¿Y por qué intentas convencerme? —decía mientras andaba hacia a la izquierda.

    —Porque no quiero que me involucren en asuntos en los que no tengo nada que ver— contestó mientras se giraba para mirarla.


    —Me parece una estupidez, sobre todo porque no nos importa lo que a ti te pase. Somos enemigos.

    —Pero si alguna vez me llegaran a pillar, y me hiciesen un juicio, no quisiera que se acusase de lo que no hecho.

    Ella se topó con el mueble y echó una mano hacia atrás para encontrar la empuñadura del sable. Tanteó hasta que la encontró.

    Aníbal se dio cuenta que pasaba algo y se alejó rápidamente de ella pero en el proceso Isis dio una estocada, alcanzando al chico.

    Le hizo un corte debajo de la mejilla, él hizo una mueca, y rápidamente dio una patada a la ventana. Del golpe rompió la cerradura y la ventana se abrió de par en par. Entonces saltó por la ventana. Isis gruñó y se abalanzó a la ventana asomándose. Pero él desapareció en la oscuridad.

    Isis se metió un poco asustada y sobre todo confusa. No pudo dormir en toda la noche.


    A la mañana siguiente se levantó con dolor de cabeza y unas ojeras de medio metro. Entró en el salón donde todos los dueños de las casas con sus padres desayunaban tranquilamente. Aunque estaban las típicas peleas entre May y Drew y las de Ash y Paul.

    La chica se sentó al lado de la pelirroja que conversaba animadamente con Dawn, sobre los pokémon que poseían.

    —Tienes mala cara, Isis— comentó Dawn preocupada.

    —Apenas he dormido esta noche. ¿Qué tal está tu madre?

    — ¡Muy bien! Ya ha despertado y ahora está descansando. ¡No hay de qué preocuparse! —contestó alegre la chica del pelo azul.


    Dawn y Misty siguieron hablando sobre temas triviales, May y Drew terminaron de discutir, decidiendo no hablar con el otro en el día entero. Pero en cuanto el momento lo requería volvían a discutir a los cinco minutos. Misty calmaba a Ash, en cambio Dawn regañaba al chico del pelo morado por insultar a Ash.

    Isis se metió en sus pensamientos, recordando la noche pasada. ¿Y si Aníbal tenía razón? ¿Y di había un topo que quería matar al Señor Waterflower?

    Sacudió la cabeza eliminando esos pensamientos. No debía fiarse de ese hombre al fin y al cabo era un criminal y un asesino, ¿no?
     
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    Hola ¿qué tal? A pasa do bastante tiempo desde que no actualizo, pero tenía un par de exámenes y estaba ocupada. Bueno aquí tenéis el próximo capítulo y os auguro que no tardará mucho en terminarse. Las guerras las gana el que primero se arma y más apoyos tiene. Pues ahí lo tienen, espero que os guste, este tiene más chicha.

    Capítulo.18. A donde el corazón se inclina, el pie camina.

    May paseaba alegremente e igual de tranquila por los pasillos del castillo de los Waterflower, junto a su pokémon, Torchic.

    Cuando se dio cuenta que estaba perdida además estaba hambrienta, muy hambrienta. Miró a su pollito de color naranja e intentó hacer memoria. Pero era imposible, tantos pasillos, tantos giros…Era un auténtico laberinto. ¿Y si no lograba volver? ¿Y si se quedaba perdida para siempre? Sacudió la cabeza apartando de su mente esos malos pensamientos, su única opción era encontrarse con alguien y preguntarle a dónde tenía qué ir.

    Por consiguiente decidió darse la vuelta y volver tras sus pasos, claro, si los recordaba. A lo mejor hasta daba con una habitación conocida en la que ya había estado antes. O se encontraba a alguno de sus compañeros. Estuvo andando durante un buen rato hasta que se dio por vencida. Todos los pasillos eran iguales, lo que hacía que ahora estuviese más perdida.

    Cuándo iba a volver a ponerse en marcha oyó algo cerca de ella, siguió el sonido cuando uno de los soldados del ejército de Albert Waterflower apareció en uno de los cruces de pasillos. Fue a llamarle pero algo se lo impidió. De repente el soldado cayó redondo hacia atrás, como si se hubiese desmayado. May corrió hacia él, a varios metros del cuerpo del soldado se dio cuenta que tenía clavado un puñal en el pecho.

    Se aterrorizó, el corazón le latía mil por hora, se le hizo un nudo en la garganta, y las lágrimas amenazaban por desbordarse por sus mejillas. Intentó clamarse, respirando profundamente a la vez que cerraba los ojos. Pero todo empeoró cuando comenzó a oír unos pasos en el pasillo de enfrente en el que el soldado estaba tirado.

    Sin saber qué hacer y con los nervios a flor de piel, y ninguna puerta o habitación en la que esconderse, corrió hacia un lado de la pared y se pegó a ella lo más posible.

    Una persona vestida de oscuro apareció en el cruce de caminos. Era un joven alto, de pelo negro y corto con flequillo. Iba embozado con una tela oscura, May solo podía ver sus ojos del color del acero. Iba vestido con una camisa de color clara, una gabardina desabrochada de color negro.

    El joven ando hasta el soldado apuñalado, se agachó y le chitó el puñal clavo del pecho.

    —Por fin te encuentro, topo. Eso te pasa por hacerte pasar por mí —dijo el joven a la vez que se guardaba el puñal.

    El embozado se dio cuenta de la presencia de May, y la miró fijamente. En ese instante a la chica le recorrió un siniestro escalofrío por la columna vertebral, en unas milésimas de segundo se debatió en gritar o por echar a correr. Razonablemente si gritara nadie la oiría, estaba tan lejos de los demás, que ni siquiera oirían el eco. Se decidió por lo segundo.

    En el proceso de darse la vuelta para correr despavorida, con Torchic en brazos, se chocó con alguien. Ella lo miró horrorizada, no tenía escapatoria.

    — ¿May? ¿Qué te sucede? —Preguntó un chico de pelo negro y ojos castaños.

    May suspiró aliviada, era Ash.

    Rápidamente se giró hacia atrás, pero en la escena del crimen solo quedaba la víctima tendida en el suelo.

    May no pudo contenerse, se puso a llorar.

    —¡May! —La llamó el chico preocupado. La intentó consolar abrazándola.

    Rápidamente Ash llevó a la chica donde estaban todos. Varias personas como Misty y Drew, además de él, habían salido a buscarla, pues estaba teniendo una reunión importante para determinar su próximo movimiento.

    Cuando llegaron, May les explicó que había visto y durante un rato estuvieron discutiendo sobre el asunto de tener un topo entre las filas y cómo no podía haberse dado cuenta. Cuando terminaron la reunión, la castaña estaba más tranquila. Y todos sus compañeros la preguntaban que qué tal se encontraba.



    La puerta principal del Castillo de Jotho se abrió con violencia chocando contra la pared, provocando un gran estruendo. Un joven embozado subió rápidamente las escaleras con prisa, mientras maldecía por lo bajo y se quitaba la prenda que cubría la mitad de su rostro.

    Entró de nuevo en una habitación, abriendo de un golpe la puerta. Rebuscó en la mesa llena de papeles hasta que encontró uno en blanco.

    — ¿Qué ocurre, Aníbal? —Preguntó una voz grave.

    Un ojo de color dorado de gran tamaño se podía ver a través de la ventana sin cristal.

    —Necesito un ejército cuanto antes. Cuando más pronto ataquemos menos tiempo tendrán de armarse.

    — ¿Sabes que eso se llama carrera de armamento o de armamento? ¿Y sabes cuándo vas a atacar?

    —Sí, dentro de una semana lo más tarde.

    — ¿Y en una semana te va a dar tiempo a conseguir un ejército? —Preguntó escéptico Aqueronte.

    —Sí, tengo un as bajo la manga —contestó sonriente el moreno, mirando por la ventana.

    —Y a propósito, ¿por qué una guerra?

    —Tengo que terminar lo que Toht empezó. Sino no sería digno llevar su apellido.

    —Comprendo, y cuando ganes la guerra en Jotho, ¿qué harás?

    —La gente se pondrá de mi parte, siempre he sido un miembro de una de las clases más bajas, ¿no? Los juglares no tenemos mucho prestigio en esta sociedad. Y yo comprendo a la sociedad.

    —Entiendo, ¿y qué va ser de la chica? —Preguntó con una mirada divertida el dragón sin que el otro lo viese, pues estaba a espaldas del chico.

    Aníbal se paró en seco, se giró bruscamente, confundido.

    — ¿Qué chica?

    — ¿Pues cuál chica va a ser? La soldado, la del la lira.

    —Seguramente muera en batalla… —Contestó Aníbal para volverse y seguir escribiendo en el papel.

    — ¿Tan seguro lo dices?

    — ¿Por qué no debería estarlo? —preguntó riéndose.

    —Porque estás enamorado de ella —Contestó con simpleza el dragón.

    Aníbal se giró y le echó una mirada asesina.

    —Tengo cosas más importantes que hacer, como para de ocuparme de tal tontería.


    Feliz Halloween por si no actualizo antes, y que os lo paséis muy bien y que tengáis muchas pesadillas, Buhahaha, no es broma. Adiós. ¡Y comentad por favor!
     
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    A Thunderbird

    A Thunderbird Entusiasta

    Sagitario
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    Ando ocupada pero no lo suficiente como para resistir la tentación de dejarte un comentario rapidito. Te lo debo por el tuyo en mi One-Shot (gracias, por cierto nwn).
    Pobre May: perdida, con hambre... sin embargo esa parte me ha hecho gracia porque encaja bastante bien con ella y su forma de ser. Si es que no podía pasarle a otra persona xD
    Pero enseguida he tenido que dejar de reírme. Imagino la cara de May cuando han matado al topo, y puedo decirte que a mí se me ha puesto una parecida [?]. Por otra parte, es un asunto intrigante. A ver qué sale de ello.
    Al fin salen a la luz los no tan secretos sentimientos de Aníbal. Tendría que estar medio ciega para no haberme dado cuenta antes, creo. Sí, esto se pone cada vez más interesante...
    ¡Feliz Halloween a ti también! Sigue escribiendo, ya sabes que me encanta tu fic, y que no comente no significa lo contrario.
    ¡Pikapi! ♥
     
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    lilinette

    lilinette Iniciado

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    ¡Buenas! Aquí vengo con el siguiente capi, hay una sorpresa al final. Espero que os guste.

    Capítulo.19. “Puede haber amor sin celos pero no sin temores” Miguel de Cervantes.

    Dawn se levantó cuando los rayos del astro rey, apareció en el cielo. Fue a visitar a su madre por si había mejorado, y en efecto su progenitora se estaba recuperando de la fatal herida.

    Bajó a desayunar en la sala de invitados, donde la esperaban sus compañeros con sus respectivos progenitores.

    Desayunaron tranquilamente mientras tenían conversaciones animadas, hasta incluso un discusión acalorada de lo que debían hacer para enfrentarse a un eminente ejército y una guerra que en pocas semanas se les echaría encima.

    Dawn junto a las demás chicas, Misty y May; estuvieron paseando por las calles del pueblo, sobre todo por la plaza y el mercado, donde compraron varios dulces. En cambio los tres chicos, se dedicaron a entrenar junto sus monstruos de bolsillo por la mañana, hasta que llegaron ellas.

    Almorzaron un delicioso capón asado junto a unas patatas con cebolla.

    Pero la única objeción era que la mano derecha del ejército del Sr. Waterflower no había aparecido en todo el día, Isis Héderváry.

    Pero el señor de la casa los tranquilizó avisándoles que la chica había ido a comprar armamento junto a varios soldados.

    Después de almorzar estuvieron jugando a las cartas menos Dawn y Paul.

    Dawn se dirigió fuera de la habitación pero antes de que pudiera salir el chico de los cabellos morados la cogió por un brazo reteniéndola.

    — ¿Y ahora qué te pasa? —Preguntó la chica levemente irritada. ¡¿A caso no podía hacer nada sin vigilancia?!

    — ¿A dónde vas? —Preguntó él con voz autoritaria y con el ceño fruncido.

    —No te importa —Le contestó ella intentando zafarse de su agarre, pero fue imposible librarse de él.

    —Me importa, me han encargado protegerte, niñita mimada —Contestó él agarrándola con más fuerza —Y no pienso que me metas en líos por tu falta de madurez.

    La soltó dando un tirón de ella.

    — ¡Iba a tocar el piano! —Gritó ella ofendida a punto de romper a llorar.

    Dawn salió corriendo de la habitación sin mirar a donde iba.

    — ¡Será idiota! ¿A dónde va ahora?

    El chico de pelo morado la siguió

    Tiempo después llegaron los soldados con todo el armamento, pero faltaba algo. Isis, ella se quedó atrás porque se había encontrado con alguien conocido. Todos los dueños de las casas rezaron para que la chica no se hubiese encontrado con el culpable de todo, con Aníbal.



    Una chica de pelo castaño y rizado estaba sentada a la sombra de un gran árbol hablando con un chico de pelo negro, y ojos grises, embozado.
    —Parece ser que te topaste con el topo —Comentó el soldado sonriente.

    El chico alzó las cejas sorprendido.

    —Pensaba que no lo sabías, pero sí, puede decirse que me tomé la justicia por mi mano, y te aseguro que eso no es de mí agrado—Contestó el chico en un suspiro, su voz estaba amortiguada por la prenda que le tapaba la boca y la nariz.

    —Las noticias vuelan como la pólvora, Toht, además si eres la mano derecha del Señor y dueño de la casa, de la segunda casa —Contestó con una media sonrisa ella.

    El chico frunció el ceño.

    —Eso es peligroso, y lo sabes, no puedes ir diciendo a todo el mundo que veas, que eres la mano derecha de Albert Waterflower.

    —Lo sé, pero sé defenderme por algo soy quién soy. Y además Toht, confió en ti, eres digno de confianza, me has ayudado sin pedírtelo, has parado los pies a tu hermano… —Contestó la chica con una sonrisa tonta en la cara.

    El chico negó con la cabeza; preocupado. Y suspiró amargamente.

    —Isis… ¿Y si yo no fuera quién realmente crees? —Preguntó con un tono de voz que Isis no pudo identificar. Parecía, ¿desilusionado? ¿Preocupado? ¿Triste? ¿O todo a la vez?

    Pero eso sí, las palabras la asustaron. Rápidamente asió la empuñadura de su sable con su mano diestra, aunque ya tenía curada la otra, sin dejar de mirar al chico que tenía en frente de él. Sin perder el contacto visual.

    — ¡¿Qué quieres decir con eso?! —Preguntó ella decepcionada y triste.

    Él hizo una mueca amarga. Lentamente se quitó la venda oscura que le tapaba media cara. Su nariz era recta y tenía la cara ligeramente alargada.

    A Isis le sonaba muchísimo su cara pero no lograba de acordarse de quién era, o realmente no quería aceptarlo.

    Ella balbuceó sin saber que decir. Hasta que él se puso la capucha del abrigo marrón oscuro.

    — ¡A…Aníbal!

    Ella estupefacta, sin poder creérselo, se abalanzó hacia él a la vez que desenvainaba su espada.

    Él paró la estocada, agarrando de las dos muñecas de la chica, así inmovilizándola; a duras penas.

    — ¡Juré! ¡Me juré que la próxima vez que te viese, te mataría! —Chilló ella cerrando los ojos, por alguna razón que no entendía estaba llorando.

    Y eso la dolía en el alma, porque se sentía débil ante ese horrible hombre y que las lágrimas hacían que viese borroso, y estaba en desventaja.

    Él estaba tirado bocarriba sujetando a la chica por las muñecas intentando que el filo curvado no le tocase pero la chica tenía una considerable fuerza. En un brusco movimiento, él tiró hacia delante, haciendo que la chica siguiese el mismo camino que la espada pero algo se interpuso entre el suelo y ella. Los labios de él.
     
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    lilinette

    lilinette Iniciado

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    Buenaas cuanto tiempo, siento no haber actualizado antes peor es que tengo mucho trabajo y que estudiar, peor tranquilos que voy a acabarlo ( se lo que es que un fic que lees lo dejen a medias, es... No tiene palabras). Bueno ya le queda muy poco así que ¡A LEER!


    Capítulo.20. “La conciencia es la voz del alma; las pasiones, las del cuerpo” William Shakespeare.

    Isis se separó para poder respirar, estaba agarrada a los hombros del moreno para poder sostenerse, sino se caería. Ella jadeaba intentando conseguir aire que abasteciese sus pulmones. Sintió algo cálido que en su mejilla, Aníbal posaba su mano en la mejilla de la chica que casi abarcaba toda su cara.

    Ella se dejó caer encima de suya, y lo abrazó por la espalda con la cara escondida en el pecho de él, mientras el moreno le acariciaba suavemente el pelo con ternura.

    — ¿Por qué esto es tan injusto? —Preguntó ella en un sollozo.

    —La vida es injusta, Isis, es por eso por lo que yo lucho, por la justicia.

    — ¡Pues no pelees! Así podemos estar juntos —Pidió la chica en un quejido.

    —Tengo que pedirte una cosa.

    Aníbal tomó la cara de la chica y la alzó para poder verla, sus mejillas estaban mojadas de las lágrimas. Él esbozó una sonrisa triste al verla sí.

    —No vayas a la guerra, no puedo perderte —Pidió él desesperado con la voz ahogada.

    —No puedo, tengo que estar con mi gente, tengo que ayudarlos, apoyarlos —Contestó ella de la misma forma.

    —Sé que no te puedo obligar pero intenta que no te maten, ¿vale?

    Ella asintió con la cabeza y le abrazó.

    —Prométeme que nos veremos después de la guerra, ¿vale?

    —Claro —Contestó ella sonriente, a la vez que se levantaba.

    —Por cierto en breve os atacaremos, estate preparada…

    Él la imitó, por último antes de irse, la chica se tiró a sus brazos abrazándolo, con el temor de no volver a verle jamás.


    Volvió al castillo, abatida, sin ánimos y terriblemente triste. En su interior había un mar de confusión. ¿Cómo había llegado a ese estado? Su cabeza estaba hecha un lío y su corazón partido en dos, una parte por su gente, debía protegerla y debía cuidar a los niños y a los débiles; la otra parte estaba en algún lugar con Aníbal, y lo peor de todo es que muchas cosas de lo que él decía llevaba razón. La sociedad estaba corrupta, apestaba a corrupción, casi todos los nobles se aprovechaban de los pobres o las personas de clase media, y estos estaban hasta el cuello. El año anterior había pasado una plaga de extraños gusanos de color rojo y la panza de color blanquecina con un cuerno amarillo, y se habían comido todos los tallos y cortezas de los cultivos.

    Llegó a su habitación y se tiró a su cama bocarriba, y dio un largo suspiro, cerró los ojos, a ver si podía ordenar sus pensamientos y de paso sus sentimientos. Por lo que había dicho Aníbal la guerra se les echaría en pocos días encima… ¡Pero de una cosa estaba segura! Ella lucharía por los suyos, por los débiles de las demás regiones, y no pensaba dejar ganar a Aníbal, solo quería que esta locura acabase ya.

    A pesar de que ella había sido entrenada para luchar en guerras, y además era una de las mejores de todo su ejército, debía confesar que estaba muy asustada, le daba pánico morir en combate, no volver a ver a los suyos. ¡A su madre! … A muy a pesar, estaba claro que si el líder de su enemigo moría en combate lo iba a pasar muy mal. De alguna extraña forma ese juglar había conseguido que en ella brotasen sentimientos fuertes y que anteriormente fueran desconocidos para ella. Y lo peor de todo, es que estaba traicionando a quienes debía lealtad enamorándose del enemigo.


    Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un portazo, ella se levantó asustada, con el corazón a mil por hora, enfrente suya estaba una chica de cabellos y ojos azules oscuros, que por alguna razón sus orbes estaban vidriosos. La chica se acercó un poco tambaleándose, Isis se levantó para poder resolver el problema que la chica tenía.

    Pero la mano derecha del Señor Waterflower fue sorprendida, Dawn fue corriendo hacia ella y la abrazó. Isis no sabía qué hacer, ¿cómo podría tratar a una de las nobles más poderosas? Pero todo cambió, como su hombro derecho se humedecía, de un líquido salado. Dawn estaba llorando, la otra chica correspondió al abrazo, a ver si así podía calmarla, aunque sea que dejase de llorar.

    Cuando la chica de ojos azules oscuros dejó de llorar, intentó hablar con Isis, pero solo balbuceaba temblando.

    —Tranquilízate… —Pidió la castaña—. Respira hondo.

    Dawn hizo lo que la chica le mandó y comenzó a hablar.

    —Verás, Isis… Estoy hecha un lío.

    No eres la única” Pensó la castaña.

    — ¿Qué te ocurre?

    —Paul es muy grosero, y encima le han encargado ser mi guardaespaldas… Pero… —La castaña alzó una ceja, interrogante —. Me molesta mucho que me trate como si fuera un cría, dentro de un par de meses tendré la mayoría de edad, pero lo peor de todo es que no entiendo por qué me duele tanto…

    Isis sonrió de lado, pensando exactamente lo que la pasaba a la noble de la primera casa.

    —Creo que te entiendo, y creo que sé lo que te ocurre, señorita Bertliz.

    — ¿De verdad? — Preguntó emocionada la chica de ojos azules.

    —Sí, estás enamorada de Paul Shadowling.

    —No… yo no…

    —Cuando estas un tiempo sin verlo, ¿te mueres de ganas de verlo? —Dawn dudó un poco, pero al final asintió —. Cada vez que te habla, ¿ no sientes como si algo revolotease en tu estómago?

    Dawn afirmó con la cabeza, en parte horrorizada, en parte extremadamente alegre.

    —Felicidades, estás enamorada… —Dijo Isis, dándola una palmadita en el brazo a la chica.

    — ¿Y cómo sabes tú eso? ¿Estás enamorada de alguien?

    La castaña se puso roja, y tragó saliva, bueno la poca que le quedaba, por alguna razón se le vino a la mente la cara de Aníbal y de repente se le secó la garganta. La chica rió sin saber qué contestar.

    —Creo que sí.

    Contestó suspirando llena de tristeza.
     
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