de Inuyasha - Retando las Posiblidades.

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Symphony, 4 Septiembre 2009.

  1.  
    Symphony

    Symphony Guest

    Título:
    Retando las Posiblidades.
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2691
    Retando las Posiblidades.

    Capítulo I.
    Amanecer.

    Ese día lo empezaría con mal pie, estaba segura.

    El ambiente de aquel día fue uno de los que más odiaba, ya hace mucho tiempo que el clima, en estas circunstancias, no importaba. Tanto si un perfecto firmamento se cernía sobre nosotros, como si la bruma contaminada de las grandes ciudades bajaba hacia nuestro lugar de reposo, nunca lo percibíamos.


    Desperté apenas cuando los rayos menos perezosos de la mañana golpearon directamente en mi rostro, quemándole las mejillas y parte de los parpados, poco después un terrible ardor intenso se apoderaba de mis ojos, un perfecto motivo para despertar y de una forma perezosa y malhumorada lanzar unas cuantas maldiciones.


    -Ya me tiene harta esto… - Musitando entre suspiros y delicados jadeos, sentí entonces una línea fría y delicada deslizarse por mi nuca, esto me dio ese típico empujón mañanero y toda mi columna se arqueó, junto a un quejido de pereza.-

    Entre la cabellera azabache, encontré mi nuca y en un penoso intento de sacudirme las gotas heladas de sudor, la pequeña mesa de noche a su lado se hizo obstáculo entre mi brazo, y… el espacio. Un buen golpe, eso era lo que faltaba para despertarme; el sonido sordo del metal contra mi muñeca retumbó en la habitación por un segundo, y en mi mente hizo vibrar paredes, pinturas y cristales.
    Tras segundos, pude oír unos suspiros ahogados en el fondo de la habitación, y esperando a que mis cansados ojos se acostumbraran a la luz que el mismo sol me proporcionaba, escudriñé de forma lenta los cuatros rincones de la amplia habitación, para encontrarme con un bulto enorme a un poca distancia de mi lecho, hecho un revoltijo de sabanas, telas y almohadas. No pude evitar sonreír al pensar en aquello como un mecanismo de defensa de parte de la criatura con la que compartía lugar de descanso.

    Con el peso del mundo sobre los hombros, levante mi torso, y pose los glúteos sobre las sabanas revueltas, revueltas como mi cabello, mi traje, toda la habitación y definitivamente, mis pensamientos. El cansancio emocional que sentía al despertar era siempre igual, pesado, deprimente y cínico. Cínico para atreverse a burlarse ante mi propia nariz, de cómo me estaba carcomiendo el espíritu.

    Espíritu. ¿Cuándo había sido la última vez que alguna voz, pronunciase esa palabra y llegase a mis oídos?, perdía la cuenta entre recuerdos borrosos, de un pasado lejano. Más lejano que mi vida entera, más que estos 19 años… Lejano como 500 años.
    Mis pensamientos se sacudieron y dispersaron cual arena se tratase, por un ruido seco y algo cristalino proveniente del lado este de la habitación, donde una masa color cobrizo trataba de darse forma, haciendo aparecer un par de brazos finos, delicados y bajo el largo camisón, bajo las sombras que proporcionaba ese color azulado algo triste, unas piernas de la misma contextura, todo cubierto siempre de un pálido color piel… Inhumano.
    No paso mucho para que aquella figura mostrase, dándose vuelta y descubriendo un rostro perfecto, perfilado, y con esas facciones, aun adormiladas por el pesado y lento despertar pero que no dejaban de tener ese toque extranjero tan interesante.


    -Kei… - Sonreí al ver que me llamaba, tan despistadamente y con esa voz nasal y tímida que invadía mis tímpanos, y me hacía escucharla por horas.- Kei… No iré hoy…

    Aquello hizo que prestara atención a mi acompañante, un poco más de lo que ya hacía, cuestionándome en mis entrañas el porqué pondría pretextos para faltar a sus obligaciones, ¿Estaría enferma? Examiné su cuerpo, buscando algún signo de debilidad, o lugares enrojecidos y pude concluir, desde aquella distancia que no tenía fiebre. Desvié mi mirada al techo.

    -¿Por qué? ¿Qué tienes? – Pregunté sencillamente, mientras terminaba de dar los últimos estirones matutinos y observaba el cristal sobre el cual mis ojos estaban posados, como los rayos del sol se filtraban fácilmente contra el techo debido a aquel material.-

    -A mi estomago…-Lo siguiente que escuche fue un murmullo, por lo que baje el rostro de forma rápida y saboreé un pequeño ruidito de curiosidad, indicando que repitiera la última frase.- A mi estomago le duele la cabeza.-

    Arqueé una de mis cejas, terminando de darme cuenta que era otra de sus bromas, repetitivas, pero en las que siempre caía por ese instinto maternal que me invadía, al verle tan frágil, tan débil, tan… pequeña.
    Como un zorrito.


    Un suspiro muy pesado recorrió mis labios, dejándome ese sabor amargo que tanto detestaba sobre la lengua, sin querer sobre analizar las cosas, levanté mi cuerpo de forma tranquila y algo perezosa para así encaminarme hacia la puerta más al fondo de la habitación, pasando antes cerca de mi compañera para y posar dedos sobre esa cabellera rebelde, de una forma cariñosa. Sentí en ellos el color cobre metálico adhiriéndose de los rizos.


    Sonreí de forma seca a mi reflejo, mientras los tubos de metal comenzaban a descender sobre mi rostro peligrosamente y cargando en los extremos un cepillo y un par de tijeras. Al parecer necesitaba retocar mi corte, esa mañana.

    Algo me decía, a lo lejos, que ese no iba a ser un buen día.


    -Ya son más de las 5, apaga eso. – Mis murmullos se hicieron algo incoherentes y graciosos, luego de sentir el cepillo de dientes moviéndose de un lado a otro contra mis labios y las muecas de mi rostro se torcían, en ese intento por mantener los dientes descubiertos y hablar a la vez.-

    Momentos después, pude percibir en la habitación contigua como todo se escurecía, y el brillo de las estrellas comenzó a perforar en los rincones del cuarto, di un vistazo rápido al techo del lugar y no pude evitar fijarme, en la chica de contextura delgada a un extremo, terminando de presionar el interruptor.

    Pero sabía que aquella inocente acción era la que representaba el inicio del día.
    Un olor pesado y metálico recayó sobre la habitación, rápidamente busqué en mi uniforme un tirón de tela con el cual cubrir mis fosas nasales mientras fijaba mi atención en la pintura blanca de una de las esquinas de la habitación, de donde emergía una caja brillante, de un color plata.

    “Kagome Higurashi, Angelique Gaudet, se les comunica que han sido convocadas en el salón del director general dentro de 15 minutos.”

    La voz tan fría y quebradiza a la vez me hizo estremecer hasta los huesos, pude notar como aquella caja de la cual había salido el tan desagradable aroma y esa voz tétrica se hacía hacia atrás, perdiéndose de nuevo entre la pintura. No muchas veces ocurría aquello, solo en caso de anuncios importantes en el edificio y siempre eran individuales, por habitaciones.
    Nuestro comportamiento siempre era impecable, por lo que podía olvidarme de un reproche.


    -Kei, ¿Qué crees que quiera el señor director? – La pequeña voz de mi compañera resonó de nuevo en el cuarto, esta vez de una forma cantarina y melodiosa, y al responder, sentí que la mía solo quebrantaba aquella armonía.-
    - No lo sé, An. –
    Suspiré de forma pesada y miré el uniforme que sostenía contra mis manos.
    -Hay que apresurarnos. –

    Angel sonrió, y con pequeños saltos de alegría se dirigió al armario. Yo le mire entretenida antes de comenzar a desvestirme.


    ----

    Un pesado amanecer caía de forma brusca contra su cuerpo, podía sentir perfectamente como los rayos solares calentaban sus cabellos, y ese olor tan sutil y suave inundaba el ambiente, llevándose atrás el manso aroma de la noche.
    Sintió una presencia, entonces, una conocida.


    -Despierta. Hay problemas. –


    Un par de orejas sobre su cabeza vibraron, apenas unos segundos luego de captar la información sus parpados rebelaron unas perlas de ámbar, que brillaron de forma vacía, seca.

    -¿Qué es esta vez?.- Siseo con el pesar de haber despertado, entreabriendo los labios secos y algo demacrados. Una belleza deprimente rodeo su ser, indicando que ya estaba completamente consiente.-

    -Al norte. Uno pequeño en comparación a los demas. –Le respondió una vocecilla masculina, proveniente de más abajo, en la base del enorme árbol donde se había acostumbrado a dormir.-
    Apenas unos segundos, y se impulso sobre sus piernas para caer con gracia y suavidad, justo enfrente de aquella persona, sin siquiera mirarle.

    -Ya son 5 esta semana, y es miércoles. – Respondió el joven, mientras sacudía sus cabellos plateados ayudándose del viento.-

    -¿Cómo sabes que lo es?-

    El silencio se extendió por el pequeño campo baldío, mientras el amanecer se cernía con más fuerza.
    -No me importa. Ni te importa a ti. –


    El monje sonrió con nostalgia, era sorprendente que aun sin su presencia, su magia siguiera presente en el ambiente. Sin pronunciar palabra, el joven de ropas rojizas paso de largo al azabachado, dirigiéndose por su olfato, a donde la peste de maldad comenzase a hacerse presente.
    La época del Sengoku había caído en un caos. Eran tierras peligrosas, tierras diabólicas en las cuales hasta la más mínima alma era devorada por energías malignas, todo iba en descenso y ahora a nadie le importaba realmente. El sol se había marchado de la región hace varios años, haciendo las mañanas oscuras y brumosas, las tardes deprimentes, y pesadas… Y las noches, nostálgicas. En los ojos de los aldeanos, en ese pequeño pueblo, apenas podía verse el vacio, la tristeza y la desesperación.
    Y en los ojos de aquel hanyou, solo existía desesperanza, y falsedad.


    El monje lo seguía de cerca, levantando sus ropas color purpúreo ante los baches que formaban las raíces de los arboles, abrazándose unas a otras para aferrarse a la vida y al mundo. Igual que hacían ellos.

    Se aferraban a la vida, sin saber realmente porqué. Sus vidas habían perdido brillo, desde hace tanto, que la misma supervivencia resultaba solo por inercia.


    ----


    -¿Traslado? – La habitación dio un brinco por el alterado tono de voz que utilize, y, mientras apoyaba mis manos contra la tabla metálica que formaba el escritorio, mis ojos se fijaban mordazmente en los de él.- ¿Por qué?

    -Tranquilízate, Kagome. –El hombre, fornido y robusto que parecía esconderse atrás de aquel escritorio de metal utilizó un tono de voz pacifico y a mis oídos, algo asustadizo.-
    Respiré profundo, tratando de analizar la situación.

    -Escucha. Te necesitamos en otro lugar, eres de las mejores que tenemos, y esta situación particular n—

    -¡No! ¿Qué pasará con Francia? – Las palabras emergieron de entre mis labios más rápido de lo que pensé, el solo imaginarme alejarme de mi habitual área de trabajo, me daba escalofríos.

    Yo estaba acostumbrada, a este estilo de vida. Obedecer órdenes, y arriesgar mi vida por el bien de la de otras, pero si había algo que ya no podía tolerar eran los cambios.

    Y menos uno tan brusco como aquel.

    Mis días ya eran una rutina, levantarme, ocuparme de Angel y su… particularidad. Ir a Francia, hacer mi trabajo y regresar.


    Eso no tenía porque cambiar.


    Una bofetada mental me descolocó de ese último pensamiento, estaba claro que no tenía porque cambiar a menos que el jefe lo quisiera así.

    -Te lo diré de forma simple, Kagome. Francia del siglo XVIII es peligrosa, cierto… Los ogros siguen dando problemas, la magia negra aterra a los habitantes… Pero hay cosas más importantes. Tú ya deberías saberlo. –

    Gruñí ante eso último, sabía que tenía razón. El pasado, el futuro y el presente, todo era frágil y un pequeño cambio en esa delicada continuidad podía hacer incluso, a nuestra sociedad. Sucesos mayores siempre tenían mayor posibilidad de hacernos peligrar, y por lo tanto, había que darles prioridad.

    Suspiré pesadamente.
    No supe, en ese momento, que lo que estaba a punto de preguntar desencadenaría terribles hechos. Hechos que me aterran hasta el día de hoy.

    -¿A dónde nos traslada?-

    El hombre parpadeo chistosamente, oprimió un botón a la derecha y una imagen de tonos azulados apareció frente a nosotros, una miniatura de un pequeño campo, y frondosos árboles extendiéndose a su alrededor, la espesura del bosque se veía completamente majestuosa, pero la sentí perturbadoramente familiar.

    -Japón, Siglo XV.-

    Todo en la habitación se congeló, pude sentir todo mi cuerpo tensarse de forma brusca, y balbuceos inundaron mis labios en menos tiempo del que yo me tomé para asimilar aquella respuesta.

    -Pe… pero eso es—El director acalló mis palabras, interrumpiendo descarado.-
    -La época Sengoku. Parece que regresarás a tu país natal. De una u otra forma.

    Y la ironía en esas palabras me calló como un cubo de agua.



    Fin del Capitulo.

    -Notas:
    Gracias por tomarse la molestia de leer. Hace más de 3 años que no escribo ningún fic, y nunca pense que lo haciese bien. Pero escribo más para desestresarme, que cualquier otra cosa... Mi redacción suele tener errores y mis historias son demasiado fantasiosas, heh, no me lo recordeís.
    La sección ha cambiado desde la ultima vez que estuve aqui, todo esta mas tranquilo y ordenado, felicitaciones~.

    Agradeceria cualquier comentario o critica. o o.

     
  2.  
    ayatimas

    ayatimas Iniciado

    Géminis
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Retando las Posiblidades.

    bueno, soy prime en postear n.n
    la historia esta bastante interesante y no te preocupes por lo de la fantasia ya sabes que sin imaginacion no hay na de na tienes pequeños errores pero apenas se notan (bueno, almenos yo no los note)
    te animo a que continues la historia, esta interesante
    besos
     
  3.  
    carlotaa

    carlotaa Entusiasta

    Capricornio
    Miembro desde:
    2 Diciembre 2008
    Mensajes:
    54
    Re: Retando las Posiblidades.

    Hola la verdad esqe la trma ees muy interesante, por faltas de ortografia, tranqila sí tienes pero no es nada qe no se pueda
    corregir con el word u cualquier programa de estos. todo el mundo tienes errores ortograficos y yo la primera.

    me ah gustado mucho de verdad y te podré decir qué ami lso fics qe ams me gustan son los fantasiosos,
    xqe pasan cosas qe en la vida real es imposible qe sucedan.
    animos tu fic em esta gustando!
     

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