UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por kagomechaan, 3 Agosto 2009.

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la pareja mas tierna y que se merecerian estar juntos

  1. inuyasha x kagome

    64.7%
  2. inuyasha x kikyo

    5.9%
  3. sesshomaru x rin

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  4. sesshomaru x kagome

    23.5%
  5. kouga x ayame

    5.9%
  6. kouga x kagome

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  1.  
    kagomechaan

    kagomechaan Guest

    Título:
    UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2424
    UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    hola a todos soy kagomechaan
    y me acabo de unir a este extraordinario foro y me siento muy emocionada ya que lo habia visitado varias veces y me encanto por lo que me gustaria mostrarles mi historia de esta linda y tierna paraje preferida de todos (menos los que les gusta perri kyo la fulana bruja zombi rastrera.... ) ejem mis disculpas esque no soy muy fanatica de ella (sin ofender a los que les gusta por supuesto ya que todos tienen derecho a serlo) jajaja como iba diciendo les traigo este fic que acabo de comenzar con mi tierna pareja preferida kagxinu espero y les guste y acepto cualquier comentario, sugerencia etc e incluso jaladas de oreja y llamadas de atencion si es que algo no les gusta pero siempre y cuando no haya palabras antisonantes todo estara bien jeje bueno aki los dejo y espero tener coments pronto bye!!!

    ***************************************************



    UNIDOS POR SIEMPRE
    (Si... aquel milagro lo cambiaria todo)


    - cuando hablan los personajes
    () pensamientos


    Capitulo1. Reencuentro


    Kagome entro a su piso y fue directamente a la nevera. Quizás no hubiera nada en la alacena, pero sabia que había dejado media docena de refrescos. Saco una de las latas bien frías, la destapo y bebió con ganas. Entonces se quito los zapatos de una patada y fue la sala. Se alegro de estar en casa. Miro alrededor y también se alegro de haber conseguido que el constructor tirara el tabique que separaba el comedor y la sala. Esa zona, junto a una cocina muy pequeña, el dormitorio y un cuarto de baño, llevaba siendo su hogar desde hacia cinco años.

    Había dejado el maletín en el minúsculo vestíbulo y, cuando fue a recogerlo, vio que la luz del contestador automático estaba parpadeando. Pensó con resignación que seria su madre. Seguro que estaba ansiosa por saber que su hija había llegado a casa sana y salva. Aunque se manejaba bien en Internet y seguro que había consultado los vuelos que habían aterrizado en Arizona, necesitaba escuchar la voz de su hija para quedarse tranquila.
    Kagome apretó el botón dispuesta a oír la voz de su madre. Sus amigos sabían que había estado fuera de la ciudad y las llamadas del trabajo estaban desviadas a la galería. Por eso estaba desprevenida y el alma se le callo a los pies cuando una voz masculina, conocida y perturbadora, dijo su nombre.

    -kagome…. Kagome, ¿estas ahí? ¿Dónde estas? Si estas ahí contesta. Honto. Es importante.

    Kagome se dejo caer con pesadez en la butaca que se encontraba a un lado del teléfono. Pese a que se había prometido fervientemente no dejar que el entrara de nuevo a su vida, no podía negar que esa voz profunda, con un acento muy característico tenia la especialidad de hacer que le flaquearan las rodillas.
    Sin embargo, si había llegado a ser multimillonario antes de haber cumplido los veintiun años, no había sido por su voz. Había sido por su herencia y porque no tenia compasión en los negocios, una falta de compasión que se había extendido a su vida privada. Kagome sacudió la cabeza para sacarse los malos pensamientos. Entonces oyó otro mensaje.

    -kagome !teme… se que estas ahí. No me obligues a ir a buscarte. ¿No podemos tratarnos como adultos civilizados?

    Esa arrogancia le venia muy bien. Nerviosa se llevo una mano al pecho, tomando la pequeña cadena que colgaba de su cuello donde se encontraba un anillo de oro que guardaba en secreto a pesar de los años. Daba por hecho que ella estaría siempre a su disposición, cuando llevaba cinco años sin haberse preocupado por saber si estaba viva o muerta. Sintió tanta ira que se clavo las uñas en las palmas de las manos, pero eso no impidió que los dolorosos recuerdos hicieran añicos la objetividad que tanto trabajo le había costado conseguir. ¿Cómo se atrevía a llamarla en ese momento como si tuviera el más mínimo derecho a hacerlo? Ella por su parte, lo había eliminado de su vida. Bueno, casi…
    Suspiro.
    Se acordó de cuando conoció a su padre en la galería de Londres donde trabajaba ella. El encantador señor fue muy cortes. Le explico que quería una escultura para llevársela a Japón. A ser posible, un bronce para que no desentonaran de las demás obras que había coleccionado durante años.

    Ella llevaba poco tiempo trabajando en esa galería, pero había mostrado habilidad para reconocer el talento cuando lo veía y aquella escultura de la diosa Diana de un artista casi desconocido le pareció la elección mas adecuada.
    El se quedo encantado, tanto por la escultura como por kagome, y estaban comentando las excelencias de la porcelana oriental cuando apareció el…
    Kagome sacudió la cabeza por segunda vez en la tarde. No tenia ganas de pensar en eso. Acababa de llegar de un viaje muy fructífero por Australia y Tailandia y solo quería darse un relajante baño e irse directamente a la cama. Iba a levantarse, dispuesta a no sentirse intimidada, cuando empezó a sonar un tercer mensaje.
    -kagome… ¿estas ahí cariño? Creo que me dijiste que llegarías a las cinco y ya son las cinco y media. Estoy empezando a preocuparme. Llámame cuando llegues estaré esperando.

    Kagome intento olvidarse de los demás mensajes y descolgó el teléfono.
    -hola, mama. Siento que te hayas preocupado pero he tenido que resolver algunos asuntos antes de llegar a casa.

    -menos mal- su madre pareció aliviada. –supuse que abría pasado algo así. Aparte de eso, ¿has tenido un buen viaje? Tendrás que contármelo todo en la comida.

    ¿Comida? Kagome contuvo un gruñido. No tenia fuerzas para ir a comer con su madre.

    -discúlpame mama pero no podrá ser hoy- le dijo con tono de disculpa. -estoy destrozada. Tengo que dormir por lo menos ocho horas antes de poder hacer algo-.

    -¿ocho horas? Kagome, ¿no has dormido bien en el avión?

    -muy poco- a kagome le hubiera gustado ser menos sincera- podemos comer juntas mañana… así tendré tiempo de reponerme-

    -me parece bien-

    -gracias mama hasta luego-
    kagome se alegro de colgar y, cuando el teléfono volvió a sonar lo contesto de un tono verdaderamente airado. Sin embargo, era una llamada para intentar venderle una cocina y colgó bruscamente esa falta de sueño la estaba volviendo en un ogro.
    Suspiro, era casi media noche, decidió que desharía la maleta mas tarde y fue al cuarto de baño a darse la prometida ducha. Se miro en el espejo, se aparto unos mechones de pelo de la cara y pensó que parecía agotada, que había cambiado mucho en esos cinco años. Tenía la cara mas estilizada, naturalmente, tenía las caderas un poco más grandes, pero los pechos seguían bien firmes, aunque también habían crecido. Pensó que le daba igual. Se recogió el pelo en una trenza y se metió, debajo de las sabanas solo con un delgado camisón que le llegaba a mitad del muslo. Ni siquiera la preocupación de que era lo que El quería consiguió que se le fuera el sueño.

    La despertó el teléfono. Ella creyó que era el teléfono, pero cuando descolgó el que tenia en la mesilla, el ruido no ceso. Era el telefonillo del edificio. Alguien quería entrar en uno de los pisos y estaría llamando a todas las puertas.
    Suspiro, se apoyo en la almohada y miro el reloj. Eran casi las cuatro de la tarde. Había dormido un poco mas de lo esperado. El telefonillo volvió a sonar, kagome se levanto y se puso una bata de seda verde. Atravesó la sala y descolgó.

    -¿quien es?-

    -¿kagome? Kagome, se que eres tu. ¿Me abres la puerta?

    Era El. Se quedo petrificada. Todavía estaba desorientada y no podía hablar. Era demasiado pronto. Necesitaba tiempo para organizar las ideas. Siempre había pensado que, si alguna vez volvía a encontrarse con el, lo haría como ella quisiera, no como quisiese el.

    -¡kagome! ¡Oé! ¡Con un dem… ¡teme…! - oyó un exabrupto en japonés

    -kagome, se que estas ahí. Tu madre fue tan amable, que me dijo que llegabas hoy-

    el tono era cada vez mas impaciente… ¡como?! ¡¿Que su madre se lo dijo?! Ahora ya sabía como había conseguido su número telefónico.

    Oé ona… abre la puerta. ¡¿Quieres que me detengan por escándalo o algo parecido?!

    Kagome no podía imaginárselo detenido por escándalo. Estaba demasiado seguro de si mismo. Solo era una excusa barata para que le abriera la puerta. Evidentemente, los demás vecinos estaban trabajando y ella era la única forma que tenia de entrar.

    -ni siquiera estoy vestida- se dio cuenta de que lo dijo atropelladamente y fue lo único que se le ocurrió.

    -¡por favor! No seria la primera vez que te veo desnuda- le recordó el irónicamente, a lo que ella se sonrojó hasta las orejas- llevo casi dos semanas intentando dar contigo. No todos podemos pasarnos más de media tarde en la cama-

    -acabo de llegar de viaje-replico ella indignada-si no mal recuerdo tu tampoco soportas muy bien el jet lag-

    -es verdad. Lo siento- por su tono no pareció sentirlo mucho-he sido un desconsiderado. Añádelo a la desesperación y la impaciencia. Tampoco las soporto muy bien-

    -a mi me lo vas a contar…- kagome intento ser mordaz- ¿Qué tal estas? Veo que tan impaciente como siempre-

    -OH por kami, he tenido paciencia, juro que la he tenido. Ona. ¿Vas a abrirme o voy a tener que tirar a patadas esta…- hizo una pausa e intento contener la ira –¿puerta?-

    Kagome levanto la cabeza desafiante. Le habría gustado aceptar el reto, pero la vergüenza que sufriría si el cumplía con su amenaza la disuadió. Así que a duras penas y con el corazón el la garganta apretó el botón.
    Se oyó un zumbido, se abrió la puerta y oyó unos pasos firmes y apresurados subiendo por la escalera. Unos pasos tan deprisa que ella tuvo que hacerse hasta el otro extremo mas alejado de la sala. Había dejado la puerta entreabierta y, aunque pensó que le daba igual de lo que pensara de ella, callo en la cuenta de que ni siquiera se había peinado después de levantarse de la cama. Estaba pasándose los dedos por el cabello cuando el apareció en la entrada. Alto, de hombros anchos, cuerpo bien ejercitado y con el cabello ahora mucho más negro y largo. También el había cambiado mucho desde hacia cinco años, ahora se veía mas grande, y desgraciadamente para ella arrebatadoramente mas atractivo.

    Su presencia era tan imponente como cuando había entrado a la galería buscando a su padre. Su padre los presento y el fue cortes, pero también la trato con una frialdad e indiferencia que casi la ofendió.
    Le habían contado que a ella le iba bien en su trabajo y admiro el espacioso piso. La luz entraba por las ventanas que había a cada lado y bañaba el piso con un tono blanquecino.
    Sin embargo, aunque estaba molesto porque lo había dejado esperando en la calle, sus dorados ojos se dirigieron directamente hacia kagome. Estaba al otro lado de la habitación con los brazos cruzados, como si quisiera protegerse. Llevaba una bata de seda verde que se le ajustaba con fuerza. Como si el fuera una amenaza. Como si fuera una amenaza, se dijo con disgusto.

    -kagome…- dijo antes de que esa idea se le hiciera una apetecible opción.

    Pensó que tenia buen aspecto, demasiado bueno se dijo para si. Kagome siempre había tenido ese efecto en el. Por eso se había resistido tanto a encontrar a otra mujer que la sustituyera.

    -Inuyasha- contesto ella lancolicamente.

    Maldición se dijo para si, si… lo recordaba. El efecto que tenia en el cuando pronunciaba su nombre jamás lo olvidaría.

    El se apoyo en la puerta para cerrarla y ella se irguió un poco, como si se preparara para lo que se fuera a avecinar.
    Kagome no llevaba maquillaje, evidentemente, de hecho para su gusto ella no lo necesitaba y el color de las mejillas se debía más a algún motivo interno que externo. Esos ojos marrones casi idénticos al chocolate que lo obsesionaban en sueños…

    -¿Qué tal?- logro pronunciar mientras se apartaba de la puerta.

    A kagome se le seco la boca cuando el entro mas en la habitación. Se movía con una arrogante seguridad que hacia que cualquier ropa que usara pareciera del mejor diseñador, aunque estaba segura que los impecables pantalones vaqueros y la cazadora negra de cuero lo eran.

    -bien- contesto con una sonrisa forzada.

    Vio como el se acomodaba en uno de los sofás que se encontraba delante de ella y la observaba sin pestañear. Casi podía haber jurado ver un destello de profunda tristeza en aquellos hermosos ojos dorados.

    -¿te importaría decirme a que has venido? No has venido a pasar el rato ¿verdad?- dijo ella ilógicamente para quitar la tensión del momento –me dijiste que era algo importante-

    Inuyasha desvío su mirada curioso, observo la mano de ella que apretaba el collar que llevaba en el cuello como si de ello le dependiera la vida.

    -y lo es-.

    Hubo un tenso silencio antes de que las hermosas orbes doradas se posaran de nuevo en los chocolates de ella, la miro a los ojos de tal forma tan profunda y con un sentimiento que no pudo descifrar que la hizo estremecerse por completo.

    -quiero el divorcio, kagome-



    Continuara….
     
  2.  
    Hikari Azura

    Hikari Azura Usuario común

    Piscis
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    Pluma de
    Escritora
    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    hola!
    y bienbenida al foro! me gusto tu ff y a pesar de que es la introduccion va ser interesante...
    valla me sorprendistes con que kagome esta casada con inuyasha!. me predunto si en el ff saldra sesshomaru?
    ya que a mi pareser es mas emosionante con el? bueno es tu desicion. asi que tienes mi apoyo en tu ff.
    nos estaremos leeyendo pronto y queremos ver leer pronto la continuacion.
    bessos.
    sesshogriss.
    p.d. te invito a leer mis ffs. te veo pronto.
     
  3.  
    carlotaa

    carlotaa Entusiasta

    Capricornio
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    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    hoolaa mira normalmente leo muchos fics de aquí pero no comento en casi ningúno por no decir que
    directamente no comento...
    tu fic me ah llamado mucho la atención.
    como se puede ver inuyasha esta enamorado de kagome? o almenos le gusta. ¿no?
    y por el lado de kagome esta enamorada...
    y eso de que estan casados?me ah desconcertado mucho si se supone que no se veian hacia cinco años no?
    o si el se quiere divorciar de otra y no de kagome?
    a saber, justamente por eso tu fic me ah encantado porqe le has dejado suspense.
    espero que lo sigas pronto, qe si no me volvere a morder las uñas y eso es malo jejejeje.


    animos, muchos animos.

    att: tu lectora que siempre leera lo que escribas.: carlota.
     
  4.  
    kagomechaan

    kagomechaan Guest

    Título:
    UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
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    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    hola a todos he leido todos y cada uno de los moments y dejenme decirles que emociona de verdad tantas respustas positivas de cada uno de ellos y dejenme darles mis mas sinceras gracias n.n espero y sigan la historia de esta encantadora pareja ya que cosas mas interesantes y sorprendentes los enbolveran a ambos saludos a todos bye!!

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    UNIDOS POR SIEMPRE
    (Si... aquel milagro lo cambiaria todo)


    Cap.2 OH… Dulce realidad


    Hubo un tenso silencio antes de que las hermosas orbes doradas se posaran de nuevo en los chocolates de ella, la miro a los ojos de tal forma tan profunda y con un sentimiento que no pudo descifrar que la hizo estremecerse por completo.

    -quiero el divorcio, Kagome,


    *********************************************************************

    Quiero el divorcio, divorcio, divorcio…..-

    Esas palabras hicieron eco en su cabeza cada segundo que transcurría y le toco a kagome apartar la mirada. Estaba temblando y espero con toda su alma que el no lo notara. Naturalmente, había sido una impresión muy fuerte. Desde que se separaron, había vivido con la certeza de que Inuyasha le pediría la libertad antes o después. Había estado segura de que su madre lo convencería, si no lo hacia otra persona. Además ella también lo quiso en aquellos momentos. Sin embargo, con el paso del tiempo, había llegado a creer que nunca ocurriría.

    -¿te pasa algo?-

    Estaba acercándose a ella. Tenia que hacer algo antes de que el sintiera lastima. No podría soportarlo.

    -voy a vestirme- dijo ella sin respirar para que no se le escapara un sollozo.

    -pequeña…

    Kagome se estremeció, así la llamaba cuando…

    -dame un minuto- contesto apresuradamente para quitarse de la mente esos pensamientos.

    Kagome se encerró en su dormitorio, pero una vez sola, no pudo contener la oleada de sentimientos. Unas lágrimas abrasadoras le cayeron por las mejillas y fue al cuarto de baño agarro un montón de pañuelos de papel y se sentó en la tapa del retrete con la cara entre las manos.

    -koishi…

    No sabia cuanto tiempo llevaba allí encerrada cuando oyó la voz de el. Levanto la cabeza bruscamente con gesto de incredulidad. Inuyasha estaba en la puerta. Nunca se había sentido tan humillada.

    -¡fuera!- grito conteniendo los sollozos mientras se levantaba – ¿como te atreves a entrar? ¡No puedes meterte en mi intimidad de esa manera!-

    Inuyasha se limito a suspirar y a apoyar el hombro en el marco de la puerta.

    -me atrevo porque… te aprecio- aunque dudo un poco en la ultima frase, contesto con un afecto que la desconcertó –Kagome… ¿Cómo iba a saber yo que reaccionarias así? Pensé que te alegrarías de librarte de mí-

    -y me alegro- Kagome sollozo sin poderse contener.

    -OH si, eso parece…

    -no te ufanes, Inuyasha. Acabo de dar media vuelta al mundo y estoy agotada- mintió. Hizo un esfuerzo para esbozar algo parecido a una sonrisa arrogante. –no niego que me haya impresionado, pero no estoy llorando por estar descorazonada, ni mucho menos- volvió a mentir.

    -entonces…- Inuyasha no parecía muy convencido -¿siempre te derrumbas cuando vuelves de un viaje? ¿Eso quieres decir?-

    -no te hagas el tonto- replico Kagome en un intento por recuperar la compostura. -¿Qué quieres que diga? ¿Qué estoy destrozada? ¿Desolada? ¿Qué estoy desecha porque el arrogante majadero con el que me case quizás va a caer sobre otra pobre mujer?- soltó una carcajada áspera. –Puedes esperar sentado Taisho-

    Inuyasha involuntariamente, le dolió y se enfado por esas palabras. Había ido allí con sus mejores intenciones y ella le respondía de esa manera. Era muy típico de ella: primero disparaba y luego se arrepentía. Aunque esta vez, algo le dijo que no iba a arrepentirse.

    -eres una perra. ¿No lo sabias?- le soltó mientras serraba los puños con fuerza.

    -acabas de decírmelo-

    Kagome se seco las mejillas, tiro el pañuelo al retrete y vacío la cisterna.

    -Quizá deberías morderte la lengua. Según mi abogado, en estas circunstancias, no tengo que ofrecerte nada-

    -No quiero tu dinero. ¡Nunca lo he querido!- exclamo ella con desprecio. –si me haces el favor, y si no es mucha molestia ¡lárgate!. Quiero vestirme-

    Inuyasha la miro fijamente. Estaba seguro de que no tenía tanta confianza en si misma como quería aparentar. Esos increíbles ojos chocolates todavía brillaban con lagrimas y esa boca que había besado tantas veces, no podía disimular su temblor.

    -¿eso es lo que quieres? ¿Qué me baya?- pregunto el a pesar de que lo había sacado de sus casillas.

    -¿Qué? ¿Hay algo mas?-

    Kagome también lo miro fijamente y el no pudo evitar cierta admiración por como estaba llevando la situación. Cierta admiración y algo mas, algo que prefería no especificar. Algo que hizo que se acercara a ella. Si… ella había sido la única persona que además de su padre le había llevado la contraria y lo encaraba sin inmutarse.

    Kagome tenia la bañera detrás y no pudo retroceder cuando el alargo la mano, la agarro del cuello y la miro con expresión que a ella le pareció un poco burlona.

    -Ona… ¿Qué te parece esto?-

    Antes de que ella pudiera entender la pregunta, el se inclino y la beso fieramente en la boca.
    A Kagome casi se le doblaron las piernas. Hacia años que inuyasha no la tocaba, que no sentía esas manos sobre su piel. De repente le llego una oleada de deseo que la envolvió por completo. Aunque estaba decidida a no cerrar los ojos, al apreciar la cercanía de sus tupidas pestañas y su mandíbula dura deseo hacerlo para dejarse llevar por el beso. Sin embargo, no podía hacerlo. Hacia un instante estaba furiosa con el y en ese momento dejaba que la tocara, que la besara.
    Tenia que ser porque había llorado, se dijo así misma para intentar racionalizarse. Siempre se ponía muy sensible cuando lloraba e Inuyasha lo sabía perfectamente porque la había hecho llorar muchas veces. Sin embargo, en ese momento, eso no tuvo la importancia que debería haber tenido.

    -Kagome…- susurro Inuyasha.

    Ella separo los labios con un suspiro de entrega y se encontró con la voraz y desesperada lengua de el dentro de la boca. Inuyasha le recorrió las mejillas con los labios para borrar el resto de lágrimas jamás en la vida le había gustado ver llorar a una mujer y ver a kagome hacerlo siempre le hacia sentir como un monstruo. Tenía una piel suave y tersa. Le rodeo la cintura con un brazo y la estrecho contra si. Había perdido el juicio. El deseo le borro los motivos por los que había ido allí. Tiro del cordón de la bata, la abrió y le bajo los tirantes del camisón, haciendo que quedara su torso al descubierto. Miro aquellos pechos generosos con unos pezones tan duros como se adivinaban bajo la seda. Tomo uno con la mano y le paso el pulgar al otro con un ansia devoradora.

    -koishi… te deseo tanto, pequeña- gruño el.

    Incluso en ese momento supo que se arrepentiría, pero la tenia justo donde quería tenerla; abrazada a el y provocándole una erección que podría matarlo de un ataque al corazón si no aliviaba su presión.

    Kagome se agito en medio de un torbellino de sensaciones. No podía permitirle que hiciera eso. Tenia que librarse de el. Sin embargo, cuando kagome gimió de protesta sobre los labios de el, Inuyasha lo tomo como que quería que siguiera.
    Inuyasha la tomo en brazos, la llevo al dormitorio y el camisón cayo al suelo. Se encontró tumbada en la cama, que seguía caliente. Inuyasha se quito la cazadora y la camiseta y mostró su piel morena y musculosa. Se sentó a horcajadas sobre ella, tomo su pequeña mano entre la suya e hizo que sintiera la protuberancia de la erección que parecía que iba a reventarle los vaqueros, gimió al sentir el contacto tibio de la pequeña mano que casi no alcanzaba a rodearlo por completo.

    -Inuyasha…- susurro ella sonrojada hasta las orejas con un tono de cierta queja tratando de salvar el ultimo requiso de conciencia que le quedaba.

    El se inclino haciendo que su larga cabellera negra le cayera en los costados y tomo un pezón entre los labios. Kagome ya no pudo resistirse. Cuando se armo de valor para acariciarlo donde el quería, el le sujeto la mano con firmeza. Inuyasha se levantó para quitarse los vaqueros, si llevaba ropa interior, desapareció con ellos y kagome pudo ver hasta que grado de excitación se encontraba. Inuyasha le separo las piernas, bajo la cabeza, y la lamió hasta que ella se retorció de placer debajo de el.

    -estas muy dulce- susurro Inuyasha con voz ronca -¿quieres que te lleve al clímax?-

    -no… quiero que me acompañes…- respondió ella vacilante.

    Inuyasha se acomodo entre sus piernas y la tomo de las caderas para tener un mejor acceso sin dejar de besarla y así con un movimiento rudo y preciso, introdujo toda la extensión de su dureza y la colmo tanto, que kagome no pudo evitar que se le saliera un pequeño quejido de incomodidad.

    Inuyasha jadeo de placer pero noto lo estrecha que estaba y la poca dificultad que tuvo para penetrarla no le hubiera tomado importancia si no fuera por que ella se había quejado, así que preocupado le pregunto

    –estas… muy cerrada… ¿te… te hice daño?-

    A inuyasha se le hizo extraño era como si… kagome no hubiera estado con nadie durante mucho tiempo… había escuchado que las mujeres que dejaban de tener sexo durante mucho tiempo tendían a incluso sentir el mismo dolor que cuando tenían sexo la primera vez y eso lo desconcertó de sobremanera acaso… ella no había salido con nadie después de el? No… eso no era posible… de pronto otro jadeo salio de su garganta. Kagome había contoneado las caderas provocativamente para que el siguiera y pensó que estaba completamente perdido.
    Bastante tenia con dominar el anhelo de embestirla hasta acabar con aquella deliciosa tortura. Solo las ganas de disfrutar el momento hizo que se sentara en los talones para mirar el punto donde los cuerpos se unían tan completamente. Aunque fuera un disparate, nunca la había deseado tanto como en ese momento.

    -Inuyasha…- se quejo ella con un hilo de voz.

    El, con un gruñido, se adentro mas en ella, kagome lo acogió calidamente y la inminente necesidad de embestirla mas fuerte hizo que la mente se le quedara en blanco.

    -Pequeña…- la beso dulcemente en los labios mientras aumentaba e ritmo y la fuerza de sus embestidas –no quiero que esto acabe nunca-

    -yo tampoco- reconoció ella, que le rodeo la cintura con las piernas haciendo que el se adentrara mas profundamente lo que les saco gemidos y jadeos incontrolables.

    Inuyasha noto las convulsiones cuando ella perdió el dominio de si misma. El calor líquido lo envolvió y lo arrastro más allá del límite. Se estremeció con un placer colosal, se derramo dentro de ella y se dejo caer con un abandono absoluto.

    Inuyasha abrió los ojos perezosamente al oír el ruido de la ducha. Se quedo con la mirada clavada en el techo y no reconoció el papel pintado de ese tono melocotón. Miro la ventana con persianas verdes que dejaban entrar algunos rayos de luz. Desconocida aunque la reconoció. Contuvo una palabrota, se incorporo y miro alrededor con ojos de incredulidad. Estaba en el piso de kagome, en la cama de Kagome. ¿Qué había hecho? Había ido allí a pedirle el divorcio, no a acostarse con ella…
    Cerró los ojos con la vana esperanza de que fuera un sueño, de que cuando volviera a abrirlos, se encontraría en su dormitorio arrullado por el sonido del océano de las costas de Japón.
    Cuando abrió los ojos por segunda vez, seguía metido en la cama de Kagome y con una sabana que le tapaba entre la cintura y los muslos. Supuso que la habría puesto ella. Le pareció lo más apropiado porque comprobó que darse cuenta de donde estaba no había evitado volverse a excitar. Era increíble, tendría que estar pensando en como salir de allí con la dignidad intacta, no en el cuarto de baño y en lo maravilloso que seria ducharse con Kagome.
    Se levanto a regañadientes y se puso la ropa interior, la camiseta y los vaqueros.
    Dejo de oír la ducha y, aunque tuvo la tentación de quedarse para ver como salía del cuarto de baño, su sentido común lo impulso a agarrar los zapatos y la cazadora y marcharse del dormitorio antes de cometer otra locura.
    Una vez en la sala, se puso los calcetines y la cazadora y se paso los dedos temblorosos por el pelo. ¿Cómo había podido pasar? ¿Cómo era posible que una mera conversación hubiera despertado todo el deseo de sus sentidos? ¿Por qué había sido tan tonto de ir allí? ¿Por qué no había esperado a que ella se repusiera y luego había zanjado la conversación rápida y objetivamente? Eso fue lo que ella dijo que quería. Además cuando ella se fue a su habitación, el dio por supuesto que había ido a vestirse y a nada mas. Solo sospecho cuando pasaron los minutos y no oyó nada en el dormitorio, incluso sintió cierta angustia, que reconoció con fastidio.
    Suspiro. Aun así, encontrarla llorando no debería de afectarlo tanto. El no tenia la culpa de que ya no estuvieran juntos. Además si pedirle el divorcio era tan espantoso para ella, ¿Por qué no había intentado verlo antes de que la situación se deteriorara hasta ese punto?
    Nada tenia sentido. Tampoco lo tenía el placer que acababa de sentir al hacer el amor con ella. Detestaba con todo su ser tener que reconocerlo, pero no había gozado tanto desde la ultima vez que había estado con ella hacia cínico años. Acostarse con otras mujeres no lo había satisfecho ni un poco. Cuando Kagome lo dejo, se dijo con arrogancia que seria fácil reemplazarla, pero no lo había conseguido. Había perdido la cuenta de las mujeres que su madre le había presentado con la esperanza de que el considerara que seguir soltero no era una buena decisión. Sin embargo el matrimonio con Kagome había conseguido que ninguna mujer lo satisficiera y había llegado a pensar que pasara lo que pasase nunca volvería a sentir esa magia y esa satisfacción sexual.

    Sin embargo, lo había sentido. ¡Con ella!
    Se había sentado para ponerse los zapatos, pero se levanto otra vez. No podía quedarse quieto cuando todo su mundo daba vueltas peor que un tornado. Tendría que haber sido un encuentro breve, lo justo para poner la cortesía de decírselo el y no que se enterara a trabes de su abogado de America. En cambio como temía su madre, había vuelto a encapricharse de ella.
    Fue hasta la ventana y vio la limosina aparcada delante de la casa. El chofer, que trabajaba para Taisho´s International, estaría preguntándose porque se tardaría tanto, pero se cuidaría mucho de comentarle nada a el ni a cualquier otra persona.

    Oyó la puerta que se abría y se dio la vuelta casi con remordimiento. Otro sentimiento que no había conocido hasta entonces. Pensó que quizás debería haberse marchado antes que que ella terminara de ducharse. Aunque no habían terminado la conversación, podría haberla dejado para el día siguiente.

    Kagome entro en la habitación con cierta indecisión. Se había secado y peinado el cabello haciendo que aquellos rizos traviesos que siempre había tenido en las puntas y que siempre le habían gustado le cayeran sobre los hombros. Llevaba una camiseta verde y unos vaqueros que dejaban al aire un trozo de su piel blanca y la hacían verse como una hermosa adolescente. Sabia que no era así, pero pareciera que se había puesto esa ropa para resaltar sus ojos. Estaba maravillosamente cautivadora y no le gusto en lo absoluto las cosas que le hacia sentir, su expresión no era estimulante. La mirada era cauta y fría, casi despectiva algo que jamás había visto en su siempre sonriente rostro.

    -sigues qui- comento ella al ver que el no decía nada -¿quieres un café?-

    Inuyasha no supo si sentirse aliviado u ofendido. Hacia unos minutos ella había estado jadeando de placer debajo de el y ahora le ofrecía un café, como si hubieran estado pasando el rato en vez de haber tenido un encuentro tórrido.

    -no, gracias- contesto el mientras la seguía hasta el muro bajo que separaba la cocina – ¿te pasa algo?- le pregunto involuntariamente.

    -¿Qué me iba a pasar?- ella se dio la vuelta para mirarlo. –siéntate. Iré enseguida.

    -prefiero quedarme aquí- Inuyasha tomo aliento profundamente para después soltarlo pesadamente -¿vamos a hablar de esto?-

    Kagome se concentró en poner la cafetera debajo del filtro y en sacar una taza del armario.
    -¿seguro que no quieres tomar nada?-

    -seguro- Inuyasha empezaba a impacientarse. ¿Estaba fingiendo que no había pasado nada?
    –Kagome mírame. Mírame de verdad. ¿Qué estas pensando? Dímelo. Y entonces se dijo para sus adentros mismo… OH dulce realidad…


    Continuara…
     
  5.  
    carlotaa

    carlotaa Entusiasta

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    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    uuuuh cuanta lujuria en este capitulo!jejeje
    pero se podia poner qe tengan relaciones sexuales?
    me parece qe estaba prohib ido si no era en tu blog o nseqe,
    bueno nosé ami me a encantado.
    qe se le pasara por la cabeza a kagome? aaiiiii qiierooo saberlooo ya!
    jejeje.
    te esperare un besiiitooo!
     
  6.  
    carlotaa

    carlotaa Entusiasta

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    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    asiii y también otro misterio¿porqe kagome ahora es fria y ya no tiene su dulze sonrisa?
    por la falta de los años, me refiero por no haber visto a inuyasha o le paso algoo?'
    yoqeseeeeeeeeeeeeeeeeeeee aaaaaaaaaaaaaaaaaay meeeeeeeeeeee esssssssssstoooooooooooooooy
    raaaaaaaaaaaaaayaaaaaaaaaaannnnnnnnnnnndooooooooooo!
     
  7.  
    kagomechaan

    kagomechaan Guest

    Título:
    UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    3288
    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    UNIDOS POR SIEMPRE
    (si, aqul milagro lo cambiaria todo...)


    Cáp.3 ¿ASI COMO ASI?



    Kagome no podía hacer lo que el quería. Sabía que nada había cambiado. Efectivamente, se habían acostado y había sido tan maravilloso y mágico que por un instante creyó sentir una especie de conexión y ternura por parte de el, que le llego hasta lo más profundo de su alma y de su corazón, pero eso no cambiaba absolutamente nada en inuyasha. Para el solo era sexo. Debía de pensar que era fácil de tomar y manipular. Le había bastado con llevarla a la cama para que ella casi le rogara que lo hiciera. Debía de pensar que ella era fácil.
    Había sido una estupida, se dijo con amargura.

    -no pienso en nada- mintió.

    Ella mientras el agua caía en la cafetera. Pensó que mientras mas tiempo estaba junto a el mas mentiras se le salían de la boca cosa que ella nunca hacia. -¿y tu? ¿Qué piensas tu, Inuyasha?-
    Inuyasha pensó que era mejor que no lo supiera, que no supiera que estaba deseando con todo su ser volvérsela a llevar a la cama. Además, eso solo mostraría más debilidad de la que ya había mostrado. Y eso no le gustaba, no le gustaba nada.

    -pienso que… debería disculparme- contesto el desviando la mirada para que no viera la duda que se reflejaba en su rostro. –no… no quería… que… que…- furioso por no poder completar esas insignificantes palabras se paso los dedos por el cabello como signo de frustración al tiempo que tomaba una profunda bocanada de aire –no quería que pasara-

    -bueno, ya somos dos-

    Inuyasha sintió un puñetazo en la boca del estomago. ¿Tenia que ser tan fría y directa? ¿No podía haber reconocido al menos que tenia parte de culpa? Sin embargo, se dio cuenta de que no iba a hacerlo. Volvió a la ventana. La limosina seguía allí y deseo montarse en ella y desaparecer. Quería olvidar lo que había pasado, olvidar que cuando fue allí quería dejar zanjada su situación. ¡Zanjada! En cambio, sintió como si hubiera abierto una herida profunda y letalmente dolorosa.

    -¿y bien?-

    Inuyasha oyó la pregunta de kagome, se dio la vuelta y la vio sentada en el brazo de un sofá con una taza de café en la mano.

    -¿debo entender que hay alguien más?- añadió ella tratando con todas sus fuerzas de que el no notara que le temblaban las manos ante la repulsiva idea.

    Era una pregunta absurda en esas circunstancias y inuyasha estuvo tentado de contestarle que ese era el motivo de su visita, que quería casarse con alguien cuando estuviera libre. Y marcharse ya mismo. Pero no se atrevió a decírselo, en cambio la miro directamente a los ojos con indiferencia y dijo:

    -mi padre esta muriéndose-

    Decidió no tener contemplaciones, pero no se había esperado que ella palideciera de aquella manera.

    -¿inu no esta muriéndose? ¡Dios mió!, ¿Por qué no me lo habías dicho? No puedo creérmelo. Estaba tan en forma, tan fuerte…-

    -el cáncer no se para ante la fuerza- replico inuyasha melancólicamente. –se encontró un bulto, pero no hizo nada al respecto. Dijo que estaba muy ocupado. Cuando fue a ver al medico, ya era tarde para que lo operaran-

    -dios mió- kagome dejo la taza, se agarro la cara con las dos manos y los ojos se le empaparon de lágrimas. –pobre inu no es un hombre muy bueno y amable. Se poto muy bien conmigo. Siempre me acogió, al contrario que tu madre-

    Inuyasha no dijo nada. Sabía que era verdad. Su madre nunca quiso que se casara con una extranjera porque dijo que tenían principios distintos. Y al final, resulto tener razón.

    -¿desde cuando lo sabes?- pregunto kagome que no sabia que tenia que ver la enfermedad de inu no con su divorcio y presintió que había cambiado intencionalmente de conversación.
    -¿quiere verme?-

    Inuyasha se quedo atónito. Si bien sabia que su padre estaría mas que encantado de que su queridísima nuera lo visitara. Pero su madre nunca lo consentiría. Siempre le extraño ese repentino cambio de actitud en ella pues al contarle de que se casaría, estuvo más que feliz e incluso la acogió amablemente durante unos días antes de que la rechazara sin ningún tipo de explicación, su madre no acostumbraba ser ese tipo de persona normalmente era una mujer amable y cariñosa.

    Ella le había suplicado durante cinco años que fuera a ver a un sacerdote para que intentara conseguir la anulación del matrimonio con Kagome. Estaba segura de que el padre haría todo lo posible para obtener alguna dispensa especial de la iglesia.

    Inuyasha, sin embargo, no había tenido ninguna prisa en acabar con esa relación. Le había venido muy bien en todos los sentidos. Entre otros, para disuadir a las caza fortunas. Sin embargo, ya no podía mantener esa situación y tenia que divorciarse.
    Kagome considero ese silencio como una respuesta.

    -entonces no entiendo. ¿Que tiene que ver la enfermedad de tu padre con nuestro divorcio?-
    Inuyasha suspiro y se metió las manos en los bolsillos.

    -mi padre quiere un nieto, nietos. Miroku es sacerdote y a Seshomaru no le interesan las mujeres hace no se cuanto tiempo. Quien sabe cual es el motivo y ni me interesa. Solo quedo yo-
    Kagome se quedo sorprendida por el comentario y desvió la mirada tristemente –pero… ¿Qué pasa… con… con el niño?-

    -¿el niño?- pregunto el sin inmutarse –yoko murió. Creí que lo sabias-

    -¿Por qué lo creías?- kagome estaba furiosa y dolida ante los recuerdos del pasado. –no hemos hablado mucho, inuyasha-

    El se encogió de hombros para quitarle importancia.

    -yoko tuvo una neumonía muy grave a las dos semanas de nacido. Los médicos intentaron salvarlo, pero era demasiado pequeño, prematuro-

    -kagome sintió una profunda pena y compasión sincera por lo ocurrido -pobre de sa…-no alcanzo a decir nada pues inuyasha la interrumpió bruscamente para que no la mencionara.

    -si, pobre- repitió el aunque con cierta amargura –no se merecía eso-

    -no. nadie lo merece- kagome volvió a agarrar la taza y dio un sorbo de café.

    El pasado era pasado y no tenía sentido removerlo. No debería haber ido allí. Debería haber hecho caso al abogado y dejarle que se ocupara el. Sin embargo, no se había dado cuenta de lo peligroso que seria volver a estar cerca de Kagome.

    -bueno- dijo el cuando el silencio se hizo insoportable. –tengo que irme. Estoy seguro de que ahora me odiaras y no soportas ni siquiera el verme, pero te aseguro que no tenia intención de… de…-

    -¿seducirme?- añadió ella lancolicamente.

    -no- contesto inuyasha exaltado por los recuerdos vividos hacia menos de unas cuantas horas. –no creo que fuera una seducción. Y además… tú tampoco te quedaste de brazos cruzados-
    -de acuerdo-kagome se sonrojo hasta las orejas –quizás no tenga razón, pero no seria la primera vez que lo usas contra mi-

    -¿Qué esperas que diga, Kagome? Vine a comunicarte mi intención de pedirte el divorcio, nada más. No esperaba encontrarte medio desnuda-

    -¡¿que?!- kagome no daba crédito a lo que inuyasha decía ¿acaso le estaba echando en cara lo que había pasado? Así que enderezo la espalda y levantó la barbilla desafiante -¿Qué?! ¿Soy tan irresistible que no pudiste hacer nada?- inuyasha se le quedo mirando con un brillo en los ojos que no supo descifrar y un deseo tan conocido que le corto completamente la respiración para luego recorrerla descaradamente con la mirada sin dejar escapar ningún detalle para lo que kagome involuntariamente volvió a sonrojarse.

    Inuyasha pensó que desgraciadamente le encantaba aquel rubor que cubría sus delicadas mejillas jamás había visto a ninguna mujer sonrojarse en su vida y la única que había visto era a ella. Ella. ¿Porque siempre tiene que ser ella? Farfulló para si mientras se dirigía hacia la puerta.

    –mi abogado se pondrá en contacto contigo para aclarar los detalles. Pese… pese a tu actitud, no rechazare las peticiones que haga tu abogado-

    Kagome se levantó de un salto y casi tira el café.

    -¡ya te lo he dicho Taisho! ¡No quiero ni un miserable centavo de tu dinero!. Puedo mantenerme sola, gracias-. Dijo tratando de controlarse para verlo directamente a la cara sin importarle que una solitaria lágrima rodara por su mejilla. Ya nada importaba. -Fue un gusto volver a vernos. Espero y siempre estés bien así que…-

    -pequeña… - inuyasha trato de poner la mano en su mejilla pero kagome reacciono mas rápido y se aparto de golpe.

    -¡olvídalo!- kagome fue hasta la puerta y la abrió de par en par. –vete antes de que diga algo que pueda lamentar-a kagome no le importo que la viera llorar, ya… ya nada importaba.

    Inuyasha tomo un avión a Japón esa misma tarde. Había pensado quedarse un par de días más. Le habían invitado a una reunión de la asociación de productores de petróleo, pero se disculpo y mando a su ayudante. A su padre no le haría ninguna gracia. Estaba encantado de que Taisho’s internacional se hubiera ganado ese respeto de los países productores de petróleo y eso había demostrado que había acertado al ceder sus riendas a su segundo hijo.

    Inuyasha, sin embargo, no estaba tan seguro. Ya se había dado cuenta de que dirigir una empresa de esas dimensiones le exigía demasiado tiempo. Incluso podría decirse que las responsabilidades que asumió hacia ocho años habían tenido parte de culpa en la ruptura de su matrimonio. Si kagome y el hubieran tenido mas tiempo para hablar, el podría haberla convencido de que el no…

    Ya había oscurecido cuando su avión privado aterrizo en la isla que era propiedad de los taisho cerca de las costas de Japón. Era una pista de aterrizaje privada. Aunque la isla atraía turismo, los turistas llegaban en barco y se quedaban en la parte sur de la isla.
    Los faros del coche le indicaron que su padre había recibido el mensaje que le envió, aunque supuso que Inu no querría saber porque no se lo había dicho el personalmente.
    Su ayudante personal un muchacho tranquilo y de buenos modales llamado Houjo Akitoki fue el primero en bajar del avión para organizar el transporte que los llevaría a la residencia de los taisho. Al final de la pista había un todo terreno que esperaba a que terminaran todos los trámites del aterrizaje. Cuando Inuyahsa llego a el, comprobó que el chofer de su padre no estaba al volante. Si no una hermosa mujer. La que esbozo una sonrisa acogedora aunque levemente engreída.

    -¿una agradable sorpresa, no?- pregunto ella cuando Inuyasha se sentó a su lado.

    El apretó los dientes porque habría preferido no verla esa noche, pero al darse cuenta del motivo, sonrió y se inclino hacia ella para besarla.

    -muy agradable- contesto el hipócritamente. – ¿has esperado mucho?-

    -solo seis años- contesto ella hábilmente. -¿me has echado de menos?-

    Inuyasha se giro para ponerse el cinturón de seguridad.

    -¿tu que crees? ¿Qué tal esta mi padre?- pregunto el para cambiar de tema. –seguro que no esta muy contento porque haya faltado ala reunión-

    -esta… bien… bien.- ella estaba impaciente mirando por el retrovisor, porque Houjo Akitoki había metido el equipaje en el maletero con cierta brusquedad. -¡HEY! ¡Ten mas cuidado! ¡Cuidado!- dijo ella recalcando hasta la última letra sin embargo, la sorpresa de ella fue descomunal cuando Houjo abrió una puerta y se monto atrás subiendo un pie en el respaldo de ella y la miro retadoramente.

    Inuyasha tuvo que voltearse a la ventana y taparse la boca para contener la risa.

    -¿tiene ¡ESTE! que venir con nosotros?- pregunto lanzándole una mirada acecina al que ocupaba el asiento de atrás.

    -¿Por qué no?- el tono de Inuyasha era de inocencia para disimular el alivio.

    Ese estupido bueno para nada de Houjo lo conocía muy bien para saber que no quería irse a solas con ella, parecía que el chico a simple vista era inofensivo pero tenia su carácter y esa forma en aventar las maletas lo confirmaba. Además, a Houjo ella no le cae nada bien y no duda en demostrárselo. Un ejemplo de ello era que siempre que estaban cerca o le abollaba el carro o accidentalmente se le derramaba lo que estaba tomando, pues para ella sus cosas o cualquier que tuviera mucho valor eran oro. Se dijo que debería decir algo pero no lo hizo. Simplemente le daba igual e izo un gesto con la cabeza hacia el ordenador portátil.

    –Mi padre querrá un informe de las reuniones que hemos tenido en América-

    -¿las reuniones con tu esposa?- pregunto ella con un tono suave aunque no ocultaba la irritación que le causaba que se haya encontrado con su aún esposa –a mi también me gustaría enterarme de esas reuniones-

    Inuyasha resoplo algo irritado y exasperado por el comentario.

    -No- contesto secamente –de las reuniones del trabajo-

    -esas reuniones son muy aburridas ¿no?- siguió ella con tono frívolo –háblame de TU mujer. ¿Crees que pondrá obstáculos?-

    Al instante sintió una patada en su asiento a lo que volteo exaltada Houjo al instante se la quedo mirando con una cara de ¿y ahora que hice? Pero no la engañaba esa cara de inocencia.
    Inuyasha volvió a contenerse para esta vez no revolcarse de la risa. Pero eso no le quitaba la irritación que sintió al escuchar el modo en que ella hablaba de su mujer puso sus manos en puño asta que se le pusieron los nudillos blancos, tenia que controlarse se dijo con impaciencia. No era posible que aún después de tantos años siguiera sintiendo esa necesidad casi obsesiva por protegerla tenia que librarse de ella y rápido.

    -no, ningún obstáculo Kikyo- se volvió hacia Houjo ya mas tranquilo -¿recogiste todos los documentos del avión?- dijo así cambiando rápidamente de tema dejándole claro a ella que no lo quería volver a tocar. Kikyo que iba a poner el todo terreno en marcha, capto que no era el momento de hablar del asunto; ya habría tiempo mas tarde.

    Salieron del aeropuerto y tomaron el camino sinuoso que los llevaba a la residencia de los Taisho. Los faros del coche solo iluminaban las hierbas silvestres que crecían a los lados de la carretera. Era primavera y seria maravilloso despertarse al día siguiente oyendo el susurro del mar y no el ruido del tráfico de la ciudad. Sin embargo, pensar en la ciudad que hace unas horas acababa de dejar no era lo mejor que podía hacer en ese momento.

    Le llegaban demasiados recuerdos y no podía evitar la comparación entre la belleza pálida, refinada y algo voluptuosa de Kikyo con la belleza de tez blanca, juvenil y delicada de su ex mujer. Eran muy distintas, se dijo. Kikyo era sensual y de formas contundentes, cabello largo y liso, negro como la noche pero con una mirada fría y calculadora mientras que Kagome no era muy alta y algo delgada con cabello azabache hasta la cintura y unos rizos rebeldes en las puntas que siempre le encantaron, con la nariz algo respingona, ojos marrones muy expresivos, y disimulaba su sensualidad tras una fachada cautivadora de compostura distante.

    -¿fuiste a la boda de tu prima?- le pregunto a Kikyo para pensar en otra cosa.

    -¿de Rico? Claro.-

    Aparecieron en las puertas de madera que indicaban que ya habían llegado a la finca. Kikyo hizo una señal con las luces del todo terreno y un hombre salio de una garita. Abrió las puertas de par en par.

    -naturalmente fui la única mujer sin acompañante- y tras de ella escucho un leve (aja… claro… seguro) a lo que le mando una mirada acecina por el espejo.

    Inuyasha saludo a Giro, el guardia, y el coche acelero para tomar el sendero que los llevaría hacia la casa. Sus padres todavía vivían en la villa, que estaba sobre una pequeña planicie desde donde podía verse el mar. Inuyasha se había construido su propia casa en la finca del lado contrario de la otra para mayor privacidad, pero desde que Kagome lo había abandonado o mejor dicho se fue, solía pasar más tiempo en cualquier otro sitio.

    Su madre se quejaba de lo poco que lo veía y era cierto que, hasta la enfermedad de su padre, el había pasado poco por su casa. Trabajando duro día y noche sin descanso. Gracias a eso había logrado conservar la cordura. Si, también había salido con muchas mujeres de las cuales pocas recordaba su rostro pero ni eso ayudo en nada. A lo que se había prometido no volver a sucumbir a los encantos de ninguna mujer, pero eso había sido hasta que se entro de la enfermedad de su padre era Terminal a lo que decidió volver a casarse. Kikyo era la candidata perfecta, era japonesa, estaba soltera, provenía de una familia adinerada y su madre la aceptaba.

    Llegaron a un patio adornado rodeado de construcciones. Eran los establos, el garaje y la casa de sus padres. Kikyo se detuvo y paro el motor. Sin embargo, cuando Houjo se bajo e Inuyasha iba a abrir la puerta, ella lo sujeto del brazo.

    -espera- le pidió con tono preocupado. –Inuyasha, dime que no has cambiado de idea-
    Inuyasha la miro fijamente. Las luces del patio iluminaban sus ojos oscuros y ansiosos. A lo que se le vino a la mente unos hermosos ojos marrones, una nariz respingona y una dulce sonrisa, esa que solo le dedicaba a el... solo a el. Aparto la mirada y contuvo una palabrota, esa maldita perra… no lograba sacársela de la cabeza.
    La tomo de la mano y le dedico una arrogante sonrisa a lo que sus ojos tomaron un brillo peligroso mientras le decía…

    -¿cambiar de idea?- le rodeo el rostro con una mano -¿Por qué se te ha ocurrido tal cosa?

    Ajeno a ellos Houjo suspiro pesadamente y empezó a caminar hacia la entrada metiéndose las manos en los bolsillos, miro hacia el cielo impregnado de estrellas y susurro en tono melancólico

    -¿Piensas dejarlo así como así?, Kagome…


    CONTINUARA...
     
  8.  
    KagoRinneSama

    KagoRinneSama Usuario popular

    Cáncer
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    Escritora
    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    :hola: el capitulo esta realmente muy bueno me gusto mucho. ¿Que haras Inuyasha?¿Realmente vas a dejar a Kagome por Kikyo luego de haberlo hecho?. Te aconsejo que tengas cuidado con la gramatica, antes de "I" se escribe "e" no "y", los nombres personales van en mayusculas. Por lo demas todo esta bien, espero la proxima conty, nos vemos.
    :bye:
     
  9.  
    carlotaa

    carlotaa Entusiasta

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    Re: UNIDOS POR SIEMPRE (si... aquel milagro lo cambiaria todo)

    Omg me ah encantado.
    además se a descubierto mucho de la trama y eso esta muy bíen.
    pobre kagome. Inuyasha la piensa dejar por kikyo?
    nononono!
    aiiiii me ah encantado siguelo pronto porfavor.pero una cosa esta clara, inuyasha esta enamorado de kagomeeeeeee!
     
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