1.  
    Reina Momo

    Reina Momo Entusiasta

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    Mar adentro
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    Re: Mar adentro

    Capitulo 4: El rescate.

    Kagome no pudo responder aquella mañana, la incertidumbre acerca de las intenciones de Inuyasha, ni en los días siguientes. A pesar de la sospecha y de haber estado en el barco durante ya casi dos semanas, Inuyasha no le había hecho ninguna “propuesta indecente”, solo las habituales órdenes que él le impartía solo a ella, las cuales incluían pasar un largo rato en su habitación y, también, sumar puntos en contra en la relación de Kagome y Kikyo.
    Si en verdad Kikyo estaba enamorada de Inuyasha, Kagome no podía ni culparla ni pretender que no la odiara a ella, tan solo rogar que no se le volvieran a pelar los cables como aquella vez…
    Mientras tanto, Kagome cargaba una relación amigable con su capitán.
    Durante el mediodía en el que se cumplían dos semanas de su secuestro, Kagome no hizo mas que sentarse a cenar junto a toda la tripulación—Desde hacía días Inuyasha la había invitado a formar parte de la mesa— y luego juntarse a pasar la tarde con Miroku y Sango. Shippo jugaba a pelearse con Inuyasha.
    —¡Vamos enano! Ponte en guardia—le había desafiado Inuyasha al dulce Shippo, que no dudó en “Darle su merecido al tonto de Inuyasha”.
    —¡Que no me digas enano, BESTIA!—le había contestado él, tomando una espada y comenzando una simulada lucha.
    Las risas habían sido inminentes por toda la tripulación en ese momento. Cada vez que Shippo se enojaba se hacía un ameno espectáculo, porque siempre estaba Inuyasha metido en ello y siempre él se ponía a la altura del pequeño, hasta el punto de hacer imposible la diferencia entre el adulto y el niño.
    La cosa se ponía incómoda para Kagome cuando Shippo hacía comentarios sobre ella e Inuyasha, solo para hacerlo rabiar a él. E Inuyasha observaba como Kikyo fruncía su rostro, completamente molesta y luego salía a darle caza al niño.
    Fue cuando el sol comenzaba a bajar, que la tripulación, alarmada, entera se acercó hacia la cuaderna y observó alguna clase de espectáculo que se llevaba a cabo en las molestas aguas.
    —¡Capitán!—llamó uno.
    —¿Qué sucede?—le preguntó Kagome a Sango.
    —No lo se. Ven, vamos a ver—dijo Sango ansiosa, tomándole la mano a Kagome.
    Ambas se acercaron hacia la cuaderna, seguidas por Miroku, para observar lo que tenía tan inquietada a la tripulación.
    Los restos de un barco, quizás tan grande como el de Inuyasha, se hundían y despedazaban entre la marea. Kagome observó horrorizada como parte de su tripulación luchaba por aferrarse a pedazos de madera flotante y otros, sin mucho éxito, se vencían en las profundidades.
    —¡Capitán, mire el símbolo de la proa!—indicó uno de los marineros, señalando el escudo que estaba apunto de ser arremetido por las olas cuando tocara el agua— ¡Este barco le pertenece a Jinenji!
    —¡Maldición!—exclamó Inuyasha.
    Él ordenó que se lanzaran sogas para socorrer a los sobrevivientes, quienes en cuestión de largos minutos y mucho esfuerzo, estuvieron en el Gran Barco.
    Kagome contó a once sobrevivientes hombres. Todos ellos temblaban de frío y otros pocos se lamentaban.
    Inuyasha los invitó con frazadas y ron, y los llevó hacia el comedor, una vez que los once nuevos tripulantes hubieran sido provistos de ropa seca.
    Miroku tomó de la mano a su querida novia Sango y ésta, a su vez, a Kagome.
    Los tres se quedaron bajo el marco de la puerta de entrada al salón, Kagome detrás de Miroku y Sango, y pusieron atención a la conversación que se llevaba a cabo entre Inuyasha y los once muchachos.
    —¿Qué sucedió?—preguntó él.
    —¡Nos atacaron!—respondió alguien con exagerado dramatismo.
    Kagome observó entre el espacio que dejaban los cuerpos de Miroku y Sango, a un muchacho de extraño cabello en cresta discutir con Inuyasha.
    —¿Quién fue?—inquirió Inuyasha.
    —No lo sabemos. No pudimos ver el barco porque el ataque fue en la noche—respondió automáticamente el mismo muchacho de cresta blanca.
    —¿Jinenji ha…?—insinuó Inuyasha sin preocuparse en esconder su dolor.
    —Si.
    Inuyasha se levantó de su sillón y dio un paseo por el salón, maquinando algo en su cabeza.
    Kagome observó la escena desde atrás de Miroku y Sango, y no supo qué, pero aquellos sobrevivientes tenían algo extraño.
    Algo en su comportamiento y en el estado de su salud. Algo en la forma autómata de contestar y en la mirada que se lanzaban entre ellos. Algo en la frialdad con la que abordaban el tema.
    Simplemente eran extraños, se dijo Kagome. Ella nunca había estado en una situación así, pero Inuyasha debería saber como enfrentar el tema.
    —El barco que se hundió estaba destrozado, de seguro fue un ataque violento—dijo Inuyasha.
    —Así es, capitán—contestó el muchacho.
    —Sin embargo ustedes no han sufrido heridas graves—observó.
    El chico de cresta miró al compañero mas cercano e intercambiaron una corta mirada que Inuyasha ignoró, pero que Kagome no.
    Solo están atormentados, pensó Kagome.
    —Tuvimos suerte, capitán.
    —¿Tu nombre?
    —Oh…que descortés. Hakkaku, capitán, un gusto.
    .
    La llegada de los sobrevivientes impuso una incómoda diferencia. A pesar del tamaño del barco, éste estaba diseñado para la comodidad de cierta cantidad de tripulantes, los cuales estaba claro que sobraban.
    El cambio se notó primero a la hora de la cena. De nuevo Inuyasha le había ordenado a Kagome a servirla pero, esta vez, sin la invitación para quedarse a cenar.
    ¿Es que quiere matarme de hambre o de soledad?, pensó Kagome mientras sus pasos la llevaban hacia el comedor para servir los primeros platos.
    Se escabulló entre las apretadas sillas como pudo, llevándose consigo las miradas asombradas de los nuevos compañeros.
    —¡Pero si esa es la princesa!—exclamó uno. A Kagome comenzaba a fastidiarle esa clase de comportamientos.
    —Entonces era cierto…—susurró otro.
    —¿El qué?—preguntó Inuyasha a la defensiva.
    —Que la princesa había sido secuestrada. Los rumores corren rápido, capitán, y lo hemos escuchado hace unos días cuando arribamos al puerto de Flockton.
    El príncipe Houyo está realmente angustiado por el secuestro—rió— ¡Y como no si iba a casarse en estos días!
    —Vaya ¿Y también se anda comentando que se convirtió en una esclava?—se mofó Kikyo mientras recibía su plato de comida.
    Kagome decidió no prestarle atención y tan solo recibió los platos que le traía Miroku desde la bodega—él siempre la ayudaba en alguna clase de orden tal como limpiar, arreglar o servir—.
    —Ha sido una linda adquisición, Inuyasha—aprobó otro con confianza otro marinero cuando Kagome se amoldaba para pasar detrás de su silla.
    —¿Ah si?—preguntó Inuyasha desprovisto de toda simpatía.
    —Por supuesto ¡Mira lo que es esta princesa!—rió y aprovechó que Kagome había salido victoriosa de su lucha con las apretujadas sillas, para poner su mano en el trasero de la chica, completamente insolente.
    Kagome dejó el último plato sobre la mesa y encaró al viejo pirata.
    —¿Qué haces?—chilló.
    Fue tal la rapidez del pirata y la poca libertad de la muchacha entre las sillas, que Kagome no pudo resistirse al agarre del hombre cuando la tomó por la cintura y la sentó en sus piernas. Él acarició el vientre plano de Kagome a pesar de los intentos de la chica para levantarse.
    —¡Suéltame!—se quejó, pero solo oyó algunas risas.
    —¡Hey!—exclamó Miroku.
    Sango le había tirado un panecillo al viejo pirata con toda su fuerza y Miroku ya estaba protestando. Pero fue Inuyasha quien, imponiéndose, acabó con el descaro.
    Se levantó de la mesa y golpeó la madera con sus manos fuertemente, haciendo saltar algunos de los objetos sobre ella.
    —Si no quieres terminar en el fondo del mar, será mejor que le quites las manos de encima—lo amenazó.
    El pirata colocó ambas manos a la altura de su cabeza, como señal negativa para pelear. Kagome no dudó en aplastar la cabeza del hombre en la mesa cuando estuvo de pié, lo que provocó las risas en la mesa y también, se fijó, con disimulo, la risa de Inuyasha.
    Y por supuesto que Kikyo eliminó con la mirada a Kagome
    —¿Qué pasa Inuyasha?—preguntó Kikyo— si no te conociera diría que estabas... algo asi como celoso—comentó con maldad.
    Inuyasha tosió cuando sintió que se atragantaba con el vino y cuando estuvo bien, contestó a Kikyo aparentando toda la calma del mundo.
    —¿Celoso? ¿Y de que?
    —No lo se, eso deberías decirlo tú.
    Inuyasha paseó su mirada por la mesa entera y se detuvo en la de Kagome, quien, apoyada en el marco de la puerta del comedor, bajó la suya hasta sus pies en el momento exacto en el que un color escarlata le teñía las mejillas.
    —¡Hey! ¿Quién quiere mas?—preguntó Miroku intentando desviar el tema.
    —¡Yo, yo quiero!—gritó Shippo desde el otro lado de la mesa.
    —Me parece muy bien Shippo, pues estás en edad de crecimiento—Dijo Miroku elevando su voz exageradamente— ¿Tú que opinas Sango?
    —¡Opino lo mismo que tú!—Dijo alegremente mientras Inuyasha y Kikyo se mataban con la mirada.
    —¡Por supuesto que si, mi querida Sango! Este enano de ocho años debe estar fuerte para poder seguir maltratando a Inuyasha.
    —Ya sabes que no me gusta ese trato con las mujeres—respondió Inuyasha con simpleza, a la pregunta que había formulado Kikyo.
    —Óigame, capitán—llamó uno de los marineros sobrevivientes— ¿No ha pensado en venderla? Podría sacar una buena suma de dinero.
    —Ya he dicho que cobraremos esa recompensa y asunto resuelto—dijo con rudeza, harto de los cuestionamientos.
    —¿Y cuando tienes pensado mandar la cifra?—inquirió Kikyo.
    —Cuando se me plazca.
    Kagome vio desde su lugar como Inuyasha se acercaba al oído de Kikyo para susurrarle algunas cosas que nadie oyó. Le pareció ver que discutían, por los rostros de ambos y los gestos de ira reprimida que articulaban.
    Entonces optó por salir del comedor, puesto que no tenía un lugar allí, y el quedarse parada en el marco de la puerta viendo como todos comían no le hacía muy bien para olvidar el hambre.
    Mientras tanto, Shippo, una vez devorados sus alimentos, saltó de la silla y corrió en dirección a la cubierta, donde sabía que encontraría a Kagome observando el cielo, como única distracción.
    —¿A dónde vas, enano?—preguntó Inuyasha.
    —¡Ya te he dicho que no me digas enano, tonto! Y para que sepas me voy a jugar con Kagome y…—tomó un plato de comida de la mesa— a llevarle algo para que coma ya que tú, bestia, eres un desconsiderado—le sacó la lengua mientras corría hacia el exterior.
    —¡Enano ven acá! ¡Primero dime que quisiste decir con eso de desconsiderado!—gritó.
    Pero Shippo había desaparecido ya, pensando, convencido, en que Inuyasha era un tonto. ¡El tonto más tonto de los tontos!
    Sentada en la cubierta, Kagome olisqueaba su vestido. Hacía semanas que llevaba puesta la misma ropa y, aunque ella no la sentía sucia, comenzaba a hartarse de usarla, sin decir que no la protegía del frío que recorría el océano.
    El pequeño Shippo la sorprendió en medio de su debate interno acerca de su higiene para que jugaran juntos, situación por la cual Kagome se había quedado despierta varias horas mas, a pesar del sueño que la invadía.
    Cuando Shippo estuvo lo suficientemente agotado como para acabar con sus juegos, liberó a Kagome para que, por fin se retirara para entregarse a un profundo sueño.
    Ya sin temor alguno de recorrer los pasillos oscuros del gran barco pirata, Kagome caminó medio dormida hasta la puerta de su cuarto, la cual abrió lentamente y, una vez dentro de la fría habitación, se desplomó sobre su cama.
    Abrió los ojos de golpe cuando sintió el relieve bajo las sábanas y, automáticamente, saltó hacia el otro lado de la habitación. Alguien se había acostado sobre la cama de la muchacha o era que ella se había equivocado de habitación.
    El hombre que se hallaba soñando en su almohada emitió un gemido en medio de la oscuridad y, acto seguido, prendió una vela sobre su mesita de luz.
    Kagome miró horrorizada la sonrisa torcida del pirata intruso —ya que gracias a la luz reconoció el cuarto donde había dormido desde hacía dos semanas— y como acto instantáneo movió sus pies hacia atrás, pegando su espalda a la puerta de madera.
    —Buenas noches, princesa—rió—no pensé tenerla de visita en mi primer noche, pero creo que no esta nada mal—le dijo con lujuria dando un paso hacia ella.
    Kagome instantáneamente abrió la puerta que tenía detrás de ella y salió rápidamente de su propio cuarto. No se reprimió al despotricar, a los cuatro vientos, en el medio del pasillo que conectaba hacia todas las habitaciones de tripulantes durmientes. Porque, ¡Genial!, ahora no tenía cuarto, y todo por el poco espacio que había para que duerman los nuevos compañeros.
    Y lo peor de todo: se congelaba del frío.
    —¡¡Maldición!! ¡¡MUERO DE FRÍO!!
    —¿Estás loca?¿Qué diablos te pasa?—preguntó aquella vocecita áspera tan conocida para ella. La mas inquietante pero, a la vez, la mas protectora.
    —Nada—dijo cruzándose de brazos Kagome, al no poder competir contra aquella mirada ámbar sumamente penetrante.
    —¿Y por eso me despiertas con tus gritos?—inquirió Inuyasha en tono amable—Si tienes frío puedo darte algo.
    —No, gracias…
    —¿Qué haces despierta?—volvió a preguntar él, insistente.
    —Vine de jugar con Shippo y…hay un hombre durmiendo en mi cama así que… —hizo un gesto incomprensible con su rostro, como restándole importancia al asunto y luego volvió a hablar— que duermas bien—dio un paso atrás, dispuesta a marcharse a la cubierta.
    —¿A dónde te crees que vas?—Inuyasha le tomó una de las muñecas cuando
    ella empezaba a girarse en dirección a la salida para la cubierta.
    —Andaré en la cubierta hasta que pueda acostarme—respondió con enfado, harta de sus preguntas.
    —¿Estás loca? Vas a morirte de frío. Mejor ven conmigo—le sugirió él con su rostro neutro.
    —¿Qué?—preguntó incrédula.
    —Que vengas a dormir conmigo, y es una orden.
    Desde ese momento Kagome ya no fue dueña de sus movimientos. Desorientada dejó que Inuyasha tirara de su mano hasta introducirla en su lujoso cuarto, donde imperaba esa magnifica, tentadora y gran cama.
    Cuando estuvieron encerrados en la recamara, Kagome recuperó su mente y su cuerpo, aunque el ver a Inuyasha quitándose la ropa no hizo mas que convertirla en una muestra clara de lo que era el carmesí y en paralizar cada una de sus extremidades.
    —¡Espera…! No pensarás que dormiremos juntos—afirmó.
    —Por supuesto que lo haremos, Kagome—dijo él terminando de quitarse la camisa y quedándose con su pantalón de siempre.
    —¡No dormiré contigo!
    —¿Y que propones? ¿Irte a dormir a la cubierta? Si quieres enfermar no te detendré, pero ni se te ocurra morirte o no podré pedir la recompensa—le explicó—Además te dije que era un orden y como buena esclava debes obedecer—terminó de decir con arrogancia.
    —¡Eres detestable!
    —Lo se, pequeña, y ya no te pongas dura.
    Inuyasha se tiró de espaldas a la cama y juntó sus menos detrás de su nuca.
    Kagome pensó que si aceptaba, por lo menos dormiría en una cama cómoda y no pasaría frío. Ya,…no podía resistirse.
    Suspiró vencida y se sentó al borde de la cama para comenzar a quitarse los zapatos, no sin antes escuchar una risa de triunfo.
    —¿Duermes desnuda?—preguntó Inuyasha con una sonrisa igual de pervertida que las que le mandaba Miroku a Sango, cuando Kagome los encontraba solos.
    —Claro que no—respondió Kagome sin mirarlo y se quitó el vestido, quedando en ropa interior. Una camisa de seda no demasiado ajustada y con encajes sotisficados que le llegaba hasta el muslo.
    —Ah, porque yo sí.
    —¿Cómo dices? No te atrevas—lo amenazó Kagome claramente nerviosa.
    —¿Por qué? No me digas que te da vergüenza.
    —¡¿Pues que esperabas, tonto?!—chilló, roja hasta la médula.
    —Si te soy sincero…—comenzó Inuyasha, acostándose de lado para mirarla mejor— esperaba que te gustara. A todas las mujeres le gusto.
    —Eres un creído ¿Qué te hace pensar que me gustas?
    —No lo se—respondió con honestidad— ¿Te gusto?
    —¿Qué? ¿Cómo te atreves? Por si no lo sabías, yo me estaría casando justo mañana.
    —Ah, si. Con el tonto príncipe de Dinamarca. Y dime ¿Cuándo arreglaron la boda tus papis? ¿A tus cinco años, o a los diez? ¡Oh, quizás cuando naciste ya te habían condenado!—se burló.
    —No sabes nada…
    —Contéstame la pregunta.
    Kagome hizo una larga pausa antes de contestar.
    —Yo tenía nueve años y él quince ¿Contento?
    —No. Y dime otra cosa ¿Lo amas?
    La mirada de Kagome se volvió hostil y ofendida cuando Inuyasha formuló la pregunta. Y responderla sería, para la muchacha, un bajo golpe a su entrenado orgullo.
    —¿Te importa?
    —Digamos que me intriga saber.
    —Pues…no,…no lo amo.
    Kagome cerró sus ojos chocolate y se desplomó sobre su mullida almohada. Inuyasha se inclinó mas para verla, tanto que su rostro quedaba sobre el hombro pálido de la muchacha.
    —Lo sabía—se afirmó a él mismo— ¿Por qué no te rebelas?
    —¿Qué? Jamás se me había ocurrido eso—dijo Kagome abriendo sus ojos, sin inmutarse por la cercanía del chico.
    —¿No? Bueno…es normal si vienes de la realeza. Se supone que no tienes motivos para iniciar una rebelión…El Pueblo sí.
    —Eso lo se… ¿Sabes?—sonrió— No quiero ser reina.
    —¡Estas bromeando!—dijo con exageración Inuyasha, solo para contagiarle su improvisada risa a la mujer en su cama.
    —Lo digo enserio…—confesó con una repentina confianza hacia el chico— Se que es extraño pero no me agrada demasiado la idea.
    —Supongo que tienes razón. Pero si tan disgustada estas ¿Por qué no te escapas? Digo, cuando vuelvas…
    —Soy la única heredera al trono…no podría hacerle esto a mis padres.
    —No puedes sentenciarte a ser infeliz tampoco.
    —Pero, aunque lo hiciera, no tengo nada fuera del trono que me espere. Nada
    ni nadie.
    Inuyasha lo meditó un rato fundiendo el dorado de sus ojos con el castaño de los de Kagome, para luego susurrar:
    —Podrías…venir conmigo. Yo podría ayudarte.
    —¿Qué dices? ¿Y que se supone que haré? ¿Saquear barcos y puertos, o secuestrar princesas?—cuestionó con aprensión.
    —No lo mires de ese modo. Tan solo sé libre.
    Ella suspiró fascinada con la idea, aunque sin ni una pizca de seguridad que le dijera qué era lo que debía hacer o que simplemente la convenciera de sus mismos pensamientos. Todo en ella era caos.
    —Soy una esclava—bromeó ella, quitándole una risa a su amo.
    —Solo esclava—puntualizó con cierto aire erótico en su pronunciación— ¿Qué pasaría si te digo que conmigo puedes ser libre? ¿Y si te ordeno serlo?
    —Te creería…
    —Entonces…—prosiguió él, pero Kagome lo detuvo.
    —¡Basta! Me estas confundiendo…—Y sin poder evitarlo, las lagrimas comenzaron a amontonarse en sus ojos, nublándole la visión.
    Inuyasha se paralizó en ese mismo instante, cosa que terminó por descolocar a Kagome.
    —¡No…no llores, Kagome!—exclamó desesperado, pero el llanto de Kagome se volvió inminente— Ya…¡Rayos…! ¿Qué puedo hacer?—se dijo para sí mismo escuchando a Kagome llorar como lo hacía el enano de Shippo— ¿Prefieres que te devuelva a tu casa?—Kagome negó con la cabeza tiernamente y ocultó su rostro entre las sabanas que le cubrían el cuerpo pero dejando al descubierto sus grandes ojos— ¿No? —Preguntó rascándose la cabeza— ¿Quieres…que…hablemos de otra cosa? ¡Ya se! A ti… te gustaría… ¡Un ataque de cosquillas!
    Saltó sobre la chica y comenzó a mover frenéticamente sus dedos por las costillas de la muchacha, quien no tardó en abandonar el llanto y retorcerse en la cama por la risa. Sin piedad, Inuyasha movió sus manos en ella por un rato, hasta que Kagome puso sus manos en su rostro para detenerlo y mirarlo con una gran sonrisa que lo dejó ciego.
    Y fuera de si.
    —¿O…quieres que…te bese?—preguntó hipnotizado.
    Inuyasha bajó su rostro hasta el, ahora escarlata, de Kagome y presionó sus labios suavemente contra los de ella. Nada profundo, solo un tierno roce, cual dos niños dándose el primer beso.
    El chico volvió a separar su boca de la de la muchacha y la miró por un instante. Luego volvió a hablar, esta vez con su sonrisa torcida:
    —Me pregunto que pensaría el Príncipe Houyo si supiera que nos hemos besado el día antes de su boda.

    Disculpen si les molesta que haya salido toda pegadita la historia XD..
    como no pudieron darse cuenta d elo que le pasaba a inuyasha? (bastante pjerin para mi gusto pero bue...(?)) ja xD
    GRacias!!
    adieuuuu
     
  2.  
    NutS

    NutS Entusiasta

    Acuario
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    Re: Mar adentro

    kyaaa¡¡¡
    que lindo el capi¡¡¡
    me encanto.....
    no se me hacen muy confiables esos piratas nuevos ¬¬ creo que algo traman....
    kyaaaa¡¡¡¡¡ inu le dio un besito ^^ ^^ que emocion
    me encanto esa parte
    te quedo muy linda *.*

    IxK NutS :vacabaila:
     
  3.  
    Ami Hoshi

    Ami Hoshi Usuario común

    Libra
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    Re: Mar adentro

    *-* ¡Perfecto, Reina momito!!!! ¡Como todos tus Fan Fics!! LA verdad con solo ver que eras tu lo vine a leer. Solo tienes unos errocitos. En cuanto al uso de los guiones.
    Ves son pocos. El primero: Luego de que tu personaje termina de hablar se separa el guión de la letra. Segundo: Cuando vuelve a hablar en la misma frase, oración o linea. Luego del guión va un punto y seguido. Así.
    Nada dificil. Note que te comiste uno que otro signo de exclamación. Y te faltaron algunas tildes. Son cosas tontas, pero se pueden corregir. De verdad me gusta como escribes, y este fan fic esta muy bueno.

    Me gusta mucho la relación capitan/esclava. Es divertida. Espero leerte pronto.
    Atte. Ami Hoshi (Vampire star).
     
  4.  
    LiFeInu

    LiFeInu Entusiasta

    Piscis
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    Escritor
    Re: Mar adentro

    Hola!!! me gusta tu fan fic, me gustaria que le dieras seguimiento a tu historia...
    y mu lindo momento el de Inuyasha y Kagome al darce un lindo beso aunque fue
    muy corto espero que alla mas momentos como este.
    Bueno pues... Bay.
     
  5.  
    Kotono

    Kotono Fanático

    Virgo
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    Re: Mar adentro

    Este fanfic va de mil maravillas =)!

    Los sobrevivientes esos me huelen feo, y no es por que no se bañen, espero que pronto se bajen del barco. Aunque admito que le dan sabor a la historia, ver como todos defendieron a Kagome de tipo aquel... me dio gracia lo de Sango xDDD

    Y bueno, el primer beso entre el capitan y su sirviente, demasiado inocente para lo que se esperaba de Inuyasha, me imagino que sera respeto o es que se esta enamorando (?).

    Espero ansiosa la proxima continuacion :3
     
  6.  
    Inukax

    Inukax Entusiasta

    Tauro
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    Re: Mar adentro

    El primer besO....!!!!!!!!!
    wi.........
    me hace feliz saber k ya todo esta bien.... y k se besaron
    nO se xk me borraron el post de la conti anterior...."!!"!
    xk so habran borrado???? :(
    pero yo si habia posteado....!!
    no confio en esos nuevos "naufragos"
    ash! se me hace k no son de fiar...!!!
    jejejejeje-------- eso lo tiene k descubrir nuestro amado y bello capitan..!!!!!
    pero se me hace k ellos kieren robarse a kagome y cobrar recompenza
    o peor aun.... violarla.. :( inu tiene k evitar eso a toda costa
    Hablando de otra cosa, ya kiero ver la cara de kikio cuando se entere de ese beso..!!!
    espero k pongas la conti pronto
    Me a encantado*
    no tengo ninguna queja de este fics..!!
    solo lo del lemon!!
    kiero k pongas lemon...!!!
    Nos seguimos leyendo..!
    Cuidate....
    Bye!
     
  7.  
    PuG@ Ch@n :D

    PuG@ Ch@n :D Entusiasta

    Leo
    Miembro desde:
    2 Junio 2005
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    Re: Mar adentro

    Hola!!!
    Excelente continuación de una excelente escritora!!.. ya me imaginaba q esos 2 no se iban a poder estar quietos jajajaja... q hará Kikyo cuando c entere de ese beso.. o mejor aún... se volverán a besar??? ;)
    Excelente historia!! :D
     
  8.  
    BelAhome

    BelAhome Usuario común

    Aries
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    Escritor
    Re: Mar adentro

    Considero que después de dos semanas sin un baño ni la misma Kagome podría oler a rosas xD
    Hiciste un pequeño giro al final: terminaste desde la perspectiva de Inuyasha. Interesante.
    Así que ahora tenemos sobre población en el barco que de por sí es muy sospechosa... ¿Qué pasará?
    Esperar... :(
    No tardes mucho.
    Excelente capítulo.
     
  9.  
    Reina Momo

    Reina Momo Entusiasta

    Virgo
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    Re: Mar adentro

    Capitulo 5: Secuestrada.



    La casi imperceptible sonrisa de Inuyasha desapareció cuando Kagome lo empujó para que se hiciera a un lado de la cama, y ella se reincorporó velozmente logrando que sus frentes casi chocaran. Así Inuyasha se desplomó en su lado de la cama y miró el techo del cuarto.

    —¿Cómo te atreves? —le increpó ella.

    —¿Eh? —preguntó él, saliendo de su letargo y clavando sus ojos en los de ella.

    —¿Que por qué me besaste? —puntualizó la chica.

    —Ah, eso. Pues…no se —El joven pirata volvió a posar su vista en la madera del techo y continuó pensando, esbozando a veces, unas ligeras sonrisas.

    —¿O sea que andas besando a chicas por ahí, solo por nada?

    —Suelo hacerlo… —dijo aún sumergido en sus cavilaciones— . ¿Qué pensabas? —se recostó de lado, apoyado sobre uno de sus codos para observar a la vieja adolescente.

    —¿Sobre qué?

    —Sobre por qué te besé —explicó, dejando ver todo su interés en la charla.

    —Yo que sé…son cosas tuyas.

    —¿Te enojaste?

    —No —por debajo de las sábanas flexionó sus rodillas y por encima de la tela se abrazó a las mismas.

    —Lo lamento. Fue todo lo que se me ocurrió para que dejes de llorar. Pensé que te gustaría —sonrió—. Aunque no lo creas, me desespera ver a las mujeres llorar.

    —Bien, supongo que gracias. ¿Puedo hacerte una pregunta yo?

    —Si, la que quieras —respondió divertido.

    —¿Cuántos años tienes?

    —Veintidós.

    —Y…mmm…¿Por qué navegas?

    —Básicamente por mi madre.

    —¿Por tu madre? ¿Y por que?

    —Por tu padre —sonrió.

    —¿Te gustaría ser mas directo?—Increpó entornando sus ojos marrones.

    —El rey destruyó mi hogar cuando yo era pequeño. Fue durante el período expansivo que arrasó con varias casas, entre ellas la mía. Desde que empecé a saquear barcos y puertos fue que le pude construir una casa a ella. Y ahora se ha hecho costumbre.

    —¿Y…tu padre?

    —Muerto.

    —Lo lamento —dijo con amargura— ¿Ya ves? No me gustaría hacer lo mismo que mi padre…

    —Todo está en ti. Pero podrias ser libre.

    Inuyasha era un rebelde y parecía realmente seguro de lo que decía, pero para Kagome no era tan fácil. Ella tenía un deber, una responsabilidad como única heredera del trono y no podría decepcionar a sus padres. Además, él era un arriesgado y ella prefería ir a lo seguro, a su reino, a la corona.
    Aunque no podía quitarse de la mente, la incertidumbre de saber como sería su vida si aceptaba la propuesta de Inuyasha. ¿Ser libre? ¿Podría Kagome pasar sus días en compañía de Inuyasha? Sabía que no podía ser malo; él se mostraba particularmente atento con ella, —cuando no le agarraba la locura de tratarla de esclava— sincero e incluso divertido.

    ¿De verdad podría ser feliz en compañía del apuesto pirata?

    Paz era lo que había sentido en el momento en que sus labios se encontraron tan efímeramente. En cualquier otra situación se habría enojado y, quizás, con una compañía menos interesante y extravagante, mucho más.
    Inuyasha era para Kagome, de esas personas que se hacen atrayentes para conocer, porque él tenía algo que lo hacía único. O quizás fuera que ella había conocido a pocas personas como él; mejor dicho, ninguna. Valiente, arriesgado, despreocupado y noble. ¿Sería por eso que Kagome se sentía atraída por él? Porque más allá de tener presente siempre las palabras de sus amigas sobre su apariencia, y más allá de compartir la opinión de ellas, Kagome no podía dejar de sentir cierta admiración hacía él.
    Debería ser la personalidad del chico, o su postura frente a los problemas. Era tan despreocupado que Kagome deseaba poder ser, solo un poco, como él.


    Kagome hizo de sus labios una línea antes de recostar su cabeza en la almohada pomposa y blanca, y se tapó hasta el cuello con el grueso edredón.
    A su lado, Inuyasha hizo lo mismo luego de haber soplado la vela que los iluminaba y se recostó de lado, mirando hacia Kagome quien se había quedado mirando a la nada.

    —¿Kagome?

    —¿Si? —preguntó ella apenas sintió el tibio aliento de Inuyasha, pegando de lleno en su oído. Debería de estar cerca, supuso.

    —¿Todavía tienes frío?

    —Ya estoy bien —respondió esbozando una sonrisa y girando su cabeza para el lado de donde provenía su ronca voz.

    —Mañana puedo decirle a Sango que te de ropa. ¿Quieres?

    —Si —rió—. Gracias —se acomodó mejor en la cama y luego escuchó y sintió que el joven hacía lo mismo.

    —¿Estas sonriendo en este momento? —preguntó él, con su tono de voz detonando en regocijo.

    —¡Si! —volvió a reír ella, sin encontrar los motivos por los cuales hacerlo.

    —Oh, me gusta tu sonrisa ¿Sabes? —esta vez su voz sonó mas forzada, como si requiriera un gran esfuerzo decir aquello.

    Kagome estalló en carcajadas, ya que el sentimiento de júbilo que sentía en esos momentos no encajaba en su pecho, y en la oscuridad escuchó que Inuyasha dejaba escapar una risotada también.

    —Tu también tienes una bella sonrisa —se animó a decir— ¿Pero por que me lo dices?

    —¿Eh? ¿Y por qué no decírtelo? Simplemente lo sentí y te lo dije —contestó él, haciendo gala de la faceta despreocupada que tanto envidiaba ella.

    —Gracias —susurró Kagome.

    No era que se olvidara que estaba secuestrada, pero Inuyasha era un buen chico y Kagome sentía febrilmente la esperanza que, inconcientemente, le había transmitido el joven pirata.
    Cerró sus ojos para entregarse a los sueños y cuando lo hizo sintió la respiración de Inuyasha en su frente. ¿Estarían muy cerca? De seguro iba a ponerse nerviosa cuando la luz del Sol le diera la respuesta en la mañana, cuando Kagome abriera los ojos. Pero por el momento no importaba, solo quería dormir.


    Debería ser la magia del buen dormir, o del buen colchón, que transportaron a Kagome a una tierra lejana en sus sueños, donde todo era verde y azul.
    En su sueño ella se vio recostada en el pasto observando un cielo celeste, iluminado por el Sol radiante, allá en lo alto. Intentó percibir todo con sus sentidos, lo olores, las caricias del viento, la textura de la hierba bajo sus manos, todo. Y fue entonces que sintió que aferraba fuertemente algo con sus manos. Se lo llevó frente a sus ojos y lo examinó. Era un pañuelo violeta, grande y con señales claras de haber sido usado, lo cual dejaba un rastro de efluvio bastante particular que ya había olido antes.

    Y a ese pañuelo también. ¿En donde lo había visto?

    ----

    Como hacía diariamente desde hacía dos semanas una vez despierta, Kagome se encaminó hacia la soleada cubierta, donde pasaba todo el día junto a Miroku, Sango y Shippo.

    Al abrir sus ojos se había encontrado sola en la cama del joven pirata, que yacía revuelta y malditamente impregnada del aroma de él. Tal y como lo estaba ella. Entonces tomó su vestido rojo del suelo y se cubrió con él, como parte de la rutina.

    Y como era normal en el barco, en la cubierta los tripulantes mostraban su lado mas alegre, que parecía esfumarse por la noche y, mas precisamente, a la hora de la cena.

    —¿Cómo le va, princesa? —preguntó un viejo pirata de nombre Totosai, que venía siendo amable con ella desde el primer momento en que pisó el navío.

    —Muy bien ¿Y usted?

    —Con la espalda hecha polvo —contestó y continuó con sus tareas.

    Siguiendo en la búsqueda de sus tres amigos, Kagome se plantó en la proa y pasaron segundos antes de que otro pirata volviera a saludarla. Y otro, y otro, y otro…

    —¡Oiga, princesa, feliz casamiento!—gritó uno haciendo reír a sus amigos.

    —Cállate…—dijo ella cruzándose de brazos.

    —¿Casamiento frustrado?—sonrió el mismo pirata— ¿Por qué no se casa conmigo?

    Ella soltó una risa, y respondió al muchacho con total simpatía.

    —Voy a pensarlo, Forley.

    El chico se limitó a sonreír y a hacerle una pequeña reverencia con su cabeza. Kagome enseguida encontró a sus amigos, con las cabezas juntas y hablando en susurros, echo que no pasó desapercibido por la princesa. Se colocó detrás de ellos y cuando vio que ellos no se habían percatado de su presencia, se sintió molesta.

    —¿Qué estan cuchicheando…?

    Miroku le hizo un gesto con la mano para que cerrara el círculo íntimo, pero fue Shippo quien habló.

    —¿Ya has visto a los sobrevivientes del barco de Jineji?

    —Claro que si, Shippo y uno de ellos es muy desagradable —contestó Kagome recordando el episodio de la cena en la noche anterior— ¿Qué sucede con ellos?

    —¿No has notado lo raros que están? Digo, acaban de perder a sus amigos con el hundimiento del barco y a su capitán. En su lugar yo estaría destrozada.

    —Ese tal Ginta… mira tanto a Sango…—se quejó Miroku.

    Sango rió y luego giró su cabeza hacia el resto del barco, soltó un suspiro y bufó. Intrigada, Kagome volteó su vista hacia donde la castaña lo había echo y observó a Kikyo colgada del cuello de Inuyasha.

    —Harían bonita pareja ¿Verdad? —comentó la princesa— lastima que Inuyasha no la quiera.

    —Kagome…—llamó Shippo— Tú te pareces mucho a Kikyo…¿Sabías?


    Los días en el barco comenzaban a hacerse muy parecidos, exceptuando ese algo que enseñaba el nuevo día. Quizás Kagome estuviera conociendo mas a toda esa gente que la rodeaba, y tal vez fuera eso lo que marcaba la diferencia. Por el momento no habían peleas con su parecida Kikyo, ni se cruzaban con frecuencia, ni hablaban, ni siquiera Inuyasha intentaba convencerla para destensar los cruces. Caso contrario era el resto de los tripulantes, que disfrutaban con cada encuentro de palabras entre ambas, que, últimamente, se hacían mas cortos.

    En la cena de la noche siguiente, Inuyasha invitó a Kagome a sentarse a la mesa junto al resto de los tripulantes y ella se ubicó en el medio de Sango y Shippo. De servir la cena se encargaron otros tres tripulantes, que fueron mucho mas veloces y eficientes que Kagome, cuando la servía con la débil ayuda de Miroku.
    Y confirmó que las sospechas de Miroku eran ciertas. Ese tal Ginta se mostraba muy solidario con Sango, muy atento y la miraba bastante. A su lado la castaña se tensó y Kagome comprobó que era por la insistente mirada del joven.

    No más. Al finalizar su cena, Kagome esperó unos minutos antes de levantarse y dirigirse hacia la cubierta, tal y como solía hacer todas las noches.
    La particularidad que dificultaba la sucesión de las cosas, era la ausencia de la Luna en el cielo. Por lo general Kagome no tenía problemas al estar allí, ya que siempre la luz blanca del astro iluminaba sus pasos. Pero esa noche la negrura había cubierto al navío y Kagome solo podía observar la parte salpicada del cielo, donde brillaban las estrellas.

    Se dejó volar en sus pensamientos, meditando sobre los cambios en su secuestro y las efímeras ganas que tenía de volver a la vida normal. Nada de eso, ella quería seguir experimentando.
    De seguro habrán pasado un par de horas desde que abandonó el comedor, porque las velas que iluminaban a éste fueron apagadas y entonces ella ya no supo donde pisar para volver a su cuarto o, mejor dicho, al cuarto de Inuyasha.
    En fin, era dormir en la cubierta o atreverse a otra noche con Inuyasha.

    Kagome entornó sus ojos cuando oyó murmullos en el ambiente. Estaba segura que todos dormían, y no había motivos para hacer susurrar a ningún pequeño grupo de tripulantes. La muchacha aguzó el oído en la dirección por donde venían los murmullos. ¿El mar? Ciertamente, no podía ver nada, ni siquiera sus manos apoyadas en las barandillas del barco y eso comenzaba a asustarle.
    Debía ser un mal sueño, porque cada vez se hacían mas fuertes los murmullos y cuando menos lo esperó, unas pisadas rápidas estaban haciendo ruido sobre la cubierta. Ahora se sentía ciega.

    —¿Kagome? —preguntó una voz infantil. Al parecer se hallaba tan asustado como ella.

    —¿Shippo? ¿Eres tú? —susurró.

    El pequeño se apresuró para llegar al lugar donde la voz de la princesa se magnificaba y tiró del vestido.

    —Kagome ¿Has oído eso? Tengo miedo. Vayamos adentro…

    —¿Qué? ¿Tú también lo oíste? Esas voces provienen del mar…

    El pequeño niño, con los perfectos conocimientos que tenía sobre el barco, encontró una de las velas que solían alumbrarlo en las noches y una vez encendida se acercó a Kagome.

    —Bien. Dámela…

    Le sonrió a Shippo para inspirarle confianza, y es que la cara de terror que mostraba el pequeño no resultaba nada tranquilizante. Él tendría que estar acostumbrado a esta clase de situaciones. ¿Qué podría salir mal?
    Se apoyó contra la barandilla y estiró su brazo fuera del barco con el inútil intento de iluminar las oscuras aguas.
    Pensando en un nulo resultado, movió su brazo para entrar de una vez por todas a los pasillos del barco, y fue allí cuando pudo verlo todo, o parte de algo inesperado.
    Era una cara, por supuesto que lo era y el corazón de la princesa sucumbía arritmia. ¿Qué podía hacer un rostro flotando a varios metros de las frías aguas?

    La miraba. Sonriente.

    Tanto ella como Shippo rompieron sus gargantas en un fuerte grito que con suerte había despertado a media tripulación.

    Entonces el rostro se acercó y chocó con su cuerpo en la cubierta del barco de Inuyasha. Fue como si Kagome hubiera estado ciega todo el tiempo, ya que en el mar, otro navío gigantesco se había iluminado de repente y allí estaban las mismas voces que había oído antes. Ahora no había nada que pudiera confundirla, aunque el miedo la paralizara.

    Los miembros de la tripulación atacante improvisaron un puente que conectaba ambas naves y a través de él cruzó una pequeñísima cantidad de piratas. Kagome ahogó un grito cuando reconoció a los sobrevivientes entre los intrusos.

    —¡Kagome vamonos! —gritó Shippo. Pero fue demasiado tarde.

    Ella fue arrastrada por tres hombres que le cubrieron la boca y la subieron a esa suerte de puente que habían armado. La princesa miró horrorizada como las aguas heladas se sacudían a escasos metros de su posición en el puente tambaleante.

    —¡Si no quieres morir será mejor que cruces hacia el otro lado! —amenazó el conocido Hakkaku al contemplar el oscuro mar bajo sus pies. Y ella no tuvo mas remedio que hacerlo.

    Shippo se escondió detrás de unos barriles y observó como Kagome era llevada por esos hombres. Observó bien a un pirata en particular que observaba todo desde la proa del barco atacante, él lo conocía estaba seguro. ¡Oh, por supuesto que si! El pequeño huérfano corrió hacia las habitaciones cuando el otro barco volvió a envolverse en la negrura de alta mar y ya no hubieron mas rastros de éste.

    Debía decirle a Inuyasha.



    Hey, gracias por seguirla. Ami Hoshi, gracias x marcarme los errores todos me dicen que los tengo pero no en donde XD y entocnes se complica la cosa..
    Adieu !!
     
  10.  
    Manuxinun

    Manuxinun Iniciado

    Capricornio
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    Pluma de
    Escritor
    Re: Mar adentro

    Hola, me gusta mucho tu fic, y tambien tu forma de narrar.
    continualo y animos.
     
  11.  
    NutS

    NutS Entusiasta

    Acuario
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    Re: Mar adentro

    kyaaa¡¡¡¡

    que mala como lo dejas ahi T.T
    malditos traidores ù.ú
    kyaaa¡¡¡¡ inuyasha despierta tienes que rescatar a kagome
    kyaaa¡¡¡¡¡¡

    me encanto el capi ^^
    y mas me encanto ese ataque de sinceridad que les dio a inu y kagome *.*

    IxK NutS :vacabaila:
     
  12.  
    Kotono

    Kotono Fanático

    Virgo
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    Re: Mar adentro

    Shit >.<!

    Me sorprende que no hubiera velador en el barco, y que Ginta no aprovechara y se llevara a Sango. Digo, si ya se llevan una, que les cuesta una mas? Estan al dos por uno xD.

    En fin; ahora tengo curiosidad de que haran con Kagome, ya que no tienen pinta de buenos. Tambien quiero ver como reaccionara Inuyasha y como contraatacara xP.

    Y el pañuelo violeta usado (tenia mocos? x'D), ese en particular llama mi atencion.

    Estare ansiosa esperando el siguiente capitulo ^.*

    Saludos.
     
  13.  
    Inukax

    Inukax Entusiasta

    Tauro
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    Re: Mar adentro

    Yo sabia...!!!
    Yo sabia k kerian secuestrar a kagome...!!!
    ojala k no la violen ni k le hagan daño :(...!!!
    pobre kagome...!!! Inu la tiene k encontrar y cuidarla...!!
    Ash....!!!! jejejejejeje
    Me tiene preocupadisima la pobre kag...!! :S
    noooooooooooo!!!!!! kagome vuelve,.,,!!
    Inuyasha tenes k encontrarla...!! y salvarla...!!!!
    El unico lemon k puede existir tiene k ser el de inuyasha y kagome...!!
    Nada de lemon kag/tripulantes...!!! nah de eso!!
    si la violan los voy a castrar...!!!
    jejejejejejejeejjeje....
    es en serio...!!!!!!
    Continuala pronto...!!!
    cada dia me encanta mas...!!!!!
    Seguilo pronto...!!!
    cuidate-----
    Bye!
     
  14.  
    Kagome Cullen

    Kagome Cullen Entusiasta

    Tauro
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    Re: Mar adentro

    felicidades ya llevas 2 paginas!!! te quedo muy bien la conti se me hizo corta INUYASHAAA RESCATA A KAG!!!! i love you fic!! me encanta el tema es naraku el capitan del otro barco?? o es koga?? k duda

    el proxiomo hazlo mas largo plis






     
  15.  
    LiFeInu

    LiFeInu Entusiasta

    Piscis
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    Escritor
    Re: Mar adentro

    Hola!!! Me gusto mucho tu continuacion
    y espero que la sigas porfa.
    Pobre de Kagome depersi ya habia sido
    secuestrada por Inuyasha pero al menos
    a ella si le agradoba la idea de estar con el
    o eso creo y espero que ledes conti pronta y
    no nos dejas con esta duda de quie fue quien se
    llevo a Kagome y que Inuyasha pude recuperarla.
    Bueno hasta la proxima conti... Bay.
     
  16.  
    Reina Momo

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    Re: Mar adentro


    Capitulo 6: Capitán Kouga.


    El niño corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron y abrió la puerta de su capitán ansiosamente. En los pasillos del barco ya habían varios tripulantes cuestionándose por los extraños ruidos. A Shippo le molestó y sorprendió que el muy tonto de Inuyasha tuviera el sueño tan pesado en situaciones críticas, así que saltó sobre su cama y le dio un par de cachetadas.

    —¡Inuyasha, Inuyasha! ¡Despiértate!—gritó una vez dejadas ambas mejillas del apuesto pirata de un color rosa intenso.

    —¿Qué…?—preguntó el joven adormilado.

    —¡Se han llevado a Kagome! ¡Levántate!

    —¿Qué Kagome…?—abrió sus ojos dorados y miró alrededor y a los ojos verdes del pequeño insolente— ¡¿Qué?!

    Inuyasha saltó de la cama y corrió hacia la cubierta seguido por el enano.

    —¡Kagome!—gritó a la nada, frustrado por la negrura.

    —¿Qué no me oíste? ¡Te dije que ya se la han llevado!—Shippo se estremeció cuando su capitán lo tomó por el cuello de su limpia camisa y lo levantó hasta ponerlo cara a cara.

    —De seguro te escondiste…—dijo Inuyasha poniendo su mejor cara de desquiciado.

    —¡No, no!—Inuyasha movió sus brazos fuera del barco y el pequeño se vio siendo sostenido sobre las aguas— ¡Bueno, si! ¡Si, si! Ahora méteme adentro…

    Inuyasha lo obedeció y lo miró expectante.

    —¿Cómo sucedió?

    —Pues yo estaba en mi cuarto intentando dormir, pero como me sentía tan lleno por la cena, decidí ir a caminar por la cubierta a ver si me sentía mejor, pero vi que estaba todo oscuro y-

    —¡Shippo! No me interesa saber como fue tu digestión. ¿Pudiste ver algo?

    —Si…

    —¿Y? ¡Habla!

    —¡Era un barco enorme! Se iluminó de pronto y los piratas comenzaron a pasarse para llevarse a Kagome—le explicó con amargura— ¡Los sobrevivientes eran parte de él! Nos habían engañado…y además…

    —Maldición, ¿Además qué?

    —¡Lo vi Inuyasha!—el pequeño se echó a llorar y ocultó su rostro en el pecho de Inuyasha, que tantas veces había actuado como su hermano mayor—ése que te golpea y te da consejos—.

    —Ya dime que mierda viste, enano.

    Inuyasha separó al pequeño de su pecho y se arrodilló para verlo a la cara. Lo despeinó un poco y levantó su mentón con el pulgar y el dedo índice.

    —¡¡Era Kouga!!—hipó.

    Inuyasha endureció sus gestos y maldijo en voz baja. Su puño se estrelló contra la madera del suelo y se puso de pié enseguida. Suspiró, el joven prata, y pasó sus manos por su rostro.

    —¿Viste si la lastimaron? ¿La golpearon, le hicieron algo?

    Shippo negó.

    —Vayamos a rescatarla…

    —Por supuesto que lo haremos, pero con lo oscuro que está no podremos encontrarla ahora…

    Él pasó una de sus manos por su cabello negro y terminó barriéndose el flequillo de la frente. Ahora se sentía jodido, muy jodido. ¿Qué iba a hacer ahora que no tenía a la princesa a la vista? Debía rescatarla si quería cobrar esa jugosa recompensa cifrada en la misma mañana. ¡Estaba tan cerca! De seguro el mensaje no tardaría en llegar y en el continente las cosas deberían de estar bastante moviditas luego de la desaparición de la única heredera al trono británico.

    Pero este Kouga…era capaz de cualquier cosa.

    El joven capitán dio aviso a la tripulación y entre todos acordaron esperar al amanecer para iniciar la búsqueda. No podían estar muy lejos e Inuyasha estaba seguro que los encontraría.
    Se desplomó en el suelo del vacío comedor y rogó porque su princesa se mantuviera sana y salva.

    <><><><><><><><><><><><><>·

    —¿Pero que se creen?—increpó Kagome.

    Aunque no recibió mucha atención. Ella estaba molesta por haber sido secuestrada desde el barco donde ya se hallaba como retenida, y la situación le hizo recordar la noche en la que llegó al gran barco de Inuyasha por primera vez. Ese había sido el primer encuentro con piratas.
    Los tripulantes de este nuevo barco no la habían atado o amordazado, simplemente la condujeron por la parte inferior del barco y la adentraron hacía un pasillo poblado de puertas. El joven Hakkaku abrió una puerta que se hallaba su derecha e hizo entrar a Kagome en el amplio lugar.
    Ella jadeó y si hubiera podido, se hubiera llevado una mano a la boca cuando vio los cuerpos lastimados y agonizantes de una buena cantidad de hombres.

    —¡Kouga, ella ya está aquí!—gritó Hakkaku en la habitación. Kagome giró su rostro cuando por el rabillo del ojo vio moverse una fornida silueta masculina.

    Sus ojos celestes penetrantes se clavaron en Kagome y ella tragó saliva duramente ante la intimidación. Los heridos seguían retorciéndose en el suelo del cuarto y de vez en cuando soltaban gemidos de dolor.

    —¿Quién eres tú? ¿Qué sucede aquí?—exigió saber Kagome, imponiendo la ruda y nula autoridad como alteza.

    —Vaya, pero si es mas bonita en persona—se mofó el muchacho— Quien te habla es el Capitán Kouga ¿Entendiste?—Kagome no respondió.

    —¿Que quieres?

    —Necesito de tu ayuda.

    Kagome se vio libre del agarre de Hakkaku y aprovechó para cuadrar sus hombros y doblar el cuello hacia los costados. Era algo que Inuyasha solía hacer cada vez que pretendía lucir despreocupado—aunque en realidad el nunca pretendía— y a ella se le había pegado el gesto.
    Además de que al joven pirata de ojos dorados le hacía lucir rudo y decidido. ¿Por qué a ella no?

    —No se en que podría ayudarte y en todo caso ¿Por qué no te presentaste en la mañana y lo pediste amablemente?

    Kouga soltó una carcajada y la invitó a sentarse en una silla, pero ella se rehusó.

    —Se nota que vives aislada en el palacio de Holyrood ¿verdad que si? Las cosas entre piratas no funcionan como sueles ver entre los de tu clase y mucho menos si lo pretendes entre Inuyasha y yo—se explicó el joven con una sonrisa de suficiencia— aunque eso no viene al caso.

    —Explícate—Kagome tembló ligeramente gracias al mirar intenso de Kouga. Kagome no podía creer que hubiera capitanes tan apuestos…

    —No tuve mas opción que infiltrar a varios de mis hombres para poder sacarte de allí. Fue una idea que se cruzó por mi mente luego de saquear el último barco…—le contó Kouga y Kagome supo que se refería al barco de ese Jinenji por el que todos se lamentaban en el barco de Inuyasha— Verás… nosotros mismos sufrimos el ataque de un barco. No me preguntes liderado por quién porque no lo sé. Jamás lo había visto y apareció de la nada por la noche. Lo raro fue que no se llevaron nada, simplemente hirieron a mis hombres, como puedes ver—hizo un ademán al señalar a los heridos— y volvieron a desaparecer. Creo que buscaban algo…

    —¿Algo?—preguntó Kagome, repentinamente interesada en la historia, y sintiendo una oleada de compasión que no pudo explicar.

    Ella se sentó en una silla frente a Kouga y ejerció toda la fuerza de su mirada en él, que suspiró y observó con pena a sus amigos.

    —Princesa…los rumores corren muy rápido, mucho mas de lo que puedes imaginar. Tú eres un motín muy suculento y este no sería el segundo barco que pisas si el que te hubiera tomado no hubiera sido Inuyasha.

    —¿A que te refieres?

    —A nada en especial. Él es un poco temido por estos lugares. No todos se atreven a entablar una lucha con él. Excepto yo, por supuesto—agregó con arrogancia.

    —Kouga, ¿Cuál es el punto?

    —Creo que te buscaban a ti, princesa o…a algo muy cercano. ¿Conoces la perla de Shikkon?

    Kagome se endureció en su lugar y volvió a tragar saliva duramente, intentando obviar esa pregunta. Aunque cuanto mas tiempo tardara en responder, mas sospechosa sería su respuesta. Entonces ella se enderezó en su asiento y parpadeó ante el joven.

    —¿Qué tiene que ver la perla?

    —Es la joya mas buscada y de mayor valor que existe en el mundo. Eso sin contar las historias que cuentan los supersticiosos. Los poderes, la suerte. Realmente pega fuerte en el globo…

    Kagome llevó una mano a su pecho instintivamente para tocar la esfera oculta que llevaba colgando de su cuello.

    —Todo eso es mentira. Mi familia ha poseído la joya por años y nada de eso es cierto. No brinda poderes ni tampoco otorga la suerte.

    Y sino mírame, pensó Kagome.

    —Dile eso a alguien que le dio su vida al mar…con el dinero que sacarías al venderla te convertirías en el nuevo amo poderoso del globo…—acordó Kouga restándole importancia al asunto— Lo importante aquí es que tú tienes que salvar a mis amigos.

    —¿Cómo?

    —¿Tienes altos conocimientos en la medicina moderna verdad? Tú puedes sanarlos.

    —¡Yo no estoy segura! Jamás he tratado a gente, solo sé lo teórico.

    Kouga acercó su rostro a ella y le sonrió abiertamente.

    —Siempre hay una primera vez para todo, princesa, y si lo haces bien…—comenzó con un tono impregnado en lujuria que Kagome ya había escuchado en alguien más— te prometo que podrás casarte conmigo.

    Kagome se quedó estática en su lugar pero no le respondió a aquel muchachito creído. Se limitó a tratar con los jóvenes heridos, poniendo en funcionamiento los escasos y bastos conocimientos que ella misma tenía en la medicina.

    El pronóstico—el suyo— no era nada bueno.

    <><><><><><><><><><><><><>·

    —¿Cómo puede ser…?

    Inuyasha movió su pie contra el piso desesperadamente mientras trataba de aplacar su enojo para con el enano pelirrojo. Había amanecido ya, y él estaba dispuesto a encontrar a Kagome, pero ese enano solía ser tan inútil…
    Shippo se ocultó detrás del cuerpo diminuto de Sango y observó a su capitán furioso, soltando, cada tanto, golpes en el pobre Miroku.

    —¿Qué quieres que haga? ¡No es mi culpa! Estaba asustado…—se excusó Shippo,

    —¡Es el colmo que ni siquiera hayas mirado para que dirección se hallaba al barco! ¿Es que no viste la proa? ¡Podría sernos de gran ayuda en estos momentos!—volvió a gritar el capitán.

    —Inuyasha por mas que sigas gritándole a Shippo no vamos a encontrar en estos mismos momentos a Kagome—terció Sango. A su lado, Miroku asintió frenéticamente con la cabeza deformada por las hinchazones.

    —Lo sé—suspiró— para la próxima intenta ser mas valiente y/o intentar obtener alguna pista ¿Está?—Shippo asintió.

    —Pero el barco de Kouga se hallaba a la derecha del nuestro…—recordó el pequeño— Si nosotros nos dirigimos al Norte, entonces la proa del barco de Kouga debería estar apuntando al sur, sino en estos momentos navegaríamos juntos ¿Verdad?

    Miroku e Inuyasha miraron a Shippo estupefactos, y Sango por su parte le sonrió.

    —¡¡Enano, ¿Por qué no me dijiste eso antes?!!

    El grito de Inuyasha se escuchó por todo el navío y enseguida viraron hacia el Sur, a deshacer todo el recorrido que habían hecho desde la captura de Kagome. Aunque no fuera una pista segura de que la encontrarían navegando el línea recta, Inuyasha sintió una chispa de esperanza brotar de su pecho y no la iba a dejar pasar. Debía encontrar a Kagome si o sí.

    <><><><><><><><><><><><><>·

    Para Kagome no era que las cosas con Kouga no fueran parecidas que con Inuyasha. A decir verdad, ella no podía decir que barco era mas lindo, grande o con mayor tripulación, pero sí podía admitir que su habitación era mucho mejor que la que tenía en el otro barco. Esta vez su cama era amplia y con un colchón suave y reconfortante, aunque no tanto como el del Palacio y, al hallarse por encima de la cubierta, tenía una mediana ventana que facilitaba la ventilación del lugar.

    Era su segundo día en el nuevo barco y eso comenzaba a disgustarle. ¿Es que Inuyasha no vendría a buscarla? Kagome guardaba una pequeña llama de esperanza al pensar que ella era importante por servir de intercambio con la magnífica suma de dinero que Inuyasha pretendía sacarle al rey. El debía encontrarla.
    Kagome se creyó tonta cuando, al reposarse sobre uno de los barandales de la cubierta, extrañó a sus amigos—si es que podía llamarse de esa forma—. Shippo, Miroku y Sango habían sido terriblemente amables con ella desde el primer momento. No como Inuyasha que se comportaba con altanería a cada rato y que era el culpable de que una celosa pirata quisiera arrancarle todos los pelos de la cabeza.

    ¿Y si no venía por ella? Él podría darse por vencido y secuestrar a otra princesa, como la de Portugal, por ejemplo.

    Se palmeó la frente por ese último pensamiento. Quizá lo mejor sería mantener la fe.

    —Yo te recomiendo que no te hagas muchas ilusiones—dijo un voz amable de mujer a sus espaldas— No creo que Kouga se case contigo porque él se casará conmigo.

    Kagome se volteó para ver a una pelirroja de ojos verdes que la miraba con tranquilidad. Bien podría ser alguna hermana mayor perdida de Shippo, pero no…no daban los numeros. La princesa se rascó uno de sus brazos distraídamente y pensó. ¿Qué tenían los capitanes con las mujeres? ¿Es que estaba condenada a ser odiada por las pocas mujeres del barco que se enamoraban de sus capitanes? Eso no era justo. Kagome no era propia de esos lugares, no tendría que pasar por esto. Aunque en realidad la muchacha que Kagome tenía enfrente se mostraba cortamente amable.

    —¿Quién eres?—preguntó Kagome.

    —Soy Ayame y también la prometida de Kouga.

    —¿Prometida?—Kagome juntó sus ojos al mirar centímetros sobre la cabeza roja. Ayame pareció confundirse con esa pregunta.

    —Bueno…no todavía, pero no falta mucho.

    —Ya veo…No son muchos en el barco—observó Kagome, con la intención de
    sacar un tema de conversación.

    —No—Ayame se reposó a su lado y ambas miraron las aguas— muchos murieron en el último ataque.

    —Oh, lo siento…

    —Está bien. Estamos agradecidos contigo por haber ayudado a nuestros amigos. Pero ya te dije: no intentes nada con mi capitán.

    Kagome se sintió ofendida por esa forma tan rápida de cambiar de tema y por pensar que ella podría estar interesada en su capitán. ¿Qué se creía todo el mundo? ¡Kagome estaba comprometida con Houyo y se casarían apenas ella volviera de su tour, por los mares del mundo!

    Otro pensamiento la desvió del tema. ¿Y si aceptaba la oferta de Inuyasha? ¡Oh, no! No podría imaginarse convertida en pirata viviendo alguna especie de libertad que no podía vivir en el castillo. Ella había nacido para reinar y simplemente, Inuyasha y Kagome andaban por caminos diferentes. No podían cruzar y encontrarse, era imposible.
    Kagome sintió su pechó encogerse y darle pinchazos. Respiró hondo pero no pudo aplacar ese pequeño malestar.

    Miró el cielo una vez más, antes de que comenzara a oscurecerse y rogó porque él viniera a rescatarla.

    <><><><><><><><><><><><><>·

    —Inuyasha…—llamó Shippo.

    Su capitán estaba recostado en su cama con los ojos cerrados. Aparentaba dormir, pero el pequeño sabía cuando Inuyasha mentía, o por lo menos siempre adivinaba correctamente.
    Con paso sigiloso se acercó al lecho y observó el rostro divino del capitán. Esa expresión no la había visto desde la vez que Miroku había sido herido de gravedad, hacía unos años. Era extraño verlo perturbado. Por lo general Inuyasha siempre era el dueño de la verdad—por así decirlo— y siempre se mostraba seguro y decidido. Pero esta vez no. Su ceño se hallaba fruncido y su boca contraída. Levemente, claro está.

    —¿Qué quieres?—preguntó con voz adormilada.

    —¿Estás triste?—Shippo se arrodilló al costado de la cama y acercó su rostro al de Inuyasha, que abrió sus ojos y observó al pequeño niño.

    —¡Ja! ¿Cómo voy a estar triste? ¿Por qué debería estarlo?—contestó con sinceridad.

    —¡Por Kagome, tonto! ¿No te has parado a pensar en lo que esos tipos podrían hacerle? Matarla, torturarla, venderla o…—tragó saliva haciendo ruido y respiró agitado ante el pensamiento que surcaba su mente— ¡Debemos salvar su castidad, Inuyasha!

    No recibió otra cosa mas que un golpe en su melena naranja. Inuyasha se incorporó y se sentó junto a Shippo, apoyando su espalda en los costados de la cama.

    —¡Ya cállate! Y por supuesto que he pensado en todo eso ¿Por qué crees que estoy preocupado?—confesó cruzándose de brazos y mirando enfurruñado la puerta de su cuarto, frente a él.

    —Oh…Inuyasha…—volvió a llamar.

    —¿Y ahora que?

    —¿Estas preocupado por Kagome?—A su lado Inuyasha apretó su puño y se mordió el labio inferior antes de contestar.

    —¡¡Eso es lo que te acabo de decir!! Y además, ¿Qué esperabas? Soy un ser humano, claro que me preocupo por los demás.

    Se quedaron en silencio un rato. Los dos hombres mirando la puerta de madera que estaba frente a ellos.

    —Debes ponerle un picaporte, Inuyasha—le aconsejó Shippo, tras meditarlo un rato. Luego el silencio volvió a azotarlos.

    No era que Inuyasha estuviera preocupado por Kagome, no por ella, sino porque ¿Cómo demonios iba a cobrar la recompensa?. Era por eso su preocupación, o por lo menos él quiso convencerse de que así fuera.
    De seguro habrían pasado unos minutos cuando volvió a escuchar esa infantil tono de voz a su lado.

    —¿Verdad que Kagome es linda? Si yo fuera grande me casaría con ella—le contó alegre— Y además es una buena muchacha, no como el tonto de su padre.

    —Solo espera a que se convierta en reina…—insinuó Inuyasha con disgusto.

    —Inuyasha me sorprende que dejes pasar a tan linda muchacha. ¡Eres un tonto! Si fuera tú, ya le habría pedido que se case conmigo.

    —Oye enano, esas cosas no son tan fáciles—Inuyasha puso una mano sobre la cabeza de su amigo— las mujeres quieren que las ames, les prometas cuidarlas por la eternidad y esas cosas. Hay que estar enamorado para atarte de esa forma a una sola persona…

    —Pues no te imagino sentando cabeza por una sola mujer pero…

    —¿Pero qué?

    —¿Inuyasha tú no estás enamorado? Digo, ¿No te enamorarías nunca de Kagome?

    ¿Qué si…se enamoraría de esa niña tonta? ¡Eso era imposible puesto que sus caminos estaban muy separados! Aunque de alguna forma quería ayudarla, eso no significaba nada.
    ¿No se enamoraría nunca, entonces?
    Inuyasha miró a Shippo quien parecía verdaderamente seguro de lo que decía. Si el pequeño fuera grande, intentaría conquistar a Kagome. Y a Inuyasha le tentaba esa idea, pero temía que con el tiempo pasara a ser una muchacha mas de las tantas que pasaron por su vida. A él eso ya no le importaba.

    —Eso no lo se. No puedo decir lo que haría con respecto a ese tema, nunca se sabe.

    —Pero si estás preocupado por ella es porque te importa. ¿No la quieres ni un poquito? Yo sí la quiero y Miroku y Sango también.

    —¡Que me preocupe por ella no quiere decir que la quiera!—gritó completamente sonrojado.

    Shippo se levantó y se colocó frente a Inuyasha decidido a levantarlo y patearle el trasero las veces que hagan falta para sacarle la verdad. No podía ser que no sintiera nada por ella. Primero la cuidaba de los malos piratas del barco, luego la delegaba como su esclava personal, la invitaba a dormir en su cama y además se preocupaba por ella. ¡Era imposible que no sintiera ni un poquito de amor! Por lo menos atracción.

    —Inuyasha, ¿Para ti Kagome es una linda mujer?

    El aludido bufó y entornó sus ojos. De momento se sentía nervioso y eso no le agradaba para nada. El enano siempre haciendo preguntas complicadas, como llegaban los bebés, porque cada vez que arribaban en algún puerto el desaparecía con las mas hermosas damas, y demás. ¿Qué le importa a ese entrometido? Era pequeño y bocón, y a Inuyasha lo ponía nervioso.

    —Si.

    —¿Te parece sexy?— ¿Sexy? Ese Shippo…

    —Si.

    En ese momento ingresó Miroku en el cuarto y tras haberse quedado parado para escucharlos y sacar el tema del que hablaban, se sentó al otro lado de Inuyasha.
    Miroku se rascó la cabeza e hizo tronar sus dedos. Prestó atención. Por lo general, las conversaciones entre el enano anaranjado e Inuyasha eran interesantes o entretenidas, porque Shippo hacía rabiar al capitán y este hacía un retroceso mental para ponerse a la altura del pequeño y darle su merecido.

    —¿Le darías un beso?—continuó el pequeño.

    —Si, aunque ya lo he hecho.

    —¡Has besado a Kagome!

    —Si—suspiró.

    —¿Lo volverías a hacer?

    —Si.

    —¿Te excita?—preguntó Miroku sonriente. Al parecer se estaba imaginando algo que lo hacía lucir tan encantado. Inuyasha especuló que se estaba imaginando a Kagome.

    —A veces—confesó.

    —¿Cuándo?

    —Cuando se enoja y cuando se ríe mucho.

    Y por lo general eso solía ser gracias a las actuaciones de Shippo, ya sea imitándolo o provocándolo a pelear, o cualquiera de las estupideces que el enano solía hacer.

    —¿Te acostarías con ella? Digo, quizá si las cosas se hubieran presentado de otra forma—siguió Miroku.

    —Si—Inuyasha no pudo evitar sonreír y a estas alturas parecía alucinado.

    —¿Te gusta Kagome?—repreguntó la única voz infantil en el cuarto.

    Shippo se sintió contento por un corto lapso de tiempo, ya que ésto tenía las características de ser una Charla de Hombres.

    —Si…—contestó Inuyasha, con la mirada absorta.

    Miroku y Shippo se miraron y chocaron sus manos frente a Inuyasha cuando lograron sacarle información. El apuntado pestañeó duramente y sujetó a Miroku de las ropas para lanzarlo y sentarlo junto a Shippo, que ahora no podía evitar las ganas de extorsionarlo.

    —¡Te gusta Kagome, te gusta Kagome!—cantó el niño.

    —¡Ya cállate, enano del mal!—Miroku se interpuso para salvar el cuello de Shippo cuando Inuyasha apretó sus puños.

    —¿Qué vas a hacer cuando la veas, tontón? ¿Le vas a dar muchos besitos o le pedirás que sea tu novia?—se burló por atrás de Miroku.

    —¡Cuando te encuentre solo te voy a tirar por la borda!

    —Inuyasha ¿Por qué tanta violencia? Haz el amor y no la guerra—citó el pobre Miroku que se ponía mas morado conforme avanzaban los segundos al tener el cuello de su camisa apretado en el puño de su capitán-

    Shippo corrió hasta la puerta y antes de salir disparado por ella, gritó:

    —¡Con Kagome, si eso te motiva mas!

    Sus risas parecieron hacer eco en el pasillo y entonces Inuyasha explotó.
     
  17.  
    Inukax

    Inukax Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    9 Diciembre 2008
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    Re: Mar adentro

    OmG
    Perla de Shikon? ya me imaginO.Ahora otra nueva pelea por la perla, pobre kagome, se siente sola y triste!
    Inuyasha esta triste, preocupado y seguramente enamorado de nuestra querida princesa secuestrada,
    pobrecitos, ellos tienen k estar juntos.
    OmG!. todas las mujeres del barco se enamoran del capitan, a ese paso kagome va a terminar muerta, Poochita!
    Inuyasha tiene k encontrarla lo mas pronto posible!. Tienen k ser novios y posiblemente hacer bebes jejejejeje, ya me imagino a los inuyashitos y kagomesitas corriendo por el barco jejejejejeje, Awww k lindo!
    Tiene k haber lemon por lo menos en un sueño de inuyasha o en uno de kag. Por Otra parte Inuyasha hizo unas revelaciones k hacen que te quedes como que OmG! y eso me anima. No entiendo k va a pasar con houyo ni con el trono, pero Ojala que kagome se vaya con inuyasha y asi sean felices!. Me encanto el capitulo y final mente en mucho tiempo hice el primer post! wi!. EstOy feliz por fin nuestro querido capitan acepta que le gusta kagome y que le calienta el asiento! buenO, a ver cuando la conti, seguilo pronto...!!!
    Cuidate!
    bYE!
     
  18.  
    NutS

    NutS Entusiasta

    Acuario
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    72
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    Escritora
    Re: Mar adentro

    holaaa¡¡¡

    jaja que se ha creído ese koga ''Siempre hay una primera vez para todo, princesa, y si lo haces bien... te prometo que podrás casarte conmigo.'' quien dijo que kagome se quería casar con el... kagome tiene que casarse con inu jajaja (mentira esa es tu desicion).
    kyaaa¡¡¡ inuyasha quiere a kagome, inuyasha quiere a kagome. Me pareció muy divertido todo el ultimo párrafo... kyaaa¡¡¡ pobres miroku y shipo van a morir jaja.


    IxK NutS :jijij:
     
  19.  
    Kotono

    Kotono Fanático

    Virgo
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    19 Julio 2006
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    1,069
    Re: Mar adentro

    Como ya imaginaba; se trataba de Kouga. Me agrado que se viera metido en este asunto de la princesa, la verdad ya lo extrañaba. Y ahora viene acompañado de sus compañeros lobunos del anime, y su rivalidad desde el inicio del manga, que por logica no podia faltar aqui xD.
    Ademas, no me preocupa en nada Kagome, Kouga solo quiere un poco de su ayuda, pero a pesar de lo cruel que es este ojiazul, no me preocupa :D

    Tambien esta Inuyasha, que ahora que esta en la busqueda de su princesa, tiene tiempo libre de sobra para pensar en su relacion con ella. Con Shippo como conciencia, obivo esta x'D.
    Ahora lo que me mantiene ansiosa, es leer el encuentro de estos dos feroces personajes (Inuyasha y Kouga) disputando por la princesa. Sin duda, es algo que no me dejara tranquila hasta que pase o.o

    Espero la continuacion :3
     
  20.  
    ISYLU

    ISYLU Entusiasta

    Tauro
    Miembro desde:
    6 Octubre 2008
    Mensajes:
    136
    Re: Mar adentro

    me gusta mucho tu fi, esta muy interesante, pobre kagome secuestrada por
    koga, que por cierto es un arrogante mira que decirle a kagome ''Siempre hay una primera vez para todo, princesa, y si lo haces bien... te prometo que podrás casarte conmigo.'' que se cree, ademas
    kagome tiene que estar con inu, he dicho!! jaja
    bue... espero conti prontito, besos y nos vemos pronto.
     

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