Colección de Pokémon - Pokémon: Multiverso de Pesadillas

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Woona, 19 Febrero 2025.

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  1.  
    Woona

    Woona dragona lunar/hoenn girl

    Tauro
    Miembro desde:
    19 Enero 2021
    Mensajes:
    39
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Título:
    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    435
    N.A.: Dedico esta colección de historias a los creepypasteros TheDeathGrey y Zerodragon243 (Q.E.P.D.), que me inspiraron en primer lugar a comenzar a escribir fics de Pokémon con el que fue el primero de muchos escritos con esa temática, La Soledad de un Campeón. Zero, dondequiera que te encuentres, te extraño y te agradezco el haber mantenido vivo mi interés por Pokémon con tus creepypastas durante una época de mi vida en la que me había divorciado de la franquicia por culpa del gran bajón de calidad en la escritura del anime y la filtración masiva de la pokédex de Negro y Blanco. Estoy segura de que me estás sonriendo desde el cielo, así que esto va por ti y por Maggy.

    Las historias que serán aquí presentadas no son para menores de 18 años, ni para los débiles de corazón, y abarcan tópicos que no todos se hallarán cómodos leyendo. Abandone la esperanza todo aquel que entre aquí.


    Introducción

    El fascinante mundo de los pokémon. Lleno de míticas y fantásticas criaturas con poderes inigualables, viniendo en todas las formas, colores y tamaños. Algunos se encuentran en nuestras casas y ciudades, otros en lagos, océanos, bosques y montañas. Y otros hasta en lo más profundo del espacio exterior y el cíber espacio.

    Y junto a aquellos pokémon, vienen historias. Historias de amistad, amor, compañerismo, honestidad y sacrificio. Historias sobre los héroes que han formado un vínculo con estos pokémon y han sacado a relucir todo su potencial protegiendo el mundo de gente egoísta y malvada. Aquellos que el mundo conoce como héroes y maestros pokémon.

    Pero hay algunas historias que no hablan sobre nada de esto. Algunas historias que son el completo opuesto y que nunca deberían ser contadas.

    Mi nombre es Drasna, respetada miembro del Alto Mando de la región de Kalos. Comencé a entrenar pokémon del tipo dragón por las historias que mis abuelos me contaban de pequeña sobre Dialga, el pokémon legendario del tiempo; y Palkia, el pokémon legendario del espacio y de las dimensiones.

    El tiempo, el espacio y las dimensiones son infinitos, en constante crecimiento y expansión. Y entre aquellas expansiones surgen ocasionalmente mundos completamente distintos al nuestro. Mundos idénticos a este, en los que por uno o dos simples cambios todo salió mal. Mundos repletos de horror, de muerte y de tristeza destinados a destruirse para no afectar a nuestro mundo, borrándose al final como un mal sueño al despertar.

    Éste no es un multiverso de entrenadores y héroes pokémon.

    Es un multiverso de pesadillas.
     
    Última edición: 21 Febrero 2025
  2. Threadmarks: Capítulo 1: Soberbia
     
    Woona

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    Título:
    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    2702
    Soberbia

    Comencemos con una historia que probablemente has escuchado hasta el cansancio.

    Había una vez, en un modesto pueblo de la región de Kanto llamado Pueblo Paleta, un chico llamado Red. Su vecino, Blue, era su mayor rival desde que eran niños. Hasta que un día, gracias al abuelo de Blue, el profesor Oak, los dos recibieron su primer pokémon y se convirtieron en entrenadores pokémon dispuestos a completar la pokédex.

    Red y Blue criaron y entrenaron a sus pokémon, desafiando a los ocho líderes de gimnasio de la región para obtener sus medallas, retar al Alto Mando y combatir entre ellos por ver quién era merecedor del título de campeón. Y al final fue Red quien, habiendo tratado siempre a sus pokémon con cariño y confianza, se alzó vencedor y como el entrenador más fuerte en el mundo. Su leyenda pasó a inspirar a millones de entrenadores y a sus pokémon a lo largo del planeta.

    Pero, ¿qué tal si te dijese que existió un mundo en donde nada de esto pasó? ¿uno en que el día en que Red y Blue recibieron sus pokémon fue completamente distinto?

    -¡JA! ¡lo sabía! ¡tu Charmander es inferior a mi Squirtle, Red!

    -¡Red! ¡¿te encuentras bien?! ¡te desmayaste!

    -Sí, profesor, no se preocupe. Estoy bien. Creo que las batallas pokémon no son lo mío.

    -Lo siento, hijo. No debí haber permitido que mi nieto te retase de forma tan impulsiva. Bueno, las reglas son las reglas. Felicidades, Blue, has ganado.

    -¡Por supuesto que gané, abuelo! No había forma en que un Oak perdiese contra un novato que ni sabe que uno no puede meterse en la hierba alta sin un pokémon.

    Red, convencido de que aquella derrota había sido una señal, conservó al Charmander que Oak le había dado. Pero en lugar de convertirse en entrenador, decidió ganarse la vida asistiendo al profesor como ayudante de laboratorio; Blue, por otro lado, recibió su pokédex y unas cuantas poké balls y emprendió su viaje como entrenador.

    Recorrió desde Ciudad Verde hasta Ciudad Azafrán, capturando, conservando y evolucionando sólo a los pokémon que consideraba los más poderosos. Pronto vio que ninguno de los que se interponían en su meta de ser el mejor, líderes de gimnasio incluidos, eran rival para él. A lo largo de su viaje oyó rumores de gente perdiendo pokémon y fósiles a manos de ladrones de segunda, pero les restó importancia y prosiguió su aventura. Lo único que importaba era volverse el más fuerte.

    Pero fue cuando llegó a Ciudad Azafrán y arrasó en el gimnasio local con intención de desafiar a la sexta líder en su lista que se encontró con una desagradable sorpresa.

    -No -dijo Sabrina secamente-, no acepto tu desafío.

    -¡¿QUÉ?! -exclamó él tanto estupefacto como disgustado- ¡¿por qué no?!

    -Tuve una visión de tu llegada hace años -elaboró la experta en pokémon del tipo psíquico-. He visto la forma violenta en la que peleas. No tienes miramientos a la hora de obtener la victoria, y tampoco cuidas apropiadamente a tu equipo. Tus propios pokémon te resienten.

    -¡No me salgas con esas tonterías! -vociferó Blue muy molesto- ¡mis pokémon son los más fuertes que hay, y lo son gracias a mi ambición! Tú no eres tan diferente a mí. Por lo que he oído también sometes a los tuyos a un entrenamiento riguroso.

    -Hay una diferencia -le retrucó ella manteniéndole la mirada sin problema-. Mi entrenamiento incluye pausas y descansos. Tú no has descansado desde que empezaste, ni has dejado que tu equipo descanse. Te dices a ti mismo que haces esto por tu abuelo completando la pokédex y haciéndote más poderoso, pero en el fondo es solo para alimentar tu ego y esconder tus inseguridades. Porque todavía no tienes a alguien que te ponga en tu lugar. Y si te permito combatir contra mí, te conduciré por un camino todavía más oscuro.

    -¡Sólo me tienes miedo, igual que todos aquellos a los que he vencido hasta ahora! -rio él con una mezcla de vanidad y de desprecio- ¡al menos ellos no pusieron excusas! Si no vas a dejar que te venza, al menos entrégame mi medalla. Me debes eso como mínimo.

    La líder se quedó mirándolo atentamente, de arriba abajo y de brazos cruzados, con un rostro frío e inexpresivo, como si estuviese calculando o tratando de anticiparse a algo. Tras unos cuantos segundos en los que no dijo ni una sola palabra y el silencio reinó en todo el cuarto, finalmente habló.

    -Muy bien -dijo haciendo levitar la Medalla Pantano hasta que esta llegó a manos del chico-, aquí la tienes. Pero con ella te hago entrega también de una advertencia: desiste de este sendero por el que actualmente transitas. Porque, así como te crees invencible, pronto alguien igual te demostrará lo contrario y de la peor manera posible.

    Y sin dar otra explicación, le teletransportó fuera del gimnasio. El chico guardó la medalla a regañadientes y se fue mascullando.

    -Bruja loca -dijo enfurecido-, sólo es una cobarde y supersticiosa. No sabe nada y habla por hablar. Yo también quiero ser líder de gimnasio moviendo la boca si es así de fácil.

    Mientras abandonaba Ciudad Azafrán, el joven de Pueblo Paleta notó cómo el edificio de Silph S.A., la compañía número uno en productos y aparatos electrónicos en toda la región, ardía en llamas. Viéndolo como algo que no era su asunto, se dirigió con rumbo hacia la Isla Canela volando en su Pidgeot, dispuesto a desafiar al enigmático Blaine, el séptimo líder de gimnasio.

    Pronto sólo le quedó una medalla para poder participar en la Liga Pokémon. Preguntándose a sí mismo cómo la conseguiría, oyó parando la oreja en la conversación entre un chico y una chica en Canela que el líder de Ciudad Verde, cuyo gimnasio había permanecido cerrado un largo tiempo, había regresado.

    “Perfecto. Sólo un imbécil más y cuando quiera darme cuenta ya podré inscribirme a la liga.”

    Al llegar al gimnasio se enfrentó a todo tipo de entrenadores muy poderosos, entre ellos karatekas y domadores con pokémon del tipo lucha, tierra y veneno la mar de temibles. Pero no le supusieron ningún problema. Barrió el suelo con ellos y se dirigió hasta la sala donde el líder le estaría esperando.

    Aunque su sorpresa al ver quién se encontraba ocupando el puesto le dejó boquiabierto.

    -¡Giovanni! -consiguió decir por fin- ¡el líder del Equipo Rocket!

    -Ah, conque has oído hablar de mí -dijo el hombre parado de forma imponente frente a él, exhibiendo una sonrisa malévola-. Y tú debes de ser el nieto de Samuel Oak. He seguido tu carrera de cerca. Dicen que entrenas a tus pokémon de forma parecida a nosotros. Hay una bacante como ejecutivo del Equipo Rocket, por si estás interesado.

    -¡Ja, no me hagas reír, viejo tonto! -estalló en carcajadas el muchacho- ¿por qué aceptaría trabajar para unos buenos para nada que sólo saben robar pokémon para compensar lo débiles que son entrenándolos? Te venceré fácilmente y luego me llevaré tu medalla para desafiar al Alto Mando. ¡Prepárate a perder! -luego sacó una poké ball- ¡ve, Arcanine!

    -Qué pena -suspiró Giovanni mientras sacaba una ultra ball de su bolsillo-. Podría haberle sacado provecho a alguien con tu talento -después arrojó con suavidad la cápsula hacia adelante-. Estás a cargo, Articuno.

    El receptáculo esférico materializó a un gigantesco pokémon pájaro de plumaje cian pálido como la nieve y de profundos y temibles ojos rojos que hizo que Blue tragase saliva y sintiese una fuerte presión en el cuarto que le dio mucho frío. Al haberse salteado unas cuantas zonas e islas de la región que había visto en el mapa y no consideró importantes, el chico no había visto antes a esa criatura y no sabía ni de qué tipo era ni qué movimientos conocía. No obstante, ya había llegado muy lejos, así que no se dejó amedrentar y decidió dar el primer movimiento.

    -¡Muy bien Arcanine, Lanzallamas! -ordenó muy confiado.

    -Ventisca -pronunció Giovanni de forma casual.

    Articuno fue más rápido y generó con el simple batir de sus alas una potente ráfaga de viento helada que atrapó a Arcanine antes de que pudiese ejecutar su movimiento; pese a tener ventaja de tipo, el pokémon de fuego fue congelado completamente por la técnica del ave legendaria, siendo convertido en una estatua de hielo viviente.

    -Hidropulso -volvió a hablar Giovanni.

    Articuno obedeció soltando de su pico una enceguecedora esfera hecha de energía hídrica con la que atravesó a Arcanine de cuajo, partiéndolo en mil pedazos y llenando el suelo de pelaje, tejido y sangre coagulada.

    -¡ARCANINE! -gritó de pronto Blue horrorizado.

    -¿Viniste a desafiarme con un pokémon de fuego tan débil? -preguntó Giovanni ligeramente sorprendido. Después agregó- Patético.

    -¡MUY BIEN, TÚ TE LO HAS BUSCADO! -gritó disgustado el muchacho mientras mandaba su siguiente pokémon al campo, más herido en su orgullo que por la pérdida de su pokémon- ¡te toca, Rhydon!

    Rhydon emergió de su ball de mala gana y sin convicción, mas al reparar en los restos de lo que alguna vez había sido Arcanine bufó furioso y se preparó a luchar hasta morir.

    -Regresa, Articuno -dijo Giovanni con tranquilidad haciendo retornar a Articuno a su ball, mientras lanzaba otra-. Ahora te elijo a ti, Zapdos.

    Blue quedó sorprendido al ver otro pokémon que nunca había visto antes: al igual que el primero, era un enorme ave pero de plumaje amarillo y picudo que emitía unos graznidos tan fuertes que le hicieron llevarse las manos a los oídos. Sus alas echaban y absorbían constantemente grandes y peligrosas cantidades de electricidad.

    -¡Rhydon, destrózalo con Tumba Rocas! -comandó el chico sin ningún tipo de reparo.

    -Ciclón -respondió Giovanni acorde.

    Zapdos graznó y, siendo también más veloz que el pokémon de Blue, atrapó a Rhydon en medio de un potente tornado que le azotó sin clemencia, amedrentándole lo suficiente como para que no pudiese atacar.

    -¡Rhydon, libérate! -suplicó Blue viendo que el dinosaurio rinoceróntido le costaría la victoria.

    -Onda Ígnea -anunció el líder Rocket sin miedo.

    El ave legendaria del rayo volvió a graznar e invocó con sus alas una fuerte ola de calor que sometió a Rhydon a un lento e intenso estado de agonía, provocándole fuertes quemaduras que atravesaron su coraza hasta derretir su piel y órganos, dejando tras de sí un cadáver humeante e informe acompañado de unas pocas placas a los pies de un aterrorizado Blue.

    -¿Éste es el entrenador prodigioso del que tanto se me ha hablado? -inquirió Giovanni decepcionado. Después suspiró-. Tal vez debería agradecerte por haber rechazado mi oferta.

    -¡CÁLLATE, MALNACIDO! -gritó disponiéndose a lanzar otra ball- ¡YO SOY EL ENTRENADOR MÁS FUERTE EN EL MUNDO! ¡NINGÚN PAYASO ME DERROTARÁ! ¡VE, EXEGGUTOR!

    Exeggutor emergió temblando muy asustado. Había presenciado lo que le había ocurrido a sus compañeros, y en vez de escuchar a su entrenador se puso a correr en círculos dentro del campo de batalla muerto de miedo, sin mostrar ni interés ni aprecio por su dueño.

    -¡EXEGGUTOR, VUELVE AQUÍ INSENSATO! -protestó Blue colérico- ¡TE HE DICHO QUE USES SOMNÍFERO!

    -Bueno, si tu pokémon no va a atacar entonces yo daré el primer movimiento -afirmó Giovanni regresando a Zapdos para tirar una tercer ultra ball-. Sal Moltres, y utiliza Llamarada.

    La ultra ball materializó un pokémon pájaro igual de inmenso que Articuno y con un plumaje igual de amarillo que el de Zapdos, pero con ardientes y deslumbrantes llamas en sus alas y en su cabeza que elevaron la temperatura en el cuarto de una forma considerable. Dicho pokémon inhaló profundo y soltó de su pico un ataque de fuego tan potente y caliente que cuando alcanzó a Exeggutor Blue tuvo que ser testigo de cómo el pokémon palmera era incinerado y derretido hasta convertirse en menos que una mancha y un raquítico humo en el suelo.

    -¡BASTA! -chilló y sollozó el hasta entonces invicto entrenador como un niño pequeño haciendo un berrinche- ¡YO SOY INVENCIBLE! ¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! -acto seguido arrojó las tres balls que le quedaban a modo de capricho, liberando a su Pidgeot, a su Alakazam y a su Squirtle, este último ya convertido en un Blastoise adulto- ¡ME REHUSO A DEJAR QUE PASE!

    -Empiezo a entender cómo fue que te labraste tu reputación -rio Giovanni, empezando a hallar entretenido ver cómo los pokémon de su contrincante caían muertos uno tras otro-. No eres más que un mocoso estúpido que pensó que por ganar un par de combates era la gran cosa. Bueno, ¿qué pensarías si te dijese que hasta ahora sólo he estado jugando contigo? ¿que ninguno de estos es siquiera mi pokémon más fuerte?

    -¡NO ME IMPORTA CUÁL SEA TU POKÉMON MÁS FUERTE! -continuó lloriqueando Blue sin reparo- ¡LO VENCERÉ CON MIS TRES POKÉMON A LA VEZ! ¡PORQUE SOY BLUE OAK, FUTURO CAMPEÓN DE KANTO!

    -¿El futuro campeón de Kanto? -carcajeó el líder de gimnasio. Posteriormente añadió- Bien, como estás tan deseoso de ver qué tan poderoso soy te daré una pequeña demostración. Espero lo sepas apreciar, futuro campeón de Kanto, porque será lo último que verás.

    Giovanni guardó a Moltres como lo había hecho con las otras dos aves. Y luego dejó en el campo una pequeña ball púrpura con dos lunares rosados en los costados que al abrirse liberó a un extraño pokémon humanoide y gatuno, de piel grisácea y de cola y ojos color púrpura que en cuanto vio a sus oponentes ejerció una presión psíquica que causó que Blastoise, Pidgeot y Alakazam se estremeciesen sintiendo un escalofrío, como si hubiesen sentido a la muerte recorrer sus columnas.

    Blue enmudeció ante aquella aparición. Trató de hablar para comandar a sus pokémon, pero se halló a sí mismo incapaz de hacerlo. Aquel pokémon desconocido estaba mirando en lo más profundo de su alma y de su ser, habiendo penetrado en su mente y empezado a borrar todos y cada uno de sus recuerdos, desde los tristes hasta los más felices.

    -¿Qué pasó, el Persian te comió la lengua? -preguntó Giovanni soltando una risita, sabiendo de sobra lo que estaba pasando. Después adoptó un tono más serio- Bueno, ya me he aburrido de humillarte. Mewtwo, termina esto con Psicoruptura.

    El pokémon felino iluminó sus ojos levemente, y en un parpadeo Pidgeot quedó sin alas, Alakazam sin sesos y Blastoise con su caparazón aplastando su caja torácica, corazón, pulmones e intestinos. Y Blue cayó sin energías al suelo, olvidando por completo y para siempre quién era o lo que había logrado.

    -Abuelo… -consiguió murmurar entre lágrimas mientras se aferraba en vano a los últimos rostros y nombres que su cerebro pudo repetir-…Daisy…Red…

    -Archer, Ariana, saquen a este gusano miserable de mi vista -solicitó Giovanni mientras los aludidos hacían señas a unos reclutas para que retirasen al chico de la arena y limpiasen el campo-. Desháganse de él para que nadie lo encuentre. Y revisen su tarjeta de entrenador. Si tiene pokémon almacenados en su cuenta que valgan la pena, tómenlos y adiéstrenlos.

    Y así, con Blue cautivo y sin ningún entrenador que pudiese plantarle cara a Giovanni, el Equipo Rocket continuó con sus planes de dominación mundial. Teniendo a los pokémon legendarios más fuertes de Kanto bajo su control, el Alto Mando no tardó mucho en rendirse ante ellos.

    Brock. Misty. Surge. Erika. Koga. Blaine. Todos los líderes de gimnasio cayeron ante el inmenso poder de Mewtwo y de las Aves Legendarias, dando sus vidas para poder proteger a la gente de sus ciudades. Y Blue permaneció encerrado, sin jamás salir de su cuadro de amnesia.

    Nunca se supo lo que ocurrió con Sabrina. Los pocos que llegaron a verla por última vez aseguraban que había abandonado Azafrán y Kanto tras su supuesto “duelo” con Blue para nunca más volver a ser vista. Como si aquel día hubiese sabido lo que iba a pasar.

    Kanto se convirtió en un estado totalitario privado de su fuerza policial. Los Rocket unieron todos los pueblos dentro de su nación. Y Giovanni extendió su reino hasta las estrellas, volviéndose más que un entrenador. Se volvió un dios.
     
    Última edición: 20 Febrero 2025
  3.  
    Woona

    Woona dragona lunar/hoenn girl

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    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Horror
    Total de capítulos:
    9
     
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    2162
    Avaricia

    Detenme si escuchaste antes esta historia.

    Érase una vez un chico con un corazón de oro, Ethan. Vivía en Pueblo Primavera, en la región de Johto. Y un día, tras hacer un recado para el profesor de su pueblo, surgió la idea en su cabeza de dedicarse a ser entrenador pokémon junto a un pequeño Cyndaquil.

    En su viaje conoció a Silver, un chico huérfano y huraño que había robado un Totodile del laboratorio del profesor Elm el mismo día que él recibió a Cyndaquil. Ambos se enfrentaron una infinidad de veces, hasta que tanto Ethan como otras personas lograron que Silver se diese cuenta de que debía entrenar a sus pokémon con afecto y compasión. De que debía ser diferente a su padre Giovanni, ex líder del Equipo Rocket.

    Inspirado por las proezas de Ethan, el muchacho pelirrojo siguió su camino aprendiendo cómo ser un mejor entrenador. Y tras mucho esfuerzo y dedicación, él y su rival se convirtieron en iguales. Camaradas. Amigos.

    Pero ésa no es la historia que te he venido a contar.

    En este mundo…en esta versión de la historia…Silver se infiltró en el laboratorio de Elm justo la noche antes de que Ethan recibiese su primer pokémon. Y no sin ser detectado.

    -¡OYE! ¡¿Quién eres tú?! ¡el laboratorio está cerrado por hoy!

    -Cierra la boca, bobalicón. He venido a llevarme tus tres pokémon.

    -¡¿Qué?! ¡no puedes llevártelos! ¡esos pokémon son muy valiosos!

    -Lo sé. Y por eso me los llevaré para mí. No servirán de nada con un enclenque como tú que sólo jugará a hacerles pruebitas. Los pokémon que no aprenden a pelear son inútiles.

    -¡DETENTE! ¡O LLAMARÉ A LA POLICÍA!

    El chico rebelde y el científico forcejearon frente a la mesa en la que se hallaban las poké balls, despertando y alertando a los pokémon que se encontraban en ellas; como resultado, un muy asustado Cyndaquil estornudó echando al suelo un débil ataque de Ascuas, que no tardó en crecer hasta convertirse en un gran incendio.

    Silver consiguió liberarse pateando a Elm, llegando a ver con terror cómo el profesor retrocedía hasta tropezar y caer justo en el medio de aquel fuego mortal, siendo alcanzado por las llamas y soltando un grito desgarrador que se quedaría grabado en su mente para siempre.

    -¡NO! -exclamó el chico en lágrimas- ¡no pretendía hacerlo! Oh no, oh no, ¡¿qué es lo que he hecho?!

    No había tiempo para lamentarse. Pensando rápido, tomó a los tres pokémon y escapó del laboratorio mientras éste se venía abajo, consumido por el incendio.

    Durante los siguientes tres días el chico vagó por los bosques de la región agitadamente, sin lugar a dónde ir y sin nadie a quién pedirle ayuda. Ahora además de un ladrón y un prófugo de la ley le había quitado la vida a alguien. Había múltiples testigos. Y nadie en toda la región de Johto le perdonaría haber acabado con la vida de un hombre amable e inocente.

    Eventualmente la culpa que sentía quedó atrás. Su corazón se ennegreció.

    -Mis padres me abandonaron, y ahora la suerte también. He matado a alguien, y no hay escape de esto. Si el mundo me ha dado la espalda hasta ahora, ¡entonces yo le daré la espalda al mundo! ¡entrenaré a estos pokémon y me volveré imparable para robar los de otros y que no puedan usarlos contra mí! ¡haré lo que tú nunca supiste hacer! ¡¿ME OYES, PAPÁ?! Espero que sí. Porque a partir de ahora, ¡nadie estará a salvo de mí!

    Y así lo hizo. Durante los siguientes meses, Silver libró combates encarnizados con otros entrenadores y sin cuartel, fortaleciendo al Cyndaquil, al Totodile y al Chikorita que había robado hasta que alcanzaron sus formas finales, transformándolos en máquinas asesinas casi imposibles de tumbar. En el proceso capturó un Gastly, un Sneasel y un Zubat a los que sometió al mismo tipo de entrenamiento, forzándoles a evolucionar hasta ser un Gengar, un Weavile y un Crobat.

    Pero ninguno de estos pokémon siguió con él porque le obedeciesen. Siguieron con él para fortalecerse, esperando el momento perfecto para matarle en venganza por cómo les trataba.

    El muchacho pelirrojo no cesó. Quería más poder, más pokémon fuertes que pudiese robar para que nadie pudiese frenarle. Con su equipo al tope de su poder, devastó cada pueblo y ciudad que visitó, llegando incluso a dejar fuera de combate a autoridades o incluso a líderes de gimnasio. A dondequiera que fuese no se iba sin dejar detrás un rastro de muerte y dolor.

    Porque sabía que ninguno sería suave con él. En ese mundo era matar o morir.

    Pero Silver no sabía ni podía dejar de robar y matar. Y tampoco sabía que las consecuencias de sus acciones le alcanzarían más pronto de lo que él imaginaba.

    -¡PATÉTICOS, TODOS USTEDES! -gritó furioso un día tras haber hecho trizas a todos los entrenadores que le retaron en la ruta 44- ¡CON POKÉMON TAN BLANDENGUES Y DÉBILES LOS MÍOS JAMÁS PODRÁN HACERSE MÁS FUERTES! ¡QUIERO MÁS POKÉMON Y POKÉMON ÚTILES! ¡¿DÓNDE ESTÁN, ALTO MANDO?! ¡¿ES QUE NADIE SE ATREVE A DESAFIARME?!

    El corazón le dio un vuelco cuando oyó un par de pisadas fuertes y pesadas, seguidas de un rugido atronador. Al darse la vuelta, vio cómo un extraño pokémon cuadrúpedo salía del bosquecillo: similar a un león y a un perro mastin, presentaba un espeso pelaje marrón claro y gruesas patas blancas con grilletes negros. Su lomo portaba un relieve irregular y una melena ondulante que recordaban al humo de un volcán activo; y su rostro, compuesto de placas amarillas y rojas y una boca de enormes colmillos, le miraba furioso con unos ojos tan rojos como el carbón encendido.

    Silver había oído historias de ese pokémon durante su masacre en Ciudad Iris. Sabía que era Entei, el pokémon de fuego que había perecido en la Torre Quemada hasta ser resucitado por el pokémon legendario Ho-Oh, y que era considerado el guardián de Johto. Por lo que no le fue muy difícil deducir que había venido a por él.

    -Humano, has deshonrado esta tierra sagrada con tus deleznables acciones -dijo el pokémon legendario con una voz profunda y en perfecto castellano-, y por eso tú y tus compañeros serán sentenciados a muerte.

    -Conque puedes hablar -observó el delincuente. Posteriormente agregó-. Bueno, adivina qué: ¡me importa una mierda! ¡todos sufrirán lo que yo he sufrido! ¡TE CAPTURARÉ TAMBIÉN Y NO ME DETENDRÁS! ¡WEAVILE, USA…!

    Pero Weavile fue quemado vivo ante sus ojos, haciéndole rememorar la noche en la que vio a Elm ser consumido por las llamas. Entei le había derribado de un simple ataque de Fuego Sagrado.

    -Así como no han tenido piedad con otros, yo tampoco la tendré con ustedes -sentenció el pokémon legendario-. Sigues tú.

    El muchacho empezó a hiperventilarse al ver el cadáver del pokémon de hielo ardiendo, con su síndrome de estrés postraumático activándose. Sintiéndose víctima de un ataque de pánico huyó llorando, al mismo tiempo que oía las fuertes pisadas de Entei que le seguía de cerca.

    Eventualmente alcanzó el río, cuya otra orilla no alcanzaba a divisar. Estaba terminando de usar a su Feraligator para cruzarlo cuando vio parado sobre una roca a un pokémon tigre de pelaje amarillo con rayas negras, placas azules y negras en el rostro, una especie de capa en el lomo que recordaba a una nube de tormenta y una cola con la forma de un rayo. Le identificó de inmediato como Raikou, el otro pokémon que al igual que Entei había muerto y resucitado según la leyenda de Ciudad Iris.

    -No hay lugar en este mundo donde te puedas ocultar de nosotros, asesino -rugió el felino procediendo a electrificar el agua y carbonizando a Feraligator al instante.

    Silver logró saltar y llegar a tierra firme asustado, viéndose obligado a dejar a su pokémon atrás; desesperado, sacó a su Crobat para que lo sacase de allí utilizando el movimiento de Vuelo combinado con el de Agilidad, pero Raikou pulverizó al quiróptero con un preciso ataque de Electrocañón, desintegrándolo en un abrir y cerrar de ojos.

    El chico pelirrojo cayó al suelo, fracturándose una pierna debido a la altura. Sollozando, y viendo cómo Entei terminaba de cruzar el agua para reunirse con Raikou y reanudar juntos su persecución, sacó a Typhlosion para defenderse. El rabioso pokémon tejón se abalanzó sobre el tigre eléctrico enseñando baba, garras y dientes, con los ojos inyectados de sangre.

    Entei protegió a su hermano actuando instintivamente, y respondió atacando con el movimiento de Roca Afilada, invocando rocas desde lo más profundo de la tierra que atravesaron a Typhlosion como cuchillos, perforando su corazón y causándole una hemorragia interna que le mató al cabo de unos segundos.

    Silver quedó al borde del colapso. Sabía que muy pronto los dos gatos estarían encima suyo, por lo que sacó a su Meganium para subirse a él e intentar huir una vez más. En el proceso se le cayeron todas las balls de los entrenadores cuyos pokémon había logrado sustraer.

    Para su sorpresa, el dinosaurio corrió bastante rápido pese a su peso, consiguiendo que Raikou y Entei se volviesen puntos a la distancia. Parecía que podría salirse con la suya.

    Nada más lejos de la verdad. Un repentino ataque de Rayo Aurora congeló a Meganium sin previo aviso, empezando por sus patas hasta alcanzar su cabeza; y Silver, temeroso, resbaló de su espalda justo antes de que un fuerte ataque de Tornado destrozase a su pokémon de planta, rebanándolo como si estuviese hecho de papel.

    Cayó adolorido al suelo y llenándose de hematomas, quedando con un ojo negro. Y al alzar la vista vio a un pokémon de pelaje cian y blanco de ojos rojos como los de Entei y Raikou, con una gran cresta verde agua y con una apariencia que le hacía asemejarse tanto a un lobo como a un leopardo de las nieves. Era Suicune, el tercer y último pokémon guardián, exhibiendo una melena morada y dos largas colas blancas que representaban los gélidos vientos del norte.

    -Tu villanía acaba aquí -expresó el recién llegado mientras sus hermanos llegaban, rodeando a Silver para que no tuviese lugar a donde escapar-. Quédate quieto y te brindaré una muerte rápida.

    -¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! -rio Silver desafiante mientras gruesas y espesas lágrimas caían por sus mejillas- ¡SON UNOS IDIOTAS! ¡¿PIENSAN QUE LES TEMO?! ¡LOS CAPTURARÉ, IGUAL QUE HICE CON LOS POKÉMON DE LOS DEMÁS! ¡TENDRÉ TODOS LOS POKÉMON DEL MUNDO, Y LOGRARÉ LO QUE MI PADRE JAMÁS PUDO! -acto seguido mandó al último pokémon de su equipo que le quedaba- ¡SAL YA, GENGAR!

    Gengar emergió de su ball con una sonrisa siniestra. Los tres pokémon legendarios se agazaparon, listos para contraatacar.

    -¡MÁTALOS, GENGAR! -dijo Silver riendo de forma demencial, dominado por la locura- ¡MÁTALOS A LOS TRES, Y LUEGO USARÉ SUS PODERES PARA CAPTURAR A HO-OH!

    -No, Silver -dijo de pronto el pokémon fantasma mediante telepatía, con una voz de ultratumba y para sorpresa de los cuatro-. Es a ti a quien mataré.

    -¡NO! -vociferó él incrédulo- ¡¿POR QUÉ?! ¡DEJA DE BROMEAR Y MÁTALOS!

    -Me convertiste en un monstruo -dijo el Gengar volteándose a verle con una sonrisa que escondía un rencor y un odio viscerales hacia su entrenador-, y por tu culpa no sólo murieron muchas personas, sino también mis compañeros esclavos. Dejé que me entrenases para poder matarte con mis propias manos. Y ahora que los demás han muerto y finalmente te han derrotado, ejecutaré mi venganza. Nuestra venganza.

    Suicune, Entei y Raikou se miraron entre ellos y, asintiendo, se hicieron a un lado. Fue en ese instante que Silver comprendió finalmente que Gengar no estaba jugando.

    -¡NO! -clamó aferrándose a su pata y sollozando desconsoladamente- ¡TE LO PIDO, PROTÉGEME!

    -Llora cuanto quieras -le respondió el fantasma con la sonrisa en su rostro ensanchándose-. Hasta aquí llegué. Y tú te vienes conmigo.

    El pokémon sombra aclaró su garganta. Y cuando supo que tenía la energía para hacerlo, empezó a tararear una bella pero escalofriante melodía; Silver gateó hasta él, arrepentido.

    -Cantooo Mortaaal

    -¡NO, GENGAR! ¡POR FAVOR! ¡NO TIENES IDEA DE CUÁNTO HE SUFRIDO!

    -¿Y te crees que con eso puedes justificar lo que nos has hecho sufrir? Tres. Mal de Ojo.

    -¡TE LO SUPLICO! ¡PROMETO SER UN MEJOR ENTRENADOR! ¡LO SIENTO!

    -No lo sientes. Sólo tienes miedo porque ahora soy un peligro para ti. Dos.

    -¡SÓLO QUERÍA TODOS LOS POKÉMON PARA NO SER DÉBIL, GENGAR! ¡EN SERIO LO SIENTO!

    -Oh, muy pronto lo harás en serio. Nos vemos en el otro lado, hijo de puta. UNO.

    Y entrenador y pokémon se desplomaron sobre el pasto virgen, colapsando sin vida. Con la muerte de Silver los combates fueron prohibidos y tanto humanos como pokémon pasaron a vivir separados. Y Johto se sumiría por siempre en la tristeza por una era que jamás volvería.
     
  4.  
    Woona

    Woona dragona lunar/hoenn girl

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    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
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    Ira

    En el mundo pokémon, innumerables son las historias de jóvenes que se convirtieron tanto en entrenadores como en leyendas. Red, Ethan, Leaf, Kris, Lyra…la lista es interminable. La que hoy nos compete es una de las más conocidas.

    Existió una vez un muchacho originario de Ciudad Olivo de nombre Brendan. Cuando su familia se mudó a la región de Hoenn, conoció a una chica muy dulce llamada May, y ambos se volvieron buenos amigos al instante.

    Poco tiempo después de eso, Brendan rescató al padre de May, el profesor Birch, del ataque de un Poochyena; para ello, utilizó a uno de los pokémon que el profesor estaba investigando, y con él derrotó y ahuyentó al pokémon salvaje.

    Siguiendo los pasos de su padre, que era líder de gimnasio, Brendan se embarcó junto con May en una aventura como entrenador pokémon. Y mientras iban retando a los líderes de gimnasio y participando en los concursos pokémon, unieron fuerzas para detener exitosamente al Equipo Magma y al Equipo Aqua, dos organizaciones eco-terroristas que planeaban utilizar el poder de los ancestrales pokémon Groudon y Kyogre para crear un mundo con más tierra y con más agua para el avance de la civilización humana y de la vida de los pokémon. Y más tarde salvarían nuevamente a la región de un meteorito que amenazaba con destruirla. Se convertirían en campeones y en salvadores.

    Pero, ¿qué tal si hacemos un pequeño cambio?

    En el amplio y tenebroso multiverso oscuro existe un mundo en el que estos actos de heroísmo jamás se dieron. Un mundo en el que May y Brendan fueron derrotados y sometidos por los esfuerzos combinados del Equipo Magma y del Equipo Aqua. Un mundo en el que ambos equipos dejaron a un lado sus diferencias para aplastar a los héroes, quitándoles sus pokémon y privándoles de su libertad.

    -¡JA, JA, JA! Niñatos impertinentes. ¿De verdad pensaron que podrían poner fin a nuestro plan? ¡nadie derrota al poderoso Archie! Ciertamente esta alianza rindió sus frutos, ¿no lo ves así, Maxie?

    -No negaré que la ayuda de ti y de tus esbirros fue provechosa, Archie; sin embargo, aún no hemos concluido. Nuestro premio nos aguarda.

    Y así era: los dos equipos se habían reunido en una guarida ultra secreta a discutir para que nadie pudiese interrumpirlos; frente a ellos, los durmientes y colosales cuerpos de Kyogre y de Groudon se erguían imponentes y temibles, habiendo sido trasladados por ambas organizaciones y puestos uno al lado del otro en pos de llegar a un acuerdo.

    -Hemos sacado a Kyogre de la Caverna Abisal con el submarino robado de Portual, tal y como acordamos -dijo Maxie mientras Courtney le servía una taza de café-. Ahora entréganos a Groudon.

    -No tan deprisa, mi viejo amigo -le detuvo Archie con una mano alzada y una sonrisa pérfida. Matt le encendió un puro. La ocasión lo ameritaba según él-. Nosotros también pasamos por penurias sacando a Groudon del interior del Monte Cenizo, ¡y queremos garantías de que tus hombres no nos quitarán el Prisma Azul!

    -Puedes contar con ello -aseguró el líder Magma a la par que uno de sus soldados se tomaba la molestia de colocar ambos prismas, el azul y el rojo, en los extremos correspondientes de la mesa-. Mantendremos nuestra parte del trato: una vez los gobiernos del mundo cedan a nuestras demandas, ustedes podrán usar libremente a Kyogre para extender los ríos, lagos y mares del hemisferio norte; y nosotros nos quedaremos con los continentes que Groudon cree para el bien de la raza humana en el hemisferio sur. Ni siquiera tendremos que vernos.

    -Debo reconocerte que en cuanto a negociación y a planificación no hay quien te gane -rio el líder Aqua quitándose el puro de la boca muy satisfecho-. Muy bien, entonces tenemos un trato. Procederemos con la trasmisión en vivo de inmedia…

    Fue interrumpido por una estruendosa explosión que voló y abrió las puertas de su escondite de par en par; para sorpresa de ambos equipos, se vieron rodeados varios individuos con largas capas y extraños tatuajes que tiraron a unos desmayados Tabitha y Shelly al suelo y se concentraron en desamarrar a los dos inconscientes y malheridos chicos.

    -Equipos Magma y Aqua -dijo una mujer alta y delgada que parecía ser la líder-. Renunciad a vuestros planes de conquista. Estáis jugando con fuerzas que escapan a vuestra comprensión.

    -¿Amigos tuyos, Maxie? -preguntó Archie levantándose de su silla y tomando la poké ball que contenía a su Sharpedo.

    -No sé quiénes son -aseguró Maxie con rabia mientras hacía lo mismo que él, preparando la cápsula contenedora en la que guardaba a su Camerupt-, pero la voz de esa mujer me suena muy familiar.

    -Soy Zinnia, cronista del Clan Meteoro -expresó la mujer dedicándoles una mirada mortalmente seria-, y fui quien les suministró las localizaciones de los pokémon legendarios porque creímos que con ello atraerían a Rayquaza. Ahora vemos que no hemos hecho más que equivocarnos, y que los elegidos estaban todo este tiempo frente a nosotros.

    -¡Esa mujer estaba en mi pelotón de reconocimiento! -exclamó Courtney sorprendida.

    -Elegidos un cuerno -carcajeó Archie mientras liberaba a Sharpedo y lo hacía megaevolucionar-. Ustedes no son más que unos fanáticos religiosos dementes que sólo quieren dejar a los pokémon acuáticos sin ecosistemas limpios y puros en los que puedan prosperar. Si están en nuestra contra, ¡entonces son parte del problema!

    -Si desean pararnos, tendrán que pasar sobre nuestros cadáveres primero -afirmó Maxie activando la piedra activadora en sus lentes para que Camerupt megaevolucionase. Acto seguido ordenó-. ¡SOLDADOS, ATAQUEN POR LA GLORIA DEL EQUIPO MAGMA!

    Los miembros del Clan Meteoro, ya preparados de antemano para un encuentro hostil, recibieron a los pokémon de los Magma y de los Aqua con los suyos. Una cruenta lucha sin cuartel estalló dentro de las instalaciones, donde ninguno de los dos bandos parecía dispuesto a ceder.

    -¡NO DEJEN QUE TOQUEN LOS PRISMAS! -recordó Zinnia a sus camaradas- ¡LOS LEGENDARIOS NO DEBEN DESPERTAR!

    Pero las órdenes de la cronista no pudieron ser cumplidas: Maxie, negándose a rendirse, tomó el prisma que le correspondía antes de que pudiesen arrebatárselo y procedió a activarlo.

    -¡DESPIERTA, GROUDON, Y BRÍNDAME TU PODER PARA CREAR UN MUNDO MEJOR! -gritó a todo pulmón, alzando la gema con toda su fuerza y determinación.

    La antigua reliquia se iluminó liberando un fuerte brillo carmesí; y Groudon, furioso, abrió los ojos después de siglos rugiendo y retornando a su forma original, aumentando considerablemente sus ya de por sí impresionantes altura y peso.

    -No… -susurró Zinnia derrotada. Habían actuado demasiado tarde.

    -¡ADELANTE, GROUDON PRIMIGENIO! -comandó Maxie con resolución- ¡UTILIZA TU ATAQUE DE TERREMOTO!

    Pero Groudon le hizo caso omiso: sintiendo una presencia que no había sentido en mucho tiempo tan cerca suyo, el pokémon con apariencia de terópodo se giró hacia la estatua de Kyogre, y con todo su odio y desprecio por la orca la destruyó cargando y liberando por su boca un potente Rayo Solar.

    -¡Groudon, no te ordené que hicieses eso! -exclamó el líder Magma confundido.

    -¡KYOGRE, NOOOOO! -profirió Archie mientras veía destrozado cómo el pokémon legendario que tanto había anhelado poseer era reducido a escombros. Luego miró a Archie furioso- PERO, ¡¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?!

    Nunca obtuvo respuesta a su pregunta: Groudon, habiendo hecho añicos a su eterno enemigo, miró en la dirección de aquel humano que había pronunciado su nombre, y adivinando la conexión soltó un devastador Hiperrayo con el que vaporizó tanto a Archie como a gran parte de los soldados Aqua y Magma, al mismo tiempo que empezaba a moverse fuera de la plataforma en la que le habían colocado; de sus pisadas, fuertes y decididas, brotó un río de lava ardiente que alcanzó a los pocos reclutas sobrevivientes al primer ataque, dándoles una muerte lenta y dolorosa.

    -¡RETIRADA! -gritó uno de los domadores de dragones mientras la guarida se caía a pedazos.

    Groudon salió bufando al exterior, rugiendo y mirando a los cielos pletórico de energía y ejerciendo su dominancia, como si estuviese desafiándoles; en consecuencia, el sol brilló con una intensidad antinatural, incrementando el calor de sus rayos a un nivel extremadamente peligroso.

    -¡Y-yo no lo comprendo! -dijo Maxie saliendo afuera y ajustando sus lentes. El líder Magma había sido salvado de arder vivo gracias a Courtney, quien lo había rescatado con ayuda de un Crobat- ¡el prisma rojo debería permitirme controlar a Groudon! ¿por qué no me deja hacerlo? ¿qué ha salido mal?

    -Analizando -dijo Courtney secamente observando la devastación. Después añadió y se giró para apuntar-. Nuevo objetivo. No estamos solos.

    La comandante fue noqueada por un grito ultrasónico cuyas ondas la empujaron a una pared cercana. Había sido obra de una Whismur utilizando el movimiento Alboroto.

    Maxie oyó entonces los pasos de alguien más detrás suyo y miró hacia donde Courtney había señalado: Zinnia avanzaba hacia él con paso firme y una cara de muy pocos amigos. Y entonces todo le quedó claro.

    -¡TÚ, MUJER DEMENTE! -le dijo estallando en cólera- ¡TODO ESTO ES TU CULPA! ¡si no hubieses entrado a nuestro escondite a producir caos, Groudon no se hubiese alterado y estaría obedeciéndome! ¡mi plan habría salido a la perfección!

    -Abre los ojos, estúpido -dijo la cronista acercándose más y más hacia él-. Tú nunca tuviste el control con el prisma rojo. Ahora que ya no contamos con Kyogre, Groudon está irremediablemente fuera de control. Ayúdame a destruir el prisma o todos moriremos de este sol abrasador.

    -¡Mientes! -replicó el geólogo cegado por el enojo- ¡Groudon se ha descontrolado por ti! ¡y una vez que te liquide, volverá a mí! -después llamó a su pokémon- ¡Camerupt, destrúyela!

    -Idiota -dijo Zinnia incrédula mientras sacaba una poké ball y la lanzaba al aire-. Debí suponerlo. ¡Salamence, te lo encargo!

    Salamence apareció al instante; preparándose para megaevolucionar y dispuesto a proteger a su entrenadora con su vida, el pokémon dragón soltó un reverberante rugido de guerra, rompiendo el viento de forma tan notoria que pasto, árboles y piedras vibraron de una forma impresionante.

    -¡Utiliza Poder Pasado! -exigió Maxie sin miramientos.

    -¡Danza Dragón! -ordenó Zinnia en respuesta.

    Mega-Camerupt emitió un resonante ronquido y, con sus ojos adquiriendo un brillo cian, invocó una lluvia de grandes rocas antiguas con el fin de aplastar a su oponente y llenarse de una energía extraña que aumentó tanto su velocidad como sus capacidades ofensivas y defensivas; Mega-Salamence, siendo más rápido y experimentado, inició una peligrosa danza ritual a la par que se abría paso a través de las piedras, despedazando las que se le pusiesen enfrente con sus fuertes y afiladas alas rojas.

    -¡Roca Afilada! -espetó el líder Magma viendo lo peligrosamente cerca que se encontraba el dragón.

    -¡Ala de acero! -retrucó la cronista con el mismo ímpetu.

    Las alas de Salamence adquirieron una coloración plateada, volviéndose duras como el acero; utilizando el incremento en fuerza, el pokémon salamandra hizo trizas las filosas rocas que Camerupt hizo emerger de la tierra, quedando a escasos milímetros de él.

    -¡Defiéndete con Poder Oculto! -solicitó Maxie negándose a perder.

    -¡RETRIBUCIÓN! -vociferó ella dispuesta a darlo todo.

    Salamence aprovechó el aumento de poder y el cambio de habilidad para embestir a Camerupt con un ineludible y fulminante ataque de Retribución del tipo volador, haciéndole caer de un solo golpe; sin embargo, al hacerlo no fue capaz de eludir la liberación de energía gélida de su adversario, y como resultado tanto él como el camello de fuego acabaron empatados, debilitados y retornando a sus formas originales.

    -¡Maldita entrometida! -gritó él al mismo tiempo que se volteaba a ver cómo Groudon se internaba en el mar, valiéndose del magma que secretaba bajo sus patas para cruzar el océano- ¡por tus continuas interrupciones y distracciones ahora no cuento ni con la mitad de mis tropas para recuperar a Groudon!

    -¡¿Yo?! -preguntó Zinnia poniéndose roja como la luz de un semáforo. Después de ello elevó el tono de su voz, forzando su garganta y pisando el suelo con furia- ¡ESCUCHA DE UNA VEZ, RETRASADO MENTAL! ¡los prismas no fueron diseñados para controlar a Groudon y a Kyogre, sólo para suprimir su poder original! ¡PODER QUE TÚ Y SÓLO TU HAS ACTIVADO! ¡OLVIDA TU PLAN, DEBEMOS DESTRUIRLO JUNTO CON EL AZUL ANTES DE QUE GROUDON ALCANCE ARRECÍPOLIS Y SU SOL LO CONSUMA TODO! ¡¿ES QUE ACASO EL CALOR TE SECÓ EL CEREBRO?!

    Maxie enloqueció. Había pasado toda su vida acostumbrado a que todo saliese según los cálculos, a dar siempre su mayor esfuerzo para concientizar el cuidado de la tierra y que la gente se doblegase ante su voluntad. Y ahora todos sus sueños, su última chance de poder evitar que el archipiélago que tanto amaba se hundiese por el avance del agua, se habían ido por el garete por culpa de aquella mujer metiche y engañosa.

    -¡TÚ NO ME QUITARÁS EL PRISMA! -estalló por fin, corriendo para abalanzarse sobre ella y estrangularla- ¡LA TIERRA ES TODO PARA MÍ! ¡SALVARÉ A ESTA REGIÓN DE LA INEVITABLE INUNDACIÓN! ¡YO SOY EL HÉROE AQUÍ! ¡YO!

    -¡SUÉL…TA…ME! -gritaba la entrenadora de pokémon dragón buscando zafarse, no pudiendo alcanzar las balls que tenía en sus bolsillos- ¡PSI…CÓ…PA…TA!

    Pero no lo logró. Las gruesas y carnosas manos del líder Magma se cerraron sobre su tráquea, rompiéndole el cuello y dejándola paralizada desde el torso hasta los pies; sin poder mantenerse en pie, cayó al suelo como una caja con huevos, con sus huesos partiéndose por la fuerza de gravedad.

    -¡ESO TE ENSEÑARÁ! -afirmó el desquiciado. Acto seguido dirigió nuevamente su atención hacia el horizonte y levantó por segunda vez el prisma mientras gritaba desaforado- ¡GROUDON! ¡OBEDÉCEME! ¡YO SOY TU AMO! ¡NO ME IGNORES Y DAME TODO TU PODER!

    Groudon, que hasta aquel entonces se había concentrado únicamente en alcanzar la energía natural de la Cueva Ancestral, se detuvo a mirar por un instante a aquel insignificante humano pelirrojo de treinta y cuatro años y, hastiado de oír su voz, le cumplió su deseo apuntando y escupiendo un gran rayo de energía ígnea: la espeluznante técnica que todo aquel que entrenase pokémon del tipo fuego conocía como la antigua técnica de Sofoco.

    El científico se horrorizó viendo aquella titánica y veloz bola de fuego cuyo tamaño fácilmente rivalizaba con el de una estrella enana; y mientras finalmente comprendía el terrible error que había cometido, sólo tuvo tiempo para gritar mientras el fuego de Groudon derretía sus ojos, lengua, piel y órganos hasta acabar de desintegrarlo, con cada una de sus células ardiendo y dejando de existir en menos de un segundo.

    -Aster… -sollozó Zinnia en un susurro apenas audible, con su Whismur abrazando su cabeza desconsolada mientras ambas ardían vivas-… lo lamento. Te fallé.

    El pokémon legendario siguió como si nada con su camino de destrucción, destruyendo embarcaciones que se le cruzasen y evaporando las aguas de la región más y más con cada paso que daba. Y cuando finalmente llegó hasta el núcleo de energía natural de la Cueva del Origen, rugió embriagado de poder mientras absorbía y conseguía niveles de poder como nunca había soñado.

    Su sol asesino siguió ardiendo y extendiendo sus efectos por toda la tierra, incinerando ecosistemas completos y extinguiendo incontables cantidades de pokémon y plantas; Steven Stone, campeón de Hoenn, reunió al Alto Mando, a los líderes de gimnasio y a los entrenadores más hábiles que pudiese encontrar en la región y trató de detenerle, y tras un cruento asalto que terminó con la muerte de muchos de ellos pudo poner fin al conflicto, destruyendo al vicioso y incalculablemente poderoso dinosaurio de lava.

    Pero los estragos de Groudon habían salido demasiado caros: la capa de ozono se había deteriorado considerablemente, y aquellos pocos que evitaron de milagro la muerte por hipertermia se hallaron muy pronto peleándose entre ellos por las últimas reservas de agua que todavía quedaban en el planeta. Dispositivos electrónicos y las materias primas y demás recursos naturales para construirlos habían sido fundidos por las altas temperaturas, volviendo cualquier tipo de coordinación para reunir cuantos superviviente quedasen virtualmente imposible. Y lo peor estaba todavía por llegar.

    -El profesor Birch y el profesor Cozmo dicen que no disponemos del combustible necesario para mandar el cohete al espacio a destruir el meteorito -anunció Steven subido sobre su Metagross con gran pesar, sin poder embellecer la realidad de la situación-. Ni siquiera contamos con algún tipo de fuente alternativa que pueda servir. Y su rango de explosión…será demasiado grande como para que la tierra lo resista.

    -Entonces definitivamente es el fin -dijo Norman derrotado, tomando a su esposa de la mano-. Lo siento, amor. Al menos se intentó.

    -No quiero morir, Brendan -consiguió decir May entre lágrimas viendo cómo el asteroide se hacía más y más visible mientras ingresaba a la atmósfera. Después rompió en llanto-. No así. Desearía haber podido parar a esos rufianes y así salir a tener una aventura más juntos. Y ahora…todo lo que conocía se irá. Incluyéndonos.

    Su amigo de Johto miró montado sobre su Latios en la misma dirección que ella, sintiéndose terrible. Aquella bola de rocas, energía y muerte impactaría cerca de ellos en cualquier momento. Y supo, pese a que le costase admitirlo, que habían tratado todo.

    El poder de la megaevolución con Latios. El increíble poder de los gólems legendarios Regice, Registeel y Regirock. Y la fallida búsqueda de aquel tercer pokémon ancestral que decían los mitos había detenido alguna vez a Groudon y a Kyogre. Nada había servido. Y tampoco tenían a dónde huir.

    -No importa -le dijo suspirando mientras bajaba de su pokémon y tomaba a su vecina de las manos, intentando reconfortarla. Acto seguido le quitó suavemente las lágrimas de las mejillas y le sonrió de forma sincera-. Estamos juntos, May. Y no podría haber pedido pasar mis últimos minutos con alguien mejor que tú.

    Los ojos de la chica de Villa Raíz se iluminaron; desconsolada, le abrazó con todas sus fuerzas, y él le correspondió el abrazo.

    -Ni siquiera te pude decir lo que sentía por ti -dijo susurrándole y esbozando una sonrisa frágil.

    -Lo sé -aseguró él con su voz aliviándole el pesar. Luego agregó dolido-. Yo tampoco.

    Y permanecieron pegados hasta el final, incluso cuando sus cuerpos fueron destruidos y barridos por la amplitud del estallido. Humanos y pokémon maldijeron con su último aliento a los Equipos Magma y Aqua por todo mientras la tierra desaparecía entre humo y llamas.

    Para su alivio, ellos fueron los primeros en arder. Y continuarían ardiendo en el infierno.
     
    Última edición: 20 Febrero 2025
  5.  
    Woona

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    Título:
    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    9
     
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    2798
    Envidia

    Kanto. Johto. Hoenn. Tres regiones urbanizadas y sin embargo en perfecta armonía con la naturaleza, arraigadas a las tradiciones. Donde el pasado y el presente de la humanidad y de los pokémon conviven como uno solo.

    Pero ninguna tanto como una región llamada Sinnoh. Aquella en la que se cree que todo el mundo pokémon nació. Donde el Ser Original mejor conocido como Arceus creó el universo.

    En una de sus ciudades costeras, llamada Ciudad Marina, nació una vez un niño huraño y retraído de nombre Cyrus. Pese a ser un buen estudiante y sacar buenas notas, prefería pasar tiempo con las máquinas que con otros chicos. Y cuando no cumplió con las exageradamente altas expectativas que sus padres tenían para con él, se sintió rechazado e inútil.

    Cyrus desarrolló un intenso rencor al mero hecho de tener emociones. Lo que produjo que, al alcanzar los veintisiete años, fundase una organización llamada el Equipo Galaxia con el objetivo de capturar a los pokémon legendarios creadores de la sabiduría, la voluntad y las emociones: Uxie, Azelf y Mesprit.

    Explotando por la fuerza el poder de aquellos tres pokémon reunido, el líder Galaxia consiguió invocar y capturar en el Monte Corona a otros dos pokémon, que eran los que verdaderamente le interesaban: Dialga, dragón representante del tiempo; y Palkia, pokémon que encarnaba el espacio y las dimensiones. Con ellos crearía el mundo que tanto soñaba: uno sin emociones.

    Y habría logrado lo que se había propuesto de no ser por la intervención de una joven llamada Dawn, su amigo Barry y la campeona de la región, Cynthia. Los tres, con el talento y destreza combinados de sus pokémon, y con la pequeña ayuda proporcionada por el trío legendario, frustraron sus planes.

    El fracaso del operativo en el Monte Corona causó la lenta disolución del Equipo Galaxia. Y Cyrus desapareció para nunca más suponer un problema ni para Sinnoh ni para el mundo.

    Pero como ya te imaginarás, en el multiverso de pesadillas no hay finales felices como ese. En él no hay héroes, y si llega a haberlos no duran mucho tiempo.

    En la historia que voy a contarte, sucedió lo segundo.

    En una realidad completamente distinta, Dawn y Barry jamás llegaron a alcanzar la Columna Lanza: ambos, con sus pokémon a su lado, perecieron antes de siquiera estar cerca de la cima a causa del frío extremo y las bajas temperaturas; y la nieve, en constante caída e impiadosa, cubrió y sepultó sus cuerpos de modo que nunca pudiesen encontrarlos.

    Cynthia, estando sola y habiendo perdido el rastro de los jóvenes, tardó más en llegar hasta Cyrus, teniendo que deshacerse de los pokémon de todos sus esbirros por su propia cuenta. Y para cuando finalmente arribó, Cyrus ya se hallaba en pleno proceso de lograr su cometido: Dialga y Palkia, soltando rugidos de intensa agonía mientras las cadenas rojas obtenidas por el Equipo Galaxia de Mesprit, Azelf y Uxie les obligaban a obedecer a su nuevo maestro, liberaban constantes ondas de energía con apariencia inofensiva, pero que al mismo tiempo parecían ser peligrosas.

    La venerada campeona pudo sentir al acercarse que el tiempo retrocedía y avanzaba de forma aleatoria, y que el espacio se deformaba caóticamente. Por momentos su cuerpo envejecía y en otros rejuvenecía. Y el largo, el alto y el ancho que éste ocupaba variaban de un segundo al otro. No le costó mucho deducir que las ondas que aquellos pokémon liberaban estaban desgarrando la fábrica de la realidad y la consistencia interna del universo.

    -¡TÚ! -consiguió gritar en medio de tanto ruido. Las baldosas del piso se resquebrajaban conforme iba avanzando- ¡LIBERA A ESOS POKÉMON INMEDIATAMENTE!

    -La campeona -dijo Cyrus en un tono de voz neutro y apagado, dándose la vuelta a verla con indiferencia-. Asumo que has derrotado a Mars y a Jupiter si has llegado hasta aquí. Pero ha sido en vano. Mi mundo perfecto está a nada de volverse real.

    -Nuestro mundo es perfecto tal cual es -retrucó Cynthia atónita ante lo que estaba oyendo-. ¿Qué necesidad tendrías para cambiarlo?

    -El espíritu -respondió él secamente, sin mostrar ni un solo atisbo de gusto por tener que explicarse frente a ella-, y todos sus sentimientos contradictorios. Sin él ya no habrá ni pena ni dolor. Y todos seremos iguales y más felices.

    -No sé qué te haya llevado a adoptar tan drástico punto de vista, pero estás muy equivocado -objetó ella intentando acercarse más él. Las ondas que continuaban brotando de los cuerpos de los dragones legendarios dificultaban en gran medida su avance-. ¡El espíritu lo es todo! ¡sin él, nuestra capacidad de amarnos los unos a los otros desaparecerá! ¡nuestros lazos con los pokémon!

    -Lazos con los pokémon -repitió Cyrus impertérrito y mirando nuevamente hacia Palkia y Dialga, intentando no reírsele-. Muchacha estúpida. Los pokémon son sólo herramientas. Igual que los inútiles de mis soldados, a quienes he manipulado para llegar hasta aquí. Les decimos que los queremos mientras les hacemos participar en batallas egoístas, hasta que terminen creyéndose nuestras mentiras. Lo único que los pokémon conocen es la psicosis de golpe e identificarse con sus captores.

    -¿Captores como ? -preguntó la rubia contemplando las poké balls que asomaban de los bolsillos en el uniforme plateado del hombre- He visto el tipo de pokémon que usas, y uno de ellos es un Crobat. Un Golbat sólo puede evolucionar en un Crobat por amistad con su entrenador. Los pokémon son capaces de sentir las emociones y la naturaleza de sus dueños, y gracias a ello los tuyos te aprecian y apoyan pese a que no concuerden contigo. Sea cual sea el motivo que te haya empujado a querer hacer esto claramente eres alguien bueno a quien le han pasado cosas malas, ¡pero el espíritu no tiene nada que ver con eso! Por eso te imploro que te detengas. Deja que te ayude. Todavía estás a tiempo de no cometer el peor error de tu vida.

    -No más debate -contestó él de forma cortante, viéndola de reojo-. He llegado demasiado lejos, y ya tomé mi decisión. Siempre he sentido celos de aquellos que pueden vivir pretendiendo que sus emociones no son perjudiciales para su desarrollo. Ahora todo el universo comprenderá cómo me siento; de hecho, ni tendrán que tratar de comprenderlo -acto seguido alzó la vista hacia los pokémon legendarios- ¡DIALGA, PALKIA! ¡ENCOMIENDO A AMBOS LA COMPLETICIÓN DE MI VISIÓN! ¡TERMINEN DE CREAR MI NUEVA GALAXIA BORRANDO ESTE MUNDO INSERVIBLE! ¡DE CREAR MI MUNDO SIN ESPÍRITU!

    -¡NO! -imploró Cynthia mientras tomaba la ball que contenía a su Garchomp- ¡NO LE ESCUCHEN!

    Pero la súplica de Cynthia cayó en oídos sordos. Dialga y Palkia siguieron liberando energía de las gemas en sus cuerpos y en contra de su voluntad, con las cadenas cerrándose más sobre su torso y extremidades mientras fuertes relámpagos y truenos salpicaban los cielos de forma ominosa, presagiando una inevitable calamidad. Hasta que la retroalimentación entre ambas fuentes soltó un destello luminoso y enceguecedor que cubrió la montaña y el resto del cosmos en la blancura absoluta.

    Cyrus cerró los ojos mientras el fragor y las voces que llegaban a sus oídos se iban apagando una tras otra. Podía percibir las dimensiones y el espacio-tiempo modificarse a su alrededor, doblándose a su voluntad en pos de cumplir sus designios e instrucciones; intuyendo que el proceso llevaría un poco más de tiempo, se relajó y esperó calmo pero resoluto el inevitable resultado.

    Y entonces hubo sólo silencio.

    Cuando volvió a alzar los párpados se encontró a la mitad de la senda de una carretera que no reconocía, en medio de una gran zona rural gris y deshabitada que jamás había visto. El cielo se hallaba desprovisto de nubes, y el sol era tan pálido y desaturado que uno podía quedársele mirando para siempre, sin el temor a quedarse ciego. Y el viento era prácticamente inexistente.

    El ver el sol le hizo caer en la cuenta de que su piel y su ropa eran tan monocromáticos como el pasto y el pavimento. Pensó que se había quedado daltónico, pero pronto comprendió que no era así; efectivamente allí había luz, mas no color. Como si se encontrase dentro de una fotografía antigua con diferentes gradientes dentro de un espectro claroscuro, carente de cualquier tipo de actividad cromática.

    -¿Hola? -preguntó gritando, intentando ver si alguien o algo podía escucharle y responderle.

    No obtuvo nada de eso. Decidió entonces revisar extrañado su ropa, descubriendo para su sorpresa que tanto su poké-reloj como sus poké balls habían desparecido. Sin ningún modo o medio para contactar o regresar con la base, resolvió elegir una dirección al azar y empezó a caminar hacia el este.

    Recorrió unos cuantos kilómetros por aquellas planicies desoladas, haciendo pausas momentáneas para detenerse en algún que otro riachuelo con el que se cruzó para rehidratarse y reponer fuerzas. Allí no había árboles, ni pokémon. Sólo seres parecidos a ellos, pero faltos de aspectos fascinantes o habilidades extraordinarias y que, a juzgar por sus expresiones perdidas y estúpidas, pensó, tampoco eran muy inteligentes. Ni siquiera parecían reparar en su presencia, incluso si se les tocaba; de no ser porque veía que se movían, habría jurado que eran estatuas hechas de piedra y algo de pelo.

    Siguió deambulando sin rumbo hasta que sus botas se desgastaron, genuinamente intrigado y ansiando encontrar por fin algún modo de volver a conectar con la civilización. Y por fin llegó a divisar una serie de edificios en la lejanía que, por su aspecto rectangular e impersonal y el espeso humo negro que salía de sus chimeneas, debían ser algún tipo de conglomerado de fábricas. Las ventanas cubiertas e iluminadas resaltaban las siluetas de hombres y de mujeres oprimiendo teclas frente a ordenadores de manera mecánica y rítmica, sin detenerse.

    -Me gusta lo que has hecho con este lugar.

    Aquella voz siniestra y susurrante con eco le hizo estremecerse. Instintivamente se dio la vuelta y lo que vio le heló la sangre: detrás de él, se erguía imponente un inmenso y flotante ser serpentiforme de piel grisácea con largas líneas negras y rojas atravesando su cuerpo. Largas púas con puntas doradas y seis anillos de la misma coloración adornaban su cintura, su cola y su cuello; y su rostro, de penetrantes ojos con un rojo tan intenso como la sangre fresca, y protegido con gruesas placas doradas con cuernos que parecían servir como una suerte de corona, le observaba con una mirada acrítica, pero inquisitiva.

    -El pokémon de las sombras cuyo nombre no debe ser mencionado -dijo Cyrus tras examinarle detenidamente-. Así que las leyendas eran ciertas. Me preguntaba cuándo aparecerías.

    -Nunca tuve que aparecer porque siempre estuve, Cyrus. He estado aquí desde el principio.

    -Y por lo visto también sabes mi nombre -notó levemente impresionado.

    -Sé todo sobre ti. Incluyendo tu deseo de librarte de tu espíritu. De todo lo que te aflige.

    -Los escritos prohibidos decían que eres igual o más fuerte que Dialga y Palkia juntos -comentó el hombre extrañado, pero manteniendo la compostura-, que protegías el balance entre nuestro mundo y el otro para evitar que desapareciesen. Los pokémon de los lagos pudieron haberte invocado para detenerme, y sin embargo no lo hicieron. ¿Por qué?

    -Porque ellos me conocían bien. Sabían que de poder intervenir me habría puesto de tu lado.

    Cyrus abrió los ojos como platos. Por primera vez en mucho tiempo su cara exhibió algo cercano a un sentimiento. El sentimiento de no saber a qué se enfrentaba.

    -Yo…no comprendo -enunció con duda.

    -Hace muchos siglos fui traicionado y desterrado por las emociones con las que había sido creado. Estaba asustado y enojado, preguntándome por qué se me había hecho esto. Un humano parecido a ti intentó aliarse conmigo para reconstruir el universo, fallando en el intento. Y tú triunfaste donde él no pudo, liberándome de la tarea se me impuso injustamente.

    -Pero, si en verdad triunfé como dices -reflexionó Cyrus en voz alta, mirando al ofidio en busca de una explicación-, ¿por qué no me siento diferente? ¿por qué todavía tengo todos estos sentimientos y emociones tan complejos? ¿tan…asfixiantes?

    -Pediste a Palkia y a Dialga un mundo sin espíritu. Nunca especificaste que querías un mundo en el que tú no tuvieses espíritu. Ahora eres el único con un alma y con emociones. El último vestigio de lo que este mundo alguna vez fue. Y ahora ellos lo saben. Tienen tu olor.

    -¿Ellos? -inquirió el líder Galaxia hallándose completamente perdido- ¿a quiénes te refieres como ellos?

    El pokémon sombrío le miró en silencio. Cyrus pudo percibir que parecía estar deleitándose con su repentina incertidumbre.

    -¡CONTÉSTAME! -insistió enojado y perdiendo la paciencia- ¡¿quiénes son ellos?!

    Su colocutor se movió. Agachó su colosal cabeza hasta estar a su altura y finalmente habló.

    -¿Por qué no te volteas y los saludas?

    Y en ese preciso instante, Cyrus oyó algo. Una serie de gritos roncos, espeluznantes y angustiantes. Era como escuchar los quejidos de un bebé enfermo que no dejaba de llorar y de lamentarse, pidiendo ayuda en vano.

    Los vio inmediatamente al mirar de nuevo para adelante, cruzando el río que separaba el páramo de las fábricas, acompañados de una apenas perceptible niebla y claramente en dirección hacia él. Parecían humanos, pero eran demasiado escuálidos y desnutridos como para considerarlos como tales; sus pieles y ropas, pálidas como la tiza y negras como si estuviesen de luto, lucían podridas y roídas, como si hubiesen sufrido el ataque de alguna criatura salvaje. Con cabellos tan blancos como la nieve, sus rostros no poseían ni ojos ni nariz salvo por dos cavidades nasales que les permitían respirar. Sólo un par de cuencas vacías con un pequeño aura azulado y unas bocas antinaturalmente amplias, con dientes podridos pero filosos y una saliva que parecía estar hecha de pus por el olor nauseabundo que emitía; las criaturas parecidas a pokémon, detectando su proximidad, reaccionaron huyendo velozmente.

    Cyrus empalideció y perdió el aliento. Cuanto más se acercaban aquellos engendros, más rostros entre ellos reconocía: la campeona. Los niños que habían arruinado algunas de sus operaciones. Mars, Jupiter, Saturn, Charon. Aquel policía que les había espiado a él y a sus hombres un par de veces. Líderes de gimnasio, miembros del Alto Mando. Incluso alcanzó a distinguir y ubicar a varios entrenadores, coordinadores y celebridades de diferentes regiones de los que había oído hablar, o que había visto en libros, revistas y reportajes en vivo.

    Venían solo por y para él. Y estaban hambrientos.

    Su sexto sentido le dijo que debía salir corriendo. Pero no podía hacerlo. Una extraña presión invisible que no había sentido antes le impedía moverse, tornando rígidos sus brazos y piernas. Y al lograr mirar de nuevo hacia atrás, comprobó que el pokémon sombrío, habiendo modificado su morfología para convertir sus púas en patas y los tendones negros que le colgaban de la espalda en alas parecidas a garras, era el único responsable.

    -¡DÉJAME IR Y RESPONDE! -le interrogó aterrado- ¡¿qué les pasó?! ¡¿les hiciste algo?!

    -Les pasó lo que tú les hiciste. Rondan de aquí para allá durante el poco tiempo libre que les brindo, buscando significado a su existencia como drones, pues ansían saber. Ansían sentir. Ansían tener control de ellos mismos. Las mismas cosas que les quitaste. Y te tienen envidia.

    -¡TE HE DICHO QUE ME DEJES IR! -le exigió Cyrus viendo aterrorizado cómo los monstruos estaban a pocos metros de él y a punto de abalanzársele- ¡¿qué me van a hacer?!

    -Tu espíritu, Cyrus. La única cosa que puedes darles. Y es la hora del almuerzo.

    -¡ESTÁS LOCO! -espetó él temiendo por su vida- ¡NO PUEDO DARLES MI ESPÍRITU!

    -Ni podrás. Pero no sería divertido si se los digo, ¿no crees? Te mentí cuando dije que eras el único que quedaba con espíritu y emociones. Yo aún conservo los míos, y fue porque devoré a Uxie, a Mesprit y a Azelf mientras tú te ocupabas de destruir la realidad. Mi espíritu está lleno de odio hacia los humanos, hacia los pokémon. Ahora ninguno de los dos existe. Sólo yo. Con este mundo rico en antimateria podré destruir a mi Padre y consumar mi venganza. Gracias, Cyrus. No podría haberlo logrado sin ti. Ahora se un buen chico y deja que te maten.

    Cyrus gritó mientras esos seres lo desmembraban para luego abrirle en canal y empezar a devorar todo lo que había en su interior como a una piñata con dulces, buscando en vano sentir algo. Y cuando expiró, no les quedó nada. Nada salvo la perpetua y hambrienta oscuridad de siempre.
     
    Última edición: 20 Febrero 2025
  6.  
    Woona

    Woona dragona lunar/hoenn girl

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    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Horror
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    9
     
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    Pereza

    Cuando hablamos de seres o deidades poderosas en el mundo pokémon, unos cuantos nombres nos vienen a la mente. Rayquaza. Latios. Latias. Dialga. Palkia. Giratina. Pokémon del tipo dragón poseedores de una fuerza inconmensurable, fuerza que utilizan para proteger tanto a otros pokémon como a los humanos que por generaciones les han rendido tributo.

    Pero existe un pokémon dragón muy peculiar y muy distinto a todos ellos. Uno que se separó en tres, dividió una nación y luego ayudó a reconstruirla de entre sus cenizas.

    Érase que se era, en una humilde localidad de la región de Unova, una chica conocida como Hilda. Al cumplir los catorce años, recibió un pokémon de manos de la profesora Juniper, y junto a sus amigos de la infancia, Bianca y Cheren, emprendieron un viaje por los otros pueblos y ciudades de la región, con el objetivo de hallar su lugar en el mundo como entrenadores pokémon.

    Durante su travesía, Hilda conoció a N. Un muchacho distante y conflictuado que se había criado con pokémon abandonados por sus entrenadores. Que quería que humanos y pokémon dejasen de vivir juntos. Hasta que logró hacerle ver el error en su mentalidad. Que ambas especies podían coexistir.

    N enmendó el daño provocado reorganizando al Equipo Plasma, la organización que su nefasto padrastro había creado con el fin de conquistar Unova, en una fuerza del bien. Cheren se convirtió en líder de gimnasio. Bianca en investigadora. Y Hilda, tras un viaje en otra región lejana para buscar a N y encontrarse a sí misma, regresó felizmente a Unova con su familia y amigos. Y así, la nueva generación de entrenadores y héroes pokémon pudo prosperar.

    No obstante, como ya sabes, no fue así en todas las realidades; y, en el multiverso que aquí nos compete, la historia fue drásticamente distinta.

    En una tierra oscura, donde los sueños y esperanzas se destruyen…Hilda, Bianca y Cheren decidieron esperar un mes extra para salir a explorar con sus pokémon, con el fin de asegurarse que estarían preparados. Y fue en ese mes extra de diferencia donde Unova conoció el verdadero terror.

    Ghetsis, líder del Equipo Plasma y de los Siete Sabios, avanzó con sus discursos sobre liberar a los pokémon en cada urbe o villa que visitase, convenciendo a la gente de que tenía razón y que los pokémon sólo podrían alcanzar su verdadero potencial siendo libres; y sin nadie que pudiese oponerse o contraargumentar directamente a sus charlas, poco y nada le costó invadir a una región desprotegida y vulnerable que no pudo hacerle frente al ataque de sus pokémon, coronando a N como el nuevo rey.

    Con ambas razas separadas por un gran muro de roca y piedra que mantenía a los pokémon lejos de la civilización y viceversa, la religión del Equipo Plasma que profesaba la liberación pokémon se convirtió en ley y en estado de sitio. Entrenadores, líderes de gimnasio e incluso miembros del Alto Mando que se opusieron ante esto fueron crucificados y ejecutados públicamente. Ciudades enteras se desmoronaron y ardieron, con la guerra entre creyentes y tradicionalistas estallando en cada calle y rincón. Y los más devotos al credo Plasma, ya fuese por lealtad o por miedo a ser los siguientes, llevaron la guerra hasta los hogares de aquellos que se autoproclamasen o fuesen acusados de hospedar a los rebeldes. Nadie se salvó.

    O al menos, eso parecía.

    Pasaron dos años enteros. Las estaciones fueron y vinieron, indiferentes ante el sanguinario conflicto que estaba carcomiendo los cimientos de una región con una historia y una cultura que no se volverían a ver en ninguna otra parte del mundo. Los días de Unova parecían estar contados.

    Preocupado y a la vez extrañado, Natural Harmonia Gropius, mejor conocido como N, contemplaba junto a su pequeño amigo Zorua y desde el balcón real los pavorosos e innegables estragos que la guerra había dejado tras de sí. Los bellos bosques y lagos abundantes de exuberante naturaleza, las modernas y futuristas urbes llenas de vida y los bellos y enigmáticos biomas áridos que encerraban infinidad de joyas y reliquias de eras pasadas habían sido reducidos a cenizas, transformados en una llana, baldía e infértil llanura donde ni un solo brote verde o charco de agua se atrevía a emerger. La gente, despojada de sus pokémon y de sus viviendas, vivía desnuda y roñosa en pequeñas tribus nómades y salvajes, peleándose a muerte por las sobras que encontrasen y sin reparo por el prójimo, llegando incluso en ocasiones a canibalizar a sus propios congéneres con tal de sobrevivir.

    -Insisto en que tenemos que irnos, Ghetsis -dijo un hombre de cabello rubio y azul con ojos amarillos-. Las provisiones se están acabando. Y ya las demás regiones nos han dado la espalda cerrando las rutas de comercio. ¡Nada puede entrar o salir!

    -Eso es ridículo, Colress -protestó Ghetsis en un estado de completa negación-. Tenemos a los genios legendarios y el clima bajo nuestro control. ¡Las cosechas no pueden haberse acabado tan pronto!

    -Landorus sigue negándose a ayudar con los cultivos -argumentó el científico sacándose los lentes para limpiárselos. Después agregó-. Y Tornadus y Thundurus sólo utilizan sus poderes cuando el castillo es atacado. El pueblo demanda comida y servicios que no podemos darles. Ya hasta han empezado a atacar a los sabios.

    -Aprenderán a respetarnos con un simple incentivo -aseguró el soberbio líder Plasma acariciando involuntariamente la poké ball que contenía a su Hydreigon Luego miró el reloj del salón y se preguntó preocupado-. ¿A qué hora se suponía que debía volver Zinzolin de su misión de reconocimiento?

    -No volverá -dijo de pronto N, rompiendo su silencio después de tanto tiempo y sin despegar la vista de lo que pasaba afuera-. Los rebeldes lo han atrapado. Están empalándole ahora mismo.

    -¡¿QUÉ?! -exclamó Ghetsis perdiendo los estribos. Colress salió a comprobarlo y vomitó al ver el grotesco y mórbido escenario que se estaba dando lugar allí a la distancia.

    -Mis súbditos padecen hambre y enfermedades -continuó el rey meneando la cabeza de forma desaprobatoria mientras se volteaba a mirar a su padrastro. Zorua bajó del balcón y le siguió con una mirada seria-. Me prometiste que cuando subiese al trono humanos y pokémon serían más felices aislados. Pero ahora veo que sólo me utilizaste para ganar poder. No te importa quién sufra y quién muera mientras conserves aunque sea una pizca de ese poder.

    Ghetsis le dio un puñetazo en el rostro con su único brazo, haciendo brotar sangre de sus labios. El megalomaníaco sentía cómo todo se le estaba viniendo encima.

    -¡Que sea la última vez que te diriges a mí con ese tono, gusano impertinente! -le gritó furibundo.

    -Pero es la verdad, ¿no? -le respondió él mirándole a los ojos sin temor, limpiándose lentamente- Todas esas ideas que me metiste sobre cómo estaba destinado a crear un mundo ideal como el rey de Unova por ser el único que oía la voz de los pokémon eran mentira. No fui más que una marioneta para ti. Igual que los pokémon. Que la gente. Por eso, y por tu traición, quedas expulsado de mi reino. Toda Unova conocerá tus pecados.

    -Muchacho imbécil -replicó Ghetsis sin filtro y con una sonrisa cruel-. Tú nunca fuiste el rey, yo lo soy. ¿Qué piensas que ganarás desterrándome? Esto es tanto culpa mía como tuya. Mientras yo gobernaba esta región a mi antojo, tú te la pasaste jugando dentro de tu pieza a el héroe salvador de los pokémon. Ni siquiera sabes cómo gobernar un reino.

    -Un grave error que pienso rectificar -aseguró N mientras el pokémon legendario Zekrom aparecía detrás suyo, rugiendo listo para luchar-. Es hora de afrontar las consecuencias de tus actos, padre.

    -Si esto es lo que deseas… -expresó Ghetsis soltando a Hydreigon, confiado de sus posibilidades.

    Pero Ghetsis y N no sabían que las consecuencias de los actos de ambos estaban a nada de tocarles la puerta: al mismo tiempo que el duelo de dragones entre padre e hijo se libraba, una figura encapuchada y misteriosa de túnica oscura se aproximaba a las puertas del castillo a paso lento y tenebroso.

    -¡Alto! -solicitó un miembro del Trío Sombrío que se había quedado como guardián a proteger la entrada, lanzando la ball en la que tenía a su Banette- ¡nadie ingresa al castillo sin autorización!

    El desconocido no le contestó. Tocó un extraño collar que portaba y alzando su otra mano pronunció de forma seca unas crípticas palabras.

    -Tormenta de hojas. Victini, dame la victoria.

    Como si se le hubiese invocado, un enorme Serperior surgió de la nada siseando y gruñendo. El pokémon ofidio se abalanzó sobre el ninja y el muñeco fantasmal disparando de su cola una lluvia de hojas tan cortantes que penetraron en sus cuerpos como flechas, hasta perforar todos sus órganos internos. Sus objetivos cayeron al suelo en un instante, bañando las escaleras del castillo con su sangre.

    La figura prosiguió sin inmutarse y abrió las puertas de una fuerte patada que resonó en todos los pisos y habitaciones; los otros dos miembros del Trío Sombrío, alertados, mandaron a un Accelgor y a un Absol a combatir contra el Serperior.

    -Megacuerno. Victini, dame la victoria.

    La figura volvió a hablar a la par que tocaba el collar por segunda vez. Y un feroz Samurott dio acto de aparición atravesando el vientre de Absol con la filosa punta del yelmo en su cabeza, para luego zarandearlo y tirarlo a un costado como si fuese un trapo usado; acto seguido, la nutria arremetió también contra su dueño, partiéndolo en varias fetas con las espadas que guardaba en las conchas de sus extremidades anteriores.

    El último ninja, viendo que estaba solo, ordenó a Accelgor ignorar al Samurott y seguir concentrado en Serperior, ordenándole preparar un potente ataque de Zumbido.

    -Poder oculto. Victini, dame la victoria.

    Pero Serperior fue más rápido y liberó de su cuerpo una onda de energía calórica que calcinó al pokémon caracol hasta convertirlo en polvo, momento que el Samurott tomó para romper todos los huesos en el cuerpo de su entrenador con un perfectamente ejecutado Acua Jet.

    Los demás soldados, desalentados al ver la derrota del Trío Sombrío, trataron de lanzarse hacia el intruso con todos sus pokémon a la vez, buscando abrumarle física y numéricamente.

    -Infierno. Victini, dame la victoria.

    Hubo un tercer toque de collar. Y sumándose al dúo conformado por Serperior y Samurott, un tercer pokémon se interpuso entre ellos y la figura: un voluminoso y muy enojado Emboar irrumpió en el castillo cayendo desde el techo y entrando en modo de supernova, quemando vivos a todos los creyentes y pokémon enemigos sin piedad. El cerdo bípedo y robusto bufó y escupió a sus adversarios caídos con desprecio.

    -Ustedes tres quédense aquí. Y ustedes cuatro, conmigo.

    Samurott, Emboar y Serperior asintieron y permanecieron vigilando el salón. La figura, impertérrita ante la pila de esqueletos humeantes frente a ella, prosiguió el ascenso hacia la sala del trono, subiendo los escalones lenta y tranquilamente mientras le seguían cuatro pokémon cuadrúpedos con pezuñas y cuernos, uno con forma de cabra, otro parecido a un buey, el tercero asemejándose a un antílope y el último siendo una suerte de unicornio pequeño.

    -¡¿Quién osa ingresar aquí sin mi permiso?! -vociferó Ghetsis cuando vio al extraño y a los pokémon ingresando a la sala del trono. Su Hydreigon se hallaba ocupado aplastando a Zekrom, sometiéndole para que no se moviese.

    -Lo sentimos, amo Ghetsis -suplicaron Anthea y Concordia corriendo a arrodillarse ante él en busca de perdón-. Intentamos pedirle que se fuera amablemente, pero…

    -¡SILENCIO! -explotó el líder Plasma haciéndolas a un lado y sosteniendo a un golpeado N con su mano sana. Luego tanto él como su pokémon dirigieron su atención hacia su visitante inesperado y fingió cordialidad-. Lo siento, pero su alteza se encuentra indispuesto el día de hoy. Tenga la amabilidad de retornar mañana.

    La figura permaneció callada, poniendo a prueba la poca paciencia de su interlocutor. Se limitó a soltar una ultra ball de la que emergió un quinto pokémon de proporciones titánicas, dientes aserrados y ojos amarillentos y desprovistos de pupilas que exhibían una mirada asesina.

    -¡Ah, por supuesto! -le reconoció Ghetsis manteniendo la falsa amabilidad. Hydreigon enseñó colmillos a su próximo oponente- ¡el pokémon legendario del hielo, Kyurem! Se nos había advertido que algún día aparecería un héroe legendario a desafiar al Zekrom de nuestro rey con uno de los otros dos pokémon dragón. Lamentablemente temo que…

    -Mundo Gélido. Victini, dame la victoria.

    Kyurem iluminó sus ojos e hizo arrancar la turbina a propulsión en su cola, expulsando un potente y helado viento que congeló a Hydreigon y a Ghetsis, matándolos de hipotermia antes de que sus cerebros siquiera pudiesen procesar que se estaban muriendo.

    -Cobalion, Combate Cercano.

    El pokémon cabra trotó hacia los congelados cadáveres y los hizo trizas con una simple estocada; Colress, tanto fascinado como horrorizado por su potencial, trató de tomar las ultra ball en las que habían aprisionado a los genios, pero la figura se lo impidió.

    -Virizion, Hoja Aguda. Victini, dame la victoria.

    Y en un abrir y cerrar de ojos, el científico dejó de sentir su mano derecha. El pokémon antílope se la había rebanado con la espada de aura blanca y verde que portaba entre sus cuernos.

    -Llévenselo para curar su herida -ordenó la figura a Cobalion y a Virizion mientras estos se retiraban obedientes, tomando a Colress del pescuezo-. Nos será de utilidad en el futuro.

    -Gracias -le dijo N ilusionado mientras socorría a un malherido Zekrom y a las musas-. Nos has salvado la vida. ¿Quién eres tú?

    La sombra se quitó la capucha, revelando el rostro de una chica de cabello castaño oscuro y ojos azules como el agua de mar que el joven rey no reconocía de ninguna parte.

    -Mi nombre es Hilda de Pueblo Arcilla -le dijo plantándose enfrente de él-. Y la tiranía del Equipo Plasma acaba hoy, aquí y ahora.

    N sintió un dolor indescriptible cuando la chica le propinó un fuerte golpe en la caja torácica, quebrándole una costilla y tirándole al suelo. Ni Ghetsis le había pateado tan fuerte en su vida.

    -Ay, perdón, ¿te dolió? -preguntó Hilda con ironía. Después tomó su mano izquierda con fuerza- Qué mal. Porque esto te dolerá más.

    Y sin reparo alguno le empujó el dedo índice para atrás hasta romperlo, haciéndole gritar; acto seguido y plenamente consciente, le aplicó más de un puñetazo en la mandíbula con vigor, dejándole con tres o cuatro dientes menos.

    -¿Por qué me lastimas? -preguntó el huérfano entre lágrimas- ¡estoy de tu lado, lo ju…!

    -Cállate, genocida opresor asqueroso -le dijo ejerciendo fuerza sobre su pelvis con su bota derecha, hasta hacerle volver a gritar. Después se giró y comandó-. Terrakion, Keldeo, restrinjan a esas mujeres.

    -¡YA BASTA, HILDA! -gritó una voz femenina desde el rellano de la entrada, causando que la chica detuviese momentáneamente su ataque- ¡esto ha ido muy lejos!

    -Vuelve a Ciudad Caolín, Iris -dijo volteándose a ver a la chica de piel morena y cabello púrpura que se encontraba bajo el marco de las puertas, acompañada de un pokémon dragón de ojos azul brillante y pelaje blanco, parecido a un guiverno por su envergadura-. Es mío.

    -¡NO LO HAGAS! -lloriqueó ella abatida al ver en lo que su amiga se había convertido- ¡sé que te sientes responsable por lo que le pasó al maestro Drayden! ¡pero matar a ese chico no te brindará paz! A-además, él no hubiese querido que…

    -Ay, Iris -suspiró Hilda caminando hasta ella y abrazándola para su sorpresa-. Jamás entenderás. Considera esto un acto de misericordia por lo mucho que me importas.

    Se apartó de su lado para empezar a apretar sus ojos con ambos pulgares, ignorando sus ruegos con una mirada perdida; Reshiram, furioso, se aprestó a socorrer a su entrenadora.

    -Encárgate, Kyurem -dijo la chica sin prestar atención a la bola de fuego que el dragón cargaba a partir de su aliento.

    Kyurem liberó los apéndices en sus alas del hielo que se había formado alrededor de ellos, y con la energía de un pequeño artefacto cúbico que portaba en su cuello absorbió a Reshiram para hacerlo parte de su cuerpo; su entrenadora, mientras tanto, terminó el trabajo y dejó caer a Iris al suelo para luego limpiarse las manos manchadas con un pañuelo en su bolsillo.

    -Esto nunca fue por el maestro Drayden -respondió fríamente mientras pisoteaba hasta quebrar las poké balls que su difunta amiga había traído con ella. Los pokémon en su interior murieron como consecuencia del aplastamiento de sus cápsulas-, sino por mí. No busco la paz, y es lo que no supiste respetar -después se volteó hacia Kyurem, quien ya había cambiado de aspecto-. Ve y absorbe al otro. Te quiero al tope de tu verdadero poder.

    El nuevo y mejorado Kyurem Blanco le hizo una reverencia agachando la cabeza y caminó hasta Zekrom con intención de hacerle lo mismo que a Reshiram. Mientras esto ocurría, Hilda chasqueó los dedos y arrastró tanto a N como a las musas hasta el cuarto contiguo a la sala del trono, donde ordenó a Terrakion despojarles de sus ropas, dejándolos completamente desnudos e indefensos; Keldeo, por otra parte, trasportó a un herido e inconsciente Zorua.

    -Así que éste es tu cuarto de recreo, ¿eh? -dijo la castaña muy complacida, examinando los caros y lujosos juguetes que albergaba la pieza-. Nada mal. Ya hubiese querido yo tener uno igual cuando era pequeña. Uy, a Bianca le encantan los trenes. Nos va a gustar estar aquí.

    -¡No lo entiendo! -gimió N incapaz de comprender tanta violencia desmedida- Mataste a mi padre, ¡y también a tu compañera! ¿qué es lo que mi reinado ha hecho para que me odies de esta forma? ¿para que te llenases de tanto rencor? ¿de tanta…maldad? Dime y te compensaré.

    -¿De veras te interesa saber, lindo? -le preguntó ella riendo como si la pillasen haciendo una travesura. Después le susurró dulcemente al oído- Pues aquí va. Tu papi arrasó con mi pueblo. Tus sabios mataron a mi mejor amigo. Y tus soldados nos violaron a mi amiga, a mi madre y a mí noche tras noche mientras tú jugabas aquí dentro con tu trencito, sin hacer nada -acto seguido se apartó para mirarle con una sonrisa sarcástica-. ¿Te gustó lo que me hizo tu reinado? Bien, porque estoy por devolverte el favor. Keldeo, Terrakion. Utilicen Fuerza Bruta.

    -¡NOOOOO! -gritó desaforado N mientras los dos pokémon partían los cráneos de Concordia, Anthea y Zorua con sus pezuñas como si fuesen sandías. Sus mejores amigos y hermanos, aquellos que más amor le habían dado, ahora eran menos que una masa sanguinolenta de sesos salpicando el piso de su cuarto- ¡NO, MÁTAME A MÍ! ¡TEN PIEDAD, POR FAVOR!

    -Pídesela a otro, Harmonia -le dijo la chica metiéndole la lengua en la boca sin miedo, marcándolo con su saliva-, porque te mostraré el mismo tipo de maldad que tú me enseñaste. Te someteré a todo lo que nos hicieron, de la A a la Z. Luego te dejaré sanar. Y cuando te empieces a recomponer, a sentirte un ser humano como me pasó a mí…ahí te mataré -después le dio un segundo beso en la frente y lo soltó-. Descansa. Ya jugaremos…majestad.

    La futura soberana y tirana conquistadora salió contenta a tomar aire, viendo a Kyurem volar la muralla para hacer valer su pacto con los espadachines. Y mientras sus Genesect comandados por Meloetta invadían los cielos unoveses se reunió con Emboar, quien le trajo a una chica catatónica e inmóvil trasportándola en una silla de ruedas.

    -Mira, Bianca -le comentó feliz a la joven en estado vegetativo-, ¡te traje un trencito muy lindo!
     
    Última edición: 28 Febrero 2025
  7.  
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    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Horror
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    2554
    Lujuria

    Kalos. Una región hermosa como pocas. La tierra de la belleza y la opulencia. Y aquella que encierra un fenómeno en la biología pokémon que fascina a todo entrenador, investigador y erudito: el fenómeno de la megaevolución.

    En esta misma región fue donde comenzaron las aventuras de Calem, un chico que acababa de mudarse con su madre a otra región. El día de su llegada formó un grupo de amigos llamados Serena, Shauna, Trevor y Tierno, y recibió junto con ellos un pokémon de principiante por parte del profesor Augustine Sycamore, quien les encomendó la misión de ayudarle a registrar todos los pokémon que pudiesen en su pokédex.

    Un día, visitando la Torre Maestra de Ciudad Yantra, los chicos conocieron a Gurkinn, abuelo de la líder de gimnasio Korrina y guardián de la megaevolución. Al ver que Calem era un entrenador muy fuerte, abuelo y nieta le hicieron entrega de un Lucario capaz de megaevolucionar con el megaaro, la piedra activadora y la megapiedra correspondientes; y Serena, tras demostrar también su destreza siendo hija de dos entrenadores igual de competentes que ella, consiguió eventualmente los mismos objetos para megaevolucionar a su pokémon más fuerte, un Absol. Juntos se volvieron herederos de la megaevolución.

    Mediante los lazos que habían desarrollado con sus pokémon fortalecidos gracias a dicho fenómeno, los dos jóvenes y sus amigos detuvieron al Equipo Flare, una liga secreta de pomposos adinerados que buscaba usar la energía de los pokémon legendarios Xerneas e Yveltal para activar un arma milenaria que mataría a toda la gente de Kalos, perdonando y brindándole vida eterna a aquellos que considerasen los elegidos para crear una nueva utopía. Los cinco fueron héroes.

    Pero en uno de estos mundos de pesadilla, la historia fue otra. Una historia en la que la energía de la megaevolución guio a Calem por el camino erróneo.

    -Creo que dejaré de viajar un tiempo -le dijo de pronto a sus amigos sobre la cima de la Torre Maestra.

    -Espera, ¿cómo que un tiempo? -preguntó Trevor muy confundido. El chico pelirrojo había quedado anonadado ante el repentino anuncio de su compañero.

    -Acabas de conseguir un Lucario sagrado y una megapiedra -comentó Tierno igual de extrañado que su amigo-, ¡es el momento ideal para seguir viajando y entrenando! ¡te volverás un entrenador increíble!

    -No los presionen, chicos -intercedió Shauna soltando una risita nerviosa-. Estoy segura de que Calem tiene un buen motivo para tomar esta decisión.

    -Gracias, Shauna -le sonrió su amigo-, y de hecho sí, lo tengo. La verdad es que quiero aprender a dominar la megaevolución con Lucario antes de seguir buscando y capturando pokémon. Y me parece que Serena piensa igual, ¿no es cierto?

    -Oh, sí, desde luego -respondió su amiga intercambiando con él una mirada cómplice y para sorpresa de los demás-. Korrina me ha dicho que mi Absol también podría megaevolucionar, y hemos decidido hacer juntos el mismo entrenamiento que Calem y Lucario para convertirnos también en herederos. Ustedes pueden continuar el viaje mientras tanto. Cuando nos sintamos listos, ¡nos reuniremos de nuevo con ustedes!

    -Me parece bien -les dijo Trevor confiando plenamente en ellos, preparándose para partir con los otros dos-. Entonces nos veremos cuando el momento llegue. ¡Mucha suerte a ambos!

    -Estoy gratamente sorprendido de lo serio que se han tomado esto -les dijo Gurkinn apoyándoles la mano en el hombro a ambos chicos con una sonrisa de oreja a oreja-. ¡Con gusto les tomaremos de estudiantes! ¡mejor que estén listos, porque han aceptado una gran responsabilidad como herederos del secreto de la megaevolución!

    Pero la sonrisa en el rostro de Gurkinn no tardaría mucho en borrarse con el pasar de los días. El anciano notó muy pronto que Calem, ignorando sus instrucciones, parecía más interesado en activar la megapiedra y en hacer megaevolucionar a Lucario de forma impredecible y esporádica que en que su pokémon verdaderamente dominase el estado de Mega-Lucario. Era como si algo en el medio de ese proceso le tuviese obsesionado. Decidió discutirlo de forma privada con Korrina, quien había quedado a cargo de entrenar a Serena.

    -La chica se comporta igual -le dijo su nieta apesadumbrada y perdida una vez él le contó todo mientras le servía té-. ¡Hace evolucionar a su Absol por ningún motivo y cuando cree que no la veo! Una vez la atrapé en el acto mirando a la nada y con una sonrisa boba mientras encendía la piedra activadora en su megaaro sin parar. ¡Es inexplicable!

    -Empiezo a pensar que cometí un error de juicio muy grave al apresurarme a aceptar a esos chicos -reflexionó su abuelo consternado mientras tomaba un sorbo-. La energía de la megaevolución libera los genes guerreros de un pokémon potenciados por el Arma Definitiva cuando ésta irradió las piedras evolutivas que luego se convirtieron en las megapiedras como las conocemos. Pero también se han dado contados casos entre mis anteriores estudiantes en los que amplifica las hormonas del pokémon y del portador. En especial las sexuales.

    -¡Oh, no! -exclamó Korrina, tapándose la boca aterrada. No le gustaba nada hacia dónde se encaminaba la conversación-. Abuelo, ¿no estarás sugiriendo que…?

    -Eso me temo -completó Gurkinn terminando de beber el té y poniéndose de pie-. Tal parece que cuando Calem megaevolucionó a Lucario por primera vez, también sufrió su despertar sexual; y Serena, que sintió de alguna manera ese despertar, empezó a ambicionar sentir lo mismo con su Absol. Podría estar afectando gravemente sus mentes.

    -¡Usaron el entrenamiento como pretexto para que les dejáramos drogarse con las megapiedras! -concluyó la líder de Ciudad Yantra atónita. Acto seguido se atrevió a preguntar- ¿qué vamos a hacer?

    -Tendremos que quitarles los aros y las piedras y mantenerlos en observación por un tiempo -le dijo su abuelo encaminándose hacia la salida-. De paso les sacaremos también sus holomisores y advertiremos con ellos a sus familias. Ve sacando a tus pokémon para poder…

    -¡CHESNAUGHT, MAZAZO!

    El largo brazo del pokémon armadillo, bañado en una brillante aura esmeralda y habiendo adoptado una forma similar a un palo de amasar, descargó toda su fuerza sobre el humilde y desprevenido anciano fracturando sus huesos frontal y parietal como si fuesen de telgopor, y provocándole un traumatismo craneoencefálico que le dio una muerte inmediata. El pobre hombre abandonó el mundo sin siquiera poder saber qué lo había causado.

    -¡ABUELOOOO! -se desgañitó horrorizada Korrina mientras veía a los únicos culpables frente a ella. Después chilló entre lágrimas mientras se agachaba a socorrerlo- ¡OH CIELO SANTÍSIMO, LO MATARON! ¡LO MATARON!

    -Escuchamos todo -dijo Serena con indiferencia y adoptando posición de jarrón. Su Chesnaught se limpió la pata contra la puerta, quitándose los restos de tejido que tenía en su puño-. ¡No van a quitarnos nada! ¡esa energía lo es todo para nosotros ahora, y no renunciaremos a ella por nada del mundo! -después miró a su amigo- Calem, termina con esto.

    -Encantado -expresó el joven dejando pasar a su pokémon de fuego. Posteriormente ordenó-. ¡Charizard, Hiperrayo!

    Korrina se protegió con ambas manos intentando cubrirse, pero el inminente e ineludible ataque de energía del Charizard la carbonizó a ella y a lo que quedaba de su abuelo sin problema alguno, hasta tal punto que sus cuerpos quedaron inidentificables.

    -Le pediré a Diggersby que los entierre en donde nadie los encuentre -aseguró el muchacho mientras ambos hacían retornar a ambos pokémon a sus cápsulas contenedoras-, y reemplazaremos el tapiz para borrar las quemaduras. No debe quedar evidencia de lo que pasó aquí.

    -Y yo me encargaré de buscarnos una coartada para que Shauna y los demás no hagan preguntas -afirmó la chica mientras sus ojos adquirían una tonalidad magenta brillante-. Si todo sale bien, ya no habrá de qué preocuparse.

    -En efecto –le sonrió él con la misma tonalidad haciéndose presente en sus ojos-. Ahora ven acá.

    Y sin pensárselo dos veces se besaron brusca y apasionadamente el uno con el otro, conectando lenguas y poseídos completamente por el deseo carnal que habían desarrollado los últimos días. Ella comenzó a masajear el bulto en sus pantalones mientras él la cargaba con ambos brazos para levantar su falda y apretar con determinación sus glúteos y entrepierna, hasta que ambos eyacularon dentro de su ropa interior.

    Las siguientes semanas marcaron el comienzo del fin de la normalidad para todos en Kalos: Calem y Serena, entregados de lleno el uno al otro, comenzaron a reunirse seguido en la casa del otro, teniendo intensos encuentros sexuales a escondidas de sus padres y amigos; para acrecentar el placer, se aseguraban de colocarse las piedras activadores en sus partes íntimas, forzando a Lucario y a Absol a megaevolucionar y regresar a su estado normal cada vez que hacían pausas para después reanudar.

    Sus pokémon, inicialmente sintiendo un dolor que lastimaba su piel y les hacía perder el control de sus mentes, eventualmente desarrollaron el mismo gozo que sus entrenadores por la desbocada cantidad de energía que fluía por sus cuerpos, y como uno podría imaginarse no tardaron tanto en empezar a penetrarse mutuamente con el fin de replicar los mismos niveles de satisfacción que sus entrenadores debían de sentir.

    -¡SÍ, SÍ, SÍ! -gemía Serena respirando por la boca y aferrándose a las mantas de su cama sin sentido alguno de la decencia- ¡MÉTEMELO TODO! ¡LO NECESITO TODO! ¡LO QUIERO TODO!

    -¡ESTO ES ASOMBROSO! -gritaba Calem al unísono mientras seguía dándole estocadas a su amiga con su mástil de carne y mordía sus pechos como un animal enjaulado; la embriagadora energía de las piedras incrementaba su estamina y sus niveles de testosterona al punto del absurdo, impidiéndole agotarse- ¡SERENA, CREO QUE ME VENDRÉ OTRA VEZ!

    -¡HAZLO YA! -suplicaba ella entre lágrimas mientras la energía en su cuerpo reseteaba constantemente el aumento de su presión sanguínea por cada orgasmo que tenía, evitando que pudiese quedar temporalmente ciega por alguna hemorragia ocular- ¡ME CORRO, CALEM, ME CORRO DE NUEVO!

    Ya ni paraban. Ni usaban profiláctico. Los alguna vez decentes e íntegros jóvenes ahora se habían convertido en dos auténticos adictos con hipersexualidad que en lo único en lo que pensaban era en aparearse como si no hubiese un mañana.

    Pero llegó un momento en el que ni masturbarse, ni practicarse sexo oral, ni copular al aire libre, ni usar juguetes, ni el mero hecho de fornicar en todas las posiciones habidas y por haber podía saciar sus apetitos sexuales cada vez que se juntaban. La energía de la megaevolución era una droga más intoxicante que ninguna otra que existiese, y cada vez demandaba más de ellos, como si les estuviera imperando que hiciesen sacrificios en su nombre si querían que volviese a estimularlos.

    Las opciones se les acabaron muy pronto, hasta que un fatídico día tomaron la última vía que alguna vez se les hubiese ocurrido, cuando todavía tenían verdadero uso de razón: empezaron a tener coito con sus pokémon, quienes ya cansados de sus encuentros homoeróticos entre sí accedieron encantados.

    -¡AH, SÍ! -voceaba Serena con la lengua afuera mientras su megaevolucionado Absol le insertaba su miembro una y otra vez; el pokémon siniestro se hallaba feliz de por una vez ser quien estaba al mando- ¡SOY TU PERRA, FERTILÍZAME!

    -¡AH, LUCARIO, MÁS FUERTE! -bramaba Calem sintiendo cada golpe que el pokémon chacal daba en lo más profundo de su recto. Su colon estaba por estallar, mas no le importaba pues Serena ya le había hecho desarrollar un gusto al coito anal mediante un consolador con arnés- ¡DAME MÁS, NO ME DEJES SIN MÁS!

    Y cuando ya no fue suficiente hacerlo por separado, iniciaron un cuarteto mediante el cual la chica mamaba la verga del muchacho mientras él sobaba sus pezones indiscriminadamente, con sus pokémon prosiguiendo el llenarles de su semen sin ningún tipo de reparo.

    La energía en sus cuerpos alcanzó una etapa crítica, al punto que Lucario y Absol cayeron muertos al suelo y se desvanecieron; y Calem y Serena, sin preocuparse por ellos, comenzaron a rasguñarse y a morderse instintivamente el uno al otro en el cuello y en la espalda, al mismo tiempo que sus cuerpos empezaban a sufrir una drástica transformación.

    -¡SERENA! -gritó su madre tirando abajo la trabada puerta- ¡llevas dos días sin salir de tu cuarto! ¡¿qué es lo que está pasando realmente aquí?!

    Pero nada podía prepararla para lo que vio al ingresar a la habitación: encima de la rota y aplastada cama, una especie de criatura antropomórfica femenina de pelos y alas blancas y rostro, cuerno y garras azules parecida a su hija gemía y era cogida sin contemplación por un ser orejudo de pelo azul y negro que parecía un mutante a medio camino entre un Riolu y un chico humano. Y sin poder evitar el asco y el miedo, gritó desaforada.

    Los dos adefesios, al percatarse de su presencia, gruñeron enseñándole los colmillos mientras sus ojos adquirían una tonalidad rojo purpúreo; sintiéndose atacados en medio de un momento tan íntimo, expelieron de su interior una enorme y caótica onda de energía magenta que iluminó la casa entera, pasando a cubrir el vecindario y de allí el resto de la región.

    De ese modo, Kalos presenció un evento sin precedentes en el que humanos y pokémon se fueron fusionando entre ellos, creando una nueva raza de híbridos que, hambrientos por procrear usando a quienes más cerca tuviesen con repentina urgencia, se juntaron en grandes grupos para llevar a cabo orgías que por la gran concentración de megaenergía extendieron el efecto más allá de la región, terminando por alcanzar al resto del planeta, incluyendo tierra, cielo y mar.

    -¡CALEM, NO PARES DE COGERME! -rugía la Mega-Absol que alguna vez había sido Serena sin vergüenza, en medio de toda esa marea de sexo y de depravación- ¡SOY TU HEMBRA, SOY TU PUTA! ¡NO QUIERO DEJAR DE SER TU HEMBRA NUNCA JAMÁS! ¡DAME TU SEMILLA!

    -¡YO TAMPOCO QUIERO DEJAR DE SER TU MACHO, SERENA! -aullaba y jadeaba el Mega-Lucario en el que se había convertido Calem, sin parar de mover rítmica y velozmente su pene contra su punto G- ¡NO PUEDO TENER SUFICIENTE DE TU CLÍTORIS! ¡TE COGERÉ HASTA QUE EL SOL EXPLOTE!

    El inmortal rey AZ, quien milagrosamente había sido el único ser humano en no ser transformado por la onda expansiva, contempló mortificado el grotesco espectáculo que llevaba unas cuantas horas dándose frente a sus ojos. Gritos humanos mezclados con rugidos, graznidos y demás sonidos propios de animales en pleno éxtasis llenaban el aire, obligándole a taparse los oídos para no terminar sordo. Su corazón lloró mientras reconocía que los días de la humanidad habían llegado a su fin. Y la culpa era sólo suya.

    -Oh, Floette -se lamentó en vano-. Lo único que quise fue devolverte la vida que este mundo impío te había quitado. Y acabé abriendo la caja de Pandora. Dondequiera que te encuentres, espero sepas perdonarme.

    La acumulación de energía bélica y sexual llenó ciudades, bosques e incluso los océanos, hasta alcanzar el núcleo del centro de la tierra y provocar una reacción en cadena que trajo consigo la destrucción de la tierra y del sistema solar. Y donde alguna vez había habido la mayor concentración de vida en la galaxia, el verdadero milagro y misterio de la creación, no hubo más que silencio.

    El despiadado e indolente silencio del vacío del espacio exterior.
     
  8.  
    Woona

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    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
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    Horror
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    9
     
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    3799
    Gula

    Al igual que la megaevolución, podemos encontrar muchos otros fenómenos impresionantes dentro del mundo pokémon, tales como la teracristalización, el dimorfismo sexual, las formas regionales para una misma especie, los ejemplares con colores inusuales, el estado Dinamax o Gigamax y los movimientos Z.

    Estos últimos son los que cobran relevancia en esta historia.

    Nació una vez una niña llena de sueños que fue llamada Selene. Con el amor y afecto de una madre que la quería más que a nada en el mundo, las dos se mudaron un día desde Kanto hasta el tropical y colorido archipiélago de Alola; una vez allí, fueron recibidas por un profesor llamado Kukui, quien incentivó a Selene y a otros dos chicos llamados Hau y Lillie a realizar el Recorrido Insular, desafío que consistía en cumplir diversas pruebas, enfrentarse a poderosas criaturas llamadas los pokémon dominantes y vencer a los más experimentados entrenadores de las cuatro islas, conocidos como los Kahuna; de ese modo, los niños se volvieron entrenadores.

    Además de pasar las pruebas con un equipo de pokémon muy poderosos que fue capturando y entrenando, Selene acabó viajando a un mundo remoto en el amplio ultraumbral conocido como Ultrópolis, con el fin de detener a Necrozma. Un poderoso pokémon originario de dicho mundo con el poder de absorber y almacenar luz, cuya mera existencia y naturaleza agresiva ponían en peligro a todo el universo; y tras derrotarle, le buscó para capturarle y criarle con cariño.

    Juntos, Selene y Necrozma participaron en la primera liga pokémon oficial de Alola. Siendo coronados los primeros campeones de la región, continuarían protegiendo su título tanto de sus amigos como de otros entrenadores que llegarían para desafiarlos.

    En otro mundo, las cosas fueron todo lo contrario. En este mundo, Selene significó la perdición de Alola.

    De la misma manera que en nuestra realidad, en este universo también existió una chica llamada Selene. Pero su vida previa a la mudanza fue todo menos un paseo por las flores.

    Su padre la despreció y la abandonó; y su madre, incapaz de poder conciliar el hecho de que había elegido al hombre equivocado, se dio a la bebida y descargó sus frustraciones con ella.

    -¡Eres una inútil! ¿por qué tuviste que nacer? ¡si no lo hubieses hecho él todavía me amaría!

    -¡Mamá, lo siento! ¡por favor, no me odies! ¡no me pegues! ¡me duele mucho!

    -¡Cállate y limpia eso para subir de una vez a tu habitación! ¡no quiero verte en lo que quede del día!

    Selene sufrió mucho los primeros diez años de su vida. Con su madre negándose a criarla apropiadamente y abusando de ella verbal y físicamente, su único soporte emocional era Meowsie, el Meowth mascota de la familia, a quien su madre parecía preferir por sobre ella. Y comenzó a comer en exceso.

    Comía cualquier tipo de comida chatarra para poder ahogar sus penas y no pensar en el dolor, siendo su favorita las patatas fritas. Comía para olvidarlo todo. Y si eso la mataba, sabía que al menos sería libre.

    -Oh, Meowsie, quisiera que se fuera y me dejara en paz -le dijo sollozando mientras lo abrazaba entre lágrimas. El pokémon frotó su mejilla contra la de ella para reconfortarla-. Tú eres el único que me entiende. No sé qué haría si algo te pasara.

    Pocos días después del onceavo cumpleaños de Selene, Meowsie murió atropellado por un coche, dejándola sola; y su madre, queriendo dejar atrás los malos recuerdos que esa casa le traía, aceptó la invitación de su amigo Kukui de mudarse a Alola. El profesor pokémon estuvo encantado de recibirlas.

    -Tú debes de ser Selene. Tu mamá dice que te gustan mucho los pokémon. Él es Hala, el Kahuna de la Isla Melemele. Podemos darte uno de estos tres pokémon que necesitan un hogar como tu propio compañero: Rowlet, Litten y Popplio. ¿Cuál te gusta más?

    Era mentira. Selene odiaba los pokémon. Los veía como criaturas molestas y ruidosas que sólo entorpecían su vida y que, al igual que su madre, le daban miedo de salir de su casa; no obstante, vio una oportunidad en volverse entrenadora como muchos otros niños de su edad y la tomó. Asintiendo con la cabeza y fingiendo sonreír, eligió aquel que consideraba el más fuerte.

    -Así que Litten, ¿eh? ¡muy buena elección, jovencita! -dijo Hala muy contento- Tiene sentido, después de todo tu madre nos contó que tú y su Meowth eran muy unidos.

    La chica kantonesa se limitó a seguir sonriendo y asintiendo, lo que llamó la atención del viejo Kahuna.

    -Veo que no habla mucho -observó el anciano mirando a su madre, perplejo.

    -Oh, es que es tímida -dijo la mujer queriendo tapar el sol con el dedo. Luego le dio un golpe disimulado a Selene en la espalda-. La gente que no conoce le da un poco de miedo, pero sólo al inicio.

    -Entonces se llevará muy bien con ellos -dijo Kukui contento y haciendo pasar a otros dos niños. Luego los presentó-. Selene, él es Hau, el nieto de Hala, y ella es Lillie, mi asistenta. ¡Ellos realizarán el Recorrido Insular contigo!

    -¡Es un placer conocerte! -le dijo Hau extendiendo su mano derecha en señal de amistad- Veo que elegiste a Litten. Yo me quedaré con Rowlet. Es que es muy tierno.

    -Ho-hola, Selene -le dijo Lillie tratando de imitar a Hau para no ser grosera-. Yo t-también estoy encantada de conocerte. Vivo con el profesor Kukui desde hace un tiempo.

    Selene les aceptó el saludo a ambos con su sonrisa falsa, estando más interesada en el extraño pokémon que podía ver asomándose dentro del bolso de Lillie. No había leído nada sobre él en el folleto que les habían dado antes de venir a Alola, mas algo le decía que podría serle de uso.

    -Me alegra ver que los tres ya se llevan bien -expresó el científico. Después añadió-. ¡Ahora alístense, que el Recorrido Insular nos espera!

    Pero con lo que ni Kukui ni Lillie ni Hau contaban fue que, a la primera oportunidad que tuvo, Selene se separó de ellos, desactivando su recién recibida Rotomdex de modo que no la pudiesen rastrear. Habiendo sustraído al pokémon extraño del bolso, sometió a este y a su Litten a un riguroso y nada placentero entrenamiento, ignorando sus súplicas y alimentándoles únicamente con los pokémon salvajes a los que venciesen. Les dio hambre de victoria. Ganar a todo o nada.

    Selene sabía que los pokémon de fuego, de agua o de planta que obsequiaban a los entrenadores principiantes en diferentes partes del mundo contaban con dos etapas evolutivas adicionales, siendo por lógica la última la más poderosa. Por lo que se enfocó primero en desafiar a cuantos entrenadores se le cruzasen para lograr que su Litten evolucionase en Torracat y finalmente en Incineroar; con el felino llevado a su máximo potencial, le usó para capturar más pokémon que considerase fuertes y pasar las pruebas de forma despiadada y poco ética.

    -¡E-espera, no puedes llevártelo! -exclamó la capitana de la isla de Akala al ver cómo encerraba al Lurantis de la prueba en una ultra ball a la fuerza- ¡es un pokémon dominante!

    -Era un pokémon dominante -la corrigió Selene guardando la ball en su bolso y con una bolsa de patatas fritas en la otra, masticando su contenido sin siquiera cerrar la boca-. Ahora yo lo domino a él.

    -¡Pero él es parte de la prueba! -le detuvo la chica tratando de que reconsiderase su decisión, bloqueándole el paso- ¡y los pokémon se deben tratar con…!

    -Déjame detenerte ahí mismo para avisarte que de plano no me interesa -la interrumpió la muchacha de Kanto poniéndole la mano en la cara-. Odio los pokémon y los míos son sólo un medio para un fin -después le enseñó la poké ball de Incineroar y la asesinó con aquella mirada “alegre” que ya se había acostumbrado a exhibir-. Así que apártate o te apartaré. Permanentemente.

    Mallow sintió que el alma casi se le salía del cuerpo mientras la veía alejarse. La actitud de la chica causó que la Rotomdex decidiese intervenir.

    -Pienso que no deberías decir eso -le dijo a Selene apenas estuvieron un poco lejos, volviendo a encenderse.

    Pero la chica la tiró sin previo aviso al suelo y golpeó la pantalla repetidas veces con una roca hasta romperla. La enciclopedia electrónica quedó inutilizable, y el pobre pokémon fantasma quedó atrapado en ella, sin posibilidad alguna de escapar.

    -Me cansé de oírte -le dijo con una frialdad que hizo que Rotom sintiese escalofríos-. Nunca cierras la boca, y todo lo que me dices es estúpido. No eres más que un lastre. Así que aquí nos despedimos. No intentes seguirme.

    Continuó su travesía repitiendo el mismo proceso en todas las pruebas, con su equipo cambiando conforme iba descartando pokémon que creía que no le servían en favor de los que veía como más hábiles. En el camino se encontró con una pandilla de marginados que habían fracasado en el Recorrido Insular y que se hacían llamar el Equipo Skull. Tras humillar y desterrar a su líder en un duelo utilizando a nada más que a Incineroar, tomó control de la banda y de su mansión base en Pueblo Po.

    -¿Gusta más uvas, mi señora? -le preguntó temeroso uno de sus nuevos esbirros.

    -Dame eso -dijo ella muy molesta, saliendo de haberse inducido a vomitar en el baño y arrancándole el tazón mientras se sentaba sobre su trono. Luego se dirigió hacia los otros reclutas, que estaban en pleno proceso de agasajar a sus pokémon con alimentos robados-. Denles todo lo que quieran y cerciórense de que coman bien. Si pasan hambre, lo sabré.

    Los destrozos y hurtos que la chica comenzaría a hacer comandando a sus secuaces pronto llegarían a oídos de Kukui; el profesor pokémon, muy molesto, decidió encarar a su madre para averiguar la verdad.

    -¿Cómo pudiste hacerle eso? -preguntó indignado una vez ella le contó todo- Era tu hija, y necesitaba una madre. ¿Siquiera pensaste en el daño que podías provocarle? ¿en lo que podía llegar a convertirse?

    -En serio lo lamento -lloraba la mujer genuinamente arrepentida, sonándose con una servilleta-. Estaba tan enojada, y no quise darme cuenta. Sólo quería que mi esposo volviese, ¡que todo tuviese sentido otra vez! Jamás imaginé que se convertiría en una delincuente.

    -Pues ahora lo es -le dijo Nanu, el Kahuna policía de la isla Ula-Ula-. Espero estés orgullosa.

    -No sean tan duros -pidió la mujer de Kukui apoyándole una mano en el hombro a su marido-. Ya habrá tiempo de sobra para juzgarla por lo que ha hecho. Ahora lo principal es encontrar a la niña. A ella y a los del Equipo Skull.

    -Tienes razón, Burnet -le agradeció él con una sonrisa. Acto seguido golpeó su palma con su puño-. No debemos perder ni un solo segundo. Nanu, reúne a todos. Creo que sé por dónde empezar a buscar.

    Pero para desgracia de ambos expertos, y de toda la región, alguien más ya había empezado a buscar a Selene. Y la había encontrado antes que ellos.

    -¿Qué…qué cosa eres tú? -preguntó la chica sin comprender lo que tenía delante de ella- ¿acaso…eres un pokémon?

    El peculiar y levitante ser bípedo de cuerpo coscuro como una obsidiana y cristalino como un diamante la miró fijamente antes de empezar a hablarle telepáticamente. Se habían chocado por accidente cuando ella había salido sola de su guarida a tomar aire, en busca de algún pokémon fuerte al que desafiar y come patatas tranquila; y él, de forma muy casual, apareció atravesando un agujero de gusano en el cielo hasta descender y reunirse con ella.

    -Necrozma. El Refulgente. El devorador de la luz. Me han llamado mil y un nombres de donde provengo.

    -¿Y viniste a lastimarme? -preguntó ella temeraria, instintivamente tomando la ball en la que guardaba a un Kommo-O que había capturado en el cañón de la isla de Poni.

    -No. Vine a proponerte una alianza.

    -¿Cómo que una alianza? -inquirió ella alzando una ceja. La criatura le provocaba tanto incertidumbre como desconfianza.

    -Siento dolor en ti. Hambre. Rencor. El fastidio de sentirte incompleta. Como si algo te faltase.

    Necrozma empezó a usar la energía psíquica y lumínica almacenada en su prisma cerebral para compartirle su historia sin tener que hablar. Y Selene sintió que algo dentro de su corazón se quebraba mientras procesaba y entendía las imágenes que llegaban hasta su mente; cuando el procedimiento del pokémon ínter dimensional acabó, cayó de rodillas al suelo, con las lágrimas escurriéndose por su rostro.

    -Tú…tú lo entiendes, ¿verdad? -consiguió decir, tratando de no romper en llanto.

    -A los dos nos lastimaron. Nos quitaron nuestra alegría. Si me ayudas a recuperar mi forma real, te prometo que jamás me iré de tu lado. No como Meowsie.

    -¿Lo juras? -insistió al borde de perder la compostura.

    -Ahora y siempre.

    Necrozma hizo una pausa. Después señaló a sus bolsillos con una de sus garras.

    -El ser que tienes ahí. Su cuerpo rebosa de energía. Dámelo y podré servirte mejor.

    -Hecho -dijo ella con determinación, sabiendo exactamente a cuál de sus pokémon se refería. Sin perder ni un segundo invocó al pequeño Cosmog que había robado, y que ya había evolucionado hacía tiempo en un gigantesco Lunala. El pokémon lunar con morfología parecida a la de un murciélago no estaba para nada contento con este arreglo.

    -Ama, esto está mal. No quiero ser absorbido. Usted me ha dado la posibilidad de volverme más fuerte, pero si hago esto Lillie me extrañará mucho. Por favor, repiénselo. Por lo que hemos pasado juntos. Por nuestra amistad.

    -Yo no tengo amigos, Nebby -respondió Selene sin meditarlo-. Ni los quiero. Mi único amigo ya no está. Ahora haz lo que te ordeno. Déjale entrar en contacto contigo.

    Nebby se resignó y chilló de dolor mientras Necrozma tomaba posesión de su cuerpo y de su mente, creando un ser enteramente nuevo que reflejaba el resultado de haberlos combinado a ambos en una misma entidad.

    -Aún me queda mucho para recuperar todo mi poder, pero éste es un buen comienzo.

    -Tengo también estos inútiles pedacitos de vidrio que los Kahuna me dieron -le comentó la chica casualmente mientras revisaba los cristales Z que había recolectado superando las diferentes pruebas. Luego le enseñó la pulsera en su muñeca derecha-. A mí no me sirven de nada, pero sé que irradian mucha luz cuando se usan. ¿Crees que con esto bastará?

    Necrozma miró los cristales fijamente que la muchacha tenía en sus manos. Y al percibir la abrumadora pero familiar energía almacenada en ellos, le asintió con la cabeza.

    -Fueron parte de mí una vez. Por supuesto que bastará.

    -Entonces…-comenzó a decir ella, pero fue interrumpida por una voz conocida.

    -¡SELENE, NO! -gritó Kukui corriendo hasta ella y acompañado de Burnet, de Lillie y de Hau. Detrás de ellos venían los Kahuna, los capitanes y cuatro singulares y flotantes pokémon que despedían un aura feérica apabullante- ¡NO LE ENTREGUES ESO!

    -Los guardianes de las islas -se limitó Selene a decir viendo a los pokémon extraños, a los que reconoció por las historias de los locales como Tapu Koko, Tapu Fini, Tapu Lele y Tapu Bulu-. Interesante.

    -¡Selene, aléjate de él ahora! -le pidió Hau muy asustado- ¡nos han avisado que ese monstruo se llama Necrozma! ¡experimentaron con él en su dimensión, y es inestable y nos va a dejar a todos sin luz!

    -…Sí -contestó ella con la sonrisa que ellos ya estaban acostumbrados a ver en su rostro, mientras se comía otra patata frita-. Eso ya lo sé. Él me lo dijo. Y no me importa. Voy a darle estos cristales para que se los coma. Así se recuperará.

    Se produjo un silencio en el que todos los recién llegados se detuvieron a pensar incrédulos lo que acababan de oír. Y fue así cómo Hau pudo vislumbrar muerto de miedo la furia y apatía escondidos detrás de esos ojos sin luz y esa sonrisa aparentemente inocente.

    -Jovencita, sabemos lo que tu madre te causó -suspiró Hala con gran pesar-, pero no podemos dejarte hacer eso. Todos aquí hemos sufrido la pérdida de alguien a quien amamos. Yo he perdido a mi esposa, Acerola a sus padres y así puedo seguir. Pero supimos sobrellevarlo. Tú debes aprender a hacer lo mismo.

    -No quiero sobrellevar nada -le escupió la chica procediendo a darle la espalda para concentrarse en Necrozma-, y no intenten hacerme ser empática. No quiero saber nada sobre ustedes. De hecho, tampoco deseo sentir nada por ustedes. Sólo quiero comer. Y él también.

    Los Tapus, percibiendo las intenciones de la chica, se abalanzaron sobre ella, dispuestos a atacar a Necrozma con todo lo que tenían; los capitanes y Kahuna, viendo que no les quedaba ya otra opción, hicieron lo mismo corriendo junto a sus mejores pokémon.

    -¡DANOS ESOS CRISTALES, NIÑA! -ordenó Nanu con su Persian, a la cabeza del grupo.

    -¡Kommo-O, Estruendo Implacable y luego Puya Nociva! -imperó Selene insertando el kommostal Z en su pulsera y transfiriendo la energía de la reliquia a su pokémon dragón.

    Kommo-O salió raudo de su ball, e inició una rápida y macabra danza antigua en la que hizo tintinear las escamas en sus brazos y cola, bañándose en la inmensa luz dorada que ahora corría tanto alrededor de su cuerpo como por sus músculos y venas. Y cuando estuvo listo, soltó un estruendoso rugido de energía dragontina cuyo eco dañó severamente a la gran mayoría de sus oponentes; después, pegando un increíble salto producto del gran subidón en su velocidad, propinó un ponzoñoso golpe a los cuatro Tapus en sus abdómenes, partiendo en dos a Tapu Bulu y a Tapu Koko e interrumpiendo su acometida antes de que siquiera pudiesen entender qué les había pasado.

    Tapu Lele y Tapu Fini cayeron gravemente envenenadas al suelo, retorciéndose junto al resto de sus aliados pokémon y humanos. Necrozma Alas del Alba tomó ventaja para aumentar su ataque con una Danza Espada, seguido de un potente ataque de Terremoto que abrió un gran cráter sobre el terreno que conducía al océano, matando a los guardianes, capitanes y Kahuna por igual cuando sus cuerpos cayeron hasta impactar con el mar, fracturándose todos los huesos.

    -¡SELENE, POR FAVOR, NO! -lloriqueó Lillie desconsolada corriendo hasta ella mientras Hau, Burnet e incluso Kukui perdían el balance hasta caer junto con el resto. Al estar a escasos centímetros de ella, se detuvo- ¡ERES UNA BUENA PERSONA, YO LO SÉ! ¡NO HAGAS ESTO!

    -Convénceme, Lillie -replicó la chica kantonesa mordiendo otra papa y viendo cómo sus indeseables enemigos flotaban a la deriva, como si fuese lo más aburrido que hubiese visto en la vida. Luego se quitó el kommostal Z y se lo arrojó a Necrozma para que se lo comiese junto con el resto de las gemas, dándole la posibilidad de regresar a su forma real-. Dame una buena razón para no decirle a Kommo-O que te mate a ti también. Ya has visto de lo que soy capaz.

    -¡YO SÉ LO QUE ES SENTIRSE ABANDONADA POR QUIENES MÁS AMAS! -sollozó Lillie abrazándola tanto para reconfortarla como para evitar caerse. Necrozma rugió al cielo y comenzó a reunir aire por sus fauces, absorbiendo lentamente toda la energía lumínica proveniente de las ciudades vecinas- ¡mi padre también se fue, y después lo hizo mi hermano! ¡y mi madre prefirió a un pokémon antes que a mí! P-pero s-su…

    -¿Pero supiste sobrellevarlo? -le preguntó ella estando a punto de dejar caer la máscara de niña sonriente. Posteriormente añadió- Ya eres la segunda persona que me dice eso hoy. ¿Qué pensaste que traté de hacer cuando mi madre me golpeaba o me decía que era una inútil? ¿o cuando Meowsie murió?

    La joven enmudeció mientras las lágrimas le seguían cayendo, sin saber qué contestarle. Necrozma continuaba absorbiendo la luz tanto de Ula-Ula como de las demás islas, mientras su alto, su largo y su ancho se expandían, inflándose como un globo por toda la energía que estaba almacenando. Un globo que jamás reventaría. Que jamás se quedaría sin espacio.

    -He tratado de olvidar, Lillie -le dijo de pronto Selene, triturando otra patata y todavía con aquella sonrisa lunática y enfermiza. Luego se levantó su camiseta y le enseñó todos los moretones y hematomas que tenía en el vientre y en las costillas-. Pero no puedo. No quiero. Por eso como. Quiero que la luz se apague. Que todo se apague. Y sólo te dejo vivir todavía porque me recuerdas a mí. Porque sé que tú tampoco puedes olvidar. Estás rota, como Necrozma y como yo. Y quieres dejar de estar rota. Nosotros podemos ayudarte con eso.

    Lillie se horrorizó. Miró atentamente a los grisáceos ojos de la chica y no vio más que un amplio y oscuro vacío desprovisto de vida. No había nada, ni el más tenue brillo. Y al mirar con detenimiento hacia aquel abismo, el abismo la miró también a ella. La luz en sus ojos también se apagó mientras sufría una epifanía. Sus lágrimas se secaron.

    -Sí -susurró en un tono sin emoción, casi robótico-. Tienes razón -luego la tomó suavemente de la mano y agregó-. Creo…que finalmente te entiendo.

    -Vamos a comérnoslo todo, Lillie -afirmó Selene mientras el resto de sus pokémon salían de sus poké ball, preparándose para asistir a Kommo-O en repeler a cualquiera que intentase impedir el banquete de Necrozma-. Empezaremos con Alola; de ahí en más, el resto. Y cuando ya no quede nada más que comer, nos saciaremos. Todo estará claro.

    -Sí -le repitió ella abriendo la poké ball en la que había traído a su Clefable, a quien había evolucionado recientemente para ayudar a Kukui y compañía-. Lo haremos.

    Las dos chicas se quedaron calladas y estáticas como dos muñecas de porcelana, viendo cómo varios portales se abrían en el cada vez más oscuro cielo, invocando todo tipo de nuevos enemigos.

    Seres bizarros con poderes incalculables. Ejércitos provenientes de mundos con avanzada tecnología. Naves y fragatas de la Fundación Aether desplegando centenares de Código Cero y Silvally producidos en masa. Cruceros estelares que viajaban para invadir otras realidades.

    No importaba. Ninguno importaba. Sólo serían entremeses para ellas y Necrozma antes del plato principal: la luz del cosmos entero.

    Reforzaron la unión de sus manos voluntariamente mientras ordenaban a sus pokémon los siguientes movimientos a realizar. Y Lillie tomó una patata frita para tragarla. A partir de ese punto, una única cosa le quedaba clara.

    Ella y Selene estaban juntas en esto. Y el festín no había hecho más que arrancar.
     
  9.  
    Woona

    Woona dragona lunar/hoenn girl

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    Escritora
    Título:
    Pokémon: Multiverso de Pesadillas
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    283
    Epílogo

    Una simple decisión, una sola acción, puede cambiar el rumbo del futuro para siempre.

    Aquí has visto futuros arruinados por acciones. Mundos colapsados por soberbia, codicia, ira, envidia, pereza, lujuria y gula. Donde toda la esperanza murió y jamás retornó.

    Por fortuna, ninguna de estas historias sucedió porque no estaba escrito que sucediesen. Porque no eran más que pesadillas

    En su lugar, tuvimos historias protagonizadas por jóvenes indómitos, desinteresados, de buenas intenciones. Que perseveraron ante la adversidad y consiguieron transformar el mundo mediante sus nobles acciones. Acciones que les convirtieron en leyendas. En héroes y maestros pokémon.

    Héroes y maestros pokémon como tú.

    Pero, ¿de verdad es sabio ignorar las advertencias que estos mundos de pesadilla albergan? Tal vez tu historia podría ser la que deshaga todas las otras historias. Tal vez sí estamos dentro de un multiverso oscuro, y tu historia sería la que nos conduzca a la ruina.

    Hay que quienes creen que nuestro propio reflejo es nuestro yo oscuro. Y que mientras él o ella y su mundo permanezcan encerrados en el espejo, nosotros permaneceremos a salvo.

    Tú permanecerás a salvo.

    Pero no existen certezas o garantías absolutas ni en este mundo ni en el otro. A veces, todo puede suceder.

    Permanece sereno. Piensa en la persona en la que te has convertido y en la que aspiras a convertirte. Evalúa tus opciones. Y cuando estés seguro, toma la decisión correcta.

    Pues como diría una vieja amiga, la esperanza de uno puede ser la desesperanza de los otros. Lo que se necesita es imaginación.

    Soy Drasna, del Alto Mando. Gracias por haber seguido mis relatos hasta este punto. Y ahora, sal ahí y atrápalos todos.
     
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