Yokomon guardó silencio mientras Hana cerraba sus ojos y contaba lentamente. Cuando llegó a diez, la chica volvió a abrir sus ojos, y se encontró nuevamente con la sonriente Yokomon. —¡Hola! —volvió a saludar Yokomon, sin perder la alegría—. No soy una alucinación ni nada de eso… ¡soy tan real como tú, Hana! >> Aunque no puedo decirte cómo o por qué estás aquí, en nuestro mundo, en lugar del mundo de los humanos, porque no tengo idea de ello… ni tampoco sé cómo es que conozco tu nombre, pero… sólo sabía que tenía que venir y encontrarme contigo aquí, en el Pueblo de los Inicios.
Kurokiba Kenji. Abrí los ojos. Lo primero que pude observar fue una masa blanda sobre la que mi cuerpo reposaba, era tan cómoda como mi cama... Pero mi cama jamás había sido de un color verde. —¿Dónde estoy? Hablé conmigo mismo con un tono adormilado, levantándome de aquel suelo únicamente con la fuerza de mis brazos, al lograrlo fue cuando el impacto cayó en mí: Miles de edificios se veían, llenos de dibujos y también árboles extraños, donde solo nacían juguetes en vez de frutos. Seguido de eso logré ponerme de pie, sintiéndome un poco mareado, pero ahí pude contemplar mejor el escenario: Yo no era el único que estaba en este lugar, definitivamente esto no era algún lugar conocido. Entonces llegó la gota que colmó el vaso: —¿Q-Qué son esas cosas...?—Pregunté con cierto temor al aire tras haberme fijado en que el resto de humanos entablaban conversaciones con ciertos... ¿animales?
"—No te preocupes por nada, Miriam… ¡yo te protegeré pase lo que pase!" Las palabras de Upamon, tan seguras y felices, llegaron hasta mi corazón. Hacía algunos años, cuando la promesa más importante que tenía se rompió, había dejado de confiar en los demás. Decires como "todo estará bien", "seremos amigos siempre" o "puedes contar conmigo" habían dejado de significar algo para mí. Sólo eran palabras, nada más. Promesas que luego se olvidaban y nadie parecía recordar. Pero Upamon, esta pequeña criatura que había venido por mí... Fuera parte de un sueño o alucinación, fuera cierto que me hallaba en otro mundo, todo lo que sabía es que podía confiar enteramente en él. —Entonces vayamos a verlo.
Mientras Kenji se preguntaba al respecto, no notaba que, detrás de él, se encontraba uno de aquellos "animales". Esta criatura era redonda y su piel era rosada; era aproximadamente del tamaño de un balón de basketball pequeño. Tenía dos largas orejas en forma de tiras, las cuales nacían sobre su cabeza, y un par de ojos rojos. Pero… ¿al parecer se encontraba dormido? Porque se encontraba allí reposado, con los ojos cerrados y respirando suavemente… sí, definitivamente estaba allí dormido en el suelo detrás de Kenji… pero, ¿por qué? Contenido oculto
Hana Fairchild Hana volvió a retroceder un paso, esta vez con un chillido de terror entre dientes, al comprobar como su intento había sido un total y absoluto fracaso. No, no había manera de escapar de allí. Sus sentidos no mentían. Aquel extraño lugar no había desaparecido. Y Yokomon seguía allí, feliz como había demostrado, saludándola con calidez y energía... Justo como hace unos segundos. Yokomon... De algún modo, muy dentro del frágil corazón de Hana, la muchacha sentía que podía y debía confíar en aquella criatura. Era una sensación extraña, pero se sentía atada a ella de alguna forma. Y aquello era lo más loco de todo, mas lo único que tenía hasta ese momento. Una mano amiga en un lugar que desconocía por completo y la enerveba hasta límites insospechados. Se mordió el labio inferior. —Está bien— dijo entonces, forzándose a creer su nueva realidad por la fuerza—. ¡De acuerdo! Supongamos entonces que, por un momento, en un escenario completamente hipotético, todo esto es real. Supongamos que anoche me fui a la cama, en mi casa, para despertar al día siguiente en un mundo utópico lleno de color y extrañas criaturas que hablan. Por muy loco que suene todo eso... Si fuese verdad... ¿Sabes como podría regresar a mí mundo? Aquello lo dijo con algo más de confianza, con un tono autoritario y determinado. Pero en su voz vibrava un evidente dejo de preocupación y miedo. Sus mejillas enrojecieron. Se sintió perdida y confusa. Como la niña que se había alejado de su madre en el centro comercial y se aferraba con fuerza desesperada a la mano del policía dispuesto a ayudarla. No podía negar que no tenía idea de por qué estaba allí, que motivos la ataban a aquel lugar. Por qué se sentía tan cercana a aquel extraño ser rosado... y sintió crecer sus deseos de regresar. —Y-ya sabes... —musitó entonces—. No es... No es como si yo pudiera volver sola de todos modos...
—No… lo lamento mucho, pero no tengo idea de cómo puedes regresar a tu mundo —se lamentó Yokomon, apenada—. Ni siquiera sabía que el mundo de los humanos y el Digimundo estuvieran conectados… así que no tengo idea de cómo ayudarte a regresar… Yokomon bajó la vista con pena; al parecer, le entristecía el no poder ser de ayuda para la muchacha.
Kurokiba Kenji. Caminé hacia atrás lentamente, como intentando alejarme de la realidad que me golpeaba en este momento, pero no fue más de esto lo que me toparía: Ahí frente a mis ojos se encontraba una pequeña bola rosada, con los ojos cerrados y una boca grande, con algunos dientes sobresalientes que de seguro tendrían mucha efectividad al morder. —Acaso...—Habló con un tono curioso, acercando su mano hacia aquella bola, hundiendo su dedo contra esta.—. Hey, despierta.—La curiosidad me fue más que el miedo en este caso, por lo cual le di una pequeña movida con una de mis manos Al hacerla tomé rápidamente distancia del individuo por seguridad, sí.
La pequeña criatura se movió en sueños cuando sintió que Kenji lo movía. Sin embargo, el chico se apartó rápidamente, y ni siquiera llegó a abrir sus ojos. —Cinco… minutos… más… —musitó la criatura rosada antes de volver a cerrar sin más sus ojos y ponerse a dormir nuevamente. O estaba tremendamente cansado, o era un digimon bastante perezoso, una de dos.
Lilith Campbell Como ya era costumbre, mis horas de sueño no eran las más tranquilas y, aunque apenas habían pasado unos minutos desde que me había dormido, ya me encontraba dando vueltas en un intento de cambiar a una postura más cómoda. Pero fue entonces cuando me percaté que no encontraría una postura cómoda porque aquella no era mi cama. Abrí los ojos, con cierta rapidez, y mis sospechas fueron confirmadas. Delante de mí no se erguía mi escritorio lleno de folios y pinceles, y si movía un poco mi mano podía comprobar que tampoco tenía mi manta preferida sobre mi cuerpo. Me levanté poco a poco hasta quedarme sentada, son las piernas dobladas hacia atrás, viendo que además no portaba mi pijama, sino mi conjunto favorito. Oh bueno, al menos estaría cómoda. Miré a mi alrededor con curiosidad. —¿Qué está pasando? —acabé murmurando, llevándome la mano al mentón para adquirir una posición pensativa. No conocía ese lugar ni a las personas que había a mí alrededor, pero... dichas personas estaban acompañadas por una especia de animal así que tendría que esperar a ver alguno también, ¿no? Contenido oculto siempre es raro empezar (?) adjunto imagen, si no es molestia~
Kurokiba Kenji. —Vamos, puedes dormir luego. Una risa pequeña había salido de mis labios cuando esas palabras fueron escuchadas, ¿acaso nos parecíamos un poco? Bueno, si ese era el caso tendría que hacer lo mismo que me hacen a mí. —Rosadito, despierta.—Hablé antes de moverle, casi zamarreándolo para que saliera de su onírico.
Los ojos de la criatura se abrieron repentinamente al sentir el contacto de Kenji. Examinó al humano que lo había tocado de arriba abajo… y su boca se volvió una amplia sonrisa. —¡Kenji! ¡Tú eres Kenji! —exclamó la criatura, dando un gran salto—. Yo soy Koromon… ¡por fin te he encontrado!
Lilith miró en todas direcciones, pero no veía a ninguno más de esos "animales"… pero al enfocarse un poco más, vio algo que se movía. Un poco más adelante, había una criatura que daba pasos cortitos, aunque no parecía saber hacia dónde iba… ¿estaría perdido? Era una criatura como ninguna que hubiese visto antes… le recordó ligeramente a una col blanca. Su rostro era blanco, pero las hojas que se encontraban por encima de su rostro eran verdes, y sus ojos eran rojos. Poseía cuatro pequeñas patitas que utilizaba para trasladarse tan rápido como se lo permitían. Contenido oculto
Hana Fairchild Hana sintió como el mundo se le echaba sobre los hombros al escuchar las palabras de Yokomon. Sin salida. ¿Estaría condenada a vagar en ese mundo para siempre? Molesta con la situación en sí, apretó los puños de impotencia. —Maldita sea— gruñó. Bien, perfecto. Era un día maravilloso ese. Perdida en un mundo ajeno, con la única compañía de un ser parlante que jamás había visto, pero con el que sentía poseer una conexión trascendental. Pero... ¿realmente era la única humana allí? Fue en ese preciso momento que reparó en las voces que la rodeaban. Eran voces claras, de niños, de chicos y chicas como ella. Apenas alcanzaba a ver pequeñas sombras moviéndose en la lejanía, pero estaba segura de que no eran como Yokomon. La idea de acercarse y relacionarse con aquellas personas no le resultaba demasiado atractiva; pero de cualquier modo no perdía nada acercándose a preguntar. No era como si tuviese intención de hacer amistades ni nada parecido. Algo más segura palmeó sus mejillas, tratando de infudirse ánimos. —¡No es momento de deprimirse, Yokomon!— reprendió, con un tono más firme—. Vamos... Voy a salir de aquí. Si hay una entrada debe de haber una salida... Y tú me ayudarás, ¿verdad? >> Alguien debe saber algo.
—¡Claro que sí! —replicó Yokomon, un poco más animada—. Ayudaré en todo lo que pueda, lo prometo… >> Supongo que podríamos preguntar; he visto a más humanos por aquí, aunque todos parecían tan perdidos como tú. Ehm… o podríamos preguntarle a Elecmon… es el digimon guardián de este pueblo… si alguien sabe algo de esto, debe ser él…
Kurokiba Kenji. Mi expresión cambió a una de sorpresa al momento de que la criatura se presentase, me hablase por mi nombre y encima dijese que me estaba buscando... ¿Acaso sería él quién me transportó a este lugar? —Muy bien, Koromon, ¿Dónde estoy? ¿Por qué sabes mi nombre? Y más importante—Tomé un pequeño respiro y levanté un poco a "Rosadito".—, ¿Qué eres? Además de un malvavisco con vida.
Lilith Campbell Inflé los mofletes al comprobar que no parecía tener ningún compañero. O quizás era yo, que no me había percatado de su presencia... ¡Exacto! Al mirar un poco mejor, vi una especie de... ¿col? que parecía estar buscando algo. ¡Si estaba perdida, debía ser mi compañero! Aunque quizás no tendría que estar tan alegre por ser despistada... ¿no? Sea como fuere, me puse rápidamente en pie y me acerqué a la pequeña... cosita, intentando que no se alejase más. —¿Perdido? —pregunté, dejándome caer delante suya hasta quedar sentada—. Porque ya somos dos~ —añadí con una risa.
—¿Qué es un malvavisco? Suena delicioso… —dijo Koromon como toda respuesta—. Ah, no, espera, ¡yo no soy delicioso! Digo, ¡yo no soy comida! >> Yo soy Koromon, un digimon, y te estaba buscando, Kenji, porque… ehm… Koromon guardó silencio de repente, aparentemente pensando profundamente en algo. Luego, lo volvió a mirar y sonrió. —Lo olvidé —admitió Koromon—. No tengo idea de por qué te buscaba o cómo sabía tu nombre… ¡pero sólo se que debía encontrarte aquí en el Pueblo de los Inicios, y lo he logrado! ¡Eso es genial!
El pequeño digimon planta por poco se cayó de cara al suelo al toparse de repente con Lilith y tener que frenar su marcha de repente. Dio un paso hacia atrás, dubitativa… parecía ser algo tímido. —E… eh… yo… —musitó la criatura—. Yo no tengo tiempo de hablar, lo siento, estoy buscando… algo muy importante…
Lilith Campbell Miré al pequeño con una sonrisa preocupada, levantando las manos mostrando inocencia. —Perdona, no pretendía asustarte —me disculpé. Ladeé la cabeza al ver el empeño que ponía en buscar eso que tan importante. Lo cierto es que resultaba bastante adorable y menos mal que no me gustaban las verduras, así no pensaba en ello como comida. >>Hum... ¿quieres que te ayude? Bueno, me acabo de despertar aquí aunque juraría que había dormido en mi cama así que no sé nada de lo que hay aquí pero... pareces realmente en problemas —ofrecí con una sonrisa—. Me llamo Lilith, por cierto~ >>Así que... ¿qué buscamos?
—Estoy buscando… ¡ey, tú eres Lilith! —exclamó el digimon, sorprendido—. Yo soy Tanemon… ¡era a ti a quien me encontraba buscando! >> Pero… parece que te encuentras bien aquí… los otros niños humanos que vi por ahí estaban mucho más sorprendidos o incluso asustados… ¿no tienes miedo de haber despertado en nuestro mundo, Lilith?