La Pokédex marcaba en aquel momento una cifra tan imperfecta que cualquiera sentiría la necesidad de cambiarla cuanto antes: 149 Pokémon avistados, 149 atrapados. A Rojo solo le quedaba uno, el último reto, el 150. La conquista de la Liga Pokémon había quedado hacía mucho como algo lejano en el tiempo. Las otras cuarenta ocasiones en que se Rojo alzó como Campeón, como meras anécdotas al final de un viaje infinito. Rojo pensaba para sus adentros que la Pokédex ya debía estar completa, pero el Profesor Oak insistía una y otra vez en lo contrario. Reparó entonces en un lugar: la Mazmorra Rara. La última vez que estuvo allí, la entrada estaba bloqueada con la excusa de la peligrosidad de los Pokémon que allí habitaban. Pero Rojo ya no era aquel joven endeble e ignorante que salió de Pueblo Paleta a la aventura con un Charmander. Nadie tenía ya derecho a cerrarle el paso, y por ello se dispuso a lograr la meta que le fue encomendada tanto tiempo atrás. Primero se hizo acopio de Ultra Balls. Normalmente habría bastado con la Master Ball para hacerse con lo que quiera que le esperara, pero aquel maldito Zapdos de la Central de Energía no quiso ser capturado por las buenas. Acto seguido, voló a Ciudad Celeste a lomos de su Pidgeot, cruzó el río en su Lapras y entró en la cueva, que ya era accesible. Aquello era un tedioso laberinto de tres pisos donde lo difícil era no sentir que se andaba en círculos, acompañado por Pokémon salvajes de los que Rojo podía deshacerse con insultante facilidad —¿quién era capaz de aguantar contra un Charizard que desplegaba su máximo poder?—. Un poco de Surf, paciencia suficiente para equivocarse de camino y tener que volver atrás múltiples veces, y algún combate efímero de vez en cuando fueron suficientes para que Rojo llegara al fondo de la cueva. — ¡Mew! Rojo estaba ante un Pokémon que no había visto jamás y al que debía enfrentarse y capturar. Su nombre: Mewtwo. Sacó de nuevo a su Charizard, pero rápidamente se dio cuenta de su error al hacer eso. Los treinta niveles de diferencia favorables al dragón hacían que cualquier golpe derrotara al Pokémon Genético y se perdiera para siempre la oportunidad de registrarlo en la Pokédex. Necesitaba a otro Pokémon más débil, lo suficiente para que le hiciera daño a Mewtwo sin llegar a debilitarlo. Rojo cambió a Gyarados. A pesar de su alto nivel, pensó que sería suficiente para poder lanzarle Ultra Balls hasta que entrara en una. Su acierto en esta decisión fue absoluto. Gyarados encajó un Psíquico de Mewtwo con cierta soltura. Rojo le ordenó entonces usar Mordisco, lo cual, ayudado por una diferencia de nivel aún considerable, dejó en las últimas a su contrincante, quien aún pudo atacar con otro Psíquico y dejar también contra las cuerdas al Pokémon acuático. Rojo aprovechó esta situación para lanzar la primera Ultraball. Mewtwo entró en ella y la hizo moverse una vez. Dos veces. La Ultraball se abrió dejando salir al malherido Pokémon, que usó Recuperación. Vuelta a empezar. Rojo decidió cambiar a Gyarados por Pidgeot. Mala idea: Mewtwo derribó al pájaro nada más entrar tras usar por tercera vez Psíquico. En su lugar, Rojo sacó a combatir a su Raichu, al que ordenó usar Onda Trueno. Mewtwo contestó con Recuperación y de nuevo se encontraba en plena forma… de no ser por la parálisis. El Pokémon eléctrico usó Rayo contra Mewtwo que, en desventaja clara de nivel, volvió a perder toda la salud que había recobrado. La parálisis le impidió siquiera moverse y Rojo lanzó una nueva Ultraball. Se movió una vez. Dos veces. Tres veces. La Ultraball se abrió dejando nuevamente libre a Mewtwo, que no pudo hacer nada más por culpa de la parálisis. Rojo lo intentó una tercera vez, pero en esta ocasión ni siquiera se dignó a moverse antes de abrirse. No ayudó que el Pokémon Genético volviera a recuperar salud. El combate se prolongó durante, al menos, unas frustrantes dos horas. Rojo terminó con cinco Pokémon fuera de combate. El último que quedaba era Charizard, y con Mewtwo paralizado y casi sin salud, Rojo lanzó la que era su última Ultraball. La cápsula encerró a Mewtwo en su interior y se movió una vez. Dos veces. Tres veces. Rojo oyó un chasquido. Mewtwo había sido capturado y sus datos registrados en la Pokédex: “Fue creado por un científico tras años de horribles experimentos de ingeniería genética.”, decía al respecto. De repente todo se volvió blanco. Un hombre de veinticinco años sujetaba una Game Boy sin pilas mientras derramaba lágrimas de niño, observando nostálgico cómo aquel juego que le compraron veinte años atrás se había apagado. La Pokédex ya estaba completa, pero no guardó la partida. No importaba, con tal de volver nuevamente a su infancia… quizá algo más que eso. Nota del autor: Este oneshot fue escrito para la actividad "Había una vez... 150 Pokémon". Os dejo que me empaléis por el hecho de haber evolucionado a un Pikachu (?)
Interesante y con un final inesperado. Muy bueno (owó)b No voy a ser subnormal como para empalarte solo por evolucionar a tu Pikachu xD. Al menos habría que esperar a que el Pikachu en cuestión aprenda Rayo y Agilidad antes. (No sé cuál va primero) Pero bueno, es una lata el avanzar TANTO como pa capturar los otros 149 pokes sin guardar la partida una sola vez O__o. Se necesitaría de tener al menos 3 amigos más que hagan lo mismo para volver a completarla. Recordad los pokes que evolucionan solo por intercambio eweU En fin n_nU como escrito es muy bueno a decir verdad xD.
Esto me recordó al tipo que llevaba catorce años buscando a Mewtwo Shiny, reseteando el encuentro si el Mewtwo no tenía el color verde ;n; y claro, a todos nosotros cuando nos enfrentamos al hijo de su madre Me gustó mucho, escribes muy bien :3
Me ha gustado, al menos me ha resultado interesante la forma en la que lo has hecho, no sé, me dan feels. Me recuerda a mí misma. Aunque yo apagaría sin guardar, eso no es propio de mí, me lo enseñó Rese. T. en Animal Crossing. XD Ahí hubo un descoloque, sería "en que Rojo se alzó como Campeón". Un mero despiste, pero te lo señalo para que te quede impoluto el texto. :3 Sigue trabajando. :3 ¡Un saludo! :)
Bueno, ante todo, pedir disculpas por la tardanza en la realización de la evaluación, no tengo excusa, simplemente se me olvidó esta actividad tras el tiempo que pasó desde que me notificaron que me necesitaban como juez. Procedamos ahora a la evaluación: ¿Sabes? Estuve leyendo el relato todo el tiempo con expresión casi invariable. Me resultaba demasiado simple y sencillo, pues relataba una historia sin prácticamente ningún añadido original, narrando meros hechos del juego... todo esto, claro, hasta que llegué al final. He de reconocer que tu relato ganó muchos puntos por ese final; me pareció brillante la idea de hacer referencia al jugador, a la persona real que está al otro lado de la pantalla. En la actividad se hablaba de rememorar la nostalgia de la primera generación contando historias del juego, pero nunca se mencionó que hubiese que mostrar que ese juego era realmente un juego. Creo que el enfoque que has logrado con la referencia al jugador nostálgico de 25 años (con el que creo que muchos nos sentiremos medianamente identificados, LOL) es muy original y merece recompensa por ello, si bien sigo teniendo en cuenta que el relato en sí se me hizo predecible y sencillo hasta llegar a este punto. Respecto de aspectos más técnicos, no noté ninguna falta de ortografía que llamase especialmente mi atención, y he de decir que me gusta mucho tu forma de redactar. Sabes utilizar muy bien los signos de puntuación, y eso es muy positivo. En general, mi puntuación para esta breve historia es de 7,5 puntos. ¡Saludos, y gracias por participar!
Me pasa un poco lo que a Gallade, el fic empieza normalito y se mantiene dentro de la narrativa, nada realmente espectacular pero tampoco nada que haga desistir de ella... pero entonces el final se vuelve un bitchslap hecho con un Magikarp de pura nostalgia y feels para todos aquellos que si crecieron jugando en una gameboy porque un juego es una experiencia y aunque pokémon no sea el mejor ejemplo de cómo hacer una saga inmersiva, sí lo es es para crear un mundo abierto donde sólo basta echar a andar la imaginación para vivir la aventura. Me dio un no se qué al ver que no se guardó la partida aunque el hecho de haberlo logrado después de mucho tiempo era todo lo que el jugador necesitaba. Si yo hubiera pasado por eso, creo que ahorita estaría en mi rincón feliz intentando no llorar.