Dragon Ball es propiedad de Akira Toriyama y Toei Animation. Nada de lo que hay aquí me pertenece. Hablar sienta bien Por muchos años que pasasen, Bulma Briefs jamás olvidaría el calor asfixiante de El Desierto de El Diablo, el último rincón del planeta al que hubiera pensado regresar alguna vez. La mujer, pese a tener ya sesenta y dos años, se conservaba muy bien. Quizá era por los millones que poseía su familia, o tal vez era por tener a su lado un marido que, pese a ser un año mayor que ella, parecía tan joven como cuando se casaron, o incluso podía ser por tener una hija adolescente; el caso es que Bulma Briefs seguía viéndose bella. En esos momentos pilotaba uno de los últimos modelos de avión privado de Corporación Cápsula, la empresa que había fundado su padre y que les había hecho ser millonarios. Sobre su regazo llevaba unas piezas de ropa cuidadosamente plegadas, naranjas y verdes, sin dejar de mirar hacia delante, las dunas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. No prestaba atención a las quejas de su hija menor, Bra, sentada detrás de su adorado padre, Vegeta; tampoco parecía importarle la indiferencia de éste, ni los suspiros resignados de su primogénito y actual presidente de la compañía familiar, Trunks. Sólo le interesaba llegar cuanto antes a su destino. —Por fin —farfulló Bra unos minutos después, cuando al fin aterrizaron—. No soporto el calor que hace aquí. ¿Quién puede vivir en un sitio así? —murmuró, pero nadie le prestó atención. Ni siquiera su padre, que estaba siempre pendiente de ella. —¿Seguro que es aquí? —preguntó Vegeta a Bulma, no demasiado convencido. Por su cara era perfectamente deducible que detestaba estar en aquel lugar. Incluso se había vestido con su habitual ropa saiyan, no se había preocupado en llevar nada adecuado para la ocasión, por mucho que Bulma se lo pidiera. Bulma no respondió. Se dedicó a contemplar el edificio que tenían al lado. Más que una casa, parecía una enorme roca blanca carente de puertas y ventanas, con una única obertura en la parte superior. Hacía tantos años que no veía aquella casa que se sorprendió de recordarla tan bien. —¡Pan! —exclamó Bra, a espaldas de Bulma, olvidando de repente su malestar. Bulma se volteó justo a tiempo para ver como aterrizaba otro avión privado de Corporación Cápsula, en el que viajaba la familia del ya desaparecido Son Goku. Bra Briefs había visto a su mejor amiga, Pan, y había corrido hacia ella para saludarla. La respuesta de la hija de Son Gohan y Videl no se hizo esperar. —¡Bra! ¡Trunks! —Hola —respondió éste, sin muchas ganas—. ¿Qué hay, Goten? Bulma decidió dejar a su familia un rato, sólo se molestó en preguntar (por cortesía, más que nada) a Gohan si habían podido llegar bien al lugar con sus indicaciones, a lo que el mayor de los hijos de Son Goku y Chichi respondió que sí, que como siempre las indicaciones de Bulma habían sido perfectas. Después de eso, Son Gohan se interesó por las ropas que Bulma traía consigo, pero la mujer no dijo nada. En vez de eso, se dio la vuelta y se acercó al edificio, dejando a los demás hablar entre ellos. Vegeta no le quitó el ojo de encima, pero tampoco hizo nada. Conocía lo suficiente a su mujer para saber cuándo era mejor dejarla sola. Aún así, aunque se negara aún a reconocerlo, le gustaba admirarla, y no podía dejar de preocuparse por ella. Ajena a todo ello, Bulma utilizó unas escaleras que alguien había colocado cuidadosamente en un costado, para permitir a los visitantes poder acceder a la vivienda. El cambio de temperatura se hizo patente nada más entrar en la casa. Quién la hubiera construido había hecho una auténtica maravilla, ya que el frescor interior invitaba muy poco a pensar que fuera se estaba a casi cincuenta grados, pese a que en ese momento la casa estaba repleta de gente, casi todos desconocidos para Bulma. Y si por fuera la casa no había cambiado, por dentro era prácticamente idéntica a cuanto recordaba, tan sólo había cambiado un poco la decoración y las fotografías que la adornaban. Bulma descendió con cuidado a la sala principal con la ayuda de uno de los muchos desconocidos allí presentes. Después de darle las gracias al hombre, suspiró profundamente, apretó con fuerza los ropajes contra su cuerpo y avanzó con decisión por entre las muchas personas. Le sorprendió ver que algunos la saludaban, pero hizo ver que no se dada cuenta, sólo miraba de vez en cuando, buscando a alguien entre la multitud. Cuando llegó delante de él, sintió un nudo en la garganta. No creía que pudiera sentirse así después de tantos años… Cerró los ojos un segundo y se arrodilló. El trabajo de los maquilladores era excelente: en vez de muerto, Yamcha parecía estar simplemente dormido. —Al fin se acabó tu sufrimiento, ¿verdad? —murmuró Bulma. Admiró el rostro del que alguna vez había sido su novio, al que tanto había amado antes de conocer a Vegeta. Pese a todo, seguía siendo su mejor amigo y por ello se sentía muy triste al saber que ya no volvería nunca más. Aunque nada se comparaba con el dolor del pequeño gato volador azul, Puar, el gran amigo de toda la vida de Yamcha. El animal lloraba en silencio (excepto cuando hipaba), ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, apoyado en el pecho del ex luchador. Bulma estuvo tentada de acariciarle la cabeza, de hacerle sentir al gato que no estaba solo. Mas no llegó a hacerlo: su mano se había quedado en el aire, a medio camino, porque alguien le habló por la espalda, haciéndole dar un respingo. —Entonces… ¿tú ya lo sabías? Bulma tardó unos segundos en reconocer la voz de A18, ya que no se volteó a mirar a su interlocutora. Cuando al fin la reconoció se volvió a poner en pie y se sorprendió mucho de ver la tristeza en el rostro del androide. Intuyendo lo que pensaba, la rubia volvió a tomar la palabra. —Estaba tan lleno de vida… nadie se lo esperaba. Al menos yo no, claro —suspiró (“entonces Marron no le dijo nada al final…”, pensó Bulma a su vez)—. Ahora ya no queda ninguno, ¿no? —señaló con la cabeza el cuerpo de Yamcha. Bulma tuvo la sensación de que, aunque hablaba de Yamcha, en realidad pensaba en Krilin, asesinado unos meses atrás y quien, desgraciadamente, ya no podría resucitar al desaparecer las Dragon Balls—. Quiero decir, ningún alumno de la Escuela Tortuga y… Bulma la interrumpió. —¿Dónde está Marron? —preguntó—. Creía que estaría contigo. Marron era la hija veinteañera de A18 y su fallecido marido Krilin. Desde que éste había muerto, Bulma había visto cada vez menos a la muchacha. Esperaba encontrarla allí, por eso se extrañó de ver sola a A18. Antes de responder, A18 suspiró apesadumbrada. —No ha querido venir, dijo que no lo soportaría —Bulma arqueó una ceja—. Yamcha era tan buen amigo de Krillin que venía a menudo a visitarnos, y Marron le tenía mucho aprecio —hizo una pausa, como si esperase que Bulma dijera algo, pero como no lo hizo, continuó—. Era como un segundo padre para ella (de hecho, era su padrino), así que imagínate… Bulma asintió. Ya lo sabía. —Entiendo —por un instante, se imaginó el dolor de su hija Bra si Vegeta desaparecía para siempre. Negó con la cabeza: si eso pasara, no sólo Bra sino que ella misma se moriría. Por eso no le resultó muy difícil imaginarse a la pobre Marron en aquellos momentos, sola en su casa. Se volteó un instante para volver a mirar el cuerpo de Yamcha, cuando entonces le vio, la persona a la que estaba buscando—. ¿Me disculpas un momento? Tengo que hacer una cosa… —Claro —se limitó a responder A18. En cuanto Bulma se apartó de ella, la mujer androide suspiró y se dio la vuelta, no soportaba más estar en ese lugar, quería volver con su hija. Apoyado en la pared había un chico al que nadie prestaba atención, un chico que no dejaba de murmurar palabras como “hipócritas”, “arrogantes” o incluso “interesados”. Cuando se dio cuenta que una señora que le triplicaba la edad caminaba hacia él se quedó de piedra. No se esperaba que alguien le hiciera caso, mucho menos una mujer que tenía toda la pinta de proceder de una muy buena familia. El chico era tal y como Bulma se lo había imaginado. Era alto para su edad, con el pelo corto oscuro, algo sucio, y con la piel tostada por el sol. Cuando le miró directamente a los ojos, descubrió que eran de un vivo —pese a la tristeza que se veía en ellos— color verde. —Tú debes ser Sencha, ¿verdad? —el chico se quedó con la boca abierta—. Esto es para ti. Le tendió la ropa. El chico la aceptó tras unos instantes de duda. Sorprendido, descubrió que entre los pliegues se distinguía el símbolo de “felicidad”. Entornó los ojos, qué poco adecuado era eso. —Disculpe —intentó poner un tono tranquilo, pero no lo consiguió: le había molestado mucho recibir ese “presente” en un momento como ése—. ¿Quién es usted? Bulma sonrió. Libre de la ropa que llevaba consigo, se cruzó de brazos. —¿Yo? Soy una amiga de tu Maestro. El muchacho, Sencha, se quedó boquiabierto. Bulma cerró los ojos y su mente divagó en los recuerdos... - o - o - o -Tan sólo cuatro meses antes de aquellos acontecimientos, sin saber que aproximadamente ciento veinte días después estaría en el velatorio de su mejor amigo, Bulma Briefs salía de uno de los muchos hospitales de la Capital del Oeste. Había ido a visitar a una amiga suya, que había sido ingresada después de sufrir un accidente de tráfico. Por fortuna la mujer estaba bien, por lo que Bulma pudo irse a casa tranquila. Iba sola, porque su marido estaba ocupado entrenando, y sus hijos estaban pendientes de sus respectivas obligaciones (como presidente y estudiante, respectivamente). Estaba a punto de girar la esquina cuando vio pasar un hovercar recién salido al mercado. Lo observó orgullosa, era el último gran trabajo de Corporación Cápsula. Lo último que se esperaba era que precisamente el coche se detuviera allí mismo, al otro lado de la calle. “Qué casualidad”, pensó Bulma. “Anteayer sale nuestro último modelo y hoy me cruzo con alguien que ya lo ha comprado…” Se encogió de hombros. Casualidades de la vida… o quizá no, porque apenas se dio la vuelta, una voz reconocida la llamó. —¡Bulma! ¡Eh, Bulma! La aludida abrió los ojos como platos. “No puede ser”, pensó. —¿Yamcha? —preguntó, desconcertada, al tiempo que se volteaba. Al ver que sí era él quien la llamaba, cruzó la calle y se acercó a su amigo. Una vez a su lado, se percató de que se había cortado el pelo, para variar—. ¡Yamcha! ¡Qué sorpresa! —el aludido rió—. ¿Qué haces aquí? Te hacía en la otra punta del planeta. —Sí, bueno —respondió éste, guardando cuidadosamente su hovercar en una cápsula hoi-poi—. Tenía cosas que hacer en la Capital del Oeste, ya sabes. —No, no sé —rió, imaginando que Yamcha se había enterado del accidente de su amiga: después de todo, él también la conocía y, según sabía Bulma, no había perdido el contacto con algunas de las personas que había conocido cuando vivía con ella. Por ello cambió de tema—. No has tardado nada en comprarte el nuevo coche, ¿verdad? El ex luchador se llevó una mano a la nuca, echándose a reír. —La vida está para vivirla, ¿no? —sin darle tiempo a Bulma para replicar, avanzó hacia el hospital—. Bueno, tengo que irme, ya nos veremos otro día. —Está en la habitación doscientos quince —le dijo. Yamcha se extrañó—. Sí, hombre, Berii. Se hizo un silencio que a Bulma le resultó incómodo. —¿Berii está ingresada? Bulma se quedó tan sorprendida que fue incapaz de articular palabra. —Ah, ya, Berii, ¡es verdad! —exclamó de repente Yamcha—. ¡Qué torpe soy! Bueno, doscientos quince, ¿verdad? ¡Hasta otra! Y se marchó tan rápido que a Bulma no le dio tiempo ni de decir un triste “adiós”. - o - o - o -Aquella noche, por supuesto, lo primero que hizo Bulma fue contarle a Vegeta lo que había pasado. Como de costumbre, el príncipe saiyan se mostró poco o nada interesado. Aunque Bulma sabía perfectamente que en el fondo sí que le interesaba saber cualquier cosa que su mujer le contase. —Pero lo que no comprendo es qué hacía ahí. Está claro que no tenía ni idea de que Berii está ingresada… Vegeta se encogió de hombros. —Habrá ido a ver a otra persona, olvídate. Pero Vegeta sabía que cuando a Bulma se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba. —Lo habría sabido —musitó Bulma—. Todas las personas que Yamcha conoce en la Capital del Oeste los conozco yo también —Vegeta puso los ojos en blanco—. ¡Hablo en serio! Se marchó de la ciudad poco después de… bueno, ya sabes, no le daría tiempo a conocer a nadie. —¿Y? —Bueno, que ahora vive en El Desierto de El Diablo, ¡y eso está en la otra punta del planeta! Vegeta resopló. —Pues estará enfermo, yo que sé —Bulma se sorprendió—. Bulma, déjalo ya, ¿quieres? ¿A quién le importa lo que le pase a ese inútil? Resignada, Bulma apagó la luz y se puso a dormir. Pero había otra cosa que la inquietaba. “¿Y por qué no va a algún hospital de la Capital del Este o Ciudad Satán, que están más cerca del desierto?” - o - o - o -A la mañana siguiente, lo primero que hizo Bulma apenas se tomó su café y se fumó un cigarrillo fue volver al hospital. En la puerta estaba Yamcha. —Sabía que vendrías —le dijo, en cuanto Bulma llegó a su altura—. Te conozco demasiado bien. Bulma puso mala cara y Yamcha rió. —No pongas esa cara, mujer. ¿Quieres tomar algo? Te invito a un café. La científica se encogió de hombros. —Ya he tomado uno, pero si me invitas no puedo decir que no. —¡Ése es el espíritu! —exclamó Yamcha—. A propósito, ¿y Vegeta? —Durmiendo, creo —negó con la cabeza—. No, miento. Ahora debe estar entrenando. Yamcha sonrió. —¿Sabe que estás aquí? La respuesta no se hizo esperar. —No eres el único que me conoce. Ahora fue Yamcha el que se encogió de hombros. Unos pocos minutos más tarde, los dos amigos se encontraban sentados en una mesa al aire libre, con un café cada uno y un croissant en el caso de Yamcha. —Me muero de hambre —comentó éste, antes de pegarle un buen mordisco a uno de los cuernos de su croissant. Bulma le miraba con los brazos cruzados—. ¿Qué? Ah, ya: has dejado de fumar, ¿a que sí? Y tienes ganas, tienes mono, ¿no? Eso es. —No he dejado el tabaco —respondió escuetamente. — Ah. Entonces fuma, por mí no te cortes. Como habían cambiado las cosas. Años, muchos años atrás, un motivo de discusión habitual entre ambos era sobre el tabaco. —Disfruta del tabaco, mujer —insistió Yamcha—. Total, ¿qué más da? Todos nos vamos a morir tarde o temprano… Al final, Bulma accedió y encendió otro cigarrillo. Se relajó un poco, aunque seguía un poco molesta. —Les echo de menos —dijo de repente Yamcha. Bulma arqueó una ceja—. A Goku y a Krilin. Bulma asintió. —Ya, yo también. Dejó a Yamcha hablar, más que nada porque la científica empezó a sumirse en sus propios pensamientos, dándole vueltas a una idea que al principio le parecía descabellada, pero que pronto empezaba a tener mucho sentido. —Ambos tenían una buena vida y de repente… pero bueno, estas cosas pasan, nunca se sabe. Es como lo del tabaco: te lo decía muchas veces, ¿verdad? Que es malo y todo eso, pero bueno, ¿qué más da? Les echo de menos igualmente, eso es lo que importa. Bulma asintió levemente, dando una calada al cigarrillo. —Al menos ellos tenían gente que les llorase, ¿no? —Bulma suspiró con resignación—. ¿Qué pasa? —Todos tenemos a alguien que nos llore. Tú, por ejemplo, que tienes a Puar. Yamcha rió. —Es verdad, mi buen amigo Puar. Supongo que sería el único… —¿Dónde está? —En casa, claro. —¿No ha venido contigo? —se extrañó Bulma. —No. Yamcha desvió la mirada hacia la carretera, como siempre había hecho con Bulma cuando quería desviar la conversación. “Pasarán los años, pero Yamcha nunca cambiará”, pensó. —Estaba pensando… —murmuró de repente Yamcha—. Sí que hay otra persona que me lloraría, ¿sabes? —¿Tu mujer? —aventuró Bulma. —No, no. No estoy casado. Bulma arqueó una ceja. —¿No? Oí decir que te habías casado. Yamcha se encogió de hombros. —Ya, bueno, pero de eso hace ya mucho tiempo. —Un escándalo fue. —Ya lo creo —rió—. “Cincuentón ex deportista se casa con niña de veinte” —recitó—. Oí decir eso cientos de veces. Eso, y otras muchas cosas, como que yo era un pervertido, o ella una aprovechada de mis zenies —resopló—. Pero nada de eso era verdad. ¿Qué más oíste? —Poco más. Eso fue poco después de que Goku se marchara con Uub, ¿verdad? —Yamcha asintió—. ¿Y qué fue entonces de tu mujer? ¿Se cansó de ti y se fue? —bromeó. —Murió. —Oh. Vaya, lo siento. —No te preocupes, no lo sabías —pese a que Yamcha le quitara importancia, Bulma no pudo evitar sentirse culpable—. Pensé que quizá las Dragon Balls me la traerían de vuelta, pero entonces recordé que Trunks nos dijo una vez que a Goku… el Goku de su época, claro. Que no pudo resucitar porque había muerto de forma natural. Así que… —suspiró—. Se llamaba igual que tú. Bulma abrió los ojos como platos. Iba a decir algo, pero Yamcha no se lo permitió. —Supongo que, después de todo, no he podido quitarme la sombra de ti. Bulma apartó la mirada. —Bulma… —¿Cómo fue? Yamcha suspiró. —No sé. Un día le dolía mucho la cabeza, demasiado, fuimos al hospital de Ciudad Satán y todo. Al día siguiente estaba muerta. “Tumor cerebral”, pensó Bulma de inmediato. —Todo el mundo muere tarde o temprano —musitó Yamcha—. Es nuestro destino… Bulma decidió hacer una última pregunta. —¿Tuviste hijos? —No. Minutos más tarde, los dos amigos caminaban por las concurridas calles de la ciudad, intercambiando comentarios banales de sus respectivas vidas, y recordando viejos tiempos y a los que ya no estaban allí. —Quiero hablarte de una persona —dijo Yamcha de repente—. Un chico, es un chico al que he estado entrenando —Bulma le miró escéptica—. Sí, mujer: que yo dejase de luchar no significa que no pueda preparar a nadie, ¿verdad? Ya que no he tenido hijos, alguien tendría que heredar mis técnicas, ¿no crees? En fin, me gustaría presentártelo, pero no tengo mucho tiempo para eso, ya le conocerás. “¿Que no tiene tiempo para eso?” —Es un buen chico, aprende muy rápido. Le conocí cuando Goku nos trasladó del planeta, cuando éste estalló. Se llama Sen… —¿Cuánto tiempo te queda de vida? —Yamcha se puso blanco—. He acertado, ¿verdad? —S-siempre tan avispada. Bulma sonrió con orgullo, como siempre hacía cuando alguien alababa su capacidad de deducción y su inteligencia. —¿Olvidas que estás hablando con Bulma Briefs, la mujer más inteligente de La Tierra? —Claro —reconoció Yamcha, sonriendo levemente—. Lo olvidé… Aquel tono hizo recordarle a Bulma que ése no era un momento para hacer bromas. —En realidad, tú mismo parecía que intentaras que se supiera. Yamcha suspiró con profunda tristeza. Por primera vez, Bulma se dio cuenta de que él también tenía ya sesenta y dos años. En realidad, era un anciano. Los dos, en realidad. —Yamcha —musitó Bulma—. ¿Qué es lo que tienes? —el aludido no respondió—. ¿Yamcha…? Se hizo un silencio incómodo, interrumpido únicamente por el ir y venir de la gente. —Vamos a otro sitio —pidió Yamcha—. Aquí hay demasiada gente. - o - o - o -Pese a ser una gran ciudad, la Capital del Oeste contaba con pequeños lugares en los que aún se podía disfrutar de una cierta calma. Tanto Bulma, que había vivido allí toda su vida, como Yamcha, que había pasado casi quince años también allí, lo sabían. No necesitaron decirse nada, ambos supieron a dónde ir. Se encontraban en un parque inmenso, con un gran bosque. Un pequeño pulmón en medio de una gran ciudad. No había mucha gente, y la que había estaba dispersa. Era un lugar ideal para poder hablar tranquilamente. —Nunca pensé que volvería a este lugar. Y mucho menos contigo. —Ni yo contigo. A este parque hemos traído muchas veces a Trunks… y más tarde a Bra. —Me lo imagino —hizo una pausa—. Es un sitio muy tranquilo, le hace a uno sentirse bien… y olvidarse de sus problemas. Se tumbó en el césped. Bulma le imitó poco después. —Tengo cáncer, Bulma —la científica le miró entre sorprendida y asustada. Yamcha, en cambio, tenía la mirada perdida entre las nubes—. Cáncer de páncreas, en estado muy avanzado —miró un instante a su interlocutora—. Recientemente detectado… y ya tiene metástasis en pulmones e hígado. No dio más detalles. No hacía falta. Bulma sabía muy bien que, de entre todos los tipos de cáncer posibles, el de páncreas era uno de los más difíciles de detectar, precisamente por la posición “semi-oculta” de dicho órgano. Por lo general, cuando se detectaba la enfermedad ya era demasiado tarde, y ésta estaba ya extendida a los órganos cercanos, la “metástasis”, como había dicho Yamcha. Bulma tragó saliva. Desvió la mirada. “Cualquier cosa menos eso…” No se dio cuenta de que Yamcha la miraba con atención. —Sigues siendo muy guapa. Bulma cerró los ojos. “No sigas por ahí”, pensó. —Y muy inteligente, en seguida te diste cuenta. —No —Yamcha arqueó una ceja—. En realidad, fue Vegeta quien me dio la idea. —Ah, Vegeta —era evidente su desilusión—. Claro… A Bulma no le hizo ni pizca de gracia ese tono. Habían pasado ya demasiados años como para que siguiera así. A menos que… —Yamcha. Bulma sintió como si Yamcha la escaneara con rayos X cuando la miró. Aquello le gustó menos. Por suerte para ella, sólo fue unos segundos, el ex guerrero decidió dejar de mirarla. —En realidad, Vegeta me cae bien —reconoció—. Es un buen tipo. Bulma asintió. —Aunque hubo un tiempo que me caía peor que un grano en el culo —Bulma arqueó una ceja—. A veces sigo preguntándome qué le viste. —Lo mismo que vi en ti una vez —Yamcha se quedó con la boca abierta—. Yamcha, no le busques explicaciones, porque no las hay: el amor no tiene explicación. Se hizo el silencio. —Yo te amaba —confesó al fin Yamcha—. Aún te amaba. Bulma iba a decir “es normal, te entiendo”, pero Yamcha siguió hablando. —Y odiaba a Vegeta, ¿sabes? Le odiaba con toda mi alma, no porque por su culpa hubiese muerto una vez, no… Le odiaba porque me había robado lo que yo más quería. —Yamcha… las cosas no son así —murmuró Bulma. No le estaba gustando nada cómo estaba yendo la conversación. —Pero lo peor no era eso, ¿sabes? —continuó él—. Lo peor era ver que él no se preocupaba por ti, ¿sabes? Lo peor era saber que tenía una mujer maravillosa en quien confiar, y un niño al que cuidar, pero que no se preocupaba lo más mínimo de ellos. Bulma se quedó sin palabras. No se dio cuenta en su día, ¿cómo podía haber estado tan ciega? Se sintió fatal, para ella había sido muy sencillo: poco a poco había sentido que se perdía ese fuego por el hombre con el que ahora hablaba, al tiempo que algo en su interior crecía por el príncipe saiyan. Sin embargo no se le ocurrió pensar jamás que para su amigo no debió ser fácil y que, quizá, aún había estado enamorado de ella en aquella época. —Mi opinión sobre Vegeta, sin embargo, cambió el día de los Juegos de Cell —suspiró. Bulma no supo bien en qué estaría pensando en esos momentos, pero se lo podía imaginar—. Aunque eso no evitó que siguiera… que siguiera queriéndote. —Yamcha… —Lo siento, Bulma —murmuró él, apesadumbrado—. Tenías que saberlo… Si él necesitaba confesarse, entonces Bulma sintió que era el momento de preguntar algo que llevaba años cuestionándose. —¿Por qué no luchaste por mí? —Yamcha la miró con ojos… ¿esperanzados? O eso le pareció a Bulma, así que negó rápidamente con la cabeza—. No te confundas: estoy locamente enamorada de Vegeta. —Mejor —sonrió Yamcha—. Porque ya no siento nada por ti. Ambos sabían que era mentira, pero actuaron como si no lo fuera. —Dime, Yamcha, ¿por qué no luchaste por mí? Yamcha se encogió de hombros. —¿De qué habría servido? Ambos sabemos cómo habrían terminado las cosas. “Qué equivocado estás”, pensó. —Eso no lo sabemos —dijo—. Yamcha, ¿crees que yo me olvidé tan fácilmente de más de diez años de relación? Hoy estás de confesiones… así que yo también lo estaré —tomó aire—. Hubo un tiempo en que tuve muchas dudas —Yamcha la miró sin comprender—. Sí, “dudas”. Por una parte, me sentía atraída por ese enano alienígena de mal carácter, y por otra, al mismo tiempo, te quería. Y mucho. Si tú entonces no te hubieras ido, si tú entonces hubieras luchado por mí, quien sabe si hoy… Tras unos segundos meditando lo que acababa de escuchar, finalmente Yamcha murmuró: —Eso no habría cambiado las cosas. Tú misma lo has dicho hace un rato: el amor no tiene explicación. Así de simple: te enamoraste de Vegeta, él de ti, y hoy día os seguís queriendo. Igual que sigo queriéndote aún después de haber pasado casi treinta años de nuestra ruptura. Bulma resopló. —¿Y Bulma? Quiero decir, tu mujer… —Me duele decirlo pero… nunca la amé —la respuesta fue tan rápida que a Bulma le pareció que la tenía preparada—. Fue algo que comprendí tarde, cuando ya la perdí. Creí que si me decía “quiérela a ella, quiérela a ella” sería suficiente, pero no. Lo entendí cuando se murió. Comprendí que mi dolor no se comparaba con el que sentí al perderte a ti. Así de simple. Bulma no dijo nada. Yamcha, por su parte, siguió hablando: —En realidad, he venido a la Capital del Oeste sólo para hablar contigo. El hospital era la excusa. En teoría vine a hacerme unos análisis, casi por obligación, porque Gohan insistió en que me los hiciera, porque en ese hospital trabaja un oncólogo muy bueno que había estudiado con él en Ciudad Satán, años antes. “Gohan siempre tan buena persona…” Bulma entonces se dio cuenta de algo. Gohan. —¿Gohan lo sabe? —Yamcha asintió levemente—. ¿Has hablado entonces con él? —Sí. Sólo con Gohan. Y también con mi Maestro. Y con Marron, mi ahijada… ¿sabías que es mi ahijada? —Bulma negó con la cabeza—. Hablé con ella porque necesita hacerse a la idea, después de haber perdido a su padre de esa forma. Imagino que, en estos momentos, A18 también debe saberlo. —Entonces, contándome a mí, lo sabemos cuatro… no, cinco personas, contando con Puar. Yamcha negó con la cabeza. —En realidad, seis. El chico del que te hablé antes, Sencha —explicó—. Él también lo sabe. Con tal de cambiar de tema, Bulma quiso saber un poco más sobre ese chico. —No hace mucho que nos conocemos, ya te expliqué. Es un chico muy listo, se le dan bien las artes marciales y aprende muy rápido: en poquitos meses ha aprendido a controlar su ki y a volar, y también domina el Roga Fuu Fuu Ken y el Kame Hame Ha. Aún no domina el Sokidan, es más complicado pero espero que lo haga en menos de seis meses. —¿Es el tiempo que te queda? —Más o menos. Entre tres y seis meses. Bulma se sintió muy apenada. No era justo acabar así… —Cuando muera pienso volver a luchar —dijo—. Seré como uno de esos luchadores a los que conocí cuando Buu nos convirtió en chocolate —se rió. Después de todo, morir convertido en chocolate era bastante ridículo, casi más que hacerlo por la explosión de un débil Saibaman—. Ese Sencha ha hecho que me vuelva a interesar por la pelea, pero estoy demasiado viejo ya, ¿no crees? Una vez muerto no tendré que preocuparme. Así que hazle saber a todos que no quiero una despedida triste, no la necesito. De repente, se puso en pie. —¿No crees que llevamos demasiado rato aquí? —Bulma le miró sin comprender—. ¿Sabes? Tengo ganas de ver a Vegeta —Bulma abrió los ojos como platos—. Es en serio, tengo ganas de tener una charla con él. Hablar sienta bien. —Pero… —a Bulma no le parecía lo más acertado. —No te preocupes. Además, lo prefiero así, porque sé que hablarás con él más tarde. Bulma lo negó pero en su interior sabía que era verdad. En cuanto tuviera ocasión, se lo contaría. Todo. —Está bien —dijo al fin—. Vamos a mi casa. - o - o - o -Aquella noche, por una vez, en vez de ser Bulma quien contaba cosas, era Vegeta quien las explicaba. Había estado hablando a solas con Yamcha, y ahora se lo explicaba a su mujer. —Nunca dejará de ser un idiota —farfulló—. Pero de todos los idiotas, es el que mejor me cae. Bulma sabía que aquello nunca saldría de boca de Vegeta. En realidad nada de lo que Vegeta le decía a su esposa en la intimidad volvía a repetirlo fuera. Aquella era una de las muchas cosas que a Bulma le gustaban de su príncipe. —¿Qué te ha contado? —quiso saber Bulma. —Todo —hizo una pausa—.Y quiere que acojamos al niñato y al gato en cuanto él se muera. Al parecer, el tipo tiene zenies, después de todo (“claro que los tiene”, pensó a su vez Bulma. “Si no nunca podría comprarse los coches que se compra, ni llevar la ropa tan cara que se pone”), y no quiere que se le suba a la cabeza. Bulma se sorprendió. ¡Eso no se lo había dicho! —No me hace gracia —siguió Vegeta—. Es más: detesto la idea. Pero hay algo que me ha dicho ese imbécil que me ha hecho pensar. —¿El qué? —A veces un hijo no es el mejor alumno —a Bulma se le escapó una risita: si Yamcha quería que Sencha viviera bajo el mismo techo que Vegeta sólo tenía que hacer una cosa: picar al príncipe saiyan con la idea de que su hijo no entrenaba. Y todo el mundo sabía cómo se tomaba Vegeta las cosas cuando se trataba de entrenarse—. No te rías —gruñó—. Si ese niñato del desierto no soporta mis entrenamientos, en dos días lo echamos a patadas, ¿queda claro? —S-sí —tartamudeó Bulma, tratando de esconder la risa. Vegeta enrojeció de vergüenza y se dio la vuelta en la cama. Bulma sonrió: ella seguía siendo la única persona en el mundo que no se asustaba ante las amenazas de Vegeta. - o - o - o -Al día siguiente pasó por un sastre. Yamcha le había pedido que fuera a buscar unos ropajes que había encargado, pero que no podría ir a recoger. Cuando le había dicho que le pagaría, Bulma se negó. Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con que la ropa que había encargado Yamcha era una réplica exacta a la que él mismo utilizó en su adolescencia, en la época en la que se conocieron. Después de aquello, todo transcurrió normal, de forma monótona, hasta que un día, unos ciento veinte días después, Bulma recibió una llamada. Incapaz aún de creérselo, Chichi le contaba al otro lado de la línea que Yamcha había muerto. - o - o - o -—¿En serio es usted amiga de mi Maestro? Bulma volvió a la realidad, la dolorosa realidad. Ante ella estaba el muchacho llamado Sencha. —Sí. Lo éramos. Y muy buenos. No había necesidad de explicarle que, una vez, fueron más que amigos. Ni que Yamcha aún la amaba, después de tantos años. —Esa ropa… sé que no es adecuada un día como éste pero… es la ropa que Yamcha utilizaba cuando tenía tu edad. Él quería que la tuvieras —Sencha se quedó con la boca abierta—. Él usaba, además, un pañuelo naranja, pero en esencia ahí tienes lo que se ponía, cinturón incluído. —Entonces… esto de “felicidad” lo llevaba él. —Sí. —Y él quería que lo llevase yo también. —Sí. El muchacho apartó sus ojos verdes de Bulma y los dirigió al cadáver. Apretó los puños. —Le odio —murmuró entre dientes—. Le odio. ¿Por qué se fue? —Todo el mundo muere tarde o temprano. Es nuestro destino —recitó Bulma la misma frase que Yamcha usó con ella meses antes—. No te sientas triste por ello, Sencha, y tampoco le odies, porque no tiene la culpa —añadió—. Yamcha no querría verte así. Sencha cerró los ojos mientras analizaba lo que acababa de escuchar. A Bulma le resultó increíble cuánto podía llegar a parecerse a Yamcha. No físicamente, claro está, puesto que no eran familia, pero sí psicológicamente. —No me cabe la menor duda —dijo al fin—. Usted era de verdad amiga suya. Bulma sonrió. —¿¡Se puede saber quiénes son estos cabrones!? —exclamó de pronto Vegeta, que había aparecido en lo alto de la casa, en la única entrada. El resto le seguía. Bulma se encogió de hombros. —Y ése que ves ahí, es mi marido… y tu nuevo Maestro —pero Sencha no la escuchaba. Miraba con la boca abierta a la muchacha que había entrado detrás de Vegeta, Bra. Bulma sonrió. “Entonces, se repite”, pensó. Y se descubrió a sí misma pensando en que haría todo lo posible porque, en esa ocasión, las cosas sí fueran bien. Vegeta, con su habitual mal carácter, echó a todo el mundo -los desconocidos de Bulma- de allí. Bulma escuchó que Goten murmuraba a Trunks: “parece que no, pero en el fondo a tu padre le importamos algo”. No pudo estar más de acuerdo. El resto del día lo pasaron brindando a la salud del muerto. Como él quería. Discutieron largo y tendido de todas las aventuras que habían pasado con él, de todos los buenos (y los no tan buenos) momentos. Sencha escuchaba todo con atención. Bra estaba sentada a su lado. Hasta Puar escuchaba. Había dejado de llorar al fin. - o - o - o -El entierro se celebró en la más absoluta intimidad, en un cementerio situado sobre una colina, a varios kilómetros de donde se encontraba el hogar de Yamcha. Puar les explicó que Yamcha le dijo una vez, muchos años antes que, cuando él se muriese (de verdad), querría ser enterrado allí, junto a la madre que nunca tuvo oportunidad de conocer, porque murió cuando él nació. A Bulma le resultó curioso. Siempre creyó conocer a Yamcha, pero entonces se dio cuenta de que había muchas cosas que no sabía de él. Aunque Yamcha no quería, los presentes no pudieron evitar comportarse como lo haría cualquiera ante un entierro. Exceptuando a Sencha y Vegeta, los demás se presentaron vestidos de negro. Vegeta se había puesto su habitual traje saiyan, aunque en esa ocasión escogió (o, más bien, Bulma le escogió) uno en un tono azul marino. Sencha, por su parte, se había puesto la ropa que Yamcha había encargado para él. Y para sorpresa de Bulma, hasta se había hecho con un pañuelo naranja. Puar estaba sentado en su hombro. Bulma tuvo la sensación de volver al pasado. —Mamá, volvamos a casa —escuchó a Marron pedir a su madre. —Es cierto, es hora de que volvamos todos a casa —dijo Bulma—. Ya tendremos tiempo de reencontrarnos con él. “O de hablar con él”, pensó. Pero lo cierto es que, por su parte, ya no tenía nada más que decir. “Desde luego, hablar sienta bien”. - o - o - o -—¿Estáis seguros de que no queréis aprovechar esta oportunidad? —preguntó Uranai Baba, la vidente, en el Otro Mundo—. Es una oportunidad única, os estoy dando la posibilidad de permanecer un día en La Tierra. —No hoy, aún no —respondió Yamcha con decisión. —Es pronto, ya habrá otra ocasión —añadió, al lado de Yamcha, Krilin. Ambos se habían convertido en luchadores del otro mundo. Sobre sus cabezas había una aureola amarilla, y los dos habían recuperado el cuerpo y la fuerza de sus momentos de mayor plenitud física y mental: los dos buenos amigos se veían exactamente igual que casi treinta años antes, en la época de los Juegos de Cell, incluyéndose el uniforme naranja de la Escuela Tortuga y los peinados (aunque, en el caso de Krilin, fuese tan sólo su cabeza rapada). A través de la esfera de la vidente, ambos vieron el entierro. Pero cada uno miraba cosas distintas: Krilin, a A18 y Marron; Yamcha, a Sencha, Puar… …y Bulma. —Es verdad, Bulma —musitó Yamcha—. Al fin se acabó mi sufrimiento. Fin Notas: Sencha es el nombre de un té verde muy popular en Japón. Su nombre sigue la tradición de Yamcha (el Yum Cha, la ceremonia del té en China) y Puar (el Pu'er, un té chino). Precisamente por ser un té verde, Sencha tiene los ojos verdes. Berii es la forma en la que los japoneses conocen normalmente a la palabra inglesa "Berry", que, por si alguien no lo sabe, es una baya. Por su parte, un hovercar es ese tipo de coches que vuelan tan característicos en Dragon Ball... y en otras sagas como Star Wars; mientras que hoi-poi es el nombre original de las cápsulas tan típicas en la serie, donde se puede guardar cualquier cosa. Los zenies (plural de zeni) son el dinero oficial en Dragon Ball. Por último (y ya termino): sí, el símbolo que lleva Yamcha antes de usar el uniforme de la Escuela Tortuga significa "felicidad". En fin, espero que os haya gustado.
Omg! Lo he amado, hace mucho que no leía DB excelente escrita. De verdad hiciste que se me salieran las llágrimas. Primero, fue tan melancólica toda la historia de ellos juntos. Y me reí mucho con Vegeta. Me encantó tu forma de describir y que no había OoC, muy buena ortografía, tienes algunos detalles con los guiones solamente. Ha sido un verdadero placer leerte. No dudes en avisarme en cualquiera de tus escritos.
Fue muy revelador este one-shot. Siempre que he leído algo acerca de Bulma y Yamcha suele quedarme la amarga sensación de que no se le acababa de hacer justicia a esta pareja. Después de tantos años, lo suyo tenía que ser algo más que un: “te dejo porque me has sido infiel y además me he enamorado del príncipe de los sayajins”. No, las cosas no son tan sencillas, no todo es blanco o negro, también existen los grises y eso es precisamente tu fic, todas esas tonalidades de grises que hay en cualquier relación. Me gustó de principio a fin y a pesar de que la situación es triste, la muerte de un ser querido siempre lo es, me dejo un regusto dulce. Sí, decididamente, hablar sienta bien. Te felicito, es un fic maravilloso y te doy las gracias por darme la oportunidad de poder leer algo así.
¡Muchas gracias por leer! Oh cielos, ¿de verdad te produjo esa sensación? No creí ser capaz de lograr algo así... Vegeta es... raro. La verdad es que me divertí mucho retratándole, sobretodo la segunda vez que está hablando con Bulma en la cama. Intento siempre mostrar los personajes lo más apegados a su carácter posible, me alegro de haberlo conseguido. ¿Cuál es el problema con los guiones? Creía haberlo arreglado, si me lo dices así lo tendré en cuenta para la próxima vez. Muchas gracias, yo siempre he pensado lo mismo. Como fan de Yamcha que soy me duele que la gente le trate tan mal, no se lo merece, mucho menos por el simple motivo de haber sido la pareja anterior de Bulma. Nunca creí eso de las infidelidades, para mí fue un poco más que Bulma se enamoró de otro y Yamcha se hizo a un lado. Eso es en parte lo que quise mostrar en la historia. Muchas gracias a ti por leerme y por tomarte la molestia en dejarme un comentario, eso siempre se agradece. Hola BigBang! :p Un gusto leerte aquí también, de nuevo mil gracias por leer y también por comentar no sólo allí sino también aquí :) Es evidente que tenemos puntos de vista diferentes de cómo acabó la historia, pero no me negarás que el motivo que movió a Toriyama a inventarse la trama de la ruptura fue por necesitar una madre para 1/2 saiyan. No hablo de cómo hizo que rompieran, no, sino del porqué se le ocurrió. Del mismo modo que, por ejemplo, se le tuvo que ocurrir que Porunga pudiera resucitar más de una vez al tener que seguir con la historia (iba a terminar tras Freezer), cuando el final iba a ser Gohan como único superviviente (+ Piccolo, claro, Vegeta no cuenta porque él mismo se va) para proteger La Tierra apoyado sólo por Ten Shin Han y Yamcha (+Piccolo, claro). Desavenencias que la chica enseguida se tomaba a mal o que entendía al revés, todo sea dicho... xD Oye muchas gracias en serio (voy a resultar cansina), no sabes cuánta ilusión me hace que la gente me lea y encima se molesten en dejar comentarios tan buenos como los vuestros ops: ¡Gracias! PD. Con tal de cumplir mis "sueños" ya me quedo con el Universo 9 de los franceses de Dragon Ball Multiverse :p xD Me encanta que siempre estés ahí comentándome, te adoro ops: Quería causar una impresión un poco de shock o sea recién apenas estás leyendo, y sin previo aviso te encuentras con que Yamcha ha muerto. Quería que la historia fuese un flashback en el que a parte de explicar por qué muere, mostrar la idea principal del fanfic: la conversación entre él y Bulma. Curioso. A mí también me ha gustado Sencha :confused: No sé, por lo general mis OC's me dan un poco igual, como tampoco quiero nunca darles un protagonismo excesivo... pero Sencha me ha calado, como creadora suya, quiero decir. Él y Mika Hakala [un OC que tengo en un fic de Digimon que no sé si algún día acabaré para que vea la luz] son los únicos dos OC's propios que me han llegado. No sé qué pensarán los demás de Sencha... Desde luego, no quería que en esta serie si los nombres proceden de comidas, bebidas, frutas, ropa... apareciese un personaje nuevo y con un nombre como por ejemplo "Hikaru" sólo porque el nombre suene kawaii. Me informé sobre tipos de té (al tener que ver Yamcha y Puar con ellos, quería que mi OC también tuviera algo que ver con el té), no sólo orientales, de todo, y cuando leí "Sencha" mi mente dijo éste es el nombre que estabas buscando. Después me vino de perlas porque resultó ser un té verde japonés y quedaba bien para ponerle algo descriptivo diferente, para poner más énfasis en que no son padre e hijo, sino solamente maestro y alumno. Me encanta saber que a alguien más le gustó Sencha ops: Para qué negarlo: a mí también me hubiera gustado que hubiesen terminado juntos. Pero qué se le va a hacer, así lo decidió Toriyama... Aunque no estaría mal leer un fanfiction en el que mostrara una historia diferente. No sé, por ejemplo, un fanfiction de Dragon Ball Multiverse y el extraño universo 9 en el que están casados y Yamcha es... bueno, mejor me callo para no levantar spoilers. Es que Vegeta no podía ser de otra forma. Es así porque, simplemente, él es así realmente. Siempre se muestra indiferente ante todos. Pero pensé "cielos, si lleva ya no sé cuántos años casado con Bulma, imagino que, aunque nosotros no lo hayamos visto, tendrá sus momentos con ella". Entonces ahora sí, no antes en la época de los tres años, como mucha gente hace. No sé si me explico. Es que a Yamcha se le nota xD Se le nota mucho que Vegeta no le gusta, y eso que al principio parecía que sí, cuando el príncipe llega a la casa. Normal, si bajo su punto de vista "le ha robado la novia" (ojo: bajo su punto de vista). Pero también creo que su punto de vista cambió tras Cell. A mí también me pasó, supongo que a todos; Vegeta cambia después de eso. Otra cosa muy distinta es lo que sigo prefiriendo, claro... Puar, ¡mi pobre Puar! Cómo no iba a sufrir el pobre, ¿llevando tantos años con su Yamucha-sama y siéndole tan fiel? No podía mostrarlo de ninguna otra manera... Ajá. Me he vuelto como un mangaka por un momento y me niego a decir "a Bra le gusta Sencha"; prefiero dejarlo a gusto del lector. Lo que no negaré es que a Sencha le gustó la menor de Vegeta y Bulma... Muchas gracias por tus comentarios, corazón. A ver si vas publicando tú también para que te pueda ir comentando. ¡Hola! Gracias por tu comentario!! Seré pesada, pero es que siempre me hace ilusión recibir comentarios así como los vuestros, como me alegro del día que decidí registrarme :D Oh cielos, ahora me has hecho dudar. No la había visto mal esa frase hasta ahora que, como digo, me haces dudar. ¿Cómo lo ven los demás...? :S Más que el cómo sería una muerte de esos guerreros, yo lo dejaría en un simple: cómo de sencilla es la muerte para todos. No importa que ellos sean los más fuertes de La Tierra, siguen siendo mortales; tarde o temprano, ellos también tienen que morir... aunque nos duela. Ya ves si son útiles, creo que es uno de los mejores inventos (junto a la máquina del tiempo, que es el mejor sólo de Z) no sólo de DB sino de todo el manganime. ¡Sería estupendo que existieran de verdad! jajaja Si te digo la verdad, cuando escribí esa frase, yo también pensé que lo primero que Yamcha habría hecho sería llevarse la mano a la nuca, ¡así que no podía escribir otra cosa! Es taaaan predecible...xD Bueno, bueno, bueno. Yo no creo que fuera así. Más arriba, en respuesta a otro comentario, verás que ya dije lo que pienso. Pero si lo prefieres de forma más detallada te invito a comentarlo perfil-a-perfil, por aquello de no desviar el tema. Tampoco creo que sea ningún mujeriego, pero bueno... Y más cuando Bulma sí es así (qué manía con cambiarla, de verdad...) Supongo que tienes razón, algo más que frialdad debe haber en la cabeza del enano extraterrestre xD Pobre Yamcha, qué malo xD Aunque bueno, supongo que tienes razón... No es culpa mía si al pobre las dos veces que se lo han cargado ha sido... así. Yamcha tiene zenies porque fue deportista. Y sí, ya sé que es un filler del anime, pero fue una idea de Toriyama, por lo tanto aunque en el manga nunca lo mostró es la idea que tenía, por lo tanto así lo muestro. Por lo tanto, Yamcha tiene zenies de su etapa de deportista, no por otra cosa :p Supongo que sí... jajaja Bueno pero quién se asustará menos, que no sea su propia mujer? xDxD Me da la sensación de que te gusta Bra xD ¿Crees que queda bien entonces que le guste a Sencha? :D Muchas gracias, en serio!! Esta clase de comentarios son los mejores, me dan mucha alegría y me dan más ánimos para seguir escribiendo!! Un saludo!
Te doy la bienvenida por aqui y te comento nuevamente (soy TheBigBangAttack1 del otro foro) Repito que la historia es buenisima, a mi tambien me sacó lágrimas cuando la lei y estoy de acuerdo en que Yamcha merecía un mejor final respecto de su relación con Bulma. A mi parecer, aunque Toriyama haya sacado de forma superficial el hecho de que Yamcha le fue infiel a Bulma que por esa razon ella se fijo en Vegeta, hay algo más profundo que eso, recordemos que una relación es de dos y estoy segura como muchos de que tambien la científica tuvo su parte de culpa. Te lo comente la vez anterior, ella fue demasiado voluble, pues ante cualquier desavenencia con el joven ya andaba pensando en reunir nuevamente las esferas del dragón para pedir un novio ideal, y no dejaba de opinar sobre los tipos apuestos y regañarlo a veces por cualquier tontería hasta el grado de insultarlo (decirle idiota fue algo suave); o sea que indirectamente ella lo orilló a buscarse a otras para divertirse cuando la científica estaba de humor de perros... esa es mi impresion real. Vegeta llegó para ponerle a Bulma su "estate quieto" y que dejara de andar tonteando, y eso que el Principe Saiyajin es muchísimo más parco y grosero de lo que Yamcha pudo haber sido con Bulma, pero fue lo mejor para serenarla de una vez por todas y que sentara cabeza. Que bueno en realidad porque si no sería la misma Bulma la que mataria a Yamcha, pero de coraje jajaja. Felicidades por tan excelente narración y te invito a leerme.
Bueno ya te he comentado en otros sitios pero allá voy de nuevo :) "Cerró los ojos un segundo y se arrodilló. El trabajo de los maquilladores era excelente: en vez de muerto, Yamcha parecía simplemente dormido". Esa frase da un poco de reparo, ahí es cuando ya empiezas a entender que es lo que ha pasado en el fanfic. De hecho, reflejas muy bien que todos acaban pereciendo y que por mucho que en esta serie los hagan revivir, llega un momento que por ley de vida la muerte llega y no se puede hacer nada por evitarla. Me ha gustado Sencha y el hecho de que hayas hecho que Yamcha entrenase a alguien. Además te has informado bien para el nombre. Has sabido bien meter un personaje nuevo que no influye en la historia que todos conocemos y que además está bien metido en el fanfic (no como en otros fics que los personajes nuevos son odiosos). La conversación de Bulma y Yamcha está muy acertada (ojalá hubiesen acabado juntos...) y también me gusta que Vegeta se muestre indiferente o desinteresado pero que en realidad le interese lo que su esposa le cuente. Lo de que la nueva esposa de Yamcha se llamase Bulma reconozco que me ha sorprendido pero no me ha parecido nada extraño que en realidad el no se hubiese olvidado de la Bulma que todos conocemos. También me gusta que ella le pregunte que porque el no luchó por ella, y que el reconozca que al principio Vegeta no le caía bien. Y muy emotivo también el pequeño Puar, que sin duda es el que más sufriría la muerte de Yamcha. También muy bonito el gesto de la ropa que le da Bulma a Sencha. Y también me ha gustado la insinuación de que a él parezca gustarle Bra, con la historia repetida como dice Bulma. Lo dejas caer pero no lo confirmas y eso me agrada. En fin, que el fanfic está genial y que gracias por deleitarnos con él. ¡Muchas felicidades! :D
Por favor, eriha, no respondas a cada comentario que te colocan en un post diferente, te he unido los mensajes que pusiste, pero si lo vuelves a hacer serán borrados. Si gustas responder a los comentarios, hazlo en un solo post :3 Saludos~
Bueno, está muy bien escrito este One Shot. Describes muy bien, narras con claridad y serenidad lo que hace que la lectura sea rápida, fluida… me gusta ^^ Esa frase está rara… no se ve para nada bien, te aconsejo modificarla un poco, pon algo como “el frío interior invitaba a olvidar que afuera esté haciendo casi cincuenta grados”. Creo que queda mejor, mucho más comprensible y fluida. O:! El entierro de Yamcha! Que cosa… bueno, pero está muy bien hecho todo. Muy sentimental, hasta A-18 está un poco apenada. Creo que has captado bastante bien la esencia de lo que sería una muerte natural de estos guerreros. Esas cápsulas son de lo más útil, no entiendo que esperan los japoneses para inventarlas de verdad u.u Jajaja, sabes que leí “No has tardado nada en comprarte el nuevo coche, ¿verdad?" y digo: “Ahora debería llevarse la mano a la nuca” y es justamente lo que pasó xDDDDD Je, ya son tan típicos los personajes de Dragon Ball que es común para nosotros que hagan esas cosas xD O: Pero si Yamcha engañó a Bulma cuando eran más jóvenes, no tiene derecho a decirle que Vegeta no se preocupaba por ella u.u Ja, me gusta más la pareja de Yamcha-Bulma, pero igualmente creo que Yamcha siempre fue y siempre será un mujeriego… cosa que a Bulma no le queda bien. Y Vegeta puede ser frío por fuera, pero por dentro tiene sentimientos. Entonces en el balance, viendo lo que cada uno oculta, Vegeta termina siendo un mejor partido. Ja, es cierto, Yamcha siempre murió de maneras patéticas xDDD Ja, claro que Yamcha tiene zenies… con todo lo que robó en su vida xDD Vaaa, creo que ya a fines de la serie había muchos que dejaron de asustarse de las amenazas de Vegeta xD Asd, quien no se enamoraría de Bra a simple vista si es totalmente perfecta u.u Bueno, estuvo muy bien. La verdad te felicito por tu relato, espero que no sea el último porque se nota que conoces muchísimo de Dragon Ball y además sos una excelente autora. ¡Que tengas suerte y este comentario te inspire a mejorar y seguir adelante!