Renacer El cuerpo en el que habito se estremeció por tercera vez, a pesar de estar rodeada de largas llamas que cubrían todo a mi alrededor, hasta donde podía mirar; mi esencia estaba fría y temblaba. Un miedo espantoso me cubría y me hacía sentir más miserable de lo que mi furioso ser me gritaba que era, por mis ojos caían lágrimas, necesitaría millones de ellas para apagar el fuego que me rodeaba, una sonrisa irónica cruzo por mis agrietados labios. Ellos se encontraban delante de mí, ya no podía reconocerlos, ni a mi madre ni a mi padre, ni a ninguno de mis allegados los cuales probablemente me odiarían. Un estruendo llamó mi atención, una enorme tabla la cual parecía haberse construido ahí para acecinarme, cayo demasiado cerca (para mi gusto) de mi mano izquierda, la cual hace mucho dejo de obedecerme ¿Gritar? ¿De que serviría?. El pánico empieza a arremolinarse en torno a mí ¿Por qué no escogió a alguien más? Tal vez por que era la única viva en estos momentos. —N-No quiero mo-orir—pronuncio haciendo un gran esfuerzo, mis labios están resecos les falta vida. Mi insípida frase vuela en el aire, pensar que nuestra existencia es tan insignificante, probablemente mañana a primera hora los noticieros harían fiesta con la noticia de una familia que murió quemada por culpa de su hija. El calor empieza a torturarme lentamente, alguna vez dije que la peor forma de morir sería está, desearía no haberlo dicho probablemente algún “ente juguetón” quiso cumplírmelo y ahora ríe a carcajadas de mi maldita miseria. — ¡No quiero morirme!—esta vez soy capaz de gritar, el dolor es el mejor energizarte del ser humano te hace realizar cosas que jamás creíste que harías. Mis ojos lloran y ya no puedo abrirlos, duelen, duelen mucho, pero de pronto todo el dolor desaparece y lo sustituye una cálida brisa ¿acaso ya estoy muerta? — ¿Es en serio?—pregunta una voz demasiado fría y que parece tener cierto interés ¿en mí? No lo sé— ¿De verdad tienes tantas ganas de seguir viviendo?—continua mientras yo me quedo callada. Tal vez el dolor me estaba volviendo loca, una vez escuche de un científico que la mente crea situaciones relajantes a la hora de morir, para sentirse tranquilo, puede que ese fuera mi caso. Pero los humanos somos materialistas y nos aferramos demasiado a la vida, y yo en este momento, no tenía nada que perder. —D-Daría cual-lquier cosa-a por segu-uir viva—dije o trate de pronunciar recordando algo que todavía no había hecho y que no podía dejar de existir sin concluir. —Cualquier cosa—repitieron a lo que parecía estar muy lejos. Poco a poco todo se volvió muy oscuro, más que cualquier negro que hubiera visto. - Desperté, en un cuarto en que toda la decoración era gris blanco y negra, todo mi cuerpo pesaba pero no dolía…un momento ¿desperté? Saliendo de mi sueño casi brinco de la cama en la que me encontraba, viendo ahora las cosas con claridad, aquello era demasiado bueno para ser el infierno, demasiado malo para ser el cielo y demasiado completo para ser la nada. No, aquello no era uno de los fines de ninguna religión, se sentía y percibía cada cosa era demasiado real, demasiado material. Con cuidado puse mis pies en el suelo, arrepintiéndome al instante, un grito salió de mi garganta, y despegue mis pies de ahí ¿de que rayos estaba hecho ese piso? ¿De hielo?, mire hacía abajo, era roca una extremadamente brillante y lisa, un sonido me saco de mis pensamientos y me hizo voltear a una enorme puerta negra, por la cual entraba una chica. La mire con cierto pánico, tenía las orejas puntiagudas un pelo rosado y ojos rojos, usaba un vestido ancho y volado de sirvienta, y unas enormes botas cafés, dándole un aire de lolita. Me sonrió, fue entonces cuando me di cuenta de que no todas las sonrisas demostraban alegría. —Come—pronuncio con voz aguda y mirándome tan fijamente que parecía que fuera ella la que me quisiera comer. —Disculpa—dije un poco titubeante— ¿Dónde est—pero me interrumpió. —El infierno, una parte baja en realidad donde se encuentran demonios de banjo rango o servidumbre, fuiste “rescatada”—dijo haciendo comillas con las manos— por nuestro señor Baalzephon que tomo algo tuyo como pago—dijo señalando su ojo derecho—Y ahora trabajaras para él en cuanto se te asigne lo que tienes que hacer—Termino con simplicidad como si fuera la cosa más fácil del mundo, y luego…se largo. Yo que todavía seguía atónita con esa respuesta repase cada cosa que dijo y la que menos me gusto fue eso de “un pago” toque donde se suponía estaría mi ojo derecho y me quede helada, un vendaje lo cubría. Con rapidez lo quite asustándome cada vez más entre más vendaje quitaba más rojos se veían hasta que me quede sin ninguno. Mis manos temblaban, ¡no había nada! Donde se suponía debía estar mi ojo. Tan solo un parpado que delataba la ausencia de este. Con un miedo terrible lo vende de nuevo, y respire agitadamente, tratando de calmarme. Logre relajarme un poco, inmediatamente aquellas palabras vinieron a mi mente “Daría cualquier cosa por seguir viva”, me quede quieta dándome cuenta de que aquel había sido el precio, toque de nuevo el vendaje y una lagrima resbalo por el que era ahora mi único ojo. Habían pasado varias horas y me encontraba más calmada, la puerta se abrió dejando ver a la chica con vestido de sirvienta, parecía más feliz que antes. — ¿Ya tuviste las dudas existenciales suficientes?—pregunto con diversión—Me sorprende que no gritaras ni golpearas las paredes—dijo colocando ropa y unas grandes botas en la cama—La mayoría lo hace, puede que no te odie tanto como a ellos—sonrió y se retiro. Yo no conocía a esa chica pero me causaba mucho miedo, y probablemente no quería estar junto a ella. Mire las ropas en mi cama; me desvestí y me las coloque al igual que las botas, sonreí triunfante, ya no tenía nada de frío. Me mire en un pequeño espejo; los cabellos largos negros caían hasta la mitad de mi espalda, las ropas eran del mismo color consistían en un pantalón y una blusa. Mis ojos cafés se veían opacos y tristes. No significaba el estar aquí que no extrañara a mis conocidos, me mordí el labio inferior “Yo los mate” el pensamiento me hizo sentir miserable, pero nuevamente esa chica tan rara me interrumpió mi festival de auto flagelación. —Si sigues así voy a experimentar amor por primera vez en mi vida—dijo aplaudiendo con una sonrisa. Torcí el gesto no me gustaba que esa pequeño demonio me tratara como a una idiota, un pequeño suspiro salió de mí, después de todo yo estaba por debajo de ella. Una pregunta que necesitaba responder vino a mí. — ¿Puedo ir al mundo humano?—pregunte esperanzada. —Tan poco tiempo aquí y ya no me quieres—dijo en un tono realmente fingido, pero luego sonrió—Iras—un sentimiento de alegría me invadió— pero no para resolver tus problemas—a la basura la alegría. Se acerco a mi y acarició mi cabellos esa acción me estremeció. —Después de todo una humana frágil como tú no puede permanecer mucho tiempo aquí sin perder la razón—pronunció con voz melosa mordiendo el lóbulo de mi oreja, me quede pálida pude verlo en mi reflejo— ¡Pero bueno!—dijo con un extraño cambio de actitud—Mañana partirás y se te darán instrucciones—movió la mano de un lado a otro como si se despidiera de mí—Espera hasta entonces aquí y no salgas si no quieres morir—cantó las últimas dos palabras y se largo, para consuelo de mi salud mental la cual parece va a ser realmente afectada en este lugar. Gracias por leer, este es un prologo corto de la historia. saludos.
pues siendo honesto esta interesante, no llego a concebir ninguna idea de como podría continuar asi que esperaré a que la continues tu misma y no demores que ya em dejaste con las ganas de leer más XD
Maldición 1: Descubriendo mi nueva vida. El reloj marcaba las cuatro de la mañana. El día estaba nublado al igual que cuando había llegado, tal vez todos los días serían así en ese lugar que poco a poco en unas cuantas horas comenzaba a mostrarse como era en realidad, sin prejuicios ni invenciones de los seres humanos, ella estaba en aquel lugar que tantos repudian y sentía, vivía y estaba, nada más cierto que eso. Suspiro no había podido dormir; los pensamientos la atormentaban una y otra vez los recuerdos teñidos con sangre venían a su mente. Así que opto por no descansar, incluso si analizaba que en algún momento de su estancia tendría que hacerlo, esperaría a que fuera insoportable el cansancio para dormir y no pensar en su subconsciente. Dirigió su mirada nuevamente a la ventana empañada, paso su mano tratando de formar un circulo, y lo logro, extremadamente circular, una ceja se alzo y volvió a intentarlo obteniendo el mismo resultado una y otra vez, extrañamente, con una facilidad increíble y envidiable. Que ella recordara no era nada buena dibujando, por lo que le sorprendió este hecho. La puerta se abrió sin emitir sonido, ni tan siquiera cuando una grandes botas pisaron se escucho nada. La dueña de estas miro con cierta gracia a la chica que miraba atónita y formaba círculos cada vez más grandes, los nuevos humanos se comportaban como animales ante algo diferente, como lo que vivían. —Al morir y darle tu alma a un demonio adquieres unos cuantos poderes, lo que quiere decir que tienes más habilidades que un humano común—pronuncio alto y rió al ver el brinco de la chica en su propia cama. — ¡No hagas eso!—dijo con una mano en el pecho—casi me matas del susto—pronuncio mirando hacía ella con cierto rencor, igualmente no es como si aquella mujer fuera de confianza. —Yo no puedo matarte tan solo con eso—explico con simplicidad la demonio—Los humanos suelen usar cifras o datos exagerados, o también usar las palabras incorrectas—miro el reloj de la pared—Pero eso no importa en este momento; báñate esa agua ira desapareciendo poco a poco tu olor humano, tienes que estar lista en veinte ¿Cómo se dice?—pregunto poniendo una mano en su barbilla y un gesto pensativo algo fingido— ¡Ah! Sí, sí minutos, siempre se me olvida—termino con una sonrisa de satisfacción. — ¿Se te olvida?—pregunto ella con duda— ¿Por qué habrías de hacerlo?—se acerco con las botas puestas a aquella figura. Esos zapatos eran grandes sin embargo se sentía un poco liviana con ellos— ¿Acaso no dura lo mismo el tiempo aquí? —Los demonios vivimos mucho tiempo, el minuto es una unidad de hechos utilizada por los humanos, nosotros hablamos en años o rara vez en días—explico con paciencia extraña en esos seres como si se hubiera acostumbrado a tratar con los mortales—No hagas preguntas tontas en frente de nuestro señor o morirás—cambio con rapidez el tema, recordando a lo que venía y termino con un gesto malicioso, cerrando la puerta—Lo veras para presentarte y prestar tus servicios a él—se escucho un aviso detrás de la puerta. Ella no dijo nada más tan solo se baño y vistió con rapidez aunque no tanto como la que tenía su corazón en ese momento. ¿Cómo sería ese tal señor del que hablaban? ¿Acaso sería el diablo?, un escalofrío la recorrió por tan solo pensarlo, aquel ser tan temido y repudiado, al pensar con calma recapacito ¿Por qué salvaría el diablo a una humana?, no definitivamente no sería él ante el que se presentaría, sería otro demonio, aunque poderoso de todas formas. No hubiera podido explicarlo pero podía sentir sus ambiciones en el aire, como si alguien la estuviera viendo e inspeccionara cada uno de sus movimientos. Aparte la chica de cabellos de cabellos rosados pronunciaba su nombre con respeto, dando a entender su poderío y control sobre todos lo que habitaban el lugar…incluyéndola a ella. Respiro profundo tratando de darse valor, no podía cometer ninguna estupidez si quería seguir viva, tenía que poner sus pensamientos en calma. La sirvienta entro de nuevo para escoltarla parecía mucho más seria que antes, tomando una actitud y postura más regias. —Sígueme—indico con voz profunda y señalo el camino que deberían transitar. Sus pies pisaron por primera vez un suelo diferente el de la habitación en la que se había encontrado y sin perder tiempo, observo y analizo todo a su alrededor; aún no parecía real el que tuviera la oportunidad de conocer un lugar así. Los pisos eran de la misma roca brillante del de la habitación, y las paredes estaban poco decoradas opacadas por un color obscuro en toda su extensión. Cruzaron aproximadamente diez pasillos enormes y que parecían no tener fin; ella trataba de recordarlos pero en el quinto se dio por vencida, ya los aprendería después si se quedara. Llegaron a una puerta grande, enorme en realidad, de un color negro. La chica de cabellos rosados se acerco a esta y saco unas llaves de oro, noto entonces que no estaban solas a los lados había más de lo que parecían ser demonios y humanos. Le pareció sorprendente el no haberlos notado con anterioridad. Uno se acerco a ella con una sonrisa burlona y un gesto de superioridad; tenía el cabello café despeinado con un aire misterioso y a vista de la humana, pedante; sus eran de color rojo. En un rápido movimiento le acerco hacía él. —Así que es esta—pronuncio con una voz hipnótica haciendo uso de sus encantos demoniacos—Es muy bonita—dijo acercándose a sus labios. Ella no sentía su cuerpo y la sensación de que en cualquier momento se desmayaría la llenó, no se sentía atraída hacía aquel ser, sin embargo un fuerza invisible no le dejaba moverse con normalidad. Un brusco movimiento le saco de aquel transe en el que se encontraba. —¿Que haces estúpido?, sabes que el señor se enfadara si tocas sus juguetes nuevos—esta vez fue un hombre grande y de piel quemada, que tenía la apariencia de un demonio por sus orejas afiladas. —Callaos de una vez—se escucho con aburrimiento una tercera voz que provenía de una chica que tenía unos cabellos largos, despeinados y rojos, y ojos característicos de esos seres de igual color—Me provocáis un dolor de cabeza—dijo mientras se colocaba las manos en sus orejas, fingiendo una jaqueca sin mucha emoción. —¡Silencio!—esta vez fue la chica de cabellos rosados la que hablo—Entraremos—pronuncio con suavidad probablemente por respeto—Compórtense—dijo poniendo a su lado a la chica que ya estaba despierta y parecía querer pegar al ese chico de cabellos cafés, el cual antes de entrar en la siguiente habitación le giño un ojo con una sonrisa picara y llena de lujuria. Ella quitó la mirada de él, tratando de no sentirse afectada por la acción de aquel ser y miro hacía adelante para luego quedar atónita con el panorama que se mostraba ante ella no pudo creer lo que veía. Un enorme pasillo el cual se alumbraba con tonalidades rojas y brillantes que poseían un esplendor nunca observado por la humana; en cada una de sus paredes lucían hermosas pinturas que parecían ser hechas por finas sedas, labradas para darle toques impresionantes y sub realistas, también se podían ver colgantes de oro y ricos labrados en perlas y diamantes. Era toda una maravilla difícil de creer, cada tramo decorado con nuevas obras y cada obra más impresionante que la anterior, mejorando la calidad con cada paso, como si pudieran superar cualquier cosa. Cruzaron un lugar en el que ya no había edificio, si no grandes arboles rojos tapándolos enredados entre si, como si lucharan entre ellos para crecer cada vez más. Una fuente grande de oro se encontraba a un lado de los demonios; esta goteaba un líquido carmesí y con un ligero grado de espesor: sangre. Todo el trayecto era asombroso las maravillas del mundo humano no podían ser comparadas con aquello y quedarían disminuidas a simples principiantes si se pensara tan solo en tomarlas en cuenta. Ella miraba tratando de no mostrar su sorpresa como los demás humanos en su grupo, que estarían probablemente en su misma situación y no conocerían algo parecido. Miró hacía los lados dándose cuenta de que los demonios que antes se mostraban con distintas personalidades ahora reflejaban una actitud de humanos sumisos y educados caminando con elegancia. Bufo dentro de si, la verdad era que sentía un poco de celos, todos se veían tan hermosos y perfectos sin ningún punto en su contra, que sería algo extremadamente sencillo el sentirse inferior al compararse. Se detuvieron y ella los imitó, se detuvieron enfrente de una silla la cual se encontraba vacía. Era grande y llena de diamantes a sus lados, mucho más ostentosa que cualquier objeto que hubiera observado en el trayecto para llegar hasta ahí. Todos hicieron una reverencia que demostraba el respeto inmenso ante el que aparecería. La señal fue imitada por todos ya que era algo fácil, tan solo un chico que parecía perdido, la hizo ineficientemente; era normal después de todo a los humanos no les explicaban que tenían que hacer antes de llegar a ese lugar…para su desgracia. Tan solo pudo ver como el cuerpo ensangrentado de ese muchacho caía al suelo despedazado, miró disimuladamente a una chica que se tapo la cara con las manos y empezó a sollozar…otro cadáver más. Aquellas acciones fueron realizadas con suma rapidez, que le tomo unos segundos procesar los hechos presenciados. Volvió su mirada un hacía la silla enfrente, se encontraba algo traumada por lo que vio, aunque sin duda la más calmada de todos los nuevos en ese lugar. Contándose quedaban cuatro sin asesinar. Todos los demonios permanecían perfectamente posicionados. Una mancha obscura apareció ante todos tomando forma, a partir de una densa nube. Todo vestido de negro con una gran y fina capa, unos cabellos negros que se deslizaban por la pálida piel, y unos hermosos ojos negros que no se podrían comparar con nada de ese ni otro mundo; apareció el señor de esa mansión y amo de los presentes; un escalofrió recorrió todo su cuerpo. —Mi señor—Hizo una reverencia la chica de cabellos rosados y coloco a los humanos en frente de él—Su pedido—dijo al final, ante una seña de él se retiro lo suficientemente lejos para que la sangre que fuera a ser derramada, no la salpicara. El demonio se paseo ante todos con una sonrisa burlona y una aptitud egocéntrica, frente a las victimas que él mismo había solicitado y aún más sorprendente, decidió escoger al que quedaría vivo sin que nadie más le acompañara. —Vaya, vaya, vaya—dijo pasando enfrente de los cuatro que temblaban y trataban de no hacerlo demasiado—Así que vosotros habéis solicitado mi ayuda, para seguir viviendo—todos asintieron por inercia, sintiéndose demasiado amenazados por el demonio—Pero para mala suerte de ustedes— disfruto las expresiones ante las palabras dichas—solo me quedare con uno—concluyo mirándolos con sorna y una sonrisa. Ella sintió como la sangre se le congelaba, eran una posibilidad entre tres, no demasiado bueno, ni demasiado malo; sin embargo los números se ponían en su contra, aunque no fuera por demasiado, las diferencias podían matarla. Pudo notar como un hombre entre los humanos, que debía tener unos treinta años temblaba sin control, incapaz de reprimir sus sensaciones y mostrarlas a los demás. —Ahora veamos, tú—señalo a un chico que se estremeció en ese momento—No te ves tan mal—dicto pasando sus garras, perfectamente limpias y afiladas, por el rostro del susodicho y haciendo una pequeña herida, miró hacía el siguiente—Tú—señalo a una chica, que parecía petrificada—No quiero cobardes—y un charco baño el suelo y a los presentes, en verdad le molestaban los mortales sumisos y obedientes. El hombre antes de ella gritó y trato de abalanzársele pero como era de esperarse ni siquiera pudo llegar al majestuoso cuerpo antes de ser exterminado. Ella cerro su único ojo y se calmo tan solo un poco. Sería la siguiente, esa presencia era intimidante le congelaba hasta el último de sus huesos y hacía que le costase respirar. Cualquier experiencia o miedo que hubiera experimentado, no se comparaba con lo que se presentaba en ese momento. — ¿Tu nombre?—pregunto en su oído el demonio con voz fría, provocando que su cuerpo se sintiera débil, con una casi necesidad del desmayo. —G-Ginger señor—tartamudeo un poco al empezar y con un poco más de fuerza y seguridad al final. —Y dime ¿Para que puedo querer a una tuerta?—pregunto, mientras colocaba una de sus garras por su venda, para luego observarla con superioridad. —Para robarle su otro ojo si lo necesita, mi señor—respondió mirándolo, su ojo derecho no se parecía al de ella, pero estaba segura de que era el suyo pues no mostraba la belleza del otro, era extraño pero podía notarlo. Una carcajada sonó por toda la habitación, lo último que provoco en los presentes fue gracia. Los demonios observaron con cierta repulsión a la humana que osaba plantarle cara a un superior, en el rostro de la de cabellos rosados, se formo una imperceptible sonrisa para luego hacerla desaparecer y volver a tomar una forma sumisa. — ¿Sabes con a quien le estas hablando, perra?— mordió su oído haciéndolo sangrar un poco, disfrutando de los latidos del corazón de la chiquilla a la que le había robado un ojo y saboreando el sabor metálico con sus labios. —Con mi señor—pronuncio apunto de desmayarse ante las acciones de este y el acercamiento insoportable ante tal energía la cual provenía del cuerpo frente a ella. —Bien—sentencio el hombre, levantando el brazo con delicadeza y fuerza al mismo tiempo. Cerro su ojo después de todo no iba a poder lograr aquello que quería, esperando el golpe se congelo, pero este nunca llegó; abrió su único ojo y miró caer el cuerpo del chico a su lado. Luego dirigió su mirada al demonio que en ese momento ya no se encontraba ahí si no a un lado dándole indicaciones sobre que hacer a la chica de cabellos rosados, que parecía ser la de mayor rango entre los sirvientes. Pronto su mirada se volvió obscura y perdió el control de su cuerpo sintiendo como se dejaba caer y algo la sostenía. - Despertó en la habitación en la que se encontró la primera vez en ese lugar, se levanto sintiéndose sumamente liviana y coloco sus pies en el suelo, los alzo inmediatamente creyendo que dolería por lo frío de este, pero al contrario se sentía cálido y no evito el colocarlos nuevamente en aquella roca brillante, sintiéndose realizada. —Al ser aceptada por nuestro señor, se te ha dado la libertad de estar en ambientes que un humano normal no soportaría—escucho atrás de si una voz femenina. —Te dije que dejaras de hacer eso—gruño por lo bajo. Aún no lograba darse cuenta de cuando entraba o salía alguna persona o demonio. —Deberías estar orgullosa, ser aceptado no es nada fácil—se recostó en la cama como si fuera familiar para ella—Cierto mi nombre es Bietka—dijo señalándose a si misma—No te lo había dicho antes porque no valía la pena que pronunciaras mi hermoso nombre, si de todas maneras ibas a morir—Pero tienes suerte—suspiro—Esa fue tu primera misión, ahora prepárate, para una en el mundo humano. Te aseguro que no es nada de lo que has visto de tu lado del mundo—Advirtió con un brillo en sus ojos—después de todo los demonios son traidores y odian, los humanos se hacen traidores y prefieren odiar, son peores que nosotros. —Les dijeron que nos engañaran y no nos informaran sobre esa prueba—dijo refiriéndose a la masacre de los cinco humanos, tratando de ignorar el tema tocado por su acompañante y la mirada de esta—y por eso pensamos que hoy sería la primera misión y ninguno estaba preparado—concluyo con un aire de reproche. —Pues sí, eso se suponía, normalmente matan a todos, a eso me refiero con que tuviste mucha suerte—dijo alzando los hombros—Pero la suerte no dura siempre y es hora de tu primera tarea como ya te dije en el mundo humano, sígueme. Bietka llevó a Ginger por un pasillo diferente al anterior se encontraba más obscuro y en calma, luego de un tiempo, lograron entrar a un lugar que parecía ser una habitación y al estar dentro lo comprobó. Lo primero que vio fue un tipo de materia luminosa grande de color gris y blanco. Tenía un movimiento desordenado sin ir a ningún lugar en general. Esta sustancia estaba encerrada en un globo de cristal Bietka tomo un poco el cual se solidifico en su mano y lo ofreció a la chica a su lado, con simpleza y sin contratiempos. — ¿Qué es?—pregunto Ginger mirándola con desconfianza y tratando de olerlo, llegó a la conclusión de que no tenía ningún aroma. —Tienes que tomarla si quieres bajar, nos mostrara donde te encuentras, tienes un plazo de una semana para cumplir esta misión, si no has llegado o no la concluiste en ese tiempo los Klendos irán a buscarte, y créeme no son nada amistosos—advirtió, con cierta gracia en su vos, la demonio. — ¿Algún tipo de demonio?—pregunto la chica de cabellos negros con clara evidencia de haberse quedado atrás, al escuchar tal termino. —Son cazadores de demonios, usados por nosotros mismos, no llevan nuestra sangre pero viven para matar y torturar, es por eso que te digo que no te quieres topar con ellos—Tomo la pastilla y a una gran velocidad la metió en la boca de Ginger, sin querer dar más explicaciones. Esta pudo sentirla deslizarse en su garganta se sentía caliente y dolía un poco, nada que no pudiera soportar; sin embargo le molesto el ser engañada. Bietka cortó una de sus manos y formo un sello dando paso a un portal de un color obscuro y en movimiento, le entrego una carta a la humana, para luego arrojarla dentro del portal a una velocidad impresionante, sin dar tiempo de nada. — ¡Cuídate!—Le grito moviendo una mano de un lado a otro y poniendo la otra a la altura de su boca. Un mareo empezó a surgir en el cuerpo de Ginger, sintió como la vivión comenzaba a volverse borrosa y la sensación de dar vueltas en un espacio sin materia se hizo presente en su cuerpo. Poco a poco las experiencias fueron disminuyendo. - Despertó un poco desorientada, pero no duro mucho recuperándose, pues el estar aliada con un demonio en serio la hacía más resistente o al menos aquella era la explicación más posible. Miró a su alrededor un poco confusa y desorientada, algo normal en la situación que se presentaba. Notó que estaba en un lugar estrecho y olía mal, no pasaron cinco segundos cuando se dio cuenta que estaba en un callejón y era de noche. —Maldita Bietka—Ni tan siquiera había tenido el cuidado de lanzarla en un mejor lugar; un camión lleno de colchones hubiera estado bien. Se paro con rapidez, ese lugar definitivamente no era seguro, toco sus manos, sin ningún rasguño, probablemente apareció ahí para que nadie la viera. Lo lógico, ya que no es muy normal ver a una chica medio muerta aparecer entre tu pedido de colchones o en medio de un restaurante. Camino para salir del aquel oloroso lugar, no sabía si debía temer de lo que le pudiera pasar o que los bandidos temieran de lo que ella podía hacer. ¿Qué era capaz de hacer?, miro su mano y una pared cercana, tomo impulso y la estrello con toda su fuerza… no paso nada, un pequeño sonidillo escapo de su garganta y una lagrimilla bajo por su ojo. ¡La habían dejado sin nada!, ni tan siquiera podía defenderse así ¿Qué haría? Dibujarles círculos a sus contrincantes. Husmeó en su bolsa y recordó la carta que Bietka le había entregado, ya se le habían dado instrucciones pero aún así las volvería a leer. Antes de eso miró el otro contenido restante de la bolsa: llevaba un poco de dinero aunque no demasiado, chisto un momento, esa mansión era la más lujosa que había visto en su vida, pero, a ella le daban una miseria para sobrevivir, era obvio que querían que cumpliera la misión por sus propios métodos, tal vez para probar si valía la pena. Cerro su ojo y lo abrió con determinación, una gran sonrisa se mostro en su rostro, había pasado tiempo desde la última vez que se había sentido tan “viva” y no eliminaría la posibilidad de levantarse nuevamente. - Bietka se encontraba creando unos hechizos que le habían solicitado, sus ojos rojos miraron un tipo de calendario en el que se encontraban anotaciones. Ella la era la que dirigía ese lugar para su señor, así que tenía que encargarse de asuntos muy importantes y a la vez muy tontos. La anotación del día en que debía regresar la nueva humana que tanto le había fascinado llamó su atención, era como estar en frente de un demonio. Nunca había conocido a uno de esos seres que se sintiera tan cómoda en el infierno, ella podía saberlo por sus signos vitales, los cuales eran pausados y tranquilos como si estuviera en su propia casa. Debía comprar unas cosas para un nuevo hechizo, las tenía memorizadas pero era mejor verlas de nuevo, nunca se puede cometer un error con hechizos. Tomó el papel y miró con los ojos más abiertos de lo normal, una sonrisa se formo en su rostro y lo guardo de nuevo, tal vez esa humana no iba a durar tanto como ella pensaba. - Había podido encontrar un cuarto, aunque no la dejaba muy satisfecha era lo mejor que podía conseguir si quería ahorrar, lo cual a su manera de ver las cosas: era necesario. Saco y leyó por tercera vez el papel de un color rojizo y letras negras, frunció el ceño como resultado, lo arrugó e introdujo en una bolsa de su abrigo. —Maldición—Casi apunto de gritar se tranquilizó un poco. Aquel papel no contenía ninguna misión, sino una lista de compras de cosas que debían ser de demonios porque no conocía ninguna y los nombres le resultaban confusos al igual que la letra. Cerrando su ojo se dispuso a recordar lo que le había dicho aquella demonio a la que cada vez odiaba más. Se encontraban de camino a la habitación del portal, la demonio delante suyo empezó a hablar de un pronto a otro, sacándola de sus pensamientos. —Hace algunos días, unos hombres invocaron la ayuda de un demonio mediante un ritual satánico, estos pedían el ganar una pelea, si no mal recuerdo de bandas—dijo en tono un poco dudoso. — ¿Bandas callejeras o de música?—pregunto Ginger, si esa era una misión debía saber todo sobre ellos y la palabra pelea también se usaba en ciertos concursos. —Pues callejeras niña, es totalmente ilógico que invoquen un demonio por un concurso—contesto la demonio con gracia y algo de obviedad. —Los humanos hacen cosas ilógicas y estúpidas—pronuncio teniéndose a ella misma como ejemplo. —Pues tienes razón, bueno pero eso no importa—retomó nuevamente el tema—Como te decía estos tipos lo invocaron e hicieron el pacto, y ganaron la pelea, claro los demonios no dan las cosas de gratis—explico con una sonrisa como si eso la divirtiera—Luego de eso normalmente roban el alma de sus victimas cuando mueren—seguía la chica de cabellos rosados. — ¿Y entonces cual es mi misión? ¿Tengo que traer las almas aquí?—dijo la chica algo emocionada por ese hecho, le hubiera encantado ver un alma. La demonio rió sin gracia, sintiéndose algo humillada. —Por supuesto que no, ni tan siquiera eres un demonio para darte ese trabajo, no te sobrevalores niña—dijo con burla—El problema es que esos tipos hicieron otra invocación a otro demonio que no es de nosotros, y ahora habrá un problema cuando mueran, ya que sus almas le pertenecen a dos demonios. — ¿No es de su grupo? ¿Qué quieres decir con eso?—pregunto Ginger que se había perdido hace rato, le molestaba ese hecho. Bietka suspiro eran muchas las cosas que un humano nuevo no sabía y tampoco requería de la paciencia suficiente para explicarlas. —Pues el infierno tiene grupos, unos más poderosos que otros, cada grupo tiene su líder, como tú has visto el nuestro te darás cuenta de que son nada débiles, estos lideres deben mantener un cierto tipo de tregua entre todos—dijo volviéndose hacía ella— Se necesita una razón de fuerza mayor para empezar un duelo entre ellos, ya que si no fuera así todos estarían peleando a cada momento. — ¿Y entonces como se soluciona el problemas de las almas si ninguno va a ceder?— en verdad le importaba aquello de eso dependía que siguiera viva o no. —El demonio de nuestro bando hizo el pacto primero así que nos tocan a nosotros—Bietka saco un cubo negro de una de sus bolsas y se lo entrego a Ginger—esa es tu misión tú le harás una marca a los humanos con ese cubo el otro demonio sabrá que son nuestros ya que se grabo una fecha el día del pacto la cual ocurrió antes que la suya. — ¿Pero que pasa si no lo acepta?—pregunto nuevamente Ginger ya se estaba cansando de no saber nada de ese lugar. —Lo hará, nadie es tan estúpido para enfrentarse a mi amo, por esas insignificantes almas—determino la demonio levantando los hombros—Te enviaremos cerca de la zona donde están esos tipos si no me equivoco son cuatro. Así que ya sabes, no te confíes porque hayas estado aquí no significa que no puedas morir allá—advirtió—Ah, y antes de que preguntes te enviamos a ti porque es un trabajo poco importante para que lo realice un demonio. Ginger saco el cubo que le había entregado aquella demonio y lo examino: era liviano y totalmente negro. No entendía como diablos iba a marcar a los hombres con eso; una de sus puntas era tremendamente afilada así que la había cubierto con un pañuelo para evitar cortarse. Suspiro por lo menos había apuntado la dirección de los tipos en un lugar aparte, pero por lo que había preguntado estaba a cuatro días de ahí debía ser rápida si no quería que esos demonios la llevaran partida en cuatro de vuelta al infierno. Apago la pequeña luz, pensó en que no había dormido nada en dos días y aún así no se sentía cansada, recordó que poseía ventajas por ser aliada a un demonio; bueno tal vez no podía destruir paredes pero no gastaría dinero en mantenerse con energía. Sonrió con malicia, la posada aún no había sido pagada y, ¿para que hacerlo?, se levanto con lentitud, esa era otra de sus nuevas habilidades: no producía ningún ruido si era precavida. Eran aproximadamente las seis y no veía el porque de quedarse ahí, se encamino con todas sus cosas. Se elogiaba a ella misma por que hacer eso fuera tan fácil tan solo cuando llegó a un candado que mantenía cerrada la puerta; probablemente para que todos los huéspedes no hicieran lo que ella, tuvo algunos problemas, pero también le habían dado una llave que se adaptaba a cualquier puerta del mundo humano ya que tomaba la forma de la cerradura. Sonrió, al final Bietka no era tan inútil. Llevaba algún tiempo caminando, noto que hablaban español igual que ella, probablemente para evitar problemas, mandaban a los humanos a cumplir misiones a algún lugar en el que se hablara su mismo idioma. Frunció el ceño entonces y pensó ¿Cómo era que ella había podido entender a los demonios? ¿Los otros humanos de la vez anterior hablaban su mismo idioma?, no eso no era, recordaba vagamente el estar hablando otra lengua pero la verdad no podía decirlo con claridad. Movió su cabeza de un lado a otro, ya preguntaría eso después, ahora tenía una misión que cumplir. Miró una pareja de novios que caminaban muy acaramelados besándose, una mueca de asco se formo en su rostro, no se arrepentía de lo que iba a hacer. Al pasar al lado de ellos que ni siquiera la notaron, tomó con una velocidad, que le sorprendió, la cartera de la chica y se alejo un poco de ellos. La verdad era que no tenía que menospreciar sus nuevas habilidades, miró el contenido del objeto deleitándose con las vista de muchos billetes de gran valor, esa chiquilla debía ser la hija del presidente. Introdujo “el botín” en una de las bolsas de su abrigo y siguió mientras oía a lo lejos la chica gritarle a su novio que era igual que los demás que solo la querían por su dinero. Pensó en la mala suerte del chico y en la buena de ella, y sonrió dándose cuenta que en verdad le gustaba hacer eso, el causarle un daño a los demás. Se sentía extrañamente feliz con esa nueva vida era como si todo lo que quiso hacer alguna vez lo hiciera ahora, y se sentía irremediablemente muy bien; extrañamente los sucesos de hace algunas horas no le afectaban en aquel momento. Observo su vestimenta: Era negra, unos pantalones y una blusa sin mangas acompañados de un abrigo largo hasta las rodillas del mismo color, y también el bolso donde llevaba el cubo para marcar a esos hombres. Se divirtió durante el día causándole mal a algunos, jugando de vez en cuando con algunos sentimientos algo superficiales; pero sabía bien que debía ponerse a trabajar. Buscó el bus que quedara más cerca al lugar que necesitaba alojar, si se realizaba correctamente debía llegar en tres viajes. En ese momento se encontraba comprando el tiquete para el primero, cuando un tipo que venía corriendo la arrojo junto con su bolsa al suelo. Enojada se dispuso a insultarlo pero este, no volvió a ver y tomo su bolso para luego salir corriendo. Se levanto con rapidez y lo siguió era un poco más rápida que antes pero no lo suficiente para alcanzarlo pues cada vez lo veía más lejos, miró como cruzo una carretera trato de hacer lo mismo pero, sintió como chocaba contra alguien, y que inmediatamente la arrastraban a un callejón. —Duérmela—dijo una voz grave, pudo ver que le pertenecía a un gran hombre musculoso, lo último que pensó era que estaba en problemas. Gracias por leer y comentar. Saludos
Pues si hablamos de errores te faltan demasiadas tildes y algunas frases estan desordenadas y sin signos de puntuación Bueno en cuanto a la historia, es entretenida y de cierto modo muy cruel y realista, eso lo vuelve mas llamativo y como lo propones siempre deja con las ganas de continuar leyendo así que... esperaré paciente
Me gusto lo que expresaste allí, fue hasta profundo -Ríe a pesar de que solo él entendió el chiste -Me percate de qué cambiaste de primera a tercera persona ¿qué paso allí? -Vio hacia un lado un pensativo, la historia le había encantado pero sentía que algo le faltaba, incapaz de comprender qué volvió la mirada a la pantalla tratando de imaginar la autora ¿cómo podía siquiera pensar en eso, es decir cómo realmente podría ver alguien qué no conoce? vale la pena intentarlo supongo se dijo; sus dedos se deslizaban en el teclado tratando de pensar con claridad lo siguiente que tapearía, mordió su labio dudoso y prosiguió -Estoy bastante impresionado, escribes bien y tienes buena narrativa, la historia es interesante pero solo hay una cosa qué te criticare esta vez -Volvió a desviar la mirada intentando evocar una imagen que jamás existió, tratando de dar vida a aquello, eso que había leído, le era fácil darle imágenes, puede que su fanatismo por el ocultismo o por ser pseudo-demonologo aficionado, sonrió para sí mismo como si hubiera dicho lo más gracioso del mundo, quería decir muchas cosas pero le costaba encontrar la forma correcta, aun así volvió la mirada esta vez decidida y continuo -El jefe, su personalidad no me gusto mucho, me hubiera gustado tal vez una más sutil, pero creo estas seguirían siendo preferencias personales más qué una crítica productiva -Se sintió apenado por la bobería escrita pero aun así decidió no retractarse, le gustaría poder corregirle sus acentos o su gramática, tal vez su narrativa que, aunque buena, le falta mucho por evolucionar, pero después de todo a él mismo le faltaba por crecer -Solo me queda dejarte mis buenos deseos y comprometerme a leerte de forma más continua así qué simplemente dire "Conti Plis" Lmao...
Gracias por la critica, tratare de mejorar en esos temas, he editado un poco el capitulo, pero aún pienso que me falta mucho. Que bueno que la trama sea de tu agrado, espero te guste el siguiente capitulo. Saludos.
Pues muchas gracias por este lindo comentario. La verdad es que la primera persona no es mi narración preferida, el primer capítulo fue una excepción por ser un prologo; sobre todo a la hora de las batallas me resulta más útil la tercera persona. La personalidad del jefe, pues es bastante cruel por decirlo de algún modo. Es como dices gustos personales, no todos van a tener personalidades de este tipo, tratare de darle una específica a cada uno de los personajes. Por los errores, pues tienes toda la razón, aún cometo demasiados, espero poder mejorar cada vez más, también en la narración que no es mi fuerte. Me alegra que te guste y espero te agrade el próximo capítulo. De nuevo gracias por tu poética opinión. Saludos.
Maldición 2: Sobrevivencia. Se sintió mareada al despertar, un asqueroso olor le dio de lleno en el rostro y entro para su desgracia en sus fosas nasales de una manera muy profunda. Tascio con asco y abrió los ojos poco a poco, acostumbrándose lentamente a la situación y el lugar en el cual estaba. En lugar era oscuro, se encontraba en completo desorden, entre este podía notar prendas de los dos géneros, manchadas con sustancias no muy agradables y que decidió no examinar. Miro a su alrededor buscando una salida, no habría que ser Einstein para encontrarla pues se encontraba justo en sus narices, pero ¡oh! Había un problema. Notó con cierta aversión un grillete alrededor de una de sus manos que le impedía el poder moverse libremente, obstruyendo sus planes de escape, suspiro con furia. Le parecía obvia la situación: fue secuestrada. De todas las mujeres a las que podían tomar para el papel de victima, debían escogerla a ella, precisamente a ella. No deseaba pensar en lo que tenían planeado, aunque lo que más le parecía eran hombres dedicados al trafico de mujeres…debía salir de ahí. —Maldición—su frase favorita para empezar un buen día, que pareciera iba a ser muy largo y bastantes inconvenientes de por medio. Intento zafarse de su pequeña prisión, pero lo único que consiguió fue irritar su piel y su carácter que cada vez iba peor, en verdad era un asco el estar ahí, teniendo la oportunidad de utilizar su nueva “vida” terrenal. En su primera misión y ya su mala suerte hacía acto de presencia, fue ilusa al pensar que había logrado perderla; definitivamente no era lo mejor aliarse con Lucifer, lo pondría en su agenda, que parecía no iba a extenderse si seguía así. Bietka había mencionado que tenía una semana ¿Cuánto había estado ahí?, la verdad no creía que más de un día. Lo mejor era que ahora ni tan siquiera tenía el maldito cubo para hacerle la marca a los tipos que buscaba y probablemente estarían divirtiéndose a cuatro días de ella, era frustrante. Cada cosa hacía parecer a la otra peor. Con rabia jalo lo más que pudo el obstáculo que la mantenía presa sin importarle que doliera, pero entonces oyó como unos pasos se acercaban y se acostó de nuevo en la cama, fingiendo un letargo en su cuerpo. Trato de calmar su respiración y hacer que pareciera lo más que real posible. Unos tipos entraron, pudo notar que era tres por las voces que percibía y escuchaba con atención. Los escucho acercarse a la mugrosa cama y por ende a ella. —Así que es esta—pronuncio una voz que parecía contenta—Es muy linda—Ginger sintió como la tocaba y tomo con sus manos uno de sus senos, el cual empezó a masajear— ¿Puedo probarla ahora?—pregunto la voz que parecía un chico joven con un aire despreocupado. ¿Qué significaba eso? Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no tirársele encima al desgraciado que la había tocado y planeaba hacerle algo más, pronto el mantenerse en calma fue bastante difícil; ella no era una persona tranquila por naturaleza y el tener un motivo le calentaba la sangre, una voz interrumpió sus venenosos pensamientos. —No hasta que la pagues—pronuncio con mal humor, el que parecía era el líder, el cual no tuvo reparo en tomarla como un simple objeto al hablar. —No hay problema, puedo hacerlo ahora—Quito su mano de aquel lugar para luego bajar hasta el oído de la humana—No hace falta que finjas, vendré en un momento preciosa—sentencio el chico levantándose y eliminando el peso extra en la cama. Su cuerpo se tenso al escuchar las palabras dichas por este, ese maldito sabía que estaba fingiendo, de nuevo la sangre le hirvió y deseo con todas sus fuerzas matarlo, pero no debía dejarse llevar por los sentimientos si quería seguir viviendo. Aún así las escenas del mundo humano le llenaban la cabeza…malditas películas. Escucho la puerta cerrarse e inmediatamente abrió los ojos y busco su abrigo con su único ojo; lo encontró tirado en el piso y trato de tomarlo sin ningún éxito. Se estiro todo lo que pudo tratando de alcanzarlo con el pie, esos tipos no durarían mucho en llegar. Estiro con todas sus fuerzas las extremidades pero no logró tomarlo tan solo le faltaba un poco, unos cinco centímetros. Puso una mano en el suelo y se estiro haciéndose daño al jalar vio como un hilo de sangre bajaba por su muñeca pero no le presto atención, no sabía si era el estar aliada al demonio u otra cosa, pero no dolía tanto como parecía. Con un último esfuerzo estiro con brusquedad, escucho su muñeca crujir…se la había dislocado. Tuvo que morderse los labios hasta hacerlos sangrar para no emitir un gritó, aquello sería lo más doloroso que había sentido en su vida, incluso una lagrima bajo por su mejilla. A pesar del dolor, lo positivo fue que alcanzado su abrigo el cual jalo hacía ella, miró en la manga buscando aquel objeto con su mano sana y al encontrarla saco la llave que abría cualquier cerradura, se deshizo de los grilletes y se levanto con pesar. El dolor en su muñeca era muy grande, tomo un pedazo de tela del suelo que por dicha no estaba oloroso ni con otro adjetivo desagradable, y lo enrollo con mucha fuerza alrededor de esta, así prevenía el romperla, aunque no era lo mejor, no podría pensar en algo más elaborado en aquel momento. Los tipos pronto llegarían, se acostó de nuevo en la cama en contra de su voluntad. El salir como desquiciada solo le provocaría la muerte y el estar frente a un demonio, no era la sensación más agradable para desperdiciar el esfuerzo. No pasaron cinco minutos cuando llegaron de nuevo, uno contento por recoger su nuevo juguete. —Ya llegue, preciosa—se acerco a su cara unos mechones claros de él se pegaron a su rostro y justo cuando iba a juntar sus labios sintió como el duro acero le golpeaba la cabeza haciéndola sangrar. El tipo a su lado se sorprendió para luego abalanzarse hacia Ginger con la clara intención de golpearla, sin embargo esta se quito de su camino y uso la misma táctica de la primera vez, solo que lo golpeo por atrás. Noto algo en su cintura ¡tenía una pistola! Al parecer la suerte se había cansado de estar de viaje y regreso junto a ella, la tomo y salió del cuarto lo más rápido que pudo, mordiéndose los dientes por no poder partirle la cara a el tipo que había osado tocarla como nadie lo había hecho. Mientras corría noto una puerta abierta y sin desear ser descubierta se pego a la pared y asomo su ojo para notar una silueta dentro; aquello era imposible ¡era el ladrón! Y se encontraba muy contento admirando el cubo en sus manos color negro, Ginger no lo soporto y entro apuntándole a la cabeza, el tipo se quedo quieto con el objeto en sus manos. No sabía que era lo que estaba mal en ella pero el estar apuntándole de esa manera la hacía sentir muy bien, el estar en aquella situación, el poder tener las vidas de otros en sus manos, eso era lo que había buscado todo ese tiempo que había estado tan aburrida. Aquel objeto le mostraba un egocentrismo en ella que nunca descubrió en su pasada vivencia. — ¿En cuanto crees que lo compren?—pregunto con burla al verlo empezar a temblar, una cálida sensación la cubrió. —Por favor perdóname, yo no quería—fingió él, comenzando a suplicar. —Cuantas veces habrás oído eso de otra persona—contesto ella apegando más el arma a su cabeza—Muere desgracia—pero no pudo terminar. Sintió un golpe detrás de sí, que la arrojo hasta una pared cercana. Desorientada pero un poco en guardia, dirigió una mano al centro del dolor, se toco la cabeza y miró la mancha roja en ella: sangraba. Maldijo, de nuevo se había descuidado. Escucho una carcajada por parte del tipo, que parecía disfrutar mucho esa situación y ahora mostraba el estar fingiendo con anterioridad; su sonrisa mostraba una enorme satisfacción. —¿Que pasa? Acaso no ibas a matarme—La tomo del mentón para que lo mirara tenía el cabellos negro con algunas canas y unos ojos cafés, la superioridad en todo su gesto—Me gustaste desde que te vi en aquel lugar comprando ese tiquete—empezó viendo deslumbrado la belleza de aquella chica, sin entender realmente el porque de su admiración ya que aquella mujer poseía un rostro muy normal—Así que les dije a los chicos que te vendiéramos, era tan fácil de que me siguieras, luego de que robara tu bolso y así lo hiciste—sonrió aún más, él era un psicólogo de la mente humana y observo un rato los movimientos agiles de la mujer al robar a los demás, esa chiquilla podía venderse por mucho en el mercado negro. —Una mujer normal hubiera gritado y pedido ayuda pero tú eres diferente y eso te costara mucho, que nunca has escuchado que las personas diferentes son las que más sufren. Lo había escuchado miles de veces, de sus padres y allegados, que fuera más cordial, que fuera más femenina, que fuera más…normal. Siempre lo odio, ¿Por qué no podía ser ella misma? ¿Acaso para ser una persona normal había que querer a tus padres? ¿Acaso era tan raro el sentir el dolor como una sensación placentera? Aquello tan solo eran normas de la sociedad que nunca estuvo dispuesta a cumplir. Pues sí, era así, las personas no aceptaban ciertas cosas de ella es por eso que ella no aceptaba nada departe de otros, si no querían verla llorar, tampoco verían su sonrisa. Por que esa era, ella demasiado compleja para seres como los humanos y era por eso que se sentía tan bien en ese momento en ese lugar en el cual estaba apunto de ser violada y maltratada, por que se sentía tan viva. Pudo ver como el hombre chocaba contra la pared de enfrente, fue tan fácil quitárselo de encima. Miró su mano con un resplandor negro, se sentía tan fuerte, la realidad y las leyes establecidas comenzaban a romperse frente a sus ojos. Tomo al tipo alzándolo del piso y estrellándolo contra el suelo, pudo verlo retorcerse del dolor, mientras ella se acercaba desafiante al otro que la había golpeado no le dio tiempo de sacar ningún arma, antes de dejarlo inconsciente devolviéndole con creses el dolor que le había hecho sentir. Miro su muñeca y noto la rápida curación, de la herida que hace un momento había sido olvidada. Parecía demasiado bueno el tener tales dones a su disposición; sin embargo pronto un extraño sentimiento surgió dentro de ella y un dolor en el pecho la azoto. No tienes permitido matar humanos ¡idiota! ¡Son ellos a los que buscas! Una voz en su cabeza le repetía esas palabras, entre más alto las decía más le dolía era diez veces peor que una migraña fuerte, coloco sus manos al lado de sus oídos, tratando de amortiguar los gritos. Cuando termino se encontró a ella misma gritando a más no poder, cayó de rodillas respirando agitadamente. Esa voz la conocía bien, mas no recordaba a su propietario. Tomo aire y trato de reincorporarse sin ningún éxito pues el cansancio de su cuerpo en verdad era mucho, no podía quedarse ahí demasiado tiempo o la encontrarían, probablemente ya la estaban buscando. Era increíble como paso de poseer tal poderío a ser incapaz de caminar con normalidad; malditas leyes. Haciendo un gran esfuerzo se levanto y tomó una pistola de los tipos junto con el cubo negro, después de todo era un demonio el que le daba la fuerza y le estaba cobrando la factura, camino casi arrastrándose sabía que duraría mucho, no había comido ni dormido en varios días y el que no tuviera que hacerlo tan seguido, no era razón para pensar que no lo necesitaría nunca. Miró una puerta al buscar donde esconderse, estaba cerrada por fuera así que era perfecto, podría entrar ya que ellos no sospecharían. Una persona normal no podría haberlo hecho, pero, con la llave que le había dado Bietka, no era una dura tarea. Entro y casi se tiro al suelo fijándose en haber puesto seguro a la entrada, así si la encontraban al menos oiría cuando la estuvieran azotando y tendría tiempo de preparar algo. Su cuerpo palpitaba y recordaba el degaste de sus extremidades, tan solo un minuto de gloria comparado con el dolor y el cansancio, no creaban un trato justo…justos en el infierno, sonrió al pensarlo. Las palabras aún resonaban en su cabeza no había matado a nadie…aún, pero lo que no entendía era que quería decir con que ellos era los que buscaba, no pudo pensar más y tan solo cerro los ojos dejándose llevar por el cansancio y la imposibilidad de mantenerse consiente más tiempo. - El sonido de la puerta la despertó y no necesito demasiado tiempo para percatarse de su estado actual, ya habían llegado hasta ahí rápidamente, se reincorporo. El dolor disminuyo considerablemente, para su ventaja; se curaba con facilidad aún así estaba realmente cansada y aquello no era un punto a su favor. —Solo falta esta—pronuncio una voz grave ya conocida, era uno de los tipos que de seguro querían destazarla, aunque aún no diferenciaba la voz de cada propietario, las reconocía levemente. —Pero, ¿como rayos iba a entrar?, dejen esa tontería, ella no esta aquí deberíamos buscarla afuera, puede que alerte a los policías—dijo uno que parecía no muy contento. La preocupación de ser encontrado se notaba en sus vocablos. “Háganle caso” pensó Ginger mientras veía la puerta y sostenía el cubo en sus manos el cual le servía para protegerse, había optado por no usar la pistola solo en caso de emergencia ya que si mataba alguno sería como hacerlo a ella misma, después de todo la voz se lo había recordado. —Idiota, ¿Cómo crees que se soltó de las esposas? No podemos confiarnos, apuesto a que es una bruja—dijo de nuevo el tipo de voz grave, reprendiendo a su compañero ilícito. “No tan lejos” pensó con sarcasmo la chica que empezaba a odiar a esos tipos, aparte debía buscar a los de la misión le habían quitado demasiado tiempo, al paso en que se movía el completar correctamente la misión en el tiempo establecido, sería un verdadero milagro. No pudo terminar de encolerizarse cuando la puerta se abrió, ella ya sabía lo que haría. Se encontraba escondida entre unas cajas, cuando entraran lo suficiente saldría corriendo y cerraría la puerta, claro una cosa era pensarlo y otra diferente hacerlo. Cuando los vio entrar espero lo suficiente para realizar su estrategia, incluso hasta que se introdujeran lo suficiente en la habitación; al verlos corrió hasta la entrada…pero algo fallo choco contra alguien y cayo sentada en el suelo, su ojo ubico su vista hacía arriba encontrándose al tipo que la iba a comprar, rojo de la furia. —Maldita perra—dijo tomándola del cuello con brusquedad y empezando a dejarla sin aire, lo cual no le importaba en lo más poco. El sentirse humillado de esa forma era algo que aquella mujer pagaría muy caro. Ginger trato de zafarse pero no podía ese hombre tenía mucha fuerza en las manos, que comenzaban a estrangularla. Tal vez hubiera sido rival, si su cuerpo no se encontrara tan cansado pero las energías la abandonaban completamente; además de la adrenalina del tipo que le otorgaba más puntos a su favor. —Oye la vas a matar—dijo un tipo preocupado por el pago de la chica. —La pagare, pero voy a matar a esta zorra—casi grito, apretando más fuerte, totalmente encolerizado. Todos los demás quedaron satisfechos ante la respuesta si pagaba podía hacer lo que quisiera con ella a nadie le importaría, el venderlas era tan solo una opción, el matarlas otra, solo que pocos pagaban por un cuerpo para degollarlo. Ella hizo un gran esfuerzo tratando de sacar el cubo, su mente empezaba a desconectarse, la falta de aire era mucha. Con un poco de fuerza lo saco y corto la mano del hombre, quien la soltó inmediatamente para poner su mano sobre el corte. Cayo al suelo y dio la bocanada de aire más grande de su vida, los otros miraban con una sonrisa lo cierto era que odiaban a ese niño rico y sus ordenes. Ginger tocio cuantas veces pudo para recuperar el aire, eso había estado cerca. Coloco su mano en el cuello, una enorme marca roja coloreada en su piel se hacia notar y el ardor que provenía de esta era enorme. — ¡¿Que rayos hacen?! ¡Tráiganmela!—Grito el herido con toda su furia. Uno de todos se acerco a la chica de enfrente tratando de tomarla de la cadera, aprovechando su falta de aire; pero no espero que lo cortara en la frente utilizando el cubo dejando un gran surco de sangre expuesto. El hombre gritó lo más duro que pudo y unos números con una aparente simbología se formaron en su frente para luego desaparecer, el hombre el cual tenía el pelo negro cayó al suelo, pocos segundos después, con los ojos desorbitados e inconsciente. Todos miraron cierto asombro el cuadro, y entonces Ginger lo entendió, el ver a ese hombre le había abierto los ojos. “Ellos son a los que busco” pensó con una sonrisa, aún tenía tiempo. — ¿De casualidad viven a cuatro días de aquí?—pregunto ella sonriendo, pensando en la ironía frente a sus ojos— ¿Han hecho un pacto con un demonio y luego con otro?—se levanto mientras los demás la veían sorprendidos ¿Cómo sabía ella todo eso?—El primer demonio esta muy enojado con ustedes por eso y es por eso que me ha enviado a decirles algo: con los demonios no se juega—ella se levanto e introdujo la cuchilla saboreando el grito del tipo al que le ocurrió lo mismo que al otro, estaba con la guardia baja y ni siquiera fue capaz de oponer resistencia. Los dos restantes corrieron, no era que tuvieran demasiado miedo pero si la mocosa venía de parte del demonio debían quitarle ese cubo primero. Aunque no entendían el porque de aquella mujer, aquel día en que convocaron el espíritu comprendieron que el mismo infierno existía y aún así aceptaron el trato que una voz les propuso. Ginger los siguió no sin antes darle una patada al tipo que casi la estrangula, era más rápida que antes, lo podía sentir la fuerza volvía. Tomo a uno de la camisa y lo jalo del cuello haciéndole un corte en la espalda. Resultaba fácil, el que con solo un corte ellos se desmayaran de lo contrario sería imposible el poder ganarles. Ahora solo faltaba el líder, los dos se detuvieron, él sonreía estaba demasiado confiado y con razón, comparado con los otros este era el peor tenía unos grandes músculos si le quitaba el cubo sería su fin. Además su no se encontraba de espalda ni con la guardia baja, ella no tenía demasiadas posibilidades tomando en cuenta los hechos anteriores; pero tan solo necesitaba lograr un corte…solo uno. Respiro y empezó a correr hacía él con su nueva arma en las manos, solo tenía una oportunidad si no el tipo la mataría eso era seguro después de haberles dicho departe de quien venía. Él se corrió hacía la derecha ella también, justo cuando el hombre iba a tratar de golpearla un tipo apareció en medio de la nada…y con un simple toque lo daño lo suficiente para que los grabados salieran en su cabeza y quedara inconsciente. Lo había logrado con tal facilidad que Ginger se sintió decepcionada de pronto; sin embargo, pronto sus pensamientos tomaron otro rumbo. Ella se quedo con los ojos abiertos, sorprendida ¿Quién era ese? Sostenía la mano su mano, la cual poseía el cubo, de la muñeca, el filo del arma estaba a escasos centímetros de su cuello, la soltó, para mirarla como si la examinara. Él tenía el cabello color negro desordenado y unos preciosos ojos blancos, pasó su mano por su rebelde cabello para tratar de acomodarlo sin quitar la mirada de la chica que lo veía entre confundida y asombrada, una pequeña sonrisa se formo en su rostro, vio como la mujer fruncía el ceño ¿Acaso trataba de burlarse de ella? — ¿Ya termino señorita?—preguntó con voz calmada y un poco baja parecía que estaba hecha para hacerla sentir bien, una sonrisa en sus labios, contrarresto por un momento la situación en la que se encontraba hace un momento. Inspecciono a su nuevo acompañante no dejándose llevar por la apariencia de ángel que poseía aquel ser; aunque sería extraño no confiarse por el tono pausado y calmo que había utilizado hace unos segundos. De pronto su sentido común le reprocho su estupidez, no había tiempo para examinarlo. — ¿Quién rayos eres tú?, ¿Qué haces aquí?, ¿Eres el otro demonio?—dijo señalándolo como si hubiera vuelto a la vida y por lo tanto su deseo de preguntar. Las interrogantes fueron pronunciadas con suma rapidez y al mismo tiempo un tono con reproche. —Mi nombre es Etel, he venido a ayudarla a terminar su trabajo y no, no soy el otro demonio—pronuncio con la misma suavidad que anteriormente había usado. — ¿Ayudarme? ¿Cómo se que no estas mintiendo?—dijo aún desconfiada del hermoso chico. —Por que si fuera así ya la había matado—respondió casi sonriendo—Debo llevarla de vuelta ya que usted no sabe como hacerlo, esa es la misión que se me ha asignado—completo con simpleza y sin perder la amabilidad en su voz. Se olvido de sus precauciones al escuchar la orden de aquel joven, eso no estaba dentro de sus planes. —Aún no acaban los siete días—respondió imitando un poco la suavidad del hombre—Necesito quedarme un poco más—concluyo pensando en el motivo principal por el que deseaba bajar al mundo humano. —Si eso es lo que quiere yo podría hacer lo que me pida—se ofreció el muchacho sin dar el brazo a torcer. —No, no tengo que hacerlo yo—dijo la chica moviendo las manos de un lado a otro y perdiendo un poco la paciencia; aquel tipo no parecía querer dejarla en el mundo humano. Él ahogo un suspiro y sonrió con amabilidad. — ¿Entonces como regresara?—pregunto para hacerla entrar en razón. Ella no dijo nada se quedo viéndolo un momento. Era cierto no tenía como regresar, pero tampoco iba a pedirle aquello a ese chico, suspiro derrotada. La verdad era que necesitaba descansar, tal vez aprendería como volver sola y así la próxima vez lo haría. —Esta bien—admitió sin parecer convencida del todo, en darse por vencida no era algo que la caracterizara y tampoco le gustaba mostrarse inferior. Etel que llevaba el mismo traje de ella, saco un cubo negro y lo sostuvo en su mano, este comenzó a deformarse y se convirtió en un pequeño cuchillo. Se punzo uno de sus dedos y con su sangre formo un sello diminuto en el piso, el cual se extendió luego de una luz, de esta cual se creo una entrada. Ginger lo miraba fascinada. No sabía que se pudiera manipular el cubo de esa forma, le pediría que le enseñara luego ella también, quería poder defenderse con un arma que no fuera tan difícil de sostener. Él le tendió la mano y la atrajo hacía él, pegándola contra su cuerpo y empezando a descender. Hizo caso a sus indicaciones y no abrió su ojo al contrario, puso sus manos en su pecho y lo cerró. Aquel hombre poseía una temperatura elevada en su cuerpo, pues incluso atreves de su abrigo podría percibirla. “Maldición” pensó y sintió un extraño complejo de inferioridad ante aquella presencia. Etel miro a la chica sus brazos y la abrazo con un poco más de fuerza, se había sentido un tanto preocupado en cuanto Bietka le había contado de su misión. Era normal en un principiante morir en la primera, incluso si no hubiera llegado, tal vez ya no estaría viva. Se sentía un tanto culpable, después de todo el era un humano, aún poseía un corazón demasiado bueno para estar en el inferno. Y aún estaba el sentimiento de culpabilidad de conseguir un ojo de un humano para un demonio. Su mirada se concentro en la venda en la cara de ella que se perdía entre los cabellos negros. Ginger sintió como llegaban de nuevo a un lugar frío, abrió los ojos un poco molesta ante el cambio, entonces se encontró en la habitación que conocía con anterioridad, aquella de la cual había salido a su primera misión, de una forma no muy cordial. Miro hacía arriba y se separo con rapidez del chico que la tomo de la mano para evitar que callera, con una sonrisa se disculpo. La mujer lo observo más detalladamente, no entendía si era falso o demasiado bueno, sin embargo la segunda posibilidad es casi imposible considerando el lugar en el cual se encontraban. Cerro su ojo extrañada ante lo que sentía, vergüenza, una muy grande; en realidad no comprendió el porque, pero abría jurado el sentir su rostro sonrojarse…aquello era anormal. Un pensamiento la hizo perder la vergüenza, miro hacía el chico para preguntarle sobre como convertir un cubo en un arma, pero al volverse ya no estaba, se sorprendió mucho, en verdad era rápido y eso solo la molestaba un poco más. La puerta sonó sacándola de sus pensamientos detallo al demonio que acababa de entrar y una mueca se formo en su cara, una de enojo. —Pero mira, si es mi amiga ¿Eh?—dijo el chico poniendo una mueca fingida de estar pensando—Bueno a nadie le importas así que para que recordarlo—dijo levantando los hombros con simplicidad y un aire de simpleza. La chica de ojos cafés lo miro: Era aquel demonio que le había mostrado un tipo de transe, el día en que cruzaron aquella puerta negra; sus mechones cafés, estaban algo desordenados haciéndolo ver muy guapo junto con sus ojos rojos. Pero para ella era como ver un pequeño insecto, uno al que no le podía ganar porque estaba sobre ella en la cadena alimenticia del infierno, en honor a la verdad, no había nadie por debajo de ella y eso la sacaba de quicio. —Me alegra que hayas venido a verme pero tengo trabajo que hacer así que si me permites—le señalo la puerta—Me estorbas—termino con una posee algo aburrida, con una sonrisa torcida. Ella torció el gesto disponiéndose a salir por la puerta para acabar con esa mala bienvenida y así lo hizo. No tenía ningún caso discutir con alguien que la mataría en un segundo de ser necesario. —Ya que tienes tanta suerte y sobreviviste, no me estorbarías esta noche en mi cama—escucho detrás de la puerta. Tuvo ganas de entrar y romperle la cara al tipo; pero recordó sus propias palabras: perdería inevitablemente. De todos modos sus parpados empezaban a pesar demasiado y no se encontraba en condiciones nada aptas, así que se encamino a su habitación. Ni siquiera se mostro sorprendida al notar que conocía aquellos pasillos y no los había olvidado, incluso noto cual era su puerta, aunque todas fueran exactamente iguales. Llego a su cuarto tirando el abrigo al suelo tirándose en la cama y estirándose, había vivido demasiadas experiencias en esa primera misión, mucho de lo que en su vida normal nunca haría, sonrió por eso. La imagen del chico de ojos blancos vino a su mente y sin planearlo todo su cuerpo se tenso, todos ahí poseían poderes…excepto ella. Sin demasiado esfuerzo durmió disfrutando el lapso exacto en que sentía el perder la consciencia. Sus sueños le mostraron cuerpos calcinados y gritos de auxilio, sin ser capaz de escapar… - —Así que pudo terminar la misión—disimulo muy bien su sorpresa la demonio de cabellos rosados— ¿No será que tú la ayudaste?—pregunto con reproche actuado mirando al chico al lado suyo, en realidad no le interesaba el asunto. Conociendo a el humano, no sería capaz de evitar sentir cierto apego hacía la chica. — ¿Por qué cree que haría eso? No me beneficiaría—respondió él tratando de que sonara creíble, sin efecto alguno. —Por que te sientes culpable por haber matado a su familia—respondió ella sin tragarse una sola palabra, no por algo era la que mandaba ahí, nadie la engañaba y menos un humano. —Yo no la ayude—termino él tratando de evadir la culpa—Tan solo le traje de vuelta, como debía hacerlo. —Supongo que tienes razón—dictamino la demonio mirándolo—Esa chica tiene una mirada maligna como la de un demonio—sonrió esperando un poco de sorpresa en aquel rostro joven y lo logró. — ¿La de un demonio?—pregunto con duda él—Es imposible sentí su aura al estar con ella se una humana común y corriente—trato de justificar el mortal. —Quien sabe, tal vez sea especial así como tú—la voz de la demonio demostraba cierta emoción—Es por eso que se me ha ocurrido una buena idea—termino sonriendo como una niña a la que le compran un caramelo. Etel miro a Bietka con cierta preocupación cuando a ella algo le divertía no era nada bueno para los demás en aquella mansión. Por que en realidad lo que le divertía era la desgracia de los habitantes en ella. - Ginger se había despertado tres veces por aquella pesadilla, su táctica no había dado frutos, no importando que muriera de sueño los pensamientos volvían a ella. Se sintió incomoda como si tuviera un peso encima, abrió su ojo pensando que era producto de otro mal sueño, pero lo que estaba arriba de ella era muy real. —Oye, oye ¡Juguemos! ¡Juguemos!—una vocecilla que debía pertenecer una niña entro en su oído hasta hacer contacto con su sentido común y destrozar la poca calma que sentía, al punto de volver a dormirse. Se levanto botando al pequeño bulto en su espalda, el cual aún parecía no ser real. La niña cayo al suelo y la miró con sorpresa. — ¿Quién rayos eres tú? ¿Qué haces en mi cuarto?—pregunto un poco desconectada y sintiéndose algo invadida, sin esperar las consecuencias. La pequeña niña que parecía tener unos cuatro años, poseía unos grandes ojos negros y cabellos de color morado; se quedo quieta un segundo antes de que comenzar a llorar desconsoladamente. Un segundo después Bietka entro con cara de pocos amigos al cuarto y un gesto no muy agradable. — ¿Por qué la hiciste llorar?—pregunto con un tono demandante que no había oído en ella—Es la mascota de nuestro señor. Ginger no supo si pensar que era una broma mala o algo más, pero la mirada de la mujer la hizo cambiar de opinión…aquello no había sido una broma. La demonio tomo en brazos a la niña que se calmo inmediatamente con solo, eso era evidente que no le había dolido el golpe y aquello fue un tipo de berrinche. Antes de salir vio como la niña la miraba con gran odio en su rostro. —Se lo diré a mi amo—pronuncio para ver la cara de sorpresa de la chica, que aún parecía desconectada de la situación. ¿Una mascota? Aquello parecía en verdad una mala comedia. ¿Cómo era posible que tuviera esa suerte? Ahora esa niña iría en busca de consuelo en los brazos de aquel que no duraría en matarla. Salió al pasillo pero ya no estaban y sintió un extraño frio recorrer su cuerpo. —Maldición—esa era su forma de invocar a la buena suerte para que regresara con ella. —Muy mal, muy mal—escucho al lado suyo sorprendiéndose, era el chico de cabellos castaños, que movió la cabeza de un lado a otro negativamente. —No te doy dos días para que te encuentren muerta—se volvió de nuevo ¿Cómo hacían para llegar tan rápido? Esta vez era la chica de cabellos rojos que había visto el primer día, tenía una voz algo aburrida—Nuestro señor ama a su mascota—completo. — Tendrá que disculparse—esta vez era el chico de ojos blancos—como mínimo te pondrá a ser su sirvienta—dijo con una sonrisa que no iba con el momento. Ginger miro con algo de miedo el pasillo adelante suyo, y empezó a caminar con destino a la que seguramente no sería una muy buena experiencia. Esperando al menos no perder nuevamente un sentido. Notas de la autora: Gracias por leer y a las personas que me comentaron. Cualquier aspecto que consideren cuestionable, sería genial si me lo hicieran saber. Criticas y comentarios son bien recibidos. Saludos.
Maldición 3: Lucha con demonios. Se disculpó por novena vez sintiéndose la cosa más miserable de ese infierno y todos los demás. La chiquilla en frente de ella la miraba con superioridad y fruncía el ceño, dándose aires de importancia y actuando con perfección ante lo que quería lograr: irritar a la humana. —No lo sé—dijo por novena vez esta también—Ese golpe me dolió mucho. —pronuncio despreocupadamente, le encantaba hacer sufrir a los humanos y la chica delante suyo no sería una excepción. Ginger apretó las manos; unas ganas enormes de tirársele encima a la niña enfrente de ella la llenaron; le resultaba bastante obvio que solo lo hacía para molestarla, pues no le había dolido el golpe, ni siquiera una pequeña humana crearía tal conflicto por algo tan simple. La chica de cabellos morados, miró a la humana y sonrió complacida por haber logrado su cometido, era un hecho: le encantaba hacer sufrir a los humanos. Eran seres tan interesantes que no podía dejar de sentirse atraída ante algunos. —Pero creo que te daré otra oportunidad—bajó de un salto de la silla en la que se encontraba, la cual era más alta que ella misma. Sería divertido tener otro sirviente—Serás mi sirvienta de ahora en adelante—al ver la mala cara de la otra mujer agregó—O, también puedo decirle a mi amo que…—no bastó nada más para que la otra también aceptara. Sonrió entusiasta y abrazó a la de cabellos negros, esta hizo un gesto algo extraño pero no se resistió, por que en realidad no podía hacerlo, sería como firmar su sentencia de muerte, a veces le molestaba la impotencia ante los demoniacos y lo peor es que el tiempo que había transcurrido en ese lugar era muy poco. —Bien, ¡ahora tengo trescientos sirvientes!—la niña chilló de emoción, su colección aumentaba cada vez más, le encantaba que los inferiores le obedecieran. En realidad no había un solo humano en esa mansión que no fuera su sirviente y la nueva no sería la excepción. Ginger se sorprendió ante esas palabras, aunque también se tranquilizó un poco. La demonio no estaría siempre molestándola teniendo tantos a quien fastidiar o al menos eso esperaba. —Mi nombre es Mariet ¿Cuál es el tuyo señorita humana?—preguntó con inocencia, algo extraña en un demonio, y una gran sonrisa, que terminaba de hacerla parecer un ser muy…hermoso. —Ginger—respondió con algo de extrañeza la otra. —Puedes irte por ahora Ginger, pero te diré que no me gusta la desobediencia y si te necesito te quiero aquí en el instante en que te llame—su sonrisa despareció y fue remplazada por un ceño fruncido y un aura asesina—Si no cumples mis ordenes yo misma me encargare de matarte—terminó su advertencia y su rostro volvió de nuevo a la apariencia infantil, luego formo una encantadora sonrisa, digna de un ángel. La humana salió de ahí lo más rápido que pudo, ¿Qué rayos le pasaba a esa mocosa?, se alejó tratando de estabilizarse mentalmente. No llevaba ni una semana ahí, y ya tenía dos demonios a los que tenía que servirle, aquella no era una situación favorable. Se detuvo al ver a la demonio de cabello rosa en frente suyo la cual sonrió al verla; a pesar de que la última vez, había parecido tan enojada, ahora se mostraba muy tranquila. “Que bipolar” pensó con algo de duda la de ojos cafés, aquella mujer tenías cambios de humor en verdad muy extraños. — ¿Qué pasa?—preguntó con suavidad no quería hacerla enojar o lo que fuera que cambiara su actitud “alegre”. —Tienes tu siguiente misión—le avisó mientras la guiaba por los obscuros pasillos. Sus pasos no emitían sonido alguno, mientras los de la humana creaban un eco en el camino que resonaba con fuerza. Llegaron a un comedor inmenso; las bancas y mesas seguían el patrón que había visto hasta ahora, eran de colores obscuros y sin ninguna vida. Las mesas eran grandes para alojar unos veinte asientos y se encontraban separadas por unos dos metros de distancia; a pesar de notarse un lugar muy grande no encontró a nadie con la mirada. — ¿Voy a lavar los platos?—preguntó con cierta gracia, ante la escena. —Pues no era lo que tenía pensado, pero ya que me diste esa idea lo harás—señaló una de las mesas, luego del su sarcasmo y le anuncio: —Comerás algo antes de tu próxima misión, no queremos que te comas a tus compañeros, aunque eso sería muy divertido—agregó emocionada al imaginar la escena, luego miró a la humana en busca de alguna pregunta por su parte. — ¿Compañeros?—preguntó la otra no muy convencida de lo que acarrearía tal termino en el infierno. La otra torció el gesto hubiera preferido que no preguntara nada, pero aquello comenzaba a parecer imposible, los mortales eran seres muy simples. —Son personas que hacen la misión contigo—pronunció pausadamente dándole a entender que era una pregunta sin sentido, para lo que debería saber. La de ojos café se sonrojo levemente. — ¡Por supuesto que sé lo que son!—respondió indignada—Me refiero a ¿Qué son?—le preguntó cruzándose de brazos. —Acabas de decir que sabes lo que son y me preguntas ¿Qué son? Eso no tiene sentido—respondió la otra con gracia, sabía que se refería a la especie, pero, tal vez así dejaría de hacer preguntas. — ¿Sabes que? Déjalo, ya lo averiguare—Ginger empezó a caminar a la mesa, sintiéndose algo tonta, aquella demonio siempre lograba hacerla sentir de esa manera. En el poco tiempo que había logrado interactuar con ella, siempre terminaba algo abochornada. Bietka sonrió triunfante de haber logrado su cometido, no había nadie en esa mansión que la hiciera decir lo que no quería…ni tan siquiera su señor. [***]La mujer de ojos cafés se sentó en la mesa y miro alrededor; no había nadie ahí, ni tampoco algún lugar de donde tomar la comida, Bietka se había retirado y el lugar estaba totalmente solo. Su vista recorrió el sitio tratando encontrar algo hasta que un sonido a su lado la asusto. Un hombre enorme de piel quemada puso una bandeja a su lado de la mesa; tenía un aspecto algo extraño, era demasiado grande y musculoso y sus ojos parecían no enfocar ningún lugar, luego de eso sin decir nada empezó a caminar de nuevo. Ella se quedó quieta hasta verlo perderse en una entrada al final, aquello la había sorprendido un poco. —Pero que tipo tan raro—se quejó al aire sin saber que sus palabras fueron escuchadas. —No tienen vida, tan solo se mueven: no poseen voluntad—Una voz conocida la hizo sobresaltarse—¿Puedo sentarme a su lado?—El chico de cabellos de negros que la había salvado en su primera misión, se encontraba con una bandeja en la mano y esperaba la respuesta con una cálida sonrisa. —Claro—respondió con extrañeza ante la rápida aparición que tuvo. Aunque al darse cuenta de que se quedo viéndolo como estúpida, poso su vista al frente contrariada y reprochándose el mostrarse interesada en él. Luego bajó la vista hasta su bandeja, al explorar brevemente el contenido, no pudo evitar soltar un suspiro de calma. El chico a su lado sonrió nuevamente, al entender la reacción de la mujer; ciertamente su concepción del infierno era algo materialista. —La comida es igual a la del mundo humano—aclaró con paciencia y sin mostrarse molesto, pues su personalidad se lo impedía. —Sí, eso parece. Esperaba algo diferente, ya sabes…—ella tomo la cuchara moviendo la sopa que se encontraba a su disposición. —Algo como una sopa de ojos—una risa salió de su boca al imaginar una escena como esa. Aunque al instante una asco la embargo, era mejor lo que le servían ahora. —Gracias al diablo no es así—concluyó él empleando la frase conocida por la humana, de una forma distinta. Luego dirigió su vista al plato para comenzar a comer. Ginger lo meditó un poco, lo normal sería “gracias a Dios”, pero parecía bastante obvio que el solo nombrarlo causaría revuelo en ese lugar, tendría cuidado de no hacerlo o se exigiría no hacerlo, por motivo de su bienestar. Ella siempre había pensado que un ser perfecto como él no existía, al parecer se había equivocado. Lo cual le dejaba otra duda, ¿por qué había tanta tristeza en el mundo si existía un ser supremo y bondadoso como él?, suspiro, la verdad era que eso no importaba, por lo menos no a ella. Su oportunidad de tener vida eterna se había esfumado, pues había hecho un trato con un demonio y no lo podía disolver y tal vez tampoco quería hacerlo. Terminó su comida y volteó hacía la silla de su acompañante. Se encontraba vacía y sin ningún rastro de suciedad, como si nadie hubiera estado ahí, pensó que debía poner mucho más cuidado a su alrededor, antes de enfrascarse en sus pensamientos. —¿Nos vamos?—preguntó la voz calmada de aquel joven, el cual se encontraba ya sin su bandeja. Estaba parado a su lado, probablemente esperándola. Ella volteó algo asustada ¿Cómo rayos hacían todos en ese lugar para moverse tan rápido? Mostró algo de duda en su rostro. Los pensamientos la asaltaron de nuevo al repasar las palabras del hombre. — ¿Irnos? ¿Adonde?—preguntó levantándose y tomando la bandeja, el joven se ofreció a guiarla. — ¿No se lo han dicho señorita? Seré su compañero en esta misión, espero no le moleste—terminó volteándose y continuando con la vista al frente. “Para nada” pensó Ginger casi con alegría. Entre todas las personas de ese lugar él era la única con quien le hubiera gustado ir, tal vez por ser el único humano que había notado por los alrededores. Entraron por donde lo había hecho aquel gran hombre, el lugar estaba lleno de alimentos y platos limpios. Unos seres parecidos a humanos limpiaban y recogían las cosas mecánicamente sin chistar. Se quedó mirándolos con profundidad, analizando un poco sus rostros sin vida. Sintió como la charola fue arrebatada de sus manos, se volteó, encontrándose con una mujer de ojos blancos y cabello del mismo color. Esta se fue llevándose aquel objeto sin pedir permiso, para luego proceder a depositarla junto a otros objetos sucios. —Vamos—invitó Etel a la chica, que miraba sorprendida a la otra mujer que se alejaba. La de ojos cafés asintió, siguiendo a su guía y pensando en que no importaba si su personalidad era algo introvertida, no podía dejar de sorprenderse un poco con lo seres inusuales que se mostraban en el lugar. — ¿Qué tipos de demonios son esos?—no pudo resistir las ansias de preguntar; en verdad quería saberlo. —No se les llama demonios, son una clase baja de monstruos a los que se les ha robado la conciencia, ellos no entienden ni piensan—aclaró él mientras caminaba—Citos, así se les nombra y se utilizan para realizar trabajos sin importancia, como es la limpieza o de vez en cuando reparar materiales rotos. —Entiendo—ella miró el camino por el que transitaban, ese lugar siempre era sombrío, nunca se veían colores claros ni luminosos; al contrario del que había visto al traspasar aquella puerta negra. Le hubiera gustado preguntar el por que de aquella puerta pero llegaron más rápido de lo que pensó. De nuevo se encontró en la habitación en la había viajado al mundo humano. —Ya están aquí—una voz conocida y no muy querida por Ginger se escuchó, con fuerza. Ella se adelantó para ver algo sorprendida al demonio de cabellos cafés; de su cara colgaba una sonrisa cínica, parecía comprender el disgusto de la chica y regocijarse con aquello. —Tú—Ginger lo señaló con el ceño fruncido—¿Ira con nosotros?—preguntó con suplica a el de cabellos negros como pidiendo una negativa y dejando de lado su actitud cortante. —¿Pero que es esa reacción?—El demonio en verdad parecía divertirse, mientras los otros dos fruncían el ceño—Ahora que lo pienso, “tú” no es una forma correcta para llamarme. Mi nombre es Belial llámame así en adelante—ordenó con un tono “juguetón” que en realidad escondía una mordaz intención. Ella miró a Etel tampoco parecía a gusto con la presencia del demonio, decidió guardar silencio ya que aunque no lo quisiera el tipo tendría que ir con ellos, la actitud del otro se lo demostraba. El demonio siguió el mismo patrón que había realizado Bietka la última vez; creo el sello y el portal se abrió. Belial se volvió con una sonrisa y les señalo la entrada, los otros dos entendieron y se acercaron para pasar los límites del infierno y el mundo humano. — ¿No tomaremos la pastilla?—preguntó ella al demonio aún con algo de molestia. —Ustedes irán conmigo así que no hay necesidad de eso—respondió mientras los tres saltaban dentro del portal. Ginger sintió como bajaban a una velocidad increíble, mucho mayor a cualquiera que había experimentado, no se sentía igual a la última vez. Las manos de Etel la rodearon y sujetaron, lo cual agradeció, pues se sentía desorientada y con esa acción tenía algo de lo cual recargarse. Al abrir los su ojo se encontraban en un campo…lleno de basura, probablemente un botadero. —¿Por qué siempre tienen que escoger este tipo de lugares?—El demonio de ojos rojos se quejó mientras miraba a su alrededor, y de un salto salió del lugar lleno de desechos. —No tengo todo el día—se refirió a los otros, mientras se peinaba los cabellos, de mal humor si había algo que lo enfadara era el oler o verse mal. Los otros dos terminaron de salir y se reunieron con él. Igual que la última vez era de noche, probablemente bastante tarde. Luego de encontrar un lugar que Belial considerara apropiado, se concentraron en escuchar las órdenes para el trabajo que realizarían. El líder del grupo se sentó en una banca en un parque mientras los otros lo miraban con algo de enojo, pues demonio parecía poner más cuidado en su apariencia que en cualquier otra cosa. —Pues bien—habló al fin luego de peinarse cinco veces—Les explicare de que se trata, y solo lo hare una vez así que pongan atención—El demonio cambio la actitud a una más sería y concentrada. —Hace ya algunos meses que ciertos demonios están robando almas para alimentarse de ellas, no pertenecen al infierno, probablemente fueron exiliados. —Ginger y Etel ponían sumo cuidado a las palabras del tercero—Al principio no eran muchas pero la cantidad de almas robadas fueron aumentando hasta causarnos problemas, pues por cada alma corrompida que nos ha sido robada perdemos cierta cantidad de materiales que se fabrican de estas. — ¿Y cuál es mi trabajo?— pregunto la mujer, pues era imposible que la hubieran mandado a luchar contra demonios cuando apenas podía defenderse de los humanos, y no lo había hecho demasiado bien. —Lo notaste—mencionó el de ojos rojos con gracia—Es seguro que no pelearas con demonios, pero la probabilidad de que estos estén disfrazados de humanos es alta, por lo que ustedes dos me ayudaran a buscar la información que necesito para que luego encargarme de ellos. —Explicó con simplicidad mientras se levantaba y ordenaba que lo siguieran. Era una tarea fácil, Belial podría haberlo hecho en soledad, sin embargo los humanos existían en el infierno precisamente con aquellos motivos: tareas fáciles para un demonio, pero que restan tiempo para la verdadera misión. Para el demonio era más simple dejar que los mortales se encargaran. Ginger y Etel caminaban un poco atrás del aquel ser, ella se acercó al chico para preguntarle: —Etel ¿Por qué tú no pelearas?—esperó la respuesta del joven que parecía haberse sorprendido por la pregunta. —Por que yo no tengo las capacidades para hacerlo, después de todo ese no es el trabajo de un humano—contestó sin mostrar incomodidad como si le agradará el hecho de no pertenecer a esas criaturas. Ella no dijo nada y miró con atención las orejas del chico, ¡No lo había notado!, eran normales y no poseían la forma demoniaca característica. Eso mostraba que él no mentía y además que podía tener una leve confianza en él, siendo un compañero de la misma “raza”, aunque no pensaba que fuese una persona demasiado buena. —Pensé que…—no terminó la oración, ahora que lo notaba era imposible que un demonio fuera tan amable con una simple humana y que se relacionara con los de baja clase. —¿Era un demonio?—Etel sonrió mientras miraba a la chica comenzar a incomodarse. —Me disculpo por haberla hecho pensar eso—Las palabras del chico eran amables y denotaban respeto. Ella no dijo nada más, se sentía muy imbécil, era algo que hubiera notado con solo poner atención. Le parecía extraño que una persona así tuviera un contrato con un demonio. Parecía una buena persona y la había ayudado en varias ocasiones, definitivamente no era el tipo de ser humano que tendría que estar en el infierno; aunque tampoco confiaba ciegamente en sus palabras Ella misma era muy egoísta y se apegaba a su vida terrenal, por eso había aceptado el servir a Lucifer. Miró con disimulo al hombre a su lado ¿Qué habría hecho para encontrarse en ese lugar? Era extraño pero sentía cierta simpatía por él, incluso si no confiaba. Aceptaba que se había sentido atraída hacía él la primera vez que lo vio, tan solo por su físico. Ahora le atraía de otras maneras, aquel hombre poseía los conocimientos que ella no tenía, era como su ayuda para estabilizarse en un lugar tan odiado. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz del demonio, últimamente no podía pensar en paz y eso la ponía de un peor humor del que cargaba cotidianamente. —Ya llegamos—avisó con una sonrisa en la cara el demonio del grupo, colocando una de sus manos en las caderas y esperando las reacciones. Él joven humano ahogó un suspiro, pero la mujer no calló ante el sitio mostrado. — ¡Pero si eso es un burdel!—gritó señalando el lugar del que salían parejas que parecían muy “felices”, justo cuando pensaba que aquel tipo tenía cerebro… —Exacto, este es el mejor lugar para buscar información—el demonio coloco las manos en sus orejas y estas tomaron una forma humana—Aparte la probabilidad de que un demonio se encuentre aquí es bastante alta—las últimas palabras las pronuncio con seriedad. —No bajen la guardia ustedes ya tienen el olor del infierno y no dudaran en matarlos, no piensen que iré a ayudarlos si eso pasa—dictaminó antes de entrar al lugar. Lo cierto era que no había tenido un descanso y necesitaba uno, aparte las mujeres humanas solían pegársele como cuervos tras carroña por su hermosura demoniaca, y aquel hecho no le molestaba en absoluto. Sonrió al estar dentro y ver una mujer que sería su victima perfecta. [***]Los dos humanos aún afuera miraban el lugar sin ninguna motivación para entrar, Ginger maldijo internamente al demonio sin pensar en que él era por si mismo un ser maldecido. Etel se dirigió a la chica. —Póngase esto, por favor. Usted no ha traído el suyo—Etel tomó su abrigo y se lo pasó a Ginger. —Tenga cuidado con los hombres de este lugar, tendrán sus ojos puestos en usted. —le dijo mientras caminaba hacía la entrada junto con la chica. —No soy tan bonita—dijo sintiéndose alagada con sus pómulos sonrojados mientras movía una mano de un lado a otro en el aire, tal vez empezaba a ponerse de buen humor y el hombre ya no parecía tan malo. —No lo digo por que sea bonita, el aura demoniaca en nosotros atrae a los humanos indirectamente. —comentó él sin darse cuenta del enojo de ella. “Es un idiota” —No hubieras dicho nada—Ginger habló bajo y con pocos ánimos, ahora ya no parecía tan contenta. Aunque luego entendió el por que aquellos hombres la habían secuestrado diciendo que era hermosa y ni siquiera habían notado las vendas en su ojo, después de todo como dijo Etel ella era bastante normal por lo menos en lo físico. Entraron al lugar y se separaron luego de las advertencias para ella departe del chico. —La verdad es que nunca había estado en un lugar como este—pronunció para ella misma con un tono de voz bajo, luego de que él se fuera. El lugar era grande y se encontraba encendido por muchas luces de colores, no estaba tan sucio como pensó. Ella miró a los lados; en los muchos sillones que se podían observar se encontraban parejas besándose sin ningún pudor. Por su lado paso un hombre besando a dos chicas como si su vida dependiera de ello. Las mujeres caminaban casi desnudas en frente de ella y más de una se le había insinuado a lo cual había respondido con una mueca de asco para rechazarlas. Caminó hasta sentarse en una mesa la cual se encontraba en lugar apartado. Detalló todo a su alrededor, la verdad era que no encontraba alguien a quien hacerle preguntas. Etel le había aconsejado preguntar por personas nuevas en el barrio que tuvieran una linda apariencia, pues era bien sabido que los demonios eran hermosos a ojos de los humanos. Frunció el ceño al ver hasta cuatro personas entrar en un solo cuarto. De verdad era muy ingenua y principiante en ese ámbito de la vida, ¡ni tan siquiera le había dado un beso a un hombre! El encontrar a alguien quien le pudiera dar información iba a ser muy duro en un lugar como ese. Y como si lo hubiera llamado un hombre se detuvo a su lado y le sonrió, ella correspondió el gesto por costumbre. — ¿Puedo sentarme?—preguntó detallando a la chica delante suyo con la mirada. —Claro—respondió ella coqueta tratando de no mostrar el asco que sentía, aquel papel era difícil de interpretar para alguien con sus costumbres. El hombre era alto, de piel morena y ojos claros, no era feo en realidad era guapo, debía tener unos treinta años. Él se sentó a su lado y comenzó a tratar de seducirla y darle suaves toques en las piernas, Ginger recordó a los secuestradores de su primera misión y no pudo evitar querer partirle la cara al tipo, pero se contuvo, no tendría sentido si no lo hiciera. —Tengo un cuarto—dijo enseñándole la llave, cansado de solo tener roces con el cuerpo de la chica. Ella se tensó, pero, aceptó luego de pensar que el estar solos era más adecuado. Caminó detrás de él hasta llegar a una vieja puerta que fue abierta con rapidez, sintió como la halaban hacia adentro. Miró un poco sorprendida por la brusquedad y se dio cuenta que esos cuartos eran un asco llenos de ropas rotas y otras sustancias que no quería llegar a conocer. El hombre la estampó contra el colchón y se puso encima de ella mientras mordía sin delicadeza su cuello, levantaba el abrigo y con desesperación le quitaba los pantalones, justo cuando iba a destrozar su ropa interior, sintió un fuerte golpe en su nariz. —Zorra ¿Por qué hiciste eso?—al destapar la zona golpeada dejo al descubierto una bola ensangrentada, el tipo parecía furioso. La chica de cabellos negros rió levemente al ver la sangre del tipo empezar a gotear, se levantó con rapidez y lo estrelló en la pared, mientras con una mano en su cuello lo ahorcaba con facilidad. —Quería que fueras más agresivo—la fuerza que había sentido aquella vez estaba de nuevo con ella y esta vez no la usaría incorrectamente, su rival no era nada comparado con los hombres pasados—Dime, ¿Ha habido alguna familia que se mudara al pueblo recientemente?—preguntó con un tono frío y grave, al mismo tiempo saco el cubo negro y coloco la punta filosa en el cuello del hombre que la miró aterrado. No lo podía culpar, el tipo había venido para una noche de sexo con alguna jovencita y ahora estaba apuntó de ser asesinado por una; sin embargo para Ginger no era correcto que un pedófilo anduviera por ahí suelto. “Tal vez estoy demasiado apegada a la moral” pensó apuntando aún con el filo al cuello del hombre. — ¿Qué rayos haces? ¿Acaso estas loca?—el hombre miraba la punta con pánico, sintió como se enterró lentamente en su cuello, en una parte que la mano de la chica no cubría. —Solo contéstame ¿Hay alguna familia nueva?—comenzaba a desesperarse y el acabar con él cada vez parecía una mejor opción. —No lo sé—contesto aterrado, pero al sentir como el objeto se enterraba más hablo de nuevo. —Los Lurt se acaban de mudar pero solo son dos—sintió como su cuerpo caía al piso de repente, tocó su cuello asustado y miró a la mujer, desde esa perspectiva notó como un parche que antes no había visto tapaba su ojo derecho y este a su vez estaba cubierto por los cabellos negros de ella. — ¿Y son guapos?—Ginger se sintió estúpida por preguntarlo, incluso contuvo un impulsó por reírse ante la tontería que preguntaba. Pero si lo que Etel le había dicho era correcto tal vez serían ellos. El hombre la miro con confusión y miedo al mismo tiempo, aquella mujer era una maniática. —No lo sé ¿Acaso estas loca? ¡¿Qué rayos te pasa?!—se abalanzó sobre ella pensando que podría golpearla, pero no surtió ningún efecto y fue golpeado por la joven. Ella miró al humano a sus pies…lo había dejado inconsciente. Pateó con fuerza al hombre que no había terminado de decirle lo que necesitaba. Luego de colocarse las prendas y acomodarse el cabello de modo que el parche en su ojo no se notara salió molesta de la habitación en busca de algún otra “presa”. Se detuvo al ver a Etel con una chica colgada del cuello, se encontraban en una mesa y ella parecía muy feliz coqueteando con el guapo joven, él algo hastiado. Ginger se sentó en un sillón un poco lejos, con la distancia de algunas mesas y escucho la conversación. Otra de las ventajas de estar aliada con un demonio era que los sentidos se intensificaban a voluntad propia y se podía lograr con facilidad. — ¿Es en serio?—la voz femenina se escuchaba en extremo melosa y estúpida, o al menos así la percibía la humana de ojos cafés. —Sí, es por eso que necesito encontrarlos—el tono amable de él no cambiaba aunque esta vez se escuchaba un poco falso. La mujer escribió unos datos en un papel, cuando él lo iba a tomar, ella aparto la mano e introdujo el papel en medio de sus senos, los cuales estaban casi al descubierto. —Tienes que ganártelo—le susurró al oído mordiéndole un poco el lóbulo de la oreja. La mujer sintió como de la nada la jalaban hacía atrás, una mano saco el papel de su delantera y la dejo caer al piso mientras se ella quejaba ruidosamente. —¡¿Qué rayos haces perra?!—gritó a la chica que había visto, pero al voltear no había nadie más ahí, las personas la vieron y empezaron a hablar, así que mejor se calló y pensó en la oportunidad que había perdido con aquel chico tan guapo. [***]—Así que esta es la dirección—pronunció Ginger con furia arrugando el papel y destruyéndolo, al final ninguno pudo conseguir lo que necesitaban. Miró con rabia al chico detrás de ella, y este formó una sonrisa apenada a modo de disculpa. Aquel papel no decía ninguna dirección si no el número de teléfono de la mujer y algunas cosas que prefirió no leer. —¿Pero por que están tan amargados?—la odiosa voz del demonio había regresado—Ya tengo la dirección nos vamos—indicó como una orden, el de cabellos café, el cual perecía divertido. Los otros dos se sintieron decepcionados, si hubieran sabido que eso iba a pasar no tendrían que haber entrado a aquel maldito lugar. La humana pensó en lo incoherente del caso; ellos habían ido con la intención de ayudar en la misión y al final el ser maldito también cumplió con el trabajo que no les correspondía. Caminaron bastante tiempo bajo la lluvia, cuando sus cuerpos estuvieron totalmente empapados, el agua dejo de caer. Ginger miró hacía arriba extrañada ante la rápida ausencia de agua. El cielo se había teñido de un color gris obscuro al mirar a los lados se dio cuenta de que los objetos también cambiaron el color. Todo a su alrededor se tiñó de colores opacos y fríos excepto ella y sus dos acompañantes, aquello en definitiva no era un fenómeno normal. —¿Una barrera?—Etel saco el cubo, que colgaba en un cinturón en su cadera, y lo convirtió en una espada negra. —Parece que hemos caído en una trampa—comentó el demonio sonriendo mientras sus ojos adquirían un brillo rojizo que destellaba, y sus orejas tomaban de nueva cuenta la forma demoniaca—Que excitante. Una figura color rojo se formo en el cielo y de ella salieron cientos de armas con destino a ellos. Etel tomó a la chica y salto junto a ella, mientras el demonio creó una protección a su alrededor. El circulo rojo brillo y de este salieron once criaturas enormes de color azul muy obscuro. La forma de sus cuerpos era parecida a la de un dragón; poseían unas alas, medianamente grandes, en su espalda y unos filamentos colgaban a sus costados. Sus ojos eran de color blanco y sus grandes hocicos goteaban una baba con un asqueroso olor. Se quedaron quietas por un momento pero luego se abalanzaron con la intención de destrozar todo a su paso. Etel se lanzó con la espada hacía una de ellas, el filo del objeto chocó contra una de las patas de la bestia pero tan solo logro hacerle un pequeño rasguño. El chico tomo a Ginger y dando un salto se alejaron un poco de aquellos seres. —Váyase—le ordeno a la chica—Solo me estorbara—se le adelantó a la negación por parte de ella. La joven lo miró, aquello era cierto, ella no poseía las capacidades para luchar contra esas criaturas. A pesar de que su ego quedó hecho añicos, su sentido de supervivencia le gritaba que se largara del lugar. Corrió lejos del peligro mientras pensaba en que cada vez se sentía más patética con sus demostraciones de inferioridad; sin embargo el quedarse ahí no era una opción, aún no debía ni quería morir. Una de las bestias saltó sobre ella pero el joven la detuvo antes de que pudiera tocarla. El chico de cabellos negros golpeó con la espada el hocico de la criatura, por lo cual esta emitió un chillido ensordecedor, Etel se tapo los oídos y trato de alejarse de aquel ser. —Liklas—el demonio que se había mantenido apartado destazó a la bestia con un arma de doble filo. —No se morirán por un corte de tu espada, tendrás que buscar su punto débil—le hablo al humano que luchaba contra una—Por supuesto yo no te voy a ayudar—le dijo con una sonrisa cínica. —No lo esperaba—respondió el chico estrellando al likla contra una pared cercana. Etel comprendía su inferioridad en cuanto a la especie, pero, el humillarse ante aquel hombre no era algo que él demostrará, aunque estuviera en problemas no aceptaría ayuda de un ser demoniaco. El demonio sonrió y sus ojos brillaron más intensamente, cinco de aquellas criaturas se abalanzaron en busca de comida, este las esperó con una sonrisa. Antes de que pudieran tocarlo desapareció para reaparecer detrás de una a la cual le corto la cabeza con su arma. Las otras dos usaron sus filosos filamentos para atacarlo, Belial se movía con rapidez esquivando cada uno de ellos y cortándolos si tenía oportunidad. Las liklas chillaron furiosas al verse incapaces de acabar con aquel ser. Una de ellas sacó una larga lengua para impactarla contra el demonio; este miro el miembro de la criatura que había quedado a un metro de su cuerpo, notó como el suelo que había tocado aquella lengua comenzaba a derretirse, al parecer tenían un poder especial. “Puede que no sea tan fácil acabar con ellas” el demonio se acercó de nuevo comenzando a combatir de una manera más rápida y poderosa, esquivando las lenguas y los filamentos con maestría. Dos de aquellas criaturas se unieron a la pelea contra el hombre, una de ellas se acercó con sigilo sorprendiendo al demonio que recibió un corte en el brazo, para luego caer estrepitosamente contra el suelo, no pasaron ni dos segundos cuando todas se abalanzaron sobre él para destazarlo. Miraron desorientadas el lugar donde se suponía estaría la presa pues no encontraron nada. Las dos criaturas que estaban más cerca del lugar empezaron a cristalizarse para luego quedar completamente inertes convertidas en estatuas. [***]Etel movía la espada con ferocidad tratando de no ser herido por aquellos seres que se veían furiosos por ser maltratados. Tres liklas lo atacaban sin darle tregua; sus filamentos se movían con rapidez de un lado a otro con el único objetivo de matarlo. Una de todas empezó a inflar su estomago mientras las otras combatían, Una larga lengua salió disparada hacía el humano que no pudo esquivarla del todo y fue alcanzado en una parte de su hombro, tomó la espada con rapidez y cortó la lengua de la bestia que chilló con fuerza y se revolcó en el suelo. El joven tocó la herida asustado: sangraba bastante y dolía más, un ardor recorrió todo su brazo y este entumeció al instante. Una de las criaturas se dispuso a quemarlo sacando su extremidad y enrollándola en el pie del humano que gritó del dolor y soltó el arma mientras era arrastrado hacía los colmillos de la likla. [***]Ginger escuchaba los sonidos de la lluvia repicar en todos lados, no entendía muy bien como lo había hecho pero logro salir de la barrera, sin embargo no se le permitía volver a entrar. Aún era de madrugada y el sol no salía, así que no había muchas personas en el parque donde se encontraba. Los nervios la ponían mal, el pensar que algo le pudiera pasar a esos dos la preocupaba, en realidad, no le interesaba lo que le pasara al demonio, pero con Etel era un caso diferente, aquel joven era su única compañía levemente confiable para perderla tan pronto. Se quedó un momento quieta, estaba bastante segura que aquellos seres no eran los demonios que estaban buscando, tan solo sirvientes de estos. Alzó la cabeza al darse cuenta de algo, según la lógica le dictaba sería estúpido que los que manejaban a las criaturas estuvieran dentro de la barrera, su corazón se detuvo al escuchar un sonido al lado suyo. Un pequeño niño con un ojo azul y otro verde y cabellos color celeste, apareció entre las sombras, parecía buscar algo porque veía hacía los lados. Cuando llegó al lado de Ginger se quedo mirándola con detenimiento, luego sonrió y se acercó para decirle algo al oído y luego desaparecer tan rápido como había llegado. Ella se quedó impresionada de las palabras del niño, miró con extrañeza a los lados buscándolo pero no lo encontró por ningún lado. Notó como la barrera empezaba a desaparecer y corrió pensando en el bienestar del chico de cabellos negros y a la vez, cuestionándose el porque de su preocupación. [***]La bestia murió hecha pedazos, la sangre y la carne volaron por el aire, el chico de ojos blancos saboreo el líquido carmesí que regó a todo su cuerpo. Las heridas no dolían, ni siquiera las sentía. Miró los trozos de carne que se encontraban en el suelo y sonrió con vehemencia, deseaba que todo el suelo se cubriera de ellos. Se arrojó contra la likla que se encontraba en pie, sin usar siquiera su espada empezó a golpearla usando sus brazos con una fuerza impresionante, la bestia se defendió usando sus filamentos los cuales lograron crear heridas en el cuerpo del chico, que no podía esquivarlos del todo, y al que parecía no importarle que su propia sangre manchara el piso. Sus ojos mostraban las ansias de matar que lo rodeaban. Tomó su espada del suelo y abrió una gran herida en el cuello de la bestia de la cual empezó a brotar sangre sin parar. Él sonrió complacido y miró a la likla que se levantaba a su lado, a la cual le había cortado la lengua anteriormente, se abalanzó enterrando el arma en el estomago de esta y disfrutando el último chillido desgarrador. [***]El demonio miró satisfecho sus obras de arte, las estatuas de sal de las liklas. Nunca imaginó que tuviera que usar ese poder en una batalla de ese tipo, al parecer el demonio que controlaba a esas criaturas era poderoso. Dirigió su vista al hombre que había perdido el control de su mente, sonrió complacido de que aquel humano que siempre sonreía de esa manera tan amable se hubiera convertido en un ser que se moviera para matar. Se acercó hasta quedar a unos metros de él, no pasaría mucho antes de que el dolor lo azotara y volviera a su forma original. —Aún queda una—señaló el demonio a una likla muerta, sabiendo el destino de aquella que se encontraba manejando todo en la lucha. La chica dentro de la bestia gritó de dolor al sentir como era sacada del cuerpo que la protegía. —Así que tu eres quien las controlaba—pronunció el demonio viendo a la chiquilla con apariencia joven que al final de cuentas también era una demonio, con una mirada superior le anunció su muerte—Mátala—ordenó al humano que no tardó mucho en hacerlo, más por instinto que por obediencia, y mordió la garganta de la mujer que gritaba y suplicaba perdón. Etel destruyó la vida de la chica y en el último grito por parte de esta abrió los ojos y grito él también. El joven dejo caer el cuerpo sin vida, y apretó una mano a la altura de su corazón gritando con todo lo que podía, el dolor era increíblemente fuerte, sentía como si le estuvieran arrancando la vida. Cayó al suelo y miro el cadáver a su lado. Los recuerdos vinieron a él, toda la sangre derramada manchaba cada uno de sus pensamientos, casi sin energías se levantó para alejarse de aquel lugar lo más pronto que pudiese. El demonio miraba divertido la escena, unos cinco minutos después la chica humana apareció respirando agitadamente. — ¿Dónde esta?—preguntó al demonio al llegar y no ver al humano en los alrededores. —Yo estoy bien gracias—respondió con una actitud egocéntrica y una manera hipócrita de expresarse. —¡¿Dónde esta?!—gritó ahora la chica, no lo entendía pero se preocupaba mucho por él, tal vez por ser su único compañero humano. Belial se divertía al ver cuadros como ese, era por eso que los humanos no vivirían mucho tiempo aunque fuesen inmortales. Su sonrisa se borró al recordar lo que él era, le repugnaba pensar en… —Se largo corriendo como un cobarde por matar a esa chica—señaló a la demonio—No me preguntes por alguien tan patético como él, aunque si quieres saberlo se largo por allá. —señalo el lugar por el que había visto correr al humano, necesitaba que esa mujer se largara en ese mismo momento. Ella no esperó más para salir corriendo en la dirección indicada, ignorando la mueca del hombre a su lado. El demonio frunció el ceño, odiaba esos actos de caridad hacía otros, antes de poder confirmar los signos vitales que desaparecieron en la mujer demoniaca, un sonido detrás de él lo alertó, aunque no pudo esquivar el certero golpe que lo traspasó, por parte de la lengua de una de la liklas, su vista se nubló y la sangre salió por su boca... [***] Ginger corría con desesperación ¿Por qué rayos se sentía tan preocupada? Aquel hombre no era nada de ella y aún así no le gustaba pensar que algo le hubiera dañado en ningún sentido, una pregunta llenó de curiosidad su mente. Miró un bulto un poco más adelante y corrió hasta este esperanzada. Etel estaba tirado en una esquina, la lluvia limpiaba la sangre en su cuerpo. Los cabellos mojados se adherían a su rostro, dándole un aire de depresión que no mostraba contraste con sus sentimientos. Ella recuperó el aliento para divisar al cuerpo que parecía no tener vida. Aclaró un poco su garganta. —¿Qué hace una persona tan noble como tú, en un lugar como el infierno?—Ginger se acercó para revisar las heridas en aquel cuerpo, mientras notaba el vacio en sus ojos, su vista parecía haber perdido credibilidad, como si hubiera llegado cegado a ese lugar. [***]—Hermano, otra vez esos molestos demonios están acosándonos—pronunció como una niña caprichosa una mujer con cuerpo adolecente mientras se sentaba en el regazo del susodicho. —No te preocupes hermana yo me encargare de ellos—pronunció un joven hombre con voz grave—Pero solo si me recompensas—pidió besando a la demonio con deseo y comenzando a desvestirla. —Pero me dejaras matar a los humanos a mí—ordeno esta mientras cumplía con las demandas de su hermano. Gracias por leer, saludos.
Maldición 4: Cuando se rompen las reglas Se encontraban en una habitación de un viejo hotel, definitivamente aquello no era lo mejor pero era lo que quedaba más cerca. Teniendo en cuenta la situación deprimente del chico no había tiempo para buscar algo mejor. Ginger vendó la última herida que faltaba por curar en uno de los brazos del chico que aún seguía cabizbajo y sin pronunciar ninguna palabra. Parecía no querer moverse y el hablarle no le parecía una buena idea. Ella lo miró un momento a la cara, pero sus ojos estaban cubiertos por el cabello aún mojado, abrió la boca para decir algo, pero le cerró sin saber que podría comentar en aquella situación. En ese momento no tenía idea de que debía hacer, ella lograba ser lo suficientemente fría en ocasiones como esa, y las pocas veces que había consolado a alguien había terminado empeorándolo todo, por lo que siempre le decían que era una insensible. Puede que lo fuera, por que en realidad no llegaría a entender nunca aquellos sentimientos, o por lo menos eso era lo que pensaba. El matar a una demonio la hubiera alegrado al contrario de deprimirla, era como una prueba de sus habilidades y aún así, aquel junto a ella parecía destrozado por ese hecho. — ¿Necesitas algo?—preguntó con un tono lo sufrientemente bajo para no sorprenderlo, mientras se levantaba. Este no respondió pero alzo la cabeza hacía ella mirándola con cierto reproche. — ¿Qué piensa?—preguntó con el mismo tono. — ¿Sobre su nuevo trabajo?—agregó al final mirándola con detenimiento. —Pues, no lo sé—respondió algo contrariada ante la extraña actitud de aquel hombre. — ¿Le gusta estar aquí? ¿Hacer esto?—se refirió al infierno. —Pues—lo pensó un momento antes de responder—Sí—dijo convencida y algo apenada ante aquel hecho, pues probablemente el chico delante de ella la vería como un monstruo. Él sonrió con lastima, al contrario de la reacción que esperaba con pesadez se levantó y caminó hacía la puerta. Ella lo miró con extrañeza pero lo siguió durante el trayecto al bajar las escaleras solo pudo hablar al salir de aquel lugar. —No deberías salir aún estas herido—caminó más rápido para llegar hasta él—Además ha empezado a llover de nuevo—pronunció con extrañeza pues era raro que lloviera tanto en un lugar como ese. Serían probablemente las diez de la mañana y aunque el sol estaba en lo alto la lluvia no cesaba. El clima simplemente no concordaba con lo que se pensaría del pueblo. —Ya estoy bien—pronunció con frialdad, o al menos así lo percibió ella—Estamos aliados con demonios después de todo. —Agregó con un sentimiento parecido al arrepentimiento. —Pero aún estas herido, no han sanado del todo, volvamos—pidió ella tomándolo de la mano, se sentía extraña como si alguien los estuviera viendo. El sentimiento de salir corriendo la llenaba, sin aparente motivo. — ¡Suélteme!—gritó con rabia, todas las personas alrededor lo miraron algo asustadas— ¡No finja! No le importa ni un poco lo que me pase—bajo la voz al final, para no llamar tanto la atención—Solo…no se acerque a mí—reprochó un poco sin voltear a verla. No importaba cuanto tratara de parecer una persona fría, simplemente no se sentía a gusto maltratando a otros. Etel se alejo de ella con rapidez y todos los que habían presenciado el cuadro, siguieron sus rumbos, pues era bien sabido que los humanos son espectadores de problemas todos los días y no por eso ayudaban en alguna situación complicada. Ginger frunció el ceño y se retiró por el lado contrario que había seguido el joven humano, ella no era del tipo de persona que iría corriendo a pedir perdón, aún si sabía que la culpa era suya. “Todos son iguales” por alguna razón se sentía traicionada, pero ya le había pasado varias veces hasta que había dejado de confiar en todos, incluso en su familia. Todas las personas estaban llenas de secretos y malos sentimientos. Detuvo su paso y miró con su único ojo el camino que había recorrido, Etel se empezaba a perder entre las personas. Él también la había malinterpretado, ¿o no? Se mordió el labio inferior. Después de todo una persona que gusta del maltrato a los demás, es mala, una persona a la que le gusta estar en el infierno, ¿Es mala? No podía contestar aquello, más bien no quería hacerlo, por que conocía la respuesta. ¿Acaso habían tenido razón los niños que le decían que estaba maldita? No, no quería pensar eso. Sí, se había divertido haciéndoles pasar malos ratos a algunos, pero no eran gran cosa. Ahora que lo pensaba más profundamente ¿Era normal el no disfrutar el ver felices los demás? Pensando en sus acciones hasta ahora se quedó parada en medio del camino, donde las personas iban y venían, sin darse cuenta de que unos ojos ansiosos la inspeccionaban. —Eh, parece que he encontrado a alguien interesante, tal y como se esperaba del numero trescientos—dictaminó una voz juguetona y divertida. —No hay duda de que nunca fallo en cuanto a personalidades—sonrió con egocentrismo. - El humano se detuvo y miro hacía atrás, luego de pensarlo más profundamente. El demonio no había aparecido y sabía que no lo haría hasta en la noche pues odiaba el sol, la chica estaría sola hasta que Belial se acercara a ella o a él. Sabía que si la perdía no podría volver a encontrarla pues no poseía la capacidad de rastrear humanos. Sus pies se movieron en aquella dirección dos pasos pero luego se detuvieron, no sabía que hacer. Una persona a la que le gustara el infierno era igual que un demonio y aunque lo hubiera herido el matar a una, definitivamente odiaba a esos seres que disfrutaban con las desgracias de los demás y ella no era la excepción. Cada vez que escuchaba que un de aquellos seres moría no podía evitar sentirse contento, entonces, ¿se sentiría alegre si ella muriera? No lo sabía, o al menos eso quería pensar, porque dentro de él mismo le quedaba claro que ninguna muerte llegaría a alegrarle…tal vez la de él. ¿Qué hace una persona tan noble como tú, en un lugar como el infierno? —No lo sé—respondió al aire. Se encaminó por el lugar en el que la había visto irse, Ginger era humana y como cualquier humano poseía maldad en su corazón pero la posibilidad de que también tuviera sentimientos hermosos era muy alta, o tal vez todo se debía a que él poseía un gran corazón y podía confiar con facilidad en alguien. Se detuvo y miró hacía los lados al llegar al lugar donde se separó de la mujer, no la encontró. La había perdido de vista y no tenía idea del lugar en el que pudiera estar y no faltaba demasiado para que anocheciera, tragó con fuerza. Odiaba cuando alguien podía encontrarse peligro por su culpa. Llevaba varias horas caminando se sentó cansado, había ido a recoger las cosas que tenían en aquella habitación, pensando que tal vez ella estaría ahí, pero no fue así. Suspiró, pronto el sol se escondería y aún no la encontraba. Estaba preocupado, no agradecía el tener un corazón tan puro, ojala Dios lo hubiera creado como un tipo sin sentimientos, así no tendría que preocuparse por otros y sería egoísta. De inmediato se arrepintió de sus pensamientos, prefería morirse antes que ser como esos seres malditos con los que había convivido por tanto tiempo. Miró el abrigo, ella se lo había devuelto, sintió algo adentro y lo saco sorprendido, ¡el cubo! lo había dejado en el abrigo, se levanto angustiado si ese objeto ella no podría defenderse en caso de que la atacaran. Además de que no había llevado ningún tipo de entrenamiento, ahora también estaba desarmada. Todo a su alrededor comenzó a teñirse de colores obscuros, su corazón latió con fuerza, aquello iba de mal en peor. No era posible que lo atacaran, aún tenía aquellas heridas que tanto lo molestaban. —Jugando a atrapar al ratón—una voz femenina se escuchó en todo el campo. —Pero no pensé que este ratón fuera tan hermoso. Etel sacó su propio cubo transformándolo en una espada, sus sentidos se intensificaron y sus músculos se contrajeron levemente. —Pero ¿Por qué la violencia?—la figura se hizó presente, unos metros delante de él. La demonio tenía el cabello amarillo peinado perfectamente en rizos y unos hermosos ojos verdes que brillaban con emoción; sus ropas estaban compuestas por un delicado vestido color verde y un accesorio rojo que cubría sus hombros. —Yo solamente quiero hablar contigo—aclaró con una sonrisa en la cara tan pura como la de un ángel. Etel no se movió ni un centímetro, tampoco creyó las palabras de la mujer pero sabía que tendría que ceder si no moriría. Sus ojos se abrieron impresionados al sentir las suaves manos de ella posarse en su pecho. —Que delicioso olor a humano—aspiró en su cuello mientras abría el abrigo, en menos de un segundo la espada ya había salido volando y él se encontraba a la merced del demonio. Sintió la lengua de la mujer lamer su cuello y una sensación de asco lo llenó, pues odiaba el contacto físico con aquellos seres. —Veo que mi niña hizo un buen trabajo—Las manos punzaron justamente el lugar en el que se encontraba una herida de la batalla anterior. — ¿La recuerdas?—preguntó mientras abría la herida con sus uñas. —Tal vez recuerdes el sabor de la sangre de su garganta. Etel soltó un grito desgarrador, al sentir la herida abrirse de nuevo de una manera más profunda que la vez anterior, cayó al suelo, aquellas uñas tenían veneno, podía sentirlo. La mujer rió mientras lamía la sangre acumulada en sus manos. —Me encanta, es mucho mejor que la de un demonio—lamió con más intensidad. Él sintió un fuerte golpe en la cara que lo hizo quedar recostado en el suelo, las manos de la demonio se incrustaron en los músculos de sus brazos, la mueca de dolor se acrecentó en su rostro. Sentía a la demonio lamer su sangre, su respiración acelerarse y su vista empezaba a volverse borrosa. Sabía lo que aquello significaba, aquel demonio nunca lo dejaría morir porque le divertía más que a cualquier otro el verlo sufrir, agonizar y luego arrepentirse. La fuerza llegó a su cuerpo y de una patada lanzó a la mujer que dio una vuelta en el aire para caer de pie y sonreír. —Me gustan más los que se resisten—pronunció con confianza mirando al mortal—pero odio que hayas roto mi vestido—el accesorio rojo que cubría sus hombros estaba dañado así que lo tiro al suelo para que luego se deshiciera entre llamas. —Tendrás que pagarlo con tu sangre. El joven de cabellos negros la miró con furia pero de pronto su cabeza le dolía, sus rodillas tocaron el suelo y una voz se oyó en su mente. Devuélvemelo…Eres un estúpido ¡No estoy fingiendo! Sus ojos se abrieron con rapidez, había recuperado el control de su cuerpo, la demonio enfrente suyo parecía hablar con alguien más. La voz la reconocía era la de la mujer que “trabajaba” con él. —Maldita mocosa, le dije que estuviera callada—la demonio habló en un susurro, pero él fue capaz de escucharla. — ¡¿Dónde esta?!—Antes de que se diera cuenta el humano estaba sobre ella. Se sintió extraña ante ese contacto odiaba que los humanos la tocaran, debía ser ella quien los hiciera sufrir y no al revés. Sin notarlo su furia fue ascendiendo, no había nadie que tuviera el derecho de poseerla en sus manos. Esta vez fue la demonio quien lo pateó para alejarlo, estaba roja por la furia que sentía. — ¡¿Quien rayos crees que eres para tocar mi perfecto cuerpo!?—Esta vez su cara fina se deformo y sus facciones perdieron su delicadeza. — ¡Te mataré!, mataré a cualquiera que me humille de esta manera. Su cuerpo que antes era delgado y perfecto se ensancho y comenzó a perder su forma humana. El gran chillido de una bestia se escuchó a lo largo de toda la barrera, Etel miró con pánico como las paredes de esta empezaban a destruirse, aquello era muy malo si la barrera se rompía, entrarían en contacto con el mundo humano y eso no era permitido por las reglas del cielo ni el infierno. - Ginger atravesó el cuello del pequeño ser y fue cubierta con la sangre que salió disparada. Su respiración era agitada, no importaba cuantos seres de esos mataba volvían a salir cada vez más, sus ropas estaban reducidas a tan solo pedazos de tela que cubrían tan solo lo necesario. La pequeñas liklas parecía divertirse cada vez que desgarraban su piel y su sangre humana goteaba. Ginger levantó el arma que aquella mujer le había dado para defenderse, una daga, era de tamaño mediano y estaba construida con un acero extremadamente fuerte. Tan solo le daba aquella ventaja para que sufriera más antes de morir. De nuevo dos de las pequeñas criaturas se arrojaron hacía ella, corrió hacía atrás para esconderse detrás de una piedra enorme de las que estaba lleno aquel lugar, maldijo miles de veces en su mente por separarse de aquel chico de ojos blancos. Ginger caminaba en dirección contraria había decidido volver con Etel y así dejarle en claro varias cosas, pero una voz la había detenido. —Disculpe, me puede decir donde encontrar un hotel—una chica muy fina la detuvo tomándola de la mano. —No—respondió fríamente a la chica, no tenía tiempo para ayudar a chicas en problemas y dada la apariencia de aquella mujer, moriría en el lugar donde ellos habían estado, demasiado sucio. Pero notó algo extraño en ella, estaba sonriendo de una manera macabra, aunque no de manera en que un humano se burla de otro, parecía como si la odiase con tan solo ese gesto. —No te han enseñado modales niña—pronunció cambiando la dulce voz de hace un momento por una más grave. Inmediatamente el ambiente cambió a uno más árido, lleno de grandes piedras y picos de roca. Miró a la mujer a su lado, fijándose en sus orejas puntiagudas tan características de los demonios, aquello debía ser algún tipo de ilusión o poderes demoniacos, pero lo que entendía era que estaba en problemas. Las manos desgarraron su piel y tirándola al suelo, su boca empezó a lamer una zona del estomago donde había realizado la herida, pero no duró mucho antes de separarse. — ¡¿Por qué?! Tu sangre tiene el mismo sabor de la de un demonio—la inspeccionó un momento, buscando el problema en aquella humana, lo cierto era que tenía poca edad y aún no comprendía del todo a esos seres—Ya veo una sirviente del infierno no tiene un buen sabor en la sangre—se levantó y arrojó la daga al suelo. —No me gustas, dejaré que mis bebes te coman, espero que tampoco me decepciones en esto y no dures tan poco. Ginger aún sorprendida por la actitud y las palabras se estremeció — ¿Qué quieres decir con que mi sangre sabe igual a la de un demonio?—su miraba mostraba miedo y aunque ella no lo notara también había alegría en su gesto. —Me gusta la sangre humana por que esta menos contaminada que la de un demonio en cuanto a malos sentimientos—miró a su victima y torció el gesto—Tienes el corazón manchado al igual que un demonio, no me gustas—sentenció la demonio—No hagas ruido, he olido una deliciosa sangre ahí afuera, tan pura—aspiró con fuerza emocionada. —Me encanta probar un poco del líquido vital de esos seres. —Etel—pronuncio la chica antes de que las liklas salieran de sus escondites. —Maldición—la chica atravesó a una de las pequeñas bestias a la vez que le gritaba al chico que le devolviera su cubo, sabía que en una oportunidad él la había escuchado, al parecer ese tipo de barrera estaba conectado con su dueña y como ella estaba con el humano lo más seguro era que fuera capaz de comunicarse con él. “Aunque no me parece muy coherente” pensó por un momento, esquivando a una Likla Era una ventaja que aquellos seres fueran tan lentos, de lo contrario ya no estaría viva, no se podían comparar con los que había visto la vez anterior y aún así su cuerpo estaba llenó de heridas y su cansancio era grande: no aguantaría mucho más. Una de la liklas la atacó por atrás creando una herida en su hombro, pudo cortarle el cuello con la daga, pero la herida empezó a botar sangre en exceso, aquella sensación comenzaba a hacerse conocida por ella que rara vez se lastimaba antes de llegar al infierno. De pronto el ambiente comenzó a borrarse, las cosas en el se desvanecían poco a poco y sintió como si algo no la dejara respirar. Sin explicación alguna, todo su alrededor se volvió pesado incluso su cuerpo parecía estar presionado por algo, pero su conciencia no soporto más antes de caer en desmayo. - Las paredes empezaron a agrietarse la demonio parecía haberse salido de control, ya que gritaba destruyendo todo a su alrededor, furiosa se volvió al humano que había cometido aquel acto de irrespeto: tocarla. Su apariencia era igual a la de una likla, solo que era unas tres veces más grande, su estomago se empezó a inflar, el humano sabía lo que le esperaba, pero su cuerpo estaba entumido por el veneno de aquellas garras que empezaba a actuar. Vio el gran trozo de carne dispuesto a quemarlo y cerró los ojos esperando el impacto; pero, la sensación de dolor nunca llegó. Al abrirlos vio la silueta de una pequeña niña parada enfrente suyo que con una mano detenía el ataque de la bestia. —Muy mal, muy mal, ¿quién te crees para tocar a mi número tres?—su voz parecía bastante alegre. Se trataba de su segunda ama, aquella chiquilla que le había dado un número a su nombre —Morirás—pronunció con seguridad. La lengua se retiró al estomago de la demonio de nuevo, quien inspeccionaba a la mocosa que acababa de llegar. Un enorme chillido salió de su boca, en verdad se sentía humillada, ¿quiénes eran aquellos que osaban tocarla? La likla se arrojó a la niña que apareció detrás de ella, cada vez que intentaba dañarla con sus filamentos o sus garras esta desaparecía para reaparecer detrás de ella, eso hacía que cada vez su furia aumentara y sus chillidos fueran cada vez peores. El humano miraba a los lados, un sonido parecido al de los vidrios quebrarse se escucho…había sucedido. Al caer la barrera, todas las personas alrededor quedaron perplejas ante aquel espectáculo, por un momento ninguno se movió pero esa tranquilidad no duro mucho, tan solo el momento de shock de ver aquel espectáculo que apareció de pronto frente a sus ojos. Los gritos de las personas fueron increíbles para un humano, algunos se desmayaron y otros empezaron a correr. La demonio sabía que había cometido un error y su forma volvió a ser la de una bella humana, todos las personas miraban aterradas aquel hecho, la niña que había estado flotando en el aire había bajado a la par de aquel chico que parecía estar muy malherido, por supuesto nadie se preocupó por él. Aquellos no podían dar crédito a lo que presenciaban, ¿qué era eso? Las preguntas azotaban su mente; sin embargo la civilización se perdía al tratar de correr o por el miedo de quedarse quieto. —Esto significa un problema hermana—un hombre apareció de la nada en el aire nuevamente los gritos se escucharon. —Sabes que los humanos no deben vernos. —ignoró los actos de los mortales, pues sería raro que no actuaran de esa forma. Aquel demonio era igual a su hermana de cabellos amarillos y ojos verdes, su traje era de un verde obscuro. La mujer corrió hacía él pidiendo perdón y alegando contra el niño y la mocosa que la habían hecho perder el control — Pues eso no arregla el problema—él acarició los suaves cabellos de la demonio que ahora estaba junto a él. —Tendremos que matar a los espectadores—su vista vagó sobre los humanos que lo miraron con terror al escuchar las últimas palabras, muchos comenzaron a correr nuevamente, incluso algunos pensaron que se trataba de una broma. Unas enormes liklas aparecieron debajo del suelo, un hombre empezó a correr de un lado a otro pues había perdido el juicio. Las criaturas se arrojaron a las personas destrozándolas para después comer sus cuerpos sin vida. —Coman hermosas, coman—sonrió el demonio encantado. Mariet miro a Etel que trataba de detener la matanza con sus pocas fuerzas, en realidad le resultaba patético su intento de salvar a otros. Con una sonrisa de resignación se acercó a él para separarlo de aquel lugar dejándolo inconsciente. Luego tocó su cuerpo y este comenzó a deformarse transformándose en poco tiempo en un muñeco, uno del material que ella había creado. —Interesante, la demonio que salva a sus esclavos—el demonio de ojos verdes le habló con fascinación mirando a aquel mortal ahora convertido en objeto. —Aunque pareces cumplir ordenes más que otra cosa. —Tú también la has salvado—respondió la niña divertida viendo a la likla destrozar a los humanos, ignorando la última acusación. —Devolverás las almas y ya no serás nuestro problema—ordeno la niña, sus ojos brillaban ante la sangre inocente que estaba siendo derramada, le hubiera encantado unirse a la masacre pero sabía que estaba prohibido matar humanos y si aquel demonio lo hacía era por que ya no pertenecía ni al cielo ni al infierno. —Vienen—pronunció el demonio poniéndose en guardia con una sonrisa. Mariet miró sin ninguna gracia el cielo, se acercaban rápido. Luego volvió a su punto de atención principal, con una mano dentro de la tierra sacó a la humana número trescientos que se encontraba perdida en una ilusión. Al hacerlo notó que su cara empezaba a tomar un color extraño síntomas de que no tenía oxigeno, poniendo su mano en su pecho esta abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire, se retorció tosiendo mientras el aire volvía a ella. —Levántate—dijo la niña con una voz amigable y muy contenta. Ginger miro a su “señora” con la vista desenfocada que poco a poco fue cobrando color y sentido, ¿qué había pasado? De pronto las bestias habían desaparecido y se encontraba ahí es ese momento. Miró aterrada la masacre a su alrededor, las bestias destruyendo todo lo que tuviera vida a su alrededor. — ¿Te gusta?—preguntó la niña mirando a la humana de corazón sucio, esperando una afirmativa aunque sabía que solo era una espera inútil pues la mujer se encontraba sorprendida. Ella no respondió pero pudo notar algo en el cielo; trato de enfocar más la vista: eran varios. Entre más se acercaban las bestias se ponían nerviosas y empezaban a alejarse del lugar hacía su amo, que las recibía gustoso. Y entonces pudo visualizarlos a la perfección, al enfocar su sentido de la vista al máximo. Sus grandes alas blancas se desplegaban con maestría y hermosura, aquellos seres majestuosos en los que nunca creyó y miraba en este momento, sus cabellos eran de colores dorados, claros y puros y sus ojos denotaban los hermosos corazones que vivían en ellos. —Ángeles—escupió la niña a su lado con asco—La masacre los ha llamado—formó un pequeño campo que cubriera a la humana y a ella—Maldito olor—pronunció con profundo odio, mientras dibujaba un signo debajo de ellas. —¡Tú!—uno de aquellos hermosos seres señaló al demonio que lo miraba con una sonrisa en su rostro. — ¿Cómo te has atrevido a hacer algo como esto?—por su rostro bajaban lágrimas de amargura ante el sufrimiento de aquellas personas. —No te perdonare—terminó ante de arrojarse a él junto con otros dos. — ¡Grandes palabras para un asqueroso ser como tú!—las liklas se abalanzaron a los seres celestiales que combatían con maestría. Ginger miraba sorprendida como aquellos seres alados destazaban a las bestias que chillaban furiosas. Los demás ángeles miraban a las personas muertas mientras por sus mejillas bajaban lágrimas de impotencia, guiaban con sus alas a las almas que aún no debían morir. Un grito desgarrador se escuchó; aquel demonio se había convertido en un gran dragón y había sido atravesado por la espada de uno de los bondadosos seres. —Que Dios perdone tus pecados—pronunció con lastima. —No necesito tu maldito perdón ni el de tu Dios—el demonio usó su último aliento para maldecir al ángel que lo había asesinado. Mariet empezó a formar sellos con su sangre para largarse del lugar que cada vez le parecía más apestoso, ella tenía un gran problema con esos seres. —Espera, demonio—gritó una ángel que estaba cerca de ellas. — ¿Adonde llevas a esos humanos?— preguntó poniéndose en guardia junto con sus compañeros. —Estos—pronuncio sin gracia la chica. —Son míos por que los he salvado de ir al cielo—se mofó de las expresiones de aquellos seres—Se pudrirán conmigo en el infierno—terminó antes de desaparecer totalmente. Los seres se miraron entre si, y luego a las victimas, recogieron todos los desechos de los demonios asesinados. No podían hacer nada con los humanos pues eran asuntos que el cielo no debía tratar ellos solo podían guiar a las almas. Los humanos que murieron ese día no estaban destinados a eso, pero fueron victimas del demonio que no siguió las reglas, y lo peor era que el infierno no se podía declarar culpable porque era un demonio exiliado. —No puede ser—golpeó con un puño un ángel al suelo, era aquel que había acabado con el dragón—si hubiéramos llegado antes…—pronunció con lágrimas en los ojos. - Ginger miraba algo afligida el cuerpo de su compañero reponerse de las heridas, había sido tratado pero era evidente que dolían bastante pues su ceño estaba fruncido. “Que raro” a pesar de ser una persona de malos sentimientos no podía dejar de preocuparse por aquel chico que no era nada de ella. Una de las heridas comenzó a sangrar de nuevo, ella se acerco para limpiar la sangre, al hacerlo recordó los acontecimientos que habían sucedido ese día. Según lo que le había dicho Mariet era una falta mortal matar humanos ya fuera para los demonios o los ángeles, ya que estos bandos no deben interrumpir los asuntos mortales, tan solo pasan a ser de su importancia cuando las almas se retiran de sus cuerpos; entonces se decide si aquella alma es del infierno o el cielo. Si hay problemas para el traslado del alma entonces un demonio o un ángel tiene el deber de llevarla a su respectivo lugar. Esta función solo puede ser realizada por altos rangos experimentados, pues no cualquier demonio puede trasladar un alma ya que esta puede destruirse en el proceso de elevación y la perdida de almas es pagada con dolorosos castigos. Aquel demonio no siguió las reglas y fue asesinado por los ángeles, pero un ángel no puede matar a un demonio solo porque quiera, tan solo en caso de defensa personal o cuando los malignos seres tomen almas que no les pertenecen. Los demonios no siguen tales reglas y pueden matar ángeles indiscriminadamente, después de todo son seres sin sentimientos que se alegran al destruir alguno de esos seres celestiales. Aún así entre los dos estados se mantenía cierta paz y reglas mutuas, de lo contrario todo sería un caos. Ginger suspiró, la verdad no creía que fuera tan malvada como un demonio, pero definitivamente no era noble como Etel. Recordó al demonio que había hecho la misión con ellos, ¿dónde estaría? El joven a su lado despertó de pronto llamando su atención y ella dejó sus pensamientos. La miró y sonrió pero esta vez fue capaz de notarlo, aquella sonrisa que mostraba era falsa. —No sonrías si no quieres hacerlo—pronunció con suavidad—Tú eres el que finge, nunca te dije que fuera una buena persona—terminó con algo de reproche, odiaba cuando la tachaban por sus defectos cuando ellos mismos los tenían. —Lo sé—cerró los ojos pues se sentía cansado—Lo que pasa es que no hay nadie en el infierno que sepa cuando una sonrisa es falsa o no, es por eso que me he acostumbrado a fingir estar bien—abrió un poco los ojos con pereza—Es bueno tener alguien que te regañe. Ella se sorprendió un poco, en realidad lo notaba de casualidad el confiar en la mujer para los sentimientos era asunto perdido; sin embargo era mejor que estar totalmente en la inutilidad. —Pues no finjas conmigo, lo noto, por que soy humana—pronunció con seguridad esas palabras—No soy tan buena como tú, pero también tengo buenos sentimientos…creo—algo contrariada bajo el rostro. Él esbozó una pequeña sonrisa esta vez verdadera, sus ojos se cerraron, el dolor había bajado y el cansancio era en verdad grande. —No sabía que número tres y número trescientos eran tan unidos—una voz infantil sobresaltó a la chica—Es bueno que número tres este bien, es mi preferido—La chiquilla acarició la frente del hombre y miró a la niña. — ¿Tres?—enmarcó una ceja la de ojos cafés. —Sí, él es el número tres, me encanta ese número por eso es mi preferido, además es muy distinto a los humanos comunes—agregó emocionada—Y tu eres la número trescientos, entre mis esclavos—aclaró con simpleza levantando los hombros—por eso también puedes llegar a ser mi favorita. La mayor (en apariencia) lo pensó un momento, y pregunto con cierto temor. — ¿Cuántos años has durado en conseguir tantos esclavos? —Trescientos cuarenta—pronunció emocionada ante de la curiosidad de la humana, pues normalmente nadie le preguntaba por sus logros, solo su amo. Ella se quedo pálida ¿cuántos años tenía Etel entonces? La demonio la miró con gracia entendiendo lo que pensaba. —Si no me equivoco y nunca lo hago—enmarcó orgullosa la frase—Contando sus años humanos tiene—uso sus deditos para contar—Trescientos treinta—terminó orgullosa de su buena memoria. - Golpeó de nuevo la pared, la demonio que había fingido estar muerta, había podido salvarse de aquellos furiosos ángeles. Estaba furiosa aquellos demonios y ángeles la habían tratado como una simple likla y ahora tenia heridas en todo su cuerpo, habían osado tocarla ¡a ella! Sonrió, al menos estaba viva aunque sin su asqueroso hermano protegiéndola se veía indefensa. Sintió una presencia aproximarse a ella. Era de noche y se encontraba en un callejón, probablemente sería algún humano trataría de aprovecharse de ella. Se volteó ansiosa se comería al humano para reponer un poco de fuerzas. La figura frente a ella se acercó cada vez más y se sorprendió al reconocer a aquel ser. —Tú—pronunció incrédula—Deberías estar muerto—su rostro estaba deformado por la furia. —Pensaste que habías dañado mi núcleo, pero tan solo destruiste la mitad—Sonrió el chico de los cabellos cafés con inocencia, luego su mirada cambió a una llena de oscuridad—Aún así he perdido la mitad de mi poder y eso no me agrada demasiado. La mujer tembló; aunque el demonio estuviera débil ella lo estaba aún más, y sin su hermano para protegerla sería presa fácil. Sintió al demonio acariciar sus senos con una mano, probablemente sabía cual era su debilidad. —Odias que te toquen—apretó el agarre—Y aunque le entregabas tu cuerpo a tu hermano lo odiabas por poder poseerte como un simple objeto—escupió con diversión. La mujer sintió como la mano la traspasaba y tomaba el núcleo que la mantenía con vida. Él lo sacó con fuerza mientras la escuchaba gritar y lo acercó a su nariz para olerlo era brillante de color verde. —¡¡Detente!!—pidió con la voz desgarrada cayendo al suelo mientras las lágrimas bajaban por sus ojos—Sin el núcleo—miró como su cuerpo que empezaba a curarse rápidamente y quedaba sin ninguna herida. El demonio tomó el círculo color verde y cortando una de sus manos lo bañó con su sangre hasta que tomara un nuevo color. Introdujo sus nuevos poderes desapareciendo el núcleo en la sangre. Pudo sentir la calidez en su cuerpo, pues los poderes de aquella demonio ahora lo acompañaban. —Así es, cuando un demonio de clase baja como nosotros pierde su amo y también su esencia, se convierte en un mortal—miró con cinismo a la chica que lloraba con dolor ante su nueva y frágil apariencia. —Y no creas que te voy a dejar viviendo después de que casi me destruyes—miró a su victima con diversión. Tomó a la chica y la desnudó con rapidez empezando a tocar todo su cuerpo, sabía que ese era el peor castigo que podía sentir aquella mujer tan soberbia, la cual gritaba porque se detuviera. Sintió unas presencias eran humanas y miró con diversión a la ahora mortal. —Cualquier persona que ande a esta hora por aquí es un ladrón o un violador. La mujer miró con pánico a Belial, que la dejo tirada para luego darle encuentro a los tipos. El demonio cabellos cafés se acercó a ellos y comenzó a hablarles. Al principio lo miraron desconfiados y molestos, pero cuando el hombre señalo a la chica desnuda sonrieron con malicia y lujuria. —Este será el pago—Belial tomó un paquete de cigarrillos uno de los hombres que ya no le prestaban atención. Se alejó y prendió el cigarro, aquellas sustancias no eran adictivas para él como lo eran en los humanos pero disfrutaba el probarlas. Oyó los gritos desgarradores de la mujer que pedía que pararan, también algunos producidos por la golpiza que le daban aquellos hombres y no pudo evitar sentirse en extremo feliz. Aquella misión había sido muy productiva después de todo, aunque sabía como había acabado todo por manos de los ángeles y la intervención de Mariet que probablemente estaría furiosa con él por no haber protegido a sus humanos. - Un niño que veía todo el cuadro desde un árbol sonrió divertido ante la actitud del demonio. —Parece que esos hermanos no fueron de utilidad—Sus ojos de distintos colores miraron el cielo—Aunque pude ver ángeles gracias a ellos—comentó con diversión a si mismo. —Pero no dejare que un ángel te destruya a ti, yo mismo bañare mis manos con sangre tuya—su mirada se volvió obscura y sin vida—Mi amado Baalzephon.