Exterior Patio norte

Tema en 'Planta baja' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master the lovers

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    Por mucha pompa que le diera, en verdad no creía haberme marcado ninguna hazaña digna de elogio. A la profesora le daba bastante igual lo que hiciéramos o dejáramos de hacer. Por el bien de la conversación, sin embargo, me mantuve en aquel tren de la exageración a consciencia.

    —Bueno, es que tuve los mejores maestros —respondí, pensando, primariamente, en mi hermano y en Kohaku. Empezamos a caminar y el resto de lo que dijo me arrancó una risa breve—. Si me hubieses seguido, te habría puesto a cocinar. El precio a pagar por andar de chismosa. Y ¿no te lo dije? Soy telépata, por eso me entendiste tan bien.

    El trozo de información que le había facilitado le ayudó a comprender el motivo de haberla citado aquí, y decidí dejar el asunto estar por el momento. Luego se lamentó por su ineludible responsabilidad moral y la miré por el rabillo del ojo, con una sonrisa divertida.

    —Vaya, Lana, ¿en tan alta estima tienes a tus apuntes? —la molesté.

    Al soltarle la pregunta de rigor, me mantuve atento a su semblante como quien no quiere la cosa. Su respuesta, sin embargo, fue sencilla y mantuvo la sonrisa en mi rostro. Que estaba ilusionada, decía. ¿Hablaría en serio? Me sabía bien la de decirle a la gente algo que les llegara a gustar, algo que pudieran estar esperando de mí, con la esperanza de desviar su foco de atención y evadir cuestiones incómodas. No lo veía tan egoísta como mentir a secas, sino más bien como... una medida de defensa, tal vez. También sabía, claro, que no estaría analizando tanto su respuesta de no ser por la información que había conseguido bajo la mesa sin que ella tuviera conocimiento.

    En definitiva, como esperaba, no encontré ninguna señal de nada y lo dejé correr.

    —¿Cómo que pequeña? —le repliqué por la gracia, impostándome una ligera ofensa; fuera mentira, exageración o verdad, cedí adrede a lo que probablemente ella había esperado—. Se efectuaron grandes preparativos para esta ocasión, ¿o no? Debemos disfrutarla como corresponde.

    Alcanzamos la bifurcación y, echándole un vistazo a las edificaciones, giramos en la dirección del invernadero. La verdad, las tres instalaciones eran tan diferentes entre sí que tomaría muchísimo esfuerzo confundirse; y para terminar de hacerla, hasta había un cartelito. Avanzamos un par de segundos en silencio, y entonces Ilana hizo la pregunta del millón. La verdad, no me extrañaría que le hubiera dado vueltas en la cabeza desde la mañana. No había que ser un ángel ni un santo para atender a la crisis en la que me había pillado hundido. Le eché un vistazo breve a su perfil, pues no me estaba mirando, y esbocé una pequeña sonrisa al enderezar mi atención al frente. En otro momento, afrontar esta pregunta probablemente me habría llenado de vergüenza. Ahora... no se sentía tan terrible, suponía.

    —Estoy mejor —murmuré—. Ayer hablé con un amigo y me ayudó a tranquilizarme. Alcanzar puntos de sobrecarga no tiene que ser necesariamente malo, ¿cierto? O inútil, al menos. Si llegas a una cúspide, sólo te queda bajar; si pisas el pozo, sólo te queda subir. De una u otra forma, te obliga a cambiar la estrategia y, con el enfoque apropiado, puede ser algo bueno.

    Aún no me ocupaba de nada. No había decidido qué haría con Kou, ni qué le diría a Anna, ni cómo me acercaría a Kohaku. No había atado uno solo de los nudos que se soltaron y ¿honestamente? No me apetecía. Estaba cansado y quería tomarme vacaciones de los problemas. Además, había entendido que, al menos esta vez, mi intervención no era estrictamente necesaria o urgente. Kou podía esperar, y la información en torno a los demás sólo eran, si se quiere, crónicas históricas. La hiena la había palmado y a Kohaku ya lo habían cagado a palos.

    Agobiarme no cambiaría nada.

    —Tengo el mal hábito de preocuparme demasiado —admití, junto a una risa suave, y al relajar el tono solté el aire por la nariz—. Y si me preocuparé por algo, mejor que sea el futuro y no el pasado.

    Giré el rostro hacia ella conforme soltaba aquello último, y sostuve la mirada en su rostro hasta recibir sus ojos. Le sonreí. Críptico o lo que quisieras, pues me apeteció decirlo. A veces no se trataba de ser un libro abierto, sino de sembrar una pequeña incógnita en la mente de las personas. Además, que Dios me perdonara, me divertía un poco la idea. O me satisfacía, más bien.

    —¿Te divirtió, al menos? —agregué un poco de repente, ensanchando la sonrisa, al referirme a las tonterías que había hecho hoy para ella.
     
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    Zireael

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    Puede que no fuese necesario hacerle bombos y platillos a su actuación, pero como nos servía para hacer el tonto no vi por qué detenernos. Era una diversión bastante inocente dentro de todo, no estábamos haciéndole un mal a nadie.

    Me reí por lo de los maestros, pero acto seguido tuve que hacerme la ofendida por oír que de haberlo seguido me habría puesto a cocinar, ¡por chismosa, ni más ni menos! Qué terrible, ¿cómo se atrevía a decirme eso? La ofensa no me duró demasiado igual, porque lo de la telepatía me hizo reír de nuevo.

    —¿No era que para enviar mensajes mentales se ocupaba que las dos personas fueran telépatas? —pregunté porque genuinamente no lo recordaba—. Al final va ser que ambos tenemos un superpoder. ¡Y el mío no es ser chismosa!

    Una parte la dije de lo más seria, compenetrada con el asunto, pero la gracia me terminó ganando y al llegar a lo del chisme ya me estaba riendo. Puede que de hecho sí fuese un poco entrometida, no iba a negarlo, pero eso era problema mío y podía reírme de ello si quería.

    —De hecho sí. Están bastante ordenados, así que cuando los necesites te invito a comprobarlo por ti mismo —contesté a lo de los apuntes en algo que fue una broma y una oferta a partes iguales.

    Hasta dónde había usado mi propia emoción como un potencial deflect era cuestionable, no iría a decirle así de la nada que por la mañana me había llevado un susto y que me había durado casi mediodía. Además, poner la reunión sobre la mesa nos permitía enfocarnos en eso y la cuestión parecía más sencilla y natural, incluso si un porcentaje de lo que estábamos hablando eran tonterías, la realidad al final era que me sentía cómoda conversando con él. Lo que no esperé, eso sí, fue su réplica por el tamaño de la reunión y acabé soltando la risa que se me coló en las palabras.

    —Era mejor si tú establecías la importancia de la reunión —atajé ligeramente divertida—. Así conservo la, digamos, sutileza femenina de fingir compostura, pero reconozco los preparativos y los agradezco, no pienses lo contrario.

    Al llegar a la separación del camino descarté tomé el camino correspondiente de forma bastante automática, pues porque ya había visto el letrero unas cuantas veces, y unos segundos más tarde hice la pregunta. Me anticipé a cualquier posibilidad, total venía subida en una suerte de platillo volador de rechazos a aproximaciones como esta, pero él me contestó y me dio una respuesta algo más amplia de lo que habría esperado. En cierta forma me tranquilizó y pude respirar distinto.

    —Para nada —resolví sobre los puntos de sobrecarga—. Es la sobrecarga lo que indica que algo está mal, como una alarma, y si puedes interpretar su mensaje puedes aproximarte a lo que la activó de otra manera. Además, preocuparse también es natural, habla de la importancia de uno mismo o de los otros.

    Tomé una pequeña pausa, fue más que nada para ordenar palabras.

    —Lo que hacemos con esa preocupación es lo que importa al final, incluso si debemos tomarnos un momento para sólo alcanzar el fondo y quedarnos allí antes de pretender volver a subir. —Giré el rostro al terminar esa idea pues había percibido su mirada ya de por sí y le regresé la sonrisa—. Me alegra que pudieras hablar con alguien. También tengo el hábito de preocuparme de más y me quedé dando vueltas en el asunto, así que me tranquiliza un poco saberlo.

    Mantuve la vista en él luego de eso, así que cuando hizo la pregunta noté como su sonrisa se ensanchaba y lo mismo ocurrió con la mía. Antes de responderle regresé la mirada al frente para no ir a tropezarme o algo así.

    —¿Que un muchacho se apareciera en plenos casilleros con una margarita y me dijera algo que sólo yo entendería? —lo molesté sin mucho problema—. Fue graciosísimo. Le añadió un poco de misterio al asunto ya de paso, me gustó. Si a eso le sumamos que te saliste del salón para ir a cocinar... Yo diría que el performance en su totalidad fue un sólido diez.

    Solté mi mano para volver a traer los brazos al frente y miré las bebidas con el ceño ligeramente fruncido. Como todo, cada tontería tenía un poco de verdad en ella.

    —Aunque no está muy balanceado esto de que tú estuvieras cocinando y yo sólo me aparezca con lo de tomar. Debí pensarlo mejor cuando lo propuse.
     
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    Zireael

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    No le conferí demasiado pensamiento a la caricia, la verdad fuese dicha, y pronto me enfoqué en escuchar lo que me contestó sobre su padre y el proyecto. Fui asintiendo según me pareciera lógico, para que supiera que lo escuchaba. Oyéndolo quise regularlo, apenas me di cuenta lo intenté, pero el amargor ya me había alcanzado y no supe muy bien qué sentir. Este niño se llevaba bien con su padre y me pregunté... No pude evitar que me alcanzara la duda de qué se sentía eso. Recordé de golpe, como un latigazo, la vez que tuvieron que llamar a mi madre a la escuela porque yo me descargué con mi pobre maestra de arte y rompí la tarjeta, la que hacía cada año y tiraba al basurero apenas podía, e hice el único berrinche ruidoso que podía recordar o al menos el único que recordaba de mi niñez. Tenía diez años, diez putos años.

    Sólo me cansé, le había dicho a mi madre.

    ¿De qué?

    De esperar amor de alguien que no iba a dármelo.


    Ninguno de los pensamientos me alcanzó el cuerpo, me negué a darles ese poder, y mantuve el carácter afable que siempre tenía con este muchacho. La mención a la chica rubia también me quiso poner a pensar otras estupideces, pero arranqué un par de cables de cuajo y los dejé en el piso, cansando como estaba de mí mismo. Sí, puede que fuese lógico que las personas tuviesen mejor conexión con otros y había que dejarlo así, nada más. No era un pecado capital ni nada.

    —Me alegra que el proyecto te haya servido para eso, sentir que estabas conociendo de nuevo a tu padre. Imagino que Bleke hizo preguntas interesantes.

    Al decir lo segundo lo hice con sinceridad, no dudaba que la muchacha fuese inteligente y eso se traducía en buenas preguntas para un tipo de ciencia. ¿Yo? La verdad no me acordaba qué demonios le había preguntado a Haumann, estaba terriblemente incómodo en esa sala como para registrar algo en la memoria. Igual eso no era importante, así que ni siquiera lo traje sobre la mesa.

    Asentí cuando dijo que un dorayaki estaba bien y atendí de nuevo, esta vez a la narración de sus aventuras. Lo de siempre, Hubert tenía pasatiempos de empollón y tal, pero no me importaba escucharlo y de por sí yo no podía juzgarlo, con la de horas que gastaba jugando cuando no me estaba humeando los pulmones.

    —¿Era el de las piedras? El Go, quiero decir —atajé pues fue lo único que pude recordar, ni siquiera me sabía las reglas—. ¿Y compraste algo en Jinbōchō?

    Quizás pudieran llamarme loco, pero sentí... Volví a sentirme incómodo, pero esta vez fue por algo externo. La sensación me alcanzó entre las palabras de Hubert con algo de dificultad, como interrumpida, pero mientras pedía la comida la sensación me alcanzó con algo más de claridad aunque pretendí no reaccionar. Pedí el sándwich, el dorayaki y me giré con calma, retirándome de la fila, y allí miré el espacio aunque no fue que hiciera falta tampoco. Hubert en sí mismo delató el origen de la incomodidad, una chiquilla de pelo rosado y ojos ámbar, para variar, lo estaba mirando y creí percibir el instante de reconocimiento a pesar de que cuando me volteé la suerte de duelo de miradas terminó. Recibí la atención de Hubert, reflejé su sonrisa y asentí a su pregunta sin siquiera pensarlo. El patio nos quedaba cerca, así que lo más lógico era comer afuera.

    La chica había dejado de mirar en nuestra dirección, sí, ¿entonces por qué la sensación no desaparecía? Un nuevo mapeo me hizo dar con la mirada heterocroma de Katrina, afilada, estaba varios metros más allá, pero en el instante en que nuestras miradas chocaron sus ojos se deslizaron a Hubert y las emociones se me revolvieron, porque la conocía y porque aunque nunca dijera media palabra, un poco posesivo sí que era. Primero la chiquilla extraña, luego Katrina, ¿y este descaro? Iban a gastar a este mocoso de mirarlo nada más.

    Solté el aire por la nariz en un suspiro corto, quiso sonar a bufido, y sostuve el sándwich y el dorayaki en una mano. La otra la estiré hacia Hubert, alcancé su brazo y me enredé a él, procuré que el gesto no cargara ningún tinte ambiguo de los de antes, pero al empezar a caminar le eché un último vistazo a la cafetería, pasé por la muchacha de cabello rosado y luego volví a Katrina. La hija de puta se sonrió a pesar de que pretendí atravesarle el cráneo con los ojos y siguió comiendo, como si nada.

    Me llevé a Hubert al patio sin prisa, para no quedar como un loco, y apenas estuvimos afuera dejé ir su brazo con cuidado para no abrumarlo o incomodarlo. Mi primer impulso fue acercarme al cerezo, pero miré al chico y le sonreí.

    —Elige dónde quieres que nos sentemos. Siempre soy yo arrastrándote a todas partes.


    bueh, no soy partidaria del doble post pero hagamos una excepción porque fue de hace días y ya para arrastrarlos
     
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    Bruno TDF

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    A su comentario sobre la entrevista me limité a asentir con calma, puesto que no vi necesario sumar acotaciones. Bleke había afrontado la profesión de mi padre desde un ángulo distinto, sobre el que a mí no me había ocurrido detenerme hasta ese entonces; de modo que, tal como dijo Cayden, sus preguntas se tornaron en algo de gran interés, y través de ellas pude conocer ciertas perspectivas de Arend que, aunque siempre estuvieron ahí, me llegaron con la frescura de la novedad.

    En cuanto el resto de la conversación, confirmé con otro silencioso gesto que el Go implicaba el uso de piedras. Su pregunta fue parecida a la que formuló Jez cuando también le mencioné este juego, lo cual me obligó a reprimir una ligera sonrisa. Aunque no parecían tener un conocimiento del juego más allá del tipo de fichas utilizadas, que reconociera la existencia del Go con tanta rapidez hablaba de la difusión y presencia que el mismo tenía en esta parte del mundo. Estudiarlo, aprenderlo y mejorar en el enfrentamiento con otros jugadores en club de Toshima… Suponía que era parte del intercambio cultural que pretendí buscar al venir a Japón, aunque no niego que también se trataba de un gusto personal.

    —Un par de novelas de autores japoneses —respondí sobre mi aventura en Jinbōchō—. Las conseguí en una librería especializada en literatura moderna, es decir, del siglo XX.

    Fue en esta respuesta que hice el mapeo del lugar. Me hallaba preguntándome si Bleke o Jezebel conocían ese barrio, hasta que la mirada de la chica de las trenzas interrumpió mis pensamientos. Estuve desde ese instante condenado a padecer el peso de una intriga, al no comprender de dónde me estaba ubicando. Estaba casi convencido de que me reconocía, mientras que yo no sabía quién era ni el por qué de la brusquedad con la respondió a mi propia mirada.

    Por si no fuera suficiente, los ojos de otra chica se clavaron en mí.

    En la postura de Cay detecté la incomodidad de quien se sabe observado, de modo que no pude evitar seguir la dirección de su mirada cuando giró su cabeza, hasta terminar dando con esta segunda persona. De no ser por los mechones teñidos de rojo, la distancia me habría hecho confundirla rápidamente con Beatriz. El oscuro cabello corto enmarcando su rostro, los ojos heterocromos, la dimensión de su cuerpo; tal vez sus facciones la diferenciaban más de Luna, así como el tono de su mirada.

    Filosa.

    Recibí esta mirada de frente y sin previo aviso. Mis ojos negros encontraron los suyos, gris y azul. Me observaban de un modo diferente a la muchacha del cabello rosa… Sentí que con otro tipo de interés, ante el que no supe bien cómo reaccionar. Me mantuve en mi lugar, sereno pero sumamente intrigado, y no dejé de sostener su mirada hasta que Cayden me tomó del brazo para arrastrarme lejos de su vista. Por lo repentino del agarre, me vi forzado a mirar por dónde caminábamos para evitar tropiezos, de modo que no fui consciente del intercambio que hubo entre Dunn y esta muchacha.

    Salimos con calma, y sentir el aire del exterior me permitió ordenar mis ideas. El desconcierto embargaba mi fueron interno, pues no lograba comprender el significado de lo sucedido en la cafetería. Eran dos chicas a las que jamás hablé y que, además, vi por primera vez en todo este tiempo. ¿Qué implicancias tenían conmigo, como para quedarse mirándome de ese modo?

    Reprimí un suspiro, para acto seguido reír por lo bajo al escuchar a Cay. No sentía que me arrastrara a todas partes ni mucho menos, mas no vi por qué no tomar la oportunidad que me daba. Observé el patio un momento, advirtiendo que había más gente de lo normal ocupando mesas, lugares en el césped e incluso junto al cerezo. Una decisión debía ser tomada con rapidez, ya que el tiempo asimismo apremiaba.

    —Quizá haya algún espacio libre cerca de la valla —sugerí, sin estar muy seguro por lo rústica que sonaba la idea; aún así, me permití girarme hacia él para sonreírle— Además, me gustaría saber en qué tipo de "campañas" se halló implicado mi caballero, las aventuras que seguro tuvo.
     
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    Zireael

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    El niño afirmó a mi pregunta de las piedras y de momento dejé el asunto del Go allí porque no sabía mucho más, por ello también pregunté por los libros. No era el mejor lector de mundo ni nada, pero al menos podía decir que abría un libro de tanto en tanto y capaz podía hacer una charla un poco más decente que con juegos de mesa de estrategia. Lo escuché con atención y asentí, aunque no leía autores japoneses más que cuando me los encasquetaban en la escuela o algo así.

    Podría haber preguntado más, pero entre el pedido y la sensación de saberme observado o más bien de notar que miraban a Hubert, la neurona me quedó un poco espesa. Mi incomodidad delató la presencia de Katrina, se notaron entre sí y el desagrado me punzó el pecho, por lo que me centré en no dejarlo atravesarme el cuerpo. Desde el principio Hubert había entrado en la categoría de personas con las que procuraba mantenerme tranquilo, amable y compuesto; tomaba el miedo y lo negaba.

    Seguía sin saber si estaba bien o mal.

    La constante anulación de mí mismo.

    Saqué a Hubert de la cafetería, pero supuse que la mierda de Akaisa no se acabaría allí y la cabrona haría alguna estupidez, como hacía con Ilana, pero elegí no pensar más en eso ahora mismo. Solté al chico y continué andando a su ritmo, mantuve mi atención en él, tratando de encontrar alguna seña de confusión o incomodidad ya no por mi contacto de antes, sino por las miradas de las chicas. El pobre niño no debía estar entendiendo un carajo, porque yo tampoco entendía la mirada de la primera para empezar.

    No pude definir nada concreto, él se rio cuando le dije que eligiera y supuse que lo de arrastrarlo le habría hecho algo de gracia, por el motivo que fuese. Lo dejé observar el espacio, esperé su decisión y seguí sus pasos cuando dijo que tal vez hubiera espacio cerca de la valla; era una elección un poco curiosa, pero no iría a juzgarla en realidad.

    Que preguntara por mis... campañas me obligó a hacer un recorrido por todo lo de los últimos días. Mis charlas con Liam, los papeles que firmé para que cuando pateara el balde me dejara todo, las discusiones con él y Mad Wolf, el chasque con Arata y los motivos, la entrevista, el miércoles del caos y el viernes que acabó siendo uno de los peores parkour emocionales que recordaba. Estaba el almuerzo con Ko, la conversación y su moratón, la comida que el propio Hubert me preparó y luego la aparición del sargento, estaba mi pánico en medio del humo y el sonido de mi propio llanto.

    Las luces apagadas en casa y la manera en que me había zafado de Yuzu.

    Recordé eventos de a pedazos, le había arrojado la llave del apartamento, habían tocado al puerta, Rockefeller apareció, luego se largó y yo insistí en soltarme del agarre de la mayor de las Minami hasta que pude correr. Ni siquiera podía culparla, me había cuidado más de una vez en la vida, procuraba ayudarme a ver que no todo era un caos ni todo era tan malo o intenso como lo sentía, pero yo... Tenía visión de túnel. El caso era que no sabía qué había en todo eso que fuese lo bastante family friendly para contárselo a Hubert, no tenía ni puta idea.

    —No muchas, si te soy sincero —respondí junto a una sonrisa mientras seguíamos caminando hacia la zona más apartada de los terrenos de la escuela—. Estuve yendo casa de una amiga y también a la de un amigo, luego me regresaba a la mía y así. He pasado mucho tiempo con mis gatos, supongo, y una tarde fui a una tiendita que vendía un montón de baratijas; que stickers, llaveros y demás de varias temáticas. Igual imagino que tiene sentido que el caballero no tenga demasiadas aventuras cuando no está escoltando al príncipe.

    Lo último lo dije en tono de broma y supuse que tal vez no hiciera falta que nos fuésemos tan lejos, pues para alcanzar de verdad la valla tendríamos que caminar más allá. Igual, esperé a que él nos guiara donde ya no hubiese tantas personas, dejé que tomara asiento primero y una vez estuvo acomodado le alcancé su dorayaki para sentarme a su lado. Pensé en qué preguntar, pero mientras iba desenvolviendo el sándwich empecé a cantar más para regularme que para otra cosa, era la canción de un videojuego narrativo que me había gustado mucho en su momento. De todas formas, estar con Hubert me calmaba y lo sabía.

    Quizás ese fuera el problema, como siempre.

    I wish I knew how screamingly loud can silence be roaring —comencé aprovechando que algo lejos del gentío podía cantar algo más alto sin pasar vergüenza—. If only I knew how frightening is staying alone. A deeper search for state or reaction not everyone knows.

    El aleteó que escuché de algún lugar cercano lo delató y me sonreí al darme cuenta que había picado como seguro picaba con Sóloviov, aunque seguí atendiendo a la tarea de desenvolver la comida. A la vez seguí cantando, como si nada.

    There's never good time. They'll always be lost. —Me salté un buen fragmento de la canción y pasé casi al final—. The hearth of parents' house is what I've been yearning for.

    El chispazo albino descendió como había ocurrido el día que apareció Melinda, pero esta vez no me asusté ni nada, en algún momento sentí las garritas de Copito entre el cabello y alcé la vista a Hubert. Sabía que el cuadro era curioso y el chico debía tener dudas al respecto, pero todo lo que hice fue sonreírle y luego puse ojos de cachorro mojado. A ver, habíamos llegado muy tarde y el tiempo para comer iba a ser poquísimo, así que había que tomar medidas y yo era un aprovechado, ¿a qué sí? Sabía que Hubert era mejor estudiante que yo, era una certeza, así que jamás iría a saltarse una hora completa ni nada.

    —¿Te quedarías unos minutos más con nosotros? —tanteé, suavizando la voz a posta pues porque medio manipulador emocional sí que era—. No es para escaquearnos las clases, sólo quiero que puedas terminarte el almuerzo y seguro Copito opina lo mismo.


    que tochaco dios xddd

    bueno, por aquello cuenta como cierre y te agradezco por la interacción uvu los quiero muchito <3
     
    Última edición: 2 Abril 2025 a las 9:12 PM
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    Amane

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    Dejé salir el aire en una respiración pausada, estirando los brazos hacia arriba una vez paré mi caminata en una zona bien apartada del patio. La verdad sea dicha, los reveses que me había comido el viernes me habían afectado bastante y casi, casi, pensé que me iban a arruinar el fin de semana tan bonito que había preparado con Thi. ¡Pero nada de eso, señores! ¿Iba a dejar que unos chicos tontos me estropeasen unas mini-vacaciones de relax con mi mejor amiga? ¡Ni de coña!

    Así pues, había empezado aquella semana como una Riamu completamente renovada. ¡Era otra, de verdad! Me había relajado un montón con las aguas termales y masajes, así que me sentía super tranquila y en paz con todo. ¡Ri-chan en modo zen! Por eso había decidido pasar el receso en aquel lugar tan alejado del patio, claro; ¡para disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor! Estaba tan compenetrada que hasta me había quitado los zapatos, en pleno modo hippie. Claro que luego sentí la hierba rozándome los tobillos y me los volví a colocar a la velocidad de la luz, sin poder reprimir el escalofrío que me alcanzó la espalda.

    Bueno... tanto, tanto, no me había cambiado el fin de semana de retiro.

    post de relleno solo para canonizar la salida de las niñas a las aguas termales uwu
     
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    Bruno TDF

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    Si en la línea de tiempo estaba escrita la hora en que dejaría de ser ajeno a las realidades que se estremecían con mis preguntas, tan sencillas y cotidianas… Era seguro que ninguno de nosotros querría conocerla con exactitud.

    Una maldición, por un lado.

    Por el otro, el caos que incendiaba todo a su paso.

    En el centro, sombras que eran más densas que la propia oscuridad.

    Escurriéndose entre las piedras blancas y negras.

    Vivía ajeno a circunstancias de robusta complejidad. Tal vez podría llegar a comprender que algunos prefirieran ocultarlas para preservarse o con la finalidad proteger al prójimo. Existían diversos modos de reaccionar ante la diversidad, tal vez eso nos hacía humanos. En cualquier caso, quién sabe si yo estaría preparado para cuando llegara el momento saber la verdad…

    Si es que esa hora existía, asignada en algún punto del futuro.

    Las andanzas de Cay implicaban un movimiento constante de su parte, algo a lo que encontraba sentido según lo que conocía de su persona. Al menos conmigo, él era más desenvuelto y algo inquieto, en la mejor acepción de esta palabra. Mencionó idas y venidas en residencias de un par de amistades, además de su propia casa en donde estuvo pasando el tiempo con Cinis y Nyx. Hubo compras, además. Yo lo oía con la debida atención, la sonrisa estirándome apenas los labios mientras avanzábamos hasta una zona apartada del patio. Debido a mi naturaleza curiosa, algunas preguntas tentaron las fronteras de mis labios, como el querer saber cómo se llamaban esos amigos o qué baratijas había adquirido.

    Pero ocurrente como siempre era, Cayden terminó su relato con una broma que me hizo contener otra risa, al final de la cual emití un suspiro liviano.

    —Pocas o muchas, quiero creer que fueron buenas andanzas para ti —respondí, mirándole—. Suena a que te has movido más que yo, al menos.

    El apunte lo hice, no porque me importara esa cuestión en sí misma, sino para que no echara a menos sus experiencias diciendo que no fueron demasiadas aventuras. Era un disfrute descubrir las pequeñas experiencias del día a día de los demás, bajo el pensamiento de que a través de las mismas también podías conocer mejor a la otra persona.

    Debido al poco tiempo del que disponíamos para almorzar, elegí detenernos a unos cuántos metros de la valla para, simplemente, ocupar lugar en una zona de mullido césped sobre que se derramaban sombras otorgadas por un árbol. Mientras destapaba mi bento para dejar al descubierto unos onigiris, Cay hacía lo propio con su almuerzo…

    Y fue allí cuando su canto llegó a mis oídos como una caricia.

    Aparté la atención de mis manos para posar los ojos en su perfil. Contemplé sus facciones, tan delicadas que le conferían, con todo respeto, una apariencia muy juvenil para alguien de tercer año. Me dediqué a simplemente escucharle, sin moverme. Recordé a Verónica contándome que lo había conocido así: con su voz dibujando melodías en el aire. Cada sílaba se oyó de lo más amena, a un punto que pensé, sin temor a equivocarme, que a Cayden se le daba bien cantar. Podía entender por qué la albina se había quedado tan encantada al escucharlo esa primera vez… Y por qué, en ese preciso momento, nos llegó el susurro de unas alas.

    No quise intrigarme por la letra elegida, ni mucho menos cómo se relacionaba con mi experiencia.

    Me centré en disfrutar el momento.

    Copito descendió desde algún lugar. Había barajado la posibilidad de que el gorrión nos seguiría una vez estuviésemos en el exterior, aunque no se podía decir lo mismo del hecho de que fuera a posarse directamente sobre la cabeza de Cay. Los miré con una sonrisa donde se entrecruzaban la diversión con la incredulidad. El cuadro debía ser de lo más atípicos para todos aquellos que no supiera la existencia del gorrión.

    Fue en eso que recibí, de parte de mi senpai, una mirada que sin dudas pretendió hacerme sentir ternura, por la manera en que logró hacer brillar el ámbar de sus iris, además de suavizar las facciones. Copito también me observó desde los rizos, rojos como lo eran sus pequeños orbes. La sonrisa me tembló al verlos enfrentarme de éste modo, y no fue hasta que Cay me tanteó con su pregunta cuando, finalmente, terminé cediendo.

    Me reí.

    Fue una risa corta, tan serena como la mayoría de mis gestos. Pero en nada se comparaba a las demás, que solían ser contenidas o eran liberadas por lo bajo, contra mi cuello. Al recuperar el aliento, negué ligeramente con la cabeza, un poco sorprendido por la suerte de chantaje que Cayden se permitió aventurar. Me hacía gracia que utilizara semejante recursos para condicionar mi decisión, no me lo habría esperado de su parte. Aún así lo miré, sin dejar de sonreír.

    Me incliné apenas en su dirección, alcé la mano y acaricié a Copito, que se había puesto cómodo entre su cabello.

    —No puedo decirles que no, si me miran así —acepté con diversión; tuve mis dudas al principio, pero opté por permitirme un momento de flexibilidad y permanecer aquí unos minutos extras, no creía que al profesor le molestara si sucedía en una única ocasión—. Será sólo por esta vez, ¿de acuerdo?

    Al retirar la mano, rocé sus rizos. Si fue intencional o no, quedaría en él decidirlo.

    Un buen tocho de cierre merece otro que esté a la altura (?)

    Mil gracias por caerle a Hu, amo los suavecitos que se ponen estos muchachos cuando se juntan <3
     
    • Adorable Adorable x 1
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