Spin-off Cabaña del bosque [Pokémon Rol]

Tema en 'El cuento de la doncella y la flor de cristal' iniciado por Andysaster, 18 Noviembre 2020.

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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Era evidente que aquel regaño de parvulario no iba a llevarnos a ningún sitio. Fijé la vista en mis uñas porque así, quizá, podía disimular lo increíblemente violento que era todo eso. La tensión latente en el ambiente. No tendría que mirarla a la cara—cosa que por otro lado no tenía el valor de hacer—, y no tendría que ver tampoco a Nikolah, apostillado contra la única salida disponible como uno de los guardaespaldas de mi padre.

    Sus esfuerzos podían ser encomiables y toda la cosa pero no iban a funcionar. En el mundo de color de el gigante amable todo era colorido y feliz y los problemas se resolvían con una disculpa sincera y un abrazo. Pero el mundo no era color de rosa. De hecho, en aquellos momentos, parecía degradarse en distintos tonos de gris.

    Gris ceniza.

    Al menos si alcancé a escuchar a White cuando se incorporó. Estaba notablemente molesta, hastiada y ni siquiera hacía nada por disimularlo. No tenía intenciones de culparla. Solo me quedé allí, mirando mis uñas, hasta que la dureza de sus palabras me resultaron demasiado toscas para mantener la máscara. Volví a fruncir los labios y dejé la palma de la mano sobre la cama.

    Y entonces ocurrió la gran revelación. Había una ventisca en las lindes del bosque, alrededor del resort y marcharse resultaba inviable. Isamu no podría volar en mitad de una ventisca, ya era débil de por sí al hielo. Eso significaba... ¿qué estaba atrapada allí?

    —¿Huh?—solté y gruñí para mí misma, dolorida, sintiendo una punzada en la sien. No más gritos por hoy, por el amor de Arceus. Me llevé dos dedos al puente de la nariz—. Tsk, ¿era muy difícil que Alpha viniese a este estúpido viaje? La Ráfaga Delta de Shen eliminaría de vista esa ventisca en un abrir y cerrar de ojos.

    Otra razón más para echar a Alpha en falta.

    Cerré los ojos integrando las ideas en mi cabeza y con un suspiro pesado terminé por incorporarme de la cama. Le dirigí al Liza una mirada de soslayo al pasar por su lado pero enseguida la desvié. Sea lo que sea que había en el bosque me odiaba pero bien. Y ya que no podía luchar contra eso, iba a permanecer lejos. Aunque antes pasaría por la cocina a por algo de comer.

    Tuve que alzar la mirada para ver a Nikolah directamente a los ojos. No tuvo caso... ni siquiera a él podía sostenérsela por demasiado tiempo. El karma era una perra ¿no? Nerviosa jugueteé con uno de mis mechones dorados enredándolo en mi índice como solía hacer cada vez que sentía que las cosas se me escapaban de las manos y debía forzarme a mantener la fachada, y desvié la mirada a cualquier lugar.

    Mi voz no tuvo nada de débil o titubeante, sin embargo.

    >>Quita.
     
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    Amane

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    Emily Hodges

    Ian acabó cayendo rendido no mucho después de preguntar sobre lo de Liza y, la verdad, hasta tierno se me hizo y todo. Me levanté de la cama para taparlo y, después de cambiarme, yo también caí sobre la cama terriblemente agotada. No había bebido casi nada, pero las emociones de todo el día acabaron haciendo mella en mí casi tanto como en los demás.

    Eran pocas las veces que conseguía conciliar el sueño de manera tan profunda, teniendo en cuenta mi tendencia a despertarme en mitad de la noche por las pesadillas, y el hecho de que aquella noche fuese una de las afortunada me hizo querer aprovecharlo al máximo.

    Poco sabía yo la mala idea que eso era teniendo de compañero a Ian.

    Me desperté cuando el chico ya se había ido de la habitación, culpa de todo el tumulto que se estaba haciendo en la cabaña, y bajé de la cama con movimientos lentos, perezosos, bostezando. Arrastré los pies hasta el baño, aun hundida en mi burbuja de somnolencia, y me miré al espejo antes de querer irme.

    ...

    —¡Ian Lockhart!

    Había bajado al piso inferior con una rapidez nunca antes vista, pasando de largo de todo hasta que fui capaz de distinguir la cabellera castaña del chico en la cocina. En mi carrera había hecho una única parada para hacerme con un cojín de la habitación y lo utilicé para lanzárselo al chico a la cabeza, con toda la fuerza que me fue posible, noqueándolo lo suficiente para poder aprovechar y subirme a su espalda.

    >>¡Si no consigo quitarme estos dibujos de la cara, Niko no va a ser el único que haya enterrado un cuerpo! ¿Me escuchas? ¡Dime cómo se quita!

    Ah, dulce Navidad.

    Heyo, Emian being el comic relief del día, qué pasa

    *los dados le dan 50 a emi*
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Fruncí el ceño mientras veía como Mimi se observaba las uñas como si fueran lo más interesante del mundo. Parecía que mis palabras habían afectado a ambas en cierta manera, pero el efecto había pasado bastante rápido. Relajé el gesto, mientras suspiraba. ¿Tan difícil era decir "lo siento"? ¿Tan importante era el orgullo de cada una que se interponía a pasar un lindo día? Al parecer, todavía tenía mucho que aprender de mi familia. Me estaba dando cuenta que los conocía bastante poco.

    Liza se levantó y se dirigió hacia mí, logrando confirmar mis sospechas. Bueno, todo esto había sido absolutamente para nada. Se notaba que ninguna de las dos iba a ceder. Me rasqué la nuca, bufando. Era cansador, la verdad. Ni una jodida Navidad podíamos pasar sin que hubiera algún problema. Debería haber una ley universal que impidiera que la gente esté amargada en estas fechas. Como que si lo estás, mágicamente uno se pone feliz. Al menos, por esos días. Chisté con la lengua, y las miré a las dos, largo y tendido. Mimi también se había acercado, pidiendo, o más bien exigiendo, que me moviera.

    Bufé de nuevo, y me hice a un costado, para que pudieran salir.

    — Como quieran. Perdón por arruinar su mañana —antes de irme, sin embargo, las abracé a ambas, bien fuerte.— Feliz Navidad. Las quiero mucho, ¿sí?

    La verdad que esta Navidad no podía haber iniciado peor. Parecía que me había quedado despierto hasta tarde para absolutamente nada, y encima, el sueño no había mejorado el ánimo de nadie. Al menos, no el de los que estaban con mal ánimo desde un principio. Vaya festividad.

    Me di media vuelta y salí de la habitación, dirigiéndome hacia la mía. Las palabras de Liza habían hecho que la nuca se me erizara levemente. Si había una ventisca en el bosque, puede que la doncella se encontrar en peligro. Tan solo esperaba que la ventisca la hubiera invocado ella, tal vez para proteger su santuario. Miré por la ventana de la habitación, con Dante todavía dormido. Todavía tenía una promesa que cumplir.
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    El abrazo de Nikolah me tomó por sorpresa pero no me quejé. Había algo realmente cálido en esos abrazos genuinos y desinteresados que lograban crear un boquete en mis propios muros. Algo que por unos momentos alejaban en frío que sentía dentro. Buscaba ese calor por pura necesidad, pero me negaba a aceptarlo como si no lo mereciera. No lo merecía. Así que solo me quedé allí, muda, con las mejillas enrojecidas e incapaz de responder de ninguna forma.

    Feliz Navidad, Nikolah. Siento haberte fastidiado las vacaciones.

    Una vez se marchó yo hice lo propio y bajé las escaleras hasta la cocina. El ambiente parecía haberse animado bastante. Lucas seguía allí, lo mismo con los chicos de Gérie e... Ian y Emily. Pretendía caminar hasta el mesón y tomar algunos dulces y otra de las tazas de chocolate caliente. El frío se me había instalado en el cuerpo, en los huesos y necesitaba algo que me devolviera parte del calor perdido. Además el frío y yo no teníamos precisamente una buena relación.

    Un chocolate caliente no parecía una mala idea. Sin embargo, antes de siquiera dar un par de pasos dentro de la cocina mi cuerpo se detuvo de súbito.

    —Ptff...—traté de contenerla a duras penas pero no tuvo caso. A pesar de la evidente tensión que tenía encima como una losa, ver el rostro de Emily pintado con rotulador negro por un instante derribó la muralla. Tal vez solo buscaba relajar la tensión o romper el hielo, pero lo cierto es que me reí de verdad, con carcajadas genuinas—. No, ¿qué ha pasado aquí? Sabía que era una idea pésima dormir con el idiota de Lockhart, pero no sabía que tanto.

    Me reí durante un buen par de segundos, como si no tuviera un problema enorme encima en ese instante, como si no estuviera atrapada allí en contra de mi voluntad, como si no la hubiera cagado tanto la noche anterior. Como si... tuviera el derecho a hacerlo. Tomé una taza de chocolate y apoyándome sobre el mesón soplé sobre la misma. La sonrisilla aún permanecía en mis labios.

    >>Espera no... sí lo sabía.
     
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    Lelouch

    Lelouch Rey del colmillo

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    Ian Lockhart

    Instantes después de decirle aquello a Lucas, el ataque no llegó por el frente como me lo esperaba, sino por detrás. Un cojín dio de lleno en mi nuca, desorientándome por completo al ser algo que no me esperaba. Para cuando me di cuenta, tenía a Emily encima mío.

    ¡Argh, qué...! —la chica comenzó a gritar sobre los dibujos en su cara y que iba a matarme si no se los quitaba, y no pude evitar reírme al recordar de nuevo aquellos garabatos. Le acerqué el peluche de Togekiss a su garabateada cara.

    No sé de qué de hablas niña, nosotros no hicimos nada de eso. Pero esa estrella se te ve muy bien, combina con tus cejas sin duda. Uy, parece que es marcador permanente; creeo que esos se quitan con cosas con base de alcohol, pero no me hagas mucho caso que solo soy un peluche hehe. Seguro que la malhumorada de allá se trajo algún producto de belleza así —giré al togekiss para que señalase a Mimi— o puedes darte un baño de Vodka si lo prefieres, si es que los borrachines de anoche no se lo terminaron todo, claro.

    Con la chica aún sujetándome con fuerza y sin mucha apariencia de querer dejarme ir, me acerqué a los sofás de la sala y me dejé caer de espaldas sobre uno, aplastando a la chica.

    —¿Segura que quieres quitártelo? —le dije juguetón mientras giraba el cuello para poder ver los rayones de su rostro—. Yo creo que te quedan bastante bien, deberías dejártelo el resto del día. Va muy a juego con tu espíritu navideño, si ya tienes la estrella y todo~
     
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    Amane

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    Emily Hodges

    Las palabras de Mimi me llegaron algo amortiguadas entre todo el forcejeo con Ian, y aun así me giré para mirarla e hice el intento de responderle algo. Pero ni modo, cuando vi el peluche de Togekiss apareciendo en mi campo visual, mi atención volvió a dirigirse por completo al castaño.

    Paré de moverme y abrí la boca con una clara muestra de indignación por todo mi rostro.

    —¿¡Me has robado mi regalo!? —exclamé, molesta.

    No es que tuviese pruebas muy concluyentes de que ese fuese, efectivamente, mi regalo, aparte de que Togekiss era uno de los pokémon de mi equipo, pero siendo Ian de quién hablábamos, parecía la opción más lógica y plausible.

    Me tuve que agarrar con más fuerza cuando comenzó a andar y vi con una mueca de horror como mi destino era ser aplastada contra el sofá. No me dio tiempo apartarme y acabé pataleando y dándole golpes contra la espalda, intentando escapar.

    >>¡Dame mi peluche! ¡Y libérame! ¡Ian~!

    me estoy meando de risa sos
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Bueno... eso era una familia ¿no? Cuanto más echaba un vistazo a mi alrededor más me daba cuenta de la razón en las palabras de Nikolah. Ian haciendo el imbécil como siempre no era una novedad pero por algún motivo se me antojó diferente. Algo... cálido. Ni siquiera el hecho de que me llamase malhumorada con esa ridícula voz de peluche lo estropeó. Sí, estaba tensa. Y sí, seguía molesta por no poder marcharme, pero... quizás no era tan malo después de todo.

    Tomé mi pokedex-holomisor y estuve un rato ojeando páginas de internet, disfrutando tranquilamente de la taza de chocolate.

    —Hmm... según Dex el desinfectante de manos sirve para quitar la tinta del rotulador permanente—dije en voz alta para nadie en particular y le di otro sorbo a la taza. Ah... estaba delicioso. Tener algo en el estómago al menos me hacía sentir mejor. Era cálido y eso ayudaba cuando me sentía tan fría por dentro.

    Me aparté del mesón y caminé hasta la maleta que había quedado abandonada en el hall. Abrí uno de los bolsillos para sacar un necesser y extraje de su interior un frasquito pequeño con un líquido en su interior.

    Desinfectante de manos ¿no?

    Cuando regresé nuevamente tuve que aguantar la risa conteniéndola a duras penas y dejé el frasco sobre la mesita. Arceus, eran como un par de niños pequeños. Pero habían logrado alejar la tensión, al menos momentáneamente.

    —Ahí tienes Em—dije—. Frótalo en tu rostro con algodón y en unos minutos se habrá ido.
     
    Última edición: 24 Marzo 2021
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    Rider

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    Aleck Graham

    Acabé echado sobre la mesa de la cocina, la verdad que era un sitio cómodo, coloqué mis brazos a manera de almohada sobre mi cabeza, si no tenía más contratiempos tal vez podría dormir un poco más. Me estaba dejando llevar por los placeres oníricos, cuando de repente escuche un fuerte estruendo proveniente de la cochera, cómo si la hubieran derribado de un golpe. Sólo solté un gemido de desagrado ante tal alboroto, el cual se ahogó en mis labios mientras sacaba una de mis manos y la usaba para cubrir mi rostro.

    Parecía que si podría dormir un poco después de eso. Pero no, por supuesto que no. Un fuerte grito se escucho en todos los rincones de la cabaña, parecía ser la voz de Emily, quien llamaba a Ian en un tono evidentemente molesto.

    — ¡Ahg! ¡Pero me lleva la...! — Me interrumpí, antes de soltar una imprecación, pero no me detuve para seguir mi queja. — ¿¡Qué nadie duerme en esta casa!? ¡Por Arceus! — Parecía ser que la resaca ya comenzaba a afectar ¿Eh? Usualmente yo era más amable, pero el dormir poco y el incesante dolor de cabeza propiciaban ese tipo de conductas.

    Tras un par de segundos parecía que el silencio había vuelto a la cabaña, bueno, aun habían personas hablando en la sala pero era un ruido mucho más tolerable. Con la tranquilidad restaurada, poco a poco fui cayendo más y más en un profundo sueño, no era prudente dormir en esa posición, mi espalda me iba a matar al despertar, pero valía la pena.

    Estaba listo para desconectar de la realidad, incluso podría jurar que ya estaba soñando de nuevo, hasta que escuche que alguien, o mejor dicho, algo, abrió la puerta de la cocina de un golpe, lo próximo que supe es que ese algo que había entrado me estaba lamiendo la cara con ahínco.

    — E-eeeh...Vamos chicas...manos fuera de la mercancía...En la cara no....de eso vivo. — Solté entre bostezos , mientras arrastraba las palabras y trataba de abrir los ojos, era evidente que aun estaba medio dormido, mi visión no mejoraba, pero estaba seguro de que estaba viendo una enorme mancha naranja frente a mí cara, ¿Acaso era Ashes? ¿Mi Arcanine? —Ashes...¿Cómo te saliste de tu....? — Me interrumpí, mientras abría los ojos de golpe y me daba cuenta de lo que en realidad era evidente.

    — ¡Espera un segundo! ¡Yo no tengo un Arcanine! — Me enderecé de golpe sobre mi asiento, abrir los ojos dolía fatal, pero al menos comenzaba a ver un poco mejor. — Quien lo diría, los rumores sobre que el alcohol puede dejar ciego eran verdad, le debo una disculpa a mis profesores.

    Tallé una vez más mis ojos con la manga de mi chaqueta, logrando quitar un par de lagañas en el proceso, sólo para ver detrás la silueta de alguien, no cabía duda, era Cay, su camisa lo delataba. Un momento, ¿Por qué el pelirrojo tiene una camisa con su nombre?. Entonces si él era Cay, entonces este era Cinis? El movimiento de su colita y ese rostro tan alegre de verme, no había duda.

    Solté un par de risas antes de por fin incorporarme, acariciando la melena de aquel perro de fuego. — ¡Que alegría volver a verte Cinis! ¿Quién es un chico revoltoso? ¿Quién es un chico revoltoso~? ¡Sí, tú~! — Continúe jugando con el canino, antes de recibir un impacto directo a la cara por algo que el pelirrojo me había arrojado. Parecía ser una camisa y unas cuantas pastillas.

    — ¿Eh?— Solté, curioso ante lo que había lanzado el pelo de fuego, era... ¿Un regalo? No estaba seguro de si era de parte del propio Cay, ya que el estampado de dicha camisa ponía "Si me encuentran, devolver a Cayden" Sabía que en el fondo (Muy, pero muy en el fondo) el chico tenía sentido del humor, pero esto parecía algo que no se le ocurriría a alguien cómo él, y el hecho de que tuviese una, me hacía creer que esto era un regalo para los dos por parte de alguien más...

    ¿S-Santa?

    Por alguna extraña razón, mi corazón se saltó un latido, producto de la escena que estaba presenciando, era un gesto extraño y un poco bobo, pero...Era el primer regalo que recibía en años. Me quedé varios segundos tan sólo contemplando la prenda en mis manos, ni siquiera le prestaba mucha atención a las pastillas que también me habían arrojado. Solté una sonrisa sincera, en la que casi sentía que se me iban a escapar unas lagrimas, parecía que el bobo era más bien yo.

    — No puedo creerlo ¡Santa sabe mi talla! — Exclamé alegre, mientras me quitaba la chaqueta de encima para ponerme mi nueva camisa. Estaba perfectamente consiente de que no era un regalo del viejo gordo, pero, me hacia sentir cómo si lo fuera. — ¡Me queda perfecta!

    Seguidamente de haberme puesto la camisa, tomé el par de pastillas que Cay también me había arrojado, no había agua cerca, así que simplemente me coloqué ambas en la boca y me las tragué sin más, incluso me di un par de golpes en el pecho para asegurarme de que bajaran.

    — ¡Ufff, que alivio! Eso se encargará del dolor de cabeza.— Me puse de pie, mientras me dirigía hacia el pelirrojo. — Pero aun tengo que encargarme de las nauseas y de esta deshidratación.

    Mientras pensaba en que clase de remedio podría usar para evitar que la cruda me destrozara por dentro, alguien más entró a la cocina, se trataba del mismísimo Givan, quien nos saludaba deseando una feliz navidad.

    — ¿Eh? ¿Gen, donde te habías metido, buen hombre? — Corrí rápido para darle un fuerte abrazo, no lo había visto por buena parte de la noche, así que me daba gusto ver que se encontraba bien, aunque parecía que también tenía un poco de resaca. —¡Feliz navidad, hermano~! ¿Qué tal pasaste la noche?

    El chico contestó con una frase un poco ambigua, sobre cómo a veces no había que molestarse en reparar cosas y el gran sentido del humor que tiene la vida.

    — Vaya, suena a que fue una noche llena de tropelías ¿Eh? Bueno, lo importante es que todo está bien...Excepto por esta cruda, Arceus. —Sujeté mi cabeza por unos instantes, las pastillas tardarían un poco en hacer efecto, así que aun tendría que soportar este dolor por un rato más, hasta que por fin recordé los remedios que mi abuelo usaba para tratar sus resacas, podría estar viejo, pero si que también se aventaba sus noches locas de vez en cuando el anciano.

    — ¡Ya lo tengo! — Coloqué mis manos al rededor de mi boca, en un intento de que mis palabras pudieran alcanzar a todos los presentes en la cocina y en la sala, seguro que no les gustaría el ruido pero no había otra opción. — De acuerdo, damas y caballeros; aquellos que se sientan: crudos, asqueados, socavados, irritados y acomplejados, por favor levanten su mano. — Vociferé, en un tono monótono y sarcástico, cómo si fuera una especie de vocero de supermercado avisando de las ofertas. Necesitaba saber cuantos tenían resaca para saber cuantos remedios serían necesarios. Estaba seguro que sería más de uno.

    Nada cómo casi morir para sentirse vivo ¿No? Aunque la resaca era más bien parecido a estar muerto en vida, la verdad, es que era una buena mañana de navidad.

    Perdón si me salté la interacción de alguien o algo, es que parece que no andamos bombardeando a tochopost D:(?
    Also, esto representa el current mood de Aleck uwu (?:
     
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    Andysaster

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    El abrazo de Nikolah, a pesar de recibirlo con gusto, avivó el pinchazo de culpabilidad que sentí bien dentro. Estaba claramente disgustado, desilusionado quizás. Estaba tan acostumbrada a verle siempre feliz en apariencia, siendo algo así como la fuente de energía inagotable del grupo, que saber que la razón por la que no sonreía era en parte por mi culpa me dejó cierta pesadez encima.

    Los vi marcharse en silencio y redirigí mis pasos hacia el salón.

    Las cosas parecían bastante animadas allí abajo. Dejé la taza en el lavadero, saludé al trío de Gérie con cierto alivio de comprobar que Gen no se me había perdido durante la noche, y observé el intercambio entre Ian y Emily con una ligera sonrisa en los labios. Vaya dos. Mi atención se volcó en el sillón en el que estaban por caer cuando noté una cajita no muy lejos de donde desperté. Intrigada, me hice a un lado con rapidez y la alcancé antes de que ninguno de esos dos la aplastase por error.

    Tenía escrito mi nombre. ¿Era para mí?

    Decidí subir a mi habitación, con la misteriosa cajita entre mis manos. Quería aprovechar la reciente soledad para cambiarme y descubrir de qué se trataba. Me senté sobre la cama, contemplando la caja de madera en mi regazo mientras anudaba mi cabello en una coleta alta. ¿Seria acaso mi amigo invisible? Recordé las extrañas palabras de Niko en la cocina, acerca de unos misteriosos regalos, el hecho de que parecía haber trasnochado preparando el desayuno, y el corazón se me aceleró ligeramente en el pecho ante la propia expectativa. ¿Habría sido él? Contuve una suerte de risa.

    Arceus, ¿cuáles eran las posibilidades de que sucediera algo así?

    Descubrí que se trataba de una pequeña caja de música. Al accionarla, una hermosa melodía tocada por un violín llenó el silencio de la habitación. A veces se escuchaban interferencias, pero estaba tan atenta a la pieza que apenas reparé en detalles de esa clase. Era un regalo hermoso. Y si de verdad venía de la persona que creía, solo lo hacía más especial. Cerré los ojos, en completa calma, y permanecí escuchando la melodía más tiempo del que imaginé en un principio.

    Fue aquello lo que me animó a sacar uno de los regalos que guardaba en mi maleta. Estaba prólijamente envuelto con papel de regalo, de motivos navideños, pero podía notarse su estructura rectangular. En las esquinas parecía sobresalir algo. Mis pasos me llevaron hacia una habitación en concreto, y llevé el regalo tras mi espalda. Aún había alguien durmiendo dentro, de modo que aguardé fuera con cautela.

    —¿Nikolah? —murmuré. Estaba viendo la ventana cuando llegué, pero no indagué demasiado en ello—. ¿Puedes salir un momento?

    Mis dedos se presionaron ligeramente contra el papel. Quizás pudiera aprovechar aquello para disculparme de alguna forma.

    Porque su amiga secreta era yo.
     
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    Gigavehl

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    Pero bueno, no había pasado mucho cuando bajó y entró a la cocina Ian, empezando a hacer una pequeña voz para hablarle a Lucas preguntandole qué había para comer, yo no evité reir por lo bajo, tratando de concentrarme en el sabroso chocolate que bebía, si me distraía cuanto pudiera mientras tomaba lo que fuese se me pasaría la resaca. Eso hasta que llegó Emily y se lanzó sobre Ian, habíendole arrojado algo, yo no evité sorprenderme y soltar una sonora risa, porque en determinado momento pude notar todo lo que tenía encima la pobre, aún así, poco después llegó Mimi, al final, Ian terminó llevándose a Emily a la sala y solo escuche exclamaciones a lo lejos mientras Mimi iba detrás y poco después la propia Liza entraba, correspondiendo al saludo.

    Miré a Aleck y no rechacé su abrazo, dejé un momento la taza y correspondí con fuerza, rezando que al menos no se le pegaran astillas de madera en su ropa.
    —Feliz navidad, hermano. Una noche bastante curiosa, si—. Dije, mientras me alejaba un poco para sacudirme el cabelo, el cual terminó por caer bastante polvo.
    >>Pero estamos todos aquí, eso es lo importante—. Dije con mi habitual calma para después ver cómo Aleck hablaba como si fuese alguien de un mercado anunciando las ofertas, yo solo reí enérgico y le di un leve golpe en el hombro.
    >>Levantaría la mano, pero yo soy fuerte, je... ¿entiendes? Dicen que soy la mente y yo soy alguien de mente fuerte.—reí, mientras veía a Aleck, pero después me corte.

    —... fue un pésimo chiste, lo sé, no ando al cien—. Dije con calma y después avancé hacia la sala, lo cierto es que dejé estar al resto, inclusive a Liza que para cuando me di cuenta ya se había subido, solo esperaba a ver en qué momento iban a notar la entrada al garage hecho pedazos.
    Me quité mi saco para sacudirlo lejos de todos y procurando quitarle todas las astillas, cosa que logré pasado un rato y me volví a colocarlo, hasta ese momento me daba cuenta que mi vestimenta era tan lujosa y extravagante como las de Honda, aunque sin duda alguna, en cuanto personalidades éramos bastante opuestos.

    Me acerqué al trío que conformaban Mimi, Ian y Emily para sentarme en el sofá que daba hacia ellos pero en un lugar totalmente distinto, si pateaban mi taza o a mi mismo no iba a ser bueno para nadie, aunque sería gracioso.

    —Venga Ian, ya entendimos que amaneciste de buen humor hoy—. Dije, para reír otro momento al ver la escena ahí, bebiendo el chocolate, tenía que calmarme antes de ir por el regalo del amigo secreto.

    —Ah, por cierto... ¿Alguien ha visto mi móvil? Ayer ya ni supe que tanto hice y se perdió por ahí—. Dije, mientras me rascaba un poco incómodo pero lo que delataba era cansancio y ver la escena con Ian y Emily dudaba que siquiera me hubiesen escuchado.
    >>Mimi, ¿me prestarías tu pokedex? ¿Por favor? Solo un momento—. Dije, sonriendole con calma, aunque en el fondo me incomodaba que ella fuese la única que en esos momentos estuviese disponible.

    Interactuar con Mimi me da meyo, aiuda (?
     
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  11.  
    Reual Nathan Onyrian

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    Mi mente se había trasladado lejos de allí, perdida en las inmensidades blancas del bosque nevado. Allí, sumido en lo más profundo de aquel paraje que juntaba la belleza con la letalidad en una combinación atrapante, se encontraban aquellas ruinas olvidadas, cuyas historias podían perderse sacudidas por el barrer de la escoba del tiempo si no hacía algo. Y también, suponía, el destino de todos los que estuviéramos en aquel complejo de cabañas. No sabía cuan peligroso podía ser ese pokémon misterioso. No podía dejar todo así como así. Tenía que volver.

    Es esas cavilaciones me encontraba, guardando un par de mantas en una pequeña mochila de viajes, así como también algunos bocadillos. No sabía cuanto tiempo iba a pasar afuera. Seguramente iba a entrarme hambre. La voz de Liza me sacó de mi trance, y parpadeé un par de veces, volviendo a mí. Giré mi rostro hacia ella y le dediqué una sonrisa, tal vez más cansada de lo que hubiera querido demostrar. Me levanté silenciosamente, para no despertar a Dante, y salí de la habitación, cerrando con cuidado la puerta detrás mío. Había dejado la mochila también allí. No tenía sentido sacarla ahora.

    — ¿Pasa algo Liza? —pregunté, sonriente. La miré curioso.— ¿Has desayunado algo? ¿Tienes hambre?
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Nada más dejar el frasquito me dispuse a abandonar el salón para regresar a la cocina. Terminaría mi taza de chocolate caliente y esperaría a que la ventisca pasara. Aún la idea de marcharme no se había borrado de mi cabeza. Solo necesitaba tiempo y paciencia que no tenía. Terminaría marchándose de un momento a otro, estaba segura de eso.

    Sin embargo, cuando pretendía encaminarme fuera del salón una voz me detuvo. Mis músculos se tensaron al escuchar un tono que realmente no conocía como tal, no pertenecía a mi familia, pero aún así giré en la dirección del sonido. Era Givan. Givan era su nombre ¿verdad? No lograba definirlo tal y como podía llegar a hacerlo con Cayden o Aleck. Era algo así como indescifrable.

    —¿Dex?—cuestioné al enarcar una ceja—. Es un modelo beta de última generación fabricado por la empresa de mi padre. Es mucho más que solo una pokédex. También es videomisor, teléfono y asistente personal.

    Lo miré con cierta suspicacia. Era muy posesiva con mis propias cosas y se me dificultaba prestarlas a personas que no conociese. ¿Pero qué importaba? No estaba pidiendo un imposible, solo quería usar mi Pokedex un momento. Exhalé soltando todo el aire que ni siquiera sabía estar conteniendo y apoyé mi cadera en el brazo del sillón.

    —Dex.

    —¿Sí, señorita Honda?

    Una voz mecánica e impersonal sonó desde el interior del dispositivo. "Señorita Honda" Me sentía tan lejos de esos términos en ese momento de mi vida. La señorita Honda era una princesa atrapada en una jaula de oro. La señorita Honda ya no estaba allí.

    Fijé mis ojos en la mirada cansada de Givan y le extendí el aparato. Aunque no confiaba ni aceptaba abiertamente a los chicos de Gérie, aquel podía ser un momento adecuado para limar asperezas. O al menos, para demostrar que no era el monstruo que todos creían. Aunque incluso yo misma lo pensaba así.

    Me incorporé y giré sobre mis talones. Levanté la mano al despedirme.

    >>Habla. Te escucha. Cuando termines solo despídete y se apagará solo.
     
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    Gigavehl

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    Givan Velren


    Alce un poco las cejas ante el comentario interesante de Mimi, ¿su padre tiene una compañía? Bueno, era de verse con el porte tan lujoso que tenía encima, pero que justo el aparato que cargaba fuese una fase beta en lo que se dedicara su padre era realmente interesante y llamativo, ignoraba ese detalle, en su momento Liza solo me contaba de todos por encima, yo mismo le dije que quería conocer a todos.

    Lo que sin dudas me sorprendió, ya relajando mi breve impresión plasmada en mi rostro agotado fue que Mimi accediese sin mayor drama, al final me sentía un poco mal por lo que estaba por hacer pero la verdad es que necesitaba el aparato igual, cuando me extendió el aparato asenti, en forma de agradecimiento y miré curioso el objeto, deslizando mis ojos a su dirección cuando me aclaró un último punto, era interesante sin dudas, en ese momento me preguntaba... ¿mi susodicho padre, el profesor, de dónde sacaba el dinero para que tuviese todo? Estaba bien que viviese en Ciudad Libertad pero siempre me llamaba la atención de dónde venía el dinero.

    —Muy bien, escucha. Necesito que identifiques un aparato de orígen Gériense de la capital Ciudad Libertad. El módelo es el Pokédex ASZ7 de la marca "Raverend", no sale del perímetro de esta cabaña—. Dije hacia el aparato, poniéndolo a prueba y no tardó ni dos segundos cuando con un holograma me mostraba la ubicación de dónde se hallaba.
    —Modelo identificado, está a solo cinco metros de usted—. Replicó el aparato, enarcando una ceja al ver el radar, al levantarme, procurando no tirar nada, fui caminando a donde me indicaba para ver que, por alguna razón, mi móvil estaba nadamas ni nadamenos que sobre la chimenea artificial, por ahí medio oculto, ¿en qué momento lo dejé ahí? ¿Habré hacho algo antes de subir por la botella de vino en el que haya dejado tan torpemente el teléfono allí? ¿Tan perdido estaba apenas con unas copas?

    —Uhm, muchas gracias, puedes apagarte... Pokédex-holomisor—. Dije, sonriendo al decir todo eso, la verdad es que todo eso era interesante no iba a mentir.

    El aparato se apagó y saqué de mi vestimenta un pequeño trapo, para limpiarlo del uso que le acababa de dar y guardé el trozo de tela para de ahí, sacar un papel doblado, lo leí y reí sin mucha gracia realmente, al menos agradecía no era en vano del todo.

    Me encaminé hacia la cocina y de ahí vi a Honda, para extenderle de vuelta su aparato, sin en cambio, iba acompañada con otra cosa, justo el papel de nadamas ni nadamenos que el reto que puso Liza y que no sabía si a esas alturas seguían jugando, ya que de tanto caos era ciertamente imposible, pero bueno, todo fuese por tal vez, impresionarla un poco.

    —Muchas gracias Mimi, me disculparás, pero tampoco fue en vano la petición.—y mostré mi móvil cuando ella tomó ambas cosas, delatando que sirvió el propósito de su aparato.
    >>Te libero de la carga que represente sea lo que sea que te haya tocado.—cuando Mimi decidía revisar el papel doblado, lo pudo entender...

    Givan a Mimi "Conseguir que te preste algo suyo"
    Estoy tan sorprendido como tú (???
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Había hecho una buena acción ¿verdad? Había dejado de lado por un momento mi usual desconfianza y me había permitido ser amable con alguien que no conocía realmente. Lo estaba intentando. Quizás ese pensamiento hizo que el chocolate tuviese un mejor sabor al regresar a la cocina. Aunque tenía más que claro el hecho de que me marcharía, no quería irme con el pensamiento de que había sido una estúpida perra durante todas las vacaciones. Apoyé mi espalda contra el mesón y mientras tomaba de la taza dirigí mi mirada hacia la ventana más allá del paisaje blanco.

    La luz del sol de la mañana hacía brillar la nieve como si estuviese compuesta de joyas en lugar de agua. Me traía recuerdos de Ciudad Puntaneva, allá en mi lejana Sinnoh. Un escalofrío me recorrió la espalda y me hundí más contra el mesón.

    Qué frío.

    Debería poder disculparme. Debería tener el coraje suficiente para reconocer en voz alta que había metido la pata hasta el fondo. Pero pedir perdón en esa situación se me antoja tan difícil, casi titánico. ¿Cómo hacerlo? Ni siquiera podía mirarla a los ojos sin sentir que la culpabilidad iba a ahogarme. En esas cavilaciones estaba cuando Givan volvió a acercarse. Le dirigí una mirada de soslayo.

    —¿Terminaste?—cuestioné con cierto tono liviano y oculté la pequeña sonrisa contra la taza. Eso había sido rápido. La tecnología de los Honda no era puntera por nada—. ¿No es genial lo que puede hacer? Solo necesita un comando de voz, a diferencia de la mayoría de—

    Mi voz fue apagándose poco a poco al igual que el tono, y al escuchar las palabras que me dirigió me volteé a mirarle de frente.

    Mi cabello suelto siguió el movimiento con fluidez, rozando mis mejillas y cayendo desordenado sobre mis hombros.

    —¿Huh?

    Contrariada fruncí el ceño y leí el papelito que Givan me extendió con evidente confusión en mi semblante. En un primer momento me costó comprender a qué demonios venía todo eso. Pero poco a poco mi cerebro decidió colaborar y rememoré ese juego absurdo sobre retos secretos que había iniciado Liza. Las piezas encajaron en el puzzle. Y entonces... lo comprendí todo.

    Había sido una trampa.

    Era... tan irónico. Y tan ridículo. En otra ocasión no le hubiese prestado a Dex en lo absoluto, pero había decidido hacerlo porque sentía estar haciendo lo correcto. Quería intentarlo, quería ser amable antes de largarme para no volver. Pero parecía que 'hacer lo correcto' terminaba golpeándome en la cara como si ya no fuera el karma, si no todo el universo el que estuviese en contra de mí. La mano me tembló mientras sostenía el papel, tensa. Irritada. Me sentí estúpida.

    Mi voz fue poco menos con un soplo, átona e inerte. Incluso podría cargar cierta decepción. Se me escapó una risa sin gracia.

    —... Ah, ya veo.

    Terminé arrugándolo en mi mano de una sola vez. El papel crujió al romperse bajo mis dedos.

    Estúpidos gerienses. Solo sabían de licores y rebaños de Wooloo.

    >>Ni siquiera recordaba este juego estúpido en primer lugar—busqué en mi bolsillo y estampé mi propio papel contra el torso del entrenador, con fuerza. La humillación había ensombrecido mi rostro y el movimiento cargó consigo frustración—. Disfruta de tu victoria. Pero no vuelvas a pedirme nada en toda tu paupérrima y miserable existencia.
     
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    Gigavehl

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    Sip, me dolió como la mierda ver el breve estado de ánimo de Mimi y ver cambiar bruscamente ese momento por clara frustración y hasta decepción cuando había comprendido lo que pasaba, en realidad era un favor que le hacía a Liza seguir con el juego, pero claro, justo me tenía que tocar con Mimi.

    Me extendió el papel para estamparlo contra mi pecho, pero solo retrocedí un poco por el empuje mas no me desequilibré, pues ya había visto venir un accionar así, cuando dejó su mano atrapé el papel en el aire, pero ni me tomé la molestia de leer, mientras sonreía de lado, claramente frustrado y cansado, bueno, supongo que es bastante más impredecible de lo que esperaba.

    Solo esperaba que Cayden no interfiriera, porque claro, no iba a dejarlo así.
    —Lo siento, la verdad es que si necesitaba hallar mi móvil, eso si era verdad, pero las cosas solo coincidieron—. Dije, cansado mientras bajaba un poco la mirada y la desviaba de ella también.
    —Vamos, solo es un juego. Admito que de otra forma no habría cruzado palabra contigo, mas aprecio profundamente el gesto, de verdad. No era algo que habría esperado en ningún momento, y eso dice bien—. Dije, siempre usando un tono tranquilo mientras suspiraba.

    —Es un excelente aparato, ojalá hubiese tecnología así en mi región, admito que pese a tener muchas cosas, me ha sorprendido su eficiencia. Si existe la psibilidad de algún día comprarlo cuando sea lanzado, no dudes que lo adquiera, siento la mala pasada. En verdad—. Añadí mientras me alejaba un poco a ver por ahí qué había de comer, Mimi necesitaba su espacio, lo sabía, que me dijera lo que quisiera decirme, yo le prometí a Liza conocerlos a todos, porque era, al final... un reto personal, dejar de una buena vez mi burbuja solitaria en el que apenas si estaba yo así como Aleck y Cayden.
     
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    Yugen

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    Me aparté de él y crucé los brazos frente al pecho. No quería escuchar ninguna tonta excusa que tuviera para decir, no quería saber nada más. El problema no es fuese solo un juego, el problema es que sentía que había abusado de mi confianza. Y yo no era una persona confiada de por sí... esa clase de situaciones solo me obligaban a reforzar mis defensas para evitar que volvieran a repetirse. Defensa férrea sobre defensa férrea. Y volvía a repetir.

    Hasta formar nuevamente una muralla impenetrable.

    De alguna manera milagrosa no me largué de la cocina. Permanecí allí, escuchándole en silencio, sin saber por qué le daba siquiera un poco más de mi tiempo. ¿Quizás porque parecía agotado y exhausto? ¿Porque había cierto arrepentimiento en su tono de voz? Mi mente no tardó en desligarse de su monólogo, sin embargo, para centrarse en aquello que más llamó mi atención.

    "Admito que de otra forma no habría cruzado palabra contigo."

    Esas palabras tenían una fuerza arrolladora.

    —¿Por qué?—cuestioné entonces, estoica—. ¿Por qué si no hubiera sido por este ridículo juego no te hubieses acercado? ¿Tan mala persona parezco?

    Me giré para mirarle con seriedad en los ojos, con cierto temor. Aunque en el fondo sabía la respuesta. Si Alpha y yo estábamos peleados en ese momento era precisamente porque había descubierto que todo este tiempo me tuvo miedo. Que aún lo tenía. Y yo comprendí que no tenía sentido alguno seguir con una relación claramente tóxica. Él no estaba de acuerdo, empeñado en cumplir su absurda promesa. Pero yo sabía que nuestra relación solo era una farsa llena de huecos. ¿Éramos compañeros de viaje? ¿Éramos amigos? Ni siquiera podía definirnos con certeza.

    Y ahora estaba Liza. No necesitaba de un tercer ejemplo para saber la respuesta a esa pregunta. Era simplemente obvia.

    Un profundo suspiro me estremeció el pecho y me terminé lo que quedaba de chocolate en la taza. El sabor dulce camufló el gusto amargo que sentía en la garganta.

    >>Da igual, no respondas a eso.
     
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    Gigavehl

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    Givan Velren

    No había que ser genio para notar que Mimi estaba furiosa, pero de alguna manera se quedaba ahí, escuchándome, nuevamente, impredecible. Cualquiera pensaría que Mimi simplemente se iría de ahí, pero no fue así, al menos quería que supiera que nada había sido con mala intención, el reto en si me incomodaba desde el minuto cero, pero ahí estaba, en lugar de ser un juego para unificar parecía ser lo contrario, pero...

    "¿Por qué?"

    Esas palabras me hicieron salir de una bofetada de mis pensamientos, escuché lo segundo y la miré con impresión pero también con un toque de melancolía, esa... pregunta final. Solo me hicieron sentirme peor, culpable.

    Sus ojos se clavaron en los míos y le mantuve la mirada por impresión realmente, por un momento el temor se convirtió en verguenza, absoluta verguenza, pues desde el día pasado, viendo cómo Mimi trataba a Aleck y eso que se acercó sin mayor dilación me había dejado no tanto marcado, si no con dudas, luego ver el pique entre Cayden y ella era algo también a tomar en cuenta, pero parecía que me equivocaba, me recordaba un poco a mí, siendo irónico conmigo mismo en buscar algo de consuelo y compañía y al final, solo por buscar a ese Legendario terminaba rechazando a todo mundo, un cuento tan patético de mi vida.

    Pero al final ella misma se respondió, y eso ciertamente me caló...
    —Pero ni siquiera es la respuesta que crees—. Dije, poco después de que ella terminase, solo la miraba con un gesto apenado.
    >>Mimi, no eres mala persona, soy un patético chico que no sabe cómo acercarse a la gente, yo, por cuenta propia, no habría venido aquí en primer lugar. No eres tu, en realidad ni sé cómo tratar de hablarle a la gente, y yo necesito de cosas absurdas para intentar hacer el burdo intento de socializar. Y al final, termino pagando, como ahora. Lo siento Mimi, lo que pasó es que nunca supe siquiera con qué tema inciar una conversación, te veía tan seria con todos que... solamente, no quería molestarte. No me gusta acercarme sin más a las personas, ya que siento que las estorbo. Siento de verdad haberte hecho eso, tan sólo debí haberme acercado a hablar, lo sé. No quería incordiar—. Dije, solo para soltar un poco de aire y agachar un poco la mirada, chasqueado la lengua por lo bajo, Arceus, que mal comienza este día.

    —¿Quieres... más chocolate? ¿Gustas comer?—. Pregunté, mirandola apenado, al menos haciendo el intento de empezar de nuevo, no era la manera correcta pero, al menos ya sabía lo que no tenía que hacer con ella, y solo esperaba poder, al menos, descubrir lo que sí podía hacer.
     
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    Zireael

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    Leo
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    Cayden Dunn

    Apenas estaba terminado de preguntar por el enano cuando apareció, le eché un vistazo general y fruncí apenas el ceño al notar las astillas en su ropa, además de su aspecto cansado. No había que ser ningún genio para notar que no había dormido donde se supone que debería, pero de cualquier manera me saqué la intranquilidad de encima un instante para hacerle un gesto a Licht con la cabeza, que se levantó de su lugar y subió a las habitaciones.

    —Feliz Navidad, enano —dije y le dediqué una sonrisa que vete a saber de dónde me salió si me estaba muriendo de resaca.

    Luego no tardó en aparecer Ian, que traía consigo un peluche de Togekiss y se puso hacer el imbécil con él, el pobre Lucas fue el que salió raspando con la tontería, pero el caso es que me hizo su gracia pero no solté la risa hasta que Emily apareció con la cara toda rayada, gritándole al chico que Nikolah no iba a ser el único que hubiese enterrado un cuerpo si no lograba quitárselo de la cara.

    Cuando vi aparecer a Mimi cierta cuota de tensión me cayó encima, ni siquiera pude razonarlo, solo la sentí y volví a poner la atención en cualquier otra cosa un poco por rebote. El resto de cosas sucedieron a su ritmo, bastante... normales si se quiere, y liberé el aire que había contenido sin darme cuenta siquiera.

    Pasé bastante por alto los delirios de resaca de Aleck mientras medio se despertaba por la necedad de Cinis de buscar su atención. El idiota al fin pudo hacer dos más dos (y pudo ver por fin al parecer), cuando se incorporó el Arcanine empezó a agitar la cola como si no hubiese un mañana y seriamente tuve miedo de que se fuese a cargar algo en el proceso, pero al menos no tenía nada que pudiese caerse demasiado cerca y confiaba en que el resto sujetara bien sus tazas por lo menos.

    Solo se quedó quieto cuando la camiseta junto a las pastillas le dieron de lleno en la cara al castaño, se quedó a su lado fisgoneando las cosas como si fuesen para él y me hizo algo de gracia.

    —Santa también es muy considerado al enviarnos estas camisetas —atajé mientras estiraba un poco la espalda—. Imagina que te pierdes por ahí y la gente se pregunta, ¿a quién le regresamos este chico antes de que se mate haciendo una estupidez? Y, ¡allí! El idiota con cara de culo, su camiseta pone que es Cayden, debe poder cuidarlo.

    Luego soltó la idiotez con voz de vocero de supermercado.

    —¿Es un examen de opción múltiple? Porque ocupo una que diga "todas las anteriores". Por cierto, falta otro, al parecer Santa andaba muy generoso —dije y le lancé el otro regalo, el que era de mi parte, pero no sé por qué seguí subido en el tren de lo de Santa—. Hasta los niños revoltosos recibieron algo, increíble.

    Luego digamos que los acontecimientos se apilaron, no noté a Licht regresar con un paquete en el hocico, que era el regalo de Gen porque me distraje con todo el intercambio entre él y Mimi, de nuevo con la maldita tensión encima. Estaba listo para saltar en cualquier momento en que la rubia hiciera cualquier mierda medianamente cuestionable, pero el caso es que le prestó al chico lo que le había pedido y aún así no me pude relajar.

    Cuando Gen se lo regresó, para su desgracia, llevaba otra cosa consigo.

    El papel del juego de Liza.

    Qué timing asqueroso, de verdad.

    Encima la elección de palabras de Gen después de eso no había sido la mejor, cuando dije que era la mente del trío nunca dije que fuese listo como tal. Su intento por ser extremadamente racional en general le salía caro, hablaba más de la cuenta y en resumen era una mente bastante caótica y desorganizada, parecía ser el lazo común entre nosotros tres en realidad, así que solo inhalé aire mientras lo escuchaba.

    El problema no era solo Aleck o Gen, o solo yo o Mimi a secas, era que los cuatro levantábamos murallas como un reflejo de la suya incluso cuando los otros dos hacían el intento de limar las asperezas, yo la verdad no lo intentaba, pero sus intentos en lugar de reducir el grosor de las paredes solo hacían que Mimi las levantara más y más alto, y yo la reflejaba como un maldito espejo y pretendía mantener al par de idiotas detrás de la pared, harto de ver sus intentos fallidos. Cansado de que todo resultara en un fracaso para ellos.

    Solo fui capaz de callarme, de dejar que Gen juntara su mierda o descubriera cuándo era mejor callarse, porque no quería reiniciar un desastre como los de ayer. Solo por eso.

    Me levanté de la silla donde había permanecido sentado, tomé el paquete que Licht había traído dejándomelo bajo el brazo y me serví una taza de chocolate caliente para tan siquiera volcar la atención en otra cosa, porque tampoco confiaba mucho en mis límites con la migraña que me cargaba.


    postearon en un día más de lo que postearon en dos putos meses y los odio así que dejé cosas por fuera solo para postear y no quedarme atrás

    Fin del comunicado bai
     
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    Rider

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    Aleck Graham

    El primero en responder fue el buen Gen, quien aunque aparentaba estar bien, se le percibía un poco cansado en la mirada...Y en los chistes. Aun así, no alzó la mano ante el aviso, soltando en el proceso una broma con respecto a la mente y el triangulo loco de equilibrio del cual Cay me había contado anoche. En un principio lo miré confundido, pero tras un par de segundos solté una risotada un poco fuerte, tan fuerte que me hizo sujetar mi cabeza del dolor, está migraña aun no se iba, pero es que era uno de esos chistes tan malos que acababan dando gracia. Era eso, o simplemente todo me daba gracia por estar de buen humor.

    Seguidamente el chico se disculpó por el chiste, aunque no veía la razón del porqué, tampoco había sido tan malo, pero eso no hacía más que confirmar que en efecto, tal vez el chico había pasado una mala noche.

    — Bueno, si no quieres uno es tu elección, aunque te lo advierto, es probablemente una de las bebidas más insípidas en mi repertorio, pero también de las más efectivas.— Le contesté a Givan, mientras me disponía a rebuscar en la cocina de lugar, sólo para ser interrumpido por el pelirrojo, quien hizo mención de lo definitivamente curiosas que eran nuestras camisetas, y sobre el escenario hipotético que se podía generar con las mismas.

    — Si fuera y me perdiera por ahí, probablemente me regresarían cómo cadáver o algo por el estilo. — Solté algo sarcástico, mientras también se me escapaba una risa de vergüenza, realmente sabía que si iba y me perdía en algún lado, podría regresar por mi cuenta, pero saber que tenía escrito a quien debían regresarme, era en cierta forma hilarante y enternecedor. — ¡Hey! ¿Qué tal si un día cambiamos de camisas sólo para confundir a la gente?

    Seguidamente el pelo de fuego también respondió a mi pequeño y francamente poco practico anuncio, parecía que las descripciones que había dado podían ajustarse a él también. — Descuida Fueguin, yo me siento arruinado por la vida todas las...— Me interrumpí cuando Cay me arrojó nuevamente algo a la cara, ya parecía costumbre. — ¡Sabes, la gente normal suele darse las cosas en la mano!

    Le espeté al pelirrojo antes de dirigir mi atención hacía la nueva prenda que me había arrojado. — ¿Oh? Espero que esta no diga: "Givan estuvo aquí" o algo así. — Contesté con un par de risas, risas que se detuvieron en cuanto me percaté de que se trataba realmente. Era una chaqueta, la chaqueta que por tantos años había deseado, era de un sutil verde musgo y parecía que por dentro era tela color marrón, era simplemente perfecta, suficientes bolsillos para ser practica, no muy abultada para ser cómoda de llevar puesta a cualquier lado. La sujete en mis manos por varios segundos, sin cruzar palabra alguna, incluso llegué a frotarla entre mis dedos; era real.

    La chaqueta azul que solía portar era una que mis padres me habían regalado hacía años, curiosamente, en fechas próximas a navidad, le había estado dando uso sin descanso desde entonces, incluso tenía un par de parches por dentro que yo mismo le había remendado, y por mucho tiempo le había pedido a Santa que me trajera una nueva chaqueta; aunque en realidad, lo que le estaba pidiendo era que mis padres se acercaran nuevamente a mí, que me compraran una nueva, en el fondo, sólo era una excusa para volver a recibir un regalo de ellos y volver a sentir un poco de afecto en navidad.

    Ahora, por fin, después de tantos años, finalmente la tenía, tenía una nueva chaqueta, no de parte de mis padres quizás, pero si de mi nueva familia, y para mí esa valía aun más. Estaba casi seguro de que una lagrima casi lograba escaparse de mis ojos esta vez, pero logré secarla rápido con un suéter navideño feo que había dentro de la chaqueta.

    —No esperarás que me ponga eso ¿O sí? — Le dediqué una sonrisa sincera al pelirrojo mientras aun trataba de secar las lagrimas que parecían obstinadas en salir de mis parpados, no iba a llorar, no en navidad, aunque estaba cerca. — De verdad te lo agradezco mucho...Quiero decir, ¡dile a Santa que se lo agradezco mucho!— Sabía perfectamente que este regalo era obra de Cay, pero en un impulso infantil, continué con la broma sobre que había sido el viejo gordo de rojo quien la había traído.

    —Hasta los niños revoltosos recibieron algo, increíble.

    Era más increíble de lo que jamás podría imaginar. Con prontitud me coloqué encima la prenda, pasando mis brazos por las mangas y subiéndome el cierre hasta la altura del pecho, no sólo se veía elegante y dinámica, era muy suave por dentro. Me acerqué nuevamente hacía el pelirrojo y le di un fuerte abrazo, incluso me tomé el atrevimiento de alzarlo un poco con mi fuerza.

    — ¿Qué tal si para conmemorar la generosidad de Santa celebramos con unos tragos? Le mencioné al Pelo de Fuego mientras lo bajaba y soltaba de mi abrazo y comenzaba a rebuscar en la cocina nuevamente, ni siquiera tuve tiempo para explicarle al pelirrojo de que clase de tragos hablaba. — Veamos...Jengibre, miel, limón, sal, con eso bastará. — Coloqué unas cuantas ramitas de jengibre en la infusora de la tetera para seguidamente colocarla sobre la lumbre de la estufa, puse la intensidad de la llama a fuego bajo así que tardaría un buen rato en estar listo. Mientras esperaba, tomé un par de vasos grandes de la alacena y los llené de agua natural, posteriormente los dejé sobre la mesa, tomé un poco de la sal de mar que había recogido de los anaqueles y vertí unas pizcas sobre ambos vasos.

    — Et voilà! El suero está listo, aunque te voy a ser sincero, el sabor es fatal, pero al menos te asegurará de que te mantengas hidratado por el resto del día sin necesidad de beber litros y litros de agua. — Le expliqué brevemente al chico e inmediatamente tomé un de los vasos para beberlo sin pensar demasiado, la combinación de agua y sal era insípida y desagradable, tanto que me resultaba imposible no hacer caras y expresar el asco.

    — ¡AGH! ¡Que asco! Justo cómo la preparaba el abuelo.— Agité mi cabeza con violencia, en un intento de olvidar el sabor que el agua salina dejaba en la boca, pero al menos, ahora podía estar seguro que no moriría de deshidratación y ya junto con la ayuda de la pastilla el dolor de cabeza comenzaba a desaparecer poco a poco.

    Para cuando me reintegré a todo lo que estaba pasando en la cabaña, Gen se encontraba conversando con Mimi, un poco más lejos, una decisión un tanto peligrosa, pero por un segundo tuve la fe de que tal vez el pudiera tener más suerte acercándose a la rubia que nosotros, al menos era un alivio saber que la chica aun no se había marchado. Pero luego vi al pobre Cay, quien parecía un poco más tenso por ver a Mimi interactuar con Gen, tal vez ni siquiera el chocolate caliente podría retener su migraña por mucho más tiempo, era de mecha corta después de todo.

    — Eh, Cay. — Coloqué mi mano sobre el hombro del chico y le dediqué una sonrisa confiada pero honesta. — Tennos paciencia ¿Sí? Tanto a ella, cómo a nosotros, cómo a ti. — Rematé, eso ultimo con un pequeño guiño en el ojo. No tenía yo ninguna autoridad para intervenir en las acciones del pelirrojo (En las de nadie en realidad) pero tenía fe en que podríamos mantener las cosas bajo control al menos por el resto de la mañana.

    —En fin, ¡me muero de ganas por salir a dar un breve paseo al lago con esta nueva belleza! — Refiriéndome a la nueva prenda que me había regalado Cay, incluso la tomé por el cuello y la estiré orgulloso. Pobre de mí, que no sabía que esa caminata iba a ser cuanto menos difícil de realizar debido a las circunstancias ajenas que ignoraba.
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Cayden Dunn

    Fruncí el ceño ligeramente otra vez al escuchar el comentario de Aleck de que si se perdía lo regresarían como cadáver y contuve mi necesidad de soltarle una hostia. Era un comentario en broma, claro, pero ayer casi morimos afuera y prefería no tener que ver a ninguno en una bolsa de la morgue.

    —Si alguien se cree que debe regresarme al castaño que no para quieto un segundo, pues venga, adelante —respondí a lo otro, obligándome a relajar los gestos.

    Lo había interrumpido a mitad de una oración al arrojarle el otro regalo encima y me encogí de hombros cuando dijo lo que debía alcanzarle las cosas como la gente decente, que quizás era cierto.

    —Y se supone que la gente note los regalos que tiene encima, así que estamos a mano.

    Lo vi desenvolver el regalo mientras decía que no esperaba que fuese otra camiseta en el rollo de las que habíamos recibido los dos y me limité a esperar su reacción en silencio. Me sorprendió cómo la contempló, como si fuese una ilusión o algo y el pobrecillo estuvo por soltarse a llorar como un crío, pero usó el suéter feo como trapo.

    Ah, pero qué enano más irrespetuoso con mi hermosamente horrible suéter.

    —¿El suéter feo que acabas de usar de pañuelo? No sé yo, tú dime, Al. —Era la primera vez que se me ocurría acortar su nombre y ni siquiera lo pensé.

    No tardó en ponerse la chaqueta, sin que yo se lo dijera ni nada, y con eso firmar su sentencia de muerte, por desgracia, pero lo iba a dejar pasar un rato. Se acercó, me abrazó y me quejé apenas cuando me separó del suelo, correspondiendo el abrazo.

    Luego dijo tragos y me quise morir, así que agradecí que aclarara que hablada de un mejunje de los suyos. Luego hizo una mezcla de sal y agua, no era lo que se dice avispado, pero me hice una idea del objetivo de eso pero lo dejé explicarme.

    Tenía todavía la tensión encima por la interacción entre aquellos dos, así que dejé la taza de chocolate en la encimera para tomar el vaso de agua con sal y beber su contenido en algunos tragos grandes, sin ponerme a pensar que sabía mal. Era agua salada, nada de morirse, aunque igual dejé el vaso por ahí y volví a tomar la taza para sacarme el sabor con el chocolate caliente.

    Sentí su mano en el hombro y giré apenas el rostro hacia él, asumiendo que se había dado cuenta.

    —Entre más levante sus paredes, más haré lo mismo incluso sin darme cuenta y así seguiremos hasta que solo quede hacerlas mierda a la fuerza o no seamos capaces de alcanzarnos nunca —murmuré para que solo él escuchara—. Es un círculo vicioso y aunque Gen no tenía ninguna mala intención, sólo alimentó eso. Fue como si le dijera que tenía razón en sentir recelo ante nosotros, los tres, porque venimos en un paquete para ella. Al menos en eso tiene razón.

    Éramos los tres o ninguno.

    De cualquier manera lo dejé correr y estiré la mano hacia Cinis, que se había mantenido pegado a Aleck y ahora lo estaba olisqueando posiblemente por la prenda nueva, lo acaricié suavemente.

    Aparté la mano del Arcanine y la hundí en el bolsillo del pantalón, hasta lograr sacar un papel doblado a la mitad que extendí hacia Aleck sujetándolo entre el índice y el dedo medio. Miré al castaño de reojo y le dediqué una sonrisa casi condescendiente.

    Había matado dos Starly de un tiro digamos.

    Que no se dijera que no lo conocía, sabía que se iba a poner la chaqueta apenas recibirla.

    —Disfrútala, enano, porque lamento decirte que el mismo hermano al que deben devolverte si te pierdes —El juego se había reiniciado con Gen, eso sí—, acaba de dispararte a traición.

    Conseguir que Aleck se ponga una prenda de ropa a tu elección por voluntad propia.
    *pretends to be shocked*
     
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