El Canto de la Sirena

Tema en 'CLAMP' iniciado por HikarisysVD, 31 Enero 2009.

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    HikarisysVD

    HikarisysVD Guest

    Título:
    El Canto de la Sirena
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    2672
    El Canto de la Sirena

    El canto de la Sirena -

    ¡Hola! Los personajes de esta obra pertenecen a CLAMP ante todo y la historia me pertenece.
    Espero que disfrutes y me escribas algún Review.

    ¡Opina! y ¡Disfruta!

    Prólogo –
    Hacía muchos años ya, siglos incluso desde la época de esplendor del mundo antiguo.
    La civilización Griega era dueña de sus islas y todo marchaba en paz, el pueblo espartano luchaba bravamente y todos dirigían sus miradas respetuosas hacía los dioses.
    Entre la infinidad de Dioses, los principales vivían en el Olimpo, y Zeus era el rey.
    Todos los elementos tenían su dios, el fuego, el aire, la tierra y el agua.
    En el agua reinaba Poseidón, el Dios del Mar, las ninfas del agua custodiaban el agua de diferentes lugares, algunas eran;
    Las náyades, Creneas y Pegeas custodiaban las fuentes, las Potámides lo hacían en los ríos, las Limnades guardaban los ríos y estaban las que se encontraban más cerca de Poseidón, las Oceánidas.
    Principalmente, las Oceánidas eran mujeres que tenían grandes alas con las que surcaban los cielos. Durante el rapto de Perséfone por culpa de Hades; Demeter, la diosa de la tierra y los cultivos, las vio culpables por no proteger a su hija Perséfone mientras jugaba aquella pradera y por esa razón las privó de su libertad. Les quitó sus alas y estas cayeron al mar, donde Zeus por mandato de Poseidón les regaló una cola de pez para que no murieran, así se convirtieron en las ninfas de los grandes mares.
    Las nereidas, comúnmente llamadas sirenas, eran mujeres muy hermosas, de una gran voz, cada vez que cantaban los humanos se embelesaban y acababan muriendo ahogados o peor aún estrellados contra los acantilados. Por eso eran temidas.
    Aunque había muchos otros mitos, el Dios Océano y su hermana Tetis, ambos hijos de Urano y Gea, tuvieron trescientas hijas, llamadas las Oceánidas. Por su padre Océano, Dóride, tuvo cincuenta hijas, las Nereidas.
    Fuera como fuese, las nereidas campaban el mar a sus anchas y cuando los Dioses fueron condenados al olvido, estas sobrevivieron ocultas, custodiando a Poseidón que dormía como muchos otros Dioses.
    Durante la edad media, las sirenas cometieron fallos, se dejaron ver y fueron muy conocidas, existieron mitos y leyendas sobre las sirenas pero jamás volvieron a aparecer.
    Las sirenas, son seres inmortales que cuando se cansan de vivir, pueden permanecer aletargadas en la cámara de Poseidón, oculta en el lugar más remoto en alguno de los siete mares.
    En las profundidades, erigen sus ciudades de coral, viviendo sin normas, ni guerras. En una paz continua e indefinida.
    Los peligros del mar son igualmente terribles que para los humanos, los tiburones van tras de ellas, pero estos seres son más inteligentes que ellos y siempre acaban burlándolos.
    Y aquí comienza nuestra historia…

    El niño y la sirena –
    ...Por Hikari-sys...
    Y Zarpó… él realmente no sabía que hacía en aquel lugar, se llamaba Shaoran Li y tenía siete años. Aquella mañana su madre le había despertado temprano porque había terminado de hacer las maletas y él soñoliento se encontró en un gran barco.
    Mirando hacía el mar, veía los peces nadar en aquellas aguas perfectamente cristalinas, se encontraban con él sus cuatro hermanas mayores y su prima Meiling que tenía su misma edad.
    – ¿Por qué estamos aquí, hermana?– preguntó el niño.
    – Vamos a hacer un viaje a Japón, nuestra madre tiene que estar en una reunión de negocios muy importante – le contestó Fuan Len.
    – Pero… ¿Por qué no nos quedamos con el señor Uei?
    Preguntó mirando a los ojos marrones de su hermana, esta sonrió.
    – Mamá quiere que conozcas mundo hermano, será mejor que dejes de quejarte – dijo riendo Tsue Fa.
    – Bah… tonterías…
    – Bueno ¿Quieres jugar con nosotras?– preguntó Tsue Fa.
    – Después… quiero ver un tiburón.
    Les dijo mientras se asomaba más por la borda en busca de un buen tiburón, parecía que solo le interesaba eso en aquel momento.
    – ¿Sabías que los tiburones saben volar?– Le preguntó Fuan Len
    – No… ¿Vuelan?
    Le preguntó con la inocencia que le caracterizaba.
    – Claro Shaoran ¿No lo sabías!
    – No…– replicó asombrado.
    – No seas mala Fuan Len, Shaoran los tiburones no vuelan – intervino una sonriente Tsue Fa.
    – ¡Vaya lo estropeaste!
    – ¡No engañes a nuestro hermano pequeño!
    –Venga, no os peleéis – se metió Fu Tie calmando sus hermanas.
    Se acercaron dos chicas, Fuei Mei, la última de las cuatro hermanas Li y Meiling su prima.
    – ¿De verdad vuelan los tiburones?– preguntó algo asustadiza la más pequeña.
    – ¡Claro!– contestó riéndose.
    – No le hagas caso Meiling ¿Alguna vez has visto volar a los tiburones en el acuario?
    – No…
    – Entonces no temas, ¿Jugamos pues?
    Fuei Mei tomó a la pequeña de la mano y tiró de ella con la intención de irse a un lugar más seguro para jugar tranquilas, pues su madre le había advertido que no jugaran cerca de la borda.
    – ¿Las sirenas existen? – preguntó la pequeña inocentemente.
    – Solo en los cuentos – le dijo cariñosamente.
    – Que pena…
    – Bah… tonterías…– Exclamó el niño.
    Las cinco niñas se fueron a jugar, el niño fantaseó un poco más. Pensó que si los tiburones volaran como los pájaros, la humanidad estaría en peligro, pues jamás saciarían el hambre del depredador.
    En las profundidades del mar, donde en aquel momento los avances técnicos de los humanos no podían llegar, a miles de kilómetros de la superficie, se erigía el shiromizu, el castillo del agua.
    De grandes torres de coral blanco, y grandes grutas en la piedra era una maravilla del planeta que los humanos darían todo por descubrir.
    Había grandes jardines de coral rojo y anémonas de todos los colores, los pececillos nadaban a sus anchas, y las sirenas jugaban ajenas a nuestro mundo más allá de la superficie.
    Dóride, era quién mandaba allí, una Oceánida, la madre de las nereidas, la primera dama.
    Entre todas las sirenitas que jugaban allí, había dos muy hermosas, una de ellas, tenía un cabello largo negro azabache, y era blanca como la luna, se decía que era hija de Atargatis, la Diosa de la Luna.
    Los ojos de esta sirena, eran azules oscuros, casi violáceos y su cola era de color morada oscura. Su carácter es afable y muy tranquilo, cuando crecería sería sin duda una de las más bellas.
    Esta sirena siempre acompañaba a otra de su misma edad mucho más traviesa que ella, una sirena muy activa quién decían que ella era hija de Nadeshico, la sirena predilecta de Dóride, ahora dormida.
    La sirenita traviesa, tenía el pelo castaño y más corto que el de su amiga, sus ojos eran grandes y expresivos, de color verde brillante, y su cola es parecida a sus ojos, aguamarina.
    Ambas jugaban en un arrecife cogiendo conchas, estaban vigiladas por otra sirena, esta se llamaba Kaho, aparentemente de unos treinta años de edad. Como sirena adulta, era una mujer muy bella. El cabello largo y liso hacían hondas en el agua, era pelirroja, su sonrisa misteriosa siempre estaba en sus labios, sus ojos expresivos eran marrones rojizos claros.
    El color de su cola era de un rojo intenso. En su cuello, siempre llevaba una concha, aquella que siempre se da cuando una sirena es adulta y como la pequeña sirena de negros cabellos, podía ser una de las hijas de Atargatis por su piel pálida.
    – Niñas, es mejor que vayamos ya al Shiromizu, va siendo hora de comer.
    – Vale – dijo la pequeña de pelo negro.
    – Kaho… ¿Qué hay allí arriba?– preguntó la más traviesa.
    – El mundo de los humanos – le contestó.
    – ¿Los humanos son como las estatuas que hay en el Shiromizu?
    – Así es, pero están vivos como nosotras las sirenas.
    – Ya veo… ¿Puedo subir a la superficie?
    Preguntó la más traviesa de nuevo entre una risilla inocente. Su amiga reía también.
    – Cuando cumplas la mayoría de edad a los diecisiete.
    – ¿Será entonces cuando me den un nombre?
    – Así es pequeña.
    – ¿Cuántos años me faltan?– preguntó la pequeña.
    – Once largos años en los que podrás jugar – Hizo una pausa y las miró atentamente, después continuó hablando – aunque cuando cumplas los once años podrás subir conmigo a la superficie durante la noche…
    – ¡Pero eso es mucho tiempo!– se quejó la sirenita de ojos verde.
    – Lo sé.
    – Vamos tengo algo de hambre – se quejó la pelinegra.
    – Está bien, vamos pequeña – le dijo a la de los ojos verdes.
    – Yo ahora os alcanzaré, quiero jugar un poquito más…
    – No puedo dejarte sola…– dijo ella seriamente.
    – Por favor.
    Los ojos de la pequeña conmovieron a la sirena adulta que resoplando y no muy convencida se rindió.
    – Prométeme que no te expondrás al peligro – le hizo prometer.
    – Te lo prometo – dijo con su más bella sonrisa.
    – Vuelve cuando tengas hambre.
    – Vale.
    La pequeña sirena siguió recogiendo conchas y trocitos de coral en el acantilado, cantaba una melodía alegre mientras jugaba a solas.
    – Once años… no puedo esperar tanto…– miró hacía arriba y le pareció ver una gran sombra negra en la superficie. La sirenita desvió la mirada hacía ambos lados buscando alguna señal de vida y como estaba sola decidió investigar por su cuenta.
    Soltó las conchas y salió disparada hacia arriba, llegó hasta las aguas cristalinas de la superficie y decidió investigar desde esa posición. Se acercó a esa cosa tan grande y vio que era de un material que ellos no utilizaban. ¿Qué podría ser?
    – Está frío y se mueve – se dijo.
    El pequeño Shaoran miró hacía el horizonte, había montado en barcos, pero no tan grandes como lo era aquel, y encima el viaje se hacía tan lento…
    De pronto escuchó un chapoteo, y miró hacía el agua, creyó ver un delfín y se sintió maravillado, veía perfectamente su cola verde ondular en el agua.
    ¡Un delfín! –Pensó para sí mismo – ¡Veo su cola verde! Aunque… los delfines no tienen la cola verde… un tiburón tampoco… ¿qué podrá ser?
    La sirenita se sumergió un poco y miró hacía más arriba y le vio… vio a un ser humano, el primer ser humano que había visto en su corta vida.
    Salió a la superficie para mirarle bien, el chico estaba atónito y ella estaba maravillada.
    Shaoran no podía dejar de mirarla, no era un pez; Era una sirena, una sirena de verdad, mitad pez, mitad humano. Era más bonita que en los cuentos, no evitó sonreírle.
    La pequeña sirena al ver que sonreía le devolvió la sonrisa y alzó una mano para saludarle, reía.
    Shaoran reía también y saludaba con la mano, una voz por detrás le sorprendió.
    – ¿Por qué ríes?– Preguntó curiosa.
    – Por nada – Se apresuró a decir.
    – ¿De verdad?– dijo mirando por la borda, pero allí no había nada.
    El pequeño sintió por primera vez celos. Quería ser el único que pudiese ver a la sirena. Quería que su prima se fuese de allí y así volver a verla. Así que buscó una forma para quitársela de encima.
    – sí… ¿Qué es lo que quieres pesada?
    – Así que eso soy para ti, una pesada…– dijo bajando la cabeza.
    Se arrepintió en cuanto vio la mirada triste y cabizbaja de su prima. Quería que se fuese de allí, pero no que se pusiese triste.
    – Esto… lo siento de verdad… yo no…
    – ¡Shaoran eres tonto!– exclamó empujándole fuertemente.
    Shaoran se golpeó fuertemente contra la barandilla y esta se rompió, el chico perdió el equilibrio. Cuando Meiling se dio cuenta fue a agarrarle pero no pudo su mano se escurrió y este cayó por la borda.
    Shaoran cayó quince metros, el impacto con el agua fue menor del esperado, pues cayó de pie y se cubrió como pudo la cabeza, perdió el conocimiento unos instantes.
    La pequeña sirena que se había ocultado en el agua rápidamente en cuanto el niño giró su vista, se sintió aterrada cuando él cayó al agua con aquella violencia. No sabía si los humanos respiraban bajo el agua como ella, pero al ver como flotaba hacía las hélices del barco hizo que un escalofrío le recorriera el espinazo, aunque no supiera que iba a pasarle si llegaba allí.
    Se apresuró tomando una corriente de agua para agarrarle del estómago y sacarle de aquel peligro, nadó hacía las profundidades y se asustó cuando el joven soltó una gran cantidad de aire, así que cambió la dirección y con toda la fuerza que le quedaba le emergió del agua.
    Salieron diez metros tras el barco, colocó la cabeza del joven en su hombro y le zarandeó un poco.
    Este tosió y escupió un poco de agua, y tomó varias bocanadas de aire, luego fijó su vista a la persona que le había salvado de una muerte segura, un par de ojos verdes y una sonrisa en los labios le dieron la bienvenida.
    – Eres tú…– habló completamente debilitado.
    La sirenita no comprendió el lenguaje del humano, pero igualmente sonrió, tenía una voz muy bonita y comprendía su sonrisa.
    – ¿Cómo te llamas?– preguntó.
    La sirenita le miró confundida.
    – ¿Comprendes mi idioma? Yo… mi nombre es Shaoran Li – dijo él mirándola y señalándose el pecho.
    – Shaoran…
    El niño se sorprendió por la voz de la pequeña, tan dulce y melodiosa, aprendió rápido su nombre, se sonrojó débilmente.
    – Gracias por salvarme.
    La pequeña comprendió que al pronunciar aquel sonido el chico volvía a hablarle, le hacía gracia, por eso volvió a emitirlo.
    – Shaoran…
    – Así es ese es mi nombre… soy yo… ¿y tú?– la sirenita negó con la cabeza tristemente.
    – ¿No tienes nombre?
    – ¿Y tú?– le imitó la pequeña sonriente.
    Shaoran comprendió que ella no le entendía ni una sola palabra, lo único que sabía era su nombre y no estaba seguro si sabía a lo que se refería.
    Una voz potente llamó al joven, se divisaba a lo lejos un bote, con Uei llamándole.
    – ¡Shaoran, Señoríto Shaoran!– gritó.
    – Me buscan… tengo que marcharme…
    – ¿Marcharme?
    – Así es, debo irme y tú también deberías, no quiero que nadie sepa que existes… no quiero que estés en peligro sirenita…– expresó su deseo lo más dulce que pudo.
    – Marchar, Shaoran… marchar – dijo algo triste.
    La sirenita que no sabía el lenguaje del chico, comprendió que debían separarse y que quizás jamás podrían volverse a ver de nuevo.
    De sus ojos brotaron lágrimas que se quedaron en sus lacrimales, Shaoran se las quitó y se zafó de los brazos de la pequeña. Comenzó a nadar un poco alejándose de ella, pero la sirenita le siguió.
    No tardó en alcanzarle, puesto que nadando era mucho más rápida que él, ella gimió tomándole de sus ropas, el niño no comprendió el motivo así que dejó de nadar.
    La sirenita colocó en el cuello su colgante, una caracola nacarada y se separó del niño.
    Shaoran tristemente nadó unos metros alejándose de ella y se dirigió hasta el barco donde unos hombres saltaron por la borda y le subieron, rápidamente colocaron sobre él una manta. Este miraba fijamente el lugar donde se encontraba la niña que alzaba la mano despidiéndose y luego desapareció entre las profundidades mientras que él se desmayaba.
    La sirenita llegó hasta el Shiromizu y allí recibió su castigo, nunca más saldría del palacio y estaría condenada a que su cuerpo permaneciese en coma durante dieciséis años mientras que su alma descansaría en la mente de su mejor amiga, que se ofreció como guardiana. Aprendería todo de golpe más tarde cuando la primera dama Dóride le pasara sus recuerdos.
    Nunca más se volverían a ver. Nunca más sabrían del otro, para él todo pareció un hermoso sueño, pues horas después había despertado en su camarote durmiendo, se tocó el pecho para cerciorarse que no había sido un sueño, que era real, pero la caracola nacarada no se encontraba allí… no había sido real…
    Claro porque las sirenas no existen…

    ¡Konnichiwa! Aquí te dejo la primera parte de mi fanfic, espero que te haya gustado.
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    Angel Cullen

    Angel Cullen Usuario común

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    Re: El Canto de la Sirena

    Waa!!!
    que lindo estuvo el primer capitulo!!!
    me pregunto que pasara con la sirenita u_u
    que cruel castigo!
    pobre Shaoran, creyendo que todo fue un simple sueño
    como es que ya no tenia la caracola?
    hay ya quiero saber!!!!
    bueno, espero el siguiente capitulo :D
     
  3.  
    fabrianny

    fabrianny Entusiasta

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    Re: El Canto de la Sirena

    hikari debo decir que me gusto la historia es original, fresca y un poco rara pero me gusta el prologo y el capi aunque concuerdo con darkangel es un castigo cruel pero de que tendra un proposito y ¿ que paso con el medallon?
    me tocara esperar pero bueno suerte y nada saludos.
    chau!!!
     
  4.  
    HikarisysVD

    HikarisysVD Guest

    Título:
    El Canto de la Sirena
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    Re: El Canto de la Sirena

    Konnichiwa!!! Aquí os traigo la segunda parte de mi fanfic, tengo que deciros varias cositas:
    - La primera que soy Hikari_sys, pero no sé por qué no podía ponerme mi nick usual.
    - Soy la misma que escribe en Fanfiction.net
    - La historia en fanfiction va muy adelantada, por si se me va la olla y no subo la tenéis allí también.
    - Una amiga mía estaba subiendo esta misma historia con mi permiso, lo que es la versión antigua y no está completa (No la he terminado), yo la subiré entera aquí, igualmente cuando actualice en fanfiction actualizaré aquí también.


    Pues nada más, os dejo con la lectura muchísimas gracias por los comentarios.


    ¡iDiviertete!!



    ~_~_~_~


    Capítulo II –

    El colgante, Recuerdos Imborrables –
    Ai Shitemo ii Kai? Yureru yoru ni, Aru ga mama de ii yo motto fukaku... – la canción de la minicadena se cortó de pronto porque la habían desenchufado.
    – Vanilla de Gackt... algún día la traduciré... – pensó mientras iba hacía el baño donde cerró la puerta tras entrar.
    Allí se vio en el espejo y vio que el pequeño Shaoran de hacía unos años se había quedado atrás, ahora había frente a sí, un joven de dieciocho años, alto y con buena figura, aún mantenía sus preciosos ojos marrones y su rebelde pelo castaño oscuro.
    Intercambiaba miradas con los ojos de su reflejo, y se puso muy serio, se volvió a mirar de arriba abajo, y se sacó la lengua a sí mismo. Sonrió y meneó la cabeza varias veces, entonces se quitó la camisa, y después siguió el resto de la ropa, abrió el grifo y entró en la ducha.
    Mientras se duchaba, pensó en aquel sueño que había tenido aquella mañana. Aquel sueño que le despertó en mitad de la noche y ya no pudo volver a dormirse, por más que dio vueltas en la cama. El recuerdo de unos preciosos ojos verdes le atormentaba.
    – ¿Quién podrá ser la portadora de esos ojos?– pensaba mientras se enjabonaba frenéticamente.
    De pronto escuchó el sonido de una campanilla, y frunció el ceño. Con curiosidad apoyó la oreja en la pared del baño y escuchó atentamente.
    – ¡Qué bonito!
    – ¡Precioso, una ricura!
    Le replicó Tsue Fa después de Fuan Len Li.
    – ¡Y ese pelaje tan bonito!
    – ¡Y esos ojitos negros!
    Gritaron emocionadas Fu Tie y Fuei Mei Li.
    – ¡AAAAH, Qué bonito!
    En la nuca de Shaoran se formaron gotitas de sudor ¿Cómo era posible que sus hermanas ya mayores, todas con novio, siguieran gritando de esa forma? No lo comprendería jamás, cuando se mostraban así llegaban a avergonzarlo, aunque a ellas les encantaba hacer enrojecer a su hermano pequeño.
    Se aclaró bien y salió de la ducha. Se colocó una toalla y salió del baño, a continuación abrió la puerta. Y al salir como un flash en su cabeza resonó una risa infantil melódica, entonces volvió a acordarse de los ojos de su sueño.
    Lo que le faltaba ahora, una risa infantil que no auguraba nada bueno, sin duda pasaría algo hoy, lo intuía, tendría algo que ver con aquellos ojos que acosaban su mente.
    Volvió a encender la radio, y la puso lo más alto que pudo. Quería evadirse. El estribillo del grupo KAT TUN resonaba en la habitación, la guitarra eléctrica, la batería, los bajos y el teclado formaban una melodía muy pegadiza.


    Soshite mata ore wa tabi dachi
    Nokosareta no wa omoide tachi
    I REMEMBER
    Kimi ga nokoshita MESSAGE LIKE THIS
    "IF YOU LOOK BACK I WON'T FORGIVE YOU."
    MY EYES Asu wa mienai kara
    Kyou wa me wo tojite yume dake wo miru
    Mae ni mukau kara TO THE TOP OF THE WORLD
    Yakusoku no chi de I KNEEL TO PRAY



    Shaoran tarareaba la canción y solamente cantaba los trozos en inglés. Nunca se le dio muy bien el japonés, a pesar de haber vivido tres años en Japón.
    – She said "never look back"
    she said "never look back" whatever you face"
    She said "never look back" sou furi mukazu





    Tsuyoku takaku I gonna go my way.


    Cuando terminó la canción apagó la radio y salió por la puerta principal. La mansión Li no era una casa convencional, pues la familia Li poseía un gran edificio muy lujoso donde se celebraban lujosas fiestas y alguna que otra reunión de empresa.
    El edificio Li estaba lleno de cámaras de seguridad de última generación y guardaespaldas muy bien capacitados. Shaoran había tenido que discutir varias veces con su madre por culpa de la cámara que habían puesto frente a la puerta de su apartamento dentro de la mansión Li.
    Como siempre su madre tenía la última palabra, y aquella había sido un rotundo “No”. Así que Shaoran no tuvo más remedio que arrancarla frente a seis guardaespaldas que no supieron reaccionar a tiempo.
    Cada uno de los hermanos Li tenía un espacio de tres habitaciones y un cuarto de baño personal. Un pequeño apartamento dentro de aquel enorme edificio. Así tenían intimidad absoluta, aunque tanto Uei y la cabeza de familia Ieran Li tenían otro juego de llaves.
    El servicio de habitaciones lavaba las sábanas cada semana, había un cesto de la ropa al principio del apartamento. La ropa sucia y las sábanas se echaban allí y se sacaban al pasillo, de esta forma nadie tenía acceso a las habitaciones de los integrantes de la familia Li.
    Cerró su apartamento con llave y salió al comedor principal, donde le esperaban el resto de la familia para desayunar.
    Caminó por los pasillos de su casa y rápidamente correteó a su lado el gato de la casa: Keroberos, un gato con un carácter especial. A pesar de estar muy mimado se mostraba muy reticente a dejarse querer por los miembros de la casa, a no ser que hubiera comida cerca.
    – Ya va el gato en busca de algún dulce…– le dijo con sorna.
    – Miau.
    La mirada del gato hacia su único dueño varón era la misma, odio.
    – Me da igual como me mires, el odio es un sentimiento encantadoramente mutuo entre nosotros… – dijo él entre risas.
    – Meow…– le gruñó enfadado.
    – No me mires así… gatito de cinta azul – le dijo riéndose de nuevo.
    – zzZzz– bufó el gato mientras le daba zarpazos en la pierna.
    – ¡Zape Gato!– exclamó a la vez que salía corriendo para quitárselo de encima, odiaba a aquel gato.
    Una voz por detrás le hizo parar en seco, hasta Kero se golpeó con él.
    – ¿A qué viene tanto bullicio Shaoran Li?–
    Aquella voz solo podía pertenecer a una sola persona, Ieran Li, la cabeza de familia Li. Era una voz gélida carente de sentimientos positivos. Venía acompañada de Fuan Len.
    – Ma… madre… discúlpame… yo no quise…
    – Un muchacho de tu edad no corre por los pasillos, hijo no me avergüences…
    – Lo siento madre, no volverá a suceder – le contestó cabizbajo, la risa infantil volvió a recorrer su mente.
    – ¿Quién eres, y por qué invades mis pensamientos?– Pensó para sí mismo intentando hablar con aquella presencia que lo atormentaba – ¿Eres algún espíritu que quiere castigarme por algo que he hecho y no recuerdo?
    – ¿Hoy tienes clase hermano?– preguntó su hermana animada.
    – No, pero me levanté temprano para estudiar…
    – ¿Vais a salir?– preguntó.
    – Así es, ya que Fu Tie se casará dentro de seis meses hay que organizar toda la boda.
    – Entiendo.
    – Por esa razón cuidarás la casa hoy.
    – Muy bien –Les dijo antes de irse a desayunar.
    Al cabo de una hora, una limusina negra salía de los verdes jardines de la familia Li y atravesaba el lago que había en la casa, y se perdió en la lejanía.
    Shaoran miraba el coche desde la ventana de su habitación y se dirigió a su ordenador donde tenía que seguir copiando apuntes. Recibió un mail de un amigo, sabía que aquel chico, era un pervertido sano, como todos los demás… Pero como la curiosidad mató al gato decidió abrir el e-mail.
    Y efectivamente, tenía algunas imágenes eróticas que Shaoran pasó sin verlas, pero se fijó en una, concretamente era una sirena. Shaoran pinchó sobre ella y le llevó al video erótico en cuestión, las palabras del principio de la actriz fueron.




    ¿Ves? Soy una sirenita… ¿Crees en las sirenitas?


    – ¿Qué si creo en las sirenas?... – murmuró para sí, se quedó pensativo.
    Cerró la página y se sentó en uno de los sillones del salón, allí, se tomó un refresco y dejó la mente en blanco, pero no lo consiguió... A pesar de no haber visto el video, seguía pensando en la primera frase que dijo la actriz porno.
    Las sirenas… cuando era pequeño… tuve un sueño, aunque realmente… fue demasiado real, ya no recuerdo mucho… me repito, era muy pequeño. En aquel viaje ocurrió algo, no sé que fue pero pasó algo
    – Meow…
    – Ahora no tengo ganas de ti, Keroberos… en otro momento quizás…
    El chico salió de su dormitorio y se dirigió al salón de su apartamento, allí encendió la televisión y puso un canal cualquiera. Un canal de cocina, Chu Fang era el cocinero.




    Para preparar el pescado ahumado de Shan–ghai, preparamos el pescado y lo sazonamos ¡acuérdate raspa las escamas pero deja la cola tal cual! Mirad tiene forma de siren…


    Shaoran cambió de canal, se llevó una mano en la cabeza… Era un complot contra él… lo sospechaba.
    – ¿Qué les pasa hoy? Ni que existieran…
    Toc, toc, toc. Llamaron a la puerta.
    – ¿Quién podrá ser?– dijo mientras se levantaba.
    Abrió la puerta y se encontró a una mujer joven, una sirvienta. Su pelo era oscuro cortado a dos capas, en uno de los lados, se había hecho una trenza, sus ojos eran marrones, aunque escondía un aura juguetona en su mirada. Era delgada y tendría apenas veinticuatro años, vestía un vestido negro corto con un delantal blanco, su uniforme.
    – Ah… Akizuki eres tú…
    – Llámame Na–ku–ru– le señaló ella.
    – Vale pero… ¿Qué quieres Nakuru?
    – Su amigo Nuán Huó está al teléfono.
    – ¿Por cuál línea?– preguntó el joven.
    – Por la línea dos, la suya, como tiene el cable del teléfono desconectado, ya sabe por lo de la otra vez…
    – Sí… Yinéisi… espero que ya haya desistido en llamarme…– suspiró.
    – El rompecorazones Shaoran Li ataca de nuevo…
    Nakuru Akizuki, la asistenta, entró en el apartamento con una bandeja con comida.
    – No es así porque no llegué a hablar con ella nunca… alguien le dio mi teléfono…
    – O lo miró en la guía telefónica, quién no sepa que casa es esta es porque es ciego, sordo y mudo – dijo riendo.
    – No me lo recuerdes… – exclamó derrotado.
    – Bueno, debo irme ya, tengo cosas que hacer – explicó mientras se iba, su risa se escuchó hasta que desapareció tras una esquina.
    – Que mujer más rara…
    Entró dentro de su habitación y conectó el teléfono tras un mes sin cable, descolgó y marcó la línea dos.
    – ¿Diga?
    – Hola Li ¿te gustaron los vídeos?– Exclamó riéndose una voz masculina. Shaoran suspiró.
    – No los vi, sabes que esas cosas no me gustan Nuán Huó…
    – Pero ¿Viste a la sirenita?
    – Sí, desgraciadamente vi el principio…
    – Es tan sexy…
    – ¿No ves a las chicas para hacer otra cosa que…
    – Jajaja ¿pero qué estás diciendo? Habló el pederasta…
    – ¡Por qué dices eso!– preguntó exaltado.
    – Jajaja el otro día te vi dibujando una sirenita ¿Seis, siete años? Vamos Li, esos son cosas de niñas –Hizo otra pausa y se calmó un poco para seguir hablando– Pero entonces pensé… seguro que este video le gustará jajaja – reía a mas no poder.
    – ¿No te equivocarías con Meiling?
    – No, si no me crees mira tu cuaderno de apuntes – dijo el joven un poco serio.
    – Claro que voy a mirarlo…
    Se levantó del sofá y se dirigió a su cartera, entre que se estaba riendo y que estaba nervioso acabó por vaciar en el suelo el contenido de su cartera. Cogió su cuaderno de apuntes y allí lo vio, una sirenita pequeña…
    – Vergonzoso…
    La risa de Nuán Huó se hizo notar, Shaoran se avergonzó de sí mismo, no supo dónde meterse.
    – La sirenita… ¿Quieres que te regale la versión de Disney?
    – No hace falta…– le respondió secamente.
    – Vamos no te enfades… sabes que estoy de broma.
    – A veces me sacas de quicio…
    – ¿Te enfadaste, eh? Vaya… lo siento…– expresó su arrepentimiento.
    – No te disculpes, es cosa mía, últimamente tengo sueños extraños…
    – Puede que sea un espíritu vengador… ¿Qué has hecho ahora?
    – Nada… nada de nada…
    – ¿Podría ser alguien que odie a los Li?, Eres el heredero o… ¿Qué tal Yinéisi? Le hiciste mucho daño…
    – Le expresé claramente que no quería una novia por ahora, quiero estar solo…
    – Llevas así varios meses, no sales con ninguna chica… se te agriará el carácter… ¿No te gustarán los...
    – No es eso… es mi madre… que me está instruyendo en el oficio… además… Ahora que lo mencionas ¿Qué casualidad que las chicas con las qué salí solo se interesaban por el dinero?
    – Las mujeres están ciegas… o…
    –…O son demasiado listas…
    La carcajada que se oyó al otro lado del teléfono fue demasiado estridente, Shaoran tuvo que separarse el auricular unos centímetros antes de volver a ponerse.
    – Bueno Li, he de colgar, mi padre quiere que vaya a la costa con él. ¡Ah! Por cierto, he invitado a Ren Zhen, a Gao Xing y pregúntale a Meiling si quiere venir ¿Y tú?
    – Vale, le preguntaré a Meiling…
    – Muy bien, te espero entonces mañana, Llévate bañador que allí hay motos acuáticas alquilables.
    – Sí…
    Se sentó en el sofá y se rascó la cabeza.
    – Quedamos entonces en la estación ¿llevarás tú la moto?
    – Sí, llevaré a Meiling conmigo.
    – Bien, entonces hasta mañana – se despidió.
    – Adiós…– replicó colgando a la vez que suspiró.
    Y yo quería estudiar…– sacó el móvil y marcó un número.
    – ¿Diga?
    Contestó una voz femenina al otro lado del teléfono.
    – ¿Meiling, eres tú?
    – ¿Shaoran? Si, soy yo.
    – ¿Tienes planes para mañana?– preguntó.
    – No ¿Por qué, es que quieres pedirme matrimonio? …lo siento pero yo…
    – Nuán Huó llamó hace un momento y pidió que fuéramos a la costa.
    Shaoran cortó la broma de Meiling a tiempo. Cuando eran pequeños estuvieron prometidos durante una larga temporada.
    – ¿Quiénes iríamos?
    – Nuán Huó, Ren Zhen, Gao Xing y supongo que irá la novia de Gao Xing.
    – Vale iré, pero solo porque hay demasiado macho – dijo animada.
    – Eh… bueno iré mañana a recogerte a casa ¿vale?
    – Perfecto ¿Llevo bañador?
    – Sí, al parecer hay motos acuáticas.
    – ¡Genial!
    – Hasta mañana Meiling.
    – Hasta mañana Primo.
    Tras el cuelgue por parte de ambos, la habitación se sumió en un perfecto silencio sepulcral, casi molesto. Cerró los ojos y se concentró en la nada, ¿Qué era eso que se oía a lo lejos? Parecían cascabeles.
    Efectivamente.
    Unos cascabeles. Solo significaba una cosa. Miró hacia los dos lados y no vio a Keroberos cerca ¿Estará dentro de mi cabeza? Pensó para sí mismo. Clin clin, Clin clin. Resonó el cascabel, Shaoran se levantó un poco nervioso ¿Qué o quién podría ser?
    Clin clin, abre la puerta de su apartamento, sin embargo no había nada; clin clin, clin clin, cerró los ojos buscando el origen del sonido, años de entrenamiento en todas las modalidades de artes marciales servirían para algo pero… Estaba seguro que podría hacer el ridículo si no era nada importante, pero aun así le llamaba la atención.
    Clin clin, subió las escaleras siguiendo el sonido y llegó al séptimo piso, el ala de su madre, los cascabeles se oían con más fuerza. Clin clin, clinc clin.
    ¿Qué podrá ser? Esto el ala de mi madre, como descubra que estuve aquí seguro que me mata… nadie tenemos acceso a esta zona… Lo descubro y después me voy…
    Clin… clin… La puerta de aquella habitación era grande y delgada, había estado allí antes, era una biblioteca repleta de libros que no podía tocar por orden expreso de su madre.
    Lo descubro y después me voy…
    Abrió la puerta sin dificultad pues no estaba cerrada, y se sorprendió cuando alzó la vista hacia la ventana y descubrió el origen…
    Lo descubro y después me voy…
    Clin clin, clin clin… Se acercó al cascabel de cerámica, y se rió de sí mismo, lo descolgó del techo y sintió algo extraño, una punzada en las sienes.
    Lo he descubierto pero sin embargo aquí pasa algo raro… Mejor lo dejo…
    Clin Clin, Clin Clin… Volvió a sonar aquel cascabel de cerámica entre sus manos. Había algo extraño pues seguía sonando a pesar de no zarandearlo. Además que no sonaba exactamente igual que la cerámica no… parecía metal.
    Se abrió la puerta de pronto, el chico se asustó tanto que tiró el cascabel al suelo. Pese a que intentó atraparlo al vuelo no fue suficiente. Impactó contra el suelo, y al hacerlo este se rompió en dos mil pedazos.
    – ¿Señoríto Shaoran?– preguntó confundido el mayordomo Uei.
    Shaoran no contestó, ni siguiera le miró. Los cascabeles habían dejado de sonar en su cabeza. Descubrió que en el interior del extraño cascabel había un paño negro que servía de envoltorio a algo.
    El joven Li lo tomó en sus manos con cuidado y lo abrió. Surgió del interior una pequeña caracola, para ser más precisos era un colgante. La cadena estaba hecha de un hilo que no supo distinguir, y estaba adornado con cuentas que eran diminutas conchas, pero lo que más le llamaba la atención fue la caracola en particular.
    La caracola era completamente blanca nacarada, pero estaba un poco apagada porque necesitaba una limpieza urgente. Su forma era alargada y tenía algún que otro saliente, descubrió al girarla entre sus dedos una pequeña inscripción que rezaba unos símbolos que no pudo comprender.
    – ¿Shaoran?
    La risa infantil resurgió en la mente del chico. Shaoran, intentando ignorar la risilla, prestó atención en el colgante y su inscripción de nuevo. Y sin explicación esta vez entendió lo que revelaba. La risa se convirtió en una carcajada.
    Todo le daba vueltas, se sentía en el aire, pero sus pies estaban pegados en el suelo. Se sentía bajo la presión del aire, pero respiraba con normalidad. Creyó que miraba a través del agua, sin embargo sabía que estaba seco. Veía luces y sabía que estaba en la oscuridad.
    La neblina le cubría. El frío atoraba sus sentidos. El calor le abrasaba los labios.
    Oía, pero se sentía sordo. Veía, pero se sentía ciego. No palpaba y no gustaba. No se sentía y sin embargo estaba allí.
    Vivo.
    Y en medio aquella voz.




    Shaoran


    – Nadeshico… Tetis… Shiromizu… El Mar… – Al pronunciar la última palabra, un sonido agudo cruzó su cerebro de norte a sur, de este a oeste. De Infinito a lo Finito de su existencia. Se llevó las manos a las orejas y gritó, y lo hizo tan fuerte que casi provoca un paro cardíaco a Uei que no sabía como pararlo.
    Le gritó, le zarandeó, y finalmente le golpeó. Todo en Vano.
    En la mente de Shaoran se vieron muchas escenas extrañas y difuminadas. Agua, un palacio, peces, corales y cuando por fin se puso nítida la imagen, se vio a sí mismo con apenas siete años de edad, metido en el agua, con el corazón en la garganta… y escuchó su voz…


    Shaoran


    Tembló al ver las imágenes y luego cayó sin conocimiento al suelo.
    A muchos kilómetros de allí, en el final de las profundidades, una energía superior viajaba a kilómetros luz. Descendió más y más, se coló dentro de unas grutas donde se erigían restos de civilizaciones humanas en ruinas y frente a un altar, había una concha blanca. La energía se desplomó sobre la concha y se coló por las rendijas, mientras que el suelo vibraba.
    En el interior un ser, se estremeció y se encogió, se envaró y luego se relajó. Dio una bocanada de aire y abrió los ojos.
    Luego la concha se quebró dejando salir a la criatura…


    ~ Continuará...
     
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  5.  
    fabrianny

    fabrianny Entusiasta

    Cáncer
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    23 Diciembre 2008
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    Pluma de
    Escritora
    Re: El Canto de la Sirena

    hola!!!!!!
    vale disculpa pero se hace mas facil decirte hikari perdon ah y estuvo beuena la conti la person de shaoran es muy buena me hace reir y reflexionar al mismo tiempo me gusta el modo de tu escritura y la manera en la que lo desarrollaste muy buena bueno espero el proximo capi ok suerte.
    chau!!!
     
  6.  
    HikarisysVD

    HikarisysVD Guest

    Título:
    El Canto de la Sirena
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    4139
    Re: El Canto de la Sirena

    El canto de la Sirena -
    ¡Hola! Los personajes de esta obra pertenecen a CLAMP ante todo y la historia me pertenece.

    Espero que disfrutes y me escribas algún Review.
    ¡Opina! y ¡Disfruta!
    Capítulo III –
    El Despertar de la Sirena –
    La concha se quebró en mil pedazos dejando salir a la criatura, que salió disparada hacia el exterior de la gruta. Buceó sin aminorar la velocidad, se perdió entre un banco de peces y saltó al exterior en la superficie y se volvió a sumergir.
    Cayó inerte sobre unas rocas de un risco muy cerca donde se encontraban las ruinas que la habían mantenido prisionera durante muchísimo tiempo. La recogieron unos tritones que como las sirenas y al contrario que los peces son parafiléticos.
    Los tritones eran hijos directos de Poseidón y Anfítrite, diosa del mar en calma.
    Con sumo cuidado tomaron el cuerpo inerte de la criatura. Otros tritones se acercaron e iniciaron una procesión que les llevaría al Shiromizu, el castillo de coral y piedra blanca. El lugar donde estuvo la criatura desterrada hasta su despertar.
    Dóride estaba sentada en su trono de mármol rodeada de algunas de sus hijas pequeñas, se estaba llevando a cabo el nombramiento de una sirena que acababa de cumplir la mayoría de edad, los diecisiete años.
    La procesión irrumpió la cámara principal, el nombramiento de las sirenas se detuvo. Esperaban el momento que estaba ocurriendo en ese mismo momento, los tritones depositaron el cuerpo de la criatura sobre un altar a la derecha de la sala.
    Una de las sirenas que participaba en la ceremonia del nombre se estremeció al ver a la criatura. Cuando la depositaron, se acercó a ella y con lágrimas en los ojos acarició el contorno de su cara.
    Era muy hermosa.
    – Querida amiga, es el mejor regalo que podían hacerme en esta vida Sempiterna, despertaste en mi cumpleaños.
    – ¿Es aquella sirena que desterré?
    Dóride señaló el cuerpo de la sirena que yacía sobre el altar.
    – ¿Aquella pequeña encerrada en una concha, separada el alma de su cuerpo y encerrada en la mente de su mejor amiga?
    La maestra de ceremonias que se hallaba tras una columna de mármol negro asintió a Dóride.
    – Bien, suficiente castigo ha cumplido, acérquense sirenas.
    Uno de los tritones apartó a la llorosa sirena de allí. Dóride se acercó a la sirena que yacía dormida y acarició sus cabellos.
    – Once años has sufrido encerrada en dos jaulas, es hora que abandones la mente de la portadora y regreses a tu cuerpo, acércate pequeña.
    Puso la mano izquierda en la frente de la sirena de negros cabellos y otra en el corazón de sirena durmiente.
    – Seiren, sou sugjoró, sóma sas to pou sundéetai sto pneúma sas


    Sirena, te perdono, tu cuerpo se unirá con tu mente.
    Hubo un resplandor que inundó la sala de luz. Los ojos de la sirena de violáceas escamas brillaron con un color rosa puro, aquella energía en forma de luz se introdujo dentro del cuerpo de la joven que seguía inconsciente.
    Dóride se apartó de ellas un poco y un tritón agarró a la sirena que comenzó a convulsionarse, y brilló de nuevo. La sirena del pelo negro volvió en sí aturdida y pudo ver a su amiga, que como ella comenzó a convulsionarse violentamente.
    La sirena se llevó las manos a los labios, preocupada miró a Dóride que no le devolvió la mirada. La sirena que mantenía los ojos cerrados dejó de temblar y llenó sus pulmones de aire.
    – ¿Querida amiga? – La llamó con un hilo de voz.
    – Espera un momento pequeña… aún debe despertar.
    Los dedos reaccionaron y cerró los puños con fuerza. Aún sin ser dueña de sí misma alzó la cabeza junto con todo su cuerpo y los allí presentes observaron su rostro juvenil.
    En sus labios rosados se había formado una dulce sonrisa. Una lágrima surgió de su ojo derecho y se convirtió en cristal cuando llegó a su barbilla, poco a poco abrió los ojos y miró a su amiga, que lloraba de emoción.
    – Querida… amiga…– Llamó la recién despertada.
    – ¿Te encuentras bien?– preguntó abrazándola.
    – Sí, por fin estoy de vuelta, ni la eternidad que viviremos será capaz de hacerme olvidar lo agradecida que estoy…
    Las sirenas se abrazaron con más fuerza aún, si cabía. Dóride volvió a su trono y la maestra de ceremonias carraspeó varias veces.
    – Es hora de tu nombramiento pequeña.
    La joven pelinegra se acercó sonriente, su amiga se quedó atrás contemplando el espectáculo.
    – Sirena, hace diecisiete años hoy naciste, hija mía – Hizo una pausa –. Eres una hija de Atargatis y a pesar de ello hoy estás ante mí para recibir un nombre. Vivirás anclada con ese nombre miles de eones, hasta que Poseidón despierte y puedas servirle. ¿Estás dispuesta a recibir el nombre?
    – Lo estoy.
    – Traed la piedra onoma.
    Dos Sirenas custodias trajeron desde el templo del nombre la piedra Onoma. La piedra que revela el nombre al destinado.
    – Pon tu frente sobre la piedra y mantén la mente en blanco, no pienses en nada…
    Aquella tarea no fue muy fácil para aquella sirena. Había grandes cosas en las que pensar como el despertar de su amiga y que el día de su nombramiento, aún así lo intentó.
    La esfera brilló. Dóride apartó a la joven y leyó sobre la piedra, después al apagarse hubo un sonido de ultratumba y surgió una corriente de agua que hizo que los cabellos revueltos de los allí presentes fueran hacía la misma dirección.
    Luego cesó volviendo a la calma inicial.
    Dóride acarició los cabellos de la joven y le sonrió.
    – Tu nombre será Tomoyo… dime ahora… ¿Por qué elegiste este día para tu nombramiento?
    – Sospechaba que mi querida amiga despertaría hoy, quería que estuviera presente ese día.
    – Amistad… eso significa tu nombre, conservadla.
    – Así lo haremos – dijo haciendo una reverencia.
    – Sirena, puedes marchar con Tomoyo.
    La sirena de ojos verdes hizo una reverencia con la cabeza y se fue junto a su amiga. No pronunció palabra alguna durante el paseo, pues estaba absorta con toda la belleza del mar, belleza que le habían privado por culpa de su mal.
    – Tomoyo… me gusta tu nombre – dijo con una sonrisa.
    – gracias amiga mía.
    – ¿Cuándo me darán mi nombre?– preguntó con interés.
    – Será dentro de quince días, cuando sea tu cumpleaños.
    – Esperaré ansiosa ese día, quiero que estés presente.
    – Claro que sí – dijo mientras acariciaba su pelo – te eché tanto de menos… aunque habitabas en mi mente… una parte de mí quería que te marcharas… quería tenerte a mi lado como cuando éramos pequeñas… ¿por qué lo hiciste?
    – ¿Hacer el qué?– preguntó mientras jugueteaba con unas anémonas.
    – No… no disimules… rompiste las normas y salvaste a un humano…
    – Eso ya… me lo has preguntado mil veces amiga mía.
    – Así es, y aún quiero saber tu respuesta.
    – Sé que es algo descabellado, pero esta vez te daré la verdadera razón por la cual no estoy arrepentida.
    – ¿Y es?
    – La razón es la forma en la que miras a ese tritón… desde que éramos pequeñas, siempre le has dedicado una mirada especial… cuando estuve en tu mente, no podía evitar saber qué estabas pensando, y sé que… Tomoyo estas enamorada de él…
    – ¿Y con eso me quieres decir que estás enamorada de ese humano?
    – Gracias a ti, sé lo que es el amor y me temo que así es…– se sonrojó.
    – ¡Es un humano!– exclamó exaltada.
    – Sé que no es bueno, pero… no dejo de pensar en él, y mi cuerpo lo acepta…
    – No digas estupideces sirena…
    – Tomoyo, perdóname, no merezco tu amistad después de todo…
    – No digas eso ni en broma… pero me preocupas, él seguro que no te recuerda…
    – Lo sé… pero debo averiguarlo…
    – No querida amiga…será mejor que te olvides de él… no quiero que te separen de mi lado de nuevo.
    – Yo también, por eso he decidido ir por él y traerlo aquí…
    – Eso es imposible.
    Las sirenas se miraron con un atisbo de terror en los ojos. La recién nombrada Tomoyo se separó de su amiga y desvió la mirada hacia un lado.
    – Eso… también lo sé… pero quiero intentarlo… no quiero que te pongas en medio, no quiero que te castiguen a ti por mis planes…
    – No me extrañaría que la piedra onoma te llamara Hankosha… amiga mía eres la rebeldía personificada… te ayudaré en lo que pueda… porque te comprendo… solo me arrepiento de lo que pasará una vez que se enteren.
    – Gracias.
    – Pero espera unos días más, por favor… vamos a investigarlo…
    – También deberíamos buscar a Kaho…
    – Cuando fuiste desterrada, ella se encerró, creo que sé donde está.
    – ¿Iremos pues?– preguntó con una sonrisa.
    – Claro que sí – respondió a la vez que tomaba su mano.
    Nadaron una junto a la otra, felices por su esperado reencuentro. Se deslizaban entre las corrientes y jugaban como cuando eran pequeñas.
    – ¡Tomoyo te reto!
    – ¡Vale!– respondió ella, sonriente también.
    – ¡Ya!– gritó.
    La carrera entre las dos sirenas estaba bastante reñida. Bordearon unos acantilados y cruzaron un pasaje entre la pared rocosa, esquivando a la vez un grupo de estalagmitas. Al salir, la sirena sin nombre ganó porque la otra se retiró.
    – Tomoyo… ¿Qué té pasa? Antes nadabas mucho más rápido…
    – Sabes que lo mío no es la velocidad… –Hizo una pausa y dio un respiro, miró a amiga y descubrió un semblante preocupado –. No es nada.
    – Por mi culpa estás así…
    – Solo dame un respiro, siempre fuiste más enérgica que yo– explicó sonriente.
    Tomoyo tomó las manos de su amiga y prosiguieron su alegre nadar hasta unos riscos. Allí descendieron hasta el fondo esquivando erizos y medusas que podían herirlas.
    Cuando la penumbra las envolvió, se agarraron las manos con mucha más fuerza. No se oía un alma a quince kilómetros y eso alertaba a Tomoyo.
    Pronto llegarían a un saliente donde estaba la cueva en la que se hallaba la que antes fuera su mentora. La llamaron varias veces al llegar.
    – ¿Kaho, Señorita Kaho?– Llamó Tomoyo varias veces, sin embargo no obtuvieron respuesta alguna.
    – Qué raro ¿Verdad? …
    – ¿Crees se habrá ido a dar un paseo?
    – Debe de estar más dentro, voy a ir a ver…
    La sirena de los ojos verdes se adentró un poco más en la caverna. No había signos de vida en aquella cueva, y eso era lo que no entendía, pues se suponía que Kaho había vivido allí casi quince años.
    En un agujero había una inscripción que llamó la atención a la joven, que se acercó para leerlo. Una vez lo hubo hecho llamó aterrorizada a su amiga que acudió al instante.
    – ¡Tomoyo ven!
    – ¿Pasó algo grave?
    – Escribió una nota, está...
    Su voz se quebró al pronunciar el paradero de su mentora. Tomoyo se acercó más y leyó la inscripción, a la vez que un nudo se le formó en el estómago.
    – ¿Está Durmiendo?
    – Sí…
    – No puede ser… quería preguntarle algo… vamos… no llores, seguro que estará bien…
    – Quería pedirle perdón… ella fue muy buena con nosotras… y yo… No merecía irse.
    – No te culpes ¿vale? Nuestras madres también están allí… Ven, tengo que enseñarte muchas cosas y debes ver otras…
    Se alejaron de aquel lugar y pasaron el día jugando entre peces y algas en una pradera submarina. Rescataron tesoros en un buque abandonado y al caer la noche salieron a la superficie y se bañaron en los rayos de la luna.
    – ¿Tu madre también fue hija de Atargatis?
    – Sí, y tu madre también según parece.
    – Mi madre y yo fuimos muy diferentes… ella era más parecida a ti…
    – Pero eso no quita que sean nuestras madres ¿Verdad?
    Le sonrió Tomoyo mientras trenzaba los largos cabellos de su amiga. La más rebelde suspiró y finalmente preguntó.
    – ¿Por qué se fueron?
    – Al parecer…
    – No quería vivir más… ¿Verdad?
    – Y mi madre la siguió, como yo te seguiría a ti – le reveló.
    – No digas eso… yo no podría cansarme de vivir.
    – Yo tampoco si tú vives...
    – Prométeme que jamás irás a aletargar con Poseidón.
    – Te lo prometo.
    – Yo también te lo prometo. Y... deberías intentarlo con ese tritón.
    – Sí, lo intentaré.
    Los rayos del sol cubrían la ciudad, el invierno estaba terminando en Hong Kong, el pronóstico de aquel día era de 28 grados centígrados aquella mañana, hacía un excesivo calor para aquellos días.
    Cinco personas estaban allí cargando una furgoneta, el ruido de una moto de gran cilindrada, una Harley, les sorprendió. Los cinco no estaban aún acostumbrados a la moto nueva de Shaoran.
    – ¡Buenos días Li!- Saludó Nuán Huo
    – Hola.
    – ¡Buenos días a todos!
    Saludó Meiling efusivamente con la mano, todos los amigos le devolvieron el saludo de igual forma, aquella mañana Meiling estaba de muy buen humor. Shaoran se acercó a Nuán Huo que estaba acoplando bártulos en su furgoneta.
    – Ten ¿cabe esto en el maletero?– preguntó mientras le pasaba dos bolsas de tela.
    – Claro, dámelas.
    Se pusieron en camino, y al cabo de tres horas llegaron a hermosa Bahía de Repulse. Un lugar especialmente bonito, pues los palmerales chinos siempre estaban verdes en cualquier época del año y la arena era blanca, fina y sedosa.
    Había mucha gente bañándose allí, aunque era raro que en invierno las playas estuvieran atestadas de bañistas, con el cambio climático y a tan solo nueve días de la primavera, gracias al agua cristalina muchas personas podían aliviar aquellos días de insoportable calor.
    Los pescadores estaban apostados en las rocas lisas del espigón en uno de los extremos de una pequeña cala que se formaba en la bahía.
    La Bahía de Repulse es mundialmente conocida como el Hawai Oriental. Bajo las sombrillas que habían clavado los chicos en la arena de la playa, Meiling y Xi Wang se extendían crema solar, mientras que los chicos habían ido a alquilar unas motos de agua.
    – Me gusta tu bañador Meiling– admitió Xi Wang con una risilla.
    – El tuyo también es muy bonito– le respondió animadamente.
    La playa estaba llena de color, abundaban bikinis de distintos diseños. El bañador de Meiling era un bikini rojo con los bordes en negro. En cambio el de Xi Wang era naranja fuerte muy atrevido.
    Shaoran llegó a la sombrilla donde estaban las chicas hablando alegremente de cosas triviales.
    – Las motos están ya preparadas, vengo de parte de Nuán Huó, por si queríais montaros con nosotros.
    – Por mi vale- Exclamó Meiling levantándose ágilmente de un salto y tendió una mano a Xi Wang.
    – Por mí también.
    Shaoran siempre en silencio acompañó a las chicas a que se pusieran el chaleco salvavidas para poder por fin reunirse con el resto de amigos que los esperaban en la orilla.
    Meiling no tardó en subirse en la moto de Ren Zhen, Shaoran se olía que mantenían un idílico romance secreto; Xi Wang se montó con su novio Gao Xing mientras Nuán Huó se quedaba en la orilla con el claro objetivo de ligar con alguna chica, Shaoran pilotaría solo.
    El mar estaba en calma, los chicos hacían carreras a la vez que se iban adentrando en alta mar, alejándose de la costa prohibida para aquel tipo de vehículos.
    El sol brillaba sobre el agua cristalina, a veces incluso se podían llegar a divisar peces de colores entre los arrecifes de coral cuando dejaban las motos de agua paradas.
    – ¡Te reto Shaoran!- Le gritó Gao Xing retándole.
    – Gao… no hagas eso…
    – Tranquila tú solo agárrate fuerte.
    – Acepto tu reto.
    Ambos chicos se pusieron en posición pese al miedo que hacía vibrar a la pobre Xi Wang aferrada de Gao Xing. El sonido de los motores rugía asustando a los peces que nadaban en el fondo marino, y desde allí, dos sirenas contemplaban el suceso en la oscuridad. Sin duda alguna eran Tomoyo y su amiga sin nombre.
    – ¿Qué puede ser eso?– preguntó un poco temerosa.
    – No lo sé… pero es mejor que nos vayamos…
    – Tomoyo creo que tengo un mal presentimiento…
    – ¿A qué te refieres amiga mía?
    – No lo se realmente, mi corazón sabe que se aproxima algo muy cálido, pero por otra parte presiento que algo terminará mal… no se qué es…
    – No sé a que te refieres, pero cuidaré de ti.
    – Gracias.
    En la superficie, dos motos de agua corrían a una velocidad increíble, Xi Wang gritaba cuando saltaban, Gao Xing tenía la adrenalina disparada porque Shaoran le estaba ganando, y como todo hombre sabe, perder contra otro hombre delante de tu chica es impensable a la vez que humillante.
    Ren Zhen, que era el árbitro, estaba apostado a cien metros de lo que ellos habían considerado que era la marca de salida. El recorrido era sencillo, a doscientos metros había una gran boya flotante con una campana encima que debían rodear tres veces y recorrer cien metros más hasta llegar a Ren Zhen que transportaba a Meiling.
    Xi Wang estaba aterrada, no quería reconocer ante su novio que le tenía miedo a las motos. Con los ojos cerrados pero repletos de lágrimas, Xi Wang intentaba agarrarse fuertemente, pero sus manos estaban húmedas y se le escurrían los dedos.
    En un momento de completa confusión en el que Gao Xing consiguió pasar a Shaoran, algo hizo que la moto de agua de Gao Xing y su novia saltara, Xi Wang ahogó un gritó cuando su cuerpo no hizo suficiente fuerza para agarrarse a tiempo y cayó disparada al agua, Gao Xing no se dio cuenta, pero Shaoran si.
    Pensando rápidamente se dio cuenta que solo él sería capaz de hacer algo sabiendo que Gao Xing entre que paraba la moto y daba la vuelta hacía su novia, ella podría ahogarse o bien podía ocurrir cualquier otra cosa aún más peligrosa. Así que sin pensárselo dos veces se soltó del cable y se dejó caer al agua.
    Aquellos momentos de tensión fueron frenéticos, nadó cinco metros y divisó no muy lejos el salvavidas amarillo de Xi Wang. Conforme se iba acercando oía los gritos de auxilio de Xi Wang y cuando llegó se dio cuenta que su mayor temor se había hecho realidad.
    El Chaleco Salvavidas estaba pinchado y Xi Wang se estaba hundiendo. Shaoran la tomó por la espalda y trató de tranquilizarla.
    – ¡Tranquila ya estas a salvo!
    – ¡Li!, ¡Cógeme no me sueltes!– lloraba la pobre.
    – Tranquila, no te soltaré– exclamó intentando consolar a la chica. Todo fue en vano.
    – Sé que estas cansada, pero te voy a soltar un momento, porque voy a quitarme el salvavidas para que te agarres a él, haz un esfuerzo por no hundirte ¿vale?
    Shaoran soltó a Xi Wang, que aún horrorizaba hacía fuerzas para no hundirse. Cuando se quitó el chaleco, agarró fuertemente a Xi Wang y a ella la histeria la cegó de pronto e intentó subirse al chaleco salvavidas.
    – ¡No te subas!, ¡No!, ¡Harás que nos hundamos!
    – Quiero salir del agua… quiero salir del agua… quiero salir del agua– repetía frenéticamente la joven una y otra vez.
    Xi Wang logró subirse al salvavidas, pero si Shaoran se agarraba, esta caía. La chica dio un golpe con todas sus fuerzas al chico y que paralizado a causa de los calambres del esfuerzo se hundía poco a poco.
    Suavemente descendió hacia lo más profundo del mar, con los ojos posados en la superficie veía el sol translúcido por culpa del agua. Intentó moverse pero no le fue posible, derrotado se despidió del mundo que le vio nacer, el aire pronto se acabaría, rezó para sí para que los chicos por lo menos salvaran a Xi Wang, y su muerte no fuera en vano.
    Recordó el sonido de un piano. Reconoció las notas Mi, Fa bemol, Sol, Si… Mi, Fa Bemol, Sol, Si…cerró los ojos y sintió como el agua entraba en su interior, tenía que soltar todo el aire, pues la cabeza le iba a estallar, llevaba cuatro minutos en el agua y el final ya estaba aquí, riéndose de él.
    La extraña risa y aquellos ojos que le habían estado atormentando los días anteriores le habían abandonado. Lo que más le apenaba era que no podría terminar su vida hasta el final, no podría descubrir porqué como un fantasma aquella niña aterrorizaba sus sentidos. Su triste destino sonaba como un viejo violín.
    Las sirenas miraban al joven anonadadas, según Tomoyo ningún humano bajaba tantos metros sin una serie de aparatos extraños que llevaban en la boca y espalda. Una melodía se hizo notar y llegó hasta los oídos de la sirena sin nombre.
    – Tomoyo… creo que es mi amuleto lo que suena, es mi caracola perdida que me está llamando…
    – Aquella que diste a aquel niño hace ya once años…
    – Creo que él es ese niño… Tomoyo… perdóname…
    Tomoyo sonrió con amargura mientras veía marchar a su mejor amiga. La sirena de ojos verdes tomó rápidamente a Shaoran de la cintura y tiró de él. Nadó con fuerza y lo sacó a la superficie.
    – Resiste… Shaoran
    Nadó hasta los acantilados, cerca de una playa. Allí le subió a una de las lisas rocas y a continuación se subió ella con cuidado de no dañar su fina piel.
    Shaoran no respiraba, la sirena no sabía muy bien que hacer. Palpó su pecho y vientre buscando algo que desconocía. Tomoyo subió a la superficie, sorprendiéndola a su vez.
    – Amiga, ha tragado demasiada agua, debes hacer algo…
    – Sí…
    No muy convencida de la explicación de Tomoyo, le abrió la boca y aspiró todo el aire que pudo cubriendo después la boca de Shaoran con la suya, expulsando dentro más tarde todo el aire que había tomado, a la vez que Tomoyo golpeaba la boca del estómago del chico. Tras cuatro intentos, Shaoran vomitó agua y Tomoyo le colocó de lado.
    Un poco aturdido abrió los ojos y vislumbró aturdido unos el color verde de lo que serían unos enormes ojos, parpadeó intentando enfocar bien, pero la sal del mar aún escocía.
    Así que los volvió a cerrar. Murmuró frases sin sentidos y aferró fuertemente la muñeca de la sirena asiéndola con una fuerza debilitada. La sirena con lágrimas en los ojos aún no se creía que por fin le había encontrado. No había tenido que remover cielo y tierra para dar con él, porque Shaoran había llegado a ella. Era sin duda cosas del destino.
    – Amiga, debemos irnos…
    La sirena miró por última vez al joven y acarició el pelo de Shaoran, pasó los dedos por la nariz del chico y se colocó sobre su cabeza.
    La sirena se acercó a su oído y susurró su nombre.
    – Shaoran…
    No obtuvo respuesta y eso la entristeció, su amiga se estaba desesperando por momentos. Para calmar su dolor se acercó lentamente, con un claro objetivo, los labios del muchacho. Le colocó de espaldas contra la roca y cubrió sus labios con los suyos presionando dulcemente. Sellando así una promesa que cumpliría.
    – Volveré por ti… no temas… solo espérame…
    Las dos sirenas se marcharon de vuelta a la profundidad del mar, al mismo tiempo, el joven fue encontrado por unos pescadores y lo llevaron a un hospital. Allí le encontraron sus amigos, que habían inmovilizado a toda la policía pesquera.
    – ¡Shaoran!- Lloró Meiling cuando entró en la blanca habitación del hospital.
    – Meiling, no te preocupes, estoy bien– intentó tranquilizarla.
    – Li ¿Te encuentras bien de verdad?- Le preguntó Nuán Huó.
    – Perdóname Li, fue culpa mía…- dijo Gao Xing agachando la cabeza, arrepentido.
    – no, fue culpa mía, estoy muy avergonzada… hice que te hundieras, te salvaste de milagro…– lloraba Xi Wang.
    – Qué te ocurrió Li, ¿Cómo lograste salir? si yo mismo me emergí para buscarte y no te encontré… primero pensé en una corriente marina pero después…
    Sus amigos le interrumpieron y miraron con cierta expectación a Shaoran Li para que relatase lo acontecido.
    – Fue algo extraño, porque sentí que alguien me sacaba de allí y creo que fue ella de nuevo…
    – ¿Ella?– preguntó extrañada.
    – Nada, déjalo. Tragué mucho agua salada, seguro que lo imaginé…
    – Será eso… pero ahora duerme…
    - ¿Será ella de nuevo, pero quién es?- pensó para sí.
    Observó detenidamente a sus amigos que le miraban preocupados, y su atención se posó en la enfermera que acababa de entrar en la habitación. Encerrándose de nuevo en sus pensamientos, llegó a una extraña conclusión sobre sus propias palabras. Hablaba sin pensar... la había mencionado a ella. ¿Por qué era un ella y no un él? No lo sabía… aún…






    ¡Konnichiwa! Aquí te dejo la tercera parte de mi fanfic, espero que te haya gustado.

    ¡Ya sabes! algún comentario, alguna crítica, peticiones etc.
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    Reviews: Muchas gracias por leer mi fanfic Fabrianny, ^___^ espero que te guste este capítulo nuevo. Gracias por tan buena crítica. Un besito!!!
     
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  7.  
    fabrianny

    fabrianny Entusiasta

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    Re: El Canto de la Sirena

    Hola ah que buena conti que lindo me encanto pero bueno ya no quiero hacer spam jaja amiga cada vez me gusta más tú historia es muy linda y original espero shaoran se de cuenta pronto pero no se algo me dice que habrá dificultades pero que linda conti espero la siguiente mucha suerte y sigues contando con mi apoyo
     
  8.  
    Pam

    Pam Usuario común

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    Re: El Canto de la Sirena

    Creo haber leido hace mucho tiempo este ff aquí en este foro. La verdad que me gustaba mucho la trama pero lamente bastante el que no lo continuaran.
    Me da mucha curiosidad el saber como la sirena logrará llevar a Shaoran bajo el mar siendo que el es un humano, además de que aún ni siquiera la recuerda bien. Ojala que en breve logren encontrarse de nuevo y talvez puedan aunque sea entenderse mejor.
    Te esta quedando excelente todo.
    Sigue así.
    Salu2.
     
  9.  
    Angel Cullen

    Angel Cullen Usuario común

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    Re: El Canto de la Sirena

    Hola!
    que bueno que Sak ya desperto!!
    ademas Tomoyo ya tiene su nombre *-*
    ya se encontraron! /me baila
    que bien!
    Syaoran aun sigue aturdido xD
    espero la conti con muchas ansias!
     
  10.  
    HikarisysVD

    HikarisysVD Guest

    Título:
    El Canto de la Sirena
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    4818
    El Canto de la Sirena

    El canto de la Sirena -

    ¡Hola! Los personajes de esta obra pertenecen a CLAMP ante todo y la historia me pertenece.

    Espero que disfrutes y me escribas algún Review.

    Aclaración: Vademécum: es un latinismo, significa libro, manual o book de notas.

    ¡Opina! y ¡Disfruta!

    - Capítulo IV –

    - El Vademécum de Atargatis -


    Sintió que algo rozaba su hombro derecho, fuera lo que fuese le hacía cosquillas. Sonrió y se estremeció, abrió los ojos y miró el exterior. Estaba durmiendo en su habitación dentro del Shiromizu. Como antaño, los peces de colores venían a despertarla para jugar con ella.
    A su lado se encontró a Tomoyo durmiendo también, sonrió y nadó hacía la ventana, posando su mirada en la lejana superficie recordándole.
    Se había encontrado junto a su amiga jugando con unos delfines y cuando sintió un malestar en su pecho, nadó hacía donde le dirigía el corazón, no comprendió aquel presentimiento hasta que le vio morir, pero… no le iba a dejar fallecer.
    Rompiendo de nuevo las normas volvió a tomarle por la cintura y nadó hacía la superficie, diez metros de allí, lo emergió en la superficie, estando allí colocó la cabeza del humano en su hombro mientras nadaba de espaldas. Vio que a un kilómetro había rocas. Con un poco de suerte llegaría a tiempo y le encontrarían antes que la marea subiera cubriéndolo todo.
    Cuando llegó al sitio que consideró perfecto, lo subió con mucho esfuerzo, porque él pesaba muchísimo más que ella, pero al final lo logró. Gracias a Tomoyo, le devolvió la respiración y marcó con un beso, una promesa que cumpliría costara lo que costara.
    Mientras se sumergía, rezó a la Diosa Atargatis, para que concediera el tiempo suficiente a otro humano y así salvar a Shaoran de la crecida de las mareas.
    La sirena vio pasar los días soñando que se encontraba con él. Imaginando que no había barreras, ni leyes, ni castigos para estar con él, para amarle. Soñaba un mundo donde solamente existían ellos dos a solas.
    Lo que ella anhelaba no era del todo imposible, existían dos formas de lograrlo, a cada cual más peligrosa. Podía atraerle con su hermoso canto, llevarle con él hasta las profundidades del mar y podría implorar a Dóride y al consejo para que le convirtiera en un tritón. Y había otra forma muchísimo más arriesgada…
    De pronto la sobresaltó Tomoyo que la miraba apoyada con el codo en la ventana.
    - Sobre lo que ocurrió el otro día…
    - Mientras que nadie lo sepa estarás a salvo, yo no se lo voy a contar a nadie…
    - Gracias amiga.
    - ¿Era él?- Le preguntó mirándola inquisitivamente.
    - No entiendo…
    - Aquel a quién salvaste hace once años…
    - Estoy segura, lleva mi caracola…
    - Puede habérsela dado a cualquier humano, ha pasado mucho tiempo ya…
    - Estoy segura, pero como ocurre con nosotras su piel envejece, pero su alma es la misma, eran sus ojos.
    - Espero que no te equivoques y, me gustaría saber qué harás.
    - Debo decidir, entre traerle o…
    Tomoyo la miró aterrada, se llevó una mano a la boca y aturdida meneó la cabeza procesando las palabras de su amiga.
    - Un humano entre sirenas…
    - Tomoyo, trataría de convencer a la corte… ellas podrían convertirle en alguien semejante a nosotras, podría ser un tritón.
    - Él no llegará al Shiromizu vivo jamás, sus pulmones explotarán por culpa de la presión… Él no puede llegar donde ningún humano ha llegado.
    - En ese caso no lo permitiré, iré yo. Viviré rodeada de los suyos, me exiliaré entre los que viven en la superficie, a su lado.
    - Temo por tu vida amiga mía… No puedes estar hablando en serio.
    - Sí Tomoyo, hablo completamente en serio, y necesito que me ayudes aunque no quieras.
    - No, no me gusta, pero no tengo elección… Irás supongo a los archivos principales… aunque no puedes entrar aún…
    - No sin un adulto y tú eres un adulto ya…
    - Me imaginaba algo así…
    - ¿Podremos ir hoy?
    Tomoyo se rindió. No le gustaba absolutamente nada el plan de su amiga, pero no tenía elección. Quería a su amiga, pero estaba cruzando los límites y sabía que nada haría cambiar lo que ella había decidido, lo haría con o sin su ayuda.
    - Gracias por preocuparte por mí, pero necesito ir ya lo sabes…
    - He vivido con tu mente durante muchos años, sé como piensas y sé que no tengo elección. Lo que sientes por ese humano es precioso, pero quiero que sepas que no me gusta que te vayas, pero quiero que seas feliz.
    - Gracias- le respondió con una tierna sonrisa.
    - Ay amiga… siempre tan rebelde…
    Ambas sirenas hicieron acto de presencia en el Shiromizu antes de salir a jugar, debían ser cautelosas y no llamar demasiado la atención, por lo que pasearon por el bosque de coral y después se dirigieron hacia los archivos. Aquel era un lugar donde guardaban los principales secretos sobre la humanidad, libros que recogían todas las especies que habían coexistido en el mundo desde el principio de los tiempos, tratados y demás documentos que un sin nombre no estaba autorizado a leer sin un adulto presente.
    Se encontraban en un entramado de galerías dentro del interior de una cueva subterránea. Estaban vigiladas por dos tritones armados con lanzas terminadas en punta. Tomoyo se acercó a ellos y les pidió entrar, los soldados se miraron durante un momento y finalmente se hicieron a un lado. Tomoyo tomó a la sirena de la mano y tiró de ella.
    La gruta hacía los archivos era bastante larga, una luz tenue a lo lejos avisaba a los visitantes, el final del trayecto. Cuando llegaron vieron dos estatuas muy antiguas, eran animales extraños seguramente sacados de la prehistoria.
    Entraron por la puerta de piedra y la gran sala de los archivos principales se hallaba ante ellas, las dos amigas maravilladas miraron hacía todas direcciones. Había algunas sirenas consultando libros, el silencio y la calma que allí gozaban era sobrecogedora.
    Los libros de las sirenas no eran ni mucho menos de papel, como los de la superficie. Los más modernos los hacían con un material especial similar a la tela. Y las letras habían sido perfectamente bordadas por sirenas antiguas, seguramente ahora dormidas…
    - Debemos comenzar a buscar.
    - Un libro que ponga en el lomo… ¿cómo salir del agua?
    - Así no lo encontrarás en la vida- le contestó Tomoyo riéndose.
    - ¿Entonces…?
    - Busca todo lo relacionado con los humanos, yo miraré en los libros más antiguos donde tú no puedes mirar.
    - Si encuentras algo avísame ¿vale?- dijo tendiéndole la mano.
    - Claro- respondió chocándosela de forma amistosa.
    Las sirenas se separaron, cada una por un lado miraron libro tras otro, leyeron y se empaparon de información sobre cosas que ni ellas se hubieran imaginado que existirían. La sirena aprendió cosas sobre los humanos como que en un periodo llamado edad media, hubo una guerra en la que los humanos cazaban a las sirenas y las exhibían en los cascos de los barcos.
    - Que horror… Ahora entiendo el por qué del odio hacia los humanos.
    La angustia de generaciones muchísimo más anteriores a la suya le turbó el corazón. Soltó aquel libro que estaba leyendo y un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Vio a Tomoyo salir de una de las estanterías y la miró algo esperanzada.
    - ¿Encontraste algo?
    - No aún no…
    - ¿Tienes hambre?
    - Sí, un poco- le contestó llevándose la mano a la tripa.
    - Vale, iré por algo de comer ¿Vienes o te quedas?
    - Me quedaré un rato más.
    - Vale, no te vayas que no tardaré en volver.
    - He buscado en todo lo que he podido encontrar, sé que estoy tras una pista falsa… debo indagar en libros avanzados, deben estar ocultos o dentro de otra leyenda…- pensó ella rascándose suavemente la cabeza.
    Un pequeño resplandor dorado hizo que la joven mirase hacia un lado, curiosa se acercó, el origen de ese resplandor era una bolita de luz viviente, un duende.
    - ¿Es un duende…? Pero se supone que son los que custodian a las diosas… los que dan luz a la oscuridad... ¿quizás una diosa esté guiándome?, ¿Atargatis?
    -…te equivocaste- dijo una voz femenina tras suya.
    La sirena giró sobre sí misma y se encaró con la mujer. Era una diosa muy bella, de apariencia humana y tierna desnudez. Sus ojos de un azul celeste muy vivo la contemplaban con interés, sus carnosos labios carmesíes le sonrieron y sus manos sujetaban sus largos cabellos dorados que ondeaban en el agua.
    - Respóndeme si quieres salir del mar para buscar a un amor.
    - Sí.
    Con una reverencia respetuosa se permitió ser honesta. Temerosa dirigió su mirada a los ojos pálidos de la Diosa y estos la miraban con ternura.
    - Ya que ese es mi poder, te ayudaré sirena. Ya has sufrido demasiado castigo por uno de mis hijos.
    - ¿Afrodita?
    - Venus, Urania, Basilis, Despina, Melainis… Muchos nombres para mi divinidad, pero soy universalmente conocida como la Diosa del Amor.
    - Imploro tu consejo, ¿De qué forma podría ayudarme?
    - A pensar, porque tú sabes ya la respuesta…
    - Estoy confundida mi señora.
    - Puse mi ojo sobre ti en el día que salvaste a aquel humano, Shaoran, mi hijo Cupido hizo de las suyas, pero estoy dispuesta a ayudarte y Atargatis también. Ambas te apoyaremos.
    - Puse mi ojo sobre ti el día en el que salvaste a aquel humano, por culpa del travieso Eros te ves envuelta en esta situación… No temas sirena, estoy dispuesta a ayudarte y no estoy sola. Atargatis también vela por ti.
    - ¿Qué debería hacer mi señora?
    - Hoy has leído varias leyendas sobre nosotras, ¿Cómo logró escapar de Mopsos?
    - Se sumergió en un río… pero ella era ya una sirena.
    - Sí, pero ¿No te ha llamado la atención la forma en la que se aparece en el mundo terrenal?
    - Sinceramente, no lo sé ya que nunca pude ver con mis propios ojos a la Diosa Atargatis.
    - Mi sirena, el Dios más cercano duerme desde ya innumerables siglos, Poseidón debería velar por vosotras.
    - Pero…
    - Atargatis bordó un vademécum sagrado mientras acunaba a su primer hijo Ictio.
    - ¿Y ese libro está aquí?
    A pesar de no haber entendido en un principio lo que la Diosa Afrodita quería decirle, el hecho de que existiera un libro bordado por las manos de una Diosa bastó para que su débil esperanza de cumplir sus sueños se volviera realidad.
    Miró expectante a una radiante Afrodita y ella asintió.
    - Sí. La mayoría de los libros se encuentran aquí, aunque un libro tan importante no se haya con la mirada. Estoy segura que incluso a Dóride se le ha escapado de las manos.
    - ¿Usted me lo entregaría?
    - Te diré su ubicación exacta, lo tomarás y lo esconderás- hizo una pausa-. Pero escúchame bien, el ritual lo deberás hacer tú sola dentro del más estricto secreto, me refiero a que no puedes revelar nada del libro. Pronto Atargatis se pondrá en contacto contigo.
    No todo podría ser tan perfecto. Fue la frase que pasó por la mente de la sirena.
    - Agradezco de todo corazón su bondad, pero permíteme que os pregunte- hizo una pausa y frunció el ceño angustiada-. Me entregará el libro así, sin más.
    - Debes entender pequeña, que todo esto es para nosotras nada más que un medio de diversión, un juego. Dóride lleva siglos con el control del mar, estamos poniéndola a prueba.
    - No lo entiendo muy bien, pero sinceramente gracias.
    - El libro está oculto entre las dos últimas estanterías, deberás hacer un poco de fuerza porque pesa mucho. Mucha suerte pequeña, tienes mi bendición- dijo la diosa antes de desaparecer.
    La sirena se acercó al lugar indicado y miró discretamente hacia los dos lados. No vio a nadie a la vista. Levantó un poco la estantería y vio que como dijo la Diosa pesaba un poco. Mordiéndose la lengua sacó fuerzas de flaqueza y logró hacer que un libro cayese desde la pared.
    Echó un vistazo y se maravilló al comprobar la antigüedad del libro, con sumo cuidado lo hizo a un lado y empujó la estantería hasta colocarla en su lugar inicial.
    Luego se encontró con un problema al intentar salir de la gruta. Los Tritones se encontraban allí custodiando la puerta, y no la dejarían salir de allí así como así. Sabía que tenía que urdir un plan, sabía que tenía poco tiempo hasta que Tomoyo llegase con algo de comer y no tenía ninguna excusa para quedarse a solas con el libro. Tenía que actuar, rápido, deprisa. Ya.
    La sirena apretó el libro contra su pecho y nadó lo más rápido que pudo. Abrió las puertas de par en par y nadó todo lo rápido que le permitieron las aletas. Los tritones se miraron atónitos, pero no se movieron de su sitio. Jamás se imaginarían que esa pequeña sirena llevaba un libro en su pecho, abrazado por sus frágiles brazos.
    Temerosa y agotada, introdujo el vademécum en una cueva donde ella solía tener su escondite antes que la encerrasen en la mente de Tomoyo. Estando ya allí, arrancó con vehemencia las algas que habían crecido sobre la roca y rezó para que siguiera estando tal y como lo dejó, vacío. Rodó la piedra con algo de dificultad y echó un vistazo rápido. Respiró tranquila cuando pudo comprobar que el lugar seguía estando igual, nadie había descubierto su escondite.
    Cuando era pequeña, solía escaparse de Kaho y Tomoyo para ir a aquel lugar, para pasar horas escondida jugando a solas, era una chica muy fantasiosa, siempre jugaba a inventarse historias, historias que jamás podrían ser verdad.
    Dejó el libro sobre un hueco y tapió más tarde la cueva, se quedó a solas completamente, se dirigió hacía una roca y descubrió que aquellas algas de luz estaban allí. Así que las utilizó para leer.
    Se tumbó sobre una roca y comenzó a leer. Era el Diario de Atargatis, muy pocas sirenas lo habían podido leer y siempre habían pensado que aquello había sido algo demasiado importante como para ser revelado, y por diversión las Diosas relacionadas con el mar se lo dieron.
    Leyó como escapó de Mopsos, un héroe que se había enamorado de ella ciegamente, y leyó también sus desventuras con su hijo primogénito. A medio libro, comprobó que cada vez la lectura se hacía más difícil de entender, a su pesar necesitaba muchos más años de saber.
    Ojeó unas cuantas hojas, las horas transcurrían como si fueran minutos, ni el hambre ni la sed hicieron que la sirena parara de leer, no antes de hallar la respuesta.
    Un joven despertó a solas, incorporándose miró hacia un lado y se dio cuenta de lo ancha que era su cama. Había tenido más de una novia, pero ninguna de las personas con las que había estado le había llenado completamente. En lo más hondo de su ser sabía que actuaba de forma cruel y egoísta.
    No quería quedarse solo, y buscaba en los brazos de jóvenes en las que no confiaba. En la única persona en la que si lo hacía, Meiling, era su prima y no pensaba en ella más que en eso, su única familia. Además ella estaba enamorada de su amigo Rhen Zhen, un chico carismático.
    Acarició el lado desocupado de la cama, y aquellos ojos difuminados volvieron a atacar su mente. Para su desgracia no podría recordar jamás de quién eran aquellos ojos, sin ayuda claro, ayuda que nadie le podría brindar.
    Desesperanzado se levantó de su cama y se dirigió hasta la ventana, costumbre que había habituado desde hacía poco tiempo. Desde allí el mar aquella mañana brillaba con la luz del sol, se sonrió a sí mismo esperando al nuevo día y después fue darse un baño.
    El agua cálida se escurría por su piel y surcaba la porcelana de su bañera perdiéndose en las cañerías. Sus pensamientos estaban centrados en lo mismo, y tras tantos días de constante reflexión decidió que aquellos ojos verdes no serían de un hombre o una mujer, no podría estar seguro de decidir uno u otro, así que se referiría a un ello, un ser ambiguo asexuado.
    Cuando despertó en la cama del hospital, tras haberse ahogado, sintió un sabor dulzón en los labios. Estúpidamente y aún con el bañador puesto, se lamió los dedos y sabían a mar. ¿Le habrían dado un caramelo?, fijó los ojos en la botella de suero que estaba colgada en el cabecero de su cama, ¿El suero sabría a Miel?
    Le dolía la cabeza y aunque solo, resonaba en su mente la perorata que le había soltado su prima Meiling antes de desmayarse. ¿Habría nadado dos kilómetros, se había subido a unas rocas antes que subiera la marea y se habría desmayado después?
    ¿Todo eso después de verse sumido en la oscuridad de las profundidades del mar? Algo raro le había ocurrido, y por un momento logró recordar algo, lástima que segundos más tarde volvió a desmayarse.
    Salió de la ducha, tal y como la naturaleza le había traído y se colocó una toalla alrededor de su cintura, se vistió cuando terminó de secarse y fue a coger su cartera…
    Pero… ¿Dónde estaba su cartera? Él, la persona más ordenada que conocía había perdido la cartera. ¿Cuándo fue la última vez que la vio? El día de la playa. ¿Y Donde la tenía? En el bañador… ¿En el bañador?, ¿Qué demonios hacía en el bañador? Menuda imprudencia.
    Se dio golpes en la cabeza y dio un zapatazo en el suelo. Loco imprudente, se tiró al sofá. Se golpeó contra un cojín maldiciéndose no una vez, sino mil. En la cartera no solo llevaba dinero, tenía su carné de identidad, sus tarjetas, sus cosas… ¡Todo!
    Imbécil, idiota, estúpido, diez mil veces imprudente… se dijo mientras esperaba en la larga cola en la comisaría de policía. Necesitaba recuperar su carné de identidad y por ello estaba allí en ese momento. ¿Cuántas horas tendría que esperar?
    En las profundidades, la sirena despertaba sobresaltada y se dio cuenta que habían pasado varios días y su amiga no sabía dónde estaba, salió de la cueva tapiándola de nuevo y se dirigió hacía el Shiromizu, donde la encontró Tomoyo.
    - ¡Amiga te busqué! Estaba tan preocupada, los tritones te vieron salir pero no sabían dónde estabas… ¿Dónde estuviste? Me tuviste preocupada.
    - Perdóname amiga mía, estuve leyendo un libro, y parece ser que he encontrado la solución, pero a cambio prometí no desvelar nada, compréndeme.
    - Ya estás metida en otro lío… ay amiga, estuve tan preocupada que… ¿Por dios comerás algo no?
    - Sí, con la condición que dejes de usar la palabra preocupada, lo siento Tomoyo tendría que haberte avisado.
    - No tienes remedio- le dijo maravillada, ya se le había pasado el mal trago.
    Las sirenas se fueron a comer, siguieron hablando sobre más cosas, pero la sirena de ojos verdes seguía pensando en lo último que acababa de leer, en el ritual que debía hacer, era tan difícil…
    Más tarde y no a ojos de su amiga se marchó para buscar los ingredientes necesarios, buscó de nuevo el libro y memorizó los componentes, luego tomó una bolsa de tela que había encontrado en un barco abandonado hacía años atrás y se fue de nuevo.
    Entre los ingredientes se encontraban el polvo de un erizo de mar, así que se acercó a las rocas cuidadosamente por un erizo, seleccionó uno y lo metió en la bolsa, luego buscó más ingredientes como tres hojas de diferentes algas, cuatro moluscos, polvo de coral y muchos más.
    Aquella noche, salió sigilosamente del Shiromizu y ante la atenta mirada de su amiga Tomoyo desapareció entre la negrura de la noche, allí emergió en una cueva, donde había puesto el libro y un caldero que había encontrado.
    Machacó bien el coral y el erizo hasta convertirlo en polvo, lo mezcló con agua dulce que había tenido que conseguir de un río. - Tuvo que nadar a través de un pequeño río evitando cualquier mirada humana-. A continuación cortó las algas y las introdujo también. El agua hervía gracias a un géiser que se encontraba dentro de la cueva, el corazón le latía a mil por hora cada vez que se acercaba al agua hirviendo, sabía perfectamente lo que podía pasarle si lo rozaba.
    Solo había tres cosas que no entendía bien. El mejunje del caldero ya tenía una solución purpúrea, en aquel momento debía introducir algo llamado escama de la nereida, pero ella no sabía que era aquello, o tres lágrimas perladas, o cinco gotas de sangre… no sabía a qué se refería…
    Acudió a su llamada desesperada un resplandor plateado venido desde la Luna, La Diosa Atargatis se había aparecido delante de ella.
    La Diosa no era tan hermosa como Afrodita, pero era igual de poderosa. Sus grandes ojos plateados la observaban con calidez y su melena roja como la sangre era lisa. Su apariencia humana, sus piernas y su cuerpo estaban pos a un resplandor que la cegaba por momentos.
    - Mi señora…- comenzó a decirle mientras hacía una reverencia.
    - Sirena mía, aunque nunca me has visto como lo haces ahora, sabes quién soy. Mi nombre es Atargatis y una vez fui como tú, y de la misma forma en la que vas a actuar lo hice yo. He venido porque sé que necesitas mi consejo. Vamos mi sirena, pregúntame todo lo que creas que puedo responder.
    - ¿Qué quiere decir una escama de nereida?
    - Deberás despojarte de una escama de tu cola pequeña mía, te entrego un puñal para que lo hagas, ya que no puedo hacerlo por ti. Dolerá, lo sé, no te lo negaré, pero es un elemento crucial para tu conversión.
    - Tengo algo de miedo…
    - Toma el puñal Sirena mía.
    - Cuál debo…
    - Esa misma servirá- dijo señalando una que era grande…
    - Dolerá…
    - Más adelante no, te lo prometo, no habrá más dolor.
    Las esmeraldas encerradas en esos preciosos orbes miraron a la diosa que estaba frente a ella observando su cola de sirena, por un momento pensó que debía echar de menos su vida bajo el mar. Ella no la echaría de menos, no sin el humano al que amaba ciegamente.
    Sin pensárselo dos veces hincó el puñal bajo la escama y la arrancó de su cola. El grito que propinó le salió desde lo más profundo, las lágrimas salían a borbotones de sus ojos y tintineaban al caer al chocar contra la piedra. Soltó el puñal y lanzó con rabia la escama al caldero. Se mordió la lengua y miró a la diosa que la observaba con preocupación.
    - Ya pasó mi niña, ahora deja caer cinco gotas de sangre en la poción.
    La sirena se acercó dolorosamente al caldero y vertió cinco gotas de sangre que escurrían de sus manos. Llorosa volvió a mirar a la diosa y esperó.
    - No desperdicies el cristal de tus lágrimas échalas al fuego mi niña.
    - Duele…- dijo después de echar las tres perlitas al caldero.
    - Lo sé pequeña, se curará rápido, no te preocupes, aunque seguirá doliendo durante varios días más. Ahora escúchame bien, la poción ya está casi terminada, deberás dejarla macerar durante dos días más… yo la cuidaré por ti, vuelve, no te olvides y tómatela, te la dejaré sobre un frasquito de cristal y la deberás tomar hasta la última gota, no te olvides, toda…
    - Hasta la última gota…
    - Buen trabajo mi niña, te encontrarás con algo antes de llegar al Shiromizu, no te retrases y vete ahora, sin temor…
    La sirena entró en el agua no sin antes despedirse de la Diosa, fue dejando un reguero de sangre por donde pasaba, intentó ir lo más rápido posible al Shiromizu para no alertar a tiburones posibles.
    Antes de entrar al Shiromizu, pasó por el jardín de corales carmesíes, y entre ellos vio algo que la dejó trastornada. Era un objeto humano, se acercó a él y lo tomó con sus manos. Lo acarició y lo abrió, y al hacerlo su corazón se estremeció. Era él, su imagen. Lo zarandeó varias veces por si se volvía carne y huesos, así podría consolar su dolor.
    Entró sin dejar de mirar el retrato del chico hasta llegar a su habitación.
    - ¡Estas herida!
    - Me atacó un tiburón… - mintió esta.
    - Solo se llevó una escama, estarás asustada, ven acuéstate a mi lado mientras intento parar la hemorragia, menos mal que no te ha pasado más.
    La sirena se acostó y su amiga le puso unas algas, por lo menos así dejaría de sangrar, luego, se acostó a su lado y la abrazó tiernamente.
    - Me preocupas… sales en mitad de la noche pidiéndome que no salga tras de ti… y vuelves herida… es peligroso ¿verdad?
    - Estoy bien no te preocupes amiga- dijo la sirena cerrando los ojos despreocupada.
    - Temo por tu vida amiga mía…
    - Mi vida está a salvo, Tomoyo no debes temer, ya que me están protegiendo.
    - Aún así… prométeme que estaremos juntas y que aún no te irás…
    - Eso te lo prometo- dijo sonriendo- Ahora duerme, mañana será otro día.
    Tomoyo no muy convencida cerró los ojos y durmió, no estaba convencida que ella estuviera a salvo o que por lo menos se iba a lastimar, si así pasara, jamás se lo perdonaría en la vida…




    ¡Konnichiwa! Aquí te dejo la cuarta parte de mi fanfic, espero que te haya gustado.

    ¡Ya sabes! algún comentario, alguna crítica, peticiones etc.

    ¡Escríbeme! -

    ATTE:

    Hikari-sys -

    Hola!! Muchísimas gracias a las tres (DarkAngel-Pam-Fabrianny) Me llena de ilusión que os guste a las tres el fanfic ^____^ ya veréis como continua todo, y espero que os siga gustando e intrigando.
    La historia la estaba subiendo una amiga mía con mi permiso, pero subió la versión antigua, pasé muchos meses reescribiéndola y la volví a subir. Sigo escribiéndola aún ^___^.
    Bueno, os dejo la continuación! Un Beso!
     
  11.  
    fabrianny

    fabrianny Entusiasta

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    Re: El Canto de la Sirena

    hoa que buena conti, como siempre no vi errores y estubo genial, me encanta la actitud de sakura y lo arriesgada que es por su amor pobre shao no creo que encuentre sus papeles como siempre me dejaste intrigada y con ganas de mas obvio espero tu conti mucha suerte y hasta otro post.
     
  12.  
    Sere

    Sere Silent

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    Re: El Canto de la Sirena

    ¡Buen día!
    Me he tardado un poco en leer tu historia, pricipalmente por que lo he hecho con intermedios entre la tarea, pero he aquí mi opinión.
    Sakura aun no obtiene su nombre quiero saber cuál será su significado en el mundo de las sirenas... me preguntó si este quedará como un misterio para los habitates del mar, puesto que jamás han conocido el árbol de cerezos.

    Por otra parte me encanta la combinación que haces con la mitología, aunque el principio sentí que sería algo así como el cuento de la sirenita, pero me agradò la idea del castigo a Sakura por que así mantuvo sus esperanzas y se fortaleció para poder tener el amor de Syahoran.

    Y Syahoran me confundió un poco por que primero no permitiò que Meiling bromeará respecto al compromiso y luego dijo ser la única con la que la pasaba bien, pero a ella le gustaba otro.


    Por último me gustaria felicitarte por el cariño que le tienes a tu fic, ya que si estás corrigiendolo, quiere decir que deseas que este fan fic también se beneficie con lo que tu has crecido, o al menos a mi así me parecen ser los escritores qque corrigen su historias pra volverlas a publicar luego de un tiempo ^^.

    Bueno sólo queda decirte que espero ansiosa la continuación.
     
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