Dulce engaño

Tema en 'Fanfics abandonados sobre Libros' iniciado por marry, 27 Abril 2010.

  1.  
    marry

    marry Guest

    Título:
    Dulce engaño
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    943
    Dulce engaño

    Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este fic es sin fines de lucro.
    Dulce engaño
    Prefacio​
    Se sentó en la bañera y dio a correr el agua. Miro el gillette en su mano con profundo odio, como si aquel pedazo de metal tuviera la culpa de lo que sucedía. Aunque no era así, esa cosa diminuta y filosa era su única calma en la tempestad que se había desatado en su vida.
    Era perfectamente consciente que aquello no estaba bien para los demás, pero también sabía que en la vida uno no puede ser lo que la gente espera que seas. Ella lo había vivido en carne propia; había cambiado para gustarle a los demás y ellos la había rechazado. No, peor aún, la habían ignorado.
    Isabella se había dado cuenta hace mucho tiempo atrás que aquello la destruía y la hundía más y más a un precipicio del cual no podría salir y no estaba segura de querer hacerlo. Sabía que en algún momento tendría que elegir: Dejarlo o irse con el; con su vicio, con su tormenta y calma.
    Sintió el metal cortando una de sus piernas y cerro los ojos extasiada. Aquel corte le supo a gloria, victoria y liberación, hasta tal punto que se sintió flotar a la deriva en el más perfecto de los océanos.
    Volvió a replantearse el tema de si quería vivir o deseaba morir. No era tan difícil: había que analizar los pros y contras y luego decidir. Le gustaba la sensación de vivir; el no tener una atadura terrenal a nada, no saber a quien conocería ni a donde iría. Le gustaba saber que cada minuto podía ser el último y le producía la sensación de ser la única dueña de su vida. Pero en el fondo sabía que eso era un engaño, como todo en su vida; hacía mucho tiempo que Bella había dejado de gobernar en su vida. Ahora estaba tan cansada de todo que era otra persona más de la multitud, no luchaba contra la ola y se dejaba absorber por ella.
    Miró sus piernas y manos ensangrentadas y se preguntó como mierda había llegado a eso, a ser tan destructiva y egoísta. No lo sabía, pero creía que la soledad hacía eso con las personas: se las llevaba de a poco. Y aquella tarde, cuando el detective Uley le había informado que habían encontrado a Rosalie muerta, supo que la soledad, la depresión y el gillette habían terminado de llevársela por completo. Ahora que una de sus mejores amigas estaba muerta era imposible volver a vivir de la misma forma, volver a ver a la cara a Emmett y no echarse a llorar.
    Escuchó la contestadora y supo quien era sin siquiera haberlo escuchado:
    -Bella, voy para allá. No hagas ninguna estupidez ¿bien? prometo que todo ira bien-
    Pero Jake mentía y Bella lo sabía. Nada iría bien. Y lo lamentable era que no podía esperar a Jake por que ya había tomado una decisión y no quería que nadie intentara detenerla.
    Se impulsó, cayó de espaldas en la bañera llena de agua y no salió más.
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    "Que el amor cuya vista va vendada, vea sin ojos el camino de su voluntad"
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    Nota de la autora:
    Me gustaría comenzar diciendo que esta historia es una especie de terapia personal. Lo escribo para poder superar ciertos temas y de paso involucro a Bella y Edward. Es la explicación de lo que se siente cuando alguien se corta, de los miedos, las frustraciones, creo que escribirlo podría curar una parte de mí y tal vez ayudar a superarlo a otra persona. Creo fervientemente que si te cortas una vez, no hay vuelta atrás; puedes dejar de hacerlo, puedes no volver a cortarte nunca más, pero las heridas, las emociones y los recuerdos están allí y no se van nunca. Lo digo por que yo lo se, lo he vivido y sé de lo que hablo, aunque nunca llegue a ser adicta pero estuve a solo pasos. También sé que todos sienten algo distinto cuando se cortan, que todos tenemos problemas diferentes que nos llevaron a esto y muchas veces motivos distintos por el cual recurrir el suicidio.
    Creo que este fic habla sobre la superación personal, la necesidad del amor en nuestras vidas, la importancia de la familia y sobre uno de los sentimientos más lindos del mundo: La amistad.
    Soy consciente de que mi narración no es la mejor, pero la verdad es que tengo muchas ideas para este fics.
    Por otro lado, el prefacio es algo que ya paso. Quise contar el intento de suicidio de Bella imaginándome que haría y esto fue lo que salió.
    Debo decir que va a haber unas cuantas escenas de sexo en este fics, aunque nada del otro mundo.
    En fin, espero que les haya gustado el prefacio y el primer capitulo lo subo en unas dos o tres semanas más. Sé que es distinto a todo lo demás que he escrito pero algunas veces es bueno variar un poco.
    Dejen sus comentarios con críticas o cualquier cosa.
    Saludos
    Marry
     
  2.  
    Andreína

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    6 Marzo 2010
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    Re: Dulce engaño

    Hola!!
    En sí , este texto es algo para hacer reflexionar , o al menos eso me pareció a mi . Comprendo perfectamente por lo que pasó Bella , aunque no lo haya vivido en carne propia ; pues , cuando uno entra en depresión , los problemas parecen absorverlo a uno , y aunque no he intentado suicidarme jamás , por mi cabeza a pasado la idea . Pero , ¿Quién no ha pensado en suicidarse alguna vez? ¿Quién sobrellevado por sus problemas no ha querido morirse , porque piensa que es la mejor solución?.

    Sinceramente este es un FF que está basado en la realidad , y eso me gusta . Nada de cuentos de hadas donde no los hay . Me parece admirable que hayas podido salir de tu depresión , y un consejo , jamás hagas algo de lo que luego te puedas arrepentir . Te recomiendo leer : Veronika decide morir , de Pablo Coelho . Quizás te ayude , pues ella ha sentido lo mismo que Bella , solo que en su intento frustrado de morir , la encuentran , y la encierran en un manicomio . El resto dejaré que lo leas , cariño.

    Volviendo a la historia , me parece realmente fabuloso que hagan un Long-fic real , sobre las cosas que -de verdad- pasan en la vida . Sobre la cruda realidad y la infelicidad . Pero espero que Bella se dé cuenta de que la vida es un tesoro , porque solo nos damos cuenta de esto cuando tenemos la muerte frente a nuestros ojos.

    Cuidate , y espero que tomes en cuenta mi consejo y leas el libro.
    PDT : si necesitas ayuda con el FF , un consejo , una amiga , aquí estoy .
     
  3.  
    marry

    marry Guest

    Título:
    Dulce engaño
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    4580
    Re: Dulce engaño

    Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este fic es sin fines de lucro.
    Dulce engaño
    Capitulo uno: Psychologist
    Cuando despertó, Bella no tardó en darse cuenta que estaba en un hospital: la sala estéril, el olor a muerte que inundaba hasta el más mínimo recoveco, las intravenosas que estaban en sus brazos, no había que ser un genio para darse cuenta. Se preguntó que había hecho mal, en que cosa había errado para seguir respirando, para seguir gritando internamente sin que nadie la escuchara.
    Alguien tosió y notó que frente a ella había una chica delgada, menuda y de cabello negro intenso. Ella, al igual que Bella tenía muchas intravenosas en las muñecas y profundas ojeras en contraste de su piel blanca. Sin siquiera proponérselo, la mirada de Bella vagó por el cuerpo de la chica buscando heridas, marcas o alguna otra cosa que le indicara el método con el que había intentado suicidarse. Bella había estado otras dos veces en el hospital y sabía que los intentos de suicidio estaban en un pabellón apartado de los demás, en el área de trastornos mentales; le enfermaba que pensaran que estaba loca por no querer seguir viviendo, por no tener las mismas metas que las demás personas y no encajar en el prospecto de una "persona normal" según los doctores. Volvió a reprimirse mentalmente por no haber logrado quitarse la vida, se suponía que la tercera era la vencida ¿no? tal vez ahogarse no había sido la mejor idea, pero por más que había pensado en lanzarse de un edificio o rebanarse el cuello, el solo imaginar la cara de su madre cuando tuviera que reconocer su cuerpo había sido más que suficiente para desistir de la idea.
    -Hola- susurró la chica, en voz baja. Su voz era dulce, casi angelical y a Bella le sorprendió que fuera tan fina.
    -Hola-
    Se preguntó cuanto tiempo había pasado, si eran días o solo horas. Se preguntó cuando le darían el alta y podría marcharse a casa, con su ropa e instrumentos afilados, con su odio interno y patética existencia.
    -Soy Alice ¿Cómo es que terminaste aquí?- Bella se fijo en su rostro y se dio cuenta que a pesar de la palidez y las ojeras, era hermosa. Hermosa en un sentido especial, como si tuviera un aire misterioso rodeándola que atraía a la gente como la miel a las abejas.
    -Intente ahogarme ¿y tú? No tienes cicatrices-
    -Pastillas-
    Allí fue cuando entendió el por que tenía la voz tan fina; seguramente la habían intubado, debería de tener la garganta herida. Se preguntó que había llevado a Alice a intentar suicidarse pero no expresó su duda en voz alta, si fuera a ella a quien se lo estuvieran preguntando no respondería; todos tenían distintos motivos para intentar quitarse la vida, algunos más profundos que otros, pero todos igual de importantes.
    Entró un doctor rubio con un dossier bajo el brazo y una sonrisa en el rostro.
    -¿Qué tal está, señorita Swan?-
    -Cansada-
    -¿Y usted, señorita Brandon?-
    -¿Cómo se sentiría usted si hubiera intentado suicidarse y no lo hubiera logrado?-
    Bella se sorprendió por la rudeza con la que Alice respondió pero se dio cuenta que ella quería decir exactamente lo mismo, preguntar quien la había salvado o si le había quedado un daño permanente.
    El doctor no dijo nada pero su semblante feliz tampoco cambio e hizo como si Alice no hubiera dicho ese comentario mordaz.
    -Mi nombre es Carlisle Cullen y voy a ser el doctor de ambas-
    Bella tosió levemente- ¿Cuándo nos darán de alta?-
    -Eso es algo que depende de sus padres y de los progresos que tengan- Carlisle busco en el dossier algo y luego apretó el botón que había sobre la cama de Alice. En seguida apareció una enfermera con una silla de ruedas y una mueca de aburrimiento en la cara.
    -Chelsea ¿podrías llevar a la señorita Brandon con mi esposa, por favor?-
    Chelsea ayudó a Alice a bajar la cama y luego salieron cerrando la puerta detrás de sí.
    -Esme, mi esposa, es la encargada del área nutricional. Usted irá con ella después que Alice vuelva-
    -¿Por qué debería ir? Mi peso esta bien-
    Carlisle miró el rostro de Bella un momento y sus rasgos se relajaron visiblemente, dejó el dossier de lado y miro a Bella a los ojos.
    -Tienes razón, no hay nada de malo en tu peso pero es un procedimiento rutinario, a si sabremos si subes o bajas de peso en tu estancia en el hospital-
    Bella asintió sabiendo que no aumentaría ni un mísero kilo en el hospital, simplemente no tenía intenciones de hacerlo. Le había llevado demasiado tiempo bajar de peso como para volver a recuperarlo.
    - Doctor Cullen ¿Quién me trajo?-
    -No dijo su nombre, solo nos pidió que te internáramos y luego se marcho. Era moreno, alto y musculoso-
    "Jake" sería bastante lógico que hubiera sido el, ya que fue la ultima voz que Bella escucho antes de caer en la tina y decía que iba en camino. Estúpido Jake… Estúpido Jake… ¿Por qué de todas las personas tenía que ser él quien la encontrara? O ¿Por qué tuvo que haberla encontrado? ¿Por que no la dejo morir como ella tanto la deseaba? ¿Por que se empeñaba en mantener su corazón latiendo si por sus venas solo corría odio a si misma?
    Alice volvió y fue el turno de Bella de ver a la esposa del doctor Cullen. La sala era blanca, con una camilla, balanzas de peso, carteles de nutrición y fotos de Carlisle y bebés.
    -Hola, Isabella- dijo la mujer y Bella le respondió con un escueto "Buenos días". Esme le indicó que se midiera y luego subiera a la balanza y Bella cruzó los dedos para no haber subido de peso.
    -Mides un metro sesenta y ocho y pesas cuarenta kilos- Dijo Esme y sonó ligeramente sorprendida- ¿Tienes idea de lo que significa eso?-
    -¿Qué sigo pesando lo mismo que hace dos semanas?-
    -No, eso quiere decir que deberías subir entre diez y veinte kilos, Bella. Se supone que debes pesar lo que mides, a lo mucho cinco kilos menos de eso-
    -Entonces tengo que pesar entre sesenta, sesenta y dos-
    -Exacto-
    Hasta ese momento Bella no había mirado a la doctora Cullen, pero cuando fijo su vista en el rostro de ella se dio cuenta que esa mujer no tenía idea de que diablos estaba hablando; su piel era blanca, sedosa, sus ojos castaños y su cabello color caramelo acompañado de curvas excelentes, sin caer en lo exuberante ni lo grotesco; Esme no sabía lo que era ser gorda, que un chico guapo se acercara a ti y preguntara por el nombre de tus amigas o ir a una fiesta y que nadie te sacara a bailar.
    Bella lo había vivido y meses atrás había prometido jamás volver a sentirse de aquella forma, como si por ser gorda no merecieras absolutamente nada y que cualquier cosa que te daban era prácticamente un regalo. Por eso, Bella bajo los veinte kilos que ahora Esme le pedía volviera a subir.
    Los ojos de Esme la taladraron y pudo ver en el fondo de ellos que ella sabía la verdad pero tenía dudas.
    -Abre la boca- le dijo con voz suave y Bella supo que eso no tenía nada que ver con el examen que le hacía a las demás pacientes.
    Abrió la boca y espero unos segundos. Esme ilumino su boca con una pequeña linterna, luego toco cerca de sus orejas y enredó sus dedos en su pelo.
    Le indico que se sentara en la camilla y tomó una silla sentándose frente a ella.
    -¿Cuántas veces vomitaste antes de ahogarte?-
    -No he vomitado-
    -No tienes por que mentirme, no voy a juzgarte-
    -No he vomitado- repitió y Esme suspiró como si estuviera cansada.
    -Puedes irte-
    Bella se encamino hacía la silla de ruedas a paso lento, aún cansada por todo pero la voz de Esme la detuvo.
    -Puedes negarlo frente a mí Bella, pero no puedes mentirte a ti misma-
    Salió de allí con la enfermera Chelsea arrastrando su silla. En el camino se convenció de que Esme no tenía razón; ella no se mentía, sabía perfectamente que era lo que los doctores llamaban "Bulímica" por que vomitaba al menos una vez al día, casi siempre después de almuerzo.
    Al diablo con ellos, no la entendían.
    Logró salir del hospital una semana después. Intercambio números con Alice que se quedaba unos días más internada prometiéndole que volverían a verse. En aquella semana hablaron mucho sobre cosas triviales como el clima y los nuevos diseñadores, pero ninguna menciono las pastillas y tampoco el ahogamiento. Bella lo prefería así, aún no estaba preparada para hablar de ello. Sin embargo era consciente que apenas Charlie estacionara el automóvil en casa, Renée la atiborraría de preguntas sobre el por qué no pensaba en ella, en el daño que le causaba y el que había hecho para merecer esto.
    Pero ¡sorpresa! Cuando llego a casa Renée la saludo como si estuviera llegando del colegio, como si nada hubiera pasado. Le pidió con voz amable que fuera a la cocina a comer algo mientras Charlie aparcaba el automóvil en la cochera.
    Bella se sentó en la mesa y masticó una manzana sin ganas, con asco. Cada vez que comía algo su cuerpo se llenaba con la sensación de estar haciendo algo malo, de volverse inmensamente gorda a cada bocado y el asco por si misma la inundaba. Recordó cuando era gorda, pesaba ochenta kilos y se sentía asquerosa, repulsiva, basura. Ahora que había bajado de peso el sentimiento de odio a su cuerpo era el mismo, solo que había aumentado hasta convertirse en una adicción que no la dejaba hacer nada sin criticarse internamente. Bella rehusaba mirarse al espejo de cuerpo completo y lo había evitado los últimos ocho meses, maquillándose en uno pequeño y apuntando a partes estratégicas para no ser tan autocritica. En el fondo sabía que esas pequeñas manías, como no mirarse al espejo, no comer tranquila y compararse con todo el mundo, por muy pequeñas que fueran, la estaban destruyendo por dentro. No sabía como había llegado hasta aquel punto, a destruirse a si misma y tener la desfachatez de disfrutarlo. Encontraba un placer retorcido en insultarse, en sacar lo peor de ella y echárselo en cara; la destrozaba y apretaba las cadenas de su alma.
    Sus padres entraron a la sala de estar con miradas serias y Bella supo que esta vez sería distinta a las demás.
    Fue Renée la primera en hablar, como siempre:
    -Se nos ha ido de las manos todo esto, Bella. No se como detener tus intentos de suicidios y hemos decidido que las cosas van a cambiar-
    Charlie se aclaro la garganta tomando las riendas del asunto- Comenzaras a ir a la consulta de Esme Cullen todos los lunes sin falta a pesarte-
    -¿¡Que les ha dicho ella!?-
    -Que estas baja de peso. Ella te dará una dieta y nos encargaremos de que la cumplas. Por otra parte, hemos conseguido que te atienda el mejor psicólogo de la ciudad. Su nombre es Edward Cullen y es muy joven, creemos que te llevaras bien con él-
    -¿¡Van a mandarme donde un psiquiatra!?-
    -Los psiquiatras tratan enfermedades mentales y los psicólogos las conductas humanas. Creemos que tienes un problema que no nos puedes contar y esperamos que el pueda ayudarte- Dijo Charlie, con voz amable, como si fuese de nuevo la niña de cinco años que se había raspado la rodilla y no paraba de llorar.
    -¡No estoy loca!-
    -¡Entonces comienza a comportarte como una chica normal y deja de hacer estupideces!- gritó Renée golpeando la mesa y poniéndose de pie tan rápido que la silla cayó al suelo. Las lagrimas rodaban por sus mejillas y Bella se dio cuenta que sus ojos estaban rojos, su piel reseca y le temblaban las manos por la rabia. Ni siquiera se dio cuenta cuando la mano de su madre se estrello contra su mejilla y tampoco sintió el dolor, solo podía ver lo destruida que estaba su madre y el dolor que le estaba causando.
    Pero no le importaba, solo se preocupaba por que la hacía sentir culpable. Bella no se aferraba a nada ni a nadie; siempre terminaban decepcionándola.
    Renée no mostró el más mínimo remordimiento por haberle dado una cachetada y a pesar de todo, Bella se sintió un poco orgullosa de su madre; la furia que había despertado en ella había echado a fuera a la Renée sumisa y pacifista y sacado al exterior la mujer con carácter que realmente era.
    -Mañana iras a ver a Edward- susurró Renée con voz clara, trasparente, dándole a entender que no era una petición. Era una orden- No quiero escándalos, pataletas, ni nada infantil; comenzaras a comportarte como la chica de dieciséis años que eres-
    -¿Tengo que ir al colegio?-
    -Mañana es viernes a si que no vale la pena que vayas, pero el lunes retomaras todas las clases como siempre e iras en la tarde a ver a Esme-
    Bella jugueteo unos segundos más con la manzana entre sus manos y al ver que sus padres no tenían nada más que decirle emprendió rumbo por las escaleras hasta llegar a su habitación.
    Se sentó un momento en la cama y contó hasta cinco, diez, veinte, treinta, no lo soportó y corrió hasta el baño a vomitar. A aquellas alturas Bella podía vomitar perfectamente sin hacer casi ningún ruido y apenas se le ponían los ojos rojos, que podía disimularlo con gotitas. Cada vez que vomitaba cerraba los ojos para no mirar lo que había hecho y luego se limpiaba la boca con bicarbonato sódico.
    Esta vez, no. Se quedo allí, arrodillada frente al inodoro mirando lo que su cuerpo hacía por inercia y se obligó a mantener los ojos abiertos durante el proceso, para no perderse ningún segundo de lo que había reducido su vida a todo: vomitar. Sintió una miserable lagrima recorrer su mejilla y acabar en el fondo del agua hasta disiparse. Se había convertido en una esclava de todo aquello, y lo peor de todo era que no le importaba. Recordó los insultos de Lauren y las burlas de sus compañeros; había cometido un gran error al imaginar que por bajar de peso su vida iba a cambiar rotundamente. Obviamente, no había sido así: seguían metiéndose con ella, siendo objeto de sus bromas pesadas y nada había cambiado.
    Tal vez… Tal vez si se esforzaba en ser más delgada…
    -Deberías dejar de vomitar- dijo una voz a sus espaldas y volvió a vomitar sin siquiera proponérselo.
    Pasaron varios segundos hasta que sus arcadas se detuvieron y pudo limpiarse la boca con un pedazo de papel higiénico. Fue hasta el lavabo y mientras se enjuagaba la boca con bicarbonato miró a Jake por el espejo.
    -¿Qué haces aquí?-
    -Pues no lo se ¿Tal vez estoy aquí por que mi mejor amiga intento suicidarse… Otra vez?
    Bella no presto atención a su sarcasmo y rebuscó detrás de los productos de belleza en los estantes, repisas, algo con que cortarse.
    Para Jake Bella era un libro abierto y sacó de los bolsillos de su cazadora negra una navaja.
    -¿Buscas esto?-
    Bella se giró rápidamente y miró la navaja con los ojos entrecerrados.
    -¿Dónde están mis hojas de gillette?-
    -Las he botado, todas-
    -¿¡Por que diablos hiciste eso!?- gritó ella y le golpeo débilmente el pecho con sus manos en forma de puños.
    Jake lanzo la navaja al suelo y cogió a Bella de las manos con tanta fuerza que le hizo daño. No le importó; que sintiera lo él sintió cuando la vio en el fondo de la tina, con una manta de sangre cubriéndola y pálida como si realmente estuviera muerta. Que se diera cuenta del sufrimiento que le causo tener que sacarla de allí, avisarles a sus padres y montarla en su coche sintiendo que a cada luz roja la muerte se inclinaba sobre ella y bebía segundos preciados de su vida. Deseaba que Bella sintiera su dolor interminable por no poder ayudarla, por no poder ser el amigo que ella necesitaba.
    -¿¡Por que no dejas de hacer esto!? ¡Si vas a matarte, hazlo de una jodida vez y que sea bien! ¡Que no tenga que venir yo a sacarte para que luego te comportes como una perra callejera!-
    Bella abrió los ojos exageradamente y cuando el soltó sus manos se apoyó en el lavabo con una mano entre sus cabellos. Jake sabía que sus palabras la habían dañado, pero estaban causando el impacto que él deseaba: Que Bella entendiera que no podía jugar con la muerte tantas veces y pretender salir victoriosa siempre.
    -Si tienes tantas ganas de verme muerta… ¿Por qué me salvaste Jake?-
    Él se preguntaba lo mismo. Adoraba a Bella con toda su alma, como su mejor amigo que era, y si ella estaba en peligro el la protegería siempre. Pero cuando la vio en la tina, se dio cuenta que Bella seguiría intentándolo hasta aburrirse. O en el peor de los casos, morir.
    Estaba desesperado por poder ayudarla, le dolía tanto que sentía que cada pedazo de él se desvanecía con los latidos cardiacos de ella. Bella se lo estaba llevando, arrastrándolo a él y a todos los que la querían junto a ella, hasta el fondo de sus más oscuros sentimientos.
    - Por que soy tu amigo. Por que sin importar cuantas veces lo intentes, yo estaré allí para impedirlo-
    La tomó por los hombros y la dio vuelta hasta que quedaron los dos reflejados en el espejo. Colocó su mano derecha sobre el corazón de ella y le susurró suavemente en el oído:
    -¿Sientes esto, Bella? Este corazón está palpitando, llenándose de tus miedos e inseguridades, esparciendo rencor por todo tu cuerpo. Estás envenenada por dentro, tienes que limpiarte para que tus latidos sean verdaderos y no vestigios de lo que alguna vez fuiste-
    El viernes en la tarde fue al consultorio del doctor Cullen. Su mente aún albergaba y repetía las palabras de Jake sin llegar a entenderlas "Vestigios de lo que alguna vez fuiste" en su interior, sabía a lo que Jake se refería; hubo un momento de su vida en el que fue feliz, fueron semanas o meses, no lo recuerda bien, solo sabe que se reía y no se preocupaba de su exterior. Luego comenzó a obsesionarse con su peso y todo se fue al carajo. Pero había sido feliz solo con la amistad de Ángela, Rosalie y Jessica.
    Rosalie…
    Por mucho que lo pensara, no lograba asimilar que ella no estuviera en este mundo. Lo sabía, había visto la cara de Emmett en las noticias y el propio Sam Uley se lo había dicho, pero una parte de ella creía que en cualquier momento Rosalie entraría por la puerta agitando su esplendorosa cabellera rubia, haciendo sonar sus tacones y preguntado si ya había visto el ultimo desfile de modas. Seguramente llevaría algún pastelito dietético bajo el brazo, le enseñaría el nuevo brillo labial que se había comprado y luego pondría "Troya" en el Dvd diciendo: "Ver a Brad Pitt, Orlando Bloom y Eric Bana en faldita le alegra la vida a cualquiera"
    Pero jamás volvería a oír sus suspiros Brad Pitt mostraba el culo por que Rosalie estaba muerta. Bien muerta. Y mañana tendría que ir a su funeral para llenarse de ella, para aceptarlo completamente y dejar de sentirse culpable. Para no volver a pensar que si se hubiese quedado con ella después de la fiesta, Rosalie tal vez estuviese viva. O tal vez hubieran muerto las dos, pero al menos estarían juntas. Para siempre.
    La recepcionista le indico que entrara a la habitación del fondo del pasillo, a la derecha. La habitación era blanca con colores neutrales; amarillo, celeste y algo de verde. Había dos sillas, un escritorio y un mullido sofá amarillo pato. Dos grandes ventanales dejaban ver una privilegiada de Seattle.
    Estaba terriblemente ordenado. Y lo que más cabreo a Bella fue el gran espejo que había al costado derecho; era tan grande que abarcaba la pared entera y era idéntico al que había en las clases de ballet que asistía cuando niña.
    Frente a uno de los grandes ventanales había un chico de cabello castaño claro, casi dorado, de espaldas.
    Carraspeo para recordarle que estaba allí; él se volvió sorprendido. Sus rasgos eran finos, hermosos, y tenía unos ojos verdes preciosos. Era indiscutiblemente guapo, casi la mismísima perfección en persona.
    -Buenas tardes, Bella. Yo soy Edward Cullen- su voz, aterciopelada y suave pareció aturdirla durante alguno segundos. Ese tipo era ilegalmente guapo.
    -Buenas tardes- dijo y se sentó en una silla, alegrándose de no tener que tenderse en el sillón por que lo encontraría un verdadero insulto.
    Edward se sentó frente a ella y tomó una ficha entre sus manos.
    -Intento de suicidio hace tres días ¿Es eso verdad?-
    -Hay lo dice ¿no?-
    -¿Quieres hablar de eso?-
    -¿Te golpeaste la cabeza cuando eras niño?-
    Bella no quería ser tan mala leche pero estar cerca de personas tan guapas la hacía sentir diminuta y frágil y lo único que tenía para defenderse de su resplandor era su lengua viperina y sus contraataques.
    Edward, sin embargo, no parecía ofendido. Por el contrario, tenía los labios fruncidos como si intentara no reírse.
    -Seré directo contigo, Bella. Carlisle dice que intentaste ahogarte, que había cicatrices de cortes en tus manos y Esme informó que necesitabas subir más de quince kilos de peso. Que vomitabas y probablemente no comías-
    Las palabras de Edward no eran fuertes, al contrarío, eran casi un susurró pero golpearon a Bella como la bofetada de Renée.
    -Eres auto flageladora, bulímica y anoréxica ¿hay algo que no tengas?-
    -¡No soy anoréxica!-
    Edward tachó eso de la ficha- Bien, ¿algún motivo especial por el cual te cortes? ¿O vomites?-
    Bella no dijo nada, pero Edward siguió abriendo la herida con su voz aterciopelada.
    -¿Un chico te dejo? ¿Tus amigas te expulsaron de su grupo?-
    -¡No tengo novio y mi mejor amiga está muerta!- grito, enfurecida. Y fue allí cuando Bella se dio cuenta el por que Edward era tan famoso como psicólogo; hurgaba en tus cicatrices hasta sacarte la verdad quisieras o no. Te obligaba a contárselo todo.
    -Probablemente eso explica tu último intento de suicidio, pero no los otros dos. Aquí dice que bajaste de beso muy rápido en pocos meses… ¿es eso?-
    Edward había dado en el clavo y lo sabía. Era un jodido sabelotodo.
    -Ponte de pie- dijo, y Bella obedeció mecánicamente; aún estaba aturdida por el hecho de que un desconocido hubiera descubierto la naturaleza de su problema en minuto y medio.
    Edward colocó una mano en la parte baja de su espalda y le indico que se mirara al espejo.
    Bella se negó rotundamente y solo los abrió cuando sintió que él levantaba su camisa sin siquiera pedirle permiso. Lo que vio la dejo doblemente aturdida; sus costillas sobresalían notablemente bajo la piel y el hueso de la cadera era asquerosamente vistoso.
    No supo cuando comenzó a llorar y tampoco le importó. ¿Qué diablos había hecho consigo misma?
    "Quiero decir, que sé que estabas un poco dentro de mí.
    Pero imaginé que era demasiado bueno para ser verdad"
    One in a million, Miley Cyrus/Hannah Montana.
    Nota de la autora:​
    Me cuesta creer lo fluido que salió ese capitulo. Me demore un par de horas, pero fue por que me distraigo fácilmente y me puse a leer un libro o a escuchar música, pero cada vez que quería volver a escribir, las palabras iban tan deprisa en mi mente que me costaba seguirles el ritmo. Fue gratificante no tener que machacarme los sesos para que no se viera tan adornado o cosas así. Según yo (y perdonen mi egolatría) me quedo bastante bien el capitulo.
    Creo que una bulímica en primarias, como yo, cree que todas las personas que son delgadas no tienen problemas, que no sienten dolor y que solo podrán ser felices si bajan de peso. Obviamente no es así, pero una fuerza sobrenatural me empuja a pensar eso.
    Bueno, espero que les haya gustado y que me sigan dejando sus reviews. Sé que algunos fics comienzan bien y luego decaen; espero que este no sea el caso.
    Saludos,
    Marry.
    Pd: estoy buscando un Beta-Reader para que me ayude con mis garrafales faltas de ortografías y para la parte de redacción y tiempos que me complica un poco; si conocen a alguien que pueda ayudarme y que no se demore más de dos semanas en betear un capitulo agradecería que me avisen en un MP, un reviews o a mi correo: xbriimarry_summer



    Pd2:Kagome Monin: gracias por tu creview (y unico) xDDD me alegra mucho que te guste mi historia! y que me digas todas esas cosas. Con respecto al libro de Paulo Coelho, he de decirte que me los he leido todos xDSDD Veronika decide morir es uno de los mejores que le leido en toda mi vida. Yo te voy a aconsejar dos: Willow, de Julia Hoban y Abzurdah de Cielo Latini. Libros crudos y exelentes.
     
  4.  
    marry

    marry Guest

    Título:
    Dulce engaño
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    4580
    Re: Dulce engaño

    Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este fic es sin fines de lucro.
    Dulce engaño
    Capitulo uno: Psychologist
    Cuando despertó, Bella no tardó en darse cuenta que estaba en un hospital: la sala estéril, el olor a muerte que inundaba hasta el más mínimo recoveco, las intravenosas que estaban en sus brazos, no había que ser un genio para darse cuenta. Se preguntó que había hecho mal, en que cosa había errado para seguir respirando, para seguir gritando internamente sin que nadie la escuchara.
    Alguien tosió y notó que frente a ella había una chica delgada, menuda y de cabello negro intenso. Ella, al igual que Bella tenía muchas intravenosas en las muñecas y profundas ojeras en contraste de su piel blanca. Sin siquiera proponérselo, la mirada de Bella vagó por el cuerpo de la chica buscando heridas, marcas o alguna otra cosa que le indicara el método con el que había intentado suicidarse. Bella había estado otras dos veces en el hospital y sabía que los intentos de suicidio estaban en un pabellón apartado de los demás, en el área de trastornos mentales; le enfermaba que pensaran que estaba loca por no querer seguir viviendo, por no tener las mismas metas que las demás personas y no encajar en el prospecto de una "persona normal" según los doctores. Volvió a reprimirse mentalmente por no haber logrado quitarse la vida, se suponía que la tercera era la vencida ¿no? tal vez ahogarse no había sido la mejor idea, pero por más que había pensado en lanzarse de un edificio o rebanarse el cuello, el solo imaginar la cara de su madre cuando tuviera que reconocer su cuerpo había sido más que suficiente para desistir de la idea.
    -Hola- susurró la chica, en voz baja. Su voz era dulce, casi angelical y a Bella le sorprendió que fuera tan fina.
    -Hola-
    Se preguntó cuanto tiempo había pasado, si eran días o solo horas. Se preguntó cuando le darían el alta y podría marcharse a casa, con su ropa e instrumentos afilados, con su odio interno y patética existencia.
    -Soy Alice ¿Cómo es que terminaste aquí?- Bella se fijo en su rostro y se dio cuenta que a pesar de la palidez y las ojeras, era hermosa. Hermosa en un sentido especial, como si tuviera un aire misterioso rodeándola que atraía a la gente como la miel a las abejas.
    -Intente ahogarme ¿y tú? No tienes cicatrices-
    -Pastillas-
    Allí fue cuando entendió el por que tenía la voz tan fina; seguramente la habían intubado, debería de tener la garganta herida. Se preguntó que había llevado a Alice a intentar suicidarse pero no expresó su duda en voz alta, si fuera a ella a quien se lo estuvieran preguntando no respondería; todos tenían distintos motivos para intentar quitarse la vida, algunos más profundos que otros, pero todos igual de importantes.
    Entró un doctor rubio con un dossier bajo el brazo y una sonrisa en el rostro.
    -¿Qué tal está, señorita Swan?-
    -Cansada-
    -¿Y usted, señorita Brandon?-
    -¿Cómo se sentiría usted si hubiera intentado suicidarse y no lo hubiera logrado?-
    Bella se sorprendió por la rudeza con la que Alice respondió pero se dio cuenta que ella quería decir exactamente lo mismo, preguntar quien la había salvado o si le había quedado un daño permanente.
    El doctor no dijo nada pero su semblante feliz tampoco cambio e hizo como si Alice no hubiera dicho ese comentario mordaz.
    -Mi nombre es Carlisle Cullen y voy a ser el doctor de ambas-
    Bella tosió levemente- ¿Cuándo nos darán de alta?-
    -Eso es algo que depende de sus padres y de los progresos que tengan- Carlisle busco en el dossier algo y luego apretó el botón que había sobre la cama de Alice. En seguida apareció una enfermera con una silla de ruedas y una mueca de aburrimiento en la cara.
    -Chelsea ¿podrías llevar a la señorita Brandon con mi esposa, por favor?-
    Chelsea ayudó a Alice a bajar la cama y luego salieron cerrando la puerta detrás de sí.
    -Esme, mi esposa, es la encargada del área nutricional. Usted irá con ella después que Alice vuelva-
    -¿Por qué debería ir? Mi peso esta bien-
    Carlisle miró el rostro de Bella un momento y sus rasgos se relajaron visiblemente, dejó el dossier de lado y miro a Bella a los ojos.
    -Tienes razón, no hay nada de malo en tu peso pero es un procedimiento rutinario, a si sabremos si subes o bajas de peso en tu estancia en el hospital-
    Bella asintió sabiendo que no aumentaría ni un mísero kilo en el hospital, simplemente no tenía intenciones de hacerlo. Le había llevado demasiado tiempo bajar de peso como para volver a recuperarlo.
    - Doctor Cullen ¿Quién me trajo?-
    -No dijo su nombre, solo nos pidió que te internáramos y luego se marcho. Era moreno, alto y musculoso-
    "Jake" sería bastante lógico que hubiera sido el, ya que fue la ultima voz que Bella escucho antes de caer en la tina y decía que iba en camino. Estúpido Jake… Estúpido Jake… ¿Por qué de todas las personas tenía que ser él quien la encontrara? O ¿Por qué tuvo que haberla encontrado? ¿Por que no la dejo morir como ella tanto la deseaba? ¿Por que se empeñaba en mantener su corazón latiendo si por sus venas solo corría odio a si misma?
    Alice volvió y fue el turno de Bella de ver a la esposa del doctor Cullen. La sala era blanca, con una camilla, balanzas de peso, carteles de nutrición y fotos de Carlisle y bebés.
    -Hola, Isabella- dijo la mujer y Bella le respondió con un escueto "Buenos días". Esme le indicó que se midiera y luego subiera a la balanza y Bella cruzó los dedos para no haber subido de peso.
    -Mides un metro sesenta y ocho y pesas cuarenta kilos- Dijo Esme y sonó ligeramente sorprendida- ¿Tienes idea de lo que significa eso?-
    -¿Qué sigo pesando lo mismo que hace dos semanas?-
    -No, eso quiere decir que deberías subir entre diez y veinte kilos, Bella. Se supone que debes pesar lo que mides, a lo mucho cinco kilos menos de eso-
    -Entonces tengo que pesar entre sesenta, sesenta y dos-
    -Exacto-
    Hasta ese momento Bella no había mirado a la doctora Cullen, pero cuando fijo su vista en el rostro de ella se dio cuenta que esa mujer no tenía idea de que diablos estaba hablando; su piel era blanca, sedosa, sus ojos castaños y su cabello color caramelo acompañado de curvas excelentes, sin caer en lo exuberante ni lo grotesco; Esme no sabía lo que era ser gorda, que un chico guapo se acercara a ti y preguntara por el nombre de tus amigas o ir a una fiesta y que nadie te sacara a bailar.
    Bella lo había vivido y meses atrás había prometido jamás volver a sentirse de aquella forma, como si por ser gorda no merecieras absolutamente nada y que cualquier cosa que te daban era prácticamente un regalo. Por eso, Bella bajo los veinte kilos que ahora Esme le pedía volviera a subir.
    Los ojos de Esme la taladraron y pudo ver en el fondo de ellos que ella sabía la verdad pero tenía dudas.
    -Abre la boca- le dijo con voz suave y Bella supo que eso no tenía nada que ver con el examen que le hacía a las demás pacientes.
    Abrió la boca y espero unos segundos. Esme ilumino su boca con una pequeña linterna, luego toco cerca de sus orejas y enredó sus dedos en su pelo.
    Le indico que se sentara en la camilla y tomó una silla sentándose frente a ella.
    -¿Cuántas veces vomitaste antes de ahogarte?-
    -No he vomitado-
    -No tienes por que mentirme, no voy a juzgarte-
    -No he vomitado- repitió y Esme suspiró como si estuviera cansada.
    -Puedes irte-
    Bella se encamino hacía la silla de ruedas a paso lento, aún cansada por todo pero la voz de Esme la detuvo.
    -Puedes negarlo frente a mí Bella, pero no puedes mentirte a ti misma-
    Salió de allí con la enfermera Chelsea arrastrando su silla. En el camino se convenció de que Esme no tenía razón; ella no se mentía, sabía perfectamente que era lo que los doctores llamaban "Bulímica" por que vomitaba al menos una vez al día, casi siempre después de almuerzo.
    Al diablo con ellos, no la entendían.
    Logró salir del hospital una semana después. Intercambio números con Alice que se quedaba unos días más internada prometiéndole que volverían a verse. En aquella semana hablaron mucho sobre cosas triviales como el clima y los nuevos diseñadores, pero ninguna menciono las pastillas y tampoco el ahogamiento. Bella lo prefería así, aún no estaba preparada para hablar de ello. Sin embargo era consciente que apenas Charlie estacionara el automóvil en casa, Renée la atiborraría de preguntas sobre el por qué no pensaba en ella, en el daño que le causaba y el que había hecho para merecer esto.
    Pero ¡sorpresa! Cuando llego a casa Renée la saludo como si estuviera llegando del colegio, como si nada hubiera pasado. Le pidió con voz amable que fuera a la cocina a comer algo mientras Charlie aparcaba el automóvil en la cochera.
    Bella se sentó en la mesa y masticó una manzana sin ganas, con asco. Cada vez que comía algo su cuerpo se llenaba con la sensación de estar haciendo algo malo, de volverse inmensamente gorda a cada bocado y el asco por si misma la inundaba. Recordó cuando era gorda, pesaba ochenta kilos y se sentía asquerosa, repulsiva, basura. Ahora que había bajado de peso el sentimiento de odio a su cuerpo era el mismo, solo que había aumentado hasta convertirse en una adicción que no la dejaba hacer nada sin criticarse internamente. Bella rehusaba mirarse al espejo de cuerpo completo y lo había evitado los últimos ocho meses, maquillándose en uno pequeño y apuntando a partes estratégicas para no ser tan autocritica. En el fondo sabía que esas pequeñas manías, como no mirarse al espejo, no comer tranquila y compararse con todo el mundo, por muy pequeñas que fueran, la estaban destruyendo por dentro. No sabía como había llegado hasta aquel punto, a destruirse a si misma y tener la desfachatez de disfrutarlo. Encontraba un placer retorcido en insultarse, en sacar lo peor de ella y echárselo en cara; la destrozaba y apretaba las cadenas de su alma.
    Sus padres entraron a la sala de estar con miradas serias y Bella supo que esta vez sería distinta a las demás.
    Fue Renée la primera en hablar, como siempre:
    -Se nos ha ido de las manos todo esto, Bella. No se como detener tus intentos de suicidios y hemos decidido que las cosas van a cambiar-
    Charlie se aclaro la garganta tomando las riendas del asunto- Comenzaras a ir a la consulta de Esme Cullen todos los lunes sin falta a pesarte-
    -¿¡Que les ha dicho ella!?-
    -Que estas baja de peso. Ella te dará una dieta y nos encargaremos de que la cumplas. Por otra parte, hemos conseguido que te atienda el mejor psicólogo de la ciudad. Su nombre es Edward Cullen y es muy joven, creemos que te llevaras bien con él-
    -¿¡Van a mandarme donde un psiquiatra!?-
    -Los psiquiatras tratan enfermedades mentales y los psicólogos las conductas humanas. Creemos que tienes un problema que no nos puedes contar y esperamos que el pueda ayudarte- Dijo Charlie, con voz amable, como si fuese de nuevo la niña de cinco años que se había raspado la rodilla y no paraba de llorar.
    -¡No estoy loca!-
    -¡Entonces comienza a comportarte como una chica normal y deja de hacer estupideces!- gritó Renée golpeando la mesa y poniéndose de pie tan rápido que la silla cayó al suelo. Las lagrimas rodaban por sus mejillas y Bella se dio cuenta que sus ojos estaban rojos, su piel reseca y le temblaban las manos por la rabia. Ni siquiera se dio cuenta cuando la mano de su madre se estrello contra su mejilla y tampoco sintió el dolor, solo podía ver lo destruida que estaba su madre y el dolor que le estaba causando.
    Pero no le importaba, solo se preocupaba por que la hacía sentir culpable. Bella no se aferraba a nada ni a nadie; siempre terminaban decepcionándola.
    Renée no mostró el más mínimo remordimiento por haberle dado una cachetada y a pesar de todo, Bella se sintió un poco orgullosa de su madre; la furia que había despertado en ella había echado a fuera a la Renée sumisa y pacifista y sacado al exterior la mujer con carácter que realmente era.
    -Mañana iras a ver a Edward- susurró Renée con voz clara, trasparente, dándole a entender que no era una petición. Era una orden- No quiero escándalos, pataletas, ni nada infantil; comenzaras a comportarte como la chica de dieciséis años que eres-
    -¿Tengo que ir al colegio?-
    -Mañana es viernes a si que no vale la pena que vayas, pero el lunes retomaras todas las clases como siempre e iras en la tarde a ver a Esme-
    Bella jugueteo unos segundos más con la manzana entre sus manos y al ver que sus padres no tenían nada más que decirle emprendió rumbo por las escaleras hasta llegar a su habitación.
    Se sentó un momento en la cama y contó hasta cinco, diez, veinte, treinta, no lo soportó y corrió hasta el baño a vomitar. A aquellas alturas Bella podía vomitar perfectamente sin hacer casi ningún ruido y apenas se le ponían los ojos rojos, que podía disimularlo con gotitas. Cada vez que vomitaba cerraba los ojos para no mirar lo que había hecho y luego se limpiaba la boca con bicarbonato sódico.
    Esta vez, no. Se quedo allí, arrodillada frente al inodoro mirando lo que su cuerpo hacía por inercia y se obligó a mantener los ojos abiertos durante el proceso, para no perderse ningún segundo de lo que había reducido su vida a todo: vomitar. Sintió una miserable lagrima recorrer su mejilla y acabar en el fondo del agua hasta disiparse. Se había convertido en una esclava de todo aquello, y lo peor de todo era que no le importaba. Recordó los insultos de Lauren y las burlas de sus compañeros; había cometido un gran error al imaginar que por bajar de peso su vida iba a cambiar rotundamente. Obviamente, no había sido así: seguían metiéndose con ella, siendo objeto de sus bromas pesadas y nada había cambiado.
    Tal vez… Tal vez si se esforzaba en ser más delgada…
    -Deberías dejar de vomitar- dijo una voz a sus espaldas y volvió a vomitar sin siquiera proponérselo.
    Pasaron varios segundos hasta que sus arcadas se detuvieron y pudo limpiarse la boca con un pedazo de papel higiénico. Fue hasta el lavabo y mientras se enjuagaba la boca con bicarbonato miró a Jake por el espejo.
    -¿Qué haces aquí?-
    -Pues no lo se ¿Tal vez estoy aquí por que mi mejor amiga intento suicidarse… Otra vez?
    Bella no presto atención a su sarcasmo y rebuscó detrás de los productos de belleza en los estantes, repisas, algo con que cortarse.
    Para Jake Bella era un libro abierto y sacó de los bolsillos de su cazadora negra una navaja.
    -¿Buscas esto?-
    Bella se giró rápidamente y miró la navaja con los ojos entrecerrados.
    -¿Dónde están mis hojas de gillette?-
    -Las he botado, todas-
    -¿¡Por que diablos hiciste eso!?- gritó ella y le golpeo débilmente el pecho con sus manos en forma de puños.
    Jake lanzo la navaja al suelo y cogió a Bella de las manos con tanta fuerza que le hizo daño. No le importó; que sintiera lo él sintió cuando la vio en el fondo de la tina, con una manta de sangre cubriéndola y pálida como si realmente estuviera muerta. Que se diera cuenta del sufrimiento que le causo tener que sacarla de allí, avisarles a sus padres y montarla en su coche sintiendo que a cada luz roja la muerte se inclinaba sobre ella y bebía segundos preciados de su vida. Deseaba que Bella sintiera su dolor interminable por no poder ayudarla, por no poder ser el amigo que ella necesitaba.
    -¿¡Por que no dejas de hacer esto!? ¡Si vas a matarte, hazlo de una jodida vez y que sea bien! ¡Que no tenga que venir yo a sacarte para que luego te comportes como una perra callejera!-
    Bella abrió los ojos exageradamente y cuando el soltó sus manos se apoyó en el lavabo con una mano entre sus cabellos. Jake sabía que sus palabras la habían dañado, pero estaban causando el impacto que él deseaba: Que Bella entendiera que no podía jugar con la muerte tantas veces y pretender salir victoriosa siempre.
    -Si tienes tantas ganas de verme muerta… ¿Por qué me salvaste Jake?-
    Él se preguntaba lo mismo. Adoraba a Bella con toda su alma, como su mejor amigo que era, y si ella estaba en peligro el la protegería siempre. Pero cuando la vio en la tina, se dio cuenta que Bella seguiría intentándolo hasta aburrirse. O en el peor de los casos, morir.
    Estaba desesperado por poder ayudarla, le dolía tanto que sentía que cada pedazo de él se desvanecía con los latidos cardiacos de ella. Bella se lo estaba llevando, arrastrándolo a él y a todos los que la querían junto a ella, hasta el fondo de sus más oscuros sentimientos.
    - Por que soy tu amigo. Por que sin importar cuantas veces lo intentes, yo estaré allí para impedirlo-
    La tomó por los hombros y la dio vuelta hasta que quedaron los dos reflejados en el espejo. Colocó su mano derecha sobre el corazón de ella y le susurró suavemente en el oído:
    -¿Sientes esto, Bella? Este corazón está palpitando, llenándose de tus miedos e inseguridades, esparciendo rencor por todo tu cuerpo. Estás envenenada por dentro, tienes que limpiarte para que tus latidos sean verdaderos y no vestigios de lo que alguna vez fuiste-
    El viernes en la tarde fue al consultorio del doctor Cullen. Su mente aún albergaba y repetía las palabras de Jake sin llegar a entenderlas "Vestigios de lo que alguna vez fuiste" en su interior, sabía a lo que Jake se refería; hubo un momento de su vida en el que fue feliz, fueron semanas o meses, no lo recuerda bien, solo sabe que se reía y no se preocupaba de su exterior. Luego comenzó a obsesionarse con su peso y todo se fue al carajo. Pero había sido feliz solo con la amistad de Ángela, Rosalie y Jessica.
    Rosalie…
    Por mucho que lo pensara, no lograba asimilar que ella no estuviera en este mundo. Lo sabía, había visto la cara de Emmett en las noticias y el propio Sam Uley se lo había dicho, pero una parte de ella creía que en cualquier momento Rosalie entraría por la puerta agitando su esplendorosa cabellera rubia, haciendo sonar sus tacones y preguntado si ya había visto el ultimo desfile de modas. Seguramente llevaría algún pastelito dietético bajo el brazo, le enseñaría el nuevo brillo labial que se había comprado y luego pondría "Troya" en el Dvd diciendo: "Ver a Brad Pitt, Orlando Bloom y Eric Bana en faldita le alegra la vida a cualquiera"
    Pero jamás volvería a oír sus suspiros Brad Pitt mostraba el culo por que Rosalie estaba muerta. Bien muerta. Y mañana tendría que ir a su funeral para llenarse de ella, para aceptarlo completamente y dejar de sentirse culpable. Para no volver a pensar que si se hubiese quedado con ella después de la fiesta, Rosalie tal vez estuviese viva. O tal vez hubieran muerto las dos, pero al menos estarían juntas. Para siempre.
    La recepcionista le indico que entrara a la habitación del fondo del pasillo, a la derecha. La habitación era blanca con colores neutrales; amarillo, celeste y algo de verde. Había dos sillas, un escritorio y un mullido sofá amarillo pato. Dos grandes ventanales dejaban ver una privilegiada de Seattle.
    Estaba terriblemente ordenado. Y lo que más cabreo a Bella fue el gran espejo que había al costado derecho; era tan grande que abarcaba la pared entera y era idéntico al que había en las clases de ballet que asistía cuando niña.
    Frente a uno de los grandes ventanales había un chico de cabello castaño claro, casi dorado, de espaldas.
    Carraspeo para recordarle que estaba allí; él se volvió sorprendido. Sus rasgos eran finos, hermosos, y tenía unos ojos verdes preciosos. Era indiscutiblemente guapo, casi la mismísima perfección en persona.
    -Buenas tardes, Bella. Yo soy Edward Cullen- su voz, aterciopelada y suave pareció aturdirla durante alguno segundos. Ese tipo era ilegalmente guapo.
    -Buenas tardes- dijo y se sentó en una silla, alegrándose de no tener que tenderse en el sillón por que lo encontraría un verdadero insulto.
    Edward se sentó frente a ella y tomó una ficha entre sus manos.
    -Intento de suicidio hace tres días ¿Es eso verdad?-
    -Hay lo dice ¿no?-
    -¿Quieres hablar de eso?-
    -¿Te golpeaste la cabeza cuando eras niño?-
    Bella no quería ser tan mala leche pero estar cerca de personas tan guapas la hacía sentir diminuta y frágil y lo único que tenía para defenderse de su resplandor era su lengua viperina y sus contraataques.
    Edward, sin embargo, no parecía ofendido. Por el contrario, tenía los labios fruncidos como si intentara no reírse.
    -Seré directo contigo, Bella. Carlisle dice que intentaste ahogarte, que había cicatrices de cortes en tus manos y Esme informó que necesitabas subir más de quince kilos de peso. Que vomitabas y probablemente no comías-
    Las palabras de Edward no eran fuertes, al contrarío, eran casi un susurró pero golpearon a Bella como la bofetada de Renée.
    -Eres auto flageladora, bulímica y anoréxica ¿hay algo que no tengas?-
    -¡No soy anoréxica!-
    Edward tachó eso de la ficha- Bien, ¿algún motivo especial por el cual te cortes? ¿O vomites?-
    Bella no dijo nada, pero Edward siguió abriendo la herida con su voz aterciopelada.
    -¿Un chico te dejo? ¿Tus amigas te expulsaron de su grupo?-
    -¡No tengo novio y mi mejor amiga está muerta!- grito, enfurecida. Y fue allí cuando Bella se dio cuenta el por que Edward era tan famoso como psicólogo; hurgaba en tus cicatrices hasta sacarte la verdad quisieras o no. Te obligaba a contárselo todo.
    -Probablemente eso explica tu último intento de suicidio, pero no los otros dos. Aquí dice que bajaste de beso muy rápido en pocos meses… ¿es eso?-
    Edward había dado en el clavo y lo sabía. Era un jodido sabelotodo.
    -Ponte de pie- dijo, y Bella obedeció mecánicamente; aún estaba aturdida por el hecho de que un desconocido hubiera descubierto la naturaleza de su problema en minuto y medio.
    Edward colocó una mano en la parte baja de su espalda y le indico que se mirara al espejo.
    Bella se negó rotundamente y solo los abrió cuando sintió que él levantaba su camisa sin siquiera pedirle permiso. Lo que vio la dejo doblemente aturdida; sus costillas sobresalían notablemente bajo la piel y el hueso de la cadera era asquerosamente vistoso.
    No supo cuando comenzó a llorar y tampoco le importó. ¿Qué diablos había hecho consigo misma?
    "Quiero decir, que sé que estabas un poco dentro de mí.
    Pero imaginé que era demasiado bueno para ser verdad"
    One in a million, Miley Cyrus/Hannah Montana.
    Nota de la autora:​
    Me cuesta creer lo fluido que salió ese capitulo. Me demore un par de horas, pero fue por que me distraigo fácilmente y me puse a leer un libro o a escuchar música, pero cada vez que quería volver a escribir, las palabras iban tan deprisa en mi mente que me costaba seguirles el ritmo. Fue gratificante no tener que machacarme los sesos para que no se viera tan adornado o cosas así. Según yo (y perdonen mi egolatría) me quedo bastante bien el capitulo.
    Creo que una bulímica en primarias, como yo, cree que todas las personas que son delgadas no tienen problemas, que no sienten dolor y que solo podrán ser felices si bajan de peso. Obviamente no es así, pero una fuerza sobrenatural me empuja a pensar eso.
    Bueno, espero que les haya gustado y que me sigan dejando sus reviews. Sé que algunos fics comienzan bien y luego decaen; espero que este no sea el caso.
    Saludos,
    Marry.
    Pd: estoy buscando un Beta-Reader para que me ayude con mis garrafales faltas de ortografías y para la parte de redacción y tiempos que me complica un poco; si conocen a alguien que pueda ayudarme y que no se demore más de dos semanas en betear un capitulo agradecería que me avisen en un MP, un reviews o a mi correo: xbriimarry_summer



    Pd2:Kagome Monin: gracias por tu creview (y unico) xDDD me alegra mucho que te guste mi historia! y que me digas todas esas cosas. Con respecto al libro de Paulo Coelho, he de decirte que me los he leido todos xDSDD Veronika decide morir es uno de los mejores que le leido en toda mi vida. Yo te voy a aconsejar dos: Willow, de Julia Hoban y Abzurdah de Cielo Latini. Libros crudos y exelentes.
     
  5.  
    Andreína

    Andreína Usuario VIP

    Virgo
    Miembro desde:
    6 Marzo 2010
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Dulce engaño

    Hola!!

    Bueno , me gustó el capitulo , y me fascinaría que Bella comenzara a subir de peso hasta volverse chica linda , aunque claro , seguramente (si tenemos en cuenta la realidad) se volverá mala , y querrá vengarse de quienes la dañaron . Es una verdadera lástima que Rosalie haya muerto . Es muy triste y crudo , pero es muy realista , porque la vida no es color de rosas.

    En fin , noté unos cuántos errores ortográficos , y vuelvo a recomendarte Word , cariño . De verdad ayuda mucho , y ojála que las cosas den un giro rádical , sin embargo espero que Bella no se deje llevar tanto por su odio . Supongo que -para cualquiera que no me conosca bien- yo en esta historia sería la chica mala que se mete con las niñas feas , pero no soy así.

    ¿Por qué por el simple hecho de ser bonita (que modesta xD) y de juntarme con las niñas "populares" desde niña yo tengo que ser así? . Uno es lo que es , y eso es cierto , pero nadie tiene derecho de juzgar sin conocer , porque si se equivocan pueden causarle a una persona un daño irreversible . Hasta hace poco tuve mi primera amiga DE VERDAD y ahora formo parte de un pequeño trío de amigas , y realmente somos las tres muy unidas . Ojála que Alice ayude a Bella.

    Y te pareceré que soy una traumada xD , pero no , no lo soy . Lo que pasa es que viéndo los problemas de mis amigas , y los míos propios , me he dado cuenta de que uno no puede hacerse falsas ilusiones en la vida . Como ya he dicho en mi otro comentario : 'Nada de cuentos de hadas donde no los hay', porque al caernos de la nube , nos pegáremos bien duro.

    Me leeré los libros que me has recomendado ;) , y repito : ME GUSTÓ MUCHO EL CAPITULO
     
  6.  
    Pami

    Pami Guest

    Acuario
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    Pluma de
    Re: Dulce engaño

    No lo he leído porque me es imposible, sugiero ampliamente separar los párrafos. No le hace daño a la historia y tampoco a los lectores, de hecho nos ayudaría para no perdernos.
     
  7.  
    marry

    marry Guest

    Título:
    Dulce engaño
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    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
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    3172
    Re: Dulce engaño

    Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Este fic es sin fines de lucro.

    Dulce engaño

    Capitulo dos: Thirty three
    La mañana del lunes Bella se planteo seriamente el fingir estar enferma para no ir al colegio. Se hallaba desesperada y no tenía ganas de ver a los estúpidos de sus compañeros. El viernes pasado, en la consulta de Edward se había dado cuenta del daño que se estaba infringiendo y la sensación de opresión no se iba de su corazón. Sentía que la bulimia no iba a dejarla ir, que había entregado su corazón y su alma por un par de kilos menos.

    Su relación con Edward era algo amor-odio. Él era un excelente psicólogo pero no la dejaba respirar; sabía tanto acerca de ella misma que Bella se asustaba con la facilidad que él leía sus movimientos. Después de haber parado de llorar Edward le había explicado que la ayudaría a superar esto, que la aconsejaría en todo y que no era tan malo como parecía. Pero el sábado había sido el funeral de Rosalie y no tenía ganas de hacer nada que no involucrara algo filoso que causara dolor ¿Cómo superaría sus problemas si los recuerdos del pasado la seguían atormentando?

    Tenía grabada a fuego en las retinas el rostro de Emmett cuando el ataúd de deslizo bajo la tierra llevándose con el las flores, las fotografías y a Rosalie. Por mucho que le diera vueltas al asunto, sentía que en parte era su culpa. El lunes anterior habían ido a una fiesta de la universidad donde Rosalie asistía; Bella, que era reacia a asistir a ese tipo de celebraciones aceptó simplemente por que Rosalie era su mejor amiga y esa era la primera fiesta a la que asistía desde que se había convertido en una universitaria. Días antes habían pasado por la televisión el caso de un asesino que violaba y luego mataba a sus victimas, todas mujeres rubias y altas. Rosalie había bromeado diciendo que tendría que cuidarse de él pero olvidaron el tema rápidamente. Cuando la fiesta comenzó Rosalie se marcho con Emmett, su novio de instituto a recorrer el campus y Bella se quedo con Ángela en la barra sirviéndose unos chupitos. Unos chicos las abordaron pero los despacharon en cuanto llego Ben, el novio de Ángela y comenzaron a darse el lote. Bella decidió que ya había sido demasiado para ella y buscó a Rosalie para avisarle que se iba y luego tomó un taxi hasta su casa.

    Si Bella hubiera sabido que Emmett se iría minutos más tarde a jugar futbol americano con sus amigos y que Rosalie decidiría irse a sola a casa, se hubiera quedado y probablemente nada hubiera pasado. Pero no, se había ido y mientras ella dormía, en un oscuro callejón de Seattle cercano a la casa de Rosalie, su amiga era violada y estrangulada hasta la muerte. Encontraron el cuerpo la mañana del martes en plena vía pública a vista de todo el mundo, como un obsequio a los demás. A pesar de que Rosalie había sido asesinada hacía más de dos semanas los forenses de demoraron en entregar su cuerpo comparándolo con las demás victimas en busca de pruebas, y la madre de Rosalie no había querido enterrarla sin la presencia de Bella. Al entierro asistieron casi todos sus amigos de instituto y de universidad, profesores y familiares, que deseaban darle un último adiós a la reconocida modelo Rosalie Hale.

    Mientras alistaba su mochila pensó en como lo estaría llevando Emmett, que había estado con Rosalie toda su vida. Bella no conocía un amor más profundo y sincero que el de ellos dos y recordó nuevamente los ojos rojos, las lagrimas descendiendo por las mejillas de Emmett y se preguntó cuanto podía llegar a sufrir una persona, hasta que punto se podía añorar a alguien. Comparado con el dolor de Emmett, los problemas de Bella eran cosas infantiles por que tenían solución. Pero Rosalie no volvería y el deseo de poder haberse marchado con ella arremetía con fuerza, preguntándose como sobreviviría sin su mejor amiga.

    No supo por que (Tal vez por simple curiosidad) pero cogió su móvil y llamó a Alice. Se suponía que ella todavía no salía de la clínica y realmente necesitaba hablar con alguna persona que supiera su realidad, alguien con quien no tuviera fingir que estaba bien y no fuera necesario sonar feliz. Alice le había proporcionado en una semana aquel tipo de amistad donde muchas veces las palabras sobran y existe la sensación de conocerse de toda la vida.

    Al tercer bip, ella contestó:

    -¿Puedes creerte sexy que es el interno de medicina?-

    Bella sonrió inconscientemente- Buenos días Alice ¿Cómo estás? Yo muy bien gracias-
    -Lo siento, es que aún no me espabilo bien. Joder ¡Ni siquiera son las ocho!-

    -Yo… necesitaba hablar con alguien- A Bella le costaba aceptar las cosas, aunque fueran fáciles; como perder en un juego o pedir ayuda. La hacían sentir débil por necesitar de alguien más y odiaba la sensación de depender de alguien.

    Inmediatamente la voz de Alice cambió y cuando le habló no era juguetona y risueña; era fina pero grave- ¿Lo intentaste nuevamente?-

    -No- Tomó aire- Hace unos días mi mejor amiga murió y ahora tengo que volver a la escuela. Van a hacer preguntas que no quiero responder y fingir que le importa mi dolor-

    Alice suspiró- Que les den por el culo. Escucha Bella, tu no tienes por que temerle a nadie por que no haz hecho nada malo. Si te hacen preguntas indiscretas, no respondes, si te molestan, golpéales. Demuéstrales que ellos no tienen control sobre tu vida-

    Bella se sorprendió de la rudeza y la verdad que escondían las palabras de Alice. ¡Joder! Era verdad, ella no tenía que rendirle cuentas a nadie y nadie iba a obligarla a hacer nada ¿Por qué le tenía tanto miedo a una manada de niñatos sin nada mejor que hacer que fastidiarla?
    Una pregunta asaltó su mente- Alice… Si tienes mi edad ¿Dónde estudias?-

    -En una escuela privada, Billars girls ¿Por qué?-

    -No me lo habías dicho-

    -Estaba pensando que sería una buena idea cambiarme de instituto ¿sabes? Me gustaría cambiar de aires-

    -Podrías trasladarte a mi instituto. Tengo que irme, llámame cuando te den de alta. Y no le hagas nada al interno que no le haría yo-

    -¡Pero si tú le harías de todo, Bella!-

    -¡Exacto!-

    Era increible con la rapidez que Alice le quitaba el mal humor a Bella; Era como si dejara en ella solo cosas buenas. Sonrió al pensar que si Alice estuviera en su instituto las cosas mejorarían y tendría a una amiga que la entendería al cien por ciento, sin juzgarla.

    Deambuló por la habitación preguntándose que ropa usaría. Aquel tema siempre había sido un verdadero problema en su vida por que cualquier cosa que se ponía la hacía ver gorda.
    Se lanzó de espaldas sobre la cama mirando al techo que tenía estrellitas rosadas pintadas con acuarelas. Rose las había pintando por puro ocio antes de entrar a la universidad y cada vez que las miraba recordaba que aquel día Rose había dicho que una agencia de modelaje quería contratarla. Fue esa misma tarde cuando la llamaron y la carrera de Rosalie despegó, convirtiéndola en una conocida modelo de Washington.

    Y ahora… Ahora todo se había acabado sin haber comenzado siquiera. La existencia de Rose se había desvanecido sin haber cumplido sus sueños.

    La vida es una mierda
    Estaba de espalda cuando Jake irrumpió en la habitación de un portazo, registrando todos los rincones como si esperase encontrarla muerta en alguna parte.

    -¿Por qué diablos no te has vestido?- Preguntó, con un deje de alivio en la voz.

    Bella siguió mirando las estrellas y respondió con voz suave- No sé que ponerme-

    -Tienes un closet entero de ropa-

    -…Que no me gusta-

    La cama se hundió a su lado y por el rabillo del ojo vio que Jake le sonreía.

    -Se te ven las bragas- Susurró, apuntando al camisón de dormir que se le había subido cuando se lanzó sobre la cama.

    -Me da igual- Replicó restándole importancia.

    La mirada de Jake vagó por su pierna hasta reparar en las cicatrices irregulares cercanas al muslo. Eran finas, como hilos de plata trazando un mapa y se dio el lujo de contarlos, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

    Treinta y tres cicatrices en la pierna derecha y estaba seguro de que en la izquierda había más.

    Treinta y tres veces que Bella sintió que se desvanecía y se sumió en la inconsistencia de la sangre en sus piernas.

    Treinta y tres trozos perdidos de Bella que jamás recuperaría, que se habían ido para siempre y dejaron su alma incompleta.

    Treinta y tres veces que Bella murió y renació perdiéndose a si misma en el proceso.
    Eran demasiadas cicatrices en una persona, demasiadas heridas sin sanar y Jake se preguntó como Bella aún se mantenía en pie, como era capaz de sonreír con todas las cosas malas que le habían sucedido.

    No existía ninguna forma de recoger los pedazos rotos de ella y volver a pegarlos a su cuerpo, pero deseaba demostrarle lo mucho que le importaba ayudarla. Se arrodillo en el piso y besó todas y cada una de las cicatrices que había en su muslo derecho con lentitud, sabiendo que si estuviera en sus manos el poder borrarlas sería capaz de dar su alma entera para poder mitigar el dolor eterno de ella.

    Una gota húmeda se deslizo entre sus piernas y Bella se dio cuenta que Jake estaba llorando. Jake no lloraba. Nunca; ni siquiera en el funeral de su madre y el de Rose.

    Se sentó y lo contemplo besar sus alforzas con cuidado, como si pudiera romperla.
    Jake alzó la vista y Bella vio en el fondo lo mucho que la quería, el miedo que sintió de perderla y por primera vez, se permitió agradecer el estar viva. El poder ver a Jacob otra vez y tener la oportunidad de seguir respirando, sin importar lo tedioso que resultara.

    Se inclinó y le dio un beso cortó en los labios- Gracias por salvarme, Jake-

    Él sonrió y enredó sus dedos en su cabello. Estuvieron unos minutos mirándose, recordando todos los momentos juntos. Toda la vida que compartieron.

    Bella jamás había reparado en que Jake estuvo en todo momento junto a ella y se sintió en deuda eterna por apoyarla cuando lo necesitaba, por limpiar sus lágrimas cuando no había nadie que lo hiciera y levantarla cuando ninguna otra persona pudo. Jake era la mitad de su alma y estaría toda su vida agradecida por tenerlo a su lado.

    Él se levantó y camino hasta el armario sacando un vestido de volantes blancos y una remera color lima, tendiéndolo frente a ella. Cuando lo vio salir de la habitación para que se vistiera Bella pensó en decirle que ese vestido hacía ver sus caderas muy anchas, que resaltaba todos sus defectos y sus pantorrillas se veían horribles. Pero se tragó todos sus cometarios y se calzó unas sandalias color lima sin tacones, por primera vez decidida a no sentir pena por si misma.

    Todas las cabezas se voltearon a verla, como si no creyeran que todavía estuviera viva. Bella se dio vuelta para marcharse a casa, pero Jake estaba tras ella y la tomó por los hombros, recordándole que él estaba allí y no se iría a ningún lado.

    Ángela corrió a saludarlos cerrando su casillero de golpe.

    -¡O dios mío!- gritó emocionada abrazando a Bella con todas sus fuerzas. Ella correspondió a su abrazó con efusividad y luego abrió su casillero decidida a vaciarlo completamente. Había tomado la decisión de que para comenzar de nuevo había que acabar con sus malditos vicios y dejarlos a un lado.

    Su casillero estaba lleno de fotos de chicas delgadas, impresiones con dietas y artículos de cómo adelgazar. Tomó todas las fotos y las lanzó al contenedor. Jake cogió los artículos y Ángela las dietas botándolas rápidamente.

    Ahora solamente quedaban las fotos de Rose, de su familia y sus amigos. Ellos eran todo lo que tenía y de hoy en adelante el solo verlos le daría fuerzas para salir adelante.

    Lauren irrumpió en el pasillo dirigiéndose hacía ella, contorneando las caderas y agitando su cabello al viento.

    -Zorra…- susurró Ángela.

    -¿Qué haces aquí, Bella?- Preguntó la rubia abriendo su casillero al lado del de Bella.

    Bella se encogió de hombros-Estudiar-

    -Oí que intentaste suicidarte-

    Bella contó hasta diez e intento relajarse. Lauren siempre la molestaba y ya estaba acostumbrada a sus burlas.

    -No es de tu incumbencia-

    -Ojala estuviera muerta- Gritó, y todo el pasillo se quedó en silencio esperando la respuesta de Bella.

    -¿Sabes que, Lauren? Que te den, yo no pienso escuchar tus estupideces de niña rica- Gritó Bella, respondiendo por primera vez a Lauren en mucho tiempo. Se había olvidado lo bien que se sentía al defenderse, el sentimiento de soberanía que la embargaba.

    - Solamente lo decía por que como la perra de Rosalie está muerta, tú también deberías haberte ido con ella-

    Fue demasiado; Lauren podía insultarla por haber sido gorda, por que su cabello no estaba al moda y no usaba tacones, pero no iba a insultar a Rosalie y pretender salir victoriosa.

    Bella se dejó llevar por la rabia y cogió a Lauren del cabello estampándola contra su casillero. Le dio una bofetada y tiró de su pelo hasta dejarla arrodillada en el suelo.

    -¡No vuelvas a hablar de Rosalie, zorra anoréxica! Nunca he entendido el placer que encuentras en hacer sentir mal a los demás, pero se acabó para mí. No vuelvas a hablarme o a insultarme por que te juro que te golpeare tan fuerte que ni siquiera la operación de la nariz que te hiciste hace meses va a poder salvarse. No me jodas ¿entendiste?-

    Soltó su cabello y observó el rostro de Lauren lleno de miedo, llorando como si le hubieran disparado, armando un escándalo con sus gemidos de dolor.

    Le dio una patada en el rostro sacándole sangre de narices para que tuviera razones por las cuales llorar, la muy perra.
    -
    -
    -


    Su felicidad no se disipo en toda la tarde. Llegó a la clínica donde trabajaba Esme con una sonrisa en el rostro, más feliz que nunca. Lauren no volvería a molestarla más.
    Esme le pidió pesarse y vio que no había aumentado ni siquiera un gramo. Se sentó tras su escritorio y escribió una receta.

    -Quiero que tomes un golpe vitamínico ¿bien? Eso te dará hambre y estarás más sana. Mira Bella, el vomitar es algo netamente tuyo; tienes que convencerte de quieres dejarlo, y aunque te tome mucho tiempo, vas a volver a ser una adolecente normal-

    -Quiero sanarme, doctora. Realmente quiero hacerlo-

    Y no estaba mintiendo. Observó el despacho con más detenimiento y vio una foto en una repisa, donde estaban Esme sonriendo y Carlisle abrazando su abultado estomago.

    -No sabía que tenía hijos- Susurró, mirando la imagen.

    -No los tengo- Respondió Esme suavemente, apartando la visita de la fotografía.

    Hasta ese momento Bella no había caído en la cuenta de que Edward y los dos doctores tenían el mismo apellido- ¿Qué hay de Edward?-

    -Es mi sobrino. Yo no puedo tener hijos-

    Bella siempre pensó que las personas hermosas, como Esme, no tenían problemas y su vida era miel sobre hojuelas. Pero no era así, y hasta que vio la foto creyó que la vida de Esme era perfecta, con un gran trabajo y un atractivo marido. Pero ella sufría, había perdido un hijo y sin importar cuando hermosa fuera nadie lo traería de vuelta.

    Bella no podía imaginar que tan doloroso debió haber sido su perdida y se preguntó como es que ella no había intentando quitarse la vida, como podía vivir con aquel dolor carcomiéndola por dentro.

    -Bella…- susurró Esme, atrayendo su atención- Mi vida cambio después de la muerte de mi hijo, pero vale la pena seguir viviendo. Es un dolor que está allí y no se va nunca, pero Edward me entregó todo lo que ese bebé no pudo y esperó que esté donde esté, se encuentre bien-

    -"No llores por que acabó, sonríe por que sucedió"- Dijo Bella, recordando una frase que Renée siempre decía. Esme miró la fotografía con tanta ternura que sus ojos de Bella se llenaron de lágrimas y una profunda tristeza la invadió. Volvió a darse cuenta que sus problemas no eran nada comparados con los de Emmett y Esme.

    Ella aún podía curarse; Ellos lo habían perdido todo.

    "Ser consciente de la inevitabilidad de la muerte incrementa nuestras ansias de vivir" (Veronika decide morir, Paulo Coelho)

    Nota de la autora:
    Creo que esté es un capitulo de reflexión; no todo es lo que parece, no existe nadie perfecto, todos, de una forma y otra, estamos sufriendo. Este capitulo lo hice pensando en mis dos mejores amigas, que han pasado por lo mismo que yo, y por mi amigo Bastian que perdió a su madre por cáncer, hace dos años. Creo que a pesar de todo, de todas las cosas malas que pasan, vale la pena seguir viviendo.
    Me alegro de ver que la cantidad de reviews se mantiene y me gusta que comprendan el verdadero significado de la historia.
    Gracias por sus comentarios,
    Marry's.
     

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