[Syeslie] No me toques
Publicado por Tarsis en el blog Remembers.... Vistas: 390
N/A: Nuestro syeslie @Amane
Respiró pesadamente en su cuello, el cabello rojo le caía desparramado sobre los hombros, completamente despeinados como nunca antes los había visto, su impoluta piel de porcelana sin una gota de sudor y desnuda deslizándose bajo sus dedos. De sus pequeños labios rojos salió un gemido al sentir la presión de sus manos haciéndola pegar el rostro en la cama sobre las sábanas negras de la cama del francés. Su pecho subía y bajaba con desesperación, sintiéndose débil e indefensa bajo el cuerpo del chico, completamente expuesta y a su merced.
Sintió como los dedos cálidos de Syel acariciaban la longitud de sus brazos hasta toparse con el frío metal que mantenía sus muñecas firmemente atadas a la cabecera de la cama. Se estremeció, para su clase que sólo encontraba el calor en la sangre la calidez de su cuerpo la embriagaba. Escuchar el latido de su corazón tan claro como si lo sostuviese en la mano la estaba enloqueciendo; luchó contra el impulso de simplemente arrancar esas malditas esposas y saltarle encima, pero, eso sólo significaría que Syel huyera y mucho le había costado en esa situación con el Sr. No Me Toques. Sintió como sus dedos bajaban por su espalda hasta la curva de sus glúteos, estremeciéndose bajo su toque.
Sus orbes esmeraldas lo buscaron, torciendo el cuello para poder observarle. Completamente vestido, sólo con el cierre de sus jeans abierto y un poco más debajo de su cintura dejando libre su gruesa erección quemando la piel donde tocaba. Leslie no era la persona más paciente del mundo y teniendo allí casi lo que quería, lo último que necesitaba era que Lamperouge se tomara su tiempo, si seguía dudando… se arrepentiría. Movió sus caderas hacia arriba, haciéndolo volver en sí. La agarró con firmeza por su cintura estrecha, mordiéndose el labio con deseo mientras su virilidad se deslizaba entre sus nalgas haciéndola suspirar.
—No hagas nada extraño, Les —gruñó mientras se hundía en ella. Sólo las ganas de gemir le ganó a las ganas de poner los ojos en blanco ante el comentario del francés. Él empujó nuevamente contra su cuerpo ésta vez cerrando los ojos ante la sensación y dejando que sus caderas se movieran contra ella entrando y saliendo a un ritmo pausado y profundo. Ella jadeó, entregada a la sensación—. Shhh. —La calló Syel, pero Leslie lo ignoró, negándose a callarse. Él empujó más fuerte en su interior y ella gritó, él puso los ojos en blanco, pero sonrió. El crack de la cama resonó cuando la madera cedió bajo la fuerza de Leslie excitada y ansiosa por tocarle. Él le apartó las manos, sosteniéndola tras su espalda, haciendo presión y bombeando con más fuerza irritado—. No-me-toques —gruñó, apoyando sus rodillas en el colchón para tener más estabilidad sobre ella completamente sumisa bajo él, con los pechos estrujándosele contra la cama con el movimiento del vaivén de sus cuerpos. Apretó los muslos haciéndolo jadear, quizás él tuviese ese condenado malhumor del demonio, pero ella tenía muchísimos años sobre él de experiencia. Y todo ese fetiche del francés la excitaba mucho, entre más el se enojaba porque le tocara, más quería tocarle.
Lo prohibido siempre es tentador.
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—Ve a buscar a las mascotas, ah, cierto. Tú eres la mascota. —Se burló Zaac, con esa sonrisa extremadamente irritante hacia Leslie, que sólo puso los ojos en blanco, viéndose en el espejo a los pies de las escaleras antes de subir a buscar a los chicos.
—Deberías encontrar mascotas que te hagan sentir así de bien, quizás así dejarías de sólo escuchar a escondidas —repuso con orgullo.
—¿Cómo no oírlo si parecías una maldita sirena?
—Eso sólo significa que lo estaba pasando bien, ¿o no? —Le guiñó el ojo antes de comenzar a subir las escaleras. Sonrió ante el recuerdo… no, jamás se arrepentiría y esperaba que se repitiera. Realmente lo deseaba. Él único problema sería volver a convencer a Syel de eso; ya se encargaría de eso en la noche.
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