Reencuentro [Bakashipping]
Publicado por Yugen en el blog ~NOIRLAND~. Vistas: 454
Soy pésima para poner títulos. Basado en la canción ''Please don't leave me'' de Pink. Esa canción es perfecta para el Bakashipping, plz x'D
Alpha y Mimi se reencuentran en la Torre de los Dragones después de diez años.
El joven está por casarse y Honda decide sincerarse con sus sentimientos.
Aquí la canción, aunque no es necesario escucharla durante el relato (?
— Dijiste que algún día subiríamos a la cima.
Su voz sonó estoica y serena aquella tarde de verano. Como si careciese de emociones.
La forma en la que se habían precipitado los eventos la había sorprendido, ciertamente... aún no podía dilucidar si se trataba o no de una sorpresa agradable.
Mimi pensó que jamás volvería a verle. Se había hecho a la idea de que había renunciado, que ella no pintaba realmente nada estando con él teniendo en cuanta que sus sentimientos no podían ser ni serían jamás correspondidos. Era imposible. Y había tardado años enteros— ¡Auténticos malditos años completos!— en hacerse a la idea de que, por una vez, Mimi Honda no tendría aquello que tanto quería y deseaba tener.
Ahora que por fin había logrado rehacer su vida y tenía una carrera brillante como actriz y modelo por delante, el reaparecía de sus cenizas para poner su mundo de cabeza otra vez.
No tenía idea de como sentirse.
— Eso fue hace mucho— dijo él—. Éramos unos niños por aquel entonces.
Pero allí estaba. Luciendo aquella misma cabellera desordenada y con ese brillo desafiante en la mirada. Los años no parecían haber pasado para él. Alpha era exactamente el mismo niño que amaba los combates y que soñaba con ser un gran Maestro Pokémon algún día. Sólo que ya no era entrenador... y mucho menos un niño.
La brisa suave meció al viento la desordenada cabellera castaña del muchacho. Alpha se llevó las manos a la nuca y suspiró.
Su tono tenía un no sé que de la juventud a pesar la madurez de sus palabras. Mimi le dirigió una mirada de soslayo. No, apenas había cambiado en aquellos diez años. Si bien mantenía su look de niño, era evidente que ya no lo era tanto. Se veía más mayor, adulto. Y si sus rasgos ya le parecían entrañables antaño, ahora se le antojaban atractivos y varoniles. Sintió que sus mejillas enrojecían... y volvió presurosa la mirada.
—Lo éramos— respondió—. Éramos jóvenes e inexpertos y nos creíamos con derecho a todo. Jamás creí que cambiarías tanto.
—¿Eh?— musitó él. Se miró de arriba a abajo, confuso— ¿qué quieres decir? Sigo siendo el mismo de siempre, ¿no? ¿Tengo Mankeys en la cara?
—Idiota.
Alpha rió.
—Sabes que no me refiero a eso.
—No sé a que te refieres exactamente— comentó él, rascando su nuca—. pero... quizás tengas razón. Todos hemos cambiado.
Y en ese momento, Mimi sintió un súbito pichazo de nostalgia. Cambios. Todos habían cambiado, era cierto. Aunque quizás la palabra más adecuada fuese ''madurar''. Effy y Hubert, por ejemplo, estaban por casarse el próximo verano. Y de los demás... quizás con la persona con la que aún mantenía más el contacto fuese Emily. Pero ella también estaba algo ocupada con los preparativos de la maternidad.
Su mirada se ensombreció ligeramente.
—Vas... ¿a casarte, verdad?
Alpha tardó un segundo completo en comprender el alcance de sus palabras. Dejó de reposar las manos en sus nuca, y se volvió para mirarla, extrañado.
—¿Eh? ¿como sabes eso?
—O sea que es cierto.
—Lo es— asintió, algo inseguro—. Destiny piensa que es lo mejor para ambos, aunque yo no sé bien que creer. La vida de ricos no es para mí.
Mimi se mordió el labio inferior. Aún después de tantos años... ¿por qué dolía tanto? ¿no se suponía que ya se había hecho a la idea de que era imposible? ¿que ella estaba muy por encima de todo eso? Se llevó la mano al pecho, sobre su corazón, y descendió las mirada aún más. El flequillo ocultó sus ojos tras una difusa sombra negra.
—... Ojalá seais muy felices.
Alpha le sonrió.
— Gracias.
Y por un momento, allí pareció quedar la conversación. Aún con tantas palabras no dichas. Aún a riesgo de saber que acababa todo, que después de ese punto no había más un ''nosotros'', ambos guardaron silencio. ¿De verdad que eso era todo? Mimi no quería que acabara así. No podía. Aún a sabiendas de que daba igual a esas alturas, su corazón seguía cargando con el peso de demasiados sentimientos ocultos. Si sólo los dejaba salir... ¿no se sentiría mejor?
Alzó ligeramente la vista.
—Alpha, yo...
—Estuvo bien, ¿no?
—¿Eh?
—Esto. Ser entrenador.
Esta vez fue Mimi la que tardó en entender la situación. Frunció ligeramente el ceño, confusa. Y entonces entendió.
—... Siempre... siempre creí que sería algo que duraría para siempre— dijo—. Lo parecía, ¿no? Éramos felices haciendo lo que hacíamos.
—Estuvo bien por un tiempo, no puedo negarlo. Era divertido pelear y viajar. Pero sin duda las peleas eran la mejor parte, tú lo sabes de sobra.
—¡A mí me gustaban los concursos!— replicó ella, apretando los puños— ¡Siempre pensé que enfrentar a los pokémon contra otros era un acto muy cruel!
—Pero igual lo hacías, ¿no?
—Yo...
—Jé— Alpha soltó una risa ligera y le puso la mano sobre la cabeza, divertido— Estás roja otra vez.
Como una mecha, el rostro de Honda tomó aún más color.
—¡N-no es cierto!— replicó, apartándose— ¡C-cállate!
Alpha sólo rió. Por un momento, el tiempo pareció deternerse y retroceder a aquellos momentos de la juventud, cuando eran compañeros y recorrían juntos la región de Galeia. Alpha con su inocencia y Mimi con su inconfundible actitud, divagando constantemente entre el cariño y el odio.
¿Cómo había acabado todo así? Se suponía que debía ser distinto.
Mimi volvió a desvíar la mirada.
—... Aún... sigo sin saber por qué te fuiste.
La expresión de Alpha se endureció.
—Ya te lo dije, ¿no? sabíamos que no podía durar siempre.
—Ni siquiera... te despediste de mí. No pude disculparme tampoco.
—Ya no importa.
—No, ¡sí que importa!
Su grito sonó tran estridente y desesperado que una pareja de Rufflett que reposaban en ese momento en la Torre de los Dragones salió volando espantados al oírla chillar. Alpha no pareció impresionado.
— ¿Te di a Flame verdad?— replicó—. ¿Crees que si siguiera molesto contigo lo hubiese hecho? Ya da igual, Mimi. No importa.
—... Yo tenía tantas cosas que decirte. Tanto que aprender de ti.
Mimi había empezado y no parecía querer detenerse, por mucho que al joven ex-entrenador parecieran incomodarle sus palabras.
—Sabías lo suficiente para seguir sola.
—¡No es cierto!— replicó, cortando el aire con un certero movimiento de su brazo derecho— ¡Yo nunca pude superarlo! ¡Daba igual el tiempo que pasara y las personas que llegaran a mi vida, yo nunca te olvidé! ¡Porque yo...!
...
>> ¡Yo estaba enamorada de ti!
¡Aún si sabía que lo nuestro era imposible y que ya tenías a Destiny no pude evitarlo! Eras tan distinto a todos los chicos que conocí... Tan despreocupado, tan noble... con ese cerebro de Joltik en esa cabeza tan grande... ¡No tienes idea de como me hacías sentir! Traté de ignorarlo, traté de anteponer mi orgullo, traté todo lo que estuvo en mi mano porque sabía de sobra que no podía ser. Pero no tuvo el más mínimo caso. Y cuando quise darme cuenta, estaba locamente enamorada de ti. ¿Qué estúpido, no? Sabía de sobra que era imposible, que no debía entrometerme en una relación como la vuestra... ¡Pero aún así no pude evitarlo!
Alpha parpadeó, con los ojos muy abiertos. La mirada de Mimi se veía vidriosa, como si estuviese aguantando las ganas de llorar. Sus mejillas estaban rojas y se mordía el labio infeior, herida. El joven se preguntó cuando tiempo había estado guardando aquello. No habría sido diferente, pero... ¿quizás podría haber cambiado algo? No... definitivamente aquello era imposible.
Mimi había llegado tarde. Años tarde.
— ¿Por qué... por qué me dices esto ahora?— preguntó, sin saber exactamente qué decir. Se llevó las manos a la parte posterior de la cabeza— Yo... ¿cómo iba a saberlo? No va a cambiar nada ahora.
Mimi se apresuró a enjuagarse las lágrimas con las mangas de su chaqueta.
—¡Lo sé! ¡lo sé!— casi gritó— ¡Sólo quería que lo supieras ahora que te vas a casar! ¡Necesitaba cerrar de una vez este maldito capítulo en mi vida para poder pasar página!
Sorbió por la nariz. Alpha la miró, en silencio... y sonrió. No iba a cambiar nada, era cierto. Pero en cierto modo aquello le hizo feliz. Le recordó por qué había permanecido con Mimi aquellos momentos, acompañándola en su travesía. A pesar del fuerte carácter de la muchacha, esos sentimientos tan puros siempre habían estado ahí. Por fin había descubierto a la verdadera Mimi Honda.
—Pero,— añadió, bajando los brazos— me alegra que al final te decidieras a ser sincera conmigo.
Honda sintió que su pecho se llenaba de calidez ante aquella sonrisa tan suya. Siempre había amado ese modo que Alpha tenía de sonreír, tan inocente y lleno de vida. Y pensó que a pesar de todas sus trabas, a pesar de todas sus negaciones y muros... al fin lo había hecho. Lo había logrado. Había sido sincera, por muy poco que importara a tales alturas. Se había confesado por fin. Una ligera sonrisa se dibujó también en sus labios.
Se sintió orgullosa de sí misma.
—Hum.
El cielo empezaba a teñirse de un hermoso ocre. Tras la Torre de los Dragones, que se alzaba imponente frente a los dos jóvenes, el sol ya había empezado a ponerse en el horizonte. El día estaba por acabar... pero aún había algo que hacer.
Fue él quien rompió el silencio. ''Algún día tengo que llevarte a la cima''.
—... ¿Subimos?
—¿Eh?
—A la cima— explicó, señalando la cúpide con el dedo—. Por primera y última vez.
Mimi funció el ceño, confusa. ¿Qué... quería decir con eso? ¿acaso estaba rememorando la promesa que hicieron aquella vez? Pero aquello... ¿se suponía que sería una cita, no?
Cuando quiso darse cuenta, el chico ya había salido corriendo rumbo al edificio.
— ¡El último es un Muk apestoso!— exclamó entre risas.
Mimi enrojeció levemente. ¡Pero eso era muy infantil! ¿no?
—¿E-eh? ¡Oye, eso no se vale!— le espetó, saliendo a correr tras él— ¡Alpha! ¡Oye, Alpha! ¡No somos niños para estar haciendo esto!
Sus voces ascendieron hasta el cielo de aquella apacible tarde de verano. Juntos, por fin. Como en los viejos tiempos. A pesar de que aquella fue la última vez que Mimi lo vio, se sintió inmensamente feliz.
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