Capítulo 2. Tenis de chico
Publicado por Sketchibukku en el blog Sueños... Solo eso.. Vistas: 495
Se levantó de mala gana antes de que sus ojos se cerraran cinco horas mas, ciertamente sentía que estaba haciendo un esfuerzo sobrenatural, pero tenía que vestirse e ir a clases.
Aquella institución separaba a los chicos de las chicas al cumplir los seis años, todos ahí eran huérfanos y hacia poco que las habían convocado para decirles tan solo que el siguiente año podrían ver a aquellos humanos tan distintos a ellas en cuanto a casi todo, de los que para la gran mayoría no quedaban mas que recuerdos sumamente difuminados.
Aina por su parte no recordaba siquiera desde cuando había llegado ahí, ni el rostro de algún niño o alguien mas que hubiese conocido en su infancia.
Pasaba todas las clases haciendo dibujitos ininteligibles en la hoja final de su cuaderno cuando no tenía ganas de hacer absolutamente nada, pero esta vez se había concentrado en devolverle un poco de forma al rostro de... -¿Un chico?- se detuvo un momento para pensar en lo que había visto, aquella noche se había hecho presente aquel peculiar sueño que aunque interesante ya se había vuelto una masa borrosa que seguramente jamás volvería a su color original.
(con tan pocos detalles solo logró hacer un muñequito raro apenas reconocible en una hoja llena de garabatos)
Cuando por fin llegó la hora de descanso todos se dirigieron al comedor, un salón bastante amplio lleno de mesas de metal para dos personas.
Kokoro, su mejor amiga, se sentó a su lado y la saludó, Aina solo miraba su plato con cierta melancolía, todos los días les servían una ración de ensalada, un plato de sopa y un vaso con jugo de naranja o limón, todo en aquella bandeja le comenzaba a parecer monótono, a excepción de la pequeña porción de puré de papa que para su desgracia solo servían los viernes.
Conversaron un poco antes de consumir aquellos alimentos de los que se dudaba su procedencia, Aina estaba tan abstraída comiendo el puré de papa que tanto le fascinaba, que no cayó en cuenta de que todo el mundo había parado de comer, todos miraban con suma curiosidad a la extraña persona que había entrado al amplio salón y de la que únicamente se podían ver sus zapatos, cuando se dio cuenta el chico estaba pasando de largo frente a su mesa, sin embargo cuando se alejó todas las chica (como cuando un profesor al que todos detestan porque no los deja hacer siquiera un pequeño ruido, sale del salón y todos están ansiosos por compartir sus pensamientos con el compañero de la butaca de a lado) comenzaron a compartir sus suposiciones, por mas equivocas o imprudentes que pareciesen.
Aunque Aina no puso mucha atención al suceso, Kokoro permanecía inquieta y de vez en cuando parecía que quería compartir urgentemente una idea pero después se arrepentía y en seguida continuó comiendo, al terminar las dos chicas se dirigieron a su habitación, eran compañeras de habitación desde que recordaban, lo cual las había vuelto muy unidas. Sin embargo ese día Kokoro tenía clases de saxofón urgentes, la semana anterior había enfermado y necesitaba ponerse al corriente, se separaron en el camino, Aina por su parte en cuanto llegó a la habitación se desplomó sobre la cama...
-Aina por favor despierta- Kokoro la agitaba de un lado a otro
-La profesora quiere verte-
-¿Eh?- respondió confundida y aun somnolienta
Al llegar al salón se asomó por la ventanilla de la puerta, la profesora hablaba con alguien en quien no se fijo demasiado así que esperó sentada en el banquito a un lado de la puerta, cierta inquietud la inundaba, pero se mantuvo cabizbaja e intentó calmarse. Miraba sus zapatos negros con un moño al lado, no había caído en cuenta de que justo frente a ella había pasado alguien a quien solo pudo mirar mientras se cerraba el ascensor, pero después de pensarlo un momento, se dio cuenta de que había visto tenis, pero no comunes, no por ahí, pues eran tenis de chico.
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