Amistades tóxicas

Publicado por Andysaster en el blog Nankurunaisa. Vistas: 836

No tenía muchas ganas de llegar a esta entrada, pero a la vez es en la que más quiero desahogarme. Básicamente esta es la razón por la que este año para mí ha sido regular tirando a mal, y gracias a la cual logré sacar en claro que cambiar de ambiente e irme a estudiar a otra ciudad me vendría muy bien. Realmente siempre tuve en claro que algún día mi grupo de "amigos" acabaría distanciándose, pero nunca creí que sería de una manera tan descarada e hiriente como esta...

...y que básicamente nos echarían a mí y a Lucas.

Mi grupo de amigos se formó hace cinco años, lo recuerdo bastante bien. Comenzaba el instituto y empecé a juntarme un poco más con unos amigos del colegio, que dadas las circunstancias acabaron volviéndose más cercanos a mí. Lucas y yo seguíamos siendo tan amigos como siempre desde pequeños, así que eso no cambió mucho. Nuestros amigos íntimos de antes ya no estaban con nosotros, así que cambiamos de aires y conformamos un nuevo grupo. Por aquel entonces me sentía feliz de ver como, cada año, el pequeño grupo se iba haciendo cada vez más grande, e iban uniéndose personas de lo más variopintas en él.

Pero no, ese tipo de personas, como comprobaría más tarde, no eran como yo. No eran como nosotros. Más bien, nosotros éramos los diferentes allí. Podía verse claramente que nuestras personalidades no se combinaban en lo absoluto, y lo peor: existía una clara burla hacia mi mejor amigo. Y eso hizo que desde ese entonces, Lucas lo pasase muy mal y yo no supiese qué hacer para remediarlo. Se reían de él, y yo siempre le contaba las cosas que hacían a sus espaldas, tampoco me iba a callar de ninguna manera.

Pero éramos tontos, tímidos e inseguros. No teníamos otro grupo más que aquel, y callábamos. Y con el tiempo, Lucas estableció mejor relación con los integrantes del grupo, y la aparente burla desapareció, volviéndose en algo que similaba ser amistad. Aún así jamás se nos olvidaría todo lo que sucedió anteriormente. Pero nos lo pasábamos bien todas las tardes cuando salíamos. Éramos felices en nuestro grupito extraño, nos sentíamos integrados en algo, sí. Porque fuera de ese grupo no nos juntábamos con nadie más, eran nuestro bote salvavidas en cuanto a relaciones sociales se trataba. Eso era lo peor de todo, estar anclados a un lugar al que ni siquiera pertenecías.

Digo que estos amigos nuestros eran muy diferentes a nosotros por obvias razones: algunos de sus integrantes tenían aire de cani (persona malhablada y brusca, barriobajera o como quieras decirle). Son las típicas personas que se preocupan por su imagen y sus seguidores en instagram. Cada día. Cada hora. Cada minuto. Siempre que salíamos había días que eran solo para fotos, todo para su postureo, pero oh, qué problema... a mí no me gustaban las fotos, era muy timidilla para eso. Con esto, ya me veían como una rarita sin redes sociales. Me quedaba apartada en su sesión de fotos, a veces hacía de fotógrafa y todo, y veía en la distancia cómo estrechaban sus lazos con una falsa sonrisa e irremediables ganas de irme a casa.

Por suerte, Lucas siempre estaba ahí. Entre nosotros nos hacíamos compañía, sentíamos la misma incomodidad y frustración al respecto, nos apoyábamos entre sí. Y al final siempre acabábamos, cada vez que salíamos juntos, yo hablando con él y los otros cuatro un metro más adelante en la calle, como si no fuésemos juntos. La distancia entre nosotros era notable, pero todos seguíamos fingiendo. Algunos peor que otros, cabe destacar.

Este año todo se fue a la mierda, y no sé si alegrarme o entristecerme por ello. Hubo una riña bastante importante y acabamos diciéndolo todo, como tuvo que hacerse desde un principio. Todo empezó a desmoronarse desde ahí, sabíamos que el grupo se estaba desintegrando. Pero no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde, que lo que ellos querían eran que nos fuésemos de allí, nosotros éramos los que sobrábamos.

Este verano dejaron de llamarnos para salir. Salían entre ellos, subían fotos descaradamente a Whastapp y veíamos lo que nos habían hecho desde nuestras casas, aburridos y muertos del asco. Les dijimos de salir nosotros, fingiendo que no sabíamos nada, pero aquella última vez fue la gota que colmó el vaso. De camino a casa ambos estábamos tan entretenidos hablando que no nos dimos cuenta de que todos ellos habían cogido una distancia importante, y que doblaban la esquina y cruzaban por la calle contraria, marchándose frente a nuestras narices como si no nos conociesen. Y ambos seguimos nuestro camino a casa, dolidos por dentro. Porque dentro de ese grupo había quien nos caía bien, y que él también hiciese lo propio fue un golpe bastante importante.

Este verano me sentí más sola que nunca. El sentimiento de frustración, soledad y envidia por aquellos grupos de amigos que veía por la calle reír y divertirse me fueron pasando factura. Una vez no pude más, y acabé quebrándome con mi familia. Les conté el motivo por el que no salía, el cual había estado ocultando porque no tenía ganas de confesar que mis amigos en realidad nunca lo habían sido. Que había sido cruelmente engañada e ilusionada por cinco años, y que en realidad su hija no tenía tantos amigos como habían creído.

Y esto fue lo peor del año, sí. Ya no tengo un grupo de amigos con el que salir, pero realmente ahora mismo ya no me importa tanto. Ahora es cuando me doy cuenta de que estuve tan centrada en caerles bien a todos que siempre andaba tras ellos, y eso me impidió acercarme a otras personas dentro del entorno académico, incluso. Intentar ser quien no era no me ayudaba en nada, al contrario, me hacía muy mal. Ahora tengo una clase con la que estoy más tranquila y cómoda, en los recreos me junto con amigas de la infancia y en la salida igual, me vuelvo a casa con personas distintas. Y me siento bien, porque ya no estoy atada a ese grupo que me estaba haciendo daño. Con el que no me sentía plena y bien conmigo misma.

Por supuesto que el brusco cambio duele, y aún estoy en transición de superarlo. De hecho, ayer Lucas fue a felicitar a una de las integrantes del grupo por su cumpleaños, y al rato vimos esto en su estado:

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Joder, duele. Duele que te lo restrieguen con tanta insensibilidad como si no pudiésemos verlo, como si ya no nos afectara. Pero mira, que sean felices. Que sigan saliendo y pasándolo bien, y espero que, cuando sea mayor, vuelva a encontrármelos y recordemos los buenos ratos que pasamos. Porque sí, ahora mismo esos son los recuerdos que más atesoro. He reído mucho con ellos, me lo he pasado muy bien, y para mí es con eso con lo que debo quedarme.

Estoy segura que dentro de muy poco, cuando cambie de aires, encontraré mi lugar. Tengo fe en ello. Pero me alegra mucho que de entre todas las amistades erróneas que saqué a lo largo de mi vida, al menos me quede con una que espero continúe mucho tiempo más a mi lado. Después de todo, ambos hemos pasado por lo mismo, y necesitamos un buen cambio y un nuevo inicio con el pie derecho.

Gracias por todo, Lucas, de corazón. Te quiero mucho <3
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